Friday, October 20, 2017

VOLVER A LA ACADEMIA

La noción extendida sobre el idealismo político de Platón es, sospecho, tan inexacta como la que define el "amor platónico": aquél que inunda el alma con su luz deslumbrante sin manifestarse en tanto que deseo sexual. No abandono el error y sus consecuencias si afirmo que el intelectual llega a morar en el mundo de las ideas desde el momento en que renuncia a los juegos de la política, a sus vanidades, a sus injurias. 

Veamos. En la Carta Séptima un Platón ya veterano reconoce haber renunciado a la "política activa". Sometida ésta a toda suerte de vértigos y mezquinos intereses privados, la distancia entre el ideal de justicia y la práctica cotidiana del poder se le hace insoportable. 

Sabe bien por qué dice lo que dice. Su amado maestro, Sócrates, fue condenado a muerte por la Asamblea tras un duro proceso en el que hubo de defenderse de las insidias de sus numerosos y encarnizados enemigos. Se le reprochaba connivencia con el gobierno tiránico y filoespartano de Los Treinta, entre los que figuraba alguno de sus familiares. No contempló suficientemente la Asamblea que cuando Los Treinta "invitaron" a Sócrates a participar en una caprichosa detención éste arriesgó el pellejo negándose a obedecer. ¿Cómo puede la polis condenar al más justo y sabio de entre los hombres?, se preguntaba el joven Platón mientras asistía junto a sus condiscípulos al momento en que el maestro tomó la cicuta.  

Traumatizado para siempre, decidió abandonar el Ática y descifrar los secretos de la sabiduría entre las ruinas de Egipto, donde tuvo noticia de la Atlántida. Viajó a Siracusa para habitar en la corte de Dionisio el Viejo en calidad de asesor político, habida cuenta de la fama que ya había alcanzado en Atenas como sabio de la filosofía y las matemáticas. 

Allí conoció al joven Dión, a quien guió en su viaje hacia el resplandor de la verdad suprema, la idea de Bien. Platón entendió que el hedonismo que dominaba a los habitantes del sur de la Itálica alejaba al reino de cualquier proyecto político basado en la Justicia. Aquello terminó por enojar el viejo Rey de Siracusa, sobre todo cuando, tras espetar a Platón que hablaba "como un viejo cascarrabias", éste le contestó que prefería ser un cascarrabias antes que un tirano. Dionisio captó la indirecta, de manera que si Platón salvó la vida fue sólo por su prestigio en el Mediterráneo Oriental, que hizo pensarse al Rey la tentación de sacarle a aquel sabiondo la piel a tiras. Hubo no obstante de abandonar por mar Siracusa en calidad de cautivo, terminando por ser vendido como esclavo en el puerto de Egina, ciudad que había jurado matar a cualquier ateniense que pisara sus calles. 

Un misterioso cirenaico, reconociendo al filósofo, pagó su precio con la única intención de liberarlo para ayudarle a regresar a Atenas. Dión, al conocer la peripecia de su amigo, reembolsó al cirenaico lo invertido, pero éste, convencido de haber actuado con justicia, invirtió aquel oro en comprar un terreno en el Ática para que Platón cumpliera su sueño de fundar la Academia. 

Me atrevo a pensar que aquel gesto de un casi anónimo admirador de la filosofía es uno de los hitos fundacionales de la civilización europea. La Academia, pese a que siempre hubo laureados y plebeyos empeñados en su destrucción, duró casi un milenio. Ya bajo la dirección de su templo, Platón no dejó de afirmar su desprecio por quienes se dedicaban profesionalmente a la política. Y, sin embargo, nunca olvidó que su supremo interés era formar a los futuros salvadores de la polis. Además, no es cierto que hubiera abandonado los corredores del poder para siempre. Hubo nuevos viajes a Siracusa. 

Su segundo estancia no fue más tranquila que la primera. Dión le notificó con entusiasmo que, fallecido ya el viejo Rey, había subido al trono Dionisio el Joven, de quien esperaba grandes cosas. Su decepción debió ser colosal. Cuando llegó el maestro se encontró con un escenario mucho más oscuro de lo que imaginaba. El Rey acusaba a Dión de formar parte del cenáculo de quienes conspiraban contra él. Dión fue finalmente obligado a exiliarse y la posición de Platón se complicó, pues inevitablemente se le asociaba al hombre caído en desgracia. Sin embargo, el Rey insistió al viejo en que siguiera a su lado. De alguna manera su prestigio le era útil, pero Platón se sentía poco menos que como un esclavo privilegiado y tomó la senda del puerto para regresar al Egeo en cuanto pudo. No sería la última visita, hubo una tercera en 360. 

Algún tiempo después, y contra todo pronóstico, Dión decidió regresar triunfal de su exilio con un ejército de mercenarios con el que derrocar al Rey de Siracusa. Invitó a Platón a formar parte de aquella guerra, pero el viejo maestro se negó, haciendo ver a Dión que aquel intento de imponer un gobierno justo por la fuerza era lo contrario de lo que le había enseñado. Dión acabó finalmente con el tirano, pero su gobierno fue igualmente tiránico y no tardó en ser a su vez derrocado y muerto. Platón fue también inquirido por los nuevos apoderados de Siracusa. Les insistió en que intentaran que su gobierno se basara en el ideal de justicia y no en la fuerza de las armas. Obviamente no le hicieron caso.

Platón vivió ochenta años, una longevidad digna de dos vidas en su tiempo. Nunca dejó de pensar sobre la única de sus verdaderas obsesiones, que no eran las matemáticas, ni la metafísica, ni el amor, sino la polis y la posibilidad de construir un gobierno justo. 

Vivimos tiempos en que cualquiera se cree capaz de efectuar estimaciones políticas desde la barra de un bar, pegando alaridos desde twitter, exigiendo porras y encarcelamientos o colgando una bandera en un balcón. Yo reclamo regresar a la Academia, porque la política -como las matemáticas, como el amor, como la vida- es una forma de sabiduría, seguramente la mayor de todas.  

Saturday, October 14, 2017

FRAY BARTOLOMÉ DE LAS CASAS, PROTECTOR DE LOS INDIOS

En momentos de zozobra uno tiende a regresar a sus referentes. Es, supongo, una manera de ceder a un instinto de autoprotección. Debe ser esa pulsión freudiana la que me inclina a regresar a los ensayos de Juan Goytisolo, concretamente a Furgón de cola, un texto de 1962, cuando en pleno desarrollismo el Régimen intentaba adecentar la fachada ante la afluencia extranjera. Un artículo olvidado sobre el esencialismo hispánico de Menéndez Pidal despierta mi atención. 

La trascendencia de la ingente obra investigadora de RMP sobre la literatura castellana no admite dudas ni regatea agradecimientos en el joven Goytisolo que, conviene no olvidarlo, escribe desde el exilio voluntario de París. 

RMP estaba obsesionado por Fray Bartolomé de las Casas, sobre el que lanzó todo tipo de imprecaciones, por ejemplo la de estar "loco de remate" o la de ser un resentido y un paranoico obsesionado con envenenar las glorias de la colonización americana. Como sabemos, Las Casas ha pasado a la historia como fundador, junto a Francisco de Vitoria, del llamado "derecho de gentes", origen de una larga secuencia ética y jurídica cuya estación final, a siglos de distancia, sería la Declaración de los Derechos Humanos. 

En Destrucción de las Indias, en un momento todavía muy temprano de la colonización, Las Casas presenta una descripción interminable de atrocidades cometidas por los conquistadores, cuya crueldad sin límites se ensañaba sobre las comunidades indígenas por la enfermiza obsesión de encontrar oro y plata. Ya en escritos anteriores, producto de un esfuerzo incesante que mantuvo durante su larga vida y hasta la muerte, Fray Bartolomé trató de llamar la atención de las autoridades de la metrópoli sobre el trato inhumano que se otorgaba a los indios. El cronista Gómara, acompañante de Cortés, presentaba como gloria de conquista sobre los bárbaros lo que el dominico desenmascaraba como una suerte de tropelías y un escenario infernal de sangre e infamia. 

Las Casas nunca tuvo dudas, lo único que justificaba el imperio era la evangelización de los indios. Quizá fuera un asceta y, como sugiere RMP, un iluminado del diablo, destinado a alimentar la leyenda negra que los enemigos europeos escamparían después sobre el imperio donde no se ponía el sol. Ciertamente, su biografía está llena de sinuosidades y contradicciones, aunque lo que RMP presenta como las debilidades de un tipo movido por la envidia, constituyen a mis ojos -y creo que a los de Goytisolo- las trazas de un coloso, un personaje fascinante cuya influencia sobre el mundo moderno habría de situarle al lado de un Erasmo de Rotterdam y como precursor de monstruos como Rousseau. 

