Thursday, April 02, 2020

AMANCIO O BATMAN

Yo creo que tampoco es tan difícil entender por qué algunos no le hacen la ola a los gestos de filantropía de Amancio Ortega  y las fundaciones asociadas a Inditex. Otra cosa es que no queramos escuchar con atención porque nos seduce más la demagogia de los insultos y los golpes de pecho... Por no hablar de la fobia que tantos españoles sienten por Podemos, un fenómeno de psicología de las masas que ha terminado suscitando mi curiosidad incluso más que el propio Podemos. 

Claro que también podemos caer en la misma torpeza que los haters de turno y ponernos a descalificar a diestro y siniestro. Es a fin de cuentas lo que hacen ciertos medios a diario, y no hay más que ver las portadas de los últimos días de ABC -que llegó a ser en una época "prensa seria"- para darse cuenta de que en este país la bravuconería y el escarnio se venden baratos. 

La presa es facilona: el hombre más rico de España, que da trabajo a tantísimas familias y promociona la Marca España, gasta importantes sumas parar ayudar a los hospitales en estos momentos de zozobra... ergo solo un miserable y un mezquino puede atreverse a poner un pero. Pues miren, yo aplaudo a quienes lo han hecho, no solo porque creo que tienen razones para ello, sino porque sabían que su intervención sería impopular y les depararía una tormenta de agravios y descalificaciones. 

Vaya por delante que no tengo ningún problema personal con el fundador de Zara. He comprado su ropa muchas veces y, pese a que suelo desconfiar de los milmillonarios -entre otras cosas porque conozco a algunos-, no soy comunista. Eso significa que puedo elogiar sin ambages a un tipo que invierte su dinero, su esfuerzo y su ilusión en montar un negocio que suministrará bienes deseables a la sociedad de la cual formo parte. Después el mercado decide y hay muchos que desaparecen y algunos que, como en el fútbol -que también es pura competición-, terminan siendo Leo Messi. No me gusta demasiado toda esa retórica tan de moda en los últimos tiempos del liderazgo y el emprendimiento, pero tengo amigos que han creado empresas y se han dado -a sí mismos, pero a veces también a otros a los que han empleado- una vida digna. He viajado bastante por el mundo y en todas partes he visto mercados y gente dedicada a producir y vender... 

Si tengo problemas con el capitalismo no es porque crea que hay que expulsar a los mercaderes del templo, algo que no me parece ni posible ni, sobre todo, deseable. Mi desconfianza aparece cuando los mercaderes, algunos de ellos, alcanzan poder suficiente para estrangular la vida política, que es lo que verdaderamente legitima las instituciones democráticas. Y crece aun más cuando descubro que la economía, que siempre ha estado -con mayor o menor acierto- al servicio de la sociedad, llega en nuestro tiempo a convertirse en el único vector de poder, hasta el punto de mercantilizarlo absolutamente todo... incluyendo a los seres humanos o hasta sentimientos morales como el de la solidaridad. 


Es muy loable que Ortega done dinero y equipamiento a los servicios sanitarios. Preferiría que no practicara una agresiva política de elusión fiscal, aunque no sea lo mismo que "fraude", pues, que se sepa, lleva su dinero a lugares donde es legal pagar menos impuestos. También preferiría que Inditex no subcontratara con empresas de países donde no se respetan derechos humanos básicos, por ejemplo en materia laboral o de explotación infantil. Hagan el favor, mírense las etiquetas de la ropa que usan... Verán en qué países han sido manufacturadas, y seguramente podrán establecer conclusiones respecto a las condiciones en que se hacen... Y, por cierto,  yo también compro esa ropa porque tiene buenos precios, no soy angélico. 

He gastado cantidades de dinero exiguas, pero en términos relativos no inferiores a las que gasta Ortega, en organizaciones destinadas a luchar contra la tortura o las enfermedades infecciosas y la pobreza en el mundo. En cualquier caso no soy un buen ejemplo. Mi amiga Rosa, con la que compartí piso y amistad durante muchos años, gasta inmensas cantidades de dinero -estamos hablando de un salario medio- en ONGs destinadas a empresas humanitarias absolutamente loables. Conozco a una joven enfermera, Laura, hija de dos compañeros míos de trabajo, que ha pasado gran parte de su vida luchando contra el ébola y otras plagas terribles en lugares a los que hay que tener muchas agallas para solo acercarse, pues en ellos malviven los parias del planeta. Apenas nadie sabe de estas dos mujeres. Me parece bien que Ortega haga donaciones, pero prefiero a Rosa, a Laura o a esos tipos del barco que salvan vidas en el Mediterráneo. Curiosamente, muchos de los que ahora se indignan con Echenique o Rufián por criticar a Ortega son los que apoyan a los partidos de derecha que piden que los líderes de Open Arms sean procesados y encarcelados. 


España es uno de los países de la Unión Europea con menor dotación pública en materia sanitaria. El austericidio, al que con tanta convicción se sumó el gobierno del PP, ha provocado recortes en la salud que responden, aparte de a las peticiones de Merkel y la Troika, a la presión del IBEX 35, lobbie en el que Inditex es actor fundamental. Quizá queramos aproximarnos al estilo de los EEUU, país extraordinariamente insolidario,  a pesar de los esfuerzos de Obama, en materia de salud pública, y que curiosamente es muy dado a donaciones por parte de los grandes millonarios. Conviene preguntarse por qué tales procedimientos son menos habituales en países como Alemania o Francia, donde la cobertura sanitaria pública está perfectamente sufragada y es eficaz. 

Me parece bien que Amancio Ortega apoye a los hospitales. Es solo que prefiero a Rosa y a Laura. Y, sobre todo, es que prefiero una sociedad solidaria y cohesionada donde la fiscalidad sea justa y los gestores institucionales dispongan de medios para que no tengamos que esperar la caridad de los ricos... Sobre todo cuando sobrevienen tragedias como las que nos acosa en estos días.   

