Cuarenta años de democracia... ya es más tiempo que el que tuvo el franquismo.
No tendríamos que explicar por qué hay que acabar con el Valle de los Caídos o, para ser más exacto, por qué hay que seguir con la ley franquista que determina el sentido del monumento y no son las instituciones democráticas las que deciden qué valor y qué uso corresponde al enclave. Un régimen dictatorial creó el Valle para homenajear a un ejército golpista que interrumpió por la fuerza un Estado legítimo, y lo hizo sirviéndose de la mano de obra de los presos políticos que defendieron la democracia. Convertidos en esclavos, muchos murieron en aquella obra siniestra y sus familiares aún no han podido exhumar sus restos.
No soy yo, no es el Gobierno quien debe explicarse, son los defensores del Valle los que han de explicar por qué una democracia ya madura debe seguir homenajeando al fascismo. En Alemania, cualquier tipo de apología del nazismo es delictiva; en España parece que lo complicado es exigir que se acabe con esta anomalía democrática por la cual tenemos que soportar que los nombres de las calles, los adornos de los edificios o los cementerios agradezcan a los criminales sus crímenes. Es un caso de índole muy similar, en el fondo, al de Billy el Niño. Quienes creemos en la reconciliación hemos de asumir, por lo visto, que los autores de las mayores atrocidades deben ser perdonados y sus víctimas olvidadas.
Y bien, ¿hay alguien ahí? No, no lo hay. Nadie contesta porque lo único que les ocurre es aquello de que no hay que "abrir viejas heridas". El problema de las viejas heridas es que no son tal cosa para los verdugos, con lo que fácilmente pueden ignorarlas; en cuanto a las víctimas, no hay heridas que vayan a abrirse porque nunca se cerraron. Hay otra razón: la derecha española, en mayor o menor medida, sigue sin romper con la Dictadura. Entenderemos muchas cosas de este país cuando analicemos en profundidad las consecuencias que arrastra este fenómeno.
Bueno es por ello que se les recuerde a los partidarios de la amnesia qué es exactamente lo que, de forma más o menos explícita, están defendiendo cuando aprietan las filas para proteger la herencia del Dictador.
Según Amnistía Internacional, el de Franco fue uno de los regímenes más crueles y sangrientos del siglo XX. No extraña entonces que el prestigioso historiador Paul Preston lo defina como "Holocausto español". Hablando de holocaustos, el golpe y los primeros años del Régimen encontraron apoyos esenciales en el nazismo, justo lo contrario de lo ocurrido a la República, abandonada a su suerte por una Europa acobardada ante Hitler. En los primeros años de la posguerra, la Dictadura asesinó por causas políticas a cerca de doscientos mil españoles, a los que debemos sumar el millón de exiliados. Y siguió asesinando hasta el último día de vida del Caudillo, contando por cierto en todo momento con el aliento moral de la Iglesia.
Los ideólogos de la derecha, acaso frustrados por no poder defender activamente el Régimen, suelen cargar de forma inmisericorde contra la Segunda República, a la que presentan como un caos. Sin duda incurrió en graves errores, como los anteriores regímenes de libertad habidos en España. Pero tuvo un propósito inexcusable: corregir las endémicas injusticias del país. Escuela pública, seguridad social, reforma agraria, divorcio, aborto, derechos sindicales, reforma del ejército, reconocimiento de la plurinacionalidad... no hay duda de que semejante proyecto convertiría en enemigos encarnizados a los poderes fácticos que llevaban siglos dominando el país. Por eso, como explica Vicenç Navarro en "El subdesarrollo social de España", los terratenientes, el clero, la banca, el ejército o la burguesía conservadora respaldaron en todo momento la tentación golpista.
La Dictadura de Franco fue un régimen atroz. Se caracterizó por la institucionalización del terror, un cotidiano y colosal ejercicio propagandístico y una gestión nefasta que convirtió a España en el furgón de cola de Europa. Yo viví sus últimos estertores, conocí algo de su violencia, de sus abusos, incluso de su mal estilo, su profunda fealdad, que explica ese monumentalismo kitsch tan horripilante del monumento que aún reverencian.
Hay una tendencia a ponerle sordina al horror. La encontramos en el entorno ideológico del PP y Ciudadanos y en los medios de comunicación que trabajan a su servicio. Se alimenta del principio de la equidistancia, según el cual los dos bandos fueron igualmente crueles. (Es curioso que quienes lo creen suelen ponerse histéricos cuando desde el País Vasco se plantea la hipótesis de la equidistancia respecto al conflicto vasco). Yo no soy equidistante, creo que el carácter de la conducta del ejército franquista era criminal por definición, como luego terminó de demostrarse en la represión de posguerra, mientras que en el bando republicano la propensión a violar los derechos humanos era parcial e incontrolada. En cualquier caso, deberíamos preguntarnos cómo juzgaríamos determinadas acciones del ejército aliado -desde los feroces bombardeos sobre la Alemania derrotada hasta las bombas nucleares sobre un igualmente inofensivo Japón- si no fuera verdad eso de que la historia la escriben los ganadores. Y sin embargo aceptamos sin grandes remilgos que, felizmente, la democracia derrotó al fascismo en la Segunda Guerra Mundial.
En próximas fechas el Parlamento español, es decir, el poder legislativo -que no es sólo Pedro Sánchez, por si alguien lo ignora- procederá a la exhumación de los restos de Francisco Franco e iniciará el proceso de reconversión del Valle de los Caídos en Museo de la Memoria Histórica. Deseo firmemente que así sea. Y deseo, sobre todo, que en este país haya, al fin, una democracia digna a todos los efectos de tal nombre.
Desde la Cueva del Gigante, lugar perdido en un territorio árido donde antiguamente se refugiaban los bandoleros, esta página intenta echar luz, y también alguna sombra, sobre los fenómenos sociales contemporáneos: las nuevas tribus, los simulacros culturales, los movimientos de masas, etc...
Thursday, June 28, 2018
Saturday, June 23, 2018
ESPALDAS MOJADAS
Las imágenes que la brutal política "anti-inmigración" del Presidente Trump nos ha regalado en estos días arrastran alguna consecuencia positiva: evidencian para cualquiera que tenga un poco de humanidad y dos dedos de frente que sus enemigos no son los inmigrantes. En el histrionismo y la mezquindad de Trump debemos ser capaces de ver reflejados los pedazos del Trump que vemos a nuestro alrededor y que apareció entre nosotros estos días por la acogida española al Aquarius. Y no, no es una solución, como no lo es exigir al actual ocupante de la Casa Blanca que no trate a las familias inmigrantes como si hubiera vuelto Auschwitz, incluyendo las "medidas disuasorias" de separar a los niños de sus padres o de recluir a aquellos en celdas dignas de un zoológico.
Demos razones. A lo largo de la historia los emigrantes fuimos nosotros o, en todo caso, fueron occidentales quienes organizaron -o forzaron- las migraciones de otros. Este proceso muta tras la Segunda Guerra Mundial, aunque particularmente a nosotros, los españoles, corresponde no olvidar que experimentamos un gran éxodo rumbo a las naciones europeas más avanzadas durante los años sesenta... Y eso si no nos da por analizar la cantidad de jóvenes que han emigrado a Europa en busca de oportunidades en este último gran ciclo de emigración forzado por la crisis. Sin olvidarnos del tema sirio, la cuestión humanitaria en Europa se plantea fundamentalmente con ciudadanos llegados de África. Las multitudes hambrientas que tientan la valla de Melilla o cruzan el Mediterráneo en precarios cayucos huyen de crueles conflictos armados, conflictos étnicos, desastres ecológicos y, por supuesto, situaciones de descomposición económica.
