Wednesday, February 20, 2019

EL TRAMPOSO ERES TÚ

Explica Guy Debord en su célebre y profético ensayo que el espectáculo no es una simple representación, sino una Weltanschaaung o, para que nos entendamos, una concepción hegemónica del mundo y un vector básico de socialización. No es que las relaciones entre humanos amplíen su difusión mediante el espectáculo, sino que éste toma el lugar de aquellas, simula que son ellas, con lo cual consuma el perfecto asesinato de lo social, pues no se descubre su cadáver. Hemos sido engullidos por la pantalla, los media aniquilan las relaciones humanas, pero como todo transcurre ahora dentro de ella, creemos que lo social resplandece más que nunca. De esta forma, y dado que el espectáculo sólo es simulacro de socialidad, el cadáver teledirigido de lo social se apodera de la vida humana precisamente para neutralizarla, para desactivar sin solventarlos sus conflictos y contradicciones. 

Veamos. Programa "Chester in love", Antena 3. El presentador, Risto Mejide, que ha hecho fortuna en la tele por sus habilidades como impertinente fustigador de concursantes, es decir como showman, más que por sus virtudes como entrevistador, convoca a su sofá al "intelectual" Arcadi Espada. 

Que un personaje tan irrelevante obtenga líneas a menudo es de entrada preocupante. No estoy demasiado seguro de si Espada cree todas las barrabasadas que dice. De lo que no tengo dudas es de que ejerce de baladrón y bufón mediático porque con ello adquiere notoriedad y fortuna. Le va bien así, como le va bien a otros cuantos que deambulan por La Sexta, el diario El Mundo o similares con la misión de proporcionar titulares escandalosos y calentar al personal. Espada responde perfectamente al perfil habitual: antiguo militante de extrema izquierda, desencanto convertido en cinismo, el rechazo a la supuesta corrección política, desplazamiento hacia posiciones reaccionarias... todo muy previsible, muy aburrido incluso.  No hay más, son gente sin talento ni calidad humana para otra cosa que no sea hacer de tonto útil en las tertulias, generando la simpatía de los sectores más resentidos de la sociedad, o haciendo sentir a los "correctos" -léase Ana Rosa Quintana o el propio Mejide- que su conciencia es más limpia e higiénica. 

Como pueden observar, no soy sospechoso de afinidad con el personaje. Sin embargo, a los pocos minutos ya emerge la sospecha de que lo que le ha planteado Mejide es una encerrona. Comparece en representación del feminismo, del que Espada se presenta como azote, la veterana Lidia Falcón. Ridículamente encaramada a un púlpito en frente del sofá, reprocha al invitado sus supuestas intervenciones en favor de violadores, acosadores y maltratadores. Completamente alejado de la deontología del entrevistador, Mejide toma sistemáticamente partido en contra del entrevistado, acusándole de tramposo e irrespetuoso... No hay en Espada una sola subida de tono, es el contenido de sus intervenciones lo que el presentador considera repulsivo. La pregunta que uno se hace entonces es inevitable: ¿por qué entonces lleva al programa a un tipo que es célebre por defender ideas abyectas? 

El paroxismo de la espectacularización televisiva se desata a continuación. Se reprocha a Espada una intervención despreciativa frente a quienes a sabiendas traen al mundo niños con síndrome de Down. Se sube al dichoso estrado un señor afectado. Lloroso, apenas puede articular palabra. Cuando se otorga a Espada la oportunidad de contestar demanda al presentador que le deje hablar el tiempo que sea necesario sin interrupciones, exactamente igual que él ha hecho con el otro invitado. Mejide lo expulsa del programa. Cuando se marcha, Espada alega: "el tramposo eres tú". 

Miren, a mí me causan un profundo desprecio los tipos como Arcadio Espada. Hay algo muy turbio, muy tenebroso en esa mirada torva y ese hablar engolado. Es un indigente moral, y como todo indigente, produce una mezcla de asco y lástima. Reconozco en su porte algo que que proviene de los peores recovecos del corazón humano y que se manifiesta en el ideario que exhibe en diarios y televisiones.  Espada es un tipo dañado, uno de tantos que será olvidado y que irá a parar a la fosa común de la insignificancia a la que nos vemos abocados los que apenas hemos hecho nada en la vida. 

