Friday, August 28, 2009







NATALIA RODRÍGUEZ O

FERNANDO ALONSO.




1. Fatalidad. A veces son años luz lo que nos separa de aquello con lo que pasamos nuestra vida soñando... a veces no es más que una ténue línea, ese milímetro por el cual -como en Macht point, aquella película de Woody Allen- la bola que toca la cinta de la red pasa al campo enemigo y otorga una victoria que, de haber quedado en nuestra área, nos habría derrotado acaso para siempre. No creo que exista competición deportiva más pura que el atletismo, y más en concreto las pruebas de medio fondo. Como, al contrario que en las pruebas muy largas, los corredores con mejores marcas no tienen espacio para hacer la selección y descolgar a los demás, las carreras de 800 o 1500 metros se convierten en auténticas batallas tácticas donde los participantes, además de correr mucho, tienen que ir posicionándose para obtener la mejor ubicación, de manera que, en el momento en que el grupo se desencajone y la gente se lance con toda la fuerza que le queda hacia la meta, uno no quede encerrado y sin opción de maniobra.







Cuando a doscientos metros de la meta Natalia Rodríguez se sitúo inmediatamente detrás de Jamal, el gran riesgo era quedar estrangulada en carrera, sin opción de una maniobra final a tiempo en la última recta. De pronto, otro corredora intentó pasar por fuera a Jamal, lo que hizo desplazarse arteramente a ésta hacia la calle 2 para evitarlo, momento en que la española vio libre la cuerda para lanzarse ya sin oposición a la victoria. Cuando la corredora de Bahrein, más preocupada por bloquear a las rivales que por correr más que ellas, detectó la maniobra, ya era tarde, de manera que en cuanto notó el primer contacto leve con su cuerpo optó por inclinarse de nuevo hacia la cuerda, provocando un desequilibrio que convirtió un roce en empujón, lo que dio finalmente con sus huesos en el suelo, llegando incluso a desequilibrar a la española. Natalia ganó la prueba con una autoridad asombrosa, a pesar de haber estado a punto de irse a tierra con Jamal en la refriega.




El final de la carrera nos proporcionó uno de esos momentos que la historia de la televisión relega injustamente al olvido. La mediofondista española pasó del semblante serio con que cruzó victoriosa la meta a la angustia más absoluta, al sentir como era objeto de censura en forma de pitos por el público berlinés mientras Jamal se retorcía de dolor en el suelo. Pasaron los minutos y, ante la ausencia de novedades, Natalia llegó a pensar que era campeona del mundo. Finalmente fue eliminada. Todo fue desde entonces una cuesta abajo. La Federación Española presentó una ridícula reclamación con cara de no creerse nada de lo que estaba defendiendo, lo que es más evidente cuando sabemos que su presidente reconoció que había sido justa la decisión final del comité de eliminar a Natalia. Tampoco ayudó mucho el que después, algunos de los medios informativos que montan psicodramas gigantescos cada vez que algún equipo de provincias no quiere traspasar su estrella al Real Madrid, o denuncian una conspiración mundial contra Fernando Alonso cuando alguien corre más que él, dieron carpetazo al asunto lamentándose por el error de empujar a la atleta rival cuando Natalia "tiene calidad para ganar sin artimañas". Hoy hemos sabido que además, por el incidente de Berlín, la mediofondista ha sido excluida del prestigioso meeting atlético de Zurich.





Yo me quedo con las imágenes posteriores a la carrera. La inmensa mayoría de deportistas en que puedo pensar hubieran actuado de otra manera. Se habrían pasado por el forro la opinión del público -el cual por cierto emitió sonoramente su opinión sin haber entendido nada de lo que había pasado-, habrían dado la vuelta de honor enfundados en su enseña patria y con una sonrisa de oreja a oreja, habrían pasado completamente de la rival dolorida y montado en cólera después con la decisión del tribunal. Natalia se perjudicó a sí misma con su actitud. Todo parecía indicar que era culpable: su gesto angustiado, su renuncia a la celebración... Con treinta y un años había logrado el primer título importante de su carrera, pero ella sospechaba ya que iban a desposeerla. No hizo nada que no hubieran hecho sus rivales durante la carrera, pero a ella se le cayó a tierra su rival, que acaso fue la verdadera tramposa de todo este asunto. La imagen de Natalia acudiendo a socorrer a Jamal y besándole la mano, los minutos angustiosos con el rostro contraído por el temor a la descalificación... Algo de esta grandeza intentan, con patéticos resultados, imitar los reality shows.