Thursday, March 26, 2020

LAS SECTAS Y EL NEW AGE




¿Qué es una secta? Tras ver “Wild Wild Country” no parecen quedar dudas: una secta son los sannyassin, la comuna de adoradores de Osho que se creó en los desiertos de Oregon y que, ante la explosiva colisión con las formas de vida institucionalizadas, terminaron disolviéndose y desperdigándose. 

Curiosamente, sigue habiendo practicantes de las doctrinas de Osho, por ejemplo el neotrantrismo, que carga las tintas sobre la liberación a través de las técnicas sexuales, pero como no tienden a formar comunas permanentes no se les reconoce como secta. Bien mirado, el cristianismo primitivo tenía todos los rasgos que constituyen lo que entendemos intuitivamente como secta: secretismo, división entre “iniciados” y ajenos, sumisión a un líder con poderes mágicos, sospechas de prácticas inmorales e incluso de terrorismo por parte del poder establecido… en fin. Un cristiano me contestaría que la tendencia primitiva a esconderse era consecuencia de la feroz persecución sufrida, y que la vocación del fundador siempre fue ecuménica, es decir, universalista y, por consiguiente, opuesta al designio de una secta. El problema es que, como los sannyasin y tantos otros, pongamos por caso a los Testigos de Jehová, los mormones  o la Cienciología, el objetivo es crecer, extenderse a través de la prédica y la publicidad, y ganar adeptos y, por tanto, poder. ¿Podemos entonces considerarlos sectas? 


Habrá también quien me indique que sectas, lo que se dice, sectas, solo son gente como la Familia Manson, los casi mil adeptos del Templo del Pueblo que se suicidaron conjuntamente en Guyana o el grupo aquel de japoneses que echaron gas sarín en el metro de Tokyo. Vamos, que entonces “secta” sería un grupo de gente que está como una cabra y hace barbaridades sin ningún motivo.


No pretendo vender el sofisma de que cualquier cosa es una secta, entre otras cosas porque eso supone admitir con el mismo valor que nada lo es. Lo que sí hago es prevenir respecto a un uso poco riguroso del concepto. Y no es que trabaje para la RAE, es que creo firmemente que muchos de los motivos que hacen que no nos entendemos son de raíz semántica. Eso explica también por qué sospecho que quien forma parte de una secta no la reconoce como tal. Y es incluso posible que ni siquiera se lo haya planteado nunca, hasta el punto que, para este individuo, sectas son lo que hacen otros.


Por eso, y como lo que me interesa es lo que plantea el documental sobre Osho, Sheela y Rajnesspuram, desplazaré la cuestión hacia el asunto del New Age …en mi opinión, uno de los conceptos que, junto a la corrección política o la sociedad líquida, mejor define la condición posmoderna.

El problema con este fantasmón impresentable y la psicópata de su secretaria no es, como suponemos que hacen las sectas, que reclute a unos cuantos incautos, los ponga a su servicio, les saque la pasta, los ponga hasta el culo de peyote y, si se tercia, se los folle y hasta los destripe en una ceremonia a imitación de los sacrificios mayas… No, la cuestión es que eso, en realidad es la parte más residual y minoritaria del asunto de las sectas. Le va muy bien a Iker Jiménez y truhanes similares para forrarse a costa de la tele porque es muy espectacular eso de las sectas destructivas, pero, insisto, eso es solo la crema del café.

Me explico. En estos momentos deben ser cientos de miles, a lo mejor millones, los españoles que viven pendientes de toda suerte de sabidurías místicas. Parapsicologías, pseudociencias, adivinación, pseudoterapias, negacionismos, conspiranoia… Y así, podemos ir desde los chakras, el reiki, la sanación tántrica, la reflexología, la gemoterapia o la homeopatía hasta el aura, la ouija, la telequinesis o el movimiento antivacunas. Si les apetece, puedo acudir a territorios aun más delirantes como las abducciones alienígenas, los terraplanistas, las sirenas, los ángeles y la telequinesis (sí, aquello del tal Uri Geller que doblaba cucharas)… pero es que me da la risa, conque mejor lo dejamos. Por cierto, no me pregunten por qué no incluyo las religiones, llevo toda mi vida destripándolas sin piedad, no soy sospechoso.
 
Miren, cuando yo veo “Wild Wild Country”, lo que de verdad me fascina no es la ambición y la falta de escrúpulos de Bhagwan y Sheela. Gente así siempre ha existido y seguirá existiendo, dentro y fuera del territorio de las pseudociencias. Lo llamativo, siguiendo aquello de que para que haya un listo ha de haber un tonto, es la devoción ilimitada que los habitantes de la comuna tienen hacia el gurú. No son unos cuantos parias de la India sin escolaridad los que acompañan masivamente a Bhagwan a Oregon, son occidentales con estudios y, normalmente, con un buen status socio-económico. Puedo entender que mucha gente, incluso gente a la que no parece irle mal, se sienta tentada por formar parte de un paraíso terrenal lleno de paz y amor y donde hay líderes que piensan por ti, de manera que tú solo tienes que mirar al maestro con devoción, oler sus pedos y, en definitiva, entregarle tu dinero y tu fuerza de trabajo para que el pueda comprarse Rolls Royces. En algún momento aparecerán en el líder los rasgos de ser humano, demasiado humano, como decía Nietzsche… Pero tampoco importa mucho, porque siempre habrá una arpía como Sheela a la que echarle las culpas: “fue ella la que lo mareó”.

En cualquier caso, sigo pensando que las sectas destructivas son un fenómeno residual… doloroso, sin duda, para quien lo sufre, pero minoritario. Las sectas son en realidad otra cosa, y no son lo que imaginamos.

