Thursday, January 16, 2020

LA ASIGNATURA DE RELIGIÓN Y LA ENSEÑANZA CONCERTADA. ALGUNAS MENTIRAS MUY REPETIDAS.

La Iglesia Católica es una institución con un enorme poder económico y político en España. Ese poder no se lo otorga la fe ni la generosidad económica de su feligresía, sino los Acuerdos con la Santa Sede que, aprobados unos meses antes de la Constitución, prolongaron el Concordato firmado entre el Gobierno español y el Estado Vaticano un cuarto de siglo antes, en plena dictadura franquista. 

La anomalía democrática que supone el mantenimiento de tales acuerdos se advierte en la lectura de los célebres puntos 16.3 y 27.3. de la Constitución, los cuales garantizan y protegen la libertad de conciencia y de práctica religiosa, pero en ningún caso determinan la existencia de la asignatura de Religión en las escuelas públicas ni la financiación estatal de las escuelas religiosas. Esta extraña contradicción por la cual se sostienen prácticas inconstitucionales después de cuatro décadas de democracia se explican porque, si bien el horizonte constitucional es laico, el del Concordato es propio de un estado confesional. Solo la falta del valor de los distintos gobiernos socialistas -el que sí tuvieron para legalizar instituciones como el divorcio, la interrupción del embarazo o el matrimonio gay- explica que la anomalía religiosa subsista en España. 

En vistas del anuncio de la derogación de la Lomce por el gobierno de coalición, es cuestión de tiempo que el Episcopado organice a su ejército para lanzarse a una batalla que va a ser tan incruenta como ya amenazan las distintas fuerzas parlamentarias de la derecha, esas con las cuales la Iglesia se alía sistemáticamente a lo largo de la historia de España. Ese ejército es numeroso y disciplinado, pues le va mucho en este conflicto. Lo componen los "liberados" del gran sindicato, sacerdotes y monjas, entregados a una causa que es la suya, pero también los clientes, es decir, los millones de españoles que envían a sus hijos a escuelas concertadas pertenecientes a las órdenes religiosas. 

No vamos a tardar en ver golpes de pecho y escuchar toda suerte de mentiras y atrocidades. Mi propuesta es acudir a la batalla con el único armamento democráticamente legítimo: la razón y la verdad. Y por lo que a mí respecta, pese a que no soy excesivamente optimista, estoy dispuesto a afrontarlo con entusiasmo. 

Primera mentira que no vamos a dejar de escuchar. Le ponen un nombre tomado de la tradición liberal: libertad de elegir. De entrada, presenta una artera trampa semántica: la libertad siempre es "de elegir", sin elección no hay libertad. Se esgrime la libertad de conciencia y el derecho a educar libremente a los hijos como si en nuestro país alguien negara la posibilidad de inscribir a los niños en colegios privados y, por tanto, sometidos a un ideario específico y gestionados con criterios de empresa privada. Lo que no se dice es que lo que en realidad exigen es que usted y yo, es decir, los contribuyentes, financiemos dichos establecimientos, a los cuales ya no debemos denominar "privados", pero tampoco "públicos", pues pese a depender de la financiación estatal, se gestionan desde criterios mercantiles. 

El sistema propicia entonces la existencia de todo tipo de prácticas discriminatorias. La financiación institucional de un procedimiento tan anticonstitucional como la segregación por sexos, que se da en centros de élite -muchos de ellos vinculados al Opus Dei-, suscita escándalo, pero solo es una pequeña parte de la trama. Los colegios concertados cobran cuotas de dudosa legalidad y segregan a su alumnado desembarazándose con peregrinas razones del alumnado indeseado por razones de status económico, comportamiento disruptivo, raza, extranjería, dificultades de aprendizaje, problemas motóricos... La tendencia que predomina es la de que tales alumnos sean reconducidos hacia centros públicos. La pretensión final es la existencia de una red de alta calidad frente a una escuela pública entendida como beneficencia. Se trata, en suma, de sostener y fomentar la desigualdad y el clasismo. Todo muy evangélico, como ustedes pueden observar. 

La segunda gran mentira tiene que ver con la asignatura de Religión, entendida como materia de adoctrinamiento que se imparte por profesores elegidos por los obispos, con los criterios que podemos imaginar y que nada tienen que ver con los me permiten a mí impartir clases de Filosofía. No tengo nada en contra de que se enseñe cultura religiosa en mi instituto, con predominio curricular -somos europeos- de la herencia viva del cristianismo, cuya presencia en nuestra civilización es colosal. Yo mismo me ofrecería para impartir dicha asignatura. Pero no esto lo que la Iglesia pretende, ni es lo que impuso la Ley Wert. 

Se argumenta que los alumnos no están obligados a dar Religión. Faltaría más, no estamos en el Yemen, y el nacional-catolicismo, impuesto con sangre durante el Régimen durante cuarenta años, ya se ha dado por extinto. La trampa está en que, por mor del Concordato y la presión de la jerarquía católica, la asignatura debe tener una alternativa, pues esa jerarquía sabe perfectamente que si los alumnos que no dan clase de catecismo -pongamos por caso a últimas horas de la jornada escolar- pudieran marchar a casa, la asignatura ofertada se quedaría sin alumnos. Hay pues que imponer una asignatura de castigo para los infieles. Esa asignatura se llamó durante años "actividad alternativa", "estudio asistido" y similares mangarrufas. 

Con Wert experimentó el asunto una nueva vuelta de tuerca, obviamente con la intención de satisfacer las demandas más radicales de la Conferencia Episcopal. Convirtieron la Religión en asignatura "normal", tan valiosa como las matemáticas, y alternativa a la Ética, lo que se acompañaba de la desaparición de la  polémica Educación para la Ciudadanía. 