Pero no, no es el bueno de don Arcadio el desencadenante de mi escrito. ¿Nos damos cuenta de la naturaleza del show televisivo que se nos ofrece? Dice Mejide durante la entrevista que le "hierve la sangre" con las opiniones del entrevistado. ¿Por qué entonces -vuelvo a preguntar- lo sienta en el Chester? Yo contesto: para proporcionarnos el miserable espectáculo de su escarnecimiento. Espada es una patética criatura del show bussiness, pero Mejide también, y no de mejor calaña. Lo que intentaba Mejide con su entrevistado es lo que hace habitualmente en los concursos y realitys cutres en los que ejerce de "tribunal", es decir, humillar y pisotear a los desdichados que participan. ¿Qué nos hace pensar que en esos programas actúa y en "Chester" es el Risto de verdad? A mí me parece que en ambos hace lo que sabe hacer, que es triturar a la gente para quedar él por encima y, por ende, hacer sentir al espectador que también él es mejor. 

Al final del programa y tras haber afirmado que le llevó porque todo el mundo merece ser escuchado, expulsa a su entrevistado a modo de final feliz del bochornoso show que ha montado. "El tramposo eres tú", dice Espada, y por más que me moleste darle la razón en algo a semejante sujeto, qué quieren que les diga, tiene razón. 

Acabo donde empecé, en Debord. El espectáculo no nos ofrece realidad, si profundiza más y más en la lógica del reality es precisamente porque ha hecho desaparecer lo real, de ahí que, como lo echamos de menos, no haga sino ofrecérnoslo en versión simulada. Lo que vimos en Chester in love es una manipulación perfectamente tramada de lo que se presenta como una controversia ideológica, pero no hay tal, ya no la hay nunca en la tele. 

La tramposa es la tele. Y ahora viene la autopregunta: ¿por qué vi esa entrevista? Contesto: porque por la mañana Cuatro ya había extendido el rumor de que en el programa que se emitía grabado esa noche Mejide había expulsado a Espada. Ergo soy cómplice. Por cierto, durante la entrevista y hasta el momento culminante -que imagino que veremos repetidamente en programas de zapping- la cantidad de pausas publicitarias resultó insufrible. Insisto, soy cómplice. Temo que usted también.  

Thursday, February 14, 2019

DEL INCONVENIENTE DE SER PEDRO SÁNCHEZ

El veredicto del jurado en "Doce hombres sin piedad" parece irremisiblemente destinado a ser unánime. Las pruebas que incriminan al reo son demoledoras. Cuando vi la obra en Estudio 1 hace una eternidad me impactaron las razones del único miembro que inicialmente discrepa: "seguramente ustedes tienen razón, pero quiero que me convenzan y disipen así cualquier sombra de duda que pueda existir, pues si el veredicto es de culpabilidad el acusado se enfrenta a una posible pena de muerte". Supongo que ya saben lo que pasa luego. 

A Pedro Sánchez deberíamos reconocerle al menos que su posición es complicada. "Gobernar es difícil", decía a menudo Mariano Rajoy. Tenía razón, pero en el caso del actual Presidente la dificultad es aún mayor: todo el mundo está contra él, quizá incluso quienes están de su lado no hacen sino esperar el momento de apuñalarle. 

Veamos. Según la derecha, y me refiero únicamente al caso catalán, Sánchez es un "felón" que ha caído en la "alta traición" y forma parte de un ejército golpista. Para los secesionistas es justo lo contrario, es decir, un antidemócrata que desde el autoritarismo del Estado opresor no está dispuesto a aceptar la supuesta voluntad popular. Llegan a resultar cómicas esas tertulias televisivas donde unos le acusan de haber vendido a España cediendo a las condiciones de los separatistas, mientras estos porfían para convencerles de que no, "este señor no nos concede nada, este señor es para nosotros un enemigo como ustedes". Luego está el fuego amigo, del que nadie está preparado para defenderse. El País, diario de cabecera de la izquierda moderada, cargó inmisericorde contra Sánchez cuando decidió mantener el "no es no" para no facilitar un gobierno de la derecha. El célebre aparato del Partido y los defensores de la ahora casi olvidada Susana Díaz llevan años intentando destruirle e incluso hoy no pierden la menor ocasión para desacreditarle. 