Las Casas se equivocó en muchas cosas, pero cada vez parece menos claro que fuera un "exagerado patológico", como pretende RMP. Es cierto que demandó a Su Majestad el envío de "negros africanos" con los que trabajar en las minas para evitar la muerte masiva de "mis indios", pero también lo es que antes de morir se arrepintió de aquella evidente incongruencia. A ella por cierto se refiere Borges  con considerable injusticia en uno de sus relatos de Historia universal de la infamia, el titulado El atroz redentor Lázarus Morell.    

Llama la atención la insistencia de RMP en ensalzar la figura de Juan de Vitoria para desacreditar la de Las Casas en tanto que creadores del "Derecho de Gentes". Pese al acuerdo de ambos dominicos en la defensa de los indígenas, Vitoria acepta que las necesidades comerciales justifican las guerras y la esclavitud hacia los insurrectos, en razón de la estéril barbarie de los nativos, incapaces de explotar los recursos naturales porque carecen de la iniciativa de los conquistadores. Son hijos de Dios y, por tanto, humanos, pero no como nosotros, se diría que son niños que necesitan el cuidado y la instrucción de un adulto. Vitoria, a ojos de Menéndez Pidal, legitima la conquista, la humaniza... Vigila posibles excesos pero, en última instancia, acepta que la violencia y el expolio son un pequeño precio a pagar para los indios, que saldrán de su condición prehistórica gracias a tantos y tantos bienes como les transmitirán los españoles. 

¿Por qué ese "resentido" sevillano que llegó a ser Obispo de Chiapas y nombrado por la Corona Protector Universal de Todos los Indios no supo apreciar la grandeza de la empresa? Sólo era un destructor, nos hace ver RMP, un fraile trastornado por los Trópicos que se quedó en ideales medievales. Curioso, es en Vitoria en quien RMP ve la modernidad y en Las Casas donde se manifiesta un pasado que el Renacimiento está ya dejando definitivamente atrás. 

Las Casas, y aquí interviene Goytisolo con evidente acidez hacia Menéndez Pidal, no quiso ver la esencia eterna de la España del Cid, no entendió esa metafísica surgida de los páramos castellanos que convirtió a los conquistadores en arquetipos de un destino universal. La españolización de las Indias era el cantar de gesta que necesitaban los juglares después del Mío Cid y que, en la línea del Amadís, demostraban nuestra condición de nación elegida. 

La gloria, de nuevo la gloria, siempre la gloria... César, el Cid, Amadís y las Sergas de Esplandián disculpan crímenes, matanzas, esclavitud, matanzas, destrucciones. El gran poder militar y las grandes guerras en que sueña nuestro historiador. El gran poder militar y las grandes guerras en que sueña nuestro historiador han sido creadas, diríase, para templar el duro ánimo de los españoles. Singular privilegio el nuestro. Poseedores de un destino particular y único. De una Meseta impregnada de valores metafísicos. De una misteriosa esencia a prueba de milenios.

Esto decía Juan Goytisolo en El furgón de cola. Murió, con una repercusión ridícula, el año pasado. Nació en Barcelona, pero está enterrado junto a Jean Genet en Marrakesh. Sin duda era un mal español. Y también un mal catalán. 

Friday, October 06, 2017

NO, AMIGOS, LA REPÚBLICA CATALANA NO ES UNA OPORTUNIDAD

Algunos amigos han intentado convencerme en las últimas semanas de que el "Procés" y su resolución deseada, el nacimiento de la República de Catalunya, constituye una inmensa oportunidad de hacer una sociedad mejor, y no sólo para los propios catalanes, también para los demás pueblos que forman parte actualmente del estado español.

Miren, yo creo que arrastramos algunos hábitos de pensamiento que remiten a un paisaje socio-político felizmente al actual: el Régimen de Franco. En lugares como Catalunya o Valencia, aunque también en Galicia o Euzkadi, la oposición a la Dictadura hizo embarcar en la misma nave a fuerzas tan dispares como el comunismo y el cantonalismo. Franco no sabía muy bien de qué hablaba cuando se refería a "la conjura judeo-masónica" como quien nombra a la bicha, pero creo que reunía bajo tan delirante palabro a todos los que le molestaban. En cuanto a aquellos, incluso en Madrid coreaban canciones de Lluís Llach creyendo que aquella estaca que entre todos habríamos de tumbar era el Tirano y no la idea de España.

Décadas después seguimos equivocándonos, no entendemos que aquella convergencia era coyuntural. Uno puede creer que es muy progresista pretender autogobernarse, pero no parecen serlo tanto el empeño en levantar muros y fronteras, la obsesión identitaria o la negativa a aportar fondos solidarios y de cohesión hacia comunidades menos desarrolladas. Tampoco conviene olvidar el daño que al movimiento obrero le han hecho históricamente los nacionalismos, auténtico cáncer para el proyecto de las distintas Internacionales proletarias. 

Y sí, la izquierda es por lo común más sensible al hecho diferencial y el carácter plurinacional del Estado por una sencilla cuestión de principios éticos. La derecha suele ser nacionalista, no hay más que fijarse en el PP, en Trump o en Le Pen, con lo cual no es sorprendente, frente a los nacionalismos que le perturban, que opte por el derecho de conquista y la ley del más fuerte, de lo cual tuvimos un ejemplo en las brutalidades del 1-O. El diálogo le interesa bien poco. 

Volviendo a los principios que siempre definieron el discurso de izquierda, no creo que nos encontremos ante una revuelta de clase, sino más bien ante un motín de trasfondo identitario dirigido por una burguesía cantonal.

¿Y la CUP? Sospecho que es lo que los biólogos llaman una especie oportunista. Quizá toda revolución necesite sus sans-culottes, pero dado que la obsesión de Puigdemont y su gente es ahora mismo el reconocimiento del Estado Catalán por la Troika europea, no veo que la CUP, por su supuesta vocación antisistema, termine siendo para ellos otra cosa que un estorbo. Y ya sabemos cómo acabó Robespierre. 

Advierto en los autores del Procés una tendencia a ver el Mal en lo español, identificándolo con la idea de un Estado opresor. Este planteamiento tiene bases históricas, no hay duda, pero parece difícil convencer a un jornalero andaluz de que el Estado es un mal en sí mismo, pues para aquél el mal no es el conglomerado nacional del que forman parte, sino los latifundios y los caciques. Es esta la razón por la cual en Andalucía, al contrario que en Catalunya, jamás gobierna la derecha. 

No es nada escandaloso que para un ciudadano de Catalunya los españoles resulten plastosos y antipáticos, pero hablar de la descomposición de España como una oportunidad para todos los pueblos que conforman el viejo Estado es saltar de forma tramposa desde la propia fobia hasta los intereses de los vecinos frente a los que uno planea levantar muros en breve. En este sentido, pertenecen a la misma lógica las opiniones que llaman fascista a Joan Manuel Serrat -hay que ser ignorante- que las que nos identifican a todos los españoles con Rajoy. Pretender que España sea -como he oído últimamente- un "estado fallido" es no saber lo que es un estado fallido, aludir a lo español como perverso me parece un ejemplo de racismo. 

Subyace, aunque raramente se enuncie, la presunción de que "los catalanes somos mejores, ergo nuestro Estado será mejor". En un tiempo en que el sistema parlamentario ha fracturado su credibilidad social por la corrupción, cuesta aceptar el complejo de superioridad catalán teniendo en cuenta que el asunto del tres por ciento es uno de los casos de corrupción sistémica más escandalosos que jamás hayamos conocido. No obstante siempre he pensado que Catalunya es una nación con más inclinaciones europeístas que el resto de comunidades del Estado, quizá incluso sea -y acaso estoy ya cayendo en el racismo que denuncio- más civilizada y pacífica, pero los mecanismos de su innegable prosperidad son burgueses. Eso no es malo ni bueno, pero es suficiente para que no pensemos que lo que está emergiendo es una república socialista. Conviene no olvidar que el fenómeno de la lucha obrera en el Principado está a lo largo de la última media centuria vinculado a la inmigración procedente del Sur de España, la cual no se siente mayoritariamente representada por los independentistas. Lo que ahora presenciamos no es un episodio de la lucha de clases, es otra cosa. 

