Tengo un problema con Rue Bennett, personaje interpretado, de manera por cierto muy convincente, por Zendaya en “Euphoria”.
La cueva del gigante
Desde la Cueva del Gigante, lugar perdido en un territorio árido donde antiguamente se refugiaban los bandoleros, esta página intenta echar luz, y también alguna sombra, sobre los fenómenos sociales contemporáneos: las nuevas tribus, los simulacros culturales, los movimientos de masas, etc...
Thursday, April 16, 2026
I HATE YOU, RUE
Monday, March 30, 2026
AMARGA NAVIDAD, DE PEDRO ALMODÓVAR
Supongo que es preceptivo referirse a Carlos Boyero cada vez que uno quiere hablar de una película de Pedro Almodóvar. Aunque no creo que sea necesario, entre otras cosas porque no veo la conveniencia de darle publicidad a un señor que, como yo, no ha hecho gran cosa en la vida aparte de despotricar. En una ocasión un supuesto experto en cine me dijo, para desacreditar mi interés por el artista manchego, que había muchos directores españoles mejores . No dudo que fueran buenos los que nombró –yo creo mucho en el cine español- pero es llamativo que el más joven de todos ellos hiciera sus películas no más tarde de los años setenta. Quizá el problema de mi amigo y el de Boyero es que Almodóvar ha envejecido con nosotros, es un cronista de nuestro presente… Pedro es uno de los nuestros, y eso a veces activa los venenosos resortes de eso tan propio de nuestra península que es el cainismo.
Puede no gustarte Almodóvar, faltaría más. Pero hay dos cuestiones que no acepto.
La primera es que, como dijo un personaje de Cercas que –me temo- le representaba a él, su cine “es una mariconada”. Lo siento, pero no. Almodóvar tiene comedias que no por serlo constituyen productos banales o entretenimientos ligeros. Muy al contrario, hay mucha inteligencia en pelis como Mujeres al borde de un ataque de nervios o Átame. En cualquier caso, su última creación, “Amarga Navidad”, como la reciente “Dolor y gloria”, son cualquier cosa antes que narraciones poco serias. De otro lado, lo de la “mariconada” quizá Cercas –o su personaje- se lo deberían hacer mirar. Me parece estupendo que Almodóvar llene sus pelis de maricas, boyeras, colores chillones, canciones melodramáticas o lágrimas de melancolía. Más que sacar del armario a los gays, lo que ha logrado Pedro es sacarnos un poco a todos. Y ha hecho algo más importante: le ha restado dramatismo y trascendencia a un cine español demasiado instalado en lo más sórdido de la tragedia. Lo español es áspero y doliente, de acuerdo, pero también es afectado, ritual y autoparódico. Está en la cultura en castellano, siempre lo estuvo.
Segunda cuestión. Algunos avisan que El Deseo ya dio lo que tenía que dar. Entiendo que la voluntad de gustar en Hollywood y obtener enormes audiencias, así como la determinación a rodar a menudo, haya propiciado pelis poco significativas, pero es que hablamos de un director que tiene al menos 10 obras de un altísimo nivel. En cualquier caso no percibo que esté envejeciendo mal. La prueba es Amarga Navidad, que me parece de lo mejor que ha rodado este caballero.
Seré claro, yo creo que Boyero no entiende nada de lo que está viendo cuando ve una peli de Almodóvar. No es obligatorio que te guste. Tiene una propuesta muy definida y que, como sucede con las especias más intensas, es fácil que la ames o la odies. Lo que yo digo es no veo en los críticos más acérrimos de Pedro mucho más que un “me cae mal”, “se ha tirado al rollo de las audiencias masivas” o “no me creo nada de lo que veo”.
Concluyo. No voy a contarles la película, pero creo que, aparte de la potentísima seducción que ejerce sobre mí Bárbara Lennie, Amarga navidad presenta, con mucho cine ya a sus espaldas, una serie de reflexiones que no debemos esquivar.