Pero Sánchez, lo siento, es el protagonista de uno de los relatos más fascinantes de la vida política española de los últimos años, que por cierto suele navegar por derroteros más bien grises y mezquinos. Muchos socialistas desagradecidos no parecen haber entendido que el actual líder salvó al Partido en el momento más crítico de su historia. Una vez dimitió y fue dado por muerto, el episodio del automóvil dando vueltas por España, que merecería una película y de las buenas, llegó a suscitar una mezcla de lástima y desprecio. Pero Sánchez regresó reforzado, se presentó a las primarias contra Díaz y todas las viejas glorias que la respaldaban. Las bases, siempre tan inoportunas, le devolvieron el trono de fuego del PSOE. Algún tiempo después, con una representación parlamentaria casi ridícula, Sánchez jubiló a un Presidente nefasto y contaminado por la corrupción y devolvió al PSOE al primer puesto en las encuestas de voto. Es un proceso inaudito cuyo final está aún por escribir, pero tiene a día de hoy las cualidades de una pequeña obra maestra de la política, entre otras cosas porque con un golpe de genio entendió que los nacionalistas o la izquierda profunda eran cautivos de la exigencia de ayudarle a echar al PP. 

Permítanme darle vuelo a la frase de Rajoy, veamos por qué es tan difícil gobernar.

No es plato de gusto lidiar con un asunto tan inflamable como el de la secesión. Es una ingenuidad pensar que un gobernante del Estado va a conceder un referéndum de autodeterminación, y menos en las condiciones en que lo ha planteado el Gobern de Catalunya, saltándose garantías parlamentarias básicas e ignorando a los millones de catalanes que no quieren separarse de España. Pero es aún más torpe creer que este problema se resuelve únicamente desde la represión policial, como le gusta pensar a la derecha. Sólo un hatajo de irresponsables pueden sostener la especie de que no hay nada de qué hablar y que las largas penas de prisión que proponen para los dirigentes del Procés va a acabar con problema, cuando la evidencia es que lo que van a conseguir es lo que ya ha ocurrió durante los años de Rajoy, que el soufflé independentista no hizo sino crecer. 

Dejo de lado el problema catalán, entre otras cosas porque los dos bandos enfrentados están empeñados en hacernos creer que es lo único que importa. Sustenta la socialdemocracia el principio de que su misión en el gobierno es proteger los derechos sociales y compensar los desperfectos que, empezando por la creciente desigualdad, alimenta la dinámica del actual capitalismo global. Proteger lo que aún queda del Estado del Bienestar es objetivo esencial de un gobernante de izquierdas. Asusta en este sentido escuchar a Casado hablar del gobierno de Madrid que piensan birlarle en breve a Carmena como un "laboratorio neoliberal" inspirado en las ideas de Milton Friedman, en mi opinión uno de los personajes más dañinos de la historia reciente de Occidente. Sus recetas son conocidas: bajar los impuestos a los ricos, eliminar derechos laborales y prestaciones a los desfavorecidos y vender las empresas públicas. 

Un caso sintomático: Venezuela. No estoy en condiciones de opinar taxativamente sobre la mejor solución para el país. Lo que me cuesta entender es que desde Podemos se inste a Sánchez a desautorizar a Guaidó mientras desde la derecha se le acuse de "cobarde" a pesar de que el Presidente no ha hecho sino apoyar la posición de la Unión Europea.  

Podría referirme también al preocupante ascenso de la ultraderecha. Mas de cuatro décadas después de la muerte del Dictador, los viejos enemigos de la democracia reaparecen para recordarnos que las libertades y los derechos humanos están siempre bajo amenaza.


"No me gusta Sánchez, pero...". Esta frase la he oído mucho últimamente. A mí sí me gusta, o mejor, empieza a gustarme. Pero eso es lo de menos, lo importante son los puntos suspensivos. Sánchez es lo que ahora mismo tenemos para resistir a los malos. Si encuentran algo mejor me avisan.   

Wednesday, February 06, 2019

LAGERTHA

Tras la batalla contra los daneses, Lagertha, que acaba de ver morir a su último amante, el Obispo Heahmund, desaparece y es dada por muerta. Semanas después regresa seriamente dañada a la Corte de Wessex, revelando que ha sido salvada y protegida por una bruja oculta en los bosques. 

-"¿Qué aprendiste cuando estuviste entre la vida y la muerte, Lagertha?"

-"Aprendí que la vida es sufrimiento, y que lo único que importa es cómo nos comportamos ante la adversidad", contesta la Reina escudera.

