Friday, December 30, 2016

ÚLTIMAS PREGUNTAS DE UN AÑO IDIOTA

No sé me ocurre nada sobre lo que pontificar y hacerme el listo en este final de año, de manera que he decidido despedirme de este venturoso año 2016 planteando unas cuantas cuestiones que me inquietan. Lo hago con la esperanza de que en el transcurso del próximo año vayan siéndome contestadas, aunque sospecho que si en el 17 este planeta sigue dando las sensaciones de haberse vuelto gilipollas que dio durante el 16 temo que me voy a quedar con las dudas. Helas. 

-¿Por qué decimos que el franquismo era insoportable entre otras cosas más serias porque nos imponían al Madrid, y ahora resulta que vivimos la peor dictadura económica y mediática del Madrid y del Barça? ¿Es democrática una sociedad cuyos medios informan durante horas y horas de si a Cristiano le duele un huevo o si a Messi le gustan los berberechos?

-¿Por que después de medio siglo, y hallándonos en un mundo donde todo cambia aceleradamente, en las telecomedias siguen poniendo risas enlatadas que nos indican cuándo tenemos permiso para reírnos?




-¿Qué tipo de país defenestra al Juez Garzón y sus ciudadanos se quedan tan panchos?

-¿Por qué en Valencia se sigue votando mayoritariamente a una organización que se ha dedicado durante dos décadas a la delincuencia organizada?

-¿Por qué los medios tratan durante horas de un asunto local de la ciudad de Madrid y, aún así, luego no entienden por qué se les acusa de centralistas y por qué hay tendencias periféricas centrífugas?

-¿Por qué el economista Juan Torres no ha vuelto a la Sexta? (Esta la sé, yo se la digo, no ha vuelto porque demostró que el vídeo con el cual le presentó La Sexta Noche falseaba sus planteamientos) Añado otra, y ésta sí que no voy a contestarla yo: ¿por qué los líderes de Podemos se rodearon del citado Juan Torres y de Vicenç Navarro para asesorarse en cuestiones económicas y muy poco después estos desaparecieron de la escena?

-¿Tiene Aznar una sola razón sólida en contra de la actual dirección del PP que no sea la de que no le hacen la pelota tanto como él cree que deberían?

-¿Por qué todo el mundo dice en las encuestas que el problema de la contaminación y el cambio climático no se soluciona por falta de voluntad política, y después, cuando a una alcaldesa se le ocurre limitar el tráfico, le llueven las hostias?

-En España, ¿no deberían los legisladores explicarnos qué leyes ponen para que se cumplan y cuáles para incumplirse? Y en este caso, ¿debemos entender que la Ley de la Memoria Histórica o la de Dependencia existen pero no hay que cumplirlas?

-¿Se les ha ocurrido pensar a los progres que tanto insisten en defender los carriles bici que desde hace algún tiempo somos los peatones los que estamos doblemente jodidos porque no solo los automóviles sino también los ciclistas nos hacen la vida imposible?


-Y la última, que es la más trascendente y la que recoge el espíritu de todos los demás: ¿de qué se ríe José Vélez?

Friday, December 23, 2016

EL ÁRBOL Y RECTIFY

De entre las explicaciones sobre el origen de los símbolos de la Navidad que circulan, me quedo con la de San Bonifacio, quien en el siglo VIII no tuvo mejor idea que viajar a los bosques germánicos a convertir paganos. Acabaron matándolo, supongo que por pelma, aunque no le fue mal del todo, porque contaba setenta años cuando cayó atravesado por algún acero godo. Se le representa bautizando infieles mientras con el pie pisa un roble, lo cual alude al hecho de haber sustituido el roble por un pino, o lo que es lo mismo, eliminar el culto a Thor en favor de la fe cristiana.

No es extraño que el árbol navideño remita a tierras del norte. Dado que la llegada del invierno amenaza con dejar a muchos miembros de la comunidad en la indigencia, depositar bajo el roble lo que a uno le sobra en beneficio de otros aldeanos es la manera de proteger solidariamente la supervivencia de la comunidad. 

Por supuesto, el comportamiento generoso que prolifera en los ánimos estos días tiene también mucho que ver con el mensaje evangélico. El hombre cuyo nacimiento se celebra en estos días -dos mil años después- es aquel que llega para sacrificarse, es decir, Jesús de Nazaret es quien acepta la misión de exonerar a sus hermanos de la culpa original aún a sabiendas de que su destino es fatal, dolorosamente fatal, como se advierte por la atrocidad de la cruz, convertida para siempre en símbolo de la cristiandad.

En vísperas de la conmemoración acabo la serie Rectify, un relato cuyas resonancias bíblicas son insoslayables. No recomiendo ver cuatro temporadas de una serie (unos dos mil doscientos minutos) en apenas un mes y medio, como yo he hecho, pero a veces no hay otro remedio, aparte de que -debo confesarlo- el relato me ha atrapado de tal manera que no veía  cada día el momento de llegar a casa para ponerme un capítulo por la noche. Reconozco haber visto el desenlace -en especial el último capítulo, pero pienso en toda la cuarta temporada- con una intensidad emotiva similar a la que pasé en su momento con las dos últimas temporadas de la fabulosa The Wire. 

Veamos. Daniel Holden sale de prisión después de casi veinte años en el corredor de la muerte. Se le condenó por la violación y asesinato de su novia, Hannah, cuando tras múltiples interrogatorios con la policía, aceptó declararse culpable. Ahora se ha descubierto que las pruebas de ADN estaban mal hechas, de manera que la judicatura ordena excacelarlo y Daniel vuelve a casa con su familia, mientras el senador que antes convirtió su condena en un éxito electoral propio jura ante los indignados ciudadanos que hará que Holden regrese al corredor. 

Quien decide ver la serie y no quedarse únicamente con su brillantísimo inicio, debe saber pronto que descifrar el enigma de si Daniel es o no culpable no es la cuestión esencial. La maestría del relato consiste en hacernos deambular a través de la subjetividad traumatizada de un personaje que ha pasado dos décadas dentro de una pequeña caja sin ventanas, sabedor de que en cualquier momento los celadores aparecerán para llevárselo a la cámara de ejecución. Al modo de un Rip Van Winkle -uno de los relatos fundacionales de la narrativa norteamericana- Daniel Holden regresa al mundo después de un "pause" de dos décadas que le impide entender un mundo que apenas se parece a aquel en que se crió y que hubo de abandonar apenas alcanzada la mayoría de edad. 

¿Y quienes hemos permanecido fuera de esos estrechos muros durante todo este tiempo? Quienes lucharon por él sin desmayar -su hermana, su madre y el abogado- ven en Daniel a un Job torturado por una injusticia monstruosa; los demás ven a un psicópata que abandona el corredor por un golpe de suerte. Entre unos y otros queda la tortuosa introspección del protagonista, en la que adivinamos la mirada de un loco, un loco como puede serlo cualquiera de nosotros si nos aprietan durante algún tiempo las tuercas. 

¿Nos parecemos a esa pequeña ciudad que rechaza a Daniel, al cual ve como un monstruo aún sin saber a ciencia cierta si es culpable? ¿O nos parecemos más bien a ese hombre desorientado e ingenuo que no le encuentra el sentido a una comunidad que ya no sabe diferenciar entre el bien y el mal?

No lo sé, no estoy seguro. Pero sé algo, que siempre es posible la rectificación, que el ser humano, pese a todo, tiene el único don divino que puedo concebir: la libertad. 

Bon Nadal a tothom.



Saturday, December 17, 2016

CEBRIÁN



Recuerdo hace una eternidad a mi padre nombrar a un puñado de "españoles que"-según sus propias palabras de entonces-  "...valen la pena". Me suena que nombró a Tierno, a Fernández Miranda, a Juan Goytisolo... sin ninguna duda apareció Cebrián en la terna, lo sé bien porque no estoy seguro de saber quién era aquel señor entonces. Ahora no tengo duda: responsabilizaba a Juan Luis Cebrián de algo tan trascendente en la modernización de España como es la irrupción de el diario El País.    