Verán. Tengo un viejo amigo que durante años, y a raíz de un divorcio y un segundo matrimonio, empezó a acudir con frecuencia a “retiros” organizados por círculos neotántricos, que por lo visto, están inspirados en las enseñanzas de Osho. Imagínenlo así: un parejita con aires místicos te tienen entretenido en una granja el fin de semana con charlas sobre energías de las que parecen entender mucho, guían meditaciones, comes comida vegana con los demás miembros del grupo, te hacen una sanación que debe consistir en hacer un poco el mono con las manos y las pezuñas, te tocan un poco pero no mucho que te creces y, cuando llega el domingo te abrazan con mucho cariño antes de irte. Tú vuelves a la ciudad como nuevo, convencido de hallarte en un círculo de paz y amor, espiritualmente sanado y dispuesto a soportar con mejor talante durante la semana tu horroroso trabajo. Eso sí, tardas un poco en hacer otro retiro con el grupo, pues nada más llegar a la granja -lo que va delante, va delante- te dejaste una buena cantidad de pasta para la parejita mística, que por cierto tenían la mesa llena de billetazos de todos los incautos que hicieron la misma gilipollez que tú, es decir, pagar para no quedarte en casa el fin de semana viendo partidos de fútbol, soportando a tu suegra y tus hijos o, simplemente, porque no te gusta estar solo y a lo mejor pensaste que en un círculo neotántrico a lo mejor se folla y lo de Badoo te parece demasiado obsceno. Semanas después la parejita te envío una foto que se hicieron de vacaciones espirituales con vuestro dinero en Bali, donde ella aparece tocándole los chacras a una estatua de Buda. 

No quiero ser demasiado cabrón, yo soy mucho más ingenuo de lo que parezco a primera vista y me han engañado infinidad de veces en la vida los desaprensivos. Pero, joder, creo que algo he aprendido.
 
Podemos poner en cuestión los grandes relatos y entender que el gran proyecto racionalista al que llamamos modernidad o ilustración ha colapsado. Podemos pretender, como con aquello del buen salvaje, regresar a la naturaleza, cuestionar la lógica clínica y farmacéutica o descreer de los partidos. Ahora bien, que Dios e incluso la Razón se hayan bajado del trono no significa que en él podamos poner al primer majadero que pasa por la calle, hostia. Excúsenme si resulto prosaico y aburrido, pero ni Nostradamus predijo el coronavirus ni nos vamos a librar de él con homeopatía. Mas bien lo aconsejable no ir a ver al homeópata dichoso porque lo que hay que hacer es quedarse en casa. Es la medicina la que nos está salvando el culo, como tantas otras veces. No encuentro salvación fuera de la ciencia, la política y la ética, llámenme escéptico, pero lo que no soy es crédulo
.

 Y no me olvido de la estética, claro. Ayer mismo miraba con fascinación una de las exposiciones virtuales que, para tiempos de confinamiento, están haciendo lo museos del mundo. Me detuve un largo rato en unos pocos cuadros de Vermeer. En sus retratos, los claroscuros de sus interiores o en sus paisajes está toda la magia que jamás encontrará toda esa patraña del New Age.

Monday, March 23, 2020

CUANDO BHAGWAN ENCONTRÓ A SHEELA

Desde criterios puramente cinematográficos "Wild Wild Country" es un producto ejemplar y en cierto modo un pequeño milagro. Cuesta imaginar cómo los autores de este hipnótico documental han podido obtener todo el material audiovisual de hace casi cuarenta años en que se basa el film. De otro lado, algo debe tener para haber alcanzado tanta proyección, teniendo en cuenta que no es la típica teleficción que encuentras en Netflix y que consta de seis capítulos con más de una hora de duración cada uno. 

Me atrevería a decir que "Wild Wild Country" es, además, un trabajo de una admirable honestidad. En todo momento invita al espectador a hacerse preguntas que la película nunca contestará por completo. Y no son preguntas baladís. Tienen que ver con cuestiones como el bien y el mal, el valor de lo espiritual en nuestras evolucionadas sociedades, la legitimidad de las instituciones democráticas o la inevitable conflictividad que atraviesa las relaciones humanas.  Así escuchamos a los participantes, cada uno de los cuales ofrecerá una visión de los hechos singular y, en muchos casos, opuesta radicalmente a la de otros personajes. Y probablemente terminaremos fascinados... y hechos un lío.

Concretemos. Bhagwan, actualmente conocido como Osho, era un gurú con importantes conocimientos en filosofía y religiones que logro una congregación de adeptos. Su enigmático atractivo personal y sus planteamientos favorables a la libertad sexual ayudaron a que se extendiera su fama por occidente. Jóvenes norteamericanos y europeos empezaron a acudir masivamente a su ashram o centro de meditación. Estamos sin duda ante un coletazo más de la aventura orientalizante iniciada por los hippies en los sesenta. 

El momento crucial para los sannyasin, nombre que recibieron los seguidores de Bhagwan -ya identificados claramente como comunidad-, llega en 1981, cuando entra en escena Ma Anand Sheela. Muchos años después, en su entrevista para "Wild Wild West", ya anciana, declara que el encuentro con el maestro fue el episodio más deslumbrante y decisivo de su vida. La simbiosis fue explosiva. El Bhagwan era un líder carismático, un potente intelectual, un genial manipulador de multitudes y un narcisista con una necesidad enfermiza de ser amado y obtener poder. En cuanto a Sheela, era una brillante experta en logística y gestión de personal, una eficaz buscadora de recursos financieros y un ser despiadado con rasgos psicopáticos, capaz de acciones terribles hacia cualquiera que se opusiera a sus fines.  

Casada con un norteamericano y buena conocedora de los USA, país donde había cursado sus estudios, el acoso del gobierno de Indira Gandhi llevó a Sheela a urdir un plan para que Osho y los sannyasin abandonaran la India. Compraron un terreno -El Rancho- en un desierto de Oregón, junto a la pequeña localidad de Antelope, y fundaron la primera ciudad sannyasin del mundo. Incrementaron su población, maduraron un sistema de producción suficiente para alimentar a toda la comuna y construyeron viviendas y centros de meditación y de logística... llegaron incluso a crear un lago. 