¿Tiene razón Lagertha? 

Otro de los personajes que han sobrevivido a las cinco temporadas que lleva la serie sobre la saga de Ragnar Lothbrok entre nosotros, Floki, nos invita a conclusiones similares. Después de una vida de guerras y saqueos, el viejo constructor de barcos ha decidido viajar rumbo al norte en búsqueda de ignotas tierras que descubrir. Llega a Islandia, donde funda una colonia. Floki, convertido en profeta de Odín y decidido a no seguir llenando su vida de sangre y muertes, cree haber hallado al fin la residencia de los dioses en aquella enorme isla helada. Pero la historia de la colonia que ha creado termina siendo una atroz sucesión de crímenes y venganzas fratricidas. Una mañana, cuando ya empieza a sospechar de su propio delirio, penetra en una cueva gigantesca donde espera encontrarse con Odín. Ya cree escuchar el martilleo de los enanos del Valhalla cuando topa con el símbolo que más odia, una cruz de piedra: el dios judío que se está apoderando de Europa ha invadido también hasta las tierras más inhóspitas del norte. La risa nerviosa en que estalla Floki corresponde al amargo descubrimiento de que toda su vida ha sido en vano. 

Disculpen si me pongo metafísico, pero ¿tienen algún sentido nuestros desvelos? ¿Hay algo más en nuestras vidas que unas pocas pausas de precaria felicidad entre horrores y tragedias?

Siempre me acuerdo de las escenas finales de Paquirri en la inmunda enfermería de Pozoblanco. En algún momento entendió que se estaba desangrando irremediablemente y que lo que estaba viviendo era su agonía. Nunca olvidaré sus últimas palabras: 

-"¡Tanto trabajá pa na!"

Yo entiendo muy bien la frase póstuma del matador. Como entiendo a Lagertha, aunque me malicio que así como el torero pasó su vida estoqueando a miles de ejemplares del animal más bello y noble que conozco, la dichosa Lagertha podría pensar en los muchos adversarios a los que se llevó por delante, a veces con indómita crueldad. Quizá Odín nos ha puesto aquí para vernos pasarlas canutas, sí, pero hay que ver lo mal que -sobre todo algunos- se lo hacemos pasar a quienes comparten el planeta con nosotros. 

En realidad, lo que pasa es que, además de muy quejicas, somos bastante cabrones. 


Puedo adivinar la violencia de algunas de las tempestades que se vienen encima, sabedor además de que hay otras muchas más esperando que no soy capaz de prever. No sé si, como pretende Lagertha, seré capaz de aguantarlas ni cuál será la que termine de descuajarme. De lo que no estoy nada seguro es de que con el consiguiente sufrimiento se escriba todo el tiempo que me quede por vivir. Me han pasado cosas, no todas buenas, desde luego. Aparte de asumir el grito de Nietzsche -"lo que no me mata me hace más fuerte"-  he descubierto con el tiempo que algunos acontecimientos que en su momento juzgué desdichados han terminado convirtiéndose en soluciones para los peores entuertos de mi biografía. 

De otro lado, y ya que nombro a Nietzsche, siempre me ha importunado ese tufo a convento de quienes se pasan el tiempo quejándose por la dureza de la vida. Algunos mienten, de lo contrario no se entiende por qué viven en casas más bonitas que la mí o se hartan de gambones en restaurantes a los que yo ni me acerco. Otros son simplemente unos tristes que, resentidos porque la vida no les ha dado lo que creían merecer o porque no follan ni con la lluvia, porfían sin descanso para convencernos a los demás de que deberíamos pasar nuestras horas lloriqueando a la espera del Juicio. 

Creo que son los genes de mi madre... tomé hace tiempo la firme resolución de divertirme sin mesura hasta el final de mis días. Me las van a dar de todos los colores, lo sé... Precisamente por eso no pienso perder ni un instante lamentándome. 

Les dejo, tengo mucho que hacer.  

Thursday, January 31, 2019

PERSONAS TÓXICAS

"Es una persona tóxica". He escuchado últimamente a menudo esta frase. La psicología de multitudes pone de moda un concepto, a menudo una metáfora o un anglicismo procedente de la literatura de autoayuda, y se normaliza su uso hasta hacerse masivo. No obstante creo que conviene prestar atención en este caso. 

