Friday, February 27, 2015

LOS FINES DE LA POLÍTICA




LOS FINES DE LA POLÍTICA

El vistazo a algún clásico resuelve las primeras dudas: política es la gestión colectiva de lo que afecta a todos. Ese componente autogestionario, indisociable del espíritu fundacional de la polis griega, no niega carácter político a la gestión de un dictador o de algún tipo de oligarquía, pero sí invita a pensar que lo político sólo puede realizarse en su plenitud en un espacio deliberativo y jurídicamente igualitario. La duda ya no es entonces si la democracia es el mejor de los sistemas, sino si en la práctica le llamamos democracia a cualquier cosa, es decir, si hemos consentido un abaratamiento tan grande de la fórmula acuñada por los pioneros atenienses que lo que tenemos es un fraude.  

Esta semana hemos vivido un episodio peculiar de la práctica parlamentaria. Se han dicho tantas cosas acerca del debate sobre el estado de la nación que acaso se nos olvide que el porcentaje de españoles que lo siguió es ridículo. 

Algunas personas se indignan porque mientras ejercía de presidenta la señora Villalobos calmaba sus nervios -o su hastío- jugando al candy crash. Suelo reprender e incluso sancionar a mis alumnos por asuntos de esta índole, me pregunto con qué cara voy a seguir haciéndolo.

A muchos les ha llamado la atención la actitud de cierto diputado andaluz que exhibió en medio de un discurso del presidente del gobierno una bandera de su comunidad autónoma que llegaba a cubrirle todo el cuerpo. Inútil hablar de falta de respeto a unas instituciones sagradas, inútil moralizar: una mamarrachada oportunista sirve a un señor destinado a un merecido anonimato para obtener una mínima atención en los resúmenes... no perdamos ni un segundo más. 

Se habla sobre todo de la agresividad verbal de Rajoy y se discute sobre si el nuevo líder socialista dio la talla. Del primero me preocupan poco sus nervios, sus estados de ánimo o su expresión corporal. Dijo tras el debate Rosa Díez, al que el Presidente cambia sistemáticamente el apellido, que Rajoy es un hombre "muy pequeño".  Yo no voy a calificarle, es demasiado fácil, pero me pregunto para qué tantos años de ambición, rumiando el poder, esperando, a veces entre las lágrimas de su consorte por una derrota, que llegara su gran hora. Qué gris es todo lo que arrastra. Sólo ha incumplido promesas, sólo ha sido capaz de crear un gobierno de hombres sin atributos para complacer a Merkel. En medio de una crisis moral que ha extendido una desafección sin precedentes entre los ciudadanos sólo ha sido capaz de contestar que los demás también son malos. Qué olvidable es todo lo que tiene que ver con Rajoy, qué poco nos acordaremos de él cuando salga de la escena. 

Efectúo este tour de force por el territorio tan ingrato de la rajoídad porque no tengo dudas respecto a la importancia de que la derecha deje de gobernar este país. Es una cuestión de higiene. Han hecho el trabajo que se les encargó desde la troika, ya pueden irse. 

Pero, ¿y la alternativa? Ésta en estos momentos es la única cuestión que me preocupa. Sé lo que es la derecha, sé perfectamente lo que puedo esperar de ella y no voy a vacilar: hay que impedir que continúen, es más, hay que hacer lo posible para que los dos tercios de españoles a los que se han empeñado en empobrecer entiendan que lo mejor es que no vuelvan. Pero esta firme convicción no basta. 
Algunos observan que Pedro Sánchez logró en las sesiones aquello que Rajoy se empeñó en negarle: "usted no ha dado la talla". Pero ésta es una memez casi tan grande como la de "no venga usted aquí a nada", que despertaría en mí el temor a las tentaciones autoritarias de la derecha española de no ser porque sé cuáles son la virtudes oratorias del Presidente del Gobierno. Sí dio la talla, vaya si la dio. Demostró ser perfectamente capaz de plantarle cara al experto rival, toreando tanto los abucheos de la numerosa bancada rival como la falsa flema con la que Rajoy le ninguneaba torpemente. Pero, sobre todo, mostró la entereza y el adecuado sentido estratégico para lanzarse a la yugular sin miramientos, algo que muchos hemos echado de menos en la oposición durante estos tres años, entre otras cosas porque recordamos la profunda deslealtad con la que se comportó el PP con Zapatero y sospechamos que volverán -ellos y sus medios de propaganda- a hacer insoportable la próxima legislatura si la izquierda recupera el poder.