Casi cuatro décadas más tarde se me ocurre que si Cebrián hubiera sido un oligarca entre otros la entrevista de Salvados me hubiera interesado tan poco como si Évole se la hubiera hecho al difunto Botín o al Presidente de una eléctrica o de El Corte Inglés. Pero El País no es El Corte Inglés, El País, como la Cadena Ser, el Canal Plus o los libros de texto de Santillana son parte fundamental en la formación de mucha gente como yo. 


Durante el felipismo hizo alguna fortuna la insistente teoría conspiranoica de que Polanco y Cebrián, es decir, el Grupo Prisa, controlaban nuestras vidas a través de un supuesto monopolio mediático, el cual manipulaba a las cándidas almas hispánicas para mantener al PSOE en el poder y silenciar a los antagonistas, pobrecitos. No deben haber sido muy eficaces en el lavado de cerebro porque los diez millones que llegaron a votar a González se han quedado en una cifra propia de un partido para minorías. Por otro lado, si aceptamos que El País es un diario para lectores de izquierdas, sospecho que quien de verdad está bien surtido en los kioskos es el lector de derechas, que puede elegir entre la entrega incondicional al PP de La Razón y el ABC o la misteriosa ciclotimia de El Mundo. Jamás la izquierda ha monopolizado los medios por la sencilla razón de que son los medios reaccionarios los que, sin necesidad de talento ni grandes audiencias, ha tenido siempre la mayor facilidad para encontrar apoyos financieros. El caso de la Cadena Cope con la Iglesia Católica es paradigmático. 


Ahora bien, una cosa es que los clientes de PRISA sean de izquierdas y otra es que los medios de dicho conglomerado sean antisistema. Jamás lo fueron, no hay nada de radical en los ideales fundacionales del grupo, el cual surgió como una aventura periodística inclinada a democratizar la nación, esa que, cuando se fundó el diario El País, se desperezaba todavía de su última y sangrienta ensoñación medievalista. 

Miren, yo he criticado innumerables veces a El País, pero nunca he dejado de leerlo, lo cual no sé si dice algo en mi favor, pero sí lo dice en el suyo. Desde la izquierda más autosatisfecha he oído muchas críticas destructivas hacia PRISA y todo lo que significa... Acaso tengan razón, pero siempre pienso que nada satisfaría más los deseos de gente tan odiosa como Jiménez Losantos, Herrera o Marhuenda como que la izquierda quedara recluida en los dispersos recovecos de la contrainformación y el radicalismo antisistema, renunciando así a la ambición de formar a las multitudes que siempre tuvo. 


Bien, creo haber demostrado suficientemente que no soy sospechoso. Lo voy a decir de una vez: Cebrián mintió de principio a fin en la entrevista... me cuesta descubrir más de media verdad en sus largas respuestas. Esquivó una y otra vez las preguntas sobre la línea editorial de El País, desplazando la responsabilidad sobre la dirección del diario. ¿Cree que somos imbéciles? Falseó la información relativa al peso de los bancos en el grupo, remitiéndose al porcentaje del Santander y la Caixa en el paquete accionarial, pero silenciando factores como el de los anunciantes o los créditos que les permitieron sobrevivir en los momentos más críticos para la viabilidad financiera de la compañía. 

¿De verdad quiere hacernos creer Cebrián que el despido de periodistas demasiado escorados hacia la izquierda le es ajena? No voy a retroceder a los noventa y recordar el asunto de los humoristas Gallego y Rey y otros bastante más escabrosos, pero, ¿qué hay de la rabiosa campaña en contra de Podemos que envidiaría incluso La Razón? ¿es veraz y objetiva la información en torno a Venezuela? Pensemos en el tema Pedro Sánchez, machacado de forma inmisericorde, con algunos textos dignos de la historia universal de la infamia periodística como aquel célebre editorial en el que se descalificaba e insultaba con ferocidad a un líder votado por casi cuatro millones de personas. 


Cebrián salió en La Sexta, que tanto le ha criticado y que -como él muy bien sabe- es vista por la clientela de PRISA, para vender un relato: soy de izquierdas, pero en una sociedad como la que tenemos o pactas con el gran capital o te vuelves insignificante. El problema con un poderoso -y Cebrián lo es, no tengamos ninguna duda- es que a fuerza de convivir con los oligarcas termina convirtiéndose en uno de ellos. Él cree ser distinto, supongo que ese es el punto de ingenuidad que aún le queda para no sucumbir al cinismo absoluto. Quiere pensar que es un topo, un representante del pueblo instalado a contrapelo en el laberinto de los elegidos. ¿Le cree alguien aún? ¿Cree alguien aún ese relato respecto a su alter ego, Felipe González? Por amor de Dios. 

"Tú también eres stablishment", le dijo a Jordi Évole. Ahí me di cuenta de que Cebrián no entiende el significado de la palabra "stablishment". Es lógico, si uno está dentro no ve bien la realidad que sólo puede designarse desde fuera. 

Saturday, December 10, 2016

LA VERDAD (Y LA MENTIRA)

Durante los primeros años de gobierno de Rodríguez Zapatero, quien -como todos recordamos- llegó al poder después del sorprendente vuelco electoral producido tras el atentado de Atocha, el diario El Mundo publicó una larga serie de "investigaciones" con las que se pretendía asociar el resultado de las elecciones con la masacre yihadista. El diario de Pedro J. Ramírez, con la complicidad de la Cope y Libertad Digital, propagó una delirante teoría de la conspiración con la que los sectores más fanáticos y resentidos de la derecha española pudieron encauzar la rabia que les había producido una derrota electoral completamente inesperada. No me consta que Jiménez Losantos o Ramírez, compañeros de barco en aquella atrocidad periodística, hayan pedido perdón, pero lo realmente escandaloso es que aquello no haya tenido consecuencias de ningún tipo. Simplemente El Mundo dejó decaer el asunto y el asunto se cerró. 


Sumo y sigo, me voy a escenarios más triviales. Una periodista del corazón llamada Lidia Lozano extendió durante semanas la idea de que tenía pruebas de que Ylenia, primera hija de Al Bano y Romina Power, desaparecida unos años antes, estaba viva. Podemos imaginar la cutrez de las fuentes de la interfecta. Lo cierto es que, más allá de poner muy nerviosos a los célebres padres de la joven, Lozano nunca pasó de amagar con que ofrecería sus supuestas pruebas. Aquello llenó muchos programas de TeleCinco, cuyos directivos imagino que animaron a la "periodista" a seguir mareando la perdiz, a pesar de que seguramente eran los primeros en saber que aquello era una odiosa mentira. El asunto se apagó, Lozano sigue trabajando para la cadena en programas que presumen de tener una gran audiencia.

No creo que tengamos un problema con la verdad periodística, lo tenemos con la verdad en general. Si la credibilidad ya no es algo que pueda dañarse, puesto que mentir sale barato, entonces es que la verdad ya no es un valor esencial. 

Lo hemos visto hasta el aburrimiento en este año calificado con ingenio como aquel en "que vivimos estúpidamente". Los defensores del Brexit mentían y luego, cuando obtuvieron el éxito, desaparecieron y dejaron que otros gestionaran el estropicio que ellos mismos habían generado. Trump no hizo otra cosa que remover las vísceras del americano medio con promesas incumplibles, y ganó unas elecciones que ni sus compañeros de partido deseaban que ganara. Rajoy ganó de forma contundente las segundas elecciones a pesar de haber batido records de incumplimientos electorales en su primera legislatura, por no hablar de la ignominia de una corrupción sistémica y perfectamente tolerada. 


