Desde la Cueva del Gigante, lugar perdido en un territorio árido donde antiguamente se refugiaban los bandoleros, esta página intenta echar luz, y también alguna sombra, sobre los fenómenos sociales contemporáneos: las nuevas tribus, los simulacros culturales, los movimientos de masas, etc...
Friday, June 05, 2009
Saturday, May 30, 2009
Mis conocidos piensan que detesto los rituales, pero no es cierto; lo que en realidad me resulta insoportable es eso a lo que llamamos "compromisos". Entiendo que alguien considere un motivo de alegría el bautizo de su bebé y quiera compartir tanto jolgorio con sus allegados. Lo que me parece insoportable es ese hábito de chantajear a las personas queridas para que se desplacen cientos de kilómetros de ida y de vuelta, pasen por taquilla desembolsando monstruosas cantidades de dinero a cambio de la obscenamente abundante comida que se les ofrece y la sarta de sandeces en que se han convertido las bodas y, por lo visto, también los bautizos y comuniones.

uerte sentimiento de adhesión a lo colectivo, a una lengua, a una virgen, a un equipo de futbol, qué sé yo... Podemos reírnos o considerar equivocada cualquier forma de nacionalismo, pero hay algo en esa devoción por referentes identitarios que hace muy fuerte la autoestima de las comunidades. Mientras sirva para ganar Champions y no para urdir asesinatos merecerá, cuanto menos, un momento de reflexión.Saturday, May 23, 2009

En uno de mis episodios preferidos, una paciente que ha quedado preñada tras una violación explica por qué insiste tanto en ser atendida únicamente por ese tipo que en ningún caso le va a dar la comprensión o el cariño que le ofrecerían otros médicos. "Hay en usted algo que indica un enorme sufrimiento, le busco a usted porque es el único que puede entenderme." Hay otro episodio en que debe descubrir qué dolencia tiene un niño autista. Y ya sabemos: los autistas, supuestamente, no pueden comunicarse, con lo cual, la ciencia médica está sin armas para interpretar adecuadamente sus síntomas. House es el primero en intuir que para entender a un autista hay que ser autista. Por eso, cuando el niño se niega con ojos de terror a ser anestesiado, House se enchufa el aparato a la boca y, mientras sale embriagado de la habitación, el niño se deja hacer porque alguien ya le ha demostrado que no van a dañarle. Poco a poco, conseguirá ir reconstruyendo el lenguaje privado del niño, aprenderá a compartir sus códigos y terminará por entenderle. Nada que ver pues con la tradición de la ortodoxia clínica, a cuyo lenguaje universal ha de poder traducirse todo, desde la pura praxis médica hasta los signos que emite el cuerpo del enfermo.
Saturday, May 16, 2009

No se equivoquen. No solo no quiero menos tecnología, quiero más de la que hay, pero me pone enfermo que cuatro listos conviertan ese papanatismo tecnocrático tan de la socialdemocracia española para disfrazar su incompetencia, como si llenando las aulas de robots se solucionara toda una problemática estructural que lleva décadas creciendo y que lo que requiere -digánselo ustedes al cejitas, a ver si se entera- es capital humano, y en condiciones. Sí, sí, ahora dirán que también van a contratar expertos en electrónica y a garantizar el mantenimiento de los ordenadores. Mienten, porque mienten siempre cuando de lo que se trata es de prometer inversiones de futuro. Pero ZP ya habrá conseguido su objetivo, que es el de hacer creer a unos cuantos españoles que dispone de fármacos de fuerte impacto para curar las enfermedades de la escuela.