¿Efectos? Se me ocurren dos. 

-La Religión cuenta para incrementar notas medias y obtener con ello becas y preferencia en las notas de acceso a la universidad. Como la instrucción que reciben los profesores de Religión es poner un sobresaliente por decreto sin necesidad de dar un palo al agua en clase, nos encontramos con que muchos alumnos desechan optativas en bachiller como Francés, Psicología o Informática para obtener el 10 gratis y adelantar a sus compañeros en las medias. 

-En la ESO, donde la alternativa es Valores Éticos, los alumnos que escogen Religión se quedan sin estudiar los fundamentos racionales de la acción moral. Esto supone que un alumno puede pasar todo su trayecto académico sin plantearse los fundamentos raciones de la ética... Solo conocerá -cuando no ven películas, que es lo que hacen normalmente en clase de Religión- los principios de Verdad Revelada desde los que se sostiene el problema del bien y del mal en el contexto de la fe.   

No creo en Dios. Es más, tengo la desfachatez de saber, con absoluta certeza, que solo es una leyenda. La vida, que es muy astuta, me ha enseñado no obstante que la fe ayuda a muchas personas a ser nobles y virtuosas. Jamás aceptaré que un estado se declare ateo y se conculque un principio tan básico como el de la libertad de conciencia. No se dejen engañar. No es eso lo que defienden los Rouco Varela y Cañizares de turno, de hecho creo que la libertad de pensamiento les molesta particularmente. Se encomiendan a esa panoplia porque lo que pretenden es mantener unos privilegios intolerables. 

Podemos luchar. Y podemos seguir consintiendo que la tacañería de los fieles sea compensada por el conjunto de la ciudadanía, que habrá de seguir consintiendo muchos privilegios que -pensemos por ejemplo en el IBI- van más allá de la cuestión educativa. Si elegimos esta opción, mejor dejar de quejarnos por tener una democracia de baja calidad. Ustedes deciden.  


Friday, January 10, 2020

LA MALA EDUCACIÓN

La escena transcurre en un pueblo cualquiera de interior. Se celebra una modesta competición amistosa entre equipos de niños menores de 10 años de diferentes localidades. Tras un par de faltas en contra, los familiares acompañantes de este equipo empiezan a increpar en tono airado al árbitro, un chico de unos quince años, dando por hecho que éste actúa deliberadamente contra ellos. 

Cuando el rival, por propios méritos, consigue de forma inesperada darle la vuelta al marcador, el tono reivindicativo de los señores en cuestión -deduzco que padres de los niños que van perdiendo- pasa de airado a claramente agresivo e intimidante. El escándalo llega cuando, tras señalar el colegiado un penalty discutible -en mi opinión, que lo vi de muy cerca, fue penalty-, uno de los padres sale al terreno de juego para ordenar a los niños que se retiren del partido. Tras un largo tira y afloja el partido se reanuda y concluye sin que el tono áspero de los acompañantes se suavice ni un ápice. Como mientras los niños van al vestuario sus padres se quedan un buen rato, enzarzados en trifulcas dialécticas con tirios y troyanos, la policía local termina arrimándose a la cancha para poner orden y que el evento futbolístico termine sin mayores desórdenes. 

Lo más inteligente se lo escucho a una anciana: "Tengan un poco de educación, que hay niños". Esta mujer ha captado lo sustancial: un bárbaro de cuarenta años puede no tener remedio, en él ya se ha forjado un trozo de carne, un patán dedicado a rebuznar desde las gradas de los estadios como un asno. Pero un niño que aún no llega a los diez... demonios, ahí estamos fabricando el Mal en vivo y en directo. Estoy preparado para coexistir con patanes, pero me resisto a ver como se crean otros nuevos. No iba desencaminada la señora, no... Tenían ustedes que ver la violencia y los modos tan antideportivos con los que se emplearon los chavales del equipo perdedor. Incapaces de aceptar algo tan natural, incluso tan saludable, como es la derrota, respiraban ya el aire pútrido con el que sus padres les habían intoxicado. 

Verán, ya no tengo ninguna esperanza de educar a ese gran sector de españoles que, después de casi medio siglo sin Franco -caudillo de España por la gracia de dios-, sigue sin entender que esto de la democracia va de aceptar al que no piensa como tú... incluso de que sea a él a quien le toque gobernarnos a todos. Nadie es angélico, todos vivimos en nuestro laberinto de intereses y tendencias. A mí, por ejemplo, no me gusta que gane elecciones la derecha. Tengo razones para pensar que algunos gobiernos como el de Aznar han hecho mucho daño a este país sin que la Historia, al menos hasta hoy, los haya puesto suficientemente en su sitio. La gestión autonómica que durante dos décadas hemos vivido en el País Valenciano me parece infernal, casi es un milagro que hayamos sobrevivido a tanta incompetencia, a tanto latrocinio. 

...Bien, podría seguir, pero no soy ingenuo. Los batacazos recientes del otrora imbatible socialismo andaluz son absolutamente merecidos, y aún les pasa poco. Algunas de las peores atrocidades que se han perpetrado desde las instituciones son responsabilidad de gestores de la izquierda. Tampoco aquí acabaría, pero, por referirme a mi propia experiencia, basta contarles que algunos de los tipos menos recomendables que he conocido exhibían sin ninguna vergüenza un póster gigantesco de Karl Marx en el centro de la casa. Tengo un vecino, ex policía, que es más facha que Bertin Osborne... Mi visión del mundo no puede estar más lejos de la suya, pero les aseguro que pondría la vida de mi familia en sus manos antes que en las de los monstruos espantosos que he encontrado a menudo en organizaciones sindicales con ínfulas de izquierda profunda. 