En estos días nos indignamos porque los padres de Nadia nos han estafado. Los tipos usaron la supuesta enfermedad de la niña para sacar más de un millón y medio de euros y gastárselo en lujos de todo tipo, con lo cual, además de haber robado a muchos bienintencionados, pueden haber condenado a muerte a muchos que ahora, en un caso similar, no podrán ganarse la confianza de la gente cuando pidan socorro público. 

Tenemos un problema con la verdad. En realidad lo hemos tenido siempre, por eso existe la filosofía. Me temo, sin embargo, que el problema ahora adquiere unas proporciones sumamente inquietantes. No sé si tengo una buena perspectiva para emitir este juicio, pero creo que la gente está extraordinariamente desorientada. Como dijo Ortega, "no sabemos lo que nos pasa, y es justamente eso lo que nos pasa". No obstante, una cosa es que nos aceche toda suerte de incertidumbres, y otra es que podamos permitirnos el lujo de tolerar e incluso premiar a los mentirosos. 


La mentira es mala porque destruye la confianza entre las personas. Si aceptamos al que miente es porque creemos que algo tan imprescindible para el estar juntos como la confianza ya no es posible. Abrimos entonces la puerta a que no nos devuelvan lo que prestamos, que nuestra pareja nos sea infiel o que el banquero en que tanto confiamos nos cuele una preferente. Todo eso puede suceder, pero ¿cómo sentirnos víctimas de una injusticia y efectuar reproches morales si somos los primeros que dejamos de creer que la verdad fuera exigible? 

Sunday, December 04, 2016

FIDEL

Parece que es exigible tener una opinión sobre Fidel, sobre el castrismo, sobre el comunismo antillano, sobre la revolución hispanoamericana...  De alguna manera todos éramos ya castristas, yo nunca viví con una Cuba sin el Comandante, de igual manera que -llegados a un cierto punto- todos los españoles eran franquistas, incluyendo a los que se sentían hostiles al dictador. Fidel ha sobrevivido, dicen, a docenas de intentos de asesinato, pero es muy dudoso que hoy los cerebros grises de la CIA desearan acabar con él; sospecho que les desasosiega bastante más lo que pueda pasar en una Cuba sin Castro, por eso no creo que les moleste en lo más mínimo que continúe Raúl, ese sucesor al que su hermano, dicen, pensó en fusilar en momentos ya lejanos. 

El ser es tiempo, es decir, desde que emerge una realidad al mundo hasta que, pasados muchos años -casi sesenta en este caso- volvemos a juzgarla, lo que la identifica ya no es su ideario fundacional, sino el milagro de su supervivencia. Castro no es el comunismo antillano, Castro es el castrismo,y así lo será para la historia. 

Es ridículo aseverar que la revolución cubana debe ser loada por haber inspirado las insurgencias de toda América Latina sin percibir que este es un juego de suma cero. Tanto hizo Castro por la ensoñación revolucionaria como por su desencanto. Si hubo un tiempo en que Cuba molestaba por ser la prueba para la región de que el comunismo era posible, después fue la prueba de que, antes que imposible, el comunismo era indeseable. 

De este bucle no encuentran manera de salir quienes todavía ven a Cuba como un referente moral. Los barbudos acabaron con el prostíbulo sur de los USA y los negocios de Capone, pero inventaron la prostitución totalizada para los turistas del mundo con las jineteras; nacionalizaron la producción, pero crearon el mercado negro; eliminaron a la oligarquía de Batista, pero crearon la del Partido; socializaron la escuela y los hospitales, pero se cargaron las libertades; se enfrentaron con mucho coraje al monstruo yanqui, pero para caer bajo el subsidio de Moscú...

No soy capaz de resolver todas estas aporías. Y sin embargo...

Sin embargo hay muchas cosas que me cuesta entender. Por ejemplo, la derecha española tiene una obsesión por el tema cubano que mosquea. Por una parte -y ya que hablamos de contradicciones- no refunfuñaron cuando el pater familias, Manuel Fraga, recibió a Fidel al son de las gaitas. Por otra, la falta de libertades y la falta de bienes de consumo en la isla les tienen sin dormir desde hace mucho. Y sí, en Cuba la gente lo pasa mal, unos dicen que por la inoperancia del comunismo y otros que por el cruel bloqueo de los USA. Pero ¿quieren que les diga cuantas personas son asesinadas al año en la vecina Honduras? ¿Nos hemos informado sobre las causas de la pobreza y la violencia en Centroamérica, donde la mayoría de países son supuestamente democráticos y sociedades libres, es decir, "de mercado"? ¿De verdad creen que Haití es uno de los países más pobres del mundo por culpa sólo de los terremotos? ¿Por qué no les preocupa nada de todo esto? Bien pensado, tan concluyente para demostrar la inconveniencia del marxismo es Cuba como todos los demás para hacer lo propio con el capitalismo.

Y sí, es verdad, la izquierda ha sido ingenuamente procastrista durante muchos años, pero, qué quieren, yo encuentro ya muy poquitos últimamente. De otro lado, se me ocurre pensar en qué suerte de armagedón se montaría si ciertas atrocidades de los norteamericanos, empezando por Guantánamo, fueran cometidas por el Régimen. 

Fidel era malo, claro, todos los dictadores lo son, ya lo sabemos, pero déjenme que les cuente una cosa. Cuando estuve de turismo en Cuba, además de fascinarme con la belleza brutal de La Habana, trabé cierta amistad con una pareja de varones de mediana edad que dormían en la habitación de al lado. En el avión no tuvo reparos uno de ellos en reconocerme que su interés turístico era meramente sexual. También -por lo visto estaba divorciado- hizo algún comentario sobre la maldad congénita que había ido descubriendo con los años en las féminas, dicho sea para que ustedes se hagan idea de la catadura del personaje. Al regreso no pude sustraerme a preguntarle por los resultados de su empresa. Fue al parecer exitosa. Contactaron ya en el hotel a la llegada con un tipo que les "trajo" dos chicas universitarias de Santiago, las cuales se avinieron a pasar los cuatro días con sus noches de estancia de los dos españoles en la capital. Tenía que preguntarles por el precio, claro:

-"No te creas, no gran cosa, las invitábamos a cenar y comer en el hotel y al final les compramos un par de camisetas. Y eso que eran jóvenes y muy guapas, salió bien de precio, la verdad".

Menos mal que nosotros somos europeos y demócratas, no como es Fidel Castro. Como era, quiero decir... se ha muerto... por fin. El mundo será un poco más libre desde ahora. ¿No?

Friday, November 25, 2016

LORCA. UN POETA EN NUEVA YORK

El escritor Vicente Molina-Foix ha disfrutado de dos momentos de gloria. Uno, hace ya décadas, cuando un crítico literario especialmente iracundo arrastró por el fango las obras del autor en su presencia durante una tertulia televisiva. Se cuenta que llegaron a las manos y no sé si a los pies. La segunda, más reciente, fue motivada por un artículo en el que cuestionaba la iniciativa del Ministerio de Cultura de instituir un premio nacional del cómic. No entendía el bueno de Molina-Foix que un "dibujante de monigotes" -es textual- obtuviera similares prestigio y dinero que un ensayista, novelista o poeta. No entendía que lo que sólo es un entretenimiento obtuviera máximo rango intelectual y artístico. 

No creo que Molina-Foix calibrara el revuelo que iba a provocar con aquella disertación particularmente cutre e indocumentada, el caso es que desencadenó un proceso indignado de toma de conciencia en el entorno de los amantes del cómic respecto al prejuicio academicista que minusvalora el género. A fin de cuentas, por ahí ya han pasado el cine, el jazz o el rock. La historia está repleta de procesos inquisitoriales contra el arte desde los lejanos días en que Platón se quedara más ancho que largo expulsando alos poetas de su República soñada. ¿Saben qué dice wikipedia respecto a la novela gráfica?: "es el último intento del cómic por alcanzar la respetabilidad cultural". Menos mal que los autores de los wikiestudios quedan en el anonimato.