Natalia Rodríguez hizo lo contrario de lo que se nos indica que hemos de hacer en el deporte, en los negocios, en la política... en cualquiera de todos esos ámbitos donde el poder, el éxito y el dinero están en juego y se nos exige competir: Natalia tuvo escrúpulos.










2. Fernando Alonso no ha despertado nunca en mí especiales simpatías. Cuando cierta sucesión de acontecimientos no me cuadra, suelo preguntarme a quien benefician. Me sucedió, por ejemplo, cuando se le concedió el Premio Príncipe de Asturias, a pesar de que por aquel entonces ni siquiera había ganado su primer Mundial. Pensé en si los valores que proyectaba la Fórmula 1 sobre la sociedad, y en especial sobre los jóvenes, eran los más sanos y recomendables. Y entonces se me ocurrió pensar si la presión de esos poderes fácticos que son las empresas automovilísticas no tuvieron algo que ver con el asunto, ellas, que se pasan la vida amenazando con expedientes de regulación de empleo y con irse a Polonia o Marruecos con sus fábricas si el Estado no les inyecta más pasta.




Si sondeamos informalmente a la gente conocida, advertiremos que la imagen que la gente tiene del Gran Circo se compone de motores rugientes, circuitos repletos de pijos, chatis rubias de tetas operadas que le dan sombra a los pilotos, bólidos que se hostian, mecánicos estresados... Todo muy guay, ideal para traerlo además a un circuito urbano como el Valencia Street Circuit, que es como el Horchata Building que el ex-Presidente del Valencia Paco Roig quería construir en los terrenos de Mestalla, pero con gradas supletorias, restaurantes de pega para incautos y puestos donde te venden coca cola a cuatro euros.



Alonso me cae como una patada en el estómago, pero eso no importa. Probablemente haya que ser algo prepotente como él y echarle la culpa de cada derrota al coche, a Renault y a los mecánicos como él tenía costumbre, y además ir por el mundo con cierta suficiencia y tratando de comerle la moral a los rivales con declaraciones altisonantes... De otra manera no se fabrica un campeón del mundo. No, no, mi verdadero problema es en general con el mundo del motor. Hay quien soñó durante años con un mundo sin epidemias de cólera, hay quien siente que está ganando la batalla por conseguir un mundo sin tabaco... Y yo, qué vamos a hacerle, sueño con ciudades sin motores.



Cuando se viaja a cualquiera de las grandes metrópolis del hemisferio sur, en seguida se da cuenta uno de que los aeropuertos en plena ciudad, los motores ruidosos, los atascos, la ruidera constante, en suma, no son atributos de la modernidad y consecuencias del avance de la humanidad, sino restos de la barbarie propia de comunidades que todavía no han aprendido a gestionarse en medio de una lógica de tecnología acelerada.




Una alumna me dijo un día que un chico estaba mucho más guapo subido encima de una moto de alta cilindrada. Quizá sea ese el problema, que de igual manera que fumar te hacía más sexy en tiempos de Humphrey Bogart y hoy te da pinta de estresado y de cutre, disponer de un buen motor para ensordecer las calles y envenenar los pulmones de la gente te sigue haciendo quedar como un tipo gallardo y bien plantado. Esto lo sabemos bien quienes nos desplazamos caminando o en transporte público por la ciudad y tenemos que sufrir la violencia de automóviles, motos y, últimamente, también los ciclistas, algunos de los cuales confunden ciertos espacios de ocio con velódromos, como si quisieran vengarse con los peatones de las afrentas a las que los conductores les someten en la calzada.