He defendido en distintas ocasiones el derecho a la autodeterminación de Catalunya. Voten que sí si creen que les va a ir mejor sin nosotros, pero no me pidan que comulgue con una operación que va a lesionar seriamente el futuro de millones de personas que, honestamente, creemos que España está mejor con Catalunya que sin ella. La verdadera oportunidad es luchar entre todos para alcanzar una sociedad más justa.   

Friday, September 29, 2017

RUPTURAS

Ya sé lo que dije, que no volvería a dar la murga con el asunto catalán, pero como dice el Doctor House, "Everybody lies". Está siendo omnipresente en estos días, y malicio que lo va a ser por mucho tiempo, en parte porque muchos catalanes creen que deben asumir ese protagonismo en el momento actual, pero también porque las fuerzas que lideran la célebre colisión les viene de cine para hacer crecer su popularidad entre sus votantes. Rajoy y Puigdemont coinciden en muchas cosas, los dos son malos gestores de la cosa pública y saben que el "procés" les puede ayudar a disimularlo; los dos son de derechas y creen que la desigualdad es un bien; los dos dirigen partidos sumergidos en las pútridas aguas de la corrupción... y, últimamente, me asalta a menudo la impresión de que son un par de irresponsables. 

Otra sensación que me sobreviene recién es la del hastío hacia ese rol de "moderación" o "equidistancia", cuando no de "neutralidad", que desde una y otra trinchera se atribuye a quienes piensan como yo respecto al asunto. Yo no soy moderado, yo soy un demócrata radical, lo suficiente como para entender que en cualquier conflicto, especialmente en los más inflamados, la posibilidad de imponer la propia voluntad sin ceder en nada pasa por arrollar al oponente, algo de lo que ya hemos tenido larga experiencia en la piel de toro. 

Pues bien, andaba yo de matutino paseo hacia el trabajo en estas cogitaciones y desvaríos cuando súbitamente me invadió una nueva y misteriosa intuición, la cual -debo confesarlo- no hace sino crecer según pasan las horas: ¿por qué no aceptar la posibilidad del "adiós"? No pensaba en Catalunya en ese momento, no sólo en ella, pensaba en lo que ha sido mi vida. 

Hagamos memoria. Mi biografía está repleta de rupturas. Decía Cioran que de responder a sus primeros instintos se pasaría el día escribiendo cartas de injurias y despedidas. En mí no son instintos, ha sido la vida, qué sé yo... las circunstancias, mi impaciencia, la plomiza contumacia de mis prójimos.

A lo largo de mi vida he amado a pocas mujeres, lo hice siempre sin grandes añagazas y con pocas traiciones dignas de grandes coros trágicos... las amé a veces con manifiesta imprudencia. Alguna que otra, como es fácil suponer, me dejó tirado en la estacada. No se lo reprocho, merecían a alguien mejor o a alguien peor que yo, estaban desajustadas conmigo y tuvieron la perspicacia para verlo antes que yo. Se fueron, lloré mucho, sobreviví... salí de aquello sin romperme del todo, creo que incluso siendo mejor de lo que fui.  

Ha pasado lo mismo con ciertos vínculos afectivos o del tipo que sea que llegaron a adquirir mucha intensidad. Algunos se cortocircuitaron en algún momento y se apagaron para siempre. A veces, la cómoda posibilidad de satisfacer los deseos de aquellas personas o de hacerles creer que yo era quien ellos creían y seguramente deseaban me hizo quedar entre la espada y la pared... y opté por la ruptura. Dejé de verles y disipé las dudas respecto a si podría vivir lejos de aquellas personas. Son situaciones duras, dejan jirones en el alma, pero la experiencia me demuestra que el martirio de soportar a tiranos toda la vida es mucho más atroz que el miedo a sentirnos solos y desamparados cuando nuestro barco se aleja hacia alta mar de aquella isla de aires pútridos en la que permanecimos tanto tiempo. 

Llevo semanas intentando convencer a los secesionistas de que no me abandonen. En las últimas horas me asiste el desánimo, no es porque crea que van a ganar "la batalla", sino porque si hay algo que pisotea mi dignidad es que haya de acompañarme alguien que no desea hacerlo. Tengo vocación de muchas cosas malas, pero no de pelmazo. Estoy pensando en las tremendas cesiones que el Gobierno de España tendrá que hacer a Catalunya para aplacar por un tiempo la tentación soberanista, como por cierto ya se hizo con el País Vasco. Pienso en lo mal que le va a mi tierra, el País Valenciano, ferozmente discriminado con la financiación de las autonomías y... no sé, pienso que esto de optar por el Estado roto o el Estado de los privilegios es como lo del fuego y las brasas. 

Sí, señores de la Catalunya independentista, yo también pienso en lo mío, a ver si se han creído que los demás somos tontos. 

Friday, September 22, 2017

ANORGASMIA REVOLUCIONARIA

Se acabó, juro que voy a estar un tiempo sin hablar de lo único... ni con ustedes ni con nadie. No es sólo por no seguir dándoles la lata, que también, sino por higiene personal. Que se rompa España si tiene que romperse, pero yo prefiero hablar del gordito de Corea o de Trump, que también nos van a joder a todos, pero al menos son tan mamarrachos que terminan haciendo gracia. 

Y hablando de humor, no sé si conocen el chiste ese del loro que le pregunta a su amo dónde le pilló el terremoto... ¿Dónde les pilla a ustedes?, quiero decir, ¿qué sensación les produce el asunto catalán? ¿Tienen miedo? Parece razonable tenerlo... ¿Están indignados? También es lógico, ustedes advierten como yo que hay quienes están encantados con los grandes tumultos, pues hacen negocio con ellos. ¿Indiferencia? Bueno, es una opción... A mí, lo que me pasa es que no consigo entusiasmarme con lo que veo en las últimas horas, es como si todo me sonara a un poco de mentira. Esto me provoca cierta turbación interior que me invita a encender el teléfono y avisar a mi psicoanalista, a ver si encuentra algo: ¿por qué se apaga mi viejo ardor juvenil ante los movimientos de masas? ¿Por qué esta anorgasmia?

A ver, la movida catalana reúne en apariencia todos los elementos para configurar una escena revolucionaria como Dios manda. Hay una exigencia popular de libertad masivamente expresada en manifestaciones populares multitudinarias; hay una respuesta represiva y autoritaria, con prohibiciones de actos en la calle e impresiones clandestinas de papeles; hay incluso "presos políticos"... Rajoy nos cae mal, no es que Puigdemont sea un ángel, pero uno ve a Lluís Llach, a Guardiola y a los jóvenes universitarios de Bellaterra enfundados en la senyera y gritando libertad, libertad y... no sé, entrarían ganas de cantar L´Estaca... De no ser porque no me entran, claro. 

He dicho en anteriores escritos que no encuentro manera de deslegitimar la voluntad de convocar un referéndum, y he insistido en que, no siendo "este" referendum el que llevará a una proclamación aceptable de la nueva República, tampoco veo de qué manera evitar que termine pasando lo que la inmensa mayoría de los catalanes desean, es decir, ser consultados con plenas garantías sobre su futuro como la nación que, sin ninguna duda, ya son.  

Bien, y ¿por qué entonces me deja tan frío? Se me ha pasado por la cabeza pedir la doble nacionalidad, una posibilidad que algunos valencianos ya barruntan, pero temo que los catalanes, que son muy civilizados y muy guays, pero rácanos como la madre que los parió, me la van a hacer pagar y no barata. En cualquier caso tampoco me pone mucho esa opción. No sé, creo que es eso de las patrias, los himnos y las banderas... nunca acaba de remover mis fibras emocionales. Cuando algunos catalanes gritan felices y desafiantes eso de "adiós, España, adiós" me pregunto si son conscientes de que la barrera que pretenden levantar -porque de eso se trata, de poner muros- no sólo les aísla de unos cuantos fachas mesetarios y cerriles, sino de otros muchos españoles civilizados que -como es mi caso- jamás aceptarán que los catalanes son unos extranjeros y que cuando pasas de Vinaroz has cambiado de país.

Debe ser que he envejecido porque, ya ven, el 15M si me conmovió. Encontraba en aquello una voluntad de sumar, de encontrarse, de dialogar, de afrontar juntos los problemas. Lo vi también en las concentraciones contra los desahucios, o en Occupy Wall Street, o en la Primavera Árabe, o qué sé yo, el zapatismo de Chiapas y hasta el Mayo Francés, por aquello de hacer memoria...