Yo, la verdad, cambiaría la millonada que van a gastarse en poner un portatil por alumno en quinto de Primaria, lo que por capilaridad se extenderá -presuntamente- a los siguientes cursos año tras año, por toda una serie de prioridades bastante más urgentes. Por ejemplo, estaría bien que la legión de niños que en cada aula tienen problemas de aprendizaje -por distintas razones, la idiomática con los inmigrantes entre otras- recibieran mayores refuerzos, lo cual supondría aumentar la cantidad de profesores convencionales, así como especialistas en Educación Especial y Pedagogía Terapéutica de cada escuela. Sería cuestión también de plantearse reducir de una vez por todas -y con ello cumplirían la vieja promesa incumplida de la LOGSE- las ratios de alumno por aula y profesor. No estaría mal tampoco facilitar a los centros el establecimiento de planes para mejorar tanto el rendimiento escolar como la disciplina en las aulas, aspectos en los que España regresiona año tras año, hasta el punto de contradecir la vieja ilusión post-franquista de que navegamos viento en popa por la ruta de la modernización.
Termino. Alguien me acusó el año pasado en este blog de tener fobia electrónica. No es cierto, es más, ni creo que vivíamos mejor antes de la cybercultura ni soy ludista... En realidad lo de la fobia informática no existe, más bien creo que hay fanatismo tecnocrático: no conozco ningún profesor en mi centro que no use el ordenador, empezando, como es obvio, por mí. El pequeño problema -esto hay quien por lo visto no consigue entenderlo- es que los ordenadores y la Red mejoran el mundo cuando tenemos un proyecto realmente serio sobre qué mundo queremos. Si lo que se pretende es solo simular que se gobierna y ganar un puñado de votos, entonces, hay que desconfiar, pero no de la tecnología, sino de quienes se aferran a ella para disfrazar la evidencia de que no saben cómo hacer para que las escuelas no sean vertederos de ignorancia e indiferencia donde dejar aparcados a los niños durante nueve horas al día.
Saturday, May 09, 2009

WARHOL Y LA ESPOSA DE BECKAM
3. Posh es un personaje secretamente warholiano. Desde que salió a hacer monerías sobre un escenario con las Spice Gilrls, Victoria Adams supo que su designio era la fama. A partir de ahí se trama la construcción de un personaje cuya siguiente estación de paso es la de ser la "esposa de". Si el poder es lo que indica Foucault, la capacidad para influir sobre el pensamiento y la acción de los demás, los Beckam son pura maquinaria de poder. Sólo así se explica que tantos jóvenes se encasquetaran aquellas gafas enormes y horrendas o los trajes blancos espantosos de David. Cuando la pareja adopta un signo -tatuajes, pelos astutamente desarreglados, niños con nombre de barrio- están dándole pistoletazo de salida a una moda que pasa a universalizarse. Hay que ser muy ingenuo para experimentar algún tipo de atracción erótica por un chico tan tonto y tan bovino o por una pija con cuerpo de chupa-chup.
¿Puro plástico? Pero hay algo, un secreto inteligentemente resguardado tras toda esa construcción destinada a seducir y que la gente sigue como rebaño. Entendí algo así con Paris Hilton el día en que me dí cuenta de que se trataba de un personaje parodiado a sí mismo. Paris es
ridícula, una mocosa descerebrada que se pone hasta el culo y le enseña las bragas al taxista tras tirarse un pedo cuando sale de una fiesta de yanquis horteras. Paris es la fama por antonomasia, es decir, nada. Pero me decepcionó el día que llegó a Madrid y la "entrevistaron": era tan tonta, tan minusválida mental como parecía. "Sin tacones no puedo pensar", dijo Victoria. Ningún filósofo postmoderno francés es capaz de sintetizar el espíritu de nuestros tiempos con mayor precisión.
Wednesday, April 29, 2009