Muy bien, pero, qué quieren, a mí todo esto me deja frío. Quizá haya nacido un buen esgrimista parlamentario, pero no es ni de lejos un motivo para que yo le vote. Mi percepción es que Pedro Sánchez fue tan contundente en el ataque como parco en las propuestas. No sé qué quiere hacer cuando gobierne. Está bien meterse con Podemos, partido al que no pienso votar, pero al menos el señor Iglesias y su gente han adoptado compromisos, han dicho qué piensan hacer cuando gobiernen, se han dotado de economistas con una trayectoria muy definida... Si luego todo es mentira o, como está pasando con Zyriza, los proyectos resultan no ser mucho más que bravuconadas, ya habrá tiempo de gritar que fueron un fraude. Y lo de ahora con Monedero será cosa de broma comparado con lo que se les dirá después. Lo que no se les puede negar es que están teniendo redaños para correr el riesgo. ¿Y Sánchez? Aún no sé lo que pretende, no tengo ni la menor idea de cómo piensa gobernar ni como va a hacer para que su mandato no se parezca al de Rajoy. Por ello se me ocurriría formularle unas cuantas preguntitas sin importancia. 

-¿Cree que puede hacer una política económica genuinamente socialdemócrata, es decir, orientada a recuperar el estado del bienestar y a remediar la brecha social que se ha agrandado tan espectacularmente durante la crisis?
-¿Va a incrementar la presión fiscal sobre las grandes fortunas y, especialmente, sobre los beneficios que en España obtienen las grandes corporaciones? 
-¿Piensa ser beligerante en Europa con los paraísos fiscales?
-¿Va a acabar de una vez con el Concordato con el Vaticano?
-Además de derogar la Ley Wert de Educación, ¿va a hacer otra que mantenga la escuela en la misma indefinición legal de la que no salimos desde hace décadas? 
-¿Va a mantener la escuela concertada?
-¿Va a insistir en la línea federalista para solucionar el tema catalán?   

Se me ocurren muchas más, pero de momento me conformaría con que me contestará a algunas de éstas...

Thursday, February 19, 2015

FARGO





REGRESO A FARGO (Sin spoilers, lo juro)

El vino tiene mucho de imprevisible, un bodeguero puede crear las condiciones adecuadas para que el tiempo lo mejore, pero que el envejecimiento otorgue espíritu y grandeza al caldo o que lo dañe irreversiblemente, eso no hay manera de saberlo con certeza. Aplicada esta verdad a otros órdenes de la vida la conclusión solo puede ser una: a veces el tiempo no te madura, simplemente te hace viejo. 

Cuando se estrena una película o llega una novela nueva puede hacer falta sólo una pizca de originalidad y frescura para que a nuestros ojos asome a muy bajo precio la presunción de la genialidad. Tiempo después la supuesta obra maestra ha perdido su poder de seducción, simplemente le ha pasado el tiempo, se ha marchitado como aquellos que de jóvenes iban de aquí para allá rompiendo corazones pero que, a la primera arruga, empezaron un declinar acelerado que terminó por devastar e incluso precipitar hacia el abismo del olvido su antigua majestad.  

Todo este prolegómeno sirve para explicar mejor lo que a estas alturas ya no me ofrece ninguna duda: Fargo, de los hermanos Coen, es una obra maestra. En esta era en que la teleficción -la norteamericana, es mejor no engañarse en esto-  atraviesa su momento de gloria, los creadores han encontrado un recurso narrativo en películas de los años noventa, y así, tras Fargo, se nos vienen encima ahora la secuelas televisivas de El show de Truman y de Doce monos. No me genera grandes expectativas esta última, seguramente porque nunca he terminado de creerme demasiado a Terry Gillian, cuyos relatos suelen parecerme fallidos y grandilocuentes. La excepción que confirma la regla es, curiosamente, Lost in La Mancha, estupendo documental que narra las desgraciadas vicisitudes de un rodaje inconcluso del Quijote, proyecto que, con nada menos que Jean Rochefort de Don Quijote y Johnnie Depp ¡de Sancho!, confirmó la leyenda de que el inmortal texto cervantino maldice sus versiones cinematográficas. 