Podemos pensar que basta con decirles "no" y, en nuestros momentos de mayor generosidad, enviar misiones humanitarias. Podemos creer en estrategias "disuasorias" a imitación de Trump... ¿Qué otra cosa son las concertinas, las devoluciones en caliente, los centros de reclusión y castigo o la persecución a las ONGs en el Mediterráneo? En cualquier caso la acción las organizaciones solidarias no puede ocupar el lugar de la política. O, si me permiten la metáfora, no podemos pretender curar una enfermedad con aspirinas cuando lo que necesitamos son antibióticos.
Dejemos de pensar como aldeanos: nos encontramos en medio de una revolución demográfica sin precedentes, y la lógica de la globalización neoliberal, según la cual el mundo ha de ser gobernado por el mercado y los Estados deben seguir debilitándose, está generando desigualdades insoportables. Necesitamos un enorme proyecto global, algo así como un Plan Marshall para el conjunto del planeta. Lo bueno de que Trump siente su culo en el Despacho Oval es que ayuda a muchos ciudadanos a entender que los problemas que se nos echan encima no se van a arreglar poniéndole puertas al campo.
Permítanme, y disculpen por alargarme, que les cuente algo, proviene del interesante ensayo sobre la economía sumergida en los USA "Porno, marihuana y espaldas mojadas", de Erich Schlosser, que acaso les suene por su célebre "Fast food Nation".
Explica Schlosser que la enorme rentabilidad de la economía agraria californiana depende en gran medida de la disposición de mano de obra barata. Se calcula, aunque por razones obvias no hay cifras exactas, que más de la mitad de los inmigrantes que hay en California son clandestinos. Podemos ser tan cándidos como los electores de Trump, habituados a despotricar contra los extranjeros, "que vienen a dejarnos sin trabajo, a delinquir y a quedarse con las subvenciones sociales". Pero la realidad es que hay un mercado negro de mano de obra barata en el cual se sustenta la eficiencia de los cultivos de fresa, aguacate, ciruela y otros productos de alto rango. Y sí, antes el trabajo era desempeñado por jornaleros autóctonos, pero estos se creen con derecho a seguro médico, salario digno, prestación de paro estacional o seguridad social... Es mucho menos costoso un "trabajador invisible".
Antiguos informes para el Gobierno investigados por Schlosser indican que la economía norteamericana había dependido siempre de la "desgracia de la gente" para prosperar, y que cuando el nivel de desgracia nacional no era suficiente había que contar con las desgracias de naciones cercanas para seguir teniendo mano de obra emigrante. La conclusión de Schlosser es que el concepto de "trabajo temporal" es falaz, pues nada es más permanente que los trabajadores eventuales. Además crea un ciclo perverso. Según llegan nuevos clandestinos al campo californiano, otros ya instalados intentan ocupar sitio en el mercado de servicios o se desplazan hacia otros Estados donde trabajarán en granjas y latifundios, industria cárnica, industria textil o seguridad. No es osado concluir que la verdadera política migratoria de los EEUU se ha privatizado y está en manos de los empresarios agrarios de California. Estos, además de ingentes fortunas, tienen un considerable peso político.
Si, como ocurrió a tantos en los peores momentos de la Gran Recesión, un wasp se arruina o ve caer su nivel de bienestar, es posible que no piense en la corrupción y la negligencia de los agentes financieros como causantes directos de sus dificultades. El chivo expiatorio es un tipo moreno con jornadas de trabajo infernales y salario de miseria que duerme en el suelo porque pretende enviar la mayor parte de lo que gana a su familia.
Sí, señores, Trump es un monstruo... el monstruo al que una gran parte de la ciudadanía norteamericana ha hecho Presidente. Su rostro es el reflejo de lo peor que hay en nosotros. Por eso las repugnantes imágenes de estos días tienen algo bueno... porque nos permiten entender hasta que profundas simas de corrupción moral podemos precipitarnos.
Demos razones. A lo largo de la historia los emigrantes fuimos nosotros o, en todo caso, fueron occidentales quienes organizaron -o forzaron- las migraciones de otros. Este proceso muta tras la Segunda Guerra Mundial, aunque particularmente a nosotros, los españoles, corresponde no olvidar que experimentamos un gran éxodo rumbo a las naciones europeas más avanzadas durante los años sesenta... Y eso si no nos da por analizar la cantidad de jóvenes que han emigrado a Europa en busca de oportunidades en este último gran ciclo de emigración forzado por la crisis. Sin olvidarnos del tema sirio, la cuestión humanitaria en Europa se plantea fundamentalmente con ciudadanos llegados de África. Las multitudes hambrientas que tientan la valla de Melilla o cruzan el Mediterráneo en precarios cayucos huyen de crueles conflictos armados, conflictos étnicos, desastres ecológicos y, por supuesto, situaciones de descomposición económica.
Podemos pensar que basta con decirles "no" y, en nuestros momentos de mayor generosidad, enviar misiones humanitarias. Podemos creer en estrategias "disuasorias" a imitación de Trump... ¿Qué otra cosa son las concertinas, las devoluciones en caliente, los centros de reclusión y castigo o la persecución a las ONGs en el Mediterráneo? En cualquier caso la acción las organizaciones solidarias no puede ocupar el lugar de la política. O, si me permiten la metáfora, no podemos pretender curar una enfermedad con aspirinas cuando lo que necesitamos son antibióticos.
Dejemos de pensar como aldeanos: nos encontramos en medio de una revolución demográfica sin precedentes, y la lógica de la globalización neoliberal, según la cual el mundo ha de ser gobernado por el mercado y los Estados deben seguir debilitándose, está generando desigualdades insoportables. Necesitamos un enorme proyecto global, algo así como un Plan Marshall para el conjunto del planeta. Lo bueno de que Trump siente su culo en el Despacho Oval es que ayuda a muchos ciudadanos a entender que los problemas que se nos echan encima no se van a arreglar poniéndole puertas al campo.
Permítanme, y disculpen por alargarme, que les cuente algo, proviene del interesante ensayo sobre la economía sumergida en los USA "Porno, marihuana y espaldas mojadas", de Erich Schlosser, que acaso les suene por su célebre "Fast food Nation".
Explica Schlosser que la enorme rentabilidad de la economía agraria californiana depende en gran medida de la disposición de mano de obra barata. Se calcula, aunque por razones obvias no hay cifras exactas, que más de la mitad de los inmigrantes que hay en California son clandestinos. Podemos ser tan cándidos como los electores de Trump, habituados a despotricar contra los extranjeros, "que vienen a dejarnos sin trabajo, a delinquir y a quedarse con las subvenciones sociales". Pero la realidad es que hay un mercado negro de mano de obra barata en el cual se sustenta la eficiencia de los cultivos de fresa, aguacate, ciruela y otros productos de alto rango. Y sí, antes el trabajo era desempeñado por jornaleros autóctonos, pero estos se creen con derecho a seguro médico, salario digno, prestación de paro estacional o seguridad social... Es mucho menos costoso un "trabajador invisible".
Antiguos informes para el Gobierno investigados por Schlosser indican que la economía norteamericana había dependido siempre de la "desgracia de la gente" para prosperar, y que cuando el nivel de desgracia nacional no era suficiente había que contar con las desgracias de naciones cercanas para seguir teniendo mano de obra emigrante. La conclusión de Schlosser es que el concepto de "trabajo temporal" es falaz, pues nada es más permanente que los trabajadores eventuales. Además crea un ciclo perverso. Según llegan nuevos clandestinos al campo californiano, otros ya instalados intentan ocupar sitio en el mercado de servicios o se desplazan hacia otros Estados donde trabajarán en granjas y latifundios, industria cárnica, industria textil o seguridad. No es osado concluir que la verdadera política migratoria de los EEUU se ha privatizado y está en manos de los empresarios agrarios de California. Estos, además de ingentes fortunas, tienen un considerable peso político.