Miren, yo soy un tipo con algunas convicciones sólidas y muchas dudas. Mi biografía ideológica es sinuosa y puede que contradictoria. Eso puede tener que ver con lo frágil de mi personalidad, pero lo que no acepto es que se discuta mi capacidad para autocuestionarme. Pese a que digo demasiados tacos, no insulto ni descalifico con frecuencia porque no me siento en posesión de la Verdad y porque en actitudes o creencias que me producen rechazo inmediato trato siempre de buscar algún aspecto salvable, alguna justificación que explique cómo un congénere puede alejarse tanto de lo que a mí me parece que es la sensatez. Hay otra razón: intento ser una persona educada.



Baldoví, el diputado de Compromís, tiene toda la razón: lo que hemos visto estos días en el Congreso va más allá de la contienda ideológica: es una cuestión de convivencia, de principios básicos, es en suma una cuestión de educación. 

Que la derecha española no sepa perder es preocupante. Se pueden cuestionar, hay razón para ello, muchas de las decisiones de Sánchez, empezando por la de forzarnos a una absurda repetición electoral. Y puedo entender que para muchos españoles el pacto de investidura con los independentistas sea una infamia. Lo que me parece inaceptable es que un recinto como es un parlamento se convierta en una jaula de caras desencajadas por la sobreactuación y gruñidos de odio y amenaza. 

Yo sé muy bien qué es la ultraderecha en España. Pero que las maneras típicas del fascismo y la intolerancia se extiendan en un partido pro-sistema como el PP invita a una tensa reflexión. Lo que pasa es que, en realidad, esto no es nuevo, no lo ha inventado Vox. La política del insulto, la crispación y el vocerío ya la practicó insistentemente la bancada azul durante el mandato de Zapatero. Creo, sinceramente, que la derecha española es incapaz de entender que el Gobierno no le pertenece, que la alternancia en el Poder es una condición del sistema, y que las formas son importantes en democracia. 

Y son las suyas unas formas repulsivas. Cuesta mucho, lo digo por la profesión que desempeño, enseñar a los chicos la importancia de aceptar a los que no piensan como tú y guardar unas formas mínimas de respeto. No me lo pongan todavía más difícil de lo que yo lo tengo en una sociedad repleta de adultos intolerantes y cerriles. 

Compórtense como personas y no como simios, señores de la derecha, aunque solo sea porque hay niños mirando.    

Friday, January 03, 2020

LOS AÑOS VEINTE

¿Saben ustedes quién es Robert Kingsnorth? Yo tampoco... hasta este domingo, en que El País tuvo a bien dedicarle una entrevista con ocasión de la publicación de su libro "Confesiones de un ecologista en rehabilitación". 

Les ahorro la visita a wikipedia. Robert Kingsnorth, presentado en El País como "ensayista", fue un destacado líder de la causa ecológica, vinculado durante décadas como activista a la organización Greenpeace y asiduo en audaces formas de protesta contra la construcción de autopistas, centrales térmicas y similares atentados contra el medio ambiente. Hoy, arrepentido de sus esfuerzos pasados, vive completamente alejado de la causa, aislado junto a su familia en una hacienda campestre en Irlanda donde enseña a sus hijos a vivir en comunión con la naturaleza y a cultivar sus propias hortalizas. Dando por hecho que cabalgamos hacia el apocalipsis climático y que el ecocidio es ya irremediable, parece que en su ensayo relata cómo serán los días del planeta cuando, felizmente para éste, la civilización haya implosionado y los pocos sapiens que sobrevivan no tengan otro remedio que vivir de nuevo como salvajes. 


Kingsnorth adquirió cierto protagonismo recientemente, cuando anunció su intención de votar a favor del Brexit. Considera que Boris Johnson ha sabido entender que las grandes organizaciones de Estados, como la UE, son democráticamente ilegítimas, y que su nacionalismo puede reforzar los sentimientos locales de amor al terruño, los cuales vienen siendo triturados por la globalización. 


Veamos. De entrada no tengo nada en contra de que un activista, desilusionado con la política y con las contradicciones de su especie, decida que nos den a todos, busque salvar a su familia por sus propios medios y se encierre en una granja a cultivar zanahorias. Cuando lo pienso detenidamente, a mí también me molaría irme a una casa en la campiña de Irlanda, lo que pasa es que el salario no me da más que para un pisito en un suburbio...  


Me llama la atención su lamento respecto a la "traición" del ecologismo, que se ha vendido a la política, sustituyendo el objetivo de salvar el planeta y dialogar con el paisaje por el empeño en reducir las emisiones de CO2. Es inútil, dice, la catástrofe climática ya es irremediable y da igual lo que hagamos; no la vamos a detener por comprar coches eléctricos y separar los restos de basura, panoplias que en el fondo suponen pactar con el capitalismo, como si dentro de una sociedad ultraconsumista como la nuestra fuera posible frenar la debacle . Rechaza también la "politización" del mensaje ecologista, que se ha prostituido al entregarse a la contienda partidista en favor de las fuerzas de izquierda, cuando la defensa del planeta es por definición una causa "apolítica".


Por partes. 