Ahora yo debería posicionarme, enfrentarme a Molina-Foix y a otros intelectuales casposos y sumarme a la turba que mendiga para el tebeo la consideración de octavo arte y exige asimismo la creación de lustrosas academias de bellas artes donde se impartan masters de historia del tebeo. 

Pues miren, no. Cuando le concedieron el Nobel a Bob Dylan me asaltó la sospecha de que el reconocimiento intelectual llega sólo cuando un arte ya está en declive, cuando ya no es lesivo para el stablishment ni se hace indigesto para los bienpensantes. Vivimos una era dorada, no para el cómic -que acaso ya tuvo su momento más dulce en los tiempos de Hergé- sino para la novela gráfica, que ha producido en lo que va de siglo maravillas como Maus, Persépolis, Pyongyang, La gran catástrofe o Arrugas, este último de nuestro Paco Roca. ¿Saben? Creo que es mejor no menear demasiado este debate; que los doctos decidan lo que les dé la gana, dediquémonos a disfrutar este momento, carpe diem. 

Háganme el favor, lean "Lorca. Un poeta en Nueva York", novela gráfica del dibujante del alicantino de El Pinós Carles Esquembre. Este viernes, a las siete y media, en la Librería Bartleby de Valencia, lo presenté al público codo a codo con su autor, quien ya me hizo el honor de encargarme la presentación de su primer relato, "The body".  

Hay mucho que decir sobre el libro, aunque creo que éste habla por sí solo. Como dice el catedrático Ángel Herrero en la brillante introducción, tiene algo de reportaje. Esquembre maneja con precisión la ingente documentación gráfica y escrita sobre el asunto de la estancia de Federico García Lorca en América. Y lo hace para construir un relato que es tradicional y perfectamente translúcido en su discurrir y temporal, pero que se tortura y seduce a sí mismo en esas noches lorquianas que adivinamos tormentosas, cuando aparecen los demonios del poeta granadino y surge esa dimensión simbólica y surreal que es el auténtico secreto de "Poeta en Nueva York" 

Nueva York... la capital del mundo durante el siglo XX. Tras su largo viaje en barco, el entusiasmo inicial de Federico por aquel escenario de las maravillas sucumbió a la profunda tristeza que le animó a dejar España tras un duro revés amoroso. Nueva York terminó presentándose a los ojos de aquel poeta de Fuentevaqueros en el epítome de la deshumanización de las sociedades contemporáneas, un mundo frío y mecanizado, donde la espantosa grisura de unas multitudes convertidas en masa se alza sobre el individuo como amenaza. 

Frente a esa amenaza, la poesía. 

La aurora de Nueva York tiene 
cuatro columnas de cieno 
y un huracán de negras palomas
que chapotean en las aguas podridas.

Lean "Lorca, un poeta en Nueva York".    

Saturday, November 19, 2016

NAOMI KLEIN Y EL POLITÓLOGO

En el Salvados de La Sexta del domingo seis de noviembre, Jordi Évole viajaba a Toronto para entrevistar a Naomi Klein, autora de algunos de los textos más influyentes para el movimiento alterglobalización. He leído estos textos con detenimiento -son miles de páginas de trabajos periodísticos exhaustivos y a menudo desoladores sobre la evolución del capitalismo globalizado- y he seguido los movimientos de la autora con sumo interés en los últimos años. Durante los días posteriores busqué noticia de la entrevista en distintos medios. No tengo problemas para leer a quienes me son ideológicamente lejanos, aunque muy raramente he leído intervenciones interesantes desde las posiciones neoliberales -doctrina que la canadiense fustiga de manera inmisericorde a lo largo de sus escritos-, de lo cual deduzco que no se han molestado en leerla. 

Encontré una crónica en uno de los blogs adscritos al diario La Razón, concretamente el llamado El rincón del politólogo, compartido por tres autores. Uno de ellos, David Muñoz Lagarejos, firma el artículo La propaganda de Naomi Klein.  Me pareció tan desafortunado este escrito, tan mal documentado y tan sesgado en sus planteamientos que no me resistí a la tentación de la réplica. 

Y pasó algo realmente extraño. Mi escrito apareció instantáneamente, de manera que volví a entrar en el blog al día siguiente convencido de que Muñoz Lagarejos, al que  yo me dirigía respetuosamente, me contestaría de forma cumplida. Cuál fue mi sorpresa cuando advertí que mi comentario había sido borrado. Desconozco si fue un error, pero de haberlo sido, entiendo que el autor, experto en materia bloguera, habría debido hacerlo constar de alguna forma, disculpándose e invitándome a recuperar mi intervención. Me creo con derecho a presumir que fue Muñoz Lagarejos quien lo borró intencionadamente, de manera que he optado por publicarlo en mi blog, a la espera que algún crítico de Klein con más valor que Muñoz Lagarejos se anime a la refutación, pues nada me parece más sano que una respetuosa controversia. Ahí va el enlace del blog aludido.  El rincón del politólogo

Bien, aquí viene mi comentario eliminado. 

"El gasto social en España se ha incrementado por la crisis (prestaciones por desempleo) y por el envejecimiento de la población (pensiones) y ha mermado en otras partidas relativas a infraestructuras y a otros gastos sociales, por ejemplo las becas. En ese punto conviene que nos preguntemos si la Recesión la crearon las ideas que defiende Klein o las doctrinas neoliberales que con tanto entusiasmo apoya por ejemplo su periódico. En cualquier caso, no hay en los gobiernos conservadores un “interés social”, de hecho, su tendencia es a recortar ese tipo de gastos, como ya se ha visto en el primer cuatrienio Rajoy. 

Pero no nos vayamos de tema… Naomi Klein no habla de España, país donde el gasto social sigue siendo inferior al de muchos países de la OCDE. En Canadá (nacionalidad de la autora), UK o Alemania, ha descendido en los últimos años el gasto social en relación al PIB.

Naomi Klein no atribuye a la Escuela de Chicago la invasión a Irak, decir tal cosa es caer en una simplificación abusiva. Lo que sí dice es que grandes corporaciones norteamericanas dirigidas por personas muy cercanas al gabinete Bush encontraron en aquella guerra una oportunidad fantástica para los negocios, por ejemplo en relación al petróleo o para, supuestamente, reconstruir el país. Eso y no otra cosa es lo que explica Klein.

Usted cuestiona la jibarización de los viejos Estados. Su afirmación de que son más grandes que nunca es falsa si no se elabora adecuadamente. Lo que denuncia Klein es la impotencia política, es decir, la pérdida de peso de las instituciones de representación ciudadana respecto de los grandes centros de decisión, los cuales se han trasladado a los colosales núcleos financieros en la era de la globalización. Entendida esta, desdichadamente, como un proceso económico, la capacidad de los agentes democráticos para decidir algo respecto a lo que les afecta se ha desplazado a otros lugares.

Dice usted que Friedman pidió a Pinochet “libertades para el pueblo chileno” ¡A Pinochet! Lo debió hacer con la boca pequeña. La Escuela de Chicago creó toda una sucursal para la formación en la doctrina neoliberal y el dictador aplicó sus recetas sin que le estorbaran agentes sociales como los sindicatos o la oposición política. Miel sobre hojuelas para la aplicación del programa friedmanita, el cual fue un desastre.

Citando fuentes y sin explicarlo acepta usted la ecuación entre países con libre mercado y países democráticos. Usted no ha leído a Klein: su obra desarrolla durante miles de páginas y un equipo de investigación muy documentado la teoría de que esa ecuación se está desmoronando actualmente. Aparte de la obviedad de que donde aumentan la desigualdad y la pobreza, la libertad se convierte en simulacro, es palpable que el capitalismo globalizado encuentra en nuestro tiempo escenarios muy cómodos en naciones como China, Rusia y otras muchas donde los derechos humanos y las libertades civiles son permanentemente vulneradas.