No me gusta Alonso y no me interesa en lo más mínimo el Valencia Street Circuit, eso que servirá para "difundir internacionalmente la imagen de nuestra ciudad" y que a mí me suena a un tipo de turismo desagradable y falsamente rentable, a cuatro listos que se forran y a una ciudad cada día más ruidosa, más inhabitable y más alejada de lo que verdaderamente habría de ser su fin: la convivencia.





Creo que prefiero a Natalia y las carreras de medio fondo, aunque a veces sus jueces no sepan hacer justicia.

20 comments:

Anonymous said...

Excelente post, querido David. Esa indagación en la dicotomía de los deportes y los deportistas muestra a las claras no sólo dos visiones del cuerpo sino del alma, dos formas de entender nuestra existencia y la relación con nuestro entorno. Coincido con esa mostración irónica y certera del carnaval tecnificado, vacío y ensordecedor de la Fórmula 1, convertida por nuestras autoridades en una más de las desgracias políticas y económicas que sacuden nuestro país. Frente a ello la trageadia personal, íntima de la mediofondista adquiere tintes de heroicidad. Ese gesto suyo breve, tan humano, ofrecido desde el dolor del esfuerzo extenuante y desde el escrúpulo herido, cabe decir, desde el sentido ético, que la llevan a la caricia y al beso de la atleta derribada. Gesto breve que la masa convertida en jauría no sabe leer y que para los jueces no es sino muestra de la culpa. Debilidad que la convierte en víctima. ¿Dónde está el hombre, dónde el héroe?


Juan Antonio Millón

David P.Montesinos said...

Hermosa intervención, querido Juan Antonio. Un placer "verte" por aquí. Creo que merece la pena buscar por you tube la secuencia completa de la carrera y, sobre todo, de lo que pasó al acabarse. Y sí, sí pretendo contrastar dos maneras de entender no solo el deporte sino la vida, dos maneras que, más allá de cada uno de los dos personajes, reflexiona sobre lo que representan y los valores que se les asocian.

notorius said...

Uno de tus mejores escritos, planteando con sencillez y claridad una dualidad que se expresa como forma de vida. La primera parte del artículo, dedicada a Natalia Rodríguez, es espléndida, emocionante y necesaria. Habrá que plantearse seriamente una cuestión: no existe la información, sólo existe la manipulación. La pobre Natalia Rodríguez ha sido crucificada y olvidada. Y, sin embargo, tenemos que aguantar al cretino de Alonso. Te he pasado, por cierto, un correo que me ha enviado el guionista Valentín Fernández Tubau. Es un documental de un cineasta argentino (de diez minutos) a propósito de la dichosa gripe A. Es ilustrativo para el tema de la manipulación. Cada vez estoy más desesperanzado ante cualquier información que nos llega de la radio, la televisión y los periódicos. Saludos. Notorius.

David P.Montesinos said...

Conozco el video, y es francamente recomendable, gracias por el comentario, Notorius.

Carles Esquembre said...

Hola David.

Me siento especialmente identificado con tu comentario sobre la fórmula 1.

Por lo visto desde pequeños la gran mayoría de los niños desarrollan una especie de extraña atracción hacia todo lo que tenga que ver con la velocidad, las motos, los coches y el mundo del motor en general. Y a medida que pasan los años esa afición va en aumento, hasta el punto que como decía tu alumna (ese es otro tema, las niñas de hoy en día ¿¿qué demonios les pasa joder??) un chaval subido en una coche o en una moto al estilo Javier Bardem en "Jamón, Jamón" pone cachondas a las mujeres.

Yo sin embargo debo ser la excepción, nunca me han gustado las motos ni los coches (tan solo me interesan a nivel práctico y funcional, por ello me estoy sacando el carnet) lo que no quiere decir que no me guste conducir. Cuando alguna vez hemos ido con colegas en bici a algún lado los demás siempre han ido todo lo rápido que han podido y yo siempre me quedaba pedaleando tranquilamente en la última posición.

Detesto todo lo que tenga que ver con la maldita formula 1. Cuando veo a la gente mirando la televisión viendo a esos bólidos de carreras tomar las curvas a velocidades de infarto lo que veo es un signo claro de chulería y garrulismo.