Si, como ocurrió a tantos en los peores momentos de la Gran Recesión, un wasp se arruina o ve caer su nivel de bienestar, es posible que no piense en la corrupción y la negligencia de los agentes financieros como causantes directos de sus dificultades. El chivo expiatorio es un tipo moreno con jornadas de trabajo infernales y salario de miseria que duerme en el suelo porque pretende enviar la mayor parte de lo que gana a su familia.
Sí, señores, Trump es un monstruo... el monstruo al que una gran parte de la ciudadanía norteamericana ha hecho Presidente. Su rostro es el reflejo de lo peor que hay en nosotros. Por eso las repugnantes imágenes de estos días tienen algo bueno... porque nos permiten entender hasta que profundas simas de corrupción moral podemos precipitarnos.
Friday, June 15, 2018
UN PAÍS INTERESANTE
Quizá no haya nada más entretenido que ser español. En los últimos días hemos vivido tales convulsiones, que uno se pregunta si todos esos jóvenes que emigran no van a perder, a cambio de tener un trabajo digno, la posibilidad de pasárselo bomba con este circo gigantesco que es la Celtiberia.
El pasado miércoles, por ejemplo, no nos habíamos repuesto todavía del abrupto cambio de gobierno y, a horas de debutar ante Portugal en la Copa del Mundo, se anunciaba la destitución fulminante del seleccionador nacional. Todos sabemos que el fútbol es un juego estúpido, pero con una capacidad para incidir sobre la política y la economía tan grande, que países como Brasil o Argentina hacen depender cada cuatro años su estado de ánimo y su autoestima de los resultados mundialistas. Se impone la pregunta: ¿tenemos derecho a sentirnos alejados del tercermundismo de esas naciones del sur del mundo que se alienan con las pasiones futbolísticas?
A mí, ya puestos en el caso, me parece que lo de Lopetegui es una deslealtad impresentable. Y me parece también que el nuevo Presidente de la Federación ha tomado una decisión sumamente imprudente para sus propios intereses, pues, con la tropa a punto de entrar en combate, destituir al comandante sitúa al propio Rubiales en la diana de todas las flechas que surcarán el cielo como demonios si las cosas salen mal. Y sin embargo, tiene algo de heroico. Siempre lo tiene ponerle trabas a un personaje tan poderoso y tan dañino como Florentino Pérez. No deja de sorprenderme la insistencia de algunos allegados madridistas y de derechas en reprocharme falta de intensidad patriótica. Al final resulta que es el Madrid el que se carga a la selección nacional. Pregúntense si esta cochinada la hubiera hecho el Barça... Rivera sería el primero en echarle la culpa al Procés y se dispararía de nuevo en las encuestas electorales, ya lo creo.
En las mismas horas en que los teletipos ardían -así se decía antes de internet- con lo del equipo nacional, se descubrían los líos con Hacienda del nuevo Ministro de Cultura, Màxim Huerta. Y el escándalo se desataba... Y el Ministro ya era ex antes de caer la noche... Y Ferreras se lo pasaba bomba con su carrusel deportivo de la Sexta. No daba abasto, pues por la mañana los reporteros aguardaban noticias sobre el inminente ingreso en prisión de nuestro amado Urdangarín. Ya verán, seguro que consiguen infiltrar una cámara en prisión y terminamos viendo como friega la celda o juega al mus con otros presos.
Este es un país encantador, es una pena que haya desaparecido el Padre Apeles, pero tenemos a Hernando, no se desanimen.
Decía Franco que España era "la reserva espiritual de Occidente".
Se le fue la mano porque Franco, además de no ser un tipo demasiado leído, tenía ese toque grandilocuente joseantoniano que atribuye a España la condición de país elegido. Todo aldeano tiende a sucumbir a la tentación de afirmar tras dos vinitos que como lo suyo no hay nada en el mundo, entre otras cosas porque nunca ha viajado. Y, sin embargo, aunque en un sentido no previsto por el Dictador, España tiene la singularidad necesaria para ser considerada una tierra emocionante. "Ojalá te toque vivir tiempos interesantes"... dicen que así reza una maldición. A nosotros nos ha tocado la china de vivir en un "país interesante". Berlanga lo captó magistralmente: somos la reserva humorística de Europa, un país encantador, si no existiéramos habría que inventarnos.
¿Tienen trascendencia todos estos affaires que animan nuestros días? Pues no, no gran cosa, creo. Algunos corruptos son condenados, pero sucederá como en esa historia del legionario que pide que no espanten a las moscas que devoran su herida: "si se van, vendrán otras más hambrientas". Soy un cenizo, sí, pero va a seguir habiendo corruptos porque hay un amplísimo sector de españoles que no cree en la democracia y que, por tanto, no entiende que las instituciones públicas no están para que los listos las saqueen. Que Máxim Huerta aún no haya entendido a estas horas que la obligación de Sánchez era cesarle resulta significativo. En cuanto a Lopetegui, no pasa nada, muchos seguirán pensando que el mal español no es Florentino sino Piqué...Y en cuanto al Mundial, tranquilos, somos el país de la improvisación, sin entrenador jugaremos mejor.
Todo da mucha risa, sí, excepto el barco de los refugiados que en unas horas llegará de Italia al Puerto de Valencia. En estos días no he dejado de oír graznar a vecinos y a allegados contra la decisión del nuevo gobierno español de acoger a los seis mil parias que llegan huyendo del horror y la muerte. Recuerdo haber escuchado en una ocasión el relato de un subsahariano de su experiencia durante varios días con sus noches a bordo de una patera. Eso sí es una peli de terror. De ella forman parte las odiosas concertinas que el nuevo ministro Marlasca ha decidido eliminar. ...Quizá todavía haya motivo para la esperanza.
El pasado miércoles, por ejemplo, no nos habíamos repuesto todavía del abrupto cambio de gobierno y, a horas de debutar ante Portugal en la Copa del Mundo, se anunciaba la destitución fulminante del seleccionador nacional. Todos sabemos que el fútbol es un juego estúpido, pero con una capacidad para incidir sobre la política y la economía tan grande, que países como Brasil o Argentina hacen depender cada cuatro años su estado de ánimo y su autoestima de los resultados mundialistas. Se impone la pregunta: ¿tenemos derecho a sentirnos alejados del tercermundismo de esas naciones del sur del mundo que se alienan con las pasiones futbolísticas?
A mí, ya puestos en el caso, me parece que lo de Lopetegui es una deslealtad impresentable. Y me parece también que el nuevo Presidente de la Federación ha tomado una decisión sumamente imprudente para sus propios intereses, pues, con la tropa a punto de entrar en combate, destituir al comandante sitúa al propio Rubiales en la diana de todas las flechas que surcarán el cielo como demonios si las cosas salen mal. Y sin embargo, tiene algo de heroico. Siempre lo tiene ponerle trabas a un personaje tan poderoso y tan dañino como Florentino Pérez. No deja de sorprenderme la insistencia de algunos allegados madridistas y de derechas en reprocharme falta de intensidad patriótica. Al final resulta que es el Madrid el que se carga a la selección nacional. Pregúntense si esta cochinada la hubiera hecho el Barça... Rivera sería el primero en echarle la culpa al Procés y se dispararía de nuevo en las encuestas electorales, ya lo creo.
En las mismas horas en que los teletipos ardían -así se decía antes de internet- con lo del equipo nacional, se descubrían los líos con Hacienda del nuevo Ministro de Cultura, Màxim Huerta. Y el escándalo se desataba... Y el Ministro ya era ex antes de caer la noche... Y Ferreras se lo pasaba bomba con su carrusel deportivo de la Sexta. No daba abasto, pues por la mañana los reporteros aguardaban noticias sobre el inminente ingreso en prisión de nuestro amado Urdangarín. Ya verán, seguro que consiguen infiltrar una cámara en prisión y terminamos viendo como friega la celda o juega al mus con otros presos.
Este es un país encantador, es una pena que haya desaparecido el Padre Apeles, pero tenemos a Hernando, no se desanimen.