Y no, las dictaduras comunistas no son el modelo de Klein por la sencilla razón de que jamás se declaró comunista. Debería en este sentido preguntarse por qué algunos defensores del comunismo autoritario detestan a Klein tanto como usted."

Saturday, November 12, 2016

VOTAR A TRUMP

Teniendo en cuenta que nadie ha sido tan concluyente como Podemos en considerar una desdicha el triunfo de Trump, no deja de tener su gracia que algunos ya hayan aprovechado para sugerir afinidades entre Iglesias y el magnate. La inefable Esperanza Aguirre, siempre oportuna, se ha apresurado a despejar dudas, elogiando al nuevo Presidente y aclarándonos donde hay que localizar las semejanzas. ¿Populista? Sí, a mí me recuerda a muchas actitudes de García Albiol, la propia Aguirre y otros líderes de la derecha. Una buena pista es el apoyo al candidato republicano de Sheldon Adelson, que -como ustedes recordarán- pactó con Aguirre aquella atrocidad del Eurovegas madrileño. 

En estos días asistimos a sesudas explicaciones sociológicas sobre el éxito de Donald Trump. Que muchos norteamericanos se sientan poco cercanos a Hillary Clinton no me sorprende en lo más mínimo. No le han negado su voto por ser mujer ni porque soportara el ridículo adulterio de su marido en la Casa Blanca, se lo han negado porque les parece una persona poco fiable y porque, sobre todo, asocian su figura al stablisment. Paradójicamente, el Partido Demócrata ha significado en este caso el voto "conservador", si por tal cosa entendemos la continuidad. Y no ya la de Obama, sino la de un modelo social que hace más ricos a los ricos y más pobres a los pobres, una América donde la oligarquía se siente cómoda y las instituciones descargan sobre el ciudadano común los desperfectos de la globalización. 

Trump es un voto de repliegue, un voto del miedo, un voto nacionalista que demanda que las cosas vuelvan a ser como antes. Y ¿cómo eran antes? Seguramente no eran mejores para la mayoría, pero la hegemonía de la mayoría blanca y protestante no se cuestionaba, los USA repartían al mundo instrucciones que los aliados no discutían y uno podía sentirse miembro de una "mayoría moral" que no tenía por qué avergonzarse de sentir cada resplandeciente mañana que Dios está de su lado. 

Salvo que tengamos vocación de provocadores como el simpar filósofo Slavoj Zizek, a quien parece seducirle aquello de "cuanto peor, mejor", no veo nada de bueno en la monumental sorpresa electoral que ha puesto en la Casa Blanca a un esperpento aún más risible que Ronald Reagan o George W.Bush, que ya es decir. Viva el patanismo. 

¿Será para tanto? Quizá no, quizá los oscuros poderes fácticos, que parecían haberle dado la espalda ya antes de las elecciones, no le dejen cumplir sus promesas electorales. Lo que sí sé es que no pretende nada bueno. Si no puede construir el famoso muro hará lo posible para que los inmigrantes lo pasen mal. No expulsará a los ilegales, pero favorecerá el trabajo esclavo y la explotación informalizada. No sé si podrá declarar alguna guerra, pero hará lo posible para que millones de árabes del mundo se sientan amenazados por América. Trump es capaz de todo, de todo aquello que le dejen. 

Entre tanto es bueno que alguien recuerde a los millones de personas entre atemorizadas y enfadadas que le han votado que lo que han hecho es sentar en el trono pulsiones muy primitivas y viscerales. "Le voto porque dice lo que todos pensamos y nadie se atreve a decir", afirma uno de sus entusiasmados electores. ¿Y qué es lo que "todos" pensamos?

Yo se lo digo. Pensamos que las mujeres sólo sirven para el sexo, y que se van a la cama antes con el dueño de un buen fajo de billetes que con un "loser". Reclamen, señoras, igualdad de salarios o castigo a los maltratadores, pero ¿que se han creído? Pensamos que los negros van por ahí con la cabeza alta, que los burócratas de Washington subvencionan su vagancia y que deberíamos endurecer las penas de prisión y dejar manga ancha a la policía para que les mantenga a raya. Pensamos que uno es rico por sus méritos y que los pobres son culpables de su fracaso. No quiero pagar impuestos y que con mi dinero se financien las obras públicas o la salud pública, cada uno que se apañe como pueda. Sí creo, no obstante, en los gastos armamentísticos. Necesitamos más Guantánamos, más libertad de armas. Queremos más prostitución, pero no que las putas sean profesionales con dignidad sino simples objetos sexuales con las que podamos hacer lo que nos dé la gana. Queremos más Las Vegas. También que los productos invasores encuentren todo tipo de trabas, pero no aceptamos que nadie imponga condiciones a nuestras exportaciones...

El catálogo de horrores es más largo, mucho más, pero no voy a aburrirles más. Qué nivelazo, macho.   

Sunday, November 06, 2016

ESTOY UN POQUITO HARTO, LA VERDAD...

1. Con Vargas Llosa tengo el mismo problema que tuve en su momento con Camilo José Cela: la mayoría de sus intervenciones públicas me parecen impresentables, pero en razón de un prestigio intelectual que responde a una sobrevaloración a mis ojos inexplicable, puede permitirse el lujo de decir absolutas imbecilidades sin que casi nadie se atreva a elevar una voz de reproche. Vargas Llosa siempre estuvo al lado de los poderosos del mundo, no es extraño que insista tanto en que "no hay que luchar contra la riqueza sino contra la pobreza". En estos momentos la economía del mundo está en muy pocas manos. Los cien primeros de la lista Forbes poseen fortunas equivalentes a la mitad pobre del planeta, tres mil quinientos millones de personas. Hay cientos de millones en situación de pobreza extrema y hay, a la vez, muchas, demasiadas personas en el mundo que exhiben una opulencia que les permite encender el habano con billetes de mil y quedarse tan panchos. "Hay que luchar contra la pobreza y no contra la riqueza", ¿de verdad cree este lerdo que ambos asuntos no guardan ninguna relación?

2. No tengo nada que decir a favor del chavismo, pero hay veces que me harto. ¿Por qué parece que los mismos que viven en una lágrima permanente por los dislates venezolanos jamás hablan de los palestinos ni de los saharauis?  


3. Hasta el ínclito televisivo Jorge Javier Vázquez, ese ejemplar adalid de la moral, se ha permitido el lujo de meterse con Pablo Iglesias, quien por lo visto es -con su poder de hipnotizar al pueblo con sus ojos de Fu Manchú- el culpable de que el proletariado español haya abandonado al PSOE. Ahora resulta que un podemita ha especulado con un piso, una malda que no haría jamás ninguno de los que le están poniendo a parir. Es lo mismo que cuando Echenique tuvo un empleado "en negro", eso nunca lo hemos hecho nadie. Por cierto, a mí tampoco me caen bien, pero tienen tantos y tan poderosos enemigos que van a terminar consiguiendo que les vote. Ah, y una preguntita inocente -y dejen de dar la brasa, por favor, con Venezuela, con Irán y con su pastelera madre-: ¿el vínculo financiero de Podemos con los bancos es igual o es diferente al de los demás partidos, incluyendo Ciudadanos?  