Me pasa lo contrario con la de Peter Weir, una peli con enormes virtudes -como otras de su director- que la crítica ninguneó injustamente, creo que por la aureola banal de Gene Carrey y acaso porque Weir suele caerles mal. No entendieron el valor profético de lo que se nos relata con tanta maestría: la amenaza de convertir la privacidad, las emociones, las zozobras personales -eso a lo que en definitiva llamamos "la vida"- en un repugnante espectáculo de reality show donde todo, hasta el dolor, se convierte en merchandising para un público globalizado y enfermo. 

Con Fargo he tenido las mismas reticencias que otros que aman aquel inolvidable film: parece imposible no decepcionar al convertir en una serie de diez horas lo que con tanto talento contaron los Coen en dos y media. Me equivoqué... y no saben cómo me alegro. 

No estamos ante un remake, tampoco es exactamente una secuela ni un spin-off. Lo que se me ocurre decir es que la serie revisita el territorio que ya polinizó el talento de los Coen... Esos parajes helados de Minnesotta donde la nieve se tizna del rojo de la sangre,esas pequeñas localidades desoladas sobre cuyo tediosa paz cae la crueldad de unos criminales despiadados, la mediocridad que vuelve loco al vecino del que nadie espera sino la resignación, los héroes que surgen donde ningún fabulista convencional osaría buscarlos porque parecen cualquier cosa menos héroes. Ese mundo recupera con la serie el hechizo que un día tuvo, un paisaje cruel donde el destino sobrevuela como un cuervo por encima de las tribulaciones de los protagonistas, enviándonos señales misteriosas que nos hacen sospechar que sólo somos sus títeres y que el resquicio por el que creemos poder escapar a su maleficio es sólo la última puerta antes del infierno. 
Lorne Malvo -maravillosamente interpretado por Billy Bob Thornton, un hombre de los Coen, por cierto- es el ángel de la muerte que el Maligno envía a Bemidji para que sepamos que el futuro de nuestras ambiciones es morder el polvo, aunque sea el de la nieve. 
 

Friday, February 13, 2015

EL EXAMEN



Ayer les endosé a mis alumnos un examen, eso que los logsianos amantes de la corrección política llaman "control" para disimular que se trata de una putada cuya intención esencial es torturarles. Durante las dos horas correspondientes me dediqué a "vigilar" la realización de la prueba con las técnicas tradicionales: levantas la vista de vez en cuando para que nadie copie, contestas algunas cuestiones del tipo "¿puedo saltear el orden de las preguntas?" o "voy a pedir un tipex"... la rutina sobradamente conocida. 

Como quiera que olvidé llevar material de lectura resultó que no tenía nada constructivo con lo que aprovechar el tiempo. En todo caso, el contundente proceso gripal que recién dejo atrás tampoco me inclinaba a abstrusas introspecciones metafísicas. Así es que me escampé cómodamente sobre la silla del profesor -que es un poco más grande y mullida que la de los alumnos, aún hay clases- y no tardó en empezar a acosarme Morfeo. Resuelto a no dejarme vencer por tan artero visitante, sobre todo porque mis ronquidos habrían sembrado de oscuras tentaciones las tiernas almas de mis alumnos, me puse a deambular por el aula. 


Desde mi silencio expectante se escuchaba la traza de los bolígrafos sobre el papel. Tras unos minutos me di cuenta de que en un aula se escuchan ruidos que uno no imagina mientras está concentrado en impartir una clase y se esfuerza porque sus alumnos le escuchen y no se despisten. Muebles que se arrastran en el piso superior sin motivo lógico aparente, la rama de un sauce que percute cada poco contra la ventana, el estallido remoto de una risa colectiva cuyo motivo no sabré jamás...

Volví a deambular. Topé con un reloj de pared en el que nunca antes había reparado. Era comprado de los chinos, iba a pilas y funcionaba. Como no tenía cristal me permití ese recreo infantil de aproximar los sentidos a las manecillas. Con los dedos jugué a detener el impulso del segundero, como si el tiempo estuviera en mis manos, pero se resistía, perseverando tenaz en su trayectoria. Le escuchaba pegándole mi oído: tic, tac, tic, tac... A continuación concentré mi mirada sobre el minutero y advertí que su discurrir se hacía perceptible a mis ojos. Lo intenté con la manecilla de las horas, pero ese movimiento que adivinaba constante no llegaba a mi umbral de sensibilidad.  

