Friday, March 02, 2018

HUELGA DE MUJERES

Tengo en 4º de ESO una alumna -María- a la que adoro y que ayer replicó a mis razones alegando que yo pensaba así porque soy un "varón, blanco y heteropatriarcal". Ella aseveró que a la manifestación del 8 de marzo sólo debían acudir mujeres. "Entiendo", le dije "que las que están convocadas sean mujeres, y entiendo que ellas formen la parte más visible de la manifestación, pero es un error rechazar adhesiones, entre otras cosas porque los hombres, que sin duda somos parte esencial del problema, tenemos derecho a formar parte de la solución". 

No me preocupa el improperio que María me dirigió, es una joven con amplia preocupación social y expectativas de apasionada militancia, lo cual me parece infinitamente mejor que la indiferencia política que reina entre sus compañeros. Me preocupan también otras cosas. 


Por ejemplo. Ayer por la mañana mi hija me dijo que a veces le pegaban en el cole. Ante mi enojo, trató de tranquilizarme alegando que ya se "había acostumbrado". Sin comentarios. 

Por la tarde traté de convencer a una señora mayor de la necesidad de la huelga de mujeres del 8 de marzo. Defendí con apasionamiento la idea de que han sido movimientos de protesta con intenciones progresistas -muy especialmente el feminismo- los que han conquistado derechos tan trascendentales como el sufragio universal, la emancipación laboral de la mujer, el divorcio, el aborto, los derechos por maternidad... La situación de las mujeres en nuestro país no es la ideal, pero, como afirma una allegada, "prefiero ser mujer aquí que en Somalia o Yemen, y prefiero ser mujer ahora que en el siglo XVII". Pese a esa y otras muchas razones que ofrecí a favor del principio de que derechos y libertad se conquistan desde la lucha social, no conseguí convencer a mi interlocutora, que se aferraba a la idea de que "no vamos a poder cambiar nada". No me desanimó su impermeabilidad, el hecho mismo de que dialogáramos durante un buen rato me parece una razón más en favor del fenomenal pifostio que se está montando con la huelga del día ocho. 


Al salir del local en el que pasé la tarde me encontré a un antiguo alumno. Me dijo que había abandonado el piso de alquiler que compartía con otros dos chicos porque temía coger una infección, dado que el apartamento jamás se limpiaba. Todos sus ocupantes, varones con huevos colganderos y voz de trueno, consideraban que no era su misión en la vida limpiar su propia mierda. De ello se deduce lo obvio: muchas familias siguen educando a sus hijos varones -y supongo que también a las féminas-en las pautas más rancias y obsoletas del patriarcalismo.

Miren, yo creo que la idea de esta huelga tan innovadora es magnífica y que está generando una movilización colosal, quizá por encima de lo que ella misma planeaba. Vayan o no muchas a la huelga, el proyecto está teniendo éxito porque ha conseguido generar el clima de controversia que hace que merezca la pena formar parte de eso a lo que se llama la sociedad civil. Mal que le pese a quienes afirman que no hay alternativas -seguramente porque no quieren que las haya- son este tipo de situaciones las que conciencian, educan y cohesionan a las comunidades. 

 Respecto a la causa feminista las claves de reivindicativas son muy claras: feminización de la pobreza, impunidad del maltrato, esclavitud sexual, desigualdad en los derechos laborales, ausencia o inoperancia de las leyes de conciliación familiar... Podemos seguir, pero eso se lo dejo a otros, o mejor a otras. 

 Permítanme, para concluir, una apostilla. 

Todo movimiento, hasta el más honesto y necesario, ha registrado siempre "líneas duras", radicalismos obtusos y versiones ortodoxas e inquisitoriales. La ferocidad no es un síntoma de pureza y coherencia, sino de fanatismo y zafiedad. No estoy reclamando titubeos ni concesiones, se debe ser contundente en la defensa de principios básicos de justicia, pero la descalificación ad hominem de cualquier forma de discrepancia es una forma de autorrefutarse. Es bueno ser apasionado, pero todo discurso debe fundamentarse en la autocrítica, porque de lo contrario sólo es un conjunto de ladridos cuya única expectativa es imponerse por la fuerza. 

Hay feministas intolerantes y las hay particularmente idiotas. En los últimos días he leído algún que otro escrito publicado en medios de gran repercusión que da a pensar que a veces se suben al carro los más lerdos. Esto es exactamente lo mismo que podría decir de los socialdemócratas, los ecologistas o los defensores de los derechos de los niños... todas ellas opciones estupendas pero que albergan ciertas actitudes mezquinas y dan refugio a algunas personas abominables. He conocido feministas odiosas de igual manera que leninistas o veganos odiosos.


Muy bien, ¿y qué? ¿Merece la pena esta causa a pesar de sus imperfecciones?  Yo creo que sí, aunque, como dice María, soy un varón blanco y heteropatriarcal hasta cuando apoyo al feminismo. Como dijo Billy Wilder: "nadie es perfecto".

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