Me hago mayor, sí... la cosa no tiene remedio.  




Friday, September 15, 2017

¿GOOD BYE, ESPAÑA?

Recuerdo una película sobre el conflicto de la antigua Yugoslavia, "En tierra de nadie", de Danis Tanovic. Un soldado herido yace sobre el suelo. No puede levantarse porque bajo su cuerpo hay una bomba que estallará irremediablemente en el momento en que su cuerpo deje de ejercer su peso sobre ella. El infortunado pide ayuda a los que pasan por allí, pero nadie sabe qué hacer para salvarle. Al final, uno de ellos dice lo que todos intuyen pero nadie se atreve a poner en voz alta: "ese hombre ya está muerto". Suena raro porque el soldado está tan vivo como usted o yo, pero, salvo que alguien encuentre un inimaginable remedio, la realidad es así de cruda, sólo hace falta atreverse a decirlo sin remilgo. 

Bien, pese a que suene a cinismo, seré igualmente crudo: Catalunya ya no pertenece a España. Dan igual todas las trabas, todos los impedimentos legales, las amenazas: si los catalanes han dejado de sentirse españoles, entonces ya no lo son, es así de sencillo. 

Suena a derrotismo, a dar la batalla por perdida, sobre todo si tenemos en cuenta que soy lo que podríamos llamar un unionista. No duermo con una bandera de España a modo de manta, no soy un patriota fervoroso ni intenso. Simplemente intento no ser hipócrita, y el caso es que yo no deseo que haya secesión. Soy lo que un alemán o un hispanoamericano dirían que soy si me conocieran: soy tan español como Cervantes, los páramos yermos de Almería o la Segunda República. Seguramente soy un mal español, pero me parece más patriota eso que pedir amnistías fiscales, que es a lo que se dedican los que más inflaman el alma con el fervor patriótico. 

Sí, lo sé, no está claro que exceda de un cincuenta por cien el porcentaje de catalanes que no quieren ser españoles. Pero viendo como ha evolucionado la cosa últimamente temo que es cuestión de tiempo, de poco tiempo. Este referéndum no va a valer, eso lo sabemos todos. No sólo no es legal, ni siquiera es legítimo porque responde a una maniobra de chantaje que se ha saltado garantías esenciales tanto de los propios ciudadanos catalanes como las de los del resto del Estado. Pero todo esto no tiene mucho más valor que el coyuntural: podemos, como un tipo al que escuché ayer destilar en el bar un rencor feroz contra los catalanes, pedir a Rajoy que envíe a los tanques a pasear por la Diagonal... Pero, ¿y qué? La realidad esencial no cambia. 

¿De verdad no vemos el problema? Las nuevas generaciones catalanas ya han asumido mayoritariamente que España tiene poco que ver con ellas. Ni siquiera arrastran un viejo rencor acumulado contra el Estado, simplemente han entendido que en el contexto globalizado en que se halla el mundo su pequeño país es perfectamente capaz de sobrevivir como tantas otras naciones europeas a las que los antiguos conglomerados macroestatales como Yugoslavia o la URSS les parecían un lastre.    

¿Tienen razón? ¿Les iría mejor por separado? No lo sé, no tengo respuestas concluyentes, pero tampoco me parece honesto sumarme al coro de los que pretenden meter miedo: no acabaremos así con "el procés", que antes que de secesión es de desafección. 

¿Qué hacemos? No lo sé, pero sí sé que no recuperaremos a Catalunya con la estrategia de Rajoy, al que la historia negra de este país podría reconocer algún día como el Presidente del Gobierno más irresponsable de la democracia. Podemos, como él, creer que sin mover un solo dedo la cosa escampará. O que es una simple cuestión de dinero. Pero no, esto va mucho más en serio. 

Es cuestión de tiempo que haya un referéndum, no éste, desde luego, pero sí otro que establezca unas garantías de las que el 1-O carece completamente, en gran parte por culpa de sus organizadores. Si hay otra solución estaré muy agradecido de que se me comunique. Pero lo que sí tengo claro es que no solucionaremos el problema haciendo como que no existe. 

...Entre otras cosas porque cada día que pasa se agrava. Y el soldado sigue tumbado en tierra, sin que nadie sepa cómo salvarle.  

Saturday, September 09, 2017

¿ABSTEMIOS?

A mí esto de la secesión me da un poco de rabia: joder, toda la vida esperando oír a alguien proclamar una república popular y va y resulta que a mí me excluyen; toda la vida esperando que los líderes de la revolución proletaria me salvaran y va y resulta que las chicas de la CUP dicen que no estoy invitado al paraíso que se prepara al norte de mis tierras. 

Chistes malos al margen, lamento no experimentar grandes convulsiones emocionales con este asunto. El amor que deparo a Catalunya se compensa con lo mucho que me fastidian muchas cosas que suelen hacer los catalanes, empezando por la inveterada costumbre de echarle a Madrid la culpa de todo lo que ellos hacen mal. Por otro lado, me resisto a pensarme a mí mismo descontando la lengua y la cultura castellanas, la Alhambra, los callejones colindantes a la sinagoga de Toledo, las pinturas del Prado o la magia del cante jondo. Pero el ardor patrio con que tales vibraciones podrían incendiar mis entrañas tiende a congelarse cuando me acuerdo tantas y tantas veces cómo a lo largo de mi vida he visto a los peores del país agitando con arrobo -henchidos los corazones, prietas las filas- la enseña rojigualda. 

Lean el artículo de Fernando Savater que les enlazo. Yo quise mucho a este señor, no me arrepiento, aún hay rescoldos de la admiración que llegué a entregarle por su coraje. Pero nada es incondicional, y no se puede aceptar un discurso tan venenoso, tan falaz y tan antidemocrático como éste, en el cual llama de forma más o menos eufemística cobardes a todos los que en este asunto -y supongo que en cualquier otro- no pensamos como él. (Insultar a los discrepantes se vende barato en las últimas semanas, desde que se inflamó al máximo el asunto catalán) 

Lean a continuación el del otro caballero, situado en la trinchera contraria, pero entregado a un discurso similar -ya se sabe que los extremos se tocan-: la izquierda española no se alinea decididamente con la secesión porque aún no ha entendido que España es la causa de todos los males y que los independentistas catalanes marcan la hoja de ruta de nuestra propia salvación. No comento más, es una argumentación demasiado cutre, pero si semejante sarta de gilipolleces le recuerdan a alguien a lo que escribe Savater es que el hombre que nos enseñó a Nietzsche y Cioran debería preocuparse. 

Abstemio, neutral, tibio... y por la misma cuesta descendente termina uno siendo cobarde, acomodaticio y cosas peores. El pequeño problema es que yo no soy neutral ni abstemio, simplemente no pienso darle la razón a quienes no la tienen, y ninguno de los dos autores que he linqueado la tienen porque su discurso, antes que anti o pro independencia, es profundamente antidemocrático. 

Miren, esto en realidad es sencillo. 

Yo no quiero que Catalunya se separe de España. Pero no soy idiota. Aunque sospecho que el porcentaje de catalanes que realmente desean la independencia es menor del que pretenden los defensores del "procés", es impresentable ignorar que las estadísticas demuestran que una mayoría arrolladora de catalanes desean un referéndum de autodeterminación, aunque sea para votar que no. Ya sé que no todo es voluntad popular mayoritaria y que no todo se soluciona organizando votaciones. Pero el imperio de la ley no es garantista si no admite la posibilidad de cambiar dicha ley cuando los derechos de personas y multitudes lo hacen exigible. Soy consciente de que un referéndum en Catalunya abre puertas peligrosas, pero habremos de prepararnos para un futuro en el que la unidad del Estado no sea incuestionable. Dice Rajoy que ser independentista es un derecho, pero si se arranca de raíz y sin debate posible la expectativa de que tal ideología pueda alguna vez traducirse en hechos, entonces ser independentista es un derecho tan intransitivo, vacío y estéril como ser partidario de que los templarios gobiernen el mundo o que las ranas críen pelo. 

No sé si me explico: no encuentro la manera legítima de decirle al ochenta por cien de catalanes que desean ser consultados que el referéndum no se va a hacer, ni éste ni ningún otro. A partir de ahí lo que yo sugeriría a todos los unionistas, entre los que me cuento, es que se preparen a trabajar para que gane el No. Ello no habrá de ser, por supuesto, en esta consulta del 1-O que, además de ilegal, es absolutamente tramposa y responde a una imposición hecha con especial mal estilo. Pero ¿y más adelante? No hablo de diez años, pienso en un periodo más corto y en un proceso con garantías similares al que se abrió en el Quebec o en Escocia. 