Un silencio monástico dominaba a aquel grupo de penitentes que analizaban un fragmento del Discurso del método. Me pregunté si eran conscientes de que aquel débil pero irreductible tic tac también sonaba para ellos. Más allá del absurdo cotidiano del curriculum, las programaciones, los exámenes y los partes disciplinarios, lo que respira tras la coraza de la identidad es un ser humano. El tic tac de cada corazón es singular e irrepetible; las emociones ya han sido vividas antes millones de veces, pero en realidad no se han vivido nunca porque cada instante que uno vive es irrepetible. Deberíamos acostumbrarnos a percibirlo como si fuera el último, pues en cierto modo lo es. 

Ese es el drama que da sentido a nuestra existencia. Los dioses no pueden entenderlo. Por eso nos envidian y toman venganza de nosotros enviándonos a fanáticos que queman viva a la gente, maltratadores de mujeres y banqueros que especulan para matar de hambre a millones de inocentes. 

Thursday, February 05, 2015

YO SÍ ME ACUERDO




Platicamos insistentemente sobre Podemos, le damos vueltas y más vueltas a las corruptelas y las negligencias del PP... ¿Y el PSOE? A fin de cuentas es -o era, que esto también hay que empezar a cuestionárselo- el partido que aglutina a la socialdemocracia, el horizonte ideológico más determinante en Europa desde el final de la Segunda Guerra Mundial. En la España democrática el socialismo fue un agente institucional de transformación cuyo mérito habrá de reconocer la historiografía, pues sobre sus errores e inmoralidades, que las hubo y en cantidad, ya han corrido ríos de tinta. 

¿Por qué no volver a confiar en ellos ahora, cuando ya es tan evidente que derrotar a la derecha se ha convertido en una prioridad? Soy uno más de esos tipos aburridos que no aceptan que dé lo mismo que gobierne el PP a que lo haga el PSOE. Es más, conozco a muchos que, pese a realizar esa identificación tan forzada, suspiran después para que ganen los segundos antes de que lo hagan los primeros, ante lo cual estaría bien pedir coherencia. Sin embargo guardo memoria de demasiados episodios que invitan a pensar que en la actualidad populares y socialistas ocupan el mismo espacio político. Deducimos entonces que sólo mientras se encuentra en la oposición le sería dada al PSOE la posibilidad de adscribirse a un ideario de izquierda, lo que le convertiría en el partido impostor por excelencia. 

Les relato uno de estos episodios. Lo recuerdo muy bien.

Hace como unos doce años yo escuchaba con enorme interés las duras críticas que, desde la oposición, lanzaba una joven diputada socialista hacia la labor de la entonces ministra de educación, Pilar del Castillo. Aquella joven resuelta y perfectamente documentada, dueña de una elocuencia convincente y acaso seductora, se llamaba Carmen Chacón. Hoy, cuando la comparo con el simpar Wert, Del Castillo se me antoja una persona educada y una responsable con un mínimo sentido institucional, pero el hecho es que la línea crítica de Chacón era correcta y eficaz. 

Una y otra vez insistía, muy pedagógicamente, en explicar a la ciudadanía española que el sistema de conciertos con la escuela privada -de titularidad religiosa casi toda ella- que el PP desarrollaba, estaba triturando a la escuela pública. (Quizá Chacón, por su juventud, ignoraba que en origen el sistema de conciertos fue una idea socialista, pero ésta es otra cuestión) Bajo la etiqueta liberal de la "libertad de elección", la derecha española encubría una trampa para propiciar la brecha socio-económica: los colegios concertados aplicaban criterios de selección de alumnado propios de empresas privadas, pero vivían del erario público. Como esto no les eximía de cobrar cantidades considerables a su clientela, se apuntalaba el modelo que hoy nos encontramos: las familias humildes llevan a sus hijos a la escuela pública, las que pueden permitírselo los llevan a la concertada. Quien acude a la red concertada, sabe que, normalmente, sus hijos no se van a mezclar con inmigrantes ni con alumnos conflictivos. Es la pública la que, no pudiendo filtrar al alumnado, tiene que albergar a todos aquellos que, por razones de distinta índole, no son aceptados en la concertada. ¿Mercantilización de la educación? Es mucho peor que eso: la escuela es un negocio, pero no lo pagan sólo sus clientes -como mandan los cánones liberales-, lo pagamos todos. 

