Tuesday, May 12, 2026

"¿Y...?"











Durante algún tiempo vivió en el apartamento de abajo del mío una pareja de argentinos. Él era algo hosco, quizá tímido, pero se intuía que era buena persona. Ella era dulce, encantadora. Un día desaparecieron. Supe por una vecina de estas que están al cabo de la calle de todo el mundo que ella le había dejado por un antiguo novio. Al cabo de algún tiempo él apareció de nuevo en el bloque. Pasaba los días y las noches en el balcón, fumando un cigarrillo tras otro. Era la imagen incontestable de la desdicha. Un hombre abandonado, desorientado, sin nada a lo que aferrarse excepto al tabaco. Alguna vez pensé en decirle algo, cualquier cosa que pudiera ofrecerle consuelo. ¿Por qué no lo hice?
Tiempo después desapareció. Pasado algún tiempo mi pareja y yo fuimos padres. Una mañana, con el bebé en brazos, me lo volví a encontrar en el patio. Parecía estar mejor. Vio a mi pequeña hija y recuerdo muy bien lo que me dijo:
“¿Y…?”
No dijo nada más. Yo le contesté que tenía dos semanas de vida. La miró con ternura. Supongo que había vuelto para recoger sus cosas, pues ya no le volví a ver. A veces, cuando miro a su balcón que ahora ocupa una familia de Pakistán me pregunto qué habrá sido de él. Si rehízo su vida con otra mujer, si regresó a Argentina, si logró superar al fin aquel trance amoroso tan triste. Me pregunto incluso si dejó de fumar cuando entendió que buscar refugio en un cigarrillo no te salva de nada en esta vida, aunque ese, el de encontrar su protección, es a lo que aspiras cuando lo enciendes.
Escribió Cioran que no es Dios sino el dolor quien tiene el don de la ubicuidad. “Quizá incluso los dinosaurios sucumbieron a la melancolía”
Hay un relato autobiográfico de Pilar Barrenechea que me persigue. Una niña lloraba incesantemente. ¿Por qué? Quizá el mundo no le gustaba. El caso es que un día descubrió que no iba a encontrar atención ni consuelo, por lo que detuvo su llanto, supongo que para siempre.
A mí, como a aquella niña, no me gusta cómo es el mundo. Lloro a veces por él, sospecho que no tiene remedio y que los seres humanos seguiremos sin entender que querer a otras personas es lo único que otorga algún sentido a nuestra existencia.
Últimamente me pongo malo cada vez que en un telediario me cuentan que un tipejo ha matado a su mujer o ha abusado de niños. O cuando los dueños del planeta juegan a la guerra y bombardean a gente inocente en Oriente Medio. Los varones no hemos parado de cargar de razones al feminismo para desconfiar de nosotros.
Después de más de medio siglo creo poder afirmar que, con todas mis inobservancias, mis violencias y mis contradicciones, no soy un mal tío. Quiero y he querido a distintas mujeres con las que he compartido muchas cosas de mi vida. He invertido muchos esfuerzos en su salud y en su felicidad, a veces con resultados frustrantes.
Dijo Kant que debemos saber qué nos es dado conocer y qué debemos hacer, pero que no somos dueños de lo que nos espera si hacemos lo que debemos. Tienes derecho a preguntarte qué puedes esperar, pero no sabes qué es lo que te espera.
Necesitamos amar y ser amados, yo al menos sé que estoy condenado a esa flaqueza.
¿Qué habrá sido de aquel argentino? Me lo pregunto a estas horas de la tarde lluviosa con la que empieza mayo

No comments: