Friday, May 15, 2026

UNA MANIFESTACIÓN HISTÓRICA EN VALENCIA

 




Hay momentos en que ver rotas tus convicciones, lejos de importunarte, te inyecta esa dosis de esperanza que necesitas para seguir viviendo, para no sucumbir a la cómoda tentación del cinismo.


A medida que envejeces se va alzando a tus espaldas la alargada sombra del pesimismo. Hace falta ser eso a lo que llaman un “ser de luz” –alguien como mi madre- para que las medias suelas de tu alma no te aneguen de melancolía. Has toreado ya en demasiadas plazas repletas de mediocridad, de apatía, de crueldad… Crees que tu especie se ha vuelto previsible en el peor sentido.


Y entonces… Y estos puntos suspensivos se hacen muy largos. Ayer presencié la mayor movilización de profesores de toda mi vida. Las he visto grandes, muy grandes, y las he visto también escuálidas y deprimentes. He hecho muchas huelgas y he participado en muchas movilizaciones a lo largo de mi vida. Normalmente siempre van los mismos y siempre faltan los mismos. Todos nos conocemos en una capital no particularmente grande como Valencia.


En los últimos años, durante el Govern del Botànic en el País Valencià he visto, con auténtica indignación, cómo se acumulaban las razones para explicarle a los partidos de izquierda que si no trabajan con honestidad y determinación a favor de la enseñanza pública es mejor que no se presenten a elecciones.  


Pero sí, lo sé, con la derecha todo es mucho peor. El PP es un partido al que votan muchos pobres pero que trabaja para los sectores sociales acomodados. He dicho en muchas ocasiones que llamar estúpidos a los votantes de PP o Vox no soluciona gran cosa, aunque, lo siento, hay que ser muy cándido para ser clase obrera y creer que tus amigos son tipos como Trump o Florentino Pérez, y tus enemigos unos desdichados que llegan en patera.


No creí que esta movilización fuera a salir bien, lo reconozco. Y resulta que me encuentro una auténtica revuelta social, perfectamente civilizada pero masiva, que alcanzó proporciones colosales en la mañana del viernes. Qué enorme alegría, qué placer haberme equivocado.


No sé si conseguiremos algo. Hay razones muy profundas por las que creo que la educación pública en España está herida de muerte. De ese pesimismo de base no voy a salir por dos semanas de litigio.


 Pero sí hay una razón para que las sonrisas regresen a los rostros. Ahora que se cumplen tres lustros del 15M, que sigue siendo la referencia política y moral que me sujeta, invade nuestro ánimo la espantosa sensación de que el espíritu  más neandertal y reaccionario se ha apoderado del alma de millones de nuestros conciudadanos en España, en Europa y en el mundo. Ayer las calles de Valencia se llenaron de gente civilizada, miles y miles de personas instruidas cantaban y bailaban en defensa de la educación. Pero hay algo más, es una movilización contra el fascismo, contra la violencia, contra la incultura, contra Trump… Es, en definitiva, un hermoso esfuerzo de miles de ciudadanos valiosos contra tantos y tantos energúmenos y fachas de mierda que creían haberse apoderado de las calles.

 

 

Tuesday, May 12, 2026

"¿Y...?"











Durante algún tiempo vivió en el apartamento de abajo del mío una pareja de argentinos. Él era algo hosco, quizá tímido, pero se intuía que era buena persona. Ella era dulce, encantadora. Un día desaparecieron. Supe por una vecina de estas que están al cabo de la calle de todo el mundo que ella le había dejado por un antiguo novio. Al cabo de algún tiempo él apareció de nuevo en el bloque. Pasaba los días y las noches en el balcón, fumando un cigarrillo tras otro. Era la imagen incontestable de la desdicha. Un hombre abandonado, desorientado, sin nada a lo que aferrarse excepto al tabaco. Alguna vez pensé en decirle algo, cualquier cosa que pudiera ofrecerle consuelo. ¿Por qué no lo hice?
Tiempo después desapareció. Pasado algún tiempo mi pareja y yo fuimos padres. Una mañana, con el bebé en brazos, me lo volví a encontrar en el patio. Parecía estar mejor. Vio a mi pequeña hija y recuerdo muy bien lo que me dijo:
“¿Y…?”
No dijo nada más. Yo le contesté que tenía dos semanas de vida. La miró con ternura. Supongo que había vuelto para recoger sus cosas, pues ya no le volví a ver. A veces, cuando miro a su balcón que ahora ocupa una familia de Pakistán me pregunto qué habrá sido de él. Si rehízo su vida con otra mujer, si regresó a Argentina, si logró superar al fin aquel trance amoroso tan triste. Me pregunto incluso si dejó de fumar cuando entendió que buscar refugio en un cigarrillo no te salva de nada en esta vida, aunque ese, el de encontrar su protección, es a lo que aspiras cuando lo enciendes.
Escribió Cioran que no es Dios sino el dolor quien tiene el don de la ubicuidad. “Quizá incluso los dinosaurios sucumbieron a la melancolía”
Hay un relato autobiográfico de Pilar Barrenechea que me persigue. Una niña lloraba incesantemente. ¿Por qué? Quizá el mundo no le gustaba. El caso es que un día descubrió que no iba a encontrar atención ni consuelo, por lo que detuvo su llanto, supongo que para siempre.
A mí, como a aquella niña, no me gusta cómo es el mundo. Lloro a veces por él, sospecho que no tiene remedio y que los seres humanos seguiremos sin entender que querer a otras personas es lo único que otorga algún sentido a nuestra existencia.
Últimamente me pongo malo cada vez que en un telediario me cuentan que un tipejo ha matado a su mujer o ha abusado de niños. O cuando los dueños del planeta juegan a la guerra y bombardean a gente inocente en Oriente Medio. Los varones no hemos parado de cargar de razones al feminismo para desconfiar de nosotros.
Después de más de medio siglo creo poder afirmar que, con todas mis inobservancias, mis violencias y mis contradicciones, no soy un mal tío. Quiero y he querido a distintas mujeres con las que he compartido muchas cosas de mi vida. He invertido muchos esfuerzos en su salud y en su felicidad, a veces con resultados frustrantes.
Dijo Kant que debemos saber qué nos es dado conocer y qué debemos hacer, pero que no somos dueños de lo que nos espera si hacemos lo que debemos. Tienes derecho a preguntarte qué puedes esperar, pero no sabes qué es lo que te espera.
Necesitamos amar y ser amados, yo al menos sé que estoy condenado a esa flaqueza.
¿Qué habrá sido de aquel argentino? Me lo pregunto a estas horas de la tarde lluviosa con la que empieza mayo