De entrada llama la atención que en una edición dominical donde se habla de 2019, y de los Años Diez en general, como un tiempo de protesta ciudadana en el mundo, se entreviste y se promocione el libro de un señor que nos recomienda desistir porque ya hace tiempo que perdimos la batalla. ¿Qué hacer? Nada, los malos ya han ganado, siempre ganan. Como dijo un entrenador de fútbol: "Sé que voy a ganar un partido cuando advierto que el rival empieza a no creer en la victoria". Yo no sé si la catástrofe climática es ya inevitable, lo que sí sé es que a quienes más contaminan, es decir, quienes más interés tienen en que nos prosperen los acuerdos contra las emisiones, son quienes más desean que triunfen los mensajes disuasorios de los desesperanzados. Curioso: el efecto del mensaje de Kingsnorth, que sabe con certeza que llega el desastre, es idéntico al de los que dicen justo lo contrario, los negacionistas climáticos: no hay nada que debamos hacer. 


Más curiosidades. El mismo que dice que el ecologismo se ha vendido al sistema y que se ha dejado ganar por el posibilismo es el que vota al facha de Boris Johnson y abraza una causa tan insolidaria, reaccionaria y populista como el Brexit... Y -hostia- dice el tío que lo hace por motivos ecologistas.   


Vale, es un capullo, no le demos más vueltas. Pero permítanme una reflexión. Cuando se inició la década dimos por hecho que venían años difíciles. En un planeta superpoblado diez años dan para que pasen muchas cosas desagradables. Pero ésta ha sido también una década sumamente interesante. En 2010 Tony Judt dijo que "algo va mal". Su mensaje, que el discurso neoliberal, hegemónico durante tres décadas, ha confirmado su fracaso, ha dejado de ser cosa de unos pocos intelectuales de la izquierda irredenta. Han hecho fortuna mensajes populistas profundamente cargados de intolerancia, insolidaridad y racismo, es verdad, pero también hemos visto multitudes en las calles protestando enérgicamente contra la desigualdad, el abaratamiento de la democracia, la corrupción de los gestores, la precarización laboral o el deterioro ecológico. 


Podemos -y debemos- emplear esfuerzos en debatir qué mensajes alientan la violencia y la segregación y cuáles demandan más democracia y justicia social; o quiénes reclaman nuevos amos y quiénes buscan empoderar a las multitudes. Hemos visto el ascenso de Trump, Bolsonaro, Johnson y Salvini, pero también hemos vivido el 15M, Occupy Wall Street o la Primavera Árabe, y hemos visto crecer como la espuma el movimiento feminista o la lucha contra el cambio climático. 


Dicen que vivir tiempos interesantes es una maldición. Pero, reconozcámoslo, la crisis económica ha repolitizado nuestras sociedades y nos está sacando a marchas forzadas de aquello que se llamó la dictadura de la indiferencia. Nada me parece más alejado de la ruta que vislumbro para las comunidades contemporáneas que la actitud de personajes como el tal Kingsnorth, que nos invita al confort de la inacción. 


Es verdad, los malos terminan ganando siempre.  Pero me viene a la memoria la frase de Beckett; "Fracasa de nuevo, fracasa mejor". 


Bienvenidos a los años veinte.    

Wednesday, December 25, 2019

ESPECIAL NOCHEVIEJA

Cuando era crío generaba una gran expectación el Especial Nochevieja de Televisión Española. Con el tiempo descubrimos los niños de los setenta que el programa estaba grabado, que los artistas que salían eran mayoritariamente insufribles y que el país cuyo sentido de la diversión se ponía a prueba aquella noche era bastante casposo. Quedarse en casa a verlo, como en general, dedicarse a ver la tele, terminó pareciéndonos cosa de fracasados, algo profundamente deprimente. 

La idea que hoy solemos hacernos de nuestra paleotelevisión invita a la vergüenza mucho más que la melancolía. Las imágenes recuperadas del pasado nos retrotraen al patetismo de humoristas como Pajares y Esteso, al Ballet Zoom, a las azafatas del Un, dos tres y a los anuncios de Caramelos Sugus, Caramelos Sugus, Sugus de Suchard. Uno piensa que deberíamos estar peor de lo que estamos, teniendo en cuenta que nos educamos con aquella televisión que era la única disponible excepto para los privilegiados que, como mi amigo Javi Muñoz, disfrutaban de la segunda cadena, más conocida entonces como el UHF. 



España se quitó parte de su caspa con la tele en color, que vendió cajas tontas a millones cuando el Mundial 82. Llegó La bola de cristal y los yanquis nos enviaron a Starsky y Hutch, Los ángeles de Charlie o la impagable Dallas. Que el Rey salvara a España del 23F nos dejó convencidos de que la democracia tenía futuro y el terreno quedó preparado para la Ley del Divorcio y la llegada de las televisiones privadas, algo por lo visto muy deseable y que muchos saludaron como el triunfo definitivo de la libertad de expresión y la consolidación de una sociedad plural y colorista.

Recuerdo bien lo que oí decir a un niño en los noventa sobre TeleCinco: "Es un Canal en el que parece que siempre sea Nochevieja". No había más que ver el programa que presentaba Milikito, con las Cacao Maravillao, o, hablando de tías buenas, de Ay, que calor, programa italiano presentado por un gorrino gordo y sudoroso en el que mozas de buen ver bailaban y terminaban enseñando las tetas. La libertad al fin había triunfado y este viejo país ineficiente -como lo llamaba Gil de Biedma- se hacía digno de la Revolución Burguesa que los señores feudales habían aplastado a base de cristazos.

No hay más que ver el nuevo TeleCinco: horas y horas donde un hatajo de indeseables destrozan a pobres desdichados que prostituyen su dignidad a cambio de quince minutos de fama y unas pocas perras. Siempre me acuerdo de aquel viejo loco interpretado por Luis Ciges que salía en Todo por la pasta, un digno thriller de Urbizu. Cada poco el tipo se subía al tejado del geriátrico y amenazaba con lanzarse al vacío. La enfermera que acudía a rescatarlo le prometía ponerle la tele todo lo que él quisiera. Y él contestaba a voz en grito: "¡La tele no, que en la tele solo salen hijos de puta!" Podía haberse conformado con decir lo que pensamos todos, que la tele es mala, pero los locos acuden sin remilgos al corazón de la verdad. No hay un solo aforismo de Nietzsche o Cioran con tanta sabiduría como recoge esa frase de un hombre desesperado. 