Luego enfocan a los abueletes rodeados de tias buenas y aún me enfada más ver a todas esas zorras acercándose tan descaradamente a tipos asquerosos podridos de dinero.

Y a Valencia ya es lo que le faltaba, tener un circuito de fórmula 1, no sé porque no me sorprende.

En fin, menudo montón de dinero malgastado.

Un abrazo!

Margarita said...

Creo que sobran un par de palabras del post de Carles: cachondas y zorras. La primera denota un cerebro habitado en desmesura por fantasías sexuales propias de cierto género masculino. La segunda, "zorras", podría confirmar el pronóstico de misogínia crónica. Pongamos por caso que tú eres profesor, y entre tus deberes está el de atender a los padres de tus alumnos/as impresentables; por atendenderlos con una sonrisa y tragar un poco, o un mucho, ¿estaría bien si yo te llamara "chuplapollas"?.
Natalia Rodríguez cometió un error, probablemente involuntario, aunque David Montesinos es muy libre de reescribir la realidad, y que le ha costado a ella muy caro.
Nosotros/as, cuando escribimos, deberíamos controlar mejor nuestros actos instintivos.

David P.Montesinos said...

La intervención de Carles me habría parecido perfecta si, como dice Margarita, se hubiera ahorrado ese par de palabras. Dado que conozco bien al personaje, ya que fue alumno mío durante muchos años, de manera que le he visto crecer, sé que la rudeza de algunas de sus expresiones no se corresponden con su mapa moral. Conozco por contra otros tipos cuyos modales son versallescos pero que en sus prácticas cotidianas creen que la mejor mujer es aquella a la que pueden esclavizar.

Quizá tengas razón en que Natalia cometió un error, una imprudencia, diría yo. Pero insistó en que es prácticamente ganar una carrera -las de medio fondo y las de la vida- sin aguantar codazos y sin, de vez en cuando, asestarlos. El problema es que, en esta carrera, el más nimio de los contactos -no llegó siquiera a la categoría de empujón- fue el que desencadenó todo el drama. Pese a todo, lo que motiva mi interés por el asunto es lo que después ocurrió. Lo que yo vi entonces es algo que jamás veo en una carrera de Fórmula 1 y, en general, en las calles de la ciudad donde vivo: un ser humano.

Gracias por leer y por escribir.

Carles Esquembre said...

Hola de nuevo David y lectores/as de tu blog.

En primer lugar mis disculpas hacia toda persona que se haya podido sentir ofendido/a con algunas de mis palabras en mi anterior comentario.

Completamente de acuerdo con Margarita cuando dice que sobran un par de cosas, y que cuando escribimos debemos controlar nuestros actos instintivos. De todas formas me gustaría dejar claro que entre mis actos instintivos no está ni mucho menos el odio ni el insulto hacia el género femenino.

Retiro la palabra “zorras” de mi escrito, y me disculpo de nuevo.

Sin embargo creo que ha habido una confusión con el término “cachondas”.

Soy un fiel lector del blog de David y leo con entusiasmo todos sus posts y los comentarios que escriben sus participantes. Sin embargo reconozco que muchas veces mi capacidad intelectual y mis conocimientos no están suficientemente desarrollados para comprender algunos de los temas que se discuten aquí y por eso mis intervenciones son bastante escasas.

Y sí, Margarita, efectivamente mi cerebro está habitado (no sé si en desmesura o no) por fantasías sexuales, y no veo que haya nada de malo en ello ni creo que sea eso un síntoma de misoginia.

Cuando he escrito “un chaval subido en una moto al estilo del personaje de Bardem en Jamón, Jamón puede poner cachondas a las mujeres” me refería a que este tipo de personajes chulescos y macarras despiertan en algunas mujeres cierto tipo de extraña atracción y excitación sexual.

Confío haber aclarado el asunto y lamento mucho haber ofendido con mis expresiones.

Saludos!

Anonymous said...

Hola a todos,

lamento meterme donde no me llaman pero me siento obligada a responder a Carles, a pesar de no ser Margarita.