Decía Franco que España era "la reserva espiritual de Occidente".
Se le fue la mano porque Franco, además de no ser un tipo demasiado leído, tenía ese toque grandilocuente joseantoniano que atribuye a España la condición de país elegido. Todo aldeano tiende a sucumbir a la tentación de afirmar tras dos vinitos que como lo suyo no hay nada en el mundo, entre otras cosas porque nunca ha viajado. Y, sin embargo, aunque en un sentido no previsto por el Dictador, España tiene la singularidad necesaria para ser considerada una tierra emocionante. "Ojalá te toque vivir tiempos interesantes"... dicen que así reza una maldición. A nosotros nos ha tocado la china de vivir en un "país interesante". Berlanga lo captó magistralmente: somos la reserva humorística de Europa, un país encantador, si no existiéramos habría que inventarnos.
¿Tienen trascendencia todos estos affaires que animan nuestros días? Pues no, no gran cosa, creo. Algunos corruptos son condenados, pero sucederá como en esa historia del legionario que pide que no espanten a las moscas que devoran su herida: "si se van, vendrán otras más hambrientas". Soy un cenizo, sí, pero va a seguir habiendo corruptos porque hay un amplísimo sector de españoles que no cree en la democracia y que, por tanto, no entiende que las instituciones públicas no están para que los listos las saqueen. Que Máxim Huerta aún no haya entendido a estas horas que la obligación de Sánchez era cesarle resulta significativo. En cuanto a Lopetegui, no pasa nada, muchos seguirán pensando que el mal español no es Florentino sino Piqué...Y en cuanto al Mundial, tranquilos, somos el país de la improvisación, sin entrenador jugaremos mejor.
Todo da mucha risa, sí, excepto el barco de los refugiados que en unas horas llegará de Italia al Puerto de Valencia. En estos días no he dejado de oír graznar a vecinos y a allegados contra la decisión del nuevo gobierno español de acoger a los seis mil parias que llegan huyendo del horror y la muerte. Recuerdo haber escuchado en una ocasión el relato de un subsahariano de su experiencia durante varios días con sus noches a bordo de una patera. Eso sí es una peli de terror. De ella forman parte las odiosas concertinas que el nuevo ministro Marlasca ha decidido eliminar. ...Quizá todavía haya motivo para la esperanza.
Friday, June 08, 2018
UN MOZO ASEAO
Tuve un amigo entrañable en los años de carrera. Le llamábamos "el Follaoret" porque presumía a menudo de sus portentosas facultades amatorias. No era guapo, era más bien lo que mi abuela denominaba "un mozo aseao", sobre todo porque se repeinaba escrupulosamente el escaso cabello que le iba quedando una vez superada la veintena. Se bañaba en Varón Dandy en fiestas de guardar, aunque la mayor parte del tiempo olía a sudor, que decía que era "un buen olor" cuando era de hombre, algo que muchos años antes, en mi niñez, me suena haber oído decir a Manuel Fraga. Era cazador, le gustaban los toros, el boxeo y las pelis del Oeste. Su ídolo era Mario Conde, decía que era la encarnación del "Superhombre de Nietzsche". Lo que decía detestar más en el mundo -se encendía de rabia cuando lo mentaba- eran las mujeres que no se depilaban.
En aquellos años noventa los tíos listos como el Follaoret especulaban con la posibilidad de pegar pelotazos y convertirse en "beautiful people", mientras la izquierda deambulaba desorientada en medio de la farsa mojigata de la corrección política. Repetía incesantemente la misma frase: "mujeres y maricones". Ese binomio, supuestamente empeñado en desplazar a los verdaderos amos del mundo, era para el Follaoret el epítome de una época "blanda", donde sólo los tipos como él parecían destinados a salvarnos de un destino del que culpaba a los varones como yo, es decir, es decir, sin atributos...
... "Mujeres y maricones".
Hoy me viene a la memoria el Follaoret y su mantra predilecto. Desde la poltrona de la empresa hotelera que dirige, seguro que con mano de hierro, deben estar revolviéndosele las gónadas. ¿Han visto el Gabinete de Gobierno que ha nombrado Pedro Sánchez?
Hace tantos años que empecé a deconstruir mi masculinidad... Es un problema que no haya quien confíe en mí si me toca ejercer de macho-alfa. Pero tiene algo bueno, que al menos Dios me pilla confesado cada vez que sobreviene un tsunami como el que acaba de provocar el nuevo Presidente. Ya pasó con Zp, que tuvo la ocurrencia de casar a los homosexuales... Con lo bonitas que son las bodas cuando son como Dios manda. Y ahora, un Consejo de Ministros contra Natura, es decir, repleto de estrógenos y de gays... Y no es que sea mala la homosexualidad, de hecho las sacristías y el PP la albergan a cascoporro, el problema de tipos como Grande-Marlasca es que encima parece que estén hasta orgullosos, joder.

Bromas aparte, cada hora que pasa me convenzo más de que lo de Pedro Sánchez es una obra maestra. No voy a entrar a juzgar cada decisión, pero incluso algo tan dudoso como poner en Cultura al tal Maxim Huerta tiene su enjundia, se trata de convencer a los millones de señoras mayores que aman a Ana Rosa Quintana... Y bien pensado no es mala idea.
En cualquier caso creo que hay algo más poderoso y seductor en todo esto: lo que Sánchez ha hecho es poner en valor ese concepto de Gramsci tan rehabilitado en los últimos tiempos, la hegemonía cultural. Sánchez ha entendido que el problema de Rajoy -y es, paradójicamente, el que explica su solidez electoral- es su olor a naftalina, su esclerosis, su pasividad. Lo que ha logrado Sánchez es capturar la iconografía y los aires de tendencias que han arraigado ya en la ciudadanía -en la vanguardia cultural si se quiere- y ha tomado la iniciativa de llevarlas a la Moncloa.
¿Puro marketing? Quizá. ¿Corrección política? Sí, también. Pero hay más. Si algo hay que reconocerle a este resucitado que es Pedro Sánchez es osadía. No debemos pedirle demasiado porque no va a disponer ni de mayorías ni de tiempo para introducir cambios realmente profundos.
...Claro que, quién sabe, nadie esperaba hace unos días el terremoto tras el que todavía intentamos recomponer la figura. De momento, se me ocurre una petición: acabe ya de una vez con la Ley Wert, señor Sánchez. Nos lo debe.
En aquellos años noventa los tíos listos como el Follaoret especulaban con la posibilidad de pegar pelotazos y convertirse en "beautiful people", mientras la izquierda deambulaba desorientada en medio de la farsa mojigata de la corrección política. Repetía incesantemente la misma frase: "mujeres y maricones". Ese binomio, supuestamente empeñado en desplazar a los verdaderos amos del mundo, era para el Follaoret el epítome de una época "blanda", donde sólo los tipos como él parecían destinados a salvarnos de un destino del que culpaba a los varones como yo, es decir, es decir, sin atributos...
... "Mujeres y maricones".
Hoy me viene a la memoria el Follaoret y su mantra predilecto. Desde la poltrona de la empresa hotelera que dirige, seguro que con mano de hierro, deben estar revolviéndosele las gónadas. ¿Han visto el Gabinete de Gobierno que ha nombrado Pedro Sánchez?
Hace tantos años que empecé a deconstruir mi masculinidad... Es un problema que no haya quien confíe en mí si me toca ejercer de macho-alfa. Pero tiene algo bueno, que al menos Dios me pilla confesado cada vez que sobreviene un tsunami como el que acaba de provocar el nuevo Presidente. Ya pasó con Zp, que tuvo la ocurrencia de casar a los homosexuales... Con lo bonitas que son las bodas cuando son como Dios manda. Y ahora, un Consejo de Ministros contra Natura, es decir, repleto de estrógenos y de gays... Y no es que sea mala la homosexualidad, de hecho las sacristías y el PP la albergan a cascoporro, el problema de tipos como Grande-Marlasca es que encima parece que estén hasta orgullosos, joder.