Exceptuando los partidos de la selección española, que aún se dan en abierto, no creo que haya nada en la tele que reúna tantos espectadores como las tertulias de las hienas de telecinco, lo cual demuestra que muchos de nuestros conciudadanos son dignos de un país de Pajares y Esteso. 

Este fenómeno por el cual la tele que se ve de forma mayoritaria es pura mierda durante horas y horas se explica por el proceso de  individualización de la sociedad, que ha terminado por convertirse en la estrategia de dominación característica del capitalismo globalizado. Si quieres ver lo mismo que las multitudes, no hay mucho más que poner las tertulias de las hienas. Si quieres calidad, debes aceptar que hoy ver televisión es fundamentalmente un acto privado: la era dorada de las teleseries ha propiciado una forma de consumo que nada tiene que ver con la  paleotelevisiva, propia de las sociedades del siglo XX.


No siento nostalgia, no más que esa asociación entrañable que hace nuestra memoria con las banalidades que rodeaban nuestras vidas cuando éramos jóvenes. No veré el Especial Nochevieja, ni siquiera para saber cuánta piel enseñará Cristina Pedroche cuando lleguen las uvas. 


Pero permítanme: siempre recuerdo el efecto que, a la mañana siguiente, se advertía entre los niños en el patio con cualquier estupidez que hubiera pasado la noche anterior en el único canal que todos veíamos. De alguna manera, aquella lógica todavía franquista reunía a las familias  y cohesionaba a la nación, aunque solo fuera para criticar a alguien que había escandalizado a las abuelas... Como cuando Krahe cantó aquello de "como un gilipollas", Lola Flores perdió un pendiente, Uri Geller dobló cucharas con su telepatía, España superó la Batalla de Belgrado para meternos en el Mundial de Argentina o Jiménez del Oso nos convencía de que los marcianos estaban al caer. Todo tiene ahora un fuerte aroma a candidez y, en cierto modo, a ilusión por las supuestas maravillas que las libertades iban a regalarnos. Todo era pueril... 


...todo menos, como diría Rajoy, "alguna cosa". Por ejemplo aquellos coloquios inolvidables de La Clave o las entrevistas magistrales de Soler Serrano en A fondo. Vean, si aceptan el consejo, la que le realizó a Julio Cortázar. Es una joya. La encontrarán en youtube, of course.


Thursday, December 19, 2019

EL ESCEPTICISMO Y CHARLIE BROWN

1. "Nada importa" y "Estamos solos"... La carga de verdad que albergan estas dos sentencias es como poco tan respetable como la de quienes aseveran justo lo contrario. Son ideas irrespirables, lo son incluso para quienes las afirman. La prueba es que no estamos dispuestos a arrostrar sus consecuencias. De ahí que siempre, incluso en esos momentos en que el mundo parece presa del delirio más espantoso, nos aferremos a algo; o que cuando más avanza el desierto en torno nuestro, nos confortemos con la certeza de que siempre hay algún desdichado que acompaña nuestros pasos. Debemos continuar, el suicidio me ha parecido siempre una cobardía. Y, sin embargo, por algún motivo que desconozco, hay en el trasfondo de cada uno de mis días una misteriosa propensión a encontrar que todo es cómico y que nada es más ridículo que ver a humanos agitándose desesperados por tener amigos que les quieran. 

2. En un episodio de la tira cómica "Peanuts", en España conocido como "Carlitos", la siempre irritable Lucy dice: "Tu problema, Charlie Brown, tu problema... tu problema, Charlie Brown, es que tú eres tú". Ese en realidad es el problema de cada uno de nosotros, el misterio insondable de la vida misma. Nos molesta cómo es cada uno de nuestros congéneres, esa perturbadora perseverancia con la que son lo que son como sin darse cuenta, casi sin querer. Pero resulta mucho más perturbador cuando lo advertimos en nosotros mismos. No hay solución para mí, ya no estoy a tiempo de cambiar, en realidad nunca lo estuve... Vais a tener que matarme.

3. No prestar demasiada atención a esa panoplia tan supuestamente escéptica que proclama que la felicidad es un horizonte inalcanzable o, en todo caso -y por algo mueve tantos millones la odiosa literatura de autoayuda- es algo muy complicado que hay que trabajarse. Piénsenlo por un momento: somos felices, pero, al contrario que los niños, que parecen en general divertidos con deambular por el mundo, nos gusta pensar que nos va mal y que la vida no nos da lo que nos merecemos. Deberíamos viajar al siglo XVII o al Yemen para darnos cuenta de que tenemos lo que necesitamos y que si nos sentimos tan mal es porque tenemos miedo de perderlo. Eres feliz, lo eres sin que te haya costado grandes esfuerzos, y nunca lo serás tanto como ahora. Por desdicha, algún día te darás cuenta cuando recuerdes este tiempo. La única verdadera autoayuda es esforzarse en descubrirlo. Yo lo supe una mañana en que comía sardinas asadas junto a mis dos personas preferidas en un chiringuito de la playa. Haber pretendido después de aquel momento que la felicidad era otra cosa no es solo propio de enfermos, es, sobre todo, un indicio de la falta de sabiduría propia de un neanderthal histérico.