La hostilidad de los habitantes de Antelope indujo a Sheela a apoderarse del ayuntamiento y a dotar a la comunidad de defensores armados hasta los dientes con sofisticado material de guerra, que incluía recortadas y abundante munición, sin olvidar un laboratorio destinado al parecer a prácticas bioterroristas. Cuando el nombre de Antelope fue sustituido por el de Rajnesspuram, los escasos lugareños, algunos de los cuales  aparecen ofreciendo testimonios clave en "Wild Wild Country", ya se habían hecho una idea clara de quien era Sheela y de lo que era capaz. 

Todo Oregon se percató de que los sannyasin iban en serio cuando intentaron apoderarse de las instituciones del condado de Wasco. El plan de Sheela pretendía inicialmente proteger la supervivencia de la comuna, pero no es descabellado afirmar que soñaba con convertir Oregon en un estado sannyasin, en la misma medida en que tenemos a Utah como un estado mormón. Obviamente la comuna empezó a ser vista como una gran amenaza, y el acoso institucional, unido a un atentado con bomba en un hotel de la congregación, empujó a Sheela a emprender una estrategia digna de su audacia. Envió a muchos de los suyos en autobuses para ir "rescatando" indigentes por toda la nación para traerlos a Rajnesspuram y devolverles, según dijo en la televisión, la dignidad que el sistema capitalista les había robado. No era difícil intuir que lo que en realidad pretendía llevando a vivir a Rajnesspuram a esos miles de desdichados era inscribirlos como votantes para ganar las elecciones del condado. 

Es aquí donde la arrogancia de Sheela tocó techo. Las instituciones tomaron al fin la iniciativa frente a su estrategia. Prohibieron inscribir a los miles de indigentes y, tras la derrota electoral de la secta, lanzaron al FBI para encontrar pruebas de actividad delincuencial y destruir Rajnesspuram. Los problemas provocados en la comuna con la abundancia de indigentes y la insistencia de Wasco y Oregon en el acoso terminaron resquebrajando la fortaleza de la sociedad Bhagwan-Sheela. Cuando aquél buscó apoyo en la gente cool de Hollywood, Sheela empezó a sentirse desplazada, no sobreviviendo su amor a los celos que le causó la presencia de Hasya, conocida por ser coproductora de "El Padrino", la cual terminó convirtiéndose en la favorita del gurú, entre otras cosas por prometer nuevas fuentes financieras para la secta. 


Cuando la persecución policial empezó a encontrar argumentos sólidos, Sheela y un pequeño grupo abandonaron la comuna y se instalaron secretamente en Europa. Aparece aquí el Bhagwan más colérico y ansioso de venganza, el más alejado de la consigna de paz y amor, el que más difícil resulta de asociar a la pueril euforia adánica en que vivían los sannyasin en la comuna, esos que lloraban y gritaban de emoción solo con acercarse diez metros al maestro. 

Es el fin. Bhagwan comete un error clave dejando entrar al FBI en la comuna porque pretendía que castigaran los crímenes de Sheela, lo cual permite a las autoridades encontrar indicios criminales muy serios no solo contra ella sino contra el conjunto de la comunidad. Prácticas de bioterrorismo, tramas de inmigración ilegal, intento de asesinato de un fiscal, una compleja red de escuchas ilegales, manejos financieros, un plan para incendiar un edificio público... El aire entre bailes, ceremonias tántricas y amor fraternal estaba ferozmente envenenado. 

Sabedor del peligro de que los policías fueran recibidos a tiros de automática por los fanáticos sanyasin si intentaban llevárselo esposado de Rajnesspuram, Bhagwan decidió salir en secreto en un avión, seguramente con la intención de abandonar los USA rumbo a un país cercano sin riesgo de extradición. No se llevó, obviamente, su célebre colección de Rolls Royce, pero sí algunas de sus mejores joyas -le encantaban- y todo el dinero que fue capaz de introducir en el avión. Cuando paró para repostar fue finalmente detenido. Sufrió un largo y penoso peregrinaje por distintas prisiones federales, lo que parece formar parte de un plan de las autoridades para obligarle a rendirse y confesar. Finalmente, ya en Oregon, Bhagwan pactó con el Gobierno para evitar la cárcel y regresó a la India. Sheela fue extraditada a EEUU y pasó un largo tiempo en prisión por crímenes muy serios. Llegó a especularse con que podía caerle la perpetua. Actualmente Sheela vive en Suiza. 

Tras la marcha del líder, la comuna no tardó en disolverse. Antelope nunca volvió a ser la misma, aunque al menos recuperó su antiguo nombre. Osho, como actualmente se le llama, vivió apenas unos años más. Hay quien, empezando por Sheela, sospecha de las circunstancias de su muerte. 

Al final de "Wild Wild West", uno de los ancianos de Antelope que sobreviven de aquel extraño asunto compara el largo conflicto con un partido de fútbol americano: "luchas y luchas... y al final unos ganan y otros pierden. Y aquí ganamos nosotros"

Quizá Antelope ganara a Rajnesspuram, pero ésta es una conclusión poco lúcida. Hoy la herencia cultural de Osho ejerce más influjo y genera más divisas de lo que nunca soñó la propia Sheela. De alguna paradójica manera, su plan de "cambiar la conciencia del mundo" ha tenido éxito y está mucho más extendido en nuestra sociedad de lo que pensamos. 

Denme un par de días, creo que puedo explicarlo.  

Wednesday, March 18, 2020

CONTRA JAVIER MARÍAS

Circula por ahí el chiste de que El País ha decidido cobrar por los artículos en el formato digital para poder sufragar el sueldo de Javier Marías. 