Podemos pensar que el dilema moral que se nos presenta es si es legítimo que el escritor use a sus allegados para construir su obra. Esto ya lo hizo Woody Allen en la inolvidable Deconstructing Harry, y sospechamos que define un pecado que cometen ambos creadores y, acaso, casi cualquier contador de historias. Creo en cualquier caso que ese es el motivo explícito y menor.
A mis ojos el trasfondo es mucho más potente. Almodóvar nos está diciendo que hay algo en nosotros, o en muchos de nosotros, que nos inclina inexorablemente a incidir una y otra vez en las mismas acciones con las que ya hemos destrozado antes nuestras vidas. Siempre los mismos errores, las mismas contradicciones que nos atraviesan, los mismos demonios… Como el escorpión que mata a la rana a mitad de río, determinando también su propia muerte, somos irreparablemente asesinos y suicidas. Podemos intentar cambiar, pero si lo conseguimos, entonces probablemente perderemos la escasa genialidad de la que podemos presumir. Dejaremos de escribir y de vivir historias que merezcan la pena ser admiradas.
Creo que Amarga Navidad es magnífica, y que Almodóvar en su senectud está mucho más enamorado del cine que de sí mismo. Eso le honra, creo. Digan lo que digan.
Wednesday, January 21, 2026
ADAMUZ
Cuando sobreviene la tragedia debemos elegir. Cabe exigir medidas de seguridad, incremento de inversiones, delimitación de responsabilidades… Todo esto se debe de hacer, pero lo que a mí me tienta es guardar silencio.
Monday, December 22, 2025
LAS PIPAS DE LA PAZ
* Dedicado a mi amigo, José Miguel Campos.
Wednesday, December 10, 2025
OSTRAS A CUATRO EUROS
Sunday, December 07, 2025
SI TIENEN PROBLEMAS DE VOCABULARIO, LLAMEN A ESTO "WOKE"
Decimos que la sociedad se halla en desorden. Presentimos la agresividad en el que se cruza con nosotros. Las calles, los caminos y los hogares están llenos de gente que dice sentirse harta de que abusen de ella y cree que tiene que demostrar que “conmigo no van a poder”. A menudo esa indignación no se traduce en nada, excepto ir por el mundo con cara de perro, votar a la ultraderecha y escarnecer a inocentes desde los nicks de internet.
Saturday, December 06, 2025
MAZÓN Y GORROÑO
Soy un varón cis hetero –creo que
ahora nos llaman así-, y sobrepaso con creces la mediana edad, lo que me
convierte en sospechoso de toda suerte de tendencias culpables. Tienen razón en
una cosa: experimento una atracción desmesurada por el sexo opuesto. Durante
décadas creí que era una deriva hormonal instalada en mis genes, pues mi padre
era un macho alfa de manual.
Con el tiempo he ido descubriendo que, en realidad, el problema arranca de una circunstancia biográfica de corte traumático: me crié en un colegio religioso masculino. No se imaginan, señoras, el prestigio que obtuvieron ustedes a mis inexpertos ojos a consecuencia de ese desatino pedagógico que es la segregación escolar por género. La razón y la experiencia, no obstante, me indican a cada momento que las mujeres son más o menos igual de egoístas, estúpidas e incongruentes que nosotros.
No sé si vivimos un tiempo de masculinidades enfermas. Quiero pensar que los milennials y sus sucesores traen perspectivas novedosas y sus mentes son, al respecto del género y sus derivados, bastante más abiertas y tolerantes que las de generaciones anteriores. Quiero pensar que, aunque sea por reacción a nuestros dislates biográficos, les hemos inyectado valores más saludables que los que nosotros conocimos.
Viene a cuento esta introducción porque yo he entendido desde el primero momento lo que le pasó a Mazón el famoso día de la Dana. No tiene gracia, pero a veces el mal es cómico, o banal, como diría Hannah Arendt. Dicen en mi pueblo que “donde tengas la olla no metas la polla”. Yo no tengo por qué juzgar la conducta privada de un gobernante, pero cuando por acción u omisión tu conducta propicia muertes, entonces la cosa cambia. Da muy mal rollo el asunto, huele fatal. “Te doy la tele y a cambio tú…”, “siempre me has gustado, ¿no te diste cuenta cuando hablé de ti en público?”… En fin, es todo muy cutre y muy mierder. .