¿Qué es una persona tóxica? En realidad, todos somos algo tóxicos. Los seres humanos ejercemos poder los unos sobre los otros. Lo hacemos en el sentido más foucaultiano de la palabra... Como afirmaba el filósofo francés, "el poder está en todas partes, o mejor, viene de todas partes". De nuestros actos y de nuestras palabras se deriva la facultad de influir sobre los demás, y con ello, de forma intencionada o no, les hacemos mejores o les intoxicamos. Las consecuencias de lo que hacemos son incontrolables, y eso nos convierte en un peligro para nuestros semejantes. Yo soy potencialmente tóxico, sospecho que lo soy especialmente para mis alumnos o para mis hijos. La cuestión es si los venenos que les inoculo son auténtica e insistentemente nocivos y pueden dañarlos. 

Les cuento una pequeña historia verídica que sucedió hace más de medio siglo a una persona allegada. Siendo niña fue ingresada de urgencia en un hospital con diagnóstico de envenenamiento por arsénico. Requirió un lavado de estómago y los padres fueron interrogados bajo sospecha. Resultó que la niña reconoció haberse comido dieciocho polos de limón en apenas media hora. En aquel tiempo los polos contenían una cantidades mínimas de arsénico perfectamente inocuas en condiciones normales, pero tóxicas en una ingesta masiva. No se si ven a dónde quiero ir a parar. Todos somos malos, todos los padres proyectamos nuestras frustraciones sobre nuestros hijos y les hacemos cargar con nuestras fidelidades, traumas y fobias... La cuestión es si se las administramos en dosis tolerables e incluso beneficiosas o si, por el contrario, les hacemos comerse dieciocho polos de nuestro arsénico nada más se levantan de la cama por la mañana. 

Como no he contestado aún a la cuestión esencial, trataré de ser más concreto. Una persona tóxica no es, por ejemplo, Donald Trump. El actual ocupante de la Casa Blanco es malo, pero se le ve venir, se detectan sus embustes, su agresividad y su demagogia a kilómetros. De ello se deduce que el tóxico es, por encima de todo, un tipo de intenciones dañinas y maniobras soterradas. A menudo su conducta corresponde a un tartufo, manifiesta valores santurrones para desviar la atención sobre su verdadero propósito, que siempre es hacer daño. ¿A quién? Sencillo: a aquellos que, con su conducta, amenazan con desvelar la mediocridad y la pequeñez del santurrón. El tartufo es un acosador de manual. Le aterra que la nobleza y la audacia de otro le haga reconocerse como inferior. Por eso, en vez de intentar ser mejor, se esfuerza por convencer al otro de que sus sueños no pueden realizarse, que no será capaz, que no vale, que por más que lo intente nunca llegará a ningún sitio. 

Sólo hay una solución para que una persona tóxica no te dañe: ignorarla... Y, si es posible, alejarse de ella. 

Friday, January 25, 2019

GRETA, JULEN Y CLEO

1. Greta Thunberg, una adolescente sueca, comparece en la Cumbre sobre el Cambio Climático de la ONU en Katowice. Nos tacha de hipócritas a los adultos. Decimos querer a nuestros descendientes, pero las evidencias cada vez más incuestionables apuntan hacia un entorno a corto plazo inhabitable. Trump y otros negacionistas afirman sin rubor alguno que eso del calentamiento global es una patraña urdida contra el capitalismo y contra Norteamérica. Tienen razón en una cosa: los demás gobiernos, esos que guardan silencio o los que incluso asisten con aparente entusiasmo a los foros donde se plantea la urgencia de tomar medidas, coinciden con ellos en lo que están haciendo para frenar el desastre, o sea, nada. Escuchen a Greta si no lo han hecho aún. Conmueve. 




2. De lo que no se puede hablar más vale callarse. Por eso no sé qué puedo decir sobre la tragedia de un niño cuyo cuerpo -temo que sin vida- intentan extraer de un agujero convertido en la puerta del infierno. Nada puede consolar a una familia que sufre una tragedia de esta magnitud, no hay paraísos a los que dirigir nuestras plegarias capaces de remediar tal injusticia. 

Pese a todo, en el tiempo que llevamos esperando noticias milagrosas han muerto miles de niños en el mundo por causas evitables como el hambre, las enfermedades contagiosas o la violencia. No podemos golpearnos la cabeza contra la pared porque este sea un planeta despiadado. Pero, al menos, podemos apagar la tele tras maldecir a las hienas que, tras despotricar de Paquirrín o los últimos líos de Gran Hermano, ponen semblante compungido y convocan a tertulianos "expertos" para lloriquear sobre el affaire que esta semana incrementa exponencialmente las audiencias. 