4. Soy escéptico, pero no gilipollas. Creo que el mundo no tiene demasiada solución, que los débiles -a los cuales uno pretende defender- están hechos de la misma pasta que sus opresores, y que cada revolución gloriosa es el preludio de un Termidor insufrible o de un monstruoso Stalin... Y, sin embargo, no debemos ceder a la tentación de un desencanto tan arrollador que nos lleve hasta la pasividad. Es eso lo que esperan los mandarines, que abandonemos la partida, que aceptemos que si no fueran ellos serían otros los que abusarían. Que se queden con las ganas. 

5. Cada transformación profunda de las sociedades humanas ha sido producto de una tragedia insoportable. El mapa de una Europa medio civilizada y dispuesta a abrazar la Ilustración llegó a mediados del XVII con la Paz de Westfalia, resultante de una serie interminable de guerras y atrocidades que convirtieron el continente en un infierno. El New Deal y el estado keynesiano, que sigue pareciéndome una de las mayores genialidades de la historia,  fue la respuesta a la hambruna de la Gran Depresión. La Declaración Universal de Derechos Humanos se firmó tres años después de concluir la carnicería de la Segunda Gran Guerra. Ante la perspectiva de una calamidad medio ambiental de cuyas proporciones creo que no nos estamos haciendo idea, mi gran temor es que necesitemos oler de cerca el azufre del infierno para entender que debemos cambiar drásticamente nuestra forma de vida. Ojalá me equivoque, pero soy escéptico.  

Tuesday, December 10, 2019

GRETA THUNBERG



Deberíamos centrarnos un poquito. La desmesurada tormenta de críticas a Greta Thunberg en su visita a la cumbre climática celebrada en Madrid invitan a preguntarnos si el envejecimiento de la población española está activando síntomas típicamente geriátricos como la esclerosis mental, la desmemoria o la irascibilidad. 

De acuerdo en que sostener en público posiciones éticamente irreprochables no le otorga a nadie la razón ni es suficiente para convertirle en un personaje influyente. Puede ser un hipócrita, puede aparentar unos conocimientos de los que carece, puede ser un cazador de fama y fortuna como hay tantos... El problema llega cuando nos volvemos tan quisquillosos respecto a la integridad de los líderes de los movimientos sociales que, hagan lo que hagan y digan lo que digan, ahí estaremos los cascarrabias de turno para reprocharles su falta de pureza... Como si los demás fuéramos irreprochables, como si cuando alguien asume un protagonismo mediático ya fuera convicto de toda suerte de intenciones malévolas. Me pregunto si no llevamos todos dentro un Javier Marías, es decir, un Jeremías empeñado en fustigar al mundo con sus atorrantes sermones sobre los valores que estamos perdiendo a la carrera y la banalidad de los cambios sociales... como si de alguna manera sospecháramos que nuestro envejecimiento discurre paralelo al definitivo declive de la humanidad. 

Los ataques que le vienen cayendo encima a Greta Thunberg responden a esa misteriosa propensión a escarnecer a todos aquellos que son tan imprudentes como para significarse públicamente, aunque sea por una causa noble. Ya me estoy imaginando la escena de la niña, con trece años, su pancarta y su cara de enfado permanente, haciendo guardia horas interminables ante el Parlamento sueco: "Tranquilos", debió decir a sus sorprendidos empleados el gerifalte de turno, "... en un rato la niña se ha largado de ahí y ya no se vuelve a saber nada de ella". Un crack el tipo que pensó eso: la niña loca de las trenzas es ya líder mundial de un movimiento social sin precedentes. 

Se acusa a Greta de estar manipulada por los lobbies. ¿Qué lobbies? Si se refieren a cierta empresa que utilizó de forma tramposa su imagen para hacerse publicidad, ya sabemos que fue la estafa de unos cuantos pillos. Si se trata de Ikea, cuestionen si es o no hipócrita la todopoderosa firma cuando dice fomentar el ecologismo, pero no veo gran inconveniente en que el movimiento liderado por Thunberg acepte su dinero, si es que tal cosa ha ocurrido, que lo ignoro. 


En cuanto a sus padres, a los que acusan de explotar a una pobre niña... no sé, que lo traten con su psicólogo. En cualquier caso, quienes profieren tal acusación son, me malicio, los mismos que no se inmutan cuando un adulto perfectamente informado que dirige una ONG nos cuenta que hay millones de niños sometidos a trabajo esclavo en el mundo. 

Hay quienes se refieren al esnobismo de Greta con lo de Casiraghi, el aristócrata monegasco que le trasladó en un hermoso velero hasta Nueva York porque ésta se niega a viajar en avión... qué quieren que les diga, ¿de verdad les parece seria esa crítica? 

Al final, el argumento que más veces he oído contra Greta tiene que ver con su edad, que sus hostiles asocian a falta de conocimientos y que, en su caso, se complica por su condición de Asperger. Que no le ha dado tiempo a sacar doctorados en Biología o Ciencias Medio Ambientales es obvio -de hecho falta mucho al cole últimamente-, pero dar por hecho que ser joven incapacita a alguien para emitir argumentaciones certeras me parece una forma de barbarie tan estúpida como el racismo. 

No sé quién rodea a Greta. ¿Son enteramente suyos sus discursos? ¿Es ella quien decide si va a tal Cumbre o si acude a recoger un premio?  ¿Importa acaso? Hay quien se burla y se cree con derecho a hacer risitas con la niña y sus pancartas. Pero, como dijo Nietzsche, "yo desprecio tu desprecio". Hay quien, además de a su edad, alude a su supuesta disfunción cognitiva. Son los mismos que se quejan de la estupidez de la corrección política que obliga a no utilizar nombres denigrantes para denominar a los "distintos". Pues no parece que les haya hecho mucho efecto teniendo en cuenta que confunden a un Asperger con un tonto. 


