Supongo que es preceptivo referirse a Carlos Boyero cada vez
que uno quiere hablar de una película de Pedro Almodóvar. Aunque no creo que
sea necesario, entre otras cosas porque no veo la conveniencia de darle
publicidad a un señor que, como yo, no ha hecho gran cosa en la vida aparte de
despotricar. En una ocasión un supuesto experto en cine me dijo, para
desacreditar mi interés por el artista manchego, que había muchos directores
españoles mejores . No dudo que fueran buenos los que nombró –yo creo mucho en
el cine español- pero es llamativo que el más joven de todos ellos hiciera sus
películas no más tarde de los años setenta. Quizá el problema de mi amigo y el
de Boyero es que Almodóvar ha envejecido con nosotros, es un cronista de
nuestro presente… Pedro es uno de los
nuestros, y eso a veces activa los venenosos resortes de eso tan propio de
nuestra península que es el cainismo.
Puede no gustarte Almodóvar, faltaría más. Pero hay dos
cuestiones que no acepto.
La primera es que, como dijo un personaje de Cercas que –me
temo- le representaba a él, su cine “es una mariconada”. Lo siento, pero no.
Almodóvar tiene comedias que no por serlo constituyen productos banales o
entretenimientos ligeros. Muy al contrario, hay mucha inteligencia en pelis
como Mujeres al borde de un ataque de nervios o Átame. En cualquier caso, su
última creación, “Amarga Navidad”, como la reciente “Dolor y gloria”, son
cualquier cosa antes que narraciones poco serias. De otro lado, lo de la
“mariconada” quizá Cercas –o su personaje- se lo deberían hacer mirar. Me
parece estupendo que Almodóvar llene sus pelis de maricas, boyeras, colores
chillones, canciones melodramáticas o lágrimas de melancolía. Más que sacar del
armario a los gays, lo que ha logrado Pedro es sacarnos un poco a todos. Y ha
hecho algo más importante: le ha restado dramatismo y trascendencia a un cine
español demasiado instalado en lo más sórdido de la tragedia. Lo español es
áspero y doliente, de acuerdo, pero también es afectado, ritual y autoparódico.
Está en la cultura en castellano, siempre lo estuvo.
Segunda cuestión. Algunos avisan que El Deseo ya dio lo que
tenía que dar. Entiendo que la voluntad de gustar en Hollywood y obtener
enormes audiencias, así como la determinación a rodar a menudo, haya propiciado
pelis poco significativas, pero es que hablamos de un director que tiene al
menos 10 obras de un altísimo nivel. En cualquier caso no percibo que esté
envejeciendo mal. La prueba es Amarga Navidad, que me parece de lo mejor que ha
rodado este caballero.
Seré claro, yo creo que Boyero no entiende nada de lo que
está viendo cuando ve una peli de Almodóvar. No es obligatorio que te guste.
Tiene una propuesta muy definida y que, como sucede con las especias más
intensas, es fácil que la ames o la odies. Lo que yo digo es no veo en los
críticos más acérrimos de Pedro mucho más que un “me cae mal”, “se ha tirado al
rollo de las audiencias masivas” o “no me creo nada de lo que veo”.
Concluyo. No voy a contarles la película, pero creo que,
aparte de la potentísima seducción que ejerce sobre mí Bárbara Lennie, Amarga navidad presenta, con
mucho cine ya a sus espaldas, una serie de reflexiones que no debemos esquivar.
Podemos pensar que el dilema moral que se nos presenta es si
es legítimo que el escritor use a sus allegados para construir su obra. Esto ya
lo hizo Woody Allen en la inolvidable Deconstructing Harry, y sospechamos que
define un pecado que cometen ambos creadores y, acaso, casi cualquier contador
de historias. Creo en cualquier caso que ese es el motivo explícito y menor.
A mis ojos el trasfondo es mucho más potente. Almodóvar nos
está diciendo que hay algo en nosotros, o en muchos de nosotros, que nos
inclina inexorablemente a incidir una y otra vez en las mismas acciones con las
que ya hemos destrozado antes nuestras vidas. Siempre los mismos errores, las
mismas contradicciones que nos atraviesan, los mismos demonios… Como el
escorpión que mata a la rana a mitad de río, determinando también su propia
muerte, somos irreparablemente asesinos y suicidas. Podemos intentar cambiar,
pero si lo conseguimos, entonces probablemente perderemos la escasa genialidad
de la que podemos presumir. Dejaremos de escribir y de vivir historias que
merezcan la pena ser admiradas.
Creo que Amarga Navidad es magnífica, y que Almodóvar en su
senectud está mucho más enamorado del cine que de sí mismo. Eso le honra, creo.
Digan lo que digan.