Bromas aparte, cada hora que pasa me convenzo más de que lo de Pedro Sánchez es una obra maestra. No voy a entrar a juzgar cada decisión, pero incluso algo tan dudoso como poner en Cultura al tal Maxim Huerta tiene su enjundia, se trata de convencer a los millones de señoras mayores que aman a Ana Rosa Quintana... Y bien pensado no es mala idea.
En cualquier caso creo que hay algo más poderoso y seductor en todo esto: lo que Sánchez ha hecho es poner en valor ese concepto de Gramsci tan rehabilitado en los últimos tiempos, la hegemonía cultural. Sánchez ha entendido que el problema de Rajoy -y es, paradójicamente, el que explica su solidez electoral- es su olor a naftalina, su esclerosis, su pasividad. Lo que ha logrado Sánchez es capturar la iconografía y los aires de tendencias que han arraigado ya en la ciudadanía -en la vanguardia cultural si se quiere- y ha tomado la iniciativa de llevarlas a la Moncloa.
¿Puro marketing? Quizá. ¿Corrección política? Sí, también. Pero hay más. Si algo hay que reconocerle a este resucitado que es Pedro Sánchez es osadía. No debemos pedirle demasiado porque no va a disponer ni de mayorías ni de tiempo para introducir cambios realmente profundos.
...Claro que, quién sabe, nadie esperaba hace unos días el terremoto tras el que todavía intentamos recomponer la figura. De momento, se me ocurre una petición: acabe ya de una vez con la Ley Wert, señor Sánchez. Nos lo debe.
Friday, June 01, 2018
EL TERREMOTO SÁNCHEZ
Conviene ser prudentes. Cuando los acontecimientos se desatan la reflexión va al rebufo... y ello conduce al desacierto. El optimismo que en alguien como yo se desata cuando los malos pierden y, como en este caso -fíjense en el simpar Hernando- rabian y amenazan, no ha de ser el humo que ciegue nuestros ojos. El Partido Socialista, siete años después de haber sido derrotado con unos resultados desastrosos, regresa al poder. Y lo hace de la manera más precaria, respaldado por fuerzas políticas que le desean la muerte y liderado por un tipo visto por la vieja guardia del Partido como un irresponsable.
No tengo pronóstico para lo que está por venir, ni siquiera tengo una interpretación firme de lo que acaba de pasar, pero se dibuja estas últimas horas una sonrisa en mis labios y, pese a que mi alma no está libre de revanchismos ni otros venenos, creo que arrastra unas cuantas dosis de ilusión. Seré más claro. El Partido Popular personifica muchos de las cualidades que más detesto en este mundo, y su líder me parece un personaje profundamente dañino para la democracia. Pero los sucesos de estas últimas horas no son buenos sólo por razones higiénicas, también lo son porque evidencian que, en un tiempo dominado por la desmovilización política, la indiferencia y el sálvese quien pueda, la democracia puede todavía abrirse camino y emerger de entre los barros de la ciénaga.
Como afirma Innerarity, no debemos esperar demasiado de la política, pero -demonios- permitámonos alguna vez esperar algo de ella. Este es uno de esos momentos... Está lleno de imperfecciones e incertidumbres, pero es, pese a todo, un momento digno de vivirse.
Permítanme algunas consideraciones de urgencia que he anotado en las últimas horas.
1. El gran enemigo de la comunidad es el célebre TINA enunciado por ese personaje tan nefasto que fue Margaret Thatcher. "There is not alternative"... que es algo así como lo que la derecha española viene intentando implantar en nuestros cerebros: "no hay otra, no se puede hacer otra cosa". ¿Saben lo que eso significa? Que la política, entendida como la gestión libre y colectiva de lo que a todos afecta, ya no es posible, sólo es una ilusión de anticuados soñadores. Jamás me engañaron, la derecha odia la política, la ha odiado siempre. Cuando alcanzan el poder lo que intentan es bloquearla y disuadir a la gente de su práctica.
2. La corrupción es sistémica y el modelo partidocrático está viciado... Lo está para todos, pero la derecha lo practica de forma masiva porque su electorado lo tolera. Es así de sencillo. El ejercicio de supervivencia de Rajoy en estos años es una anormalidad democrática a la que nos hemos acostumbrado, pero sólo se explica por la falta de formación democrática que aún arrastra esta península extrema de Europa.
3. La historia de Pedro Sánchez le está convirtiendo en una figura de proporciones épicas, algo que no están preparados para entender los que, desde la izquierda ortodoxa, menosprecian sistemáticamente a cualquiera que se defina como socialdemócrata, sin aceptar que son personajes como Sánchez los que han generado el verdadero progreso social en nuestro país a lo largo del último medio siglo. Sánchez era un cadáver político, cogió un automóvil, recorrió España en medio de la mofa de sus enemigos y regresó para enfrentarse al stablishment reaccionario de este país, empezando por los viejos buitres del Partido y siguiendo por la derecha pura y dura. Ahora es Presidente del Gobierno, y lo es -conviene no olvidarlo- porque las bases del Partido creyeron en él.
4. Es la irresponsabilidad de Rajoy y sus ejercicios de patriotismo impostado los que están poniendo en peligro la unidad del Estado. Que Ciudadanos haya aprovechado el incendio catalán para incrementar sus expectativas electorales no es sorprendente, que un gobierno de España haya afrontado un problema de tanta gravedad haciendo como que no existiera y negándose a entablar el más mínimo diálogo con los líderes nacionalistas, respaldados por millones de votos, es una conducta impropia de estadistas y que estamos pagando todos.
5. La izquierda no es ahora mismo mayoritaria en el país, su gobierno va a ser precario y estará sometido diariamente -de esto sí estoy seguro porque ya ha pasado- a una presión inmisericorde en la que se mezclarán los argumentos con los insultos y los pateos. Insisto, ya ha pasado en el Parlamento, ocurrió durante los años de Zapatero y va a ocurrir ahora. Pero en Portugal gobierna una coalición de izquierda, también en las dos capitales españolas o en comunidades autónomas como la valenciana. Y lo siento, señores, pero lo están haciendo bien. Y además sin corrupción.
6. Me alegra lo que ha pasado, pero nada es perfecto. Lo será el día que el líder más sensato de Catalunya, Miquel Iceta, alcance el gobierno de la Generalitat y que la señora Díaz deje el de Andalucía. Claro que, insisto con Innerarity, no debemos esperar demasiado de la política.
No tengo pronóstico para lo que está por venir, ni siquiera tengo una interpretación firme de lo que acaba de pasar, pero se dibuja estas últimas horas una sonrisa en mis labios y, pese a que mi alma no está libre de revanchismos ni otros venenos, creo que arrastra unas cuantas dosis de ilusión. Seré más claro. El Partido Popular personifica muchos de las cualidades que más detesto en este mundo, y su líder me parece un personaje profundamente dañino para la democracia. Pero los sucesos de estas últimas horas no son buenos sólo por razones higiénicas, también lo son porque evidencian que, en un tiempo dominado por la desmovilización política, la indiferencia y el sálvese quien pueda, la democracia puede todavía abrirse camino y emerger de entre los barros de la ciénaga.
Como afirma Innerarity, no debemos esperar demasiado de la política, pero -demonios- permitámonos alguna vez esperar algo de ella. Este es uno de esos momentos... Está lleno de imperfecciones e incertidumbres, pero es, pese a todo, un momento digno de vivirse.
Permítanme algunas consideraciones de urgencia que he anotado en las últimas horas.