Nadie ha explicado esta trama mejor desde un Parlamento que Chacón. El día que el PSOE ganó contra todo pronóstico, yo no tuve duda de cuál sería el destino de esta prometedora diputada. Me equivoqué, no la nombraron ministra de educación, sino de defensa. Ella se debió quedar contenta, yo no, yo me sentí timado. Y me sentí mucho más en la medida en que la ministra que nombró Zp no hizo nada de lo que la labor de oposición realizada en los años anteriores invitaba a pensar. Lo diré más claro: durante los ocho años de que dispuso, que no son pocos, el PSOE no hizo prácticamente nada en educación, no cambió nada, su ley de educación apenas rozó las enfermedades fundamentales del sistema educativo español. 

¿Y ahora? ¿Qué podemos pensar que pasará si el PSOE vuelve a gobernar? Sin duda derogarán la Ley Wert, pero eso no les va a diferenciar de los demás, pues todos los partidos del arco parlamentario se han comprometido a acabar con dicho esperpento. Suponemos que harán otra y que volverán a meter lo de Educación por la Ciudadanía, que les sirvió a ellos y a sus oponentes para mantener un debate estéril durante años. Los problemas de verdad son otros. ¿Atacarán dichos problemas con la nueva ley? 


A lo mejor se lo podríamos preguntar a Carmen Chacón. 

Friday, January 30, 2015

PODEMOS EN LA SOCIEDAD LÍQUIDA

No estoy nada seguro de que estemos entendiendo a lo que está ocurriendo  ¿Qué es Podemos? Pero no es ésta la pregunta. Podemos en realidad no es nada, o mejor, no es una entidad definible y consistente en el sentido en que se manejan tales conceptos en una sociedad sólida. Pero es que la nuestra no es una sociedad sólida, es líquida, en el sentido que tiene la metáfora en la tan atinada definición de Zygmunt Bauman. 

En la lógica propia de la política clásica, Podemos es sospechosa y culpable de todo lo que sus enemigos quieran achacarle. Pero el espíritu del tiempo ya no es el "clásico", nuestra lógica es posmoderna, y en ella Iglesias y su grupo de élite se encuentran cómodos, lo cual refuerza la consideración de antiguallas que tienen sus jurásicos enemigos, incluyendo a Pedro Sánchez, a quien nadie identifica -como él pretende- con ninguna nueva forma de hacer política. Podemos es una realidad virtual, puede estar en cualquier sitio porque no está en ninguno -ni siquiera se sabe que tenga una sede-; puede subir a cualquiera a su convoy porque ellos van construyendo su propia identidad sobre la marcha. Es una identidad proteica, mutante... Se sirve de conceptos trasnochados precisamente porque sabe que no tienen peso, sus consignas gravitan sobre la opinión pública sin que se sepa cómo van a hacer para bajarlas de la nube.

¿Qué quiere Podemos? Respuesta obvia, quiere el Poder, con mayúsculas, pretende hacerse con el control de las instituciones porque esa es la razón de ser de un partido político. ¿Para hacer qué? Es ahí donde las respuestas pierden concreción y las fórmulas se vuelven  metafísicas: "el pueblo", "la casta", "la oligarquía"... Lo que se denuncia es tan abstracto que las soluciones sólo pueden sonar a letanía revolucionaria. Nadie, ni el más recalcitrante conservador niega legitimidad a las pretensiones de Podemos: no queremos más pobres, no queremos que los débiles queden indefensos, no queremos deshaucios... ni siquiera los desalmados que sí desean estas cosas se atreverían a decirlo en público. 

¿Forman parte las críticas a Podemos de una campaña de acoso? Sin duda, pero también puede haber mucho de verdad en ellas. Las supuestas corruptelas que han sacado a Errejón y Monedero podrían ser suficientes para desprestigiar a quienes se presentan en sociedad como el azote de los tramposos. Y sin embargo, los daños parecen mínimos. ¿Radicales bolivarianos? Algunas actitudes pueden inducir a pensarlo, pero también se les acusa de lo contrario, de carecer de ideología, de ser cualquier cosa y a la vez la contraria sólo para ganar votos. Es verdad, pero esto la gente ya lo sabe. Un tanto por cien abrumador de quienes prometen votarles reconocen no creer que estén en condiciones de cumplir sus promesas. ¿Por qué entonces tantos caerán en la irresponsabilidad de entregarles su voto?


No hacemos las preguntas correctas. Podemos es un producto de laboratorio destinado a una explosión controlada. Como al aprendiz de brujo, a sus urdidores se les ha ido de las manos y ahora viven bajo el vértigo hipnótico de su propia criatura de Frankenstein. ¿Cómo prometen lo que no van a cumplir? No pueden hacer otra cosa, la criatura deambula ya por la aldea sembrando el terror, y ni sus propios creadores podrían ya amarrarla porque ha escapado a su control. 

