Thursday, February 25, 2021

DE HIERRO

 


He leído por ahí que a Isabel II ya no le gusta The Crown. Es muy probable que en Buckingham Palace no haya sentado bien el tratamiento que la serie otorga al caso Lady Di. Ella queda como una suegra gélida y sin entrañas ;  su hijo Carlos, como un niñato veleidoso, irresponsable y envidioso, cuyo mayor problema -Camilla Parker al margen- es que jamás soportó la popularidad de su joven esposa. 


Se rumorea que tampoco han sido de su agrado las insinuaciones que deja caer la serie respecto a las infidelidades de su esposo, Felipe de Edimburgo. Curioso ataque de cuernos, nunca mejor dicho, teniendo en cuenta que el asunto es vox populi en las islas desde hace una eternidad y que Isabel nunca ha sido una mujer mal informada.


 Como sospecho que la Reina, pese a su edad, anda todavía bastante lúcida, se me ocurre que sigue viendo la serie a escondidas, pues The Crown, sin perjuicio de su enorme calidad como teleficción, hace mucho por blanquear la imagen de los Windsor, muy especialmente la suya como monarca con setenta años de reinado a cuestas.



En relación a esa cuarta y hasta ahora última temporada -la serie seguirá, no tengo duda-, tanta relevancia como Diana adquiere Margaret Thatcher, que fue Primera Ministra durante once años, lo que es un record para Downing Street. Los guionistas han sido listos. Es sobradamente conocida la falta de sintonía personal entre Thatcher y la Reina. Digamos que no han tenido grandes apuros en defenestrar a la canciller, presentado como un personaje autoritario, despiadado y espantosamente terco, a cambio de salvar la imagen de Isabel como defensora 
del bienestar de sus súbditos. 


Personalmente, y teniendo en cuenta cómo es la sangre azul, intuyo que Su Majestad siempre vio en Mrs Thatcher a una rival, una pueblerina con cierto aire teatral y afectado que se arrodillaba ceremoniosamente en sus audiencias privadas pero que después se negaba sin contemplaciones a aceptar cualquier consejo Real que distrajera en lo más mínimo su agenda política. Como ven, no tengo gran interés en revindicar a la Señora Windsor ni a sus consanguíneos, pero debo decirlo: Thatcher fue tan mala gente que incluso una monarca más o menos tradicionalista y estirada tuvo que parece un poco “de izquierdas” para recordarle a la jefa de su gabinete que con la inflexibilidad de sus decisiones podía estar causando el sufrimiento y la desdicha de muchos de sus súbditos.

 

No voy a entrar en profundidades. Un breve repaso a la biografía de Thatcher permite definirla sin ambages como una conservadora autoritaria, dueña de una moral inspirada en el victorianismo en su versión más represiva y despiadada. No es cierto que Thatcher no creyera en el Estado y que amara eso a lo que llaman la “sociedad civil” los neoliberales, y que se suele reducirse a la libertad para hacer negocios sin pagar impuestos. Thatcher odiaba a los sindicalistas, por eso fue a la guerra con ellos hasta destruirlos. Entendió que la capacidad productiva del país no daba para mantener la opulencia de una nación puntera, y dio por ello un espaldarazo definitivo al sector financiero, que convirtió a la City en uno de los centros de la especulación mundial... Siguiendo a sus héroes, el viejo Hayek y su coetáneo Milton Friedman, envió a cientos de miles de mineros al paro bajo el supuesto de que ciertas industrias ya no eran rentables, y privatizó servicios públicos esenciales. Con ello no redujo el tamaño del Estado, lo que sí se propuso es reducir al mínimo su poder como regulador de los intercambios económicos, concentrando sus esfuerzos en la misión de gendarme con especiales atribuciones a la hora de reprimir huelgas y disidencias. Su supuesta austeridad como gestora no le impidió gastar una monstruosidad de libras esterlinas en la ridícula y anacrónica Guerra de las Malvinas, que por cierto le sirvió para incrementar su popularidad en sus peores momentos. Podríamos hablar del problema irlandés... En fin. 

 


Así era Margaret Thatcher, o mejor, así es el actual Reino Unido. Hay un legado Thatcher, no tengo ninguna duda, y lo advertimos recientemente con el Brexit. Thatcher creyó en Europa menos todavía que su supuesto espejo inspirador, Winston Churchill. “La sociedad no existe, sólo existen los individuos y sus familias”. Esa frase no es un error, es una infamia. Y el daño que le ha hecho al mundo la concepción que la sustenta se demuestra en el fracaso que la agenda neoliberal para la globalización ha registrado. Tenemos una civilización más productiva, más tecnológica… deberíamos ser más fuertes que nunca, pero la desigualdad no hace sino crecer en el planeta, la mitad de la riqueza mundial se concentra en una cantidad obscenamente reducida de personas y los viejos conflictos se recrudecen y aparecen otros nuevos. La Revolución Conservadora liderada por Margaret Thatcher y Ronald Reagan es probablemente la peor plaga de los últimos cuarenta años, un error colosal que no supimos frenar a tiempo y cuyas consecuencias van a dificultar nuestras vidas durante todavía muchos años.