1. El gran enemigo de la comunidad es el célebre TINA enunciado por ese personaje tan nefasto que fue Margaret Thatcher. "There is not alternative"... que es algo así como lo que la derecha española viene intentando implantar en nuestros cerebros: "no hay otra, no se puede hacer otra cosa". ¿Saben lo que eso significa? Que la política, entendida como la gestión libre y colectiva de lo que a todos afecta, ya no es posible, sólo es una ilusión de anticuados soñadores. Jamás me engañaron, la derecha odia la política, la ha odiado siempre. Cuando alcanzan el poder lo que intentan es bloquearla y disuadir a la gente de su práctica.
2. La corrupción es sistémica y el modelo partidocrático está viciado... Lo está para todos, pero la derecha lo practica de forma masiva porque su electorado lo tolera. Es así de sencillo. El ejercicio de supervivencia de Rajoy en estos años es una anormalidad democrática a la que nos hemos acostumbrado, pero sólo se explica por la falta de formación democrática que aún arrastra esta península extrema de Europa.
3. La historia de Pedro Sánchez le está convirtiendo en una figura de proporciones épicas, algo que no están preparados para entender los que, desde la izquierda ortodoxa, menosprecian sistemáticamente a cualquiera que se defina como socialdemócrata, sin aceptar que son personajes como Sánchez los que han generado el verdadero progreso social en nuestro país a lo largo del último medio siglo. Sánchez era un cadáver político, cogió un automóvil, recorrió España en medio de la mofa de sus enemigos y regresó para enfrentarse al stablishment reaccionario de este país, empezando por los viejos buitres del Partido y siguiendo por la derecha pura y dura. Ahora es Presidente del Gobierno, y lo es -conviene no olvidarlo- porque las bases del Partido creyeron en él.
4. Es la irresponsabilidad de Rajoy y sus ejercicios de patriotismo impostado los que están poniendo en peligro la unidad del Estado. Que Ciudadanos haya aprovechado el incendio catalán para incrementar sus expectativas electorales no es sorprendente, que un gobierno de España haya afrontado un problema de tanta gravedad haciendo como que no existiera y negándose a entablar el más mínimo diálogo con los líderes nacionalistas, respaldados por millones de votos, es una conducta impropia de estadistas y que estamos pagando todos.
5. La izquierda no es ahora mismo mayoritaria en el país, su gobierno va a ser precario y estará sometido diariamente -de esto sí estoy seguro porque ya ha pasado- a una presión inmisericorde en la que se mezclarán los argumentos con los insultos y los pateos. Insisto, ya ha pasado en el Parlamento, ocurrió durante los años de Zapatero y va a ocurrir ahora. Pero en Portugal gobierna una coalición de izquierda, también en las dos capitales españolas o en comunidades autónomas como la valenciana. Y lo siento, señores, pero lo están haciendo bien. Y además sin corrupción.
6. Me alegra lo que ha pasado, pero nada es perfecto. Lo será el día que el líder más sensato de Catalunya, Miquel Iceta, alcance el gobierno de la Generalitat y que la señora Díaz deje el de Andalucía. Claro que, insisto con Innerarity, no debemos esperar demasiado de la política.
Friday, May 25, 2018
UN CASOPLÓN EN LA CIÉNAGA
Me he peleado con Daniel Innerarity, respecto a cuyos méritos les he dado noticia a menudo. Leo a tipos moderados porque creo que el posibilismo y la cautela ganan más batallas que la histeria de esos radicales impostados que se niegan a negociar una sola coma de sus principios, seguramente porque en el fondo no quieren que cambie nada y lo que de verdad les gusta es tener parroquia que escuche sus despotriques.
Don Daniel es brillante pero humilde y poco asertivo en sus planteamientos. Nos ha enseñado mucho sobre la sociedad del conocimiento, el sentido de lo público, las finalidades de la Europa unida, los desperfectos de la globalización o la evolución de la ética en las comunidades tardoindustriales. Ha tenido incluso la honestidad de irrumpir -siquiera discretamente- en la política activa, por más que me cueste conciliar algunas de las ideas que presenta en sus libros con su adscripción al nacionalismo inspirado en Sabino Arana.
Pues bien, resulta que he leído La política en tiempos de indignación (2015), que confirma una teoría que vengo madurando desde hace tiempo: en España se conoce de verdad a un experto en ciencias políticas y sociales en función de la distancia que toma con respecto al 15M.
Hay dos cuestiones que atraviesan el discurso de Innerarity y a las que me opongo activamente. La primera tiene que ver con lo que sospecho que hay detrás de su ya célebre afirmación: "no debemos esperar demasiado de la política". Es un consejo muy razonable, pero, a medida que seguimos leyendo, uno llega a pensar que para el autor navarro no tenemos gran derecho a quejarnos. Si con frecuencia achacamos nuestros males a la incompetencia o la bellaquería de nuestros representantes no es porque con la misma frecuencia nos traicionen, sino por nuestra inconsecuente puerilidad.
Yo no tengo duda de que internarse en el laberinto de la gestión de la polis tiene algo de heroico, y que solemos exigir de los políticos virtudes casi angélicas que luego no nos autoexigimos. Ahora bien, quizá el sentimiento de que venimos siendo gobernados por bandidos y que el Partido Popular es una infamia para la historia de este país responda a mi puerilidad, pero hay momentos en los que indignarse y salir a la calle para echar a los malvados de las instituciones se convierte en una urgencia ética. No estoy entre quienes cuestionan la necesidad de tener representantes, pero no creo que sea la única forma de la democracia, como cree Innerarity En cualquier caso la cuestión es si cuando la corrupción se hace sistémica debemos seguir actuando como si fuera cosa de unas pocas almas descarriadas y no una cuestión estructural.
En ese sentido, me decepciona especialmente la actitud de Innerarity frente a la Indignación que tomó las calles de muchas ciudades de Occidente en el momento más crudo de la Gran Recesión, en especial respecto al 15M. Juzguen ustedes mismos:
"El problema es cómo nos enfrentamos al hecho de que lo que moviliza son energías negativas de indignación, afectación y movilización."
A continuación le ajusta las cuentas a lo que él llama el "asambleísmo" o, para que nos entendamos: la iniciativa ciudadana directa o no burocratizada ni mediada por profesionales de la política.
Bien, permítanme hacer dos consideraciones al hilo de la actualidad. Dado que Innerarity simpatiza poco con Podemos, supongo que en algún momento, y al hilo del casoplón, le recordará al dúo Iglesias-Montoro que la política es el reino de lo posible y que los maximalismos siempre terminan dándose de bruces contra el gélido muro de la realidad.
Diga lo que diga, yo aprovecharía el momento para explicarle al propio Innerarity por qué últimamente hay tanta desafección política entre los ciudadanos. A mí, lo reconozco, me cuesta dar crédito a tanta torpeza como han demostrado los dos líderes podemitas, al no entender que el último paso que podían dar era -por razones de todo tipo, y en especial estratégicas-, el paso que han dado. Ya era difícil de entender que, por razones de coherencia ética, se compraran el casoplón, para que después tuvieran la divertida ocurrencia de someter a las bases a un plebíscito sobre su liderazgo. Me suena a algo como esto: "¿Aceptas que sigamos siendo los jefazos de Podemos teniendo en cuenta que se ha descubierto que somos unos pijos y que con el tiempo nos vamos a ir pareciendo más y más a nuestros enemigos?"
Permítanme otra apostilla. Apenas unas semanas después de que cayera la Presidenta de Madrid fue detenido el ex-Presidente de la Comunitat Valenciana. Tan solo han pasado unos días y la sentencia de Gurtel condena no sólo a una serie de individuos sino al Partido Popular por financiación ilegal, un acto delictivo de enorme gravedad pero muy pequeño en relación a las implicaciones que de ella deduce cualquier ciudadano.
Lo siento, señor Innerarity, usted no creerá en mucho más que aquello del "vota y calla". Yo no, lo siento.