4. Veo "I, Daniel Blake", último film de Ken Loach. No soy fanático de este director británico. Uno puede salir del cine con la sensación de que Loach no ha salido del mismo discurso que viene sosteniendo desde hace treinta años y que convierte la cámara en un instrumento de combate político. Y sin embargo estamos ante la obra de un maestro. Dan Blake es lo que puede pasar a ser cualquiera de nosotros en el momento en que ya no tengamos los recursos necesarios para defendernos contra el desmantelamiento de unas instituciones cuyo sentido solidario se empezó a debilitar hace más de tres décadas, cuando Thatcher dijo aquello de que "no existe la sociedad, sólo existen los individuos". Leí "Algo va mal", de Tony Judt gracias a Justo Serna. He triturado con la mirada y el alma ese texto imprescindible. Sus líneas no paraban de venirme a la cabeza mientras veía la película. 

5. Ayer supe que este domingo por la noche "Salvados" emite una entrevista de Évole a Naomi Klein. No estamos ante un personaje cualquiera. Vean la entrevista y quizá descubran por qué la autora canadiense tiene tantos y tan poderosos enemigos. Yo voy a pasármelo muy bien escuchando al personaje público que más me ha conmovido en la última década. 

6. Trump es a no dudarlo un hombre odioso, y todo lo que encarna obedece a un mundo gris, deprimente y resentido. Pero la cuestión es si nos merecemos a Trump. Es una pregunta que deberíamos hacernos cada uno de nosotros, aunque no seamos norteamericanos. Y el problema no se resuelve si el martes pierde.

Friday, October 28, 2016

LOS MUERTOS

¿Cómo nos relacionamos con la muerte? Es esta una pregunta "de humano", pues aunque los animales se protegen instintivamente, sólo nosotros vivimos bajo la certeza de que somos caducos. Cuando Heidegger habla del hombre como "ser-para-la-muerte", está dejando fuera de campo cualquier expectativa de convertir la vida en tránsito hacia la eternidad. No hay tal cosa, nada es eterno, sólo alcanzamos la sabiduría cuando asumimos nuestra precariedad con todas las consecuencias. No se trata de ir contra la religión -quizá sólo se llega a amar verdaderamente a Dios cuando entendemos que la vida es irrepetible-, sino de aceptar que nada que no esté destinado a desaparecer es imaginable. 

Imaginemos que dos viajeros griegos, retornados de unas guerras, se encuentran en algún rincón perdido del Asia Menor con un pastor con el que, por mor de conocer costumbres exóticas, deciden conversar. Este les comunica, con toda dignidad, que a sus familiares muertos los devoran, ante lo que los dos griegos experimentan una arcada difícilmente reprimible. El asiático, visiblemente ofendido, les pregunta qué hacen ellos con su gente cuando fallece. El primero, procedente de alguna isla no muy conocida del Egeo, explica que su pueblo incinera los cadáveres, a lo que el pastor responde con una arcada. El segundo, convencido de que sólo entre los suyos se encuentran la razón y la piedad, afirma que su pueblo practica la inhumación, a lo que responde con una arcada todavía mayor y acompañada de un vómito. Para un sofista un relato como éste confirma las teorías relativistas; lo que a mí me indica es que la manera en que el tratamiento a los muertos otorga las señas de identidad determinantes a toda las comunidades humanas.


El problema es tan antiguo como los neanderthales, unos señores entrañables sobre los que últimamente me ha dado por leer. No sé si somos conscientes de que no siempre hubo una sola especie de homínidos inteligentes sobre el planeta, como ahora sucede. Neanderthal es anterior a nosotros, pero no es nuestro antecesor, sino, por lo que ahora se sabe, una rama distinta de un antepasado común. Convivieron largo tiempo con nosotros, y no acaba de estar demostrada la presunción de que en algún momento hubo intercambio genético. Tendemos a pensar -y planteamientos como el de En busca del fuego nos refuerzan- que eran sumamente primitivos y que sólo llegaron a esbozar conductas racionales en la medida en que emularon las de los sapiens. Hay sin embargo interpretaciones muy distintas, según las cuales es posible que fueran ellos los primeros en saber proveerse de fuego, desarrollar una industria de herramientas, proscribir el canibalismo o enterrar a los muertos. 

Explica Arsuaga en La especie elegida que estas prácticas las llevaban a cabo asociándolas a ciertas liturgias. ¿Qué pretendían? Quizá trataban de explicarle a sus dioses que, una vez cumplida por el finado la obligación de vivir noblemente, ahora se les otorgaba a ellos la de ponerles en disposición de cuidar de la tribu. 

Presumo que es esta última la función de los muertos. "¿Por qué vas a volver a tu país si tus familiares están todos muertos?", "porque están en mi memoria", contesta Silvia en la última escena de La intérprete. Cuenta Baudrillard en su obra más fascinante, El intercambio simbólico y la muerte, que entre los primitivos nada tiene más prestigio, ni siquiera los ancianos, que los muertos. Son estos quienes, si la tribu sigue los ritos que sirven para convocarlos, mantienen el hechizo que protege a la tribu. 

Hemos creado una civilización expansiva, racionalista y tecnológica... Podemos prolongar la vida mucho tiempo, talar millones de árboles en un suspiro y viajar hasta rincones muy alejados de la galaxia, pero no nos gustan los muertos. Morirse es un escándalo, una incomodidad con la que nos importunan nuestros vecinos, nuestros familiares o nuestros compañeros de trabajo. Hemos renunciado a integrar la muerte en los ciclos simbólicos que constituyen toda comunidad, incluso la nuestra. Por eso no aceptamos siquiera que Elvis Presley o Walt Disney hayan muerto. Pero el problema no es la muerte, ella es la condición misma de la existencia, la línea de sombra desde la que se alza esa tenue y frágil llama que constituye la existencia... el problema es la incapacidad de la sociedad contemporánea para entenderse con los muertos. 

... Y sin embargo, yo a veces siento, cuando deambulo por ciertas calles, que están ahí observándome, que de alguna manera iluminan mi existencia y me advierten secretamente de los peligros que amenazan con destruirme, con destruir a la familia, con destruir a la comunidad.   

Friday, October 21, 2016

LA RELIGIÓN EN LA LOMCE

Entre los numerosos esperpentos creados por el Gobierno de Rajoy no ha sido el menor el del Ministerio de Educación, dirigido por José Manuel Wert. Nadie, absolutamente nadie fuera del PP se ha privado de reprobar su trabajo. ¿Por qué se premia a un mal ministro con un opíparo puesto de trabajo en París, para más inri al lado de su novia? Retorcido, pero sencillo si nos atrevemos a pensar mal, que es lo mejor que debemos hacer cuando la derecha se hace cargo de los servicios públicos, en los cual no cree salvo para regalárselos a sus acólitos: Rajoy le dijo a Wert que tenía cuatro años para cargarse la educación pública. Se habría de tragar muchas situaciones desagradables, como la de aquellos universitarios premiados que le negaron el saludo, se crearía legiones de enemigos, pero al final sabrían agradecerle generosamente los servicios prestados, pues se trataba de favorecer la privatización de los servicios educativos. 

La mayor obra que Wert nos lega es la LOMCE, enésima ley de educación y que tiene el mérito de haber puesto de acuerdo en su contra a todas las fuerzas parlamentarias, excepto, claro está, el partido de Rajoy. Es curioso que ahora, cuando el PP se ve en la necesidad de pactar, sus portavoces arguyan que siempre estuvieron dispuestos a hacerlo. Respecto a la LOMCE no dudaron en pasar el rodillo, les presentaron cientos de enmiendas y no aceptaron ni una. Ante la proximidad electoral, la sensatez mandaba demorar su aplicación en las comunidades autónomas, pero, muy al contrario, optaron por acelerar el calendario, de manera que, si perdían, pondrían a los nuevos gestores en todo tipo de apuros, y si ganaban, ya se encargarían ellos mismos de lidiar con los numerosos desperfectos. No contaban con que estaríamos más de un año en el impass del desgobierno, o que, de volver a gobernar, lo habrían de hacer en minoría y con la perentoria exigencia de negociarlo todo. La Lomce nació muerta, pero es un zombi que nos va a estar molestando durante mucho tiempo, pues ahora su detención ya no es posible a corto plazo. 