Ya hace tiempo que he decidido no tomarme en serio a este caballero. Como novelista le respeto, pero no me fascina... es más, a menudo me aburre. En cuanto a sus artículos... en fin, que he llegado a un punto en que me basta leer la frase que la edición dominical recalca en mayúsculas para adivinar todo que el interfecto va a decirnos. Y no es que yo sea visionario, es que Marías es muy previsible. Sus argumentaciones consisten por lo general en una serie de jeremiadas cuyo sentido último se podría resumir así: "El mundo va por mal camino porque todos, menos yo y algunos amiguetes míos como Pérez Reverte, sois una chusma. La solución no la sé, pero, tranquilos, aquí estaré yo para crujir a cualquiera que la proponga, pues en cualquier caso no merecéis salvaros". 

No es el tema del momento con la que está cayendo por la plaga dichosa, pero, al hilo del artículo en La zona fantasma de este domingo, me veo obligado a rebelarme, una vez más, contra la fobia a Podemos que intoxica a un sector muy considerable del electorado del PSOE. Pueden juzgar ustedes, si es que El País no les cobra por leerlo... De momento les dejo una cuantas impresiones personales. 

Afirma don Javier sentirse "estafado" por Pedro Sánchez. Me pregunto dónde está el guapo que no haya estafado a Marías, el cual acostumbra a exigirnos tanto rigor, coherencia y pureza que dudo mucho que exista alguien a la altura. Curiosamente él no tiene remilgos en mostrarse a menudo intolerante o iracundo, sin olvidar ese hábito -académicamente intolerable además de deshonesto- de ocultar o tergiversar de manera deliberada los hechos que contradicen sus teorías. 

Vamos a ello. La estafa sanchista proviene, obviamente, del pacto de gobierno con Iglesias. "Somos muchos", dice, los que, habiendo votado al PSOE, "hemos sido engañados porque se nos dijo que tal pacto era imposible". Que Sánchez se ha contradicho en numerosas ocasiones no lo pongo en duda. El problema, y las encuestas son concluyentes, es que fuimos más los que votamos a uno de los dos partidos con la intención de que pactaran, pues todos intuíamos que la izquierda solo evitaría pasar a la oposición parlamentaria si se configuraba un gobierno coaligado. En el primer periodo electoral la posibilidad de un "gobierno de progreso" en forma coaligada fue alimentada reiteradamente por ambos partidos. Fue después el tortuoso proceso negociador, que se prolongó hasta el verano, lo que distorsionó esa sintonía. 


Yo, al igual que Marías, voté al PSOE en aquellas elecciones. Al contrario que él, lo hice porque entendía que solo pactando con UP habría un gobierno alternativo a la derecha, una derecha que se presentaba más dura en inquietante que nunca ante la emergencia de Vox. Pese a que Marías parece sentirse miembro de una mayoría, resulta que el porcentaje de votantes socialistas dispuestos a pactar con Iglesias era infinitamente mayor que el de los partidarios de otras coaliciones. No sé si al respecto Marías entendió el mensaje de la noche electoral en la sede de Ferraz: "¡Con Rivera no!". Yo sí lo entendí, y eso que no he estudiado en Oxford ni adopto ridículas poses de gentleman. Es esa mayoría, de la cual formo parte, la que verdaderamente fue defraudada en una negociación en la que no me cabe ya ninguna duda que fue el PSOE quien decidió que no prosperara. 


A partir de aquí nos encontramos con una retahíla de imprecisiones, omisiones tramposas, mentiras y arbitrariedades sin pruebas ni argumentos capaces de soportar un mínimo análisis probatorio. Se diría que Marías no quería la coalición y que, por tanto, todo lo que ha ocurrido después prueba que él tenía razón... ¿Por qué? Porque así lo ha decidido el Rey de Redonda, esa fruslería tan cursi y ridícula inventada por algún panoli para convencernos a los plebeyos del rancio abolengo de algunos intelectuales. (Sobre todo rancios, o naftalinosos, diría yo)

Veamos. "A estas alturas no sabemos ni por qué ni a cambio de qué". Mi anotación al margen de esta frase: "tío, eres tonto ¿o qué?". Por los visto Marías aun no se ha enterado de que Sánchez pactó con Iglesias porque si no no era Presidente. Salvo que uno no quiera enterarse porque, en el fondo, lo que desea es que gobierne la derecha, claro. 

Más adelante despotrica contra la mesa de negociación para Catalunya, que califica de "pamema". No hay razón para pensar que sin Iglesias en el Gobierno no existiría esta mesa. En cualquier caso, Marías parece ignorar que una de las razones por las que muchos españoles razonables prefieren a la izquierda consiste en que solo desde el diálogo se pueden encontrar soluciones al conflicto más grave que ha vivido este país en muchos años (hasta que llegó el coronavirus, claro). Más allá lo que nos encontramos es una derecha cerril y ultranacionalista, empeñada en solucionar el problema haciendo como que no existe, o limitándose a exigir medidas represivas, solución muy adecuada ésta para afrontar un incendio si uno tiene vocación de pirómano.

Respecto al precio pagado, Marías considera excesivo lo de los cuatro ministerios y la vicepresidencia. A mí no me lo parece, lo que le reprocharía enérgicamente a Sánchez es no haberlo aceptado meses antes, lo que nos habría ahorrado el engorro de otras elecciones inútiles, cansinas e inoportunas. Empieza a hacérseme bola cuando, con considerables sombras de misoginia, alude al carácter "conyugal" de las concesiones ministeriales para reforzar sus denuestos. Pese a tener sastre, a veces eres muy cutre, Javier.