Don Daniel es brillante pero humilde y poco asertivo en sus planteamientos. Nos ha enseñado mucho sobre la sociedad del conocimiento, el sentido de lo público, las finalidades de la Europa unida, los desperfectos de la globalización o la evolución de la ética en las comunidades tardoindustriales. Ha tenido incluso la honestidad de irrumpir -siquiera discretamente- en la política activa, por más que me cueste conciliar algunas de las ideas que presenta en sus libros con su adscripción al nacionalismo inspirado en Sabino Arana.
Pues bien, resulta que he leído La política en tiempos de indignación (2015), que confirma una teoría que vengo madurando desde hace tiempo: en España se conoce de verdad a un experto en ciencias políticas y sociales en función de la distancia que toma con respecto al 15M.
Hay dos cuestiones que atraviesan el discurso de Innerarity y a las que me opongo activamente. La primera tiene que ver con lo que sospecho que hay detrás de su ya célebre afirmación: "no debemos esperar demasiado de la política". Es un consejo muy razonable, pero, a medida que seguimos leyendo, uno llega a pensar que para el autor navarro no tenemos gran derecho a quejarnos. Si con frecuencia achacamos nuestros males a la incompetencia o la bellaquería de nuestros representantes no es porque con la misma frecuencia nos traicionen, sino por nuestra inconsecuente puerilidad.
Yo no tengo duda de que internarse en el laberinto de la gestión de la polis tiene algo de heroico, y que solemos exigir de los políticos virtudes casi angélicas que luego no nos autoexigimos. Ahora bien, quizá el sentimiento de que venimos siendo gobernados por bandidos y que el Partido Popular es una infamia para la historia de este país responda a mi puerilidad, pero hay momentos en los que indignarse y salir a la calle para echar a los malvados de las instituciones se convierte en una urgencia ética. No estoy entre quienes cuestionan la necesidad de tener representantes, pero no creo que sea la única forma de la democracia, como cree Innerarity En cualquier caso la cuestión es si cuando la corrupción se hace sistémica debemos seguir actuando como si fuera cosa de unas pocas almas descarriadas y no una cuestión estructural.
En ese sentido, me decepciona especialmente la actitud de Innerarity frente a la Indignación que tomó las calles de muchas ciudades de Occidente en el momento más crudo de la Gran Recesión, en especial respecto al 15M. Juzguen ustedes mismos:
"El problema es cómo nos enfrentamos al hecho de que lo que moviliza son energías negativas de indignación, afectación y movilización."
A continuación le ajusta las cuentas a lo que él llama el "asambleísmo" o, para que nos entendamos: la iniciativa ciudadana directa o no burocratizada ni mediada por profesionales de la política.
Bien, permítanme hacer dos consideraciones al hilo de la actualidad. Dado que Innerarity simpatiza poco con Podemos, supongo que en algún momento, y al hilo del casoplón, le recordará al dúo Iglesias-Montoro que la política es el reino de lo posible y que los maximalismos siempre terminan dándose de bruces contra el gélido muro de la realidad.
Diga lo que diga, yo aprovecharía el momento para explicarle al propio Innerarity por qué últimamente hay tanta desafección política entre los ciudadanos. A mí, lo reconozco, me cuesta dar crédito a tanta torpeza como han demostrado los dos líderes podemitas, al no entender que el último paso que podían dar era -por razones de todo tipo, y en especial estratégicas-, el paso que han dado. Ya era difícil de entender que, por razones de coherencia ética, se compraran el casoplón, para que después tuvieran la divertida ocurrencia de someter a las bases a un plebíscito sobre su liderazgo. Me suena a algo como esto: "¿Aceptas que sigamos siendo los jefazos de Podemos teniendo en cuenta que se ha descubierto que somos unos pijos y que con el tiempo nos vamos a ir pareciendo más y más a nuestros enemigos?"
Permítanme otra apostilla. Apenas unas semanas después de que cayera la Presidenta de Madrid fue detenido el ex-Presidente de la Comunitat Valenciana. Tan solo han pasado unos días y la sentencia de Gurtel condena no sólo a una serie de individuos sino al Partido Popular por financiación ilegal, un acto delictivo de enorme gravedad pero muy pequeño en relación a las implicaciones que de ella deduce cualquier ciudadano.
Lo siento, señor Innerarity, usted no creerá en mucho más que aquello del "vota y calla". Yo no, lo siento.
Saturday, May 19, 2018
ADOCTRINAMIENTO
El PP valenciano ha lanzado una iniciativa que invita a los estudiantes a denunciar las situaciones de "adoctrinamiento ideológico" que pueden estar sufriendo. Para ello facilitan un cuestionario en el que piden a la víctima que delate al profesor adoctrinante. En última instancia, los populares descargan sobre el Tripartito el supuesto incremento de casos de esta índole, pues entienden que los autores del Pacto del Botánico han lanzado una ambicioso plan para catequizar a nuestros chicos en atrocidades como la ideología de género, el laicismo o el ecologismo.
No se me escapa que estamos ante una continuación valenciana de lo ocurrido en Catalunya, donde los populares han denunciado situaciones abusivas o de acoso por parte de profesores secesionistas sobre algunos alumnos. Parece razonable, pero lo es menos que -bajo el discutible supuesto de que los firmantes del Botànic simpatizan con el Procés- sufra persecución cualquier profesor sospechoso de "catalanismo", un viejo fantasma que reaparece de vez en cuando en el País Valenciano como reclamo electoral contra la izquierda.

En cualquier caso, y como sostengo que muchos conflictos se sustentan en equívocos semánticos, creo que sería bueno aclarar de qué hablamos cuando hablamos de adoctrinar. Dícese con tal vocablo del hecho de inculcar determinado cuerpo de ideas con la intención de obtener partidarios. Se define también como dar instrucciones a alguien respecto a cómo tiene que comportarse.
Si no precisamos, puede entenderse que adoctrino cuando digo a mis alumnos que mantengan limpia el aula o que cierren las ventanas cuando está puesta la calefacción... son instrucciones de conducta y tienen una base ética, como el valor de la propiedad pública o la lucha contra el cambio climático. Sucede lo mismo cuando les prohíbo que maltraten a un compañero por el hecho de ser gay, mujer o palestino, o cuando de mis explicaciones infieren que prefiero darles a leer textos de Luther King o Lincoln antes que de Hitler o José Antonio Primo de Rivera.
En mi Centro celebramos el Día Mundial de la Mujer y vemos con simpatía que las parejas del mismo sexo expresen su amor con la misma libertad con la que lo hacen las heterosexuales. Espetarle a un ecuatoriano "vete a tu país" o llamar "puta" a una compañera es sancionable en nuestro reglamento. Adoctrinamiento puro, supongo, pero convendría recordar a los señores del PP que para trabajar en una escuela pública hay que jurar la Constitución, y que ésta se sustenta nada menos que en la Declaración de Derechos Humanos, la cual protege todas esas maliciosas formas de vida y pensamiento por razones de libertad y dignidad humanas.
Claro que también podríamos proceder como en esos colegios privados -normalmente propiedad de la Iglesia Católica aunque sufragados por la ciudadanía mediante conciertos- en los cuales se segrega a varones y mujeres y se limita o evita la presencia de alumnos inmigrantes, minusválidos, económicamente deprivados o con serias dificultades de aprendizaje. El PP defiende a muerte tales prácticas, y a la segregación educativa que fomentan le llaman "libertad de elegir". Y, claro, en esos coles no se adoctrina, fundamentalmente porque en ellos se fomenta la ideología que a ellos les gusta.