Soy profesor de Filosofía. Ya no doy la materia a la totalidad de alumnos de 2º de Bachiller, donde Wert la ha convertido en una optativa más entre otras muchas para la especialidad de Humanidades. Dada la trascendencia que yo le otorgo a la Filosofía, no es difícil imaginar cómo me ha caído esta postergación que pone a la más antigua de las ciencias al lado de la Psicología, la Religión o la Economía de la Empresa. 

Hay no obstante un detalle en que no hemos reparado lo suficiente y que creo que tiene una trascendencia determinante en el espíritu de la letra lomciana: el estatus de la asignatura de Religión. 


Hasta que se aprobó la LOGSE, la Religión era, como recordamos los que peinamos canas, alternativa a la Ética. No está mal del todo teniendo en cuenta que hasta el final del Régimen había sido obligatoria, mecanismo propio de los Estados teocráticos como Sudán, Arabia Saudí o Pakistán, en los cuales rige la sharia o ley coránica. Dados los acuerdos con la Santa Sede y la inevitable presión de los derechos constitucionales propios de naciones laicas, la Religión continuaba, pero convertida en asignatura de segundo rango, sin evaluación posible y con la llamada "Actividad alternativa" como posibilidad del alumno para esquivarla. Aquello hizo más evidente lo que ya sabíamos de la alternativa anterior: se trataba de castigar a los alumnos que no dieran Religión, obligándoles a quedar en el Centro sin ocupación determinada para garantizar el supuesto derecho de sus minoritarios compañeros a recibir la enseñanza doctrinal que sus familias reclamaban. 

Con la LOMCE, que recupera la optatividad Religión/Ética, nos hemos subido a la máquina del tiempo, una regresión en toda regla que no ha sido aún peor -es decir, obligar a todos los alumnos a ir a Religión- porque la democracia es a veces un fastidio muy grande. 

¿Y por qué no clases de fe coránica o judía? No me hago demasiado esa pregunta porque no quiero dar ideas, ya que se me ocurre si no tendrían también ese derecho los Testigos de Jehovà, los Adventistas del Séptimo Día, los Cienciólogos o los adoradores del diablo, que también tienen su corazoncito, aunque sean menos que los católicos. 

Pero yo tengo una pregunta mejor. Si en todos los cursos de la ESO se da Religión con la Ética como alternativa, ¿por qué entonces se opusieron tanto a la Educación para la Ciudadanía? Lo que han conseguido es que dicha asignatura -ahora llamada Valores Éticos- se extienda por todo el periodo secundario, desde los 12 hasta los 16 años. 

En cualquier caso el planteamiento es fácilmente rebatible. La Religión no puede ser alternativa a la Ética porque son disciplinas incomparables. El enemigo del laicismo cree que los valores éticos deben fundamentarse en la fe, pero los principios de justicia y virtud que sostienen las legislaciones morales que rigen la convivencia en libertad no se sustenta en la fe sino en la razón, como se advierte en las constituciones democráticas de las naciones civilizadas o en la Declaración de los Derechos Humanos. 


Una vez más nos ilumina el magisterio del viejo Kant, que, como buen ilustrado, no veía incompatibilidad ninguna entre la fe cristiana que él profesaba y la convicción laicista. El problema del deber no puede ser resuelto desde la Revelación sino desde la Razón, no al menos si lo que queremos es la convivencia en libertad. La Ética no es una ciencia como la Física porque no describe hechos; no es cuestión de razón teórica, sino de razón práctica, ergo sí es materia de razón y no puede privarse de su reflexión a ningún alumno, tampoco a quien en conciencia y de forma privada abrace una determinada confesión religiosa. 

La LOMCE contiene una disposición secreta pero perversa. La Conferencia Episcopal elige a los profesores de Religión, aunque les paga su salario la administración, como a cualquier otro profesor, con la diferencia de que a aquellos no se les exige una oposición, sino ser seleccionados por los clérigos. Cada uno de estos profesores, cumpliendo órdenes estrictas por la cuenta que le trae, pone un diez por decreto a todos sus alumnos, excepto al que le arranca una mañana la cabeza a un compañero, en cuyo caso se conforma con un nueve. Con el tiempo, al comprobar que las medias suben espectacularmente si eligen Religión y no Valores Éticos, incluso los alumnos menos piadosos irán optando por aquella, pues si no quedarán en dramática desventaja a la hora de acceder a los estudios superiores. 

Por mi parte no tengo intención de ponerle un diez en Valores a nadie que no se lo merezca. Pero es que Dios no está de mi lado, es evidente.    
  

Sunday, October 16, 2016

BOB DYLAN, PREMIO NOBEL DE LITERATURA

No veo razón para emplear más tiempo del razonable en el debate sobre lo apropiado de la concesión del Nobel de Literatura a Bob Dylan. Si somos estrictos respecto al concepto literario, entonces parece algo forzada la decisión favorable a un autor con dos libros publicados que, por cierto, ejercen una influencia menor comparados con el grueso de la obra dylaniana, que son sus canciones. ¿Se puede siquiera considerar a Dylan un poeta? Yo cambiaría la pregunta: ¿no será que la estructura de los Nobel se ha quedado obsoleta? El Príncipe de Asturias, por ejemplo, contempla secciones como "Artes" que evitan este tipo de polémicas, de ahí que en 2007 pudiera concedérsele al propio Dylan sin más explicaciones. 

En cualquier caso no pienso preocuparme en exceso. Algún intelectual con vocación de reserva espiritual de Occidente ya ha aprovechado para proponer que el siguiente se lo den a Snoopy, un razonamiento tan demagógico como el de aquel obispo que, a vueltas con la legalización del matrimonio homosexual, adujo que ahora también podrían casarse los tríos o los hombres con sus perros. Quizá, empeñado en que se premie a los escritores puros, éste señor preferiría que el Nobel de Literatura se lo llevara Paulo Coelho, astuto filósofo para ratos perdidos de aeropuerto y al que algún malicioso atribuye la célebre frase: "Sé tú mismo, pero si puedes ser Batman, sé Batman, que está más mejor". 

Escritor o no, lo que parece dificilmente discutible es que estamos ante una figura clave para la cultura contemporánea. Dylan es un mito... en toda la extensión de la palabra, lo cual supone que hay muchas verdades ocultas seguramente prosaicas tras la alargada sombra que su leyenda proyecta. 

Y, sin embargo, quisimos ser como él muchas veces a lo largo de nuestra juventud. Si mi padre imitaba la mirada de Montgomery Clift para seducir a mi madre, yo intentaba que mi pelo rizado me acercara al cantante de Duluth. 

En Mad Men, la teleserie a través de la cual entiendo cada vez con más claridad los años sesenta, en los cuales se forja la mayor parte del imaginario popular contemporáneo, recuerdo al menos dos apariciones dylanianas. En una de la segunda temporada, se habla en Nueva York de que la gira multitudinaria del cantante llega a la ciudad. No es difícil imaginar en aquel momento a la juventud contestataria entonando a coro "The times they are a changin" y la atorrante "Blowin in the wind". 

Pero yo me identifico mucho más con la imagen final de la primera temporada, cuando el protagonista, Don Draper, queda sentado y solitario con su traje y su peinado perfectos en la escalera de su casa. Sueña con que su mujer y sus hijos le han esperado para celebrar juntos Acción de Gracias, pero el hecho es que se han ido. Mientras Don entiende que está perdiendo a su familia, la única que ha tenido a lo largo de su vida, suena "Don´t think twice, it´s all right".  

La historia identifica a Dylan con la canción protesta y lo que en aquellos años sesenta se llamó en América "contracultura". Tras la protesta política se ocultaba la decidida voluntad de escapar a la reja de hierro de una moral represiva y que ya no resistía las oleadas de los nuevos tiempos. Se trataba, en suma, de liberar las relaciones humanas de las mediaciones que las habían prostituido durante milenios. 