Evidentemente, no hay ningún problema en que los hombres tengais la cabeza llena de fantasías sexuales excepto porque no las teneis con mujeres sino con muñecas hinchables que se returecen y hacen acrobacias mientras ponen morritos y caritas sexis -mujeres a las que luego llamáis zorras porque hacen lo que saben, irse con el que tiene más dinero, que ese es su trabajo...- y, claro, así nos va.¡Qué forma tan "inocente" y "natural" de relacionarse con las mujeres!: "esto con tetas son objetos para que yo haga con ellos lo que mi fantasía quiera, y si en la realidad no lo hacen es o por por frigidas y estrechas, o porque son unas guarras que prefieren el dinero y los coches a mi amor sincero y romántico".
¡Qué quieres Carles! Puesta a no dar la talla (y sospecho que ninguna mujer estará a la altura de las fantasías), si al final el tío más tonto y pobre con el que me junte se va a pasar el día teniendo sanísimas "fantasías" con sus chicas... casi prefiero irme con uno igual de tonto pero con pasta... al menos mi vida será más confortable.
Así que tanquilo que no es misoginia, sólo es lo que es y sólo tiene importancia si tienes vagina, que tampoco es el caso.

Bueno, hasta pronto

Margarita said...

Muchas gracias por vuestros escritos y por las disculpas. Creo que el 50% de la humanidad lo agradece.
Desconozco el mapa moral de Carles, sólo el de su post, como desconozco el mapa moral de Natalia Rodríguez, sólo el de esta carrrera. Estoy de acuerdo contigo, David, en lo esencial. Mi comentario iba dirigido hacia un punto accesorio en este post:
la facilidad con que escribes una historia que yo no veo.

No hay nada de malo en las fantasías sexuales, Carles, pero nosotras por el mero hecho de ver a un hombre subido en una moto, o coger un pepino en el supermercado, no nos ponemos cachondas. Somos un poco más complejas, y tú lo reconoces en tu segundo post al hablar de "algunas mujeres".

David P.Montesinos said...

Gracias a ti, Margarita, en este caso con mucho sentido del humor,porque lo de los pepinos tiene gracia.

Querida anónima. Algo sarcástica. No sé, quizá me cuesta ver lo insultante del post de Carles porque le conozco bien. En cualquier caso creo que tú utilizas la segunda persona del plural de forma abusiva. Yo, por ejemplo, no le veo ningún morbo a las muñecas hinchables ni, en general, experimento gran atracción erótica en general por seres inertes. Gracias y bienvenida.

Anonymous said...

Insisto como otras veces en pedir disculpas porque los post no aparezcan de inmediato. Os aseguro que, en el peor de los casos, aparecen en unas horas y son contestados. Simple precaución.

Anonymous said...

Me gustaría responder a "Anónima".

Entiendo que te hayas sentido ofendida con algunas palabras de mi primer post y por ello ya he pedido disculpas.

Lo que no entiendo es porqué te crees con derecho a decir que las fantasías que tenemos los hombres "no son con mujeres sino con muñecas hinchables que se returecen y hacen acrobacias mientras ponen morritos y caritas sexis...", eso lo estás diciendo tú. ¿Qué sabes tú sobre mis fantasías sexuales? No sabes nada, igual que yo no sé nada sobre las tuyas.

Lo que pasa es que algunos hombres también somos bastante complejos, con una imaginación desbordante donde podemos ser capaces de desarrollar fantasías eróticas que vayan mucho más allá o que no tengan nada que ver con esas muñecas hinchables que tú dices.

Tampoco entiendo eso que dices de no dar la talla. No creo que ninguna mujer ni ningún hombre tenga que estar a la altura de una fantasía para que una relación real funcione. No tiene nada que ver, son cosas distintas.

En cualquier caso el tema que estamos discutiendo es muy interesante.

Saludos!

Carles Esquembre Muñoz

Anonymous said...

Gracias a los dos por las respuestas. David, sacástica y cínica también; utilizo de forma abusiva la segunda persona del plural porque de otro modo tendría que utilizar la expresión "todos los hombres que conozco" que es mucho más larga y, en este caso, significa lo mismo.