Funciona de forma óptima porque a cada paso que da son sus enemigos los que quedan en ridículo. El mismo que les acusa de revolucionarios y radicales dice después que son insustanciales y vacíos. El que se ríe de ellos diciendo que sus propuestas son utópicas les acusa después de haber moderado su proyecto. Cuando les defenestran los mayores imbéciles que protagonizan las tertulias la gente empieza a verlos como unos auténticos caballeros, algo así como creían los jóvenes españoles de los comunistas o de los judeo-masónicos, pues eran los adalides más ridículos del franquismo los que les invitaban a odiarlos. 

De igual manera que me sorprende la confianza que muchos depositan en un grupo que sólo ha demostrado tener un líder con pegada televisiva, no entiendo que personas sensatas hayan decidido ya que Podemos es lo peor que puede pasarnos. No sabemos que va a pasar con Podemos, no sabemos si tendrán la oportunidad de regir el país, no sabemos -ni ellos mismos- si aprovecharán esa oportunidad para gobernar en el caso de que se les presente. Si lo hacen, tampoco sabemos qué harán con el Poder. Todo es una tremenda incertidumbre, un desorden inquietante y, en cierto modo, fascinante, pues Podemos, como la criatura de Alien, ha entrado en la nave espacial de la política sin más programa que el de desalojar a los otros.

No sé qué es Podemos, no creo que nadie deba exhibir la arrogancia de saberlo, pues ni siquiera ellos mismos saben quiénes son, por lo cual su  hoja de ruta es incierta. Podemos es el amante precario y sin mérito al que la esposa ultrajada entrega momentáneamente sus labios por despecho. La ciudadanía del sur de Europa está indignada, mucho más de lo que pueden imaginar líderes como Rajoy o Sánchez. ¿No escuchan ustedes las conversaciones en las calles y los bares? Una secta de bandidos domina este país, esto ahora mismo lo creen incluso quienes volverán a votar a la casta. Partidos políticos, bancos y corporaciones empresariales han expoliado las arcas del Estado y con ello nos están enviando al Tercer Mundo, del que el Gran Relato de la Transición y la modernización decía habernos alejado para siempre. Escuchen a sus vecinos: el Relato era mentira, lo es hasta el punto de que lo primero que debería hacer Iglesias al llegar al gobierno es cerrar la serie Cuéntame, donde da forma a la memoria que los españoles "debemos" tener de nuestra supuesta epopeya de liberación. 

El modelo de representación se ha hecho añicos, lo público se ha vuelto opaco e intransitivo, quienes lo ocupan se limitan a ser la correa de transmisión de las élites del capital cuyo gendarme se personifica en Angela Merkel. Con ello simulan que los parlamentos nacionales siguen gobernándonos. 

La gente se ha percatado de que es un trampantojo. Votan a un grupo de imberbes y advenedizos porque intentan desesperadamente recuperar la sensación de que aún es posible la política, entendida como la gestión colectiva de lo que a todos nos afecta. La gente está harta, y además tiene miedo, mucho miedo. Hemos pasado de creer que los políticos no nos representan a directamente tenerles miedo, creer que ellos son quienes nos van a enviar de cabeza a la pobreza. 

 A fin de cuentas -he escuchado este razonamiento en personas razonables- Monedero y Errejón no lo van a hacer peor que Mato y Ruiz-Gallardón. O entendemos esto o nos pasarán cosas incluso peores que Podemos.



Thursday, January 22, 2015

ÚLTIMAS MAÑANAS CON DESCARTES

El próximo curso empezará a aplicarse el grueso de la Ley Wert en Secundaria y Bachiller. Esto significa que en dos años los departamentos de Filosofía de escuelas e institutos quedarán en trance de extinción, destinados a dos horas semanales de Filosofía general en 1º de Bachiller y a impartir Valores cívicos a los chicos de entre 11 y quince años que decidan no dar la asignatura de Religión. Dicha asignatura, destinada a la evangelización católica e impartida por profesores directamente nominados por la jerarquía arzobispal -aunque su sueldo lo pagamos todos-, recuperará el status que tuvo en la Transición, obteniendo valor como asignatura normal, que cuenta para repetir curso e incide en la calificación media que refleja el expediente. 