 

“No hay alternativa”, dijo Mrs Thatcher. Tiene que haberla, porque bajo su visión del mundo lo que nos espera es el horror, un mundo repleto de parias y excluidos cuyos líderes políticos dejarán abandonados a su suerte.

 

Concluyo. No sé si les dice algo el nombre de Michael Fagan. Les sonará más si les digo que es el tipo que entró en el dormitorio de la Reina hace como unos treinta años. Por lo visto ya había conseguido burlar la vigilancia para acceder a las dependencias de Buckingham en una ocasión anterior. Entonces se trasegó una botella de vino de la bodega Real -parece que el caldo no era gran cosa- y pasó un rato sentado en el trono. (Desconozco si también se probó la Corona) El caso es que, por inaudito que resulte, consiguió acceder por segunda vez, en este caso logrando el objetivo de alcanzar el dormitorio de la monarca. Abandonado por su mujer, privado de la custodia de sus hijos, en paro, alcoholizado, con episodios de notable violencia … Fagan está a medio camino entre un personaje de las películas de Ken Loach y los gags de Benny Hill. Sólo la Reina sabe de qué hablaron exactamente durante aquel cuarto de hora en que Fagan empezó pidiéndole un cigarrillo, a lo que ella repuso que el tabaquismo es una “perniciosa costumbre”. Según The Crown, no sé en qué se basan, hablaron de la Primera Ministra.

 


No estoy seguro de que la culpa del desorden de la vida de Fagan fuera de terceros, vamos, que seguramente el fulano se buscó su miseria. Pero Fagan le dijo a la señora Windsor que Thatcher era un monstruo. Era un loco, claro.

Sunday, February 21, 2021

PABLO HÁSEL


No tengo una sola palabra en favor de Pablo Hásel. A menudo la izquierda se equivoca al elegir a sus héroes, probablemente porque los confunde con los mártires. Conviene entonces recordar la advertencia de Nietzsche: estar dispuesto a morir por una supuesta verdad  no la hace verdadera. 


No me interesa Hásel porque ni en sus raps ni en sus tuits, supuestamente tan incendiarios, me ha fundamentado ninguna de sus opiniones. Todo lo más me ha dicho cosas que ya sabía. Tampoco me escandaliza su encarcelamiento. Hablamos a estas horas de lo sagrada que nos parece la libertad de expresión, pero eso no significa que no tenga límites. También existe, por ejemplo, el derecho al honor o, lo que viene a ser lo mismo, a no recibir amenazas, injurias, difamaciones o agresiones físicas...No manipulemos, a Hásel no le han encarcelado -y esto se ha dicho en estos días- por rapear ni por decir las verdades del barquero. Ni siquiera por decir sandeces como que "Podemos es la pata izquierda del fascismo" o que "si el Che levantara la cabeza llevaría a campos de reeducación a los pijitos que lucen su efigie sin saber quién fue". Lo que ha hecho Hásel es violar reiteradamente la ley. 


Podemos debatir entonces si el alcance punitivo de dichas leyes es exagerado. Parece razonable planteárselo teniendo en cuenta las críticas que viene recibiendo el Estado español desde respetables instancias internacionales debido a los problemas que aquí tienen artistas de distinta índole por lo que dicen, dibujan o cantan respecto de personas e instituciones poderosas. En ese sentido, yo secundaría la propuesta de UP a favor del indulto. Pero, alerta, indulto implica constatación de culpa. Hásel puede ser solo un descerebrado -los hay en todos los bandos-, pero es bueno que los descerebrados sepan que el horizonte irrevocable de sus desatinos no es la impunidad. 


Dejo a Hásel. Me interesa mucho más la corriente de furia que, al modo del detonante, ha hecho estallar su caso. A los grupos de jóvenes que se han manifestado en las últimas noches podría sermonearles que el rapero de marras no es un motivo suficiente para enfrentarse a la policía. Pero si me conformara con eso, estaría simplificando lo que, creo, es un problema mucho más complejo. 


Hagámonos una pregunta: ¿tienen los jóvenes españoles motivos para el descontento e incluso para la ira? Ya sé que es una minoría supuestamente radical la que se manifiesta en las plazas y la que, de forma aún más minoritaria, provoca los disturbios para provocar la reacción policial y la consiguiente atención mediática. A fin de cuentas también son jóvenes los que montan fiestas ilegales en plena pandemia o los tontos de baba que jalean a los youtubers que se van a Andorra para no pagar impuestos. Pero, insisto, las cosas no son tan simples: bajo la crema del café está el café que la ha producido, no sé si me explico. 


Verán. Mientras escribo esto mi mirada se cruza con la de Raquel, que se agita de los nervios mientras completa el examen de Filosofía de 2º de Bachiller que le he entregado hace una hora. En los últimos años Raquel ha venido oyendo insistentemente frases como las que expongo a continuación. 


-Formas parte de la primera generación en la historia de España que va a vivir peor que sus padres. 