Cuando he hablado de muñecas hinchables, no esperaba que se interpretara al pie de la letra. Lo que pretendía decir es que, en las cabezas llenas de fantasías (no diré de los hombres que os veo muy sensibles), el fantasma, la representación mental es siempre mucho más solícita que el ser humano. La imagen mental siempre es receptiva, siempre tiene el físico apropiado, siempre hace lo que se espera, dice lo que se espera y actúa tal y como se espera; es, por tanto, mucho más cómoda y reconfortante que la realidad y, en ese sentido, la comparación me parecía apropiada: ninguna muñeca ha rechazado nunca a su comprador al igual que ningún creador es rechazado en su propia fantasía erótica... con un poco de suerte.

Carles, las fantasías son una cosa y las relaciones reales son otra, como tú bien dices. La cuestión es si realmente los seres humanos somos capaces de compartimentarnos de tal manera que una cosa no influya en la otra. Yo no estoy tan segura como tú; a mi me parece que, finalmente, es un sujeto (una unidad) el que vive e integra los dos tipos de experiencia de las que hablamos. Si no se confundieran unas cosas y otras no habría ningún problema en que los heroes de nuestro tiempo fueran gente como Fernando Alonso porque la gente no se compraría esos coches ni los imitaría; ni hay ningún problema en que se vean por la tele series que tienen como argumento la vida de una adolescente que es supermodelo y tiene una relación con un fotógrafo de 43 años, al fin y al cabo sólo es fantasía, y nadie va a sentir después ninguna frustración ni ningún rechazo hacia la realidad, ni se van a transmitir valores...

Me gustaría decir otra cosa pero mi experiencia vital me dice que, por muchas excepciones que haya (queridos David y Carles, perdón de nuevo por generalizar) cualquier mujer es un objeto para cualquier hombre mucho más de lo que será jamás ningún hombre para una mujer, y en consecuencia somos tratadas. Por muy sensibles que seais con las mujeres me parece que no deja de ser una decisión personal por la que, encima, hay que estaros agradecida. Y, en cualquier caso, cuando no os guste lo que hacemos siempre nos podéis llamar guarras, zorras, inconsistentes, y lo que se os ocurra... Un saludo.

PD: Carles, por supuesto que no sé nada sobre tus fantasías sexuales... Lo que sí sé es que no acepto tus disculpas; no tienes nada de qué disculparte, no me puede ofender tu sinceridad, más bien al contrario, te la agradezco mucho. No me tomes muy en serio, lo mio ya no tiene solución.

David P.Montesinos said...

Me siento siempre inclinado a agradecer el que se me acepte como interlocutor.

Conozco hombres -lo dije ayer- que solo se sienten cómodos ante una mujer cuando ésta responde a las expectativas de sierva que le transmitieron a mi madre las monjas. Este tipo de personas tienden a cosificar todas las relaciones humanas, aunque no tengo duda de que las mujeres suelen llevar aquí la peor parte.

Hay sin embargo algunas aristas en el discurso que haces y no me resigno a pincharme con ellas, un discurso duro, por cierto, y en algún caso incluso hiriente.

1. No formo parte de la liga de "hombres sensibles", entre otras cosas porque basta declararse algo para no serlo.

2. Emitir una disculpa es difícil para algunos, no lo es para Carles... Ni para mí, porque no las vendo baratas. Me parece bien que no aceptes la disculpa de Carles, pero creo que el tono que empleas hacia tu contertulio tiene algo de descalificatorio.

3. He leído con especial atención el razonamiento con el que refutas la pretensión de separar tajantemente la praxis cotidiana y el imaginario. La comparto y la aplaudo porque me parece certera e incluso brillante. Sin embargo, me pone a distancia la insistencia en lo de la muñeca hinchable. Insisto -y no había cinismo en lo que dije respecto a mi falta de atracción por seres inertes- lo último que tiene lugar en mis fantasías es la pasividad o la solicitud. Toda relación con otra persona -si la persona es tratado como tal y no como cosa- es una interacción. Las personas con las que merece la pena tener algo más que una relación instrumental -en la realidad y en la fantasía- no se me abren de piernas y tienen la boquita cerrada mientras las penetro. Me ofende que se sospeche de mí o de aquellos varones con que me relaciono que practico ideologías contra las que he luchado siempre.