Acertado o no ese proyecto, Dylan no se sintió nunca demasiado a gusto dentro de la aureola de líder y profeta. Es ese Dylan el que me interesa, el que respondía con cinismo a las preguntas de sus adoradores, el que rehuía la celebridad y decía no desear otra cosa que enamorar a Brigitte Bardott, el que cogió la guitarra eléctrica y provocó las iras de los fanáticos del folk-singer... 

Veo a Dylan como veo a Draper: un tipo con una incontenible ambición, un ego insoportable y muchísimo talento; un pordiosero que se hizo rico y que, como el judío errante, fue capaz de vivir muchas vidas en una. Hoy Dylan podría ser un anciano más de alguna gris ciudad de Minnesotta, alcoholizado y harto de aburrirse, pero decidió dejar Minneapolis y marchar a Nueva York, donde también hubiera podido quedar en uno más de tantos singers que imitaban a Pete Seeger y Woody Guthrie. 

Bob Dylan es un gran poeta y un músico prodigioso, jamás sus interpretación de una canción suena a lo mismo. En un reciente festival de los Rolling Stones en Brasil, le invitaron a interpretar una canción. Mick Jagger le ajustó el micrófono mientras le miraba con un respeto que jamás le he visto hacia nadie. Es ridículo discutir si merece o no el Nobel, tanto como lo es aseverar que con esta concesión se premia a la "cultura popular". Yo creo que en las canciones y los ritmos de Dylan se presiente una sensibilidad que ya no es reductible al esquema moral de las sociedades disciplinadas. Es otra forma de construir biografías lo que se anuncia, otra manera de entender la propia identidad. Está llena de ambigüedades, incertidumbres y contradicciones, como los mitos que le dieron forma artística, pero es la que tenemos. 

Los tiempos sí estaban cambiando, no sé si hacia bien o hacia mal... pero ese, claro, es otro debate.  

Friday, October 07, 2016

FÚTBOL LÍQUIDO

El Mundial de Balonmano de 2015 se celebró en Qatar, selección sin ningún currículum que acabó subcampeona, perdiendo en la final con la potente Francia por tan solo dos goles. Sería una sorpresa, pese a la condición de anfitrión del combinado catarí, de no ser porque estaba íntegramente conformado por jugadores extranjeros llegados de países punteros en este deporte. A estos jugadores se les pagó una cantidad considerable de petrodólares por nacionalizarse y disputar el campeonato bajo aquella bandera extraña. Se advirtió que, entre el público que jaleaba sus actuaciones, había muchas personas que no parecían nativas. Un aficionado español, por ejemplo, reconoció haber animado con aparente entusiasmo al equipo local, llegando incluso a "traicionar" su condición nacional al apoyar a Qatar en su partido contra España. No es difícil imaginar que le pagaron a él y a otros muchos por hacerlo, pues no parece que haya muchos ciudadanos cataríes que supieran siquiera en qué consiste este juego. 

Sigo, en el Mundial de fútbol que se disputó en Corea llamaba la atención la multitud de aficionados ataviados con la camiseta del equipo que jugaba cada día. Así se advertía un considerable colorido en las gradas, por ejemplo con aficionados de naranja que coreaban a Holanda, de amarillo que lo hacían por Brasil, etc, etc... Todos eran coreanos, y sospecho que con aquello sentían que estaban haciéndole un servicio considerable a su país. 

El fútbol y otros deportes han entrado en la globalización, como tantas otras cosas, a partir de lo que Vicente Verdú llamaría el "capitalismo de ficción". En esta vuelta de tuerca posmoderna, el negocio del deporte de élite se alimenta de un simulacro. Inter de Milán, Real Madrid, Manchester United ya no son simples equipos de fútbol, son marcas, lovemarks, como diría ahora un experto en marketing.  

Así, cuando hoy un equipo español se enfrenta a uno de la Premier League, no parece haber rastro del tradicional estilo futbolístico de las islas, cosa que se explica porque es casi imposible encontrar un jugador británico en sus plantillas, más difícil aún si se trata de entrenadores. Esta deslocalización, y la correspondiente desnaturalización de los equipos, no afecta sólo a los ingleses; si el Sevilla, por ejemplo, se enfrenta al Manchester City, hallaremos más jugadores españoles en este equipo que en aquél. 

Es llamativo que en la liga española ya no se disputen partidos de forma simultánea, es decir, la jornada de liga empieza el viernes y acaba el lunes, con encuentros sucesivos y a horas tan delirantes como el domingo a las doce, al parecer con intención de satisfacer a los clientes televisivos de todo el mundo, sobre todo los asiáticos. 


Los aficionados se han convertido en figurantes. El telespectador taiwanés quiere que estén, y más si son animosos ultras, pues forman parte de la lógica del espectáculo. Lo que está claro es que la hinchada local, máximo sostén y destinatario en otro tiempo del juego, pasa hoy a formar parte de la escena. Se le pide que se pronuncie, que grite, que insulte a Cristiano Ronaldo, que despliegue banderas y cánticos, que haga lo que siempre ha hecho, pero ahora por un motivo sencillo: las cámaras deben encontrar motivos para retratarle. 

Hace tres años el Valencia cf, entidad histórica y completamente arruinada por los especuladores, fue vendido a un multimillonario de Singapur, Peter Lim. "Welcome Mr Lim", proclamaba con inmensos caracteres el marcador electrónico de Mestalla, un estadio con casi un siglo de existencia. Berlanga y Mr Marshall una vez más, sí, poderío financiero llegado como el maná de muy lejos para sacarnos de pobres. Lim vive a tres mil kilómetros, no pasa por Valencia, no es seguro que le informe de que, en ocasiones, el graderío se cabrea porque el equipo es un dislate. "Cultura de club", dicen sus empleados, sabedores de que Meriton, la empresa dirigida por Lim, les paga para mantener un simulacro. 

Un gran club de fúbol construye su leyenda desde el fragor de batallas épicas. "Forjado en el yunque de la adversidad", se ha dicho siempre del Levante. El Valencia no es una marca, tampoco el fútbol español ni la liga nacional. Siempre hubo negocio en torno al fútbol, siempre hubo desaprensivos que rapiñaron con este deporte que los cándidos aman hasta el punto de pagar por la ilusión que genera. Es un entretenimiento ligero, si queremos, pero no es una ficción, o mejor, no es un simulacro, nunca lo fue... Hasta ahora.  

Los mercaderes del capitalismo global se apoderan de los sentimientos para venderlos cuidadosamente envueltos, como la paella congelada, en papel de celofán. Si pudieran, venderían emoción valencianista en bandejas de supermercado. Es lo mismo que hacen con cualquier cosa que se pueda convertir en artículo de consumo. La experiencia misma, aquello que constituye el mapa emocional de una persona, es desrealizado -expurgado de su valor de realidad- para convertirse en folklore. El fútbol, la tortilla de patatas, el centro histórico de las ciudades, el amor... no podemos estar seguros de no haber cruzado todavía la línea roja de lo verdadero, acaso ya sólo vivimos como simulación. 

¿Funciona el trampantojo? No. El Valencia va de derrota en derrota. Es un equipo "líquido". A la búsqueda de una identidad, navega a la deriva sin encontrar un método porque se ha convertido en un monopoly donde los jugadores desfilan pasando apenas dos años y marchando para que los comisionistas se forren con los traspasos. Ningún proyecto cuaja, nada que fuera sólido puede ya abandonar el estado fluido en que lo han convertido. No funciona, no, el equipo parece ir camino de la catástrofe, pero dudo mucho a que a su dueño singapurense tal cosa le quite el sueño. A fin de cuentas, no es mucho más que perder al Monopoly.