Me viene a la memoria "El gran carnaval", una de las joyas más a contracorriente de Billy Wilder. Charles Tatum, interpretado por un joven Kirk Douglas, es un periodistas alcoholizado a punto de ser despedido de su periódico. Le encargan cubrir la noticia de un minero aprisionado en un agujero cuyo rescate se complica. Cuando por fin la autoridad competente encuentra la manera de sacar al minero, y cuando la atención del público se hace masiva, Tatum decide obstaculizar activamente el rescate para que el asunto se prolongue. No creo que estemos tan lejos de semejante monstruosidad. 

3. "Roma" es sin duda una de las mejores películas que hemos visto en años. Alfonso Cuarón alcanza en ella la cumbre en materia de realización cinematográfica. Es extraña y a la vez irreprochable. Con ella pasa en cine lo que en su día pasó con "The wire" en la teleficción: nunca has visto nada igual y, sin embargo, cuando la ves llegas a presentir que ha reinventado el lenguaje narrativo y que ya nunca más verás un relato como antes los veías. 

Ganará todos los Oscars que haya que ganar, pero me asaltan algunas dudas. Los señores ricos y trajeados que aplaudirán a rabiar en ceremonias donde correrá el Don Perignon, ¿son conscientes de lo que "Roma" nos está contando? ¿Entendemos que la Matanza de Tlatelolco, para la cual el gobierno mexicano contó por cierto con la asesoría de la CIA,  fue un crimen contra la humanidad que quedó impune? ¿Creemos que vivir destinadas a la pobreza, la servidumbre y la ignorancia, como sucede con la joven amerindia que protagoniza la película, es un recurso narrativo más o menos talentoso? ¿Han pensado los votantes de Trump, ese señor que odia tanto a los pobres y a los inmigrantes, si el Presidente debería felicitar a Cuarón por su éxito?

Friday, January 18, 2019

SIGLOS IMPARES

Tengo una estúpida fobia, los siglos impares. No me ofendo si lo consideran un síntoma psicopatológico o, si lo prefieren, una perfecta majadería. Sólo deseo no inocularlo a mis herederos... En primer lugar, porque deja el presente y el futuro cercano en el peor lugar imaginable: nos hallamos en los compases tempranos de un siglo impar. En segundo, porque es una apreciación racionalmente injustificable. Cien años es un periodo demasiado largo, pasan cosas buenas y malas, hay demasiadas tribus en el planeta para que un hombre serio como el que pretendo ser se entregue a consideraciones tan gruesas. Casi sería mejor afirmar la típica jeremiada de que todos los siglos han sido igualmente nefastos -no faltan argumentos-, que la historia es un reguero de sangre y todas esas cosas...  parece que uno queda mejor. Pero, qué quieren, esto una informal bitácora, de manera que, a riesgo de exasperarles, voy a hablarles de mi impresentable fobia. 

Empiezo en el XVI, un periodo de admirable impulso innovador, durante el cual surgieron, especialmente en Italia, algunos de los mayores talentos que el mundo ha conocido. La centuria siguiente -impar- se me antoja sangrienta y tenebrosa, con Europa desgarrada por las guerras y sometida a la tiranía de los fanáticos. El XVIII se beneficia a mis ojos del culto ilustrado a la razón y la libertad, mientras que el XIX recoge el sufrimiento masivo del capitalismo industrial más desaforado y alimenta los espíritus inquietos con el tóxico falsamente romántico de los nacionalismos. En cuanto al XX... bueno, es par, sí, pero hablar bien de un siglo atravesado en su primera mitad por dos guerras mundiales y sus genocidios adheridos resulta como poco irresponsable, ya lo sé, pero yo pienso mucho en la cultura de los Derechos Humanos, el Estado del Bienestar o la democratización de la vida política y de las costumbres, fenómenos característicos de la segunda mitad del novecientos. 

Me detendré sobre el XVII, seguramente porque en estas últimas semanas me toca explicar a Descartes en el aula. 