Claro que también podemos hacer como Rajoy y los demás patriotas no abstemios, decidir que las leyes no pueden cambiarse... excepto cuando le interese a la Troika o al IBEX 35, como ya se ha hecho.   

Sunday, September 03, 2017

LA HIPOTECA

No contiene otro objetivo este escrito que darles envidia, ¿por qué? porque yo lo valgo, como las celebrities de L´Oreal. Resulta que tras un mes en una playa mugrienta he regresado con las trazas de un galán maduro, o al menos eso es lo que al ver mi piel morena y mis andares gallardos aseveró mi madre, cuyas opiniones sobre mí son altamente fiables. 

No me han pasado este mes vacacional cosas demasiado reseñables. Me pinzó un dedo del pie un cangrejo al que, tras la cólera inicial, decidí perdonar la vida, qué vamos a hacerle, soy un blando. 

Ah, sí, hubo un tipo que, tras conocer mis opiniones sobre la secesión catalana me envió a que me follara un pez-polla, cosa que no sucedió, por más que me sumergí varias veces desnudo en el mar para propiciarla. 

Sin embargo, de regreso a la urbe -y éste es el verdadero motivo por el que pretendo amargarles el día con mi felicidad exultante- me encuentro en el buzón con la noticia de que he completado el pago de mi hipoteca. O sea, que soy libre, la gran cadena se ha roto, he sobrevivido a los dieciocho años de usura con los que el banco ha estado viviendo sin pegar palo al agua a costa del sudor de mi frente... simplemente ha tenido que girarme un simpático recibo cada mes. Aún recuerdo las palabras del señor director cuando firmé: "Felicidades, ya es usted propietario... aunque en realidad la casa no es suya, es del banco, je, je, je..." 

Creí entender el sarcasmo, pero sólo he terminado de capturar su auténtico sentido con el paso de los años, cuando me fui dando cuenta de que la oligarquía financiera es la verdadera dictadura de nuestro tiempo. 

En estos dieciocho años han pasado muchas cosas. Hemos cambiado de milenio y de moneda, el yihadismo se ha convertido en la peste negra de nuestro tiempo, y nos hemos instalado en una recesión económica que nos ha recordado a los españoles quienes somos y de donde venimos. Mi amado prestamista ha hecho con mi dinero toda suerte de cochinadas: ha especulado a saco con el mercado inmobiliario, ha estafado a sus clientes veteranos con un diabólico producto financiero llamado "preferentes", ha financiado los proyectos más delirantes de nuestros políticos, ha deshauciado hasta a su madre, ha amparado la corrupción, se ha pegado tournés estupendas por paraísos fiscales, ha cerrado sucursales donde atendían al cliente sustituyéndolas por centros donde sólo hay comerciales, ha echado a empleados a miles y a algunos los han recontratado porque les salía más barato... incluso ha financiado la quiebra de clubs de fútbol arruinados por la rapiña y la negligencia de sus directivos...

Esta pintura, claro, es muy tendenciosa y responde a una pulsión vengativa muy del neanderthal que llevo dentro, vale. Pero déjenme contarles un par de cositas. 

En lo peor de la crisis, con el Estado quebrado y al borde del rescate, pregunté a una allegada empleada de banco cómo era posible que mientras todo se iba a la mierda su empresa anunciara ganancias nada despreciables: "Es que los bancos", me contestó, "siempre deben ganar". Al fin lo entendí: es cuestión de interés público que los bancos ganen, ya puede hundirse el país entero que los bancos han de estar siempre a flote. Eso explica lo que me dijo otro banquero en los tiempos en que yo buscaba prestamista: "en fin, usted ya sabe que los banqueros estamos para robar a sus clientes".  Toma ya, me lo dijo un tío que no me conocía de nada y al que yo estaba a punto de elegir para que financiara mi casa: cinismo en estado puro.

Soy feliz, ya lo ven, tengo motivo. Soy libre como Nino Bravo y muchos de ustedes no, es muy pueril, pero me divierte bastante. Bien pensado -y ahora que he sobrevivido a ese hatajo de bandidos- se me ocurre que han jugado bien sus cartas, como un vendedor de alfombras marroquí que me timó en Marrakesh. 

Claro que hay una pequeña diferencia, el marroquí jugó conmigo noblemente, le respeto por ello. En cuanto al Banco... Hay algo que no le voy a perdonar mientras viva. Los agentes financieros de este país - y en general del mundo globalizado en que vivimos- se pasaron décadas repitiendo el mantra thatcheriano de que el Estado es el Mal de la economía y que la condición esencial del progreso es jibarizarlo hasta niveles mínimos, prohibiéndole cualquier tentación de intervención, sobre todo económica, en los asuntos de lo que llaman la "sociedad civil". Después, cuando por su propia codicia y negligencia se arruinaron, corrieron como conejitas hacia el regazo de Papá-Estado para que les sacase del atolladero con mi dinero. 

Me robaron dos veces los muy hijos de puta. Prefiero al alfombrero de Marrakesh.

Friday, July 28, 2017

DERECHO A TODO

Síntoma de salud democrática es la convicción de que los derechos tienden a extenderse. En ocasiones escucho la especie de que "hay demasiados derechos". La pronunció, por ejemplo, un compañero de trabajo para convencer a los demás docentes de que debíamos endurecer el trato hacia nuestros alumnos y echar mano de medidas de castigo con mucha más asiduidad: "los alumnos tienen demasiados derechos", nos espetó. Se equivocaba, y por eso duró poco en la profesión, confundía un instituto de enseñanza secundaria con un cuartel o con una cárcel. Que los alumnos gocen de derechos de los que, por cierto, yo no gocé en muchos casos, es el resultado de una larga batalla que no se ha acabado. Uno de esos derechos es el de recibir una clase de matemáticas en condiciones o el de no ser insultados, por eso el profesor debe apercibir o, si es necesario, sancionar a los alumnos que obstaculizan el desarrollo de la tarea académica o que acosan a sus compañeros. 

 Perdonen que me ponga tan pedagógico, pero cualquier ciudadano de bien entiende que cuando el ejercicio de un derecho conculca el de otros ciudadanos, entonces estamos ante un abuso. A mí me puede gustar el tabaco, pero no puedo fumar en un espacio y público porque destruyo el derecho de otros a no respirar mis humos. 

Últimamente tengo la sensación de que muchos ciudadanos creen que cualquier cosa que les apetezca debe reconocerse como un derecho, y a menudo llaman mojigato, aguafiestas o cosas peores a quienes nos negamos a aceptar que las bicis discurran por las aceras, que se monten bárbaros botellones de madrugada bajo mi casa o que perros peligrosos vayan sin correa ni bozal por donde yo paso con un niño pequeño. 

Lanzaré tres ejemplos para la reflexión, es más que nada por ganas de montar polémica, ya saben cómo soy. 

En un pueblo andaluz se ha celebrado una manifestación nudista contra una ordenanza del ayuntamiento que prohíbe a la gente ir como Dios la trajo al mundo por la playa que forma parte del núcleo urbano. No se engañen, yo voy en pelotas muy a menudo y como no me considero culpable por las gilipolleces que hizo Adán, no me avergüenzo en lo más mínimo de mi cuerpo ni me escandaliza ver las carnes de mis prójimos, sean guapos o feos, hombres o mujeres. Ahora bien, lo que no entiendo es el argumento con el cual las asociaciones afectadas protestan: el naturismo es una ideología, y la desnudez es la libre expresión de sus principios, luego proscribir el nudismo de una playa atenta contra la libertad de pensamiento. 

Pues miren, no, que el nudismo sea una ideología es algo bastante traído de los pelos, salvo que pensemos que cualquier cosa es una ideología. O si lo es, se me ocurre, pero en ese caso me pregunto si quienes tanto pelean por liberarnos de la tiranía del atuendo no ganarían crédito a mis ojos si sus ansias reivindicativas se dirigieran contra la precariedad laboral, la violencia contra la mujer o la pobreza infantil. No voy a denunciar a nadie que vaya en pelotas por la playa, ni siquiera -me pasó una vez- si anda sin atavío alguno por el centro de una gran urbe. Pero si el ayuntamiento de una localidad, que representa la voluntad popular, decide que hay unos mínimos de respeto cívico, hay que entender que no es un tema de mojigatería y mucho menos de ataque a la libertad ideológica. De igual manera que un alumno no entra en mi aula con una gorra, tampoco aceptaría que entrase desnudo; de igual manera que me parece aceptable e incluso saludable que dos alumnos se besen, no vería con buenos ojos que se pusiesen a follar en medio del pasillo. Lo que no intento decir es que no todo es aceptable, y eso tiene que ver con muchos aspectos de la convivencia más trascendentes que la ropa, pero también con ella. 