Alude después a las intromisiones de Iglesias en asuntos ajenos a su cargo. Personalmente intuyo que el gancho mediático del personaje le convierte con cualquier cosa que diga, o incluso si no dice nada, en el perejil de todas las salsas. A mí, la verdad, y teniendo en cuenta que Iglesias es ciertamente un tipo con tendencia al sobreprotagonismo, me parece que anda muy prudente y moderado desde que viste la toga de estadista. Pero Marías no se priva de criticar todas sus intervenciones en diferentes asuntos, por insignificantes que hayan sido sus palabras en cada caso. También, como no, le acusa de haber determinado el cambio de postura del Gobierno Sánchez con respecto a Venezuela, como si en el propio partido de Sánchez no existieran profundas divisiones respecto a la política a seguir por parte de España en el país que todavía rigen los chavistas. 

Vienen luego unas delirantes consideraciones sobre la supuesta revelación de secretos de Estado a quien Marías presenta como un enemigo del régimen y un antisistema. Afirma -¿cómo cojones sabes esto, Javi?- que los servicios secretos más sofisticados del mundo han renunciado ya a trabajar con los de España por culpa de que Pablo está en el Gobierno. Se lo deben haber contado Mortadelo y Filemón. 

Le relaciona con Torra, con Otegi... efectúa una artera insinuación sobre la posible responsabilidad de Pablo en un hipotético resurgir de la banda terrorista... toma ya. Le acusa de haber gritado "Visca Catalunya lliure", sin decir que la frase, pronunciada en un mitin, venía precedida de un "Esto lo dice un español que está orgulloso de serlo", con lo que la interpretación de la intervención queda totalmente desvirtuada. Nos recuerda también lo de la financiación iraní de un programa televisivo. El argumento es muy convincente: "según se cuenta -no sé- por doquier". 


Qué nivelazo, ¿verdad?. Uno al que, como es mi caso, apenas leen cuatro amigos, se preocupa por no ser arbitrario ni calumnioso en sus escritos... Mientras, el articulista más caro y leído de este país se dedica a proferir insultos y afirmar canalladas de quienes no le gustan a cambio de un montón de pasta por semana. Por mí no va a ser. Se acabó, Marías huele a rancio y además es un tipo profundamente tóxico. Tenía toda la razón Ignacio Sánchez Cuenca cuando le incluyó en La desfachatez intelectual como uno de los grandes impostores de la intelectualidad celtibérica. Adiós para siempre.

Friday, March 13, 2020

PAPEL HIGIÉNICO

El genial humorista gráfico Perich comentó en una ocasión que "el éxito de la canción de Los Pajaritos demuestra que toda la culpa no es del Gobierno". No sé si lo recuerdan: aquella chica mojigata del acordeón cantando "pajaritos por aquí, pajaritos por allá, la colita remover"... Y millones de personas hechas y derechas en las playas y en las verbenas como un solo hombre entregados al ridículo bailecito. Vamos, que lo que venía a decir Perich es que si teníamos malos gobernantes es porque nos lo merecíamos. 

Decimos que en la tele hay demasiados "todólogos", tertulianos que se sienten con autoridad para emitir opiniones sobre cualquier cosa, simulando saber de cosas de las que no tienen ni idea. Pero no son excepcionales, en realidad nos representan, pues los bancos de los parques y las barras de los bares están repletas de tipos que tienen muy claro que los gestores se equivocan, y se equivocan en todo, pues no solo son corruptos, sino que además son incompetentes. Yo no sé si las autoridades han actuado como toca, pero aquí, allá y acullá no paro de escuchar voces airadas que fustigan a los gestores por haber hecho tal cosa, por haberla hecho tarde o por haber hecho ésta y no esta otra. Lo más curioso es que el mismo indignado que afirma enérgicamente algo por la mañana afirma justo lo contrario por la noche y con el mismo tono campanudo.

Miren, yo creo que una cosa es la democracia y otra es que todos creamos servir para ministros. Además, y como sugería el Perich, en vez de mirar tanto al Gobierno deberíamos plantearnos si los demás damos la talla como ciudadanos. 

¿Han ido al supermercado? Si este entrar en pánico se da con una gripe -hasta el punto de que somos nosotros mismos y no el virus quien va a colapsar los suministros de bienes básicos-, cabe preguntarse qué pasaría si viviéramos una verdadera catástrofe como las que conocen bien otros países. Llama también la atención que mientras la misma chusma que estalla de miedo y vacía las estanterías de papel higiénico es la que decide desoír los consejos de los expertos y salir de las capitales rumbo a todas partes para extender el contagio a base de bien y colapsar los centros clínicos de las localidades turísticas. 

Me viene a la memoria cierta escena muy repetida en Los Simpson: una autoridad aparece en la tele para avisar a la población de que cierto fenómeno, por ejemplo el Efecto 2000, va a causar algunos "problemillas"... Cinco minutos después la s calles arden, los comercios son atracados por bandas de encapuchados y hay incendios y sabotajes por todas partes. Quizá después de todo tenía razón la Thatcher cuando dijo aquello de que "la sociedad no existe": como colectividad, ahora mismo, somos un puto desastre. Indeseables como aquella Primera Ministra han conseguido que asumamos con tal naturalidad el "sálvese quien pueda", que en cuanto sobrevienen circunstancias que se deben abordar colectivamente, nos comportamos como un hatajo de niñatos. Eso sí, siempre podemos echarle la culpa a Pedro Sánchez. 

No pretendo que situaciones tan desdichadas como esta pandemia arrastren nada de bueno, entre otras cosas porque, además de provocar debacles económicas, está matando gente. Lo que sí podemos es aprender con ella, porque siempre los momentos adversos brindan nuevas perspectivas. Otra cosa es que sepamos aprovecharlas, algo que, como ya se vio con la Gran Recesión, no siempre sucede. 

Todo se ha bloqueado y cancelado: las Fallas, el fútbol, las clases, los viajes... Cuando desde este blog pregunto si somos conscientes del bienestar en que vivimos irrito a los radicales, que, por lo visto, prefieren las jeremiadas de quienes afirman que hay que poner el mundo patas para arriba porque todo es un desastre. Yo, por el contrario, creo que lo revolucionario es proteger lo que hemos conseguido, empezando por derechos que han costado tanto como la sanidad y la educación universales. 