Asocio el seiscientos a una película magnífica y terrible, "El último valle", de 1970, interpretada por un joven e impecable Michael Caine. Vogel, un poeta nómada que huye del hambre, la peste y la guerra, y un grupo de despiadados mercenarios dedicados a arrasar y saquear poblaciones coinciden en una pacífica aldea aislada en la montaña alemana que, gracias a las nieves invernales, se ha librado milagrosamente de los desastres que asolan el corazón de Europa. Vogel y el capitán de los mercenarios urden un astuto plan para que, al menos durante un tiempo, convivan campesinos y soldados sin matanzas ni saqueos ni violaciones. Nadie hará tanto por lesionar el plan como dos habitantes de la aldea, el cacique y el sacerdote. Éste último desencadenará la catástrofe cuando decida quemar por brujería a la bella aldeana de la que se ha enamorado el capitán. Vogel (Omar Shariff), hombre de paz de principio a fin, verá poco a poco, como si de un destino endemoniado se tratara, que la precaria convivencia irá gangrenándose paso a paso hasta el desastre final. 

La tragedia del XVII, en concreto la de su primera mitad, atravesada por las guerras de religión hasta la Paz de Westfalia, resulta de la colisión entre el impulso humanista, heterodoxo y científico que el Barroco hereda del Renacimiento, y el fanatismo, la intolerancia y la crueldad de los poderes que venían dominando con puño de hierro la civilización europea desde mil años atrás. Dijo Michel de Montaigne, padre del escepticismo y la tolerancia modernas: 

Yo vivo en una época pródiga en ejemplos increíbles de crueldad. Apenas podía yo creer, de no haberlo visto con mis propios ojos, que existieran almas tan monstruosas que, por el sólo placer de matar, cometieran muertes, que cortaran y desmembraran los cuerpos, que aguzaran su espíritu para crear tormentos inusitados y nuevos géneros de muerte sin odio, sin provecho, por el sólo deleite de disfrutar el grato espectáculo de las contorsiones y movimientos.

Llámenme simplista o maniqueo, pero el cuadro cronológico del siglo no puede contener más espantos. La centuria se inicia nada menos que con la atroz ejecución de Giordano Bruno. En 1616 empieza la persecución contra Galileo que, con distintas idas y venidas, durará casi toda la vida del sabio. En aquel entonces quedan prohibidas las obras de Copérnico. Dos años después empieza la Guerra de los Treinta Años, una de las más crueles y sangrientas de la historia del viejo continente. En el 19 es ejecutado el científico Vanini por ateísmo. En el 26 se produce la matanza de los hugonotes, que costó la vida en Francia a miles de personas. Puedo seguir, es un calendario siniestro de persecuciones, torturas y linchamientos. 


En los estertores del siglo, Isaac Newton, consciente de que con él cuaja definitivamente la Revolución Científica que desemboca en la Ilustración, reconoce con humildad haberse "encaramado en los hombros de gigantes". Se refería a Bruno, Galileo, Descartes, Huygens, Kepler...

No sé si nuestro siglo XXI encontrará cíclopes de semejante talla. Lo que sí sospecho es que va a necesitarlos. Y también advierto el aliento fétido y feroz de los mismos fanáticos que convirtieron el XVII en un escenario infernal. Es lo que tienen los siglos impares.   


Friday, January 11, 2019

EN EL BAR

Bajo de casa hay un bar lleno de gente enrollada, entendiendo por tal a sujetos cargados de testosterona, buenos bebedores de cerveza, escasamente leídos y tan taxativos en sus opiniones futbolísticas  como en las relativas a política y mujeres. El vocerío que sale del bar se expresa en términos similares a los que se escuchan en muchos hogares españoles. Algunos de mis alumnos están empapados de ellos. Vale que la ultraderecha prospere y que este país esté lleno de personas que han decidido convertir a los inmigrantes, los gays, los políticos o los catalanes en la explicación de su baja autoestima y su incapacidad para entender de qué va esto de la democracia... Pero yo, al menos con mis alumnos, no me voy a rendir tan fácilmente. De manera que me van a permitir efectuar unas cuantas aseveraciones muy básicas, es casi pura pedagogía de sentido común... A ustedes no les harán falta, son personas sensatas, pero entiendan que algunos de mis alumnos crecen en entornos muy intoxicados. 