Si entendemos "adoctrinamiento" como imposición ideológica, entonces podemos convenir en que algunos profesores adoctrinan, pues imponen, con evidente malicia y deshonestidad, una visión sesgada, partidaria y no objetiva de las cosas. Conviene no obstante plantearse que, para un Testigo de Jehová o para un habitante de Utah o Yemen, el darwinismo que explican los ultramontanos compañeros de Ciencias Naturales debe constituir un caso de adoctrinamiento. Pero quiero pensar que somos serios, y que el riesgo se halla en, por ejemplo, un profesor que obliga a sus alumnos a compartir su ideología. Ese profesor podría suspender a todo aquel que no dijera que el bando Republicano era el de "los buenos" en la Guerra Civil, a quien se considere católico o a quien defendiera que mola más escuchar a ACDC que a Brahms. Sería un mal profesor, desde luego, no por tener cierta ideología -que todos la tenemos, obviamente- sino por no entender de qué va esto de la democracia. Lo procedente es que ese profesor fuera apercibido y, si procede, sancionado. El problema es que yo conozco a pocos adoctrinadores, conozco a bastantes más que lo que promueven en el aula es el hastío y la indiferencia.
Miren, yo creo que el verdadero problema es que partimos de un supuesto falaz.
El supuesto falso es que educar significa "informar" a los alumnos de una supuesta verdad literal o neutra, "hechos, no interpretaciones"... como si lo que llamamos conocimiento fuera tan sencillo como decir que blanco es blanco y dos más dos son cuatro. La verdad siempre es una construcción, una proyección de sentido que el alumno debe ir forjándose al contacto con profesionales que, honestamente, le ayuden a pensar por sí mismo sin tener miedo a ofrecer su propia opinión siempre y cuando aclaren que, en determinados momentos, están opinando. ¿Influir en sus alumnos? Sin duda, pero si unos padres no quieren que sus hijos reciban influencias "externas" lo que deben hacer es no solo no llevarlos a clase sino además encerrarlos en el dormitorio.
Sólo desde una profunda torpeza, en muchos casos malintencionada, se puede confundir esto con el adoctrinamiento. Yo creo que se adoctrina mucho más cuando se dan por incontrovertibles verdades oficiales, como si no hubiera conflicto ni parcialidad tras ellos, como si la unidad de España, la diferenciación entre los sexos, la bondad de la monarquía o la uniformidad del modelo familiar -verdades santas en las que se me educó sin derecho a réplica- fueran la versión "literal" de la realidad y lo demás fueran solo opiniones.
Lo diré de una vez: el problema de la derecha es que después de tantos años adoctrinando en nuestro país desde el ejercicio del autoritarismo, cada vez que alguien ofrece otra versión de las cosas lo llaman adoctrinamiento. "La culpa de todo...", como dijo una vez un concejal asturiano, "...la tiene la puta democracia".
No se me escapa que estamos ante una continuación valenciana de lo ocurrido en Catalunya, donde los populares han denunciado situaciones abusivas o de acoso por parte de profesores secesionistas sobre algunos alumnos. Parece razonable, pero lo es menos que -bajo el discutible supuesto de que los firmantes del Botànic simpatizan con el Procés- sufra persecución cualquier profesor sospechoso de "catalanismo", un viejo fantasma que reaparece de vez en cuando en el País Valenciano como reclamo electoral contra la izquierda.

En cualquier caso, y como sostengo que muchos conflictos se sustentan en equívocos semánticos, creo que sería bueno aclarar de qué hablamos cuando hablamos de adoctrinar. Dícese con tal vocablo del hecho de inculcar determinado cuerpo de ideas con la intención de obtener partidarios. Se define también como dar instrucciones a alguien respecto a cómo tiene que comportarse.
Si no precisamos, puede entenderse que adoctrino cuando digo a mis alumnos que mantengan limpia el aula o que cierren las ventanas cuando está puesta la calefacción... son instrucciones de conducta y tienen una base ética, como el valor de la propiedad pública o la lucha contra el cambio climático. Sucede lo mismo cuando les prohíbo que maltraten a un compañero por el hecho de ser gay, mujer o palestino, o cuando de mis explicaciones infieren que prefiero darles a leer textos de Luther King o Lincoln antes que de Hitler o José Antonio Primo de Rivera.
En mi Centro celebramos el Día Mundial de la Mujer y vemos con simpatía que las parejas del mismo sexo expresen su amor con la misma libertad con la que lo hacen las heterosexuales. Espetarle a un ecuatoriano "vete a tu país" o llamar "puta" a una compañera es sancionable en nuestro reglamento. Adoctrinamiento puro, supongo, pero convendría recordar a los señores del PP que para trabajar en una escuela pública hay que jurar la Constitución, y que ésta se sustenta nada menos que en la Declaración de Derechos Humanos, la cual protege todas esas maliciosas formas de vida y pensamiento por razones de libertad y dignidad humanas.
Claro que también podríamos proceder como en esos colegios privados -normalmente propiedad de la Iglesia Católica aunque sufragados por la ciudadanía mediante conciertos- en los cuales se segrega a varones y mujeres y se limita o evita la presencia de alumnos inmigrantes, minusválidos, económicamente deprivados o con serias dificultades de aprendizaje. El PP defiende a muerte tales prácticas, y a la segregación educativa que fomentan le llaman "libertad de elegir". Y, claro, en esos coles no se adoctrina, fundamentalmente porque en ellos se fomenta la ideología que a ellos les gusta.
Si entendemos "adoctrinamiento" como imposición ideológica, entonces podemos convenir en que algunos profesores adoctrinan, pues imponen, con evidente malicia y deshonestidad, una visión sesgada, partidaria y no objetiva de las cosas. Conviene no obstante plantearse que, para un Testigo de Jehová o para un habitante de Utah o Yemen, el darwinismo que explican los ultramontanos compañeros de Ciencias Naturales debe constituir un caso de adoctrinamiento. Pero quiero pensar que somos serios, y que el riesgo se halla en, por ejemplo, un profesor que obliga a sus alumnos a compartir su ideología. Ese profesor podría suspender a todo aquel que no dijera que el bando Republicano era el de "los buenos" en la Guerra Civil, a quien se considere católico o a quien defendiera que mola más escuchar a ACDC que a Brahms. Sería un mal profesor, desde luego, no por tener cierta ideología -que todos la tenemos, obviamente- sino por no entender de qué va esto de la democracia. Lo procedente es que ese profesor fuera apercibido y, si procede, sancionado. El problema es que yo conozco a pocos adoctrinadores, conozco a bastantes más que lo que promueven en el aula es el hastío y la indiferencia.
Miren, yo creo que el verdadero problema es que partimos de un supuesto falaz.
El supuesto falso es que educar significa "informar" a los alumnos de una supuesta verdad literal o neutra, "hechos, no interpretaciones"... como si lo que llamamos conocimiento fuera tan sencillo como decir que blanco es blanco y dos más dos son cuatro. La verdad siempre es una construcción, una proyección de sentido que el alumno debe ir forjándose al contacto con profesionales que, honestamente, le ayuden a pensar por sí mismo sin tener miedo a ofrecer su propia opinión siempre y cuando aclaren que, en determinados momentos, están opinando. ¿Influir en sus alumnos? Sin duda, pero si unos padres no quieren que sus hijos reciban influencias "externas" lo que deben hacer es no solo no llevarlos a clase sino además encerrarlos en el dormitorio.
Sólo desde una profunda torpeza, en muchos casos malintencionada, se puede confundir esto con el adoctrinamiento. Yo creo que se adoctrina mucho más cuando se dan por incontrovertibles verdades oficiales, como si no hubiera conflicto ni parcialidad tras ellos, como si la unidad de España, la diferenciación entre los sexos, la bondad de la monarquía o la uniformidad del modelo familiar -verdades santas en las que se me educó sin derecho a réplica- fueran la versión "literal" de la realidad y lo demás fueran solo opiniones.
Lo diré de una vez: el problema de la derecha es que después de tantos años adoctrinando en nuestro país desde el ejercicio del autoritarismo, cada vez que alguien ofrece otra versión de las cosas lo llaman adoctrinamiento. "La culpa de todo...", como dijo una vez un concejal asturiano, "...la tiene la puta democracia".
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