Jacques Ranciere, filósofo francés por el que tengo especial devoción, ofrece una definición de la política que cuesta digerir en la izquierda, muy acostumbrada desde los sesenta a vivir bajo la especie de que “todo es político”. Ranciere nos cambia el paso, y no estoy seguro de que hayamos entendido su apuesta.
Define el francés lo político diferenciándolo de lo policial. La gestión sistémica y burocratizada de la instituciones, de lo cual formamos parte todos en alguna medida, es equívocamente llamada “política” cuando en realidad es “policía”. Lo político irrumpe fuera de guión, es lo no planificado, resulta de la voluntad libre y espontánea de un grupo de personas y provoca un disturbio en la maquinaria policial. Lejos de la versión que politiza todas las dimensiones de lo social, lo que sugiere Ranciere es que lo político es una rareza, una anomalía.
Los ejemplos están en la historia. Desde la chusma parisina hambrienta golpeando la puerta de la Bastilla hasta Rosa Parks negándose a ceder su asiento en el autobús. Desde los tribunos de la plebe, nombrados para obligar al patriciado romano a negociar con la plebs, hasta las Madres de Mayo clamando por los desaparecidos de una atroz dictadura.
En este sentido lo político es siempre un acontecimiento, en toda la extensión de la palabra. Y tiene el don de la inoportunidad. Es una perturbación en el orden normal de las cosas y, por tanto, incomoda e inquieta siempre, por lo que, aunque genere entusiastas adhesiones, colisiona necesariamente contra las fuerzas más asentadas del sistema.
No tengo ninguna duda de que con la ocupación de plazas por el tema de la vivienda nos hallamos ante un acontecimiento político. Ahora podemos decir que era previsible y que la situación tenía que explotar por algún lado. Y sí, sin duda, hay razones que explican el acontecimiento, pero eso no significa que estuviera previsto o fuera inevitable. Se produce porque hay personas que deciden hacerlo, como podrían no haberlo hecho. Quienes lo llevan a cabo ponen el cuerpo y crean una lógica novedosa dentro del espacio que acaban de crear y a través del cual se comunican entre ellos y exteriorizan su mensaje. En la medida en que ponen en crisis los mecanismos establecidos –o policiales- de la representación, son profundamente antisistema, en un sentido en que jamás lo es un partido o sindicato.
No sabemos qué va a ser de este movimiento. Deja bien claro a la vista de todos –por eso ocupa las plazas centrales de las ciudades- que, como diría Tony Judt, “algo va mal”. Se les está diciendo a millones de ciudadanos que los salarios que reciben no son suficientes para vivir. Y eso ocurre cuando se nos informa de que la economía española está en crecimiento y los bancos tienen ganancias record.
“Fracasarán y las plazas recuperarán la normalidad, como ya pasó tras el 15M”. Probablemente, y quizá debíamos plantearnos si el fracaso del 15M no es precisamente lo que nos ha llevado hasta aquí, cuando se les está diciendo a los jóvenes que construir una biografía razonable, esforzándose honradamente, es una utopía del pasado y que este país está hecho para los turistas y los especuladores.
Claro que siempre podemos llamarlos “perroflautas” y considerar que su pronunciamiento es efímero e inconsistente. Ya ha ocurrido antes. Yo procuraría estar atento a lo que nos dicen y a lo que nos muestran…Aunque siempre podemos cerrar ojos y oídos: es lo que la ultraderecha está esperando para explotar la indignación entre los jóvenes.
Si os apetece soportarme un poco más, os linqueo un video en el que explico las ideas esenciales del autor de "El maestro ignorante".
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