"Signo de los tiempos: hoy cualquiera puede ser líder mundial", me espeta un allegado. No me parece que sea inteligente confundir a un ganador de Gran Hermano o a una youtuber de la moda con una activista de la ecología que ha tenido el coraje del que otros carecemos para explicar a los mandarines del mundo -y por ende a quienes les votamos- que la casa está ardiendo mientras seguimos de brazos cruzados. "No es una experta climatóloga, solo es una niña algo tarada". Muy bien, pero dudo mucho que de no haber venido Thunberg a Madrid hubiera sido tan masiva la manifestación. 

Compro el debate sobre la debilidad que nos arrastra a erigir líderes mediáticos. Pero, verán,  el problema de Sudáfrica no fueron las posibles contradicciones de Mandela, sino el apartheid. De igual manera, el problema de las mujeres no es si Simone De Beauvoir se tiraba a sus alumnos, sino la discriminación sexual y la violencia machista. Exigimos pureza a Greta Thunberg, pero son los madrileños quienes han echado del ayuntamiento a la primera alcaldesa que decidió combatir seriamente la contaminación, poniendo en su lugar a un tipo que pacta con negacionistas climáticos y que no se cree una sola palabra de lo que ha dicho sobre lo concienciado que está respecto al cambio climático. 

Además, bien mirado Greta no es "cualquiera". Son jóvenes como ella los que se están dando cuenta de que la casa arde, y que el desastre que provoca un capitalismo desenfrenado lo van a pagar ellos, es decir, nuestros hijos. A menudo, y ya ocurrió con el 15M, acusamos a los jóvenes de indiferencia política, de que su egoísmo hedonista les impide tomar conciencia de los problemas del mundo y salir a la calle a rebelarse. Cuando por fin lo hacen... ay, resulta que son unos esnobs malcriados y que no saben de lo que hablan. Gracias, soy profesor de Instituto, me ayudan mucho ustedes con su incongruencia: ¿queremos jóvenes comprometidos o no, joder? 

Hay que ser muy inmaduro y estar muy tarado para no darse cuenta de la situación de emergencia en que nos encontramos. Ese es el problema. Y a lo mejor molesta Greta Thunberg porque nos dice la verdad... esa verdad que no queremos escuchar porque somos adictos a un modelo de vida insostenible. Centrémonos.  

Tuesday, December 03, 2019

LA DESFACHATEZ DE VARGAS-LLOSA

Mostré algunas discrepancias respecto a las aseveraciones efectuadas por Ignacio Sánchez-Cuenca en "La desfachatez intelectual", por ejemplo en relación al ensayo de Antonio Muñoz Molina  -"Todo lo que era sólido"-, que me sigue pareciendo sumamente recomendable y que está muy lejos, creo, de convertirse en la impostura de un buen novelista metido a analista político sin musculatura ni conocimientos suficientes, como pretende Sánchez-Cuenca. Albergo dudas respecto al merecimiento de tal calificativo para algún otro de los intelectuales a los que fustiga. Pero, en lo que atañe a Vargas-Llosa, suscribo punto por punto su argumentación. 

Alerta, no toda la producción ensayística de quien, sin duda, merece el Nobel por sus novelas, es a mis ojos despreciable. En su juventud Vargas-Llosa realizó un magnífico trabajo, "Historia de un deicidio". Lo leí con pasión porque se dedicaba a la obra del entonces aún joven pero ya célebre Gabriel García Márquez, cuyas novelas he degustado a lo largo de mi vida con bastante más interés que las del propio Vargas-Llosa. Pero aquel no era un texto político, sino un análisis literario. Son las opiniones políticas del peruano las que me parecen no solo equivocadas sino a menudo zafias, simplistas, gratuitas, tendenciosas y escasamente fundamentadas. El problema, a ojos de Sánchez-Cuenca, no es la militancia conservadora que don Mario lanza a los cuatro vientos bajo la denominación de "liberalismo": tan zafias como resultaban sus opiniones cuando era un rotundo izquierdista resultan ahora sus aseveraciones como reaccionario converso. Dice Sánchez-Cuenca en una entrevista de El Confidencial efectuada a raíz de la publicación de su ensayo:

 Es una figura central en la literatura del siglo XX. El problema es que sus razonamientos políticos son totalmente esquemáticos, previsibles y simplistas. (...) Hay un abismo entre su obra literaria y su aportación periodística. No tengo una explicación de cómo se puede ser tan brillante en 'Conversación en la catedral', una obra maestra, y tan mostrenco en el debate público. Divide el mundo en liberales y antiliberales, nacionalistas y antinacionalistas, como si no existieran matices.

El último artículo de Vargas-Llosa en El País ha conseguido conmigo justo lo contrario de lo que pretendía: me ha convencido de que no debo guardar silencio con respecto al atropello democrático que se está cometiendo en Bolivia. Soy cauteloso en cuestiones de política internacional. Leo, mi mente dibuja un paisaje más o menos razonable de lo que está pasando y me mantengo a una prudente distancia porque sospecho que, en última instancia, es muy difícil saber qué es exactamente lo que está pasando, especialmente si se trata de un país en el que no he estado y sobre cuyas particularidades sólo sé lo que sabe cualquier persona de a pie. 

Sospecho que Evo Morales no ha jugado limpio en materia electoral, que le han rodeado elementos corruptos, que su relación con el stablishment militar boliviano es tortuosa, que ha desarrollado algunas actitudes autoritarias, que es responsable de la catastrófica defosteración de la Amazonia boliviana de los últimos años... Dicho todo lo cual, creo que el gran problema con Evo es que su política de reapropiación estatal de industrias estratégicas del país, como la extracción del litio o los hidrocarburos, le ha convertido en enemigo de la potencia del Norte. Eso y la peculiar configuración étnica y social del país andino -con una brecha étnoeconómica escandalosa- han sido determinantes para que estalle un golpe de estado cuya legitimidad democrática es un chiste. 