-Va a ser muy difícil que alcances estudios superiores, pues hemos entrado en un proceso de mercantilización de la educación de tal guisa que, como en EEUU, te endeudarás con los últimos cursos y el máster que habrás de hacer si quieres que tu título tenga algún valor. 

-Jamás podrás comprarte una casa. 

-Trabajarás en precario hasta que el sistema laboral decida excluirte y dejarte en el paro y la indigencia. 

-Si llegas a anciano no cobrarás una pensión. 

-La seguridad sanitaria de la que gozaron tus padres y abuelos no te alcanzará. Cuando enfermes serás abandonado a tu suerte. 

-Como tu familia es humilde, las probabilidades de servirte del "ascensor social" que fue la escuela pública tienden a cero. En esta lógica del capitalismo global no solo crece la desigualdad, sino que la porosidad social es tan escasa como la de los tiempos de la novela picaresca. Ve diciéndole adiós a todas las promesas de la modernidad. 

-Infinidad de personajes que te han vendido como héroes de la libertad en España están en la cárcel o merecen estarlo por delitos de corrupción o crímenes peores. 

-La ultraderecha ha llegado para quedarse. En los próximos años seguirá incrementando su base electoral y ensuciando el terreno de juego de la controversia política. 

-Seguirán llegando inmigrantes a los que usarán los empresarios sin escrúpulos porque estarán dispuestos a aceptar condiciones laborales que a ti te parecen indignas. 

-Las leyes Mordaza y similares te impedirán exhibir públicamente tu enojo a poco que mees fuera de tiesto. Tu rabia te la guardas para ti. 

-Vas a experimentar las consecuencias de una catástrofe climática... la generación anterior, ahora en el poder, va a seguir hablando del asunto y aplaudiendo a Greta Thunberg, pero no piensa hacer nada para evitar el desastre. 

-No se te ocurra tener hijos, ¿estás loca o qué?



...Podría seguir, pero creo que se me entiende. No me consta que Raquel haya acudido a montar disturbios ni a quemar contenedores, que por cierto es una conducta que a mí me fastidia especialmente. ¿Debería? No lo sé. Acaba de entregarme el examen. Creo que va a aprobar, pienso mientras olvido que en este Instituto nos dedicamos a suministrar mano de obra barata y parados a la patria. 


Thursday, February 11, 2021

EL OUMUAMUA

 


Recién me entero que el Oumuamua pasó muy cerca de nosotros en 2017.


Los astrónomos que lo detectaron gracias al potentísimo telescopio de Hawai lo clasificaron inicialmente como cometa. Quedó después degradado a la condición de asteroide, que es a grandes rasgos un trozo de pedrusco que deambula por el espacio esperando a caer bajo la atracción gravitatoria de algún astro con más empaque...lo equivalente en el lenguaje emocional astronómico a que alguien te quiera. Por lo visto Oumumua, que por cierto presenta una forma apepinada que estéticamente no le favorece, no pertenece al sistema solar. Vamos, que mientras surcábamos el espacio nos topamos con él. Resulta que su movimiento en parábola ha sorprendido mucho a los científicos, que no aciertan a explicarlo, así como ciertos tonos brillantes que por lo visto tampoco son comunes en este tipo de cuerpos interestelares. 


Les estoy aburriendo, lo sé, pero esperen, esperen y verán, que ahora viene lo diver. 



Avi Loeb es un prestigioso astrónomo de Harvard... Nada que ver con Iker Jiménez, Juan José Benítez o la Bruja Lola. Afirma el profesor que las extrañas características de "El explorador" -que es lo que significa Oumuamua en lengua hawaiana- solo pueden explicarse porque se trata de un artefacto de fabricación alienígena. Cuando le indican que su condición de pedrusco no recuerda demasiado a los platillos volantes, Loeb contesta que no se trataría necesariamente de una nave tripulada por hombrecillos verdes con la cara de Rossy de Palma y el cuerpo de Miquel Iceta, que es como nos solemos imaginar a los marcianos. Es más bien, dice, "una baliza o sonda", un objeto lanzado al espacio hace muchísimo por una civilización seguramente ya extinguida y que intentaba establecer algún tipo de comunicación intergaláctica.


Cierto fraile anglosajón del siglo XII por el que experimento especial devoción, Guillermo de Ockam, nos enseñó que ante dos hipótesis lo sensato es decantarse por la más "económica" o, si lo prefieren, por la más facilona. Fray Guillermo, al que uno imagina como un clérigo algo prosaico y aburridote, hizo así popular la llamada "Navaja de Ockam", que sirve sobretodo para fastidiar a los farsantes. Los tipos como él hacen el mundo algo menos emocionante, pero es gracias a ellos que aún no nos hayamos extinguido.