No me gustan las Fallas en exceso, pero es hermoso que la ciudadanía local tome las calles durante una semana al año cuando se acerca la primavera. Deberíamos pensar, ahora que vemos a gente pegándose por un rollo de papel higiénico, que tenemos una sociedad perfectamente abastecida. Nos enfadamos, yo el primero, porque hemos cancelado una salida en San José, pero la realidad es que viajamos más que nunca y visitamos lugares con los que nuestros abuelos solo podían soñar. Mientras nuestro Presidente aparece en la tele para anunciar el estado de alarma como pidiéndonos perdón, sabiendo que la derecha -siempre tan leal- le va a crujir sin piedad, y que los españoles se enojarán con él, haga lo que haga, deberíamos dar gracias por no vivir en un Estado despiadado y autoritario como China, donde te meten en casa bajo pena de hostiarte hasta nueva orden y no necesitan recordarte que es mejor que no rechistes. 


Cuídense. Es una orden. 

Tuesday, March 10, 2020

MAX VON SYDOW. DIOS GUARDA SILENCIO.

Hace toda la vida que amo a Max Von Sydow, actor sueco favorito del gran Ingmar Bergman que acaba de fallecer a los noventa años de edad. Es difícil imaginar a un enemigo más temible para el demonio que el Padre Merrin, al cual interpreta en "El exorcista". Igualmente difícil resulta igualar al criado del joven Wayne de Michael Caine... y Von Sydow lo consigue. La serie de trabajos brillantes del sueco es interminable, pero yo me quedo con sus actuaciones para Bergman en "Fresas salvajes" y "El séptimo sello". No sé si alguna película ha sido tan influyente en mi vida como ésta última... Acaso soy el que soy porque la vi en ese momento biográfico clave en que empieza a asomar el adulto que he terminado siendo. 

Un caballero, Antonius Block, regresa de las Cruzadas con su escudero, Jonas. De inmediato descubre que la peste está destruyendo a la gente de su tierra. La Muerte se le aparece para llevárselo, pero Block sugestiona su orgullo y obtiene una breve prórroga, durante la cual disputará con la criatura de la guadaña una partida de ajedrez. El objeto de esta astucia, más que por el miedo a morir, se explica por la intención de Antonius de encontrar algún sentido a la existencia antes de desaparecer. 

Sucesivos encuentros y aventuras por un paisaje devastado por el miedo y el fanatismo, siempre con la sombra de la Muerte pisándole los talones, convencerán al Caballero de lo que sospecha desde su atroz experiencia guerrera en tierra de infieles: Dios ya no está entre nosotros. Su rencor al predicador que le convenció para acudir a la Cruzada envenenará hasta el final el corazón de Antonius. 

En el último tramo del relato, de una belleza sobrecogedora, Antonius se encerrará en su castillo junto a su esposa y otros desorientados para protegerse de una plaga que parece precipitarlo todo hacia el abismo. Antes de que la Muerte pase para cobrarse su tributo, Antonius habrá consumado su último acto con algún sentido: distraer a la Pálida Dama para permitir la huida de la joven pareja de actores que encontrarán así, gracias a Antonius, la posibilidad de hacer sobrevivir lo que de noble pueda quedar en nuestra especie. Nadie que haya visto "El séptimo sello" puede olvidar aquella escena final: la Muerte llevándose, con su danza siniestra, a los refugiados del castillo, empezando por Antonius, quien siempre supo que el destino de su partida era el jaque mate. Nadie puede sustraerse a esa derrota. 

¿Qué es el Séptimo Sello? En la Biblia, es el momento en que Dios guarda silencio. El Libro Sagrado promete que ese momento es transitorio, una incomparecencia del Padre que, al desatar la incertidumbre entre sus criaturas, las está desafiando a perseverar en la fe. El problema es que esa transitoriedad a la que hemos sido desterrados es, como los campamentos de los refugiados, el único horizonte en que se traman nuestras vidas. Dios no está, guarda silencio... ni siquiera tenemos derecho a creer que si estuviera fuera capaz de amarnos. 

Dijo Cioran que el sinsentido de la existencia era la única razón que vuelve la vida tolerable. Sospecho que por eso un fanático religioso, es decir, un tipo deslumbrado por la certidumbre, es capaz de lanzar un avión contra un rascacielos, convencido de que en el cielo sabrán valorar su martirio. La vida no tiene sentido, o mejor, como no está dado de antemano -que es lo que no hay manera de que entiendan los creyentes- tenemos que inventarlo. ¿Otorga algún sentido a sus últimos días el acto de Antonius de salvar al titiritero y su familia? Esta cuestión es consecuencia de la que Bergman se plantea: ¿qué sucede con la moral cuando nuestra experiencia desenmascara la farsa de los apóstoles que anuncian al Mesías? ¿Cómo seguir sobre la tierra cuando entendemos que el Padre nos ha dejado? ¿Cómo afrontar la inminencia de la desaparición cuando ya sabemos que es irreversible? 

Quizá, ante la omnipresencia de la plaga, debiéramos pensar en hacer algo digno de respeto antes de acudir a refugiarnos en los sótanos del castillo. No hay Dios vigilando. En todo caso, podemos esperar ser recordados por unos pocos.

La partida terminó, la Muerte siempre gana. Pero Von Sydow quedará para siempre en la memoria de quienes tanto le quisimos.   