EL CULO DE CARLA BRUNI
En un nivel muy obvio y difícilmente discutible de análisis habríamos de coincidir con los críticos en la indignación: es preocupante la hegemonía informativa que le están confiriendo los medios al evento. El problema no es que atendamos a la visita del Presidente de la Republique, cuyas repercusiones parecen serias; el problema es que el noventa por cien de las imágenes y comentarios se los lleva el glamour de la Señora de Sarkozy y su presunta competición a belleza y estilo con la Princesa de España. Caemos aquí en un círculo vicioso: los medios, en su objetivo de obtener audiencias, juzgan que la gente va a interesarse más por este tema que por el de las conversaciones entre los dos cancilleres, la gente responde –como el perro de Pavlov- de la manera deseada al señuelo propuesto… Y el resultado final es que Sarko se va a casa pensando que ha dado en el clavo buscándose a esa novia tan estilosa, los monárquicos se convencen de que seguimos necesitando princesas y la prensa rosa se sonríe con la hipocresía de los medios “s
erios”, incapaces de reconocer que lo que ellos hacen también es cotilleo.Consecuente a ésta crítica es la del que se rasga las vestiduras con el papanatismo ibérico. Incapaces de apreciar lo nuestro –me imagino que se refieren a nuestros Culos Reales- nos dedicamos a babear cuando el Francés llega a la Villa y Corte y se pasea por palacios y jardines con la buenorra de chatina que se ha buscado. Le lleva una cabeza y él es feo como un demonio –de ahí que ella use manoletinas con frecuencia-, pero ya se sabe que el éxito de un galán no se mide por su apostura sino por la belleza de su dama conquistada.
Creo que corremos el riesgo de caer en visiones demasiado fáciles. De entrada, conviene recordar –por la acusación de papanatismo, o lo que en realidad, es la misma cosa, de complejo de inferioridad- que el fenómeno Bruni es un invento de los franceses pensado –como todo lo que hacen los franceses- para alegrarse la vida a sí mismos antes que a los demás, y menos a los vecinos del sur, a los que presuntamente menosprecian. Sarkozy es jefe de gobierno porque es un hombre modélico, un ejemplo en el sentido literal de la palabra. Pequeñajo pero capaz de sobreponerse a las humillaciones consiguientes, feo pero seductor… Lo que verdaderamente ha hecho grande a Sarko entre los franceses es que fue él quien se atrevió a decir que los que creaban disturbios e incendiaban coches en los banlieu de París eran “carroña” y que lo que había que hacer con ellos era aplicarles mano dura. La plebe digiere ese tipo de mensajes con la misma facilidad con la que dos siglos antes marchó a Versalles a por la cabeza de Maria Antonieta porque se había dicho que mientras ellos pasaban hambre, ella se pasaba el día follando y comiendo pasteles. “Es nuestro hombre”, dijeron, una especie de Asterix dispuesto a limpiar la Galia de invasores a mamporros.

Pero este fenómeno no es local ni privativamente francés. En estos días nos lo hemos pasado bomba escuchando las declaraciones de la mujer de Berlusconi, quien, enfadada con su consorte por su indomeñable inclinación a la galantería, parece haberse convertida en la número uno de la oposición en Italia. No está mal tramado: para que el país se parezca más que nunca a un cortijo, creamos la apariencia del debate trasladándole al popolo nuestras broncas de alcoba. Yo de Berlusconi cerraría de una vez el Parlamento. ¿Y qué me dicen de la afición de Obama a las posturas y la fotogenia kennedyana? O de las últimas fotos de Aznar, con su perro, posando para dar miedo como un viejo lobo que espera en la sombra para caer sobre los malos cuando ya crean haberlo olvidado: “Yo sé cómo salir de la crisis”… Manda cojones.
Pero hay otro detalle que acaso se nos escape por el desagüe de todo este panorama tan de ópera bufa. La política ya no está donde los políticos, que es donde creemos encontrárnosla. Asumida su impotencia, la clase política ha optado por convertirse en espectáculo del poder, precisamente porque carece de él. El emperador va desnudo, por eso, mientras los media transmitan el asentimiento colectivo, puede permitirse el lujo de llevar el más hermoso de los trajes. La lógica que legitima la praxis democrática, la representación, ya solo es un fantasma. Quienes, como Sarkozy, se arrogan la condición de representativos de la ciudadanía, son en realidad los conductores de una máquina cuyos mandos ya no responden. Encuestas y sondeos no remiten a nadie sino a sí mismos, su propio juego autista y autorreferencial, artefactos falaces que simulan instancias en las que los políticos son los primeros en no creer, como la “opinión pública” o la “vol
untad general”.Cuesta distinguir en estos días los informativos “serios” de los programas rosas, donde la información es rabiosamente palpitante y los coloquios se llenan de agudos críticos y presenciamos encendidos debates.
Estrategia acaso irónica de la “mayoría silenciosa”, que sospecha en silencio que lo que le ofrecen no es el poder sino su escena, no su realidad sino su fantasma. El Poder, entendido, como la capacidad de influir de verdad sobre nuestras vidas, se dirime ya en otros tableros, muy lejos del Elíseo. La gente vota para que los políticos le proporcionen el espectáculo reality con el que nos divertimos más que nunca estos días. Por eso opinamos sobre cuál de los dos culos es más aristocrático. ¿Qué opina usted?
Friday, April 24, 2009