Es posible que Oumuamua sea un regalo enviado desde una civilización de Betelgeuze, pero a mí me parece más probable que el ínclito profesor de Harvard haya encontrado en él la posibilidad de hacerse rico y famoso. ¿Que la comunidad científica lo ha puesto a parir, como hacen siempre porque lo que les gusta es chinchar a los buscadores de alienígenas? Sí, es como eso de que la NASA y la CIA van siempre ocultándonos lo mucho que saben sobre avistamientos y abducciones. Pero a mí, siguiendo lo de la Navaja, me parece más fácil creer que la esposa del bueno de Avi tenga caprichos caros o que en Harvard le hayan negado la condición de catedrático para dársela a otro que se lleva mejor con el decano. En este último caso sería más sencillo asumir que se la refanfinfla su reputación en la casta académica. En breve saldrá publicado su libro "Extraterrestre: el primer signo de vida inteligente más allá de la Tierra". Sospecho que lo va a petar y que le va a dar más pasta e intervenciones televisivas que sus anteriores trabajos sobre la hipervelocidad de la galaxia de Andrómeda o la acción gravitatoria de las enanas blancas. 


Bien. Les sorprenderá que me ría de mí mismo emitiendo sospechas de fraude hacia una celebridad mediática emergente, pues soy yo quien ahora mismo concede líneas a un señor con pocos escrúpulos al que no habría hecho ni puñetero caso si no le hubiera dado por decir majaderías sobre un pepino espacial. Y será razonable su asombro; ya ven, no dejo de ser uno más de tantos mediocres que se contradicen en facebook. 



Todos somos humanos. Bajo esa imagen de tipo circunspecto que pretendo dar para que mi suegro me respete, lo que se encuentra es el tierno corazón de un niño obsesionado con las lecturas de R.Haggard, HG Wells, Phillip K.Dick y, obviamente, Julio Verne. A mí lo que me gustaría es que Oumuamua estuviera repletito de alienígenas. Con tal de que nos visitaran civilizaciones remotas aceptaría ser abducido e incluso que, con intenciones experimentales, me devoraran los marcianos después de succionar mis líquidos y meterme a cachos en botes de encurtidos. El problema es que Ockam, Cervantes, Woody Allen y mi propia peripecia biográfica me han enseñado que no hay milagros ni en Lourdes y que el mundo está repleto de desaprensivos. 


Quizá el auténtico fenómeno paranormal sea que aún superviva la raza humana teniendo en cuenta la docilidad tan pueril con que prestamos oídos a tanto vendedor de crecepelo sin escrúpulos. Pero ya saben: para que haya un listo tiene que haber unos tontos. 

Sunday, February 07, 2021

HIGIENE DEMOCRÁTICA


Asisto con interés, pero también -por qué no decirlo- con cierta preocupación, al debate que se ha montado en torno a la "Ley Trans" que prepara el gobierno de coalición. 


De entrada a mí me cae muy bien que un ejecutivo entre con determinación a construir tejido jurídico sobre una cuestión con presencia creciente, y yo diría que socialmente explosiva, como es la de la identidad de género. Una de las trampas del discurso neoliberal consiste precisamente en proyectar sospechas sobre cualquier iniciativa gubernamental que afecte a la "vida privada", como si crear regulaciones hubiera de equivaler siempre a planear formas de control y represión. Yo creo que se trata precisamente de lo contrario: hacer posible que la diversidad y el derecho a gozar de una existencia autodeterminada se instalen naturalmente entre nosotros. Se trata de propiciar el desarrollo de formas de convivencia más pacíficas, saludables y acordes con un tiempo tan complejo, y acaso tan apasionante, como el que nos toca vivir. 


En el caso que nos ocupa, el propósito expreso, la despatologización de las personas trans, parece irreprochable desde un enfoque progresista. De otro lado, conviene no olvidar que las fuentes de esta iniciativa son las mismas que ya han lanzado la Ley de Libertades Sexuales, cuyo más que loable objetivo es perseguir una lacra tan omnipresente como es la de la violencia sexual.


Llevo días hablando con allegadas sobre el asunto, alguna le ve serios problemas al proyecto. He leído en la prensa y en facebook las suficientes críticas  como para no dar por hecho que por ser rechazada por la derecha y por orientarse a la defensa de las reivindicaciones de las organizaciones LGTBI, con las cuales simpatizo, ya es necesariamente digno de apoyo. No soy ajeno a la posibilidad de que legislaciones aparentemente progresistas tengan efectos -y a veces incluso intenciones ocultas y de fondo- peligrosamente reaccionarios. No digo que sea el caso de esta ley, pero lo he vivido en el sector educativo y soy, lo siento, vaquilla resabiada. 


Tras ver una entrevista con Boti García Rodrigo, en la actualidad asesora del Gobierno para Diversidad Sexual y a la que reconozco como una de las grandes heroínas del activismo LGTBI en nuestro país, debo confesar que me cuesta creer que realmente estemos ante una "ley repugnante", un golpe de gracia a la historia de la emancipación de la mujer o la "tumba de este gobierno"... y todas estas cosas las he leído en las últimas semanas. 



Pues bien, creo que ahora les voy a sorprender: tienen razón las feministas. Es la conclusión a la que he llegado en las últimas horas. Daré mis razones cuando las haya madurado, pero el objetivo de este escrito no es entrar en un debate sobre el que me siento poco capacitado, más allá de que tengo amigos transexuales -ya sé que no es lo mismo que transgénero, ya lo sé, demonios- y presumo que les voy a decepcionar si leen esto. 