No olvido que una feminista radical me dijo un día que todos los hombres "somos violadores en potencia". Concepción reduccionista, simplista, fascismo del mismo tipo que cuando se afirma que los gitanos son ladrones, las mujeres son tontas o los negros medio simios. ¿Por qué no una "solución final" con los varones al estilo de los nazis con los judíos? Si se es portador del Mal por el hecho de pertenecer a una etnia, sexo o tribu... ¿no sería lo más higiénico hacer desaparecer a los "infectados"?

No pretendo ser considerado "sensible", de hecho soy más bien animal -más o menos igual que mis seis hermanas, mi madre y mi abuela, las ocho mujeres con las que me crié-, pero si soy una basura no lo soy por mi condición masculina. Y por cierto, conozco tantas mujeres odiosas como hombres odiosos. Todos hemos hecho daño, y a todos nos lo han hecho...

Anonymous said...

Estimado David,

tal vez debería ser yo la que pidiera disculpas ahora. Cuando he dicho que no aceptaba las disculpas de Carles no estaba siendo cínica ni sarcástica, al contrario, lo que pretendía transmitir es que me gusta mucho intercambiar impresiones con una persona tan sincera. No admitía la disculpa porque no era necesaria. Ciertamente, le estoy muy agradecida por haber dedicado tiempo a leer mi intervención y a contestar. En este sentido, le vuelvo a dar las gracias a él y ti.

Por lo demás, en lo de las muñecas no nos vamos a entender. Yo no insisto en el tema. Yo no digo que los hombres deseen mujeres pasivas ni neumáticas; nunca lo he dicho ni lo pienso. He dicho que en una fantasía los otros y las otras participantes (activas o pasivas, da igual) siempre actúan conforme al guionista. Eso he dicho. Lo he explicado en la segunda intervención y lo repito ahora.

Y sí, por supuesto, yo conozco también mujeres odiosas en la misma proporción que hombres odiosos. Pero no entiendo qué tiene eso que ver con la relación que tradicionalmente han mantenido y mantienen los sexos; por poner un ejemplo extremo (y por favor, no me malinterpretes), en algunos lugares se lapida a las mujeres por tener una infidelidad o se las condena por tomar una copa, aunque estoy más que segura de que en esos mismos lugares hay hombres que consideran que esas mujeres son sus iguales. Lo que me parece escandaloso es que muchas mujeres se sorprendan cuando se encuentran con hombres así como si fuera una especie de lotería en la que has tenido mucha suerte ¿no debería ser esta la norma, independientemente de los buenas o malas personas que fueramos, y no una suerte?. Lo de la "solución final" lo voy a pensar...

Gracias de nuevo por contestar y, por favor, pido disculpas si he ofendido a alguien o herido sus sentimientos.

Francisco Fuster said...

No sé si voy a aclarar algo con mi intervención o, por el contrario y como imagino, aún voy a enredar un poco más el asunto.

He leído el texto de David y todos los comentarios, rectificaciones, disculpas, etc. Lo que más me llama la atención es que a partir del primer comentario de Carles (sobretodo de esos dos sustantivos de la discordia) se haya montado este pequeño lío. Más allá de lo desafortunadas de las palabras, o del tema de las fantasías sexuales que cada cual tiene o deja de tener, lo que más me llama la atención es que la perpetuación de estos debates sexistas (no digo feministas porque no los son, nos afectan por igual a ambos sexos).

Como historiador que ha trabajado la historia de las mujeres y la literatura feminista, estoy acostumbrado (David lo sabe) a debatir con mujeres sobre estos temas, tanto a nivel académico, como a un nivel más de bar o charla informal con amigas. En este tipo de debates, no podemos tomar las cosas al pie de la letra porque nos vovlemos locos; hay que fijarse más en el contexto de las palabras. Lo digo por el tema de las generalizaciones. Es evidente que no se puede hablar de "los hombres actuales..." o de "las mujeres de hoy en día...". Está claro, pero también está claro que es una forma de expresarse que no se puede tomar al pie de la letra. Las personas estamos acostumbradas a trabajar con categorías y tipos ideales que no existen, pero es la única forma de entendernos. Si tuviéramos que matizarlo todo, no podríamos. Por eso, muchos de estos debates sexistas (no digo éste concreto) se pierden normalmente en las formas y en temas menores sin llegar al fondo del asunto.