Si usted estudió COU, PREU o el logsiano 2º de Bachiller, probablemente recuerde la lectura de textos como el Discurso del método. No es un mal momento para pensar en aquel escrito cuya sombra se me antoja tan alargada, hasta el punto de que, con cada nueva lectura, crece sin medida la sensación de encontrarme ante uno de los talentos más descomunales de la modernidad. Por algo Newton -padre del método científico y por tanto de la manera contemporánea de interactuar con el mundo- dijo pensando en Descartes tanto como en Galileo o Kepler aquello de "me he encaramado en hombros de gigantes".  

"Pienso, luego existo", supongo que alguna vez se han preguntado por qué los filósofos otorgamos tanta trascendencia a la frase de marras. Algún día se lo cuento, si les apetece, pero a mí siempre me ha seducido bastante más aquello de la duda metódica y el genio maligno. Antes de llegar a la verdad irrefutable -la evidencia de que siempre puedo decir que soy una cosa que piensa-, Descartes aplica un riguroso procedimiento para poner en duda todas sus creencias. 

Así, tal y como nos revela en el segundo capítulo del Discurso, sorprendido por el invierno con ocasión de un viaje por Europa, al calor de un dulce fuego, sin pasiones ni pesares que turbaran su espíritu, Descartes decidió preguntarse si realmente podía creer algo con absoluta certeza, si las creencias que sostenían su vida eran realmente tan firmes como -acaso por comodidad- había pensado siempre. Ese gesto de poner absolutamente todo en duda es furiosamente moderno, pues no cabe pensar en un monje medieval cuestionando las claves de un mundo cuyo mapa está perfectamente garantizado por la omnipresencia de Dios y sus albaceas. 

Mil años después de la caída de Roma, Colón había avistado tierras al otro lado del planeta y Copérnico afirmó que no éramos el centro del universo. Decenios de terribles guerras de religión derramaron sangre a borbotones en el continente con las armas de la intolerancia y el fanatismo. Con Descartes llega el momento de detenerse a meditar y tener el coraje de preguntarse: ¿vamos por buen camino? 

"Pese a todo hay verdades indiscutibles", le contestaríamos con arrogancia. ¿Recuerdan aquel momento en que Morfeo ofrece a Neo la posibilidad de elegir entre la pastilla azul y la roja, es decir, entre permanecer hasta el fin entre las sombras de la ilusión o atreverse a vislumbrar la verdad? ¿Recuerdan aquella mañana en que descubrieron que habían estado siendo engañados por un ser querido durante años? ¿Recuerdan cuando pensaban que la economía seguiría creciendo y que los economistas y los gobernantes lo tenían todo atado y bien atado? Y aquella mujer argentina, ¿qué sintió cuando supo que "sus padres", a los que sin duda amaba, fueron en realidad los asesinos y torturadores de sus verdaderos padres?

No se trata, como Descartes nos enseñó, de dudar por dudar, de querer jugar a escéptico irredento. Se trata de algo mucho más serio. Desde Descartes, queda definido el sentido de la modernidad: la verdad no es sino en la medida de su permanente autocuestionamiento. No llamamos verdadero a lo que un supuesto Dios dejó para nosotros en el mundo, la verdad es una construcción del entendimiento humano, que sólo elucida su sentido en la medida en que se hace preguntas, en que cada afirmación que realiza es inmediatamente puesta en duda, no para que dejen de existir verdades, sino para que éstas dejen de ser el resultado de una imposición irracional, de un texto sagrado, del arte de los demagogos...

En estos días en que resurge la exigencia de resistirse a los fanáticos, a los que se creen con derecho a asesinar a quienes no comulgan con sus verdades e incluso se burlan de ellas, no es mala idea acordarse de Descartes y su genio maligno, aquel demonio artero y engañador que me empuja a preguntarme, una y otra vez, ¿no estarás equivocado? 

No me parece casualidad que el creador de aquel escrito fascinante fuera francés.

Saturday, January 17, 2015

LOS LÍMITES

Todo tiene su límite. Quizá la escuela no tenga otra misión que enseñar a los niños que los dones no son eternos; que los placeres deben vivirse con intensidad precisamente porque tienen fecha de caducidad; que sus mayores no estarán siempre para protegerles; que la salud de la que disfrutan no es un tesoro inagotable; que podemos amar a otros pero no acosarles ni vengarnos cuando no nos corresponden; que podemos decir lo que sentimos pero no controlar los efectos -a veces peligrosos- que nuestras intervenciones tienen sobre nuestros prójimos... 