Yo voy por otro lado, y aquí sí me siento fuerte, porque llevó toda la vida trabajando para "sanear" opiniones, debates y querellas. Mucho me temo que este debate se está intoxicando de entrada y creo que una parte del sector que lanza los tóxicos al aire es el que sospecho que tiene razón, lo cual es una manera de quitársela o, por lo menos, de desalentar a quienes estamos sinceramente interesados en escuchar ideas. 


Lo diré de una vez: hay una tradición muy acrisolada en algunos sectores del feminismo de desacreditar de entrada las opiniones ajenas, aunque no sean necesariamente opuestas. Si me sueltan un "estufit", como decimos en valencià, solo por preguntar en facebook los motivos de una intervención, no quiero imaginar lo que puede pasarme si se me ocurre discrepar enérgicamente, derecho por cierto inalienable en democracia. 


Lo vuelvo a decir: creo que las feministas -o un determinado sector del movimiento de liberación de la mujer en España- tienen razón y que esta ley debe ser devuelta y replanteada. No he dado mis motivos y no los voy a dar de momento aunque se me soliciten. Lo que sí estoy dispuesto a fundamentar es mi crítica a algunas actitudes que veo proliferar a vueltas con este debate y que provocan sistemáticas descalificaciones, menosprecios, sarcasmos y, en definitiva, mucha mala hostia. Bajen el tono, por favor, aunque la razón esté de su lado, aunque a lo largo de sus vidas no hayan parado de sufrir discriminaciones y atropellos de todo tipo. Soy profesor de Filosofía y Ética, si no hubiera desarrollado la virtud de la paciencia ya estaría en un manicomio. Hay que intentar convencer; soltarle de entrada dentelladas al que presenta una mínima objeción es la manera más directa de asfixiar un debate que es absolutamente necesario. 


Me gustaría no acabar este escrito pensando que no voy a arrepentirme de haberlo publicado. Soy vaquilla resabiada, ya lo he dicho antes.  

Tuesday, January 26, 2021

GUÍA PARA ODIAR (MEJOR) A PABLO IGLESIAS

 


El hastío que me produce el tema Pablo Iglesias me está pudiendo: su legión de enemigos es tan activa y nutrida que estoy a punto de darme por vencido. No es por convicción, es que uno tiene sus límites, y para colmo, ni siquiera el personaje me suscita tantas simpatías como dejarme trozos del alma en el empeño. En cualquier caso, lo siento, pero ésta tampoco me la pienso comer.  


La cosa es muy sencilla. En su entrevista en Salvados, el vice estableció una comparación entre la situación de Puigdemont y los exiliados de la República. No simpatizo con el Procés, al cual me he opuesto en sucesivas ocasiones, lo cual me ha servido para ganarme algunos improperios. No han sido menos los que me han caído desde el lado opuesto cuando he afirmado que, pese a todo, es perfectamente legítimo el deseo de una Catalunya no inserta en el Estado y que la reivindicación del Referéndum no se deslegitima simplemente aduciendo que no es legal. De otro lado, llevo toda la vida refiriéndome el espíritu de la Segunda República como una de las más gozosas inspiraciones de mi vida. Sobra decirlo: no comparto en absoluto la comparación que hizo Iglesias.


Bien. Y ahora les hago una pregunta: ¿han visto la entrevista completa? En los medios de Prisa se ha destacado únicamente la susodicha comparación, sobre la que Pablo se detiene aproximadamente un uno por cien de una entrevista que dura una hora. La frase exacta no es la que se ha dicho, el contexto en el que aparece no debe obviarse... Además tengo la impresión de que el entrevistador, Gonzo, más fiel al estilo Ferreras-Pastor que al de su predecesor en "Salvados", consiguió ese botín en una de las trampas que tendió al entrevistado, tras pasar todo el diálogo intentando acorralar en sus supuestas contradicciones al líder de Podemos. No cuestiono la dureza de la entrevista ni la evidencia de que Iglesias patinó, lo que yo digo es que para desacreditarle parece que vale absolutamente todo. 


Insisto, vean entera la entrevista. Pablo dijo esa tontada que, por muchas razones, yo no comparto, pero dijo muchas más cosas. Y por momentos estuvo formidable, entre otras cosas porque es un tipo extraordinariamente inteligente y porque al contrario que otros muchos líderes, está muy curtido en batallar en territorios hostiles. 


Permítanme algunas impresiones personales sobre lo dicho en la entrevista, por si, después de todo, deciden que antes que crujir al personaje de forma inmisericorde -como si el fuera el responsable de los males de la patria- conviene documentarse adecuadamente. Ahí van:


-El pacto de Gobierno no es tan ambicioso como hubiera querido UP porque sus líderes saben muy bien que con 35 diputados hay cosas que de ninguna manera se les iban a conceder. 

-Algunos aspectos del pacto, por ejemplo de política social, no se han cumplido porque no quiera UP sino porque, por razones justificables o no,  no ha querido Sánchez. 