Los datos económicos son abrumadores: bajo el gobierno del MAS, de orientación socialista, la mayoría indoamericana ha mejorado sustancialmente su nivel de bienestar y ha mermado considerablemente la pobreza extrema. Mi conclusión es que la situación de Bolivia dentro del tablero geoestratégico dominado por los EEUU convierte a Evo en un personaje asaz incómodo, lo cual, sin menoscabo de los errores o abusos que pueda haber cometido el propio gobernante, ha propiciado el proceso que ha puesto a la señora Áñez en la Presidencia de la República. 

¿Discutible? Desde luego. Seguramente me ciega mi sesgo ideológico y estoy demasiado obsesionado con el prejuicio de que el verdadero gran problema del mundo son la desigualdad y los abusos que se cometen en nombre de la prosperidad sobre los menesterosos del mundo. Pero, qué quieren, cuando leo este artículo de uno de esos popes de la élite intelectual a los que parece que casi nadie se atreve a poner en su sitio, como poco me siento un poco menos ignorante. 

Veamos. Se burla don Mario de la consideración de "primer presidente indígena" que atribuimos a Morales. Ni es indígena, dice, ni serlo es un valor en sí mismo. Respecto al árbol genealógico de Morales no puedo decir mucho, sólo que tiene más pinta de indio que la Malinche, y sobre todo, que el mundo y quienes le votan le tienen como tal. Respecto a lo del valor en sí mismo de su condición étnica, que Vargas considera un prejuicio racista... ahí demuestra ser tan obtuso como cuando un machista se burla de que las feministas celebren que se elija para un alto cargo a una mujer: nadie cree que alguien sea buen presidente por ser indio, pero es razonable que la mayoría india espere ser mejor atendida con un aimara en la Presidencia. Yo más bien matizaría que lo verdaderamente racista no es haber votado a Evo por indio, lo racista es que, pese a ser mayoría los indios, jamás hasta él hubo un Presidente que no fuera criollo. La nueva Presidenta, por cierto, lo es a todos los efectos... Curiosamente a ella, al contrario que a Evo, no la han elegido los bolivianos. 

Alude el articulista al caudillismo, tan típicamente hispanoamericano, para explicar la deriva autoritaria y corrupta del régimen de Evo, felicitándose de la "bravura" del pueblo boliviano, que tuvo el coraje de decir basta. Curiosamente no le parecen tan bravos a don Mario los habitantes del Alto que se oponen al golpe y a la represión brutal de las fuerzas de seguridad, sin olvidar que fue esa amplia mayoría la que hace tres lustros puso en el poder a uno de los suyos por rebeldía hacia una servidumbre que dura siglos. 

El único problema que ve Vargas-Llosa con el nuevo régimen es el de los 23 muertos. Pero es un falso problema, pues los verdaderos causantes de la tragedia son los partidarios de Evo. Esta afirmación, emitida en forma de sospecha, la realiza el autor sin ninguna prueba, más allá de su convicción de que sus amiguetes son los buenos y los cochinos son siempre los otros. Por afirmaciones mucho menos temerarias, infundadas e inmorales que ésta el diario El País ha impedido volver a aparecer en sus páginas a articulistas que, pese a no tener el Nobel, son bastante más sensatos y valiosos que el autor de "La ciudad y los perros". 

Sigo. Evo no ha practicado el socialismo, "felizmente para los bolivianos", pero ha simpatizado con los demonios rojos del continente. ¿En qué quedamos, Mario? ¿Es malo por ser comunista o por no serlo? Eso sí, Evo ha sido un "vasallo fiel" del castrismo y el chavismo. Lo bonito del proceso reciente es que la docilidad boliviana para con los "déspotas" del continente ha tocado a su fin. Por arte de birlibirloque, el futuro del país es una hermosa democracia como la que practica el "Grupo de Lima", el cual ha superado la esclavitud de las tiranías de izquierda que asolaron a la América Latina. Vivan la libertad y la democracia... a través de un golpe de estado propiciado por la CIA y en favor de las élites del país. Yo no sé si Vargas Llosa se ha vuelto definitivamente idiota o cree que lo somos los demás. 

Más palos, en este caso para el gobierno de México, que ha asilado a Morales. Me permito recordar que una amiga de Vargas Llosa, la señora Thatcher, asiló a Pinochet... no recuerdo grandes críticas del peruano por aquello. En cualquier caso, sospecho que Evo Morales temía seriamente por su vida, y no estoy seguro de que fuera muy desencaminado. 

Ese "dictadorzuelo corrompido", concluye el artículo, no ha sido puesto en su sitio por los occidentales porque los verdaderos racistas somos nosotros, dice el Nobel. Vamos, que si ves con buenos ojos que un aimara gobierne Bolivia eres un racista... Otra pirueta delirante que demuestra lo que sospecho desde hace tiempo, que Vargas Llosa chochea. "Bolivia parecía perdida para la democracia y la legalidad" Los países del eje del mal creían tenerla entre sus garras: "No sabían de lo que este pueblo valiente es capaz en defensa de su soberanía y su libertad". 

Y a donde no llegue la valentía de los bolivianos -los buenos bolivianos, claro- ahí estará Trump para salvarlos del comunismo y para recordar a los indígenas que el destino que Dios les reserva no es otro que el de la servidumbre. 

Las petroleras ya se frotan las manos.