Segundo caso, me sorprende mucho el consenso que advierto respecto a los "hoteles para adultos". De igual manera que no hay bares para fumadores porque entonces casi todos los bares se acogerían a esa posibilidad, convirtiendo los bares libres de humos en lo que eran antes de la ley antitabaco, es decir, una excepción, temo que los hoteles sin niños podrían proliferar tanto que lo raro fuera encontrar uno al que yo pudiera acudir acompañado de mi vástago. 

Esta sólo es una hipótesis, pero no lo es la evidencia de que la Constitución evita discriminar a las personas, y no veo por qué vetar a los niños en un lugar público -y un hotel lo es, aunque su titularidad como negocio sea privada- es distinto de poner hoteles sin negros, sin disminuidos psíquicos o sin transexuales. Ya puestos, y en aras de la "segmentación" o "diversificación de oferta" que plantean ciertos empresarios hoteleros que defienden esta medida, podrían montar hoteles sin mujeres, que ya se sabe que emplean demasiado tiempo en asearse y sobreocupan los cuartos de baño, sin madrileños, que son prepotentes, o sin Testigos de Jehovà, que son unos pelmazos. 

Lo que intento decir con estas gansadas es que en un hotel hay unas normas, y que si yo las cumplo, aunque vaya con niños, debo tener el derecho a que se me permita usar sus servicios. Por cierto, algunos adultos sin críos deberían haber sido echados a patadas de establecimientos en los que he estado con mi vástago... No sé si me estoy explicando. 

Acabo ya y les dejo en paz. La Consellera de Sanitat de la Comunitat Valenciana se ha negado a reconocer el carácter clínico de la homeopatía y de otras prácticas "pseudo-científicas" como la hipnoterapia, la acupuntura, la medicina ayurvédica, el chi-kung, el yoga, la reflexología, el shiatsu, la fitoterapia, el reiki...

No es mi objetivo debatir el poder terapéutico de toda una larga serie de prácticas ajenas a la llamada "medicina convencional" o "alopática", ni siquiera creo que lo sea de la señora Montón, aunque seguro que la consideración de que todas estas especialidades no han demostrado su eficacia encuentra encendidas hostilidades. Lo que pretende la consellera es contestar a la demanda de quienes pretenden incluir ciertos productos y prácticas dentro del programa y la financiación de los hospitales públicos. 

Citaré a un amigo médico, Fran: cuando algún paciente le dice que está siguiendo tal o cual tratamiento ajeno a la práctica convencional que un médico común lleva a cabo diariamente, él les pregunta si les está sentado bien, si les ayuda... Si el paciente contesta que sí, Fran ya no añade nada más: "siga con ella entonces, pero no se olvide del tratamiento que yo le he dado". Hay mucho que decir sobre el funcionamiento de los hospitales, sobre las guardias infernales que se come Fran o sobre la competencia de algunos profesionales. Pero esa es otra historia. Si la medicina alopática es un servicio público no es porque haya una conspiración de oscuras élites para impedir que prosperen el reiki o el curanderismo, sino porque desde Galileo y Newton resulta que los niños ya no se nos mueren como moscas ni somos ancianos moribundos con cuarenta años, como sucedía cuando la única medicina era homeopática. 

Practico taichi y meditación, artes milenarios y en cuyo poder terapéutico para mi complicado sistema nervioso creo firmemente. Pero, qué quieren, no aspiro a que me los pague la ciudadanía. Por otro lado, si he de tener un ataque de apendicitis, cosa bastante desagradable en cualquier caso, prefiero tenerlo en 2017 que en en el siglo XV. 

Feliz canícula, les quiero. 

Friday, July 21, 2017

ÚLTIMAMENTE ME PREGUNTO SI HAN DECIDIDO EXTERMINARNOS



1. Omar Little, uno de los personajes más fascinantes y contradictorios en la historia de la teleficción, vive en una ciudad repleta de hampones que pasan las cinco temporadas de la magnífica The wire intentando liquidarle. Parece imposible sumar tantos enemigos peligrosos y salir vivo de tantos atentados contra su vida. Al final -viene un espoiler- Omar muere por el disparo de un niño al que nunca habíamos visto antes y del que ni siquiera sabemos si tiene algún motivo para hacerlo. Es en apariencia una muerte ridícula para un héroe de tan colosales dimensiones, y, sin embargo, cuando ocurre lo entendemos: de alguna inexplicable manera hay un destino irónico que se ríe de nosotros mientras Omar Little agoniza. 

Me asalta esa imagen cuando pienso que a lo mejor quienes terminan por exterminarnos a todos son Trump y Kim Jong-un. Hemos hecho Santa Sofía de Estambul, las pirámides o la democracia, merecemos algo mejor, pienso, pero luego me acuerdo del niño de Omar, y creo que nuestra hipotética extinción a cargo de estos dos niñatos tendría algo sarcástico.  

2. Mi ex-alumno y sin embargo amigo Enrique Ferri anda algo afligido estos días por la muerte de George A.Romero, mítico director de películas de terror y con los zombis como protagonistas estelares. El encanto irresistible de su primer film, "La noche de los muertos vivientes", de 1968, tiene que ver con lo exiguo de sus medios. Apenas máscaras ni cuerpos deshechos, sin vísceras ni apenas gruñidos... sólo ropas de mortaja y ese caminar lento de la maloliente tropa que se acerca para devorarnos. Es pueril, sí, pero lo prefiero al circo de efectos especiales que convierte tantas películas posteriores en un carrusel de sustos y trucos tecnológicos.

3. Se debe leer "Patria", de Fernando Aramburu, sin duda. Hay un pasaje que me conmueve, pero en él no hay lágrimas ni asesinatos ni familias enfrentadas. Dos etarras se ven obligados a pasar una noche al raso en el Monte Igueldo de Donostia para eludir un posible registro policial en el piso que alquilan. Desde lo alto divisan la ciudad en su Semana Grande... los ciudadanos vascos divirtiéndose y poteando despreocupadamente mientras ellos están allá, pasando frío y miedo, cargados a la espalda con la misión de salvarles. El desasosiego que les asalta hace que, al menos por un momento, nos sintamos menos lejos de ellos.   

4. Soy muy de Martin Landau, fallecido en estos días. Me atrae ese joven y malhumorado esbirro fiel del gran James Mason en "Con la muerte en los talones", aunque mi recuerdo más antiguo es el de su papel protagonista en la serie Espacio 1999, que me encantaba. Su imagen se agranda con el papel del médico Judá en "Delitos y faltas", obra maestra de Woody Allen, y se hace gigante con su papel de un Bela Lugosi anciano y devastado en el mejor film que ha rodado -y rodará- Tim Burton: "Ed Wood". 

5. Las encuestas en Barcelona acreditan que hoy el mayor problema para los habitantes de la Ciudad Condal es el turismo descontrolado. "Ustedes nos molestan, váyanse", parecen estar diciéndoles los miles y miles de turistas que visitan la ciudad. Paradójicamente, es esa ciudadanía acosada la que ha hecho históricamente grande a las urbes que ahora son masivamente visitadas precisamente para admirar esa grandeza. Una ciudad gentrificada y entregada a la depredación de enormes cruceros y legiones de autobuses, una ciudad sin verdaderos habitantes... es una terrible distopía, pero parece ser la dirección que llevan las grandes villas de Europa, esa península de Asia amenazada con convertirse en un enorme museo lleno de fetiches sin vida. 

6. La Academia de la Lengua Española admite el imperativo "Iros", parece que gracias a los esfuerzos del simpar Pérez Reverte. Mi vástago dice "cantad" o "jugad" porque su madre y yo se lo hemos enseñado. Tiempos difíciles para ser padre o maestro cuando uno es desautorizado incluso por los doctos. 

7. Me repugna todo lo que tiene que ver con Blesa y algunos de su especie. Pero reconozcámosle un último indicio de elegancia. Fingió durante días, acaso semanas, encontrarse en plena forma, interrumpió una banal tertulia para salir con una excusa cualquiera y se alejó lo suficiente para matarse sin grandes aspavientos. 