-La sensación de desunión en el gobierno de coalición es consecuencia de un debate continuo entre las dos fuerzas firmantes. Me parece muy bien que cuando Iglesias y "sus" ministras defiendan propuestas que creen que van a beneficiar a la ciudadanía se peleen -a gritos, si hace falta- con el resto del Gabinete. 

-UP fue desleal a Sánchez cuando acordó con Bildu el asunto de los desahucios. Decidió comerse todas las broncas que le vinieran porque para UP ese tema es prioritario... Pero también porque en deslealtades a la coalición el PSOE va muy por delante, por ejemplo cuando no reveló a Iglesias la "fuga" del Rey, entre otras muchas inobservancias. 

-Sánchez duerme tranquilo, entre otras cosas porque, a día de hoy, el comportamiento de los ministros de UP no ha sido el de unos irresponsables, empezando por Yolanda Díaz, que me parece con mucho la mejor ministra del Gobierno actual (esto es de mi cosecha). En cualquier caso fue él quien se negó al pacto y nos obligó a unas absurdas segundas elecciones con el fin de destruir a UP. También es él quien siempre, también ahora, ha preferido a Ciudadanos, partido de ideología claramente neoliberal y que tiene acuerdos con Vox. 

-Las presiones de la oligarquía del país sobre el Gobierno de España son brutales. Iglesias lo sospechaba, una vez dentro se ha dado cuenta de que era aún peor de lo que pudo imaginar. Las campañas que contra la presencia de UP en el Gobierno de la nación están lanzando con verdadera fiereza desde los poderes mediáticos reflejan la profecía que un día le hizo Iñaki Gabilondo off the record a Iglesias: "Jamás te dejarán gobernar, pero si lo logras, te destruirán".  


Permítanme una reflexión final. Si Gonzo hubiera aprendido de Évole y no de Ferreras o de Wyoming, quizá, en vez de intentar "pillar" una y otra vez al entrevistado, hubiera reparado sobre algo que éste dijo y que en mi opinión es pavoroso. 


"¿Ha descubierto usted ahora en el Gobierno si de verdad son tan malos los poderosos?" 

"Son peores", contestó. 


En ese momento el periodista no se dio cuenta de que, al fin, había encontrado el verdadero tesoro. Jamás imaginé que un Vicepresidente del Gobierno de España realizará una afirmación tan grave, pues de ella inferimos que vivimos en medio de una "democracia limitada", por no usar palabras gruesas. Algún día, cuando entre todos consigamos echar a la única izquierda digna de tal nombre del Gobierno, Iglesias podrá contar algunas cosas. Lamentablemente, ya será tarde. 


Pero, claro, el problema fue la tontada de Puigdemont. Y a propósito, una última cosita. A menudo nos quejamos de que las declaraciones públicas de los políticos son previsibles, plasticosas, que nos aburren, que están alejados de la gente, etc, etc... Pablo Iglesias no se comportó como un político la otra noche ante Gonzo... Arriesgó, como siempre hace, y dijo una estupidez. Y todos a saco, claro. Luego nos quejamos.


Será que todos sus hostiles, incluyendo a la gente del PSOE, han hecho más por la memoria republicana que Podemos. Sí, debe ser eso. 


Thursday, January 14, 2021

EL BULL DOG



En un capítulo de la primera temporada de la exquisita The crown, se nos revela con todo detalle un episodio churchilliano del que yo había oído hablar vagamente. Corre el año cincuenta y cinco, y el premier británico, visiblemente deteriorado, alcanza la condición de octogenario. Las trampas que le va tendiendo la salud y la presunción de que sus procedimientos y su estilo han quedado definitivamente obsoletos le han convertido en un problema a ojos de los principales poderes de la nación, incluyendo a la joven Reina Isabel y a los próceres de su propio Partido, todos los cuales han crecido a la sombra del Bull Dog, como le apodaba Stalin. Incluso su esposa Clemnie advierte la evidencia que el viejo Winston se niega a reconocer: debe retirarse.

 

Un día aparece en su residencia un pintor muy bien considerado en los círculos artísticos, Graham Sutherland, a quien se le encarga un retrato del héroe precisamente como regalo por el ochenta cumpleaños. Churchill, gran aficionado a la pintura, desconfía desde el principio porque asocia al artista con un mundo que detesta como  el de la pintura de vanguardia o, como él dice, “modernista”. Pese a su célebre mal genio, surge en pocos  días una intensa amistad entre el autor y el retratado. Ésta se romperá violentamente poco después, cuando durante la solemne celebración en Westminster se hará al fin público el retrato. El Churchill que ha retratado Sutherland es un señor decrépito en el que, además de un mal humor sempiterno, apenas se advierten las ruinas del genio y la fortaleza de ánimo de un estadista glorioso pero exhausto.



Hondamente decepcionado con el pintor, al que acusa de haber traicionado su amistad, Churchill ordena a su jardinero quemar el retrato, del cual, desgraciadamente, ya solo quedarán para la historia un par de fotos mal tomadas... pero suficientes para intuir que Sutherland había pintado una obra maestra. Días después el canciller, persuadido al fin gracias al retrato de lo que tanto le habían repetido sus allegados, presentó su dimisión y dejó la residencia de Downing Street para su ahijado político, Anthony Eden. 