1. La violencia machista no es una categorización caprichosa ni destinada a discriminar a los varones. Claro que yo -que soy un varón- también puedo sufrir violencia, y las leyes están para perseguirla. Pero cuando un colectivo es sistemáticamente objeto de una violencia criminal y asesina debe ser especialmente protegido, pues su situación es de especial vulnerabilidad. La derecha habla hoy de violencia doméstica o de lo mala que es "la violencia en general" -manda huevos, con perdón- porque le tienta desproteger a las mujeres de la que son objeto a manos de varones, normalmente sus parejas o ex-parejas. 

2. Quienes emigran a España lo hacen con la misma intención -mejorar sus vidas- con la que nuestros jóvenes conciudadanos se desplazan hoy a distintos países o, hace medio siglo, lo hicieron personas como mis padres para escapar al paro, la pobreza y la dictadura. Que la inmigración deba ser controlada y regulada es razonable, criminalizar la intención de buscar refugio como si fuera un acto de por sí inmoral es una profunda inconsecuencia. ¿Genera el trabajador extranjero precariedad? Yo creo más bien que es el modelo empresarial el que ha mutado en busca de costes más baratos... y es por tanto el capital el que ha propiciado la llegada masiva de inmigrantes, esos que se dice que nos quitan el trabajo. ¿Conflictividad y delincuencia? Yo creo que estos disturbios están mucho más asociados a la pobreza que a la extranjería o el choque de culturas. No estaría mal tampoco que nos acordáramos del monumental problema demográfico que amenaza seriamente la viabilidad futura de la nación antes de aplaudir con las orejas a Vox Andalucía por exigir la expulsión de cincuenta y dos mil inmigrantes. (Y, por cierto, ¿expulsarlos a dónde?)

3. Uno puede cuestionar la viabilidad del Estado de las autonomías o el régimen competencial que se ha ido articulando desde el nacimiento de la Constitución. Lo que me resulta difícil de entender es que desde un territorio concreto, como ha sucedido en estos días con Andalucía, haya quien solicite a la Administración Central que le reste competencias. "No soy capaz de gobernarme a mí mismo, señores de Madrid, vengan ustedes a decirnos lo que tenemos que hacer". ¿Pero es que somos imbéciles o qué?

4. Qué el feminismo albergue algunas trazas de intolerancia no convierte el movimiento por la liberación de la mujer en "feminazismo". He encontrado a lo largo de mi vida intolerantes en todas las ideologías, incluyendo las más libertarias, pero convertir la excepción en norma es una maniobra tramposa y demagógica. El machismo es un residuo antidemocrático y reaccionario de las sociedades contemporáneas; son los que pretenden mantener la discriminación de la mujer los que asocian feminismo a hembrismo. 

5. La "libertad de elegir" que la derecha cacarea insistentemente es una falacia. Su objetivo es proteger los intolerables privilegios de los que goza la Iglesia Católica en España y que todos sufraguemos la enseñanza privada. Las consecuencias, y esto es lo que no se dice, son la segregación educativa y el deterioro de la enseñanza pública. 

6. Los políticos, las ONG y, en general, las instituciones públicas deben ser sometidas a público escrutinio y, si procede, denunciar sus malas prácticas. Ahora bien, si nos dejamos seducir por los manipuladores de la antipolítica podemos olvidar que sin instituciones no podríamos vivir y que no necesitamos menos sino más democracia. Por cierto, hay que tener mucha desfachatez para -como pretende Vox- arrebatar las subvenciones a las ONG "ideológicas". Probablemente haya una ideología detrás de quienes rescatan náufragos a punto de ahogarse en el Mediterráneo o quienes vacunan a los niños saharahuis en los campamentos de refugiados. Viva entonces la ideología. Por cierto, supongo que les parecerá poco ideológica la Fundación Francisco Franco. A fin de cuentas ya sabemos lo que decía el Generalísimo: "Haga como yo, no se meta en política".  

7. A los ecologistas, no contentos con atorrarnos con el rollo de separar basura, no contaminar las ciudades con nuestros automóviles o ahorrar agua, les ha pegado ahora por dar la murga con el cambio climático. Fastidia mucho que te digan que no puedes despilfarrar la energía que te apetezca, por eso viene muy bien que entre nosotros empiecen a aparecer seguidores de Trump que nos dicen lo que queremos oír, que eso del calentamiento global es un invento de cuatro hippies recalcitrantes. Lástima que la evidencia científica sea cada vez más dramáticamente incontestable... Claro que, ¿quién quiere la verdad si la mentira mola más?