8. Amo el fútbol, o para ser más exacto, amo el recuerdo de lo que el fútbol hizo por mí cuando era niño. Y saber, sin embargo, que los palcos de los grandes estadios del mundo son ocupados por muchos de los peores indeseables de la Tierra.  


Saturday, July 15, 2017

ESTIVALIDADES

1. Adorno estaba cargado de todas las razones imaginables para preguntar si tenemos derecho a seguir escribiendo poemas después de Auschwitz. Pero la poesía es también testimonio del horror. No le concedamos a los asesinos la victoria de callarnos. Aunque, bien pensado, incluso la determinación de guardar silencio contiene algo poético. 

2. ¿No les parece que la gente cada día es más maleducada? Una profesora, extrañamente contumaz en el empeño de no contestar al preceptivo saludo matutino, explicó que los hábitos corteses le sonaban a hipocresía. La educación que mis padres pagaron me impidió enviar a la mierda a semejante gilipollas. 

3. Mientras tomo mi primer baño del verano en la playa mi cabeza es insistentemente asaltada por una canción de una vieja comedia del desarrollismo español de los sesenta: 

"El mar está fresquíribis, fresquíribis, fresquíribis
y da mucho gustíbiris, gustíbiris, gustíbiris, nadar, 
si se sabe el truquíribis, truquíribis, truquíribis, 
el truco tan sencillo de flotar."

... Y después pretendo que la culpa de todo la tenga el Gobierno. Hay que joderse. 

4. Algunas personas no nos quieren. Nos gusta pensar que no nos entienden, pero a lo mejor es que han descubierto la naturaleza de nuestro juego, o sea, que nos entienden demasiado bien. 

5. No me acabo de reconocer cuando me miro en el espejo. No sé explicarlo y seguramente no van a entenderme, pero es esta la razón por la que creo, erróneamente, que quienes me quieren no lo hacen por aquello por lo que "merezco" ser querido. Este razonamiento vale exactamente igual para quienes me detestan. 

6. Inger Enkvist, una antigua asesora para educación del Gobierno de Suecia afirma que hay que recuperar la disciplina y la autoridad en la escuela. Por fortuna la gente como Enkvist -he conocido así a millares en mi vida- va desapareciendo de las aulas. Lo advirtió el viejo Kant en "¿Qué es la ilustración?", un breve escrito en el que se explica con inigualable claridad el desafío que supone atreverse a ser modernos. "Es incómodo" -dijo- "vivir emancipados. Con cada traspiés que suframos no faltarán quienes nos recuerden que hubiera sido más cómodo no intentarlo". La libertad es el mayor don que nos han legado los dioses, no es extraño que tenga tantos enemigos. 
  

Sunday, July 09, 2017

CONTRACUMBRE DE HAMBURGO

Paso últimamente una hora diaria en las gradas de una piscina cubierta donde mi vástago aprende a nadar. Hace demasiado calor, pero la mayoría de los críos parecen inmensamente felices en el agua. Es una piscina pública, la financia el Ayuntamiento, es decir, el conjunto de la ciudadanía de la localidad en cuestión. Mi vástago conversa animosamente con sus compañeros, algunos de ellos niñas o niños pakistaníes o africanos. La mayoría de estos niños provienen de familias poco pudientes... creo que no somos capaces de imaginar hasta qué punto infraestructuras como una piscina pública generan cohesión social y ayudan a que los jóvenes no se desorienten.

Mientras observo el entusiasmo con que los jóvenes profes -alguno es, por cierto, ex alumno mío del Instituto- les dan instrucciones para desenvolverse en el agua, pienso en que lo único que puedo entresacar de la Cumbre del G20 en Hamburgo es que todo el mundo le tiene miedo a ese gran macho alfa que es Trump, que Gran Bretaña es vocacionalmente una traidora a Europa y que los ricos del mundo presionan a los gobernantes para que les ayuden a aumentar sus ganancias si quieren que les sigan financiando sus partidos políticos y les garanticen el dulce futuro que les espera tras la puerta giratoria. Es posible que mi versión de la reunión en cuestión sea demagógica y simplista, llámenme lo que quieran, pero lo que no van a poder llamarme es ingenuo, los países más poderosos no se han reunido en Hamburgo para defender las libertades, sino para proteger el capitalismo corporativo que se ha convertido en la lógica que atraviesa la globalización.

Todo lo demás es la supuesta violencia de la Contracumbre. Pues miren, no me lo creo. Faltan noticias, pero como he estudiado la evolución histórica de las Contracumbres desde Seattle 99, tengo la sospecha de que las cosas no están siendo muy distintas. 

A ver, sin duda han acudido los Black Blok, grupo de supuestos anarquistas que visten de negro y consideran que quemar contenedores y provocar enfrentamientos duros con la policía es la manera de conseguir publicidad para el evento. Son una pequeña parte del heterodoxo y amplísimo maremagnun de grupos izquierdistas, anticapitalistas, feministas, pro-gays, ecologistas, indigenistas que se reúnen para manifestarse de forma pacífica y creativa con dos objetivos esenciales:

1. Hacer ver a la ciudadanía mundial que en el G20 los amos del mundo van a decidir qué hacer con nosotros, por lo que mejor haríamos haciendo caso de sus reuniones. 
2. Llamar la atención de la gente sobre los problemas que realmente aquejan al planeta y que amenazan seriamente con destruirnos o, cuanto menos, con generar tales niveles de desigualdad que corremos el riesgo de convertir nuestro mundo en un lugar inhabitable. 

Bueno, quizá todos estos grupos -a veces peleados entre ellos- sean un hatajo de hippies histéricos, pero yo de ustedes pegaría una miradita a la web del Foro Social Mundial, auténtico artífice de todas estas contracumbres. Díganme después si creen que el programa de temas que vienen llevando a cabo durante el 2017 les parecen insignificantes: 

-Evolución de los modelos de empresa hacia la empresa integrada o cooperativa.
-Abuso infantil. 
-Resistencia civil y revolución no violenta.
-La renta básica internacional.
-Auditoría ciudadana de la deuda sanitaria.
-Cuidado y salud mental de la población. 
-Decrecimiento y sostenibilidad.
-Sobretasaciones y estafa bancaria. 
-Laicidad y democracia. 
-Disponer de la propia vida: eutanasia. 
-Paro y precariedad. 
-Feminización de la pobreza

Este es un breve extracto de las actividades del Foro Social Mundial en su delegación madrileña, todas ellas dirigidas por gente que parece muy preparada a tenor de su currículum. Es esta gente la que se manifiesta en estas horas en Hamburgo. ¿Se puede ser más irresponsable? 

Friday, June 30, 2017

LAS RAZONES DEL ORGULLO



Recuerdo hace casi veinte años una fiesta nocturna en Ciutat Vella de València... actuaba en la calle el delirante MacNamara. Apareció un chico monísimo, delicado, tatuado, alegremente maquillado y perfumado... Nunca he conseguido que los cuerpos masculinos activen mi libido -lo que sospecho que es una pérdida lamentable-, pero como soy un vicioso de la observación de conductas, me fijé en una pareja gay veterana... Eran serios, adustos, dos hombres juntos con muchos inviernos de batallas que miraban atentamente al joven con una misteriosa mezcla de distancia generacional y admiración. Estoy seguro de que aquellos dos señores no se avergonzaban de lo que eran, pero había un gran salto entre ellos y el joven: él jamás había tenido que esconderse.

Lo que aquella pareja gay y yo estábamos advirtiendo aquella noche es que el mundo cambia a una velocidad que desborda las conciencias, hasta el punto de obligarnos a revisar nuestras propias biografías. Intentemos que el vértigo de los tiempos no nos desoriente demasiado.

Cuando yo era crío, en el odioso colegio religioso sólo para varones en que me maleducaron lo peor que te podía pasar era ser maricón. Cierto incidente muy poco morboso en un lavabo donde Amigó y yo nos escondimos para esquivar al profe de Dibujo -que por cierto era gay-, proyectó cierta sombra de duda sobre nuestras inclinaciones sexuales y la naturaleza de la relación amistosa entre Amigó y yo, de manera que me vi obligado a silenciar los rumores a golpe de fútbol y alguna reyerta a la salida del cole.

Afuera las cosas no eran muy distintas. La Brigada Social del Régimen detenía a los maricas por escándalo público y era común que les inflaran a hostias impunemente.