No insisto, la peripecia biográfica de Churchill se haría interminable y es rica en anécdotas en las que la realidad y la ficción tienden a confundirse, tal y como suele ocurrir con los personajes legendarios. Me limito al asunto que trata el episodio de The Crown porque nunca, hasta que la pasada noche pude verlo, había tenido tan claro quién fue Winston Churchill. 



Y sí, era un facha...un reaccionario de manual, además de un enfermo de ambición, un ególatra y un manipulador. La serie de actuaciones en su larguísimo historial como estadista que cuestionan la imagen de héroe que tienen de Churchill los británicos es extensísima. Tampoco estoy nada seguro de que la concesión del Nobel de Literatura o los numerosos reconocimientos internacionales como hombre de paz tengan poco de sarcasmo. 


Y sin embargo... y los puntos suspensivos abarcan un gran espacio. 


Lo diré de una vez: respeto a Winston Churchill porque era un estadista en todos los sentidos en que tal concepto puede pronunciarse, porque era lo que yo no soy, es decir, fuerte como un oso, y porque creo sinceramente que era un hombre honesto. 


Soy de izquierda porque no sé ser otra cosa, no estoy seguro de que sea una elección demasiado reflexiva, ni siquiera sé si tengo razón. Pero cuando pienso que los personajes que más han influido en el alma de los reaccionarios españoles en las últimas décadas han sido José María Aznar y Federico Jiménez de los Santos, entonces sé al menos con quién no quiero a estar y a quiénes no quiero parecerme. Y todos los que vienen detrás no parecen ser mucho más que los émulos de semejante cochambre. Pues bien, si hoy se insiste tanto en la mediocridad de los políticos que tenemos creo que es porque se piensa en tipos como Churchill... También en Adenauer, De Gaulle o Eisenhower, sí, pero sobre todo en Churchill.  



Su moral fue profundamente victoriana en un tiempo donde aquel universo moral empezaba a desplomarse, de manera que fue Churchill quien cargó con él sobre sus hombros. Le plantó cara a Hitler con una determinación que, reconozcámoslo, se inoculó a sus compatriotas y terminó siendo decisiva para derrotar al fascismo. Veía el socialismo como una inmensa amenaza y era consciente de lo que todo reaccionario sabe sin hacerlo consciente, que la democracia es la manera de que los plebeyos entiendan que lo mejor para ellos es que las élites les gobiernen.  


Era un cabrón, desde luego. Parece no obstante que siempre le persiguió la nube negra de la depresión, que amó por encima de todas las cosas a su esposa, aunque antes le pidió matrimonio a la actriz Ethel Barrymore, y que el sentimiento de culpa por la muerte de su hija Marigold, a los tres años de edad, lo devoraba por dentro. 


Parece ser que la niña murió de frío por falta de atención y que la sombra negra que persiguió a Winston hasta sus últimos momentos tiene que ver con este asunto. Aunque esto último, como tantas cosas de Churchill, puede que tenga mucho de invención. 

UN SIOUX EN EL CAPITOLIO


Me esfuerzo en entender, pero no estoy seguro de conseguirlo. Cuando vi "Game of cards", tuve a menudo la sensación de que las dotes de manipulador y la toxicidad de Frank Underwood no encontraban límites. El personaje encarnado por Kevin Spacey es un Macbeth contemporáneo que, con ayuda de su esposa Claire, logra apoderarse de la Casa Blanca a golpe de crímenes horrendos. ¿Qué nueva perfidia tramarás esta vez para satisfacer tu ambición, Francis? Y los guionistas encuentran siempre una respuesta aún más depravada de lo que el espectador podía imaginar. 


Sí, pero, verán, incluso en semejante hijo de perra creo encontrar una sombra de sentido institucional. "El juego del poder está hecho  para tipos sin entrañas como yo y no para medianías como tú", explica cuando se dirige a nosotros mirando a la cámara. Es un cerdo repugnante, sí, pero hay algo respetable, algún tipo de solemnidad, en su condición de malhechor. Su ambición le lleva a extremos delirantes, pero no convierte la escena política en un paisaje ubuesco. Odiamos a los Underwood, pero no dan pie a que nos riamos de ellos, tan solo podemos desear destruirlos... o unirnos a ellos. 



Las escenas que presenciamos ayer en Washington, ante el Capitolio, sancta sanctorum de la democracia más longeva del mundo, invitan antes que nada a la irrisión. Son sin duda preocupantes, quién lo duda, pero pero cuando vimos al histrión vestido de sioux encaramado a la mesa presidencial, o al otro botarate con los pies sobre la mesa del despacho de Nancy Pelosi... Qué quieren que les diga, a mí me parecía estar en un capítulo de Los Simpson. 


Tratándose, como es muy evidente, de una turba de frikis, podríamos pretender que su violencia no representa a nadie. Pero no es cierto. Los disturbios del miércoles en Washington son una criatura de la derecha norteamericana que viene desletigimando la democracia desde el surgimiento del Tea Party, y que ha encontrado en Donald Trump a su gran héroe. El todavía Presidente es responsable de esto y, pese a lo atónitos que nos ha dejado el acontecimiento, nos tenía avisados desde que, antes de los comicios, ya dijo que no aceptaría una derrota. 