Por eso, le digo a Margarita que es verdad que debemos controlar el instinto cuando escribimos, pero también es verdad que estamos en un blog personal y que no es lo mismo esto que un trabajo para la universidad o un artículo en prensa. En el caso de la palabra "zorra", yo no la suelo usar, ni aquí ni allá, pero también reconozco que en mi blog no uso el mismo lenguaje que otros ámbitos.

Por eso, vuelvo a insistir en que a veces conviene fijarse menos en las formas o verlas en relación a su contexto, y centrarse más en el contenido.

Y una última cosa: siempre habrá mujeres que sean objetos para hombres y viceversa. Por ejemplo, ahora me viene a la cabeza el infame - y sin embargo sociológicamente muy interesante - programa que hacen en Telecinco llamado "Mujeres y Hombres. Y viciversa". Este programa y la forma en que diez valerosos hombres luchan por un mujer como si fuera un trofeo, o diez mujeres se tiran de los pelos por un cachas de gimnasio, es un ejemplo perfecto de que en ambos sexos abundan las personas sin ningún gramo de amor propio. Y eso programa, como toda la televisión, no es más que un reflejo a escala de lo que sucede en la calle.

PS: Dentro de unos días colgaré en mi blog un artículo sobre feminismo y sexismo que escribí hace unos días al hilo de una polémica notícia.

David P.Montesinos said...

Gracias a ti por tu paciencia, querida... también por las aclaraciones, sin objeciones por mi parte esta vez.

Margarita said...

Sinceramente Francisco, lo has enredado. Que no se pueden justificar esas palabras, aunque sea un blog. Esta cueva, creo, quiere alumbrar, no oscurecer.

imperfecto said...

Iba a empezar con un... "disculpadme... bla bla bla"

pero he cambiado de opinión... por respeto al lugar y a nuestro anfitrión no voy a calificar a nadie, a lanzar dardos envenenados sobre algunos de los comentarios que se han vertido en este tema y no por falta de ganas; sólo compartiré con vosotros, si me lo permitís, mi visión del asunto.

A mi me encanta poner cachonda perdida a mi mujer... con pepino, con vespino o con maullidos de minino... de la misma manera me mosquearía, más que un pavo escuchando una pandereta, si esa misma zorrona no se comportase cómo tal, al menos, de vez en cuando.

Creo que expresiones escritas sin ningún ámino peyorativo (cómo imagino nadie pensará lo he hecho yo al respecto de mi señora esposa a la que no solamente deseo sexualmente si no que respeto cómo persona profundamente) despectivo o de generar polémica se han inflado, cual inocente muñeca hinchable, con el más fétido de los gases, el prejuicio, repletito, este, de connotaciones que, por su caracter, resultan hoy poco menos que decimonónicas y aparentemente superadas...

¿donde está el agravio en afirmar que os podais poner cachondas con un tipejo subido a una moto o calificar cómo zorrona a una hermosa e inteligente, en la mayoría de casos, mujer desinhibida que aprovecha su intelecto y/o belleza para seducir y disfrutar del cuerpo o la pasta de alguien?...

Si, es cierto que muchos hombres hemos de superar algunas tendencias y comportamientos misóginos pero de la misma manera que muchas mujeres convendría que ciñeran su mal llamado feminismo a si mismas permitiendo que el resto de sus congeneres piensen y hagan aquello que les plazca y les acerque a su concepto de felicidad sin que ello suponga el menosprecio hacia ellas, y de rebote, hacia el machito que tiene al lado.

La verdad es que me parece mentira que todavía, hoy, gente joven e inteligente sea tan poco tolerante con la libertad individual utilizando idénticos argumentos a los que utilizaban censores machistas de hace cuarenta años...

un cordial saludo a todos.