Sería ridículo negar la evidencia de que las cosas han cambiado. Es la pura normalidad democrática la que deslegitima cotidianamente prácticas intolerables en una sociedad de derecho como la de discriminar a las personas por sus preferencias sexuales. Pese a que tales prácticas continúan siendo habituales en nosotros, empieza a quedarse en fuera de juego muy a menudo el que las apoya. De alguna forma ya "no está de moda" decir -como dijo José María Aznar- que a uno le gusta la "mujer-mujer" o aquella majadería de su señora esposa sobre peras y manzanas. El patriarcado no está en quiebra, pero ya no es omnipotente e incuestionable. Hoy ser gay o ser mujer es menos arriesgado que serlo hace cuarenta años... y eso es un progreso social. Una cosa es que quede mucho por hacer y otra es que no se haya avanzado. Y, por cierto, aunque suelen ser políticos los que se apuntan los tantos, son las multitudes que estos días se manifiestan las que han conseguido crear el tejido jurídico que ha mejorado la situación de las mujeres, los homosexuales, los transexuales...

En fin, quizá todo esto sean obviedades... A veces es bueno ser muy didáctico, porque, por increíble que parezca, vamos a seguir teniendo homosexuales acosados en la escuela, alcaldes del PP que dicen no soportar a los "palomos cojos" y gilipollas que van por el mundo creyendo poder decidir cómo hemos de ser en la vida incluso antes de haber nacido.

Pero precisamente por esto último permítanme hacer una apostilla. Este año murió uno de los artistas más geniales que he conocido, David Bowie. Hay algo en ese mundo del transformismo y la ambigüedad, en ese juego de reinvención de la identidad y el género, que apunta a cuestiones filosóficamente muy relevantes. Decía Foucault que el dandismo designaba la condición esencial de la modernidad. El dandy o, en francés, el flaneur -que él personifica en Baudelaire- es la permanente recreación de la propia identidad. Ya no soy, como en las sociedades gentiles, un ser hecho de una vez por todas que sólo remite a la inamovible estirpe de la que proviene, soy una insistente autoconstrucción, un juego de posiciones de sujeto que el entorno social nunca acaba de definir del todo.

Me interesa esa incitación a la confusión porque me desasosiega y me hace pensar. ¿Soy heterosexual? O mejor, ¿soy quien la conveniencia social ha determinado que yo sea? Filosofía es pensamiento y pensamiento es interrogación. Que mal rayo le parta -como decía el Titi- a quien sólo busque certezas.   


Saturday, June 24, 2017

JUNG Y EL MOSQUITO TIGRE

Sostiene la creencia común que Carl G.Jung, fundador de la rama más influyente del psicoanálisis, empezó a enloquecer cuando le dio por profundizar en el ocultismo. Esto no es del todo cierto, es verdad que se volvió loco, pero siempre estuvo interesado en el esoterismo y las ciencias oscuras. No derivó desde el rigor de la psiquiatría terapéutica hacia lo que ahora llamamos paraciencias, más bien los estudios sobre el inconsciente, como los que dedicó durante tantos años a la mitología, la antropología cultural o las religiones, constituyeron su programa de acercamiento a lo subterráneo. En otras palabras, Jung se sirvió de los métodos aprendidos de Freud para investigar las enfermedades mentales porque desde su juventud le obsesionaba lo paranormal. 

Una de las teorías que se asocian al Jung más surreal y delirante es la de las coincidencias significativas. Creyó que existía algo así como un gran espíritu -psique preexistente- que da forma a la materia. Esa psique produce "sincronismos", es decir, coincidencias misteriosas cuya misión es atraer nuestra atención con distintas finalidades. Quizá, admitía el propio Jung a modo de hipótesis alternativa, era el inconsciente el que, de alguna manera inexplicable, desencadenaba ese tipo de acontecimientos con idéntica función. 


A mí con estos asuntos me pasa como a los gallegos con las brujas, que no creo en ellas, pero que haberlas, haylas. Vean sino los extraños sucesos que me sobrevinieron el pasado lunes. 

Mi amigo Manolo vive en Granada, de manera que nos vemos poco. Vino a visitarme, habíamos quedado a las 13 horas en punto en mi domicilio. Llegué tarde y, por un malentendido con la persona con la que vivo, el pobre de Manolo hubo de esperar tres cuartos de hora. Cuando llegué y entendí la situación me disculpé por la confusión, lamentando haberle hecho esperar. Andaba el hombre algo cariacontecido, su mañana estaba siendo algo agitada e infortunada, al contrario que la mía, que venía resultando más bien plácida. 

En casa me relató sus pesares. Por la mañana había pedido una tostada por la cual le cobraron cuatro euros, lo cual juzgó como escandaloso: "jamás una tostada me ha costado cuatro euros", le dijo al camarero. La tostada llevaba incorporado un trozo de jamón -"jamón de bellota", dijo el camarero, cosa que era falsa-, de ahí su precio. A mí no me sorprendió la circunstancia, no vivo en Granada, donde el régimen de bares es una delicia, sino en Valencia, donde cualquier gaznápiro con ínfulas se atreve a montar un bar y por una ensaladilla de Frudesa y una cerveza que arrastra sabor a lavavajillas te pide un potosí. Todo lo que Manolo tiene de enemigo de la violencia lo tiene de contumaz, de manera que ahí se tiró como una hora solicitando la presencia del encargado, la carta y el libro de reclamaciones. Acabó dirigiéndose a la OCU con la correspondiente denuncia, pero un señor le envió a la antigua sede de la organización, obviamente ya no operativa, de manera que, como se le hacía tarde, optó por rendirse en su noble batalla. 


Al llegar a mi calle, y dado que yo no aparecía y a él últimamente le ha dado por hacer fotos a cualquier cosa, se puso a deambular con su llamativa cámara al cuello, retratando ese tipo de cosas que a ningún turista se le ocurre fotografiar. Una señora que vive en mi finca y a la que considero más pesada que una vaca en brazos le miró varias veces desde el balcón con evidente desconfianza. A los pocos minutos de su última aparición se acercaron a Manolo dos agentes de policía que le conminaron a identificarse. Tras las explicaciones de Manolo, que les convencieron de que no es un terrorista árabe, justificaron su alarma "por la psicosis que últimamente tiene la gente con esto de las bombas y los camiones, yaveusté y patatín y patatán". 

Por la tarde, tras la comida, nos despedimos en la parada del metro donde a él le convino bajar. Nos dimos la mano afectuosamente y... me veo en condiciones de garantizarles que en ese momento Manolo se desproveyó del mal karma que arrastraba y me lo transmitió. 

Acudí a una reunión de profesores de Filosofía en la Universidad. Las noticias fueron todas de principio a fin nefastas. Abandoné el lugar antes de hora para irme a hacer tai-chi, convencido de que si me quedaba hasta el final caerían más desgracias. Pero no fue una buena decisión, porque el mal fario no estaba en el lugar, sino que venía conmigo. 


Me dirigí al parque donde había quedado con el grupo de tai-chi cuando, al salir del metro, experimenté una sensación que no voy a olvidar mientras viva. Mi enérgico caminar fue detenido porque, de súbito, la tierra se me tragó. Sí, como se lo digo, el suelo cedió bajo mis pies y vi un abismo negro e inmenso que por un instante me hizo recordar aquella amenaza escolar de que si te hacías pajas irías al infierno. Reaccione y comprobé, ufano, que no solo no estaba muerto sino que apenas me había hecho un rasguño en la pierna, único miembro que de verdad llegó a hundirse en la sima. Resulta que la tapa de la alcantarilla estaba suelta y yo la chafé, de ahí el accidente. Cumplí con mi deber de ciudadano dando parte en el Ayuntamiento de la localidad, el cual no ha cumplido el suyo porque, días después, la tapa sigue suelta, supongo que a la espera de que alguien con más mala suerte que yo se rompa la cadera y decida denunciar al consistorio en cuestión y sacarle hasta los higadillos, cosa que se tendrán bien merecida. 

Llegué a Tai-Chi. No lo pasé bien porque el parque estaba infestado de mosquitos tigre. Tres días después mis piernas siguen hechas un cristo y he tenido que ponerme cortisona porque los mosquitos tigre tienen una mala hostia que flipas. 


No me consta que Manolo haya sufrido ningún mal encuentro desde que nos despedimos en el metro. Yo, por contra, sigo rabiando por las noches con las picaduras. Sé que ustedes me quieren, pero es mejor que si se encuentran conmigo no me den la mano, les puede pasar de todo.