a ser objeto de gestión y cálculo racional: el dolor no negocia. No es extraño que los antiguos hedonistas llegaran a la conclusión de que, en realidad, el placer no era sino la ausencia de padecimiento, la momentánea incomparecencia del dolor y la enfermedad. Tan modesta definición de la felicidad -esos instantes fugaces en que el mal parece haberse olvidado de nosotros- se entiende mejor cuando escuchamos la voz del enfermo de La montaña mágica, de Thomas Mann, donde se revela dramáticamente la experiencia del cuerpo maltratado por excelencia, el del enfermo:
do a segundo, lentamente, como en una siniestra cámara de tortura. Por primera vez en su vida, parece interesado sobre la "lógica del dolor": describe exhaustivamente cómo serpentea por sus músculos, como "trabaja" a través de las heridas aún no cicatrizadas, qué vericuetos le permiten infiltrarse para dejarse sentir. Una de las peculiaridades del post-operatorio, más allá de las cicatrices interminables que surcan de norte a sur el continente del cuerpo, es el dolor que oprime la caja torácica. Resulta que en el quirófano te han abierto las vértebras para poder trabajar sobre el corazón: imagino la presión con los forceps, un poco como el sumo sacerdote maya de Apocalypto (Mel Gibson), que saca el corazón con un cuchillo de diamante a la víctima sacrificial en lo alto de la pirámide para ofrecérselo al despiado dios Kukulcán. Ese acto sencillo con los forceps es en realidad la promesa de todo tipo de futuros tormentos postoperatorios para el paciente, que en esos momentos duerme inocente e indefenso tras la anestesia.Acaso no esté tan lejos esa vieja convicción penitencial del misterioso culto al dolor de los piercings o los tatuajes, signos cuyo efecto seductor no es ajeno al dolor sufrido que denotan. Clavados entre cartílagos o impresos a hierro sobre la dermis, este tipo de procedimientos que vienen administrándose como señas de identificación y distinción desde tiempos tribales, responden a la misma lógica que el opresivo corsé o la tortura masoquista de los tacones femeninos... extraño fervor por la autolesión, ritos para "iniciados", exhibición de cicatriz... de alguna manera, la misma lógica del éxtasis que asocia el sufrimiento a la Verdad... planteamiento ascético-místico en cierto modo.
En uno de sus más recientes episodios, el Doctor House parece haber encontrado, al fin, un remedio definitivo contra el dolor. Ha dejado de tomar bicodina, que reduce el dolor de su rodilla, por metadona, el tóxico que no coloca y se administra a los yonquis, y que House empieza a utilizar porque elimina completamente el dolor. Inicialmente, sus amigos le advierten que una droga tan dura puede provocarle un colapso en cualquier momento. Tras unos días descubren que por primera vez desde que le conocen parece no arrastrarse por la vida como el más desgraciado de los hombres. Ya no le duele... Y cambian de opinión, aún a sabiendas de los riesgos del consumo de un opiáceo tan potente: "House tiene derecho a ser feliz". Y es justamente entonces cuando el doctor decide regresar a la bicodina. Una mañana descubre que ha sido condescendiente con alguno de esos interlocutores a los que usualmente contradice con brutalidad, y que por ello ha estado a punto de matar a un paciente. La ausencia de dolor le ha relajado, le ha vuelto blando, le he hecho perder rigor en su estado de permanente vigilancia ante el Mal. En eso consiste su maldición: solo en la cima del padecimiento más insoportable es capaz de hablar el lenguaje extremo de la enfermedad... House entra en diálogo con los signos del cuerpo desencajado por el dolor porque no le tiene miedo al Mal, dado que ya vive instalado en él.
-"Regresas al dolor porque, sin él, temes perder la lucidez, crees que sin tu inteligencia no eres nada."