EEUU vive una guerra cultural que quizá haya estado siempre, pero que desde hace algunos años se presenta particularmente áspera y enconada. Y lo es porque una de las dos partes, obviamente la reaccionaria,  ha optado por embarrar el terreno de juego. Se trata de entrada de impedir que gobiernen los Demócratas, lo cual no deja de ser llamativo teniendo en cuenta el talante moderado de Joe Biden.  Cabe preguntarse hasta donde habría llegado esta gente si el nuevo Presidente, en vez de Biden, hubiera sido Bernie Sanders, al que tildan de comunista y anti-sistema. 



Pero el problema es más profundo. Ya sabemos de lo que va la famosa guerra cultural: aborto, tolerancia sexual, emancipación de la mujer, inmigración, mestizaje, cambio climático, sanidad universal... Donald Trump ha sido muy listo para aprovechar la oportunidad de presentarse como líder de un amplio sector de ciudadanos norteamericanos -no solo, pero mayoritariamente, blancos y varones-,  que culpan de sus problemas a ciertos procesos de modernización de la sociedad que plantan sus raíces en los colosales movimientos sociales de los años sesenta. 


¿Son los inmigrantes, las mujeres independientes o los homosexuales los causantes de un proceso de deterioro de las condiciones de vida y la seguridad de una clase media que vive a medio camino entre el temor y la cólera? No. En todo caso lo que sucede es que para el simio mezquino que somos siempre es reconfortante encontrar culpables entre quienes son todavía más débiles que tú. Al menos, medio siglo atrás, cuando a un Juan Nadie de Arizona le iba mal, no tenía que tropezarse con la altanería de unas minorías raciales que ahora pueden ocupar tu sitio en el autobús, tu mujer no te abandonada cuando te convertías en un borracho y un maltratador  y los maricones no iban por el mundo exhibiéndose como quien está orgulloso de ser un anormal y un paria. Hablando de Los Simpsons, es la basura blanca como Homer la que sostiene a Trump. 


¿Y no tiene razón después de todo los ultras en ir contra los políticos, "esa gentuza de Washington"? Pues, verán, aunque es perfectamente razonable que muchos desconfíen de unos gestores que mienten, a menudo se corrompen y, sobre todo, se muestran incapaces de resolver los problemas de la gente, creo que tampoco es tan sencillo como pretender que el Estado solo existe para reprimir y sacarle los cuartos a la ciudadanía... un criterio por cierto muy extendido entre los norteamericanos desde la fundación misma de las primeras colonias hace casi tres siglos. Si los norteamericanos -como los europeos, como cualquier súbdito de una Estado- tienen un problema con los políticos, es porque en realidad con quien lo tienen es con los verdaderos amos del mundo, que son las élites financieras.  



Lo diré de una vez: Trump solo es un impostor. Su triunfo electoral de 2016 y los setenta millones de votos que aún ha conseguido arrancar esta vez son consecuencia de un engaño monstruoso y, por qué no decirlo, de la inocencia de los sectores más reaccionarios  e ignorantes de la nación más rica del mundo. Y sí, claro que es un facha y que su machismo, su incorrección política y su patrioterismo barato calan en el inconsciente colectivo de muchos que se sienten irritados por un entorno social cada vez más complejo y amenazante. Pero las maneras de Trump son solo el gancho. El verdadero plan que hay detrás de su llegada al poder corresponde a las grandes corporaciones económicas norteamericanas, muy en especial las petroleras, que necesitaban poner en el poder a uno de los suyos para puentearse a los políticos profesionales. ¿Son enemigos para ellos presidentes como Obama o Biden? En ningún modo: el Partido Demócrata depende de la financiación de grandes empresarios tanto como el Republicano. Pero aún así son una molestia... a los políticos profesionales, integrados de lleno el aparato de un partido, hay que presionarles, a veces incluso untarles. Lo que el gran capital norteamericano ha conseguido poniendo a Trump en la Casa Blanca es dejarles claro a los políticos profesionales que o colaboran o serán eliminados. 


No se si ven a donde voy a parar. Con independencia de la catadura moral que atribuyamos a las turbas de Washington, su mayor problema no es su ideología ni su agresividad, su problema es la candidez. No han entendido que fenómenos tan dañinos como la precarización laboral, el desclasamiento, la desprotección institucional, la desunión familiar o la volatilidad de las biografías son resultado de un dispositivo ideado por el capital, es decir, por señores como Donald Trump, para hacer más ricos a los ricos y desclasar y empobrecer a todos los demás. El trumpismo no ha reactivado el sueño americano. Muy al contrario, es su funeral: nunca será más difícil salir de la pobreza, nunca se había colapsado en los USA hasta este punto la movilidad social.   


Va a ser difícil encontrar un Presidente más nefasto. Claro que esto ya lo dije con Bush jr. y ya ven. Hasta él ha dicho que Trump es un impresentable.