No es un problema de Mazón, ni siquiera es solo de políticos y otros señores con poder. Creo que hay algo profundamente enfermizo en la manera en que los varones nos hemos conducido hacia el otro sexo. No hablo solo del patriarcado institucional, del económico, ni siquiera en el matrimonio, los malos tratos o el acoso sexual… Estoy pensando en lo que solemos llamar las relaciones, o, como dirían en el Renacimiento, el “amor galante”.
Verán. Yo tuve un amigo, Gorroño, que era como el Emérito, sí, no es una broma. Empleábamos el mal chiste de que era hermafrodita, pues tenía la polla en la entrepierna y en la cabeza un coño. Pero, no se engañen, no era un obseso sexual. Uno puede padecer de ninfomanía -por cierto también las mujeres- como quien tiene un problema con el alcohol o el juego. Yo hablo de otra cosa. Aquel tipo era un cazador, necesitaba rastrear la pieza, acecharla y tenderle trampas hasta, finalmente, abatirla. Si obtenía el éxito se la llevaba a la cama, pero eso era algo así como la entrega del trofeo. Gorroño no era lo que Gil de Biedma hubiera llamado un “buscador de orgasmos”. Lo que sí sabías es que el posible noviazgo no duraría demasiado, pues, entre otras cosas, el tipo era insoportable, desleal, mezquino, inoperante.
Cuando esta extraña inclinación se vuelve patológica, ya sabes que el tipo no va a tener otro interés que el de usarte. Lo hará con sus amigos porque no sabe ni quiere hacer otra cosa. A fin de cuentas sus adoradas son importantes en la medida en que forman parte de un juego de supuesta seducción, es decir, su destino también es ser usadas. Durante años, por pura estupidez, llegué a mirar con cierta admiración esta conducta diagnosticada por los psiquiatras como “donjuanismo”. Pensaba que había algo romántico en ella, un indomeñable espíritu aventurero. Cuando lo viví más de cerca, ya no pude sino aborrecerlo. Horas interminables aguantando charlas horrorosas de un puto narcisista sobre la bondad de sus estrategias de seducción, críticas misóginas a unas damas que, obviamente, evitaban mayoritariamente someterse a los caprichos del sujeto, vueltas y revueltas a los mismos antros nocturnos donde había que hacerse el encontradizo… Que coñazo, dios mío, qué ganas de irme a ver un partido de fútbol, leer mis tintines o fotografiar calles y transeúntes.
Siempre he querido gustar a las damas. Pero, verán. Recuerdo un episodio deplorable en el cual Gorroño “le entró” a una chica en el bar de una estación. La joven, una extranjera algo despistada, estaba pasándolo muy mal porque no sabía si había comprado el billete adecuado para ir a cierta ciudad española muy alejada. Mientras la chica, angustiada, imploraba ayuda, Gorroño se dirigía a ella con los habituales fines venatorios... Salió por piernas, con toda la razón, y yo sentí un hastío terrible, una especie de bochorno incontenible por mi condición sexual y por mis criterios en la elección de amistades. Me di cuenta de que esa situación tan deprimente no era una excepción, era la norma. Creo que aquella noche empecé a decirle adiós a Gorroño y, sobre todo, a esa atorrante exigencia masculina de depredar mujeres.
He ligado poco en mi vida y me hubiera gustado alternar con más señoras. Sospecho que ellas siempre me gustaron más a mí que yo a ellas. Pero dicen que para un martillo todo es clavo, y yo, además de un fracasado, seré un cis hetero o lo que a ustedes les apetezca llamarme, pero no soy un martillo ni el mundo es un clavo.
No sé si me entienden.