Asumido hasta sus últimas consecuencias que nuestro destino y el de todo lo que tiene que ver con nosotros es la desaparición, y habiendo entendido tras cuatro décadas en el mundo que así debe ser, que sólo desde la radical finitud tiene sentido nuestra presencia en el cosmos, se me hace especialmente irreconocible la figura de Dios. Mi falta de fe no es consecuencia de mis antipatías por los sacerdotes y monjas -a fin de cuentas sólo son seres humanos-, ni tampoco por la facilidad con la que las grandes confesiones del mundo riegan de sangre con su intolerancia los libros de historia. Lo que me ocurre es no sé de qué manera -como limitado, finito y caduco que soy- comunicarme con lo que nada tiene que ver conmigo. No es que Dios no exista, es que me resulta inconcebible. Es esa pretensión de omnipotencia, tan ajena a todo lo que para mí tiene sentido, que otorgan los fieles a sus divinidades lo que tan risible hace a Dios ante mis ojos. 


Algunos, creo que con buena intención, nos recuerdan en estas horas que la libertad de expresión, y muy en especial la de los humoristas, tiene sus límites. . Lo que no entiendo es por qué burlarse de Moisés, Mahoma o Cristo habría de traspasar dichos límites. Si cada vez que un diario satírico caricaturizara a un santo poniéndolo en situaciones humanas -demasiado humanas- como defecar, emborracharse o camelarse a una mujer, no se generara en los fieles a dichos personajes ni un asomo de enojo, si no se les dedicara más atención que la que dedicamos a los lunáticos que gritan barbaridades sobre nuestras madres desde las ventanas blindadas de los manicomios, entonces ni siquiera estaríamos ahora debatiendo sobre la libertad de expresión. En otras palabras, que si te molesta no lo mires, demonios. 

Escucho a quienes nos recuerdan que las caricaturas de Charlie Hebdo pueden herir a cientos de millones de musulmanes y que hay comunidades cristianas en distintos lugares del mundo -a lo mejor en países de mayorías islámicas- que sufren las consecuencias de la irreverencia de las sátiras que todos celebramos ahora como la epifanía más deslumbrante de la libertad de expresión. Les escucho atentamente. Y no, no tienen razón, porque sus advertencias contienen la llamada a la autocensura: guardad silencio, guardad silencio, los bárbaros se enfadan y nos matan. 


Tampoco la tiene Francisco I, el jesuita anteriormente conocido como Jorge Bergoglio, cuando intenta hacer pedagogía sobre los límites de la libertad de expresión explicando que si el vecino se mete con su madre él le arrea un bofetón. Llevo semanas defendiendo la libertad de expresión humorística, pero si ya me suelen hacer poca gracia los diarios satíricos, no voy a explicarles lo desternillante que me resulto la campechana ocurrencia pontificia.

Bergoglio no solo se equivoca, además es especialmente artero en esta intervención tan comentada, pues aprovecha la coyuntura, es decir, la corriente de miedo que se ha extendido entre los ciudadanos europeos tras las últimas barbaridades yihadistas, para intentar blindar contra la sátira los símbolos y las creencias de los fieles a su trono. A mí no me hace especial gracia la caricatura de un trío entre Dios, Jesús y el Espíritu Santo que hizo El Jueves en portada, pero me la hacen menos las corruptelas vaticanas, la infamia de tener que mantener con mis impuestos un entramado de curas y colegios que nada tiene que ver conmigo, o que cada vez que el PP gobierna haya que aguantar que una organización tan siniestra como el Opus Dei nos coloque a sus numerarios en consejos de ministros como ya sucedía durante el franquismo. 


Sí, señores de piel fina, yo también me ofendo. Me ofendo por ejemplo cuando esta semana se ha denunciado una oferta de trabajo que, por nueve horas diarias en un horno, siete días semanales y sin derecho a vacaciones, ofrecía quinientos euros, generoso sueldo del que se le descontarían al empleado las barras de pan que no lograra vender. El autor del anuncio -que no es un bromista- sí merecería el bofetón de Bergoglio... Y también la cárcel, claro, pero sospecho que la reforma laboral de Rajoy, o mejor dicho, de Frau Merkel, permite hacer estas cosas.


...Y eso que he dicho que todo tiene sus límites.