Thursday, March 05, 2020

L0S MIASMAS

Los hermanos de mi abuela murieron uno tras otro del garrotillo. Daban tal nombre en aquella España rural y atrasada a una de esas enfermedades infecciosas que no se sabia cómo tratar y por las cuales los niños atestaban los cementerios. La suya es la historia de una superviviente. Contó que su madre no la quería y que deseaba que fuera ella la que ocupara el sitio de cada uno de los que caía, de ahí que la obligara a pasar las noches en la cama donde dormía el que acababa de marcharse. Ella sacaba la cabeza de la manta, estiraba el cuello para que los miasmas que se habían llevado a sus hermanos no la destruyeran también a ella. Creo que los gérmenes no sabían con quién se la jugaban. A lo largo de sus casi noventa años de vida les declaró una guerra sin cuartel que pretendía hacer durar más allá de la muerte, pues insistió a mi madre en que quería ser enterrada junto a cierta hermana suya que, por lo visto, era la única que no había faltado por alguna fiebre contagiosa.

Represión religiosa atroz, la hipocondría que la hizo enloquecer desde niña... Añadimos un egoísmo inmoderado y ya tenemos la mezcla explosiva que determinó una personalidad paranoica, capaz de mantener en una tensión intolerable a todo aquel que se le acercaba. 

Lavaba la ropa y las sábanas a diario... Todo lo que le rodeaba, empezando por ella misma, olía a lejía y desinfectante. Ponía litros de limón a todas las comidas. Rechazaba el contacto humano como si todos fuéramos transmisores de la peste. "La gente me da asco", decía a veces. Como todo cazavampiros, creía saber siempre donde estaba el Mal, pues, en realidad, está en todas partes. Sabía que gérmenes y microbios deambulan por doquier, pero que son invisibles por minúsculos, lo que da idea de su luciferina perfidia. 

Curiosamente no creía en los médicos; por eso, pese a que los visitaba a menudo, no solía tomarse los fármacos que le recetaban. Prefería rezar incansablemente las cuentas de su rosario. Una mañana en que yo debía marcharme a trabajar a otra provincia, ante la noticia de alguna gripe que despertó tantos temores como ahora el coronavirus, mi abuela me suplicó que no me fuera. Como una aldeana medieval, sospechaba que la Peste Negra estaba fuera, arrastrándose por los caminos entre los trapos de los peregrinos, y que si un viajero regresaba portaría el Mal consigo. 

No sé qué gravedad tiene esta epidemia que amenaza no sé si con matarnos a todos, pero sí desde luego con colapsar temporalmente nuestra forma de vida. ¿Asumimos la paranoia de mi abuela? Seremos profundamente infelices, como ella lo fue, pero tendremos salud... 

¿Seguro?

Cuando veo que no solo los estantes del supermercado se vacían de productos para la desinfección, sino que hay quien incluso empieza a hacer acopio de víveres, como preparándose para una catástrofe, me pregunto qué pasaría con nosotros si se declarara una guerra o si los niños, como hace un siglo, murieran a legiones. Sospecho que tardaríamos poco en sacarnos los ojos unos a otros...  Y no es descabellado, a fin de cuentas está en nuestra historia.

También cabe soñar con el regreso al mundo anterior a Pasteur y Fleming. Lo de mi abuela tiene una justificación, era lista pero ignorante, los médicos le parecían un hatajo de matasanos y los centros de salud eran para ella almacenes de gérmenes. Me sorprende más que personas aparentemente formadas de nuestros avanzados tiempos aprovechen el trance para inocular a sus prójimos su veneno conspiranoico. Por no hablar de las gilipolleces new age de quienes ven en el coronavirus el síntoma de que tenemos una sociedad enfermiza por culpa de las vacunas, los tratamientos farmacológicos y la perversidad de la medicina convencional. 

Estos son días en los que todo el mundo opina. Y está muy bien, a mí también me mola mucho hablar gansadas sobre lo que ignoro. Pero yo al menos sigo la máxima socrática: sé que no sé. Eso me anima a mantener cierta cautela ante el tropel de informaciones que llegan en todas direcciones y que sirven para que empecemos el día convencidos de una cosa para alcanzar la noche creyendo justamente lo contrario. Tras preguntar a una médica amiga de en cuya sensatez confío plenamente, me recordó que todos los años mueren miles de personas en España por gripes conocidas. Sin banalizar para nada un asunto serio, y asumiendo que un virus que aún no se sabe cómo tratar y que se contagia con gran facilidad debe generar preocupación, me pregunto en cualquier caso si no se nos está yendo un poquito la olla con el coronavirus. 

Se me ocurren dos conclusiones. 

Son muy aburridas, lo siento. Mola más decir que esto lo ha inventado Trump, el cual se va a forrar porque ya tiene la vacuna y, de paso, matando dos pájaros de un tiro, va a joder a base de bien a los chinos. También podemos rastrear a los iluminatti o a los masones, que seguro que saben algo. Pero yo soy más prosaico. Mi primera conclusión es que debemos dejar hacer su trabajo a los científicos. Y debemos, además, hacerles caso antes de escuchar a los profetas del apocalipsis. Mi abuela no confiaba en ellos, pero yo, qué le vamos a hacer, tampoco confío en las cuentas de su rosario.

La segunda es que deberíamos acordarnos de que las instituciones que constituyen los Estados no siempre son el mal. Tenemos una buena salud pública. Algunos muy pillos se frotan las manos cada vez que se pone en tela de juicio la necesidad de una salud pública, universal y bien financiada. Parece que hacen falta crisis de terror como la del coronavirus para que corramos despavoridos a exigirle a las instituciones que nos protejan. Tampoco estaría mal acordarse de que durante la crisis se echaron a perder equipos de investigación que trabajaban duramente en favor de nuestra salud. 

Trabajen y encuentren la vacuna. Gracias al desarrollo de la ciencia vencimos el garrotillo y despareció en nuestro país la mortalidad infantil que, hace solo un siglo, mataba a los niños como Lucifer pasando su guadaña. Hoy nos encontramos con una esperanza de vida por encima de los ochenta años. Si no me creen siempre queda el rosario.