Thursday, March 23, 2017

ALGUNAS NOTAS

1.En la cola de un estanco, rodeado de dos prostitutas, un inmigrante árabe y una anciana airada descubro la lamentable evidencia: fumar es hoy cosa de marginados. Qué lejos queda aquel tiempo en que el tabaco creaba estilo y las vampiresas desplegaban tras el humo su poder de seducción. Ahora enciendes un pitillo como pidiendo perdón, sabedor de que los demás te ven como un tipo con problemas. 

2. El psicoanálisis sólo tiene a mis ojos un problema, pero ese problema lo intoxica todo: me aburre espantosamente hablar de mí mismo, mis contradicciones son un coñazo que difícilmente podrían interesar a nadie puesto que ni siquiera a mí me interesan. 

3. La sexualidad femenina continúa siendo inquietante para el orden establecido -también en el mundo desarrollado- porque una mujer libre desata temores que habitan en lo más profundo de la fibra moral que fundó las civilizaciones. 

4. Nos asaltan las televisiones con imágenes de reyertas de papás en partidos de fútbol infantiles. Comparto el sentimiento reprobatorio, pero ¿soy el único que se percata de que lo convertimos todo en espectáculo? 

5. Un profesor es agredido en el Centro donde trabajo por un alumno disconforme con su nota. Lo que debería ser un escándalo mayúsculo se silencia de forma vergonzante. Entiendo a las mujeres maltratadas que se sienten abandonadas y llegan incluso a sentirse culpables por algo de lo que sólo son víctimas. Un perturbado nos pega un puñetazo y de inmediato se desatan las presiones para que lo olvidemos. Después nos quejamos de que la sociedad no nos respeta. 

5. "¿A qué olía Hitler?", reza el titular. Y en el subtítulo se indica que "empezó a oler muy mal desde Stalingrado". Lo publica El País, diario que durante décadas consideré modélico. "¿Por qué no investigan si tenía la polla grande o pequeña?", proclamo a voz en grito. "Ya lo han hecho", contesta un compañero historiógrafo. Vaya por Dios. 

6. Llega a España la selección de Israel y proliferan las críticas. Ciertamente los jugadores no tienen ninguna culpa de la situación de Palestina. Pero me hastía esa moralina empeñada en que no mezclemos fútbol y política. Hasta hace un cuarto de siglo Sudáfrica no competía en mundiales y olimpiadas por el Apartheid. Conviene no olvidarlo.

7. Dos chicas lesbianas se besan sin temores en el hall del Instituto donde trabajo. Curiosamente es la única pareja que lo hace. Cuando yo estudiaba eran comunes las demostraciones de afecto entre enamorados. ¿Es que ya sólo se aman los homosexuales?  

8. Un tipo que ni siquiera estaba vinculado a células terroristas asesina a cuatro personas en el puente de Westminster. Se ha vuelto frecuente este fenómeno: un bárbaro que dice actuar en nombre de Alá se suicida llevándose por delante a unos cuantos infortunados y el Estado Islámico reivindica el atentado. No veo gran diferencia con esos lunáticos que sacan una recortada en una ciudad de EEUU y disparan contra la multitud hasta que son abatidos por la policía. No hay manera de defendernos contra eso. Sólo podemos empecinarnos en que el miedo no nos paralice. Pero no soy optimista, todo esto trae más Le Pen, más xenofobia, más Trump, más inocentes acosados, más chantaje de la seguridad, más Brexit, menos democracia... 

9. Se habla de un "terrorismo de franquicia". Yo hablaría más bien de "terrorismo por metástasis". Las franquicias controlan a sus franquiciados y les suministran la lógica y el utillaje productivo. Esto es otra cosa, son reacciones diseminadas e imprevisibles que imitan la mecánica del tumor original. 

10. El empeño de Artur Mas en presentarse ante el mundo como un Nelson Mandela me genera una indefinible mezcla de irritación y compasión. 


Sunday, March 19, 2017

EN FALLAS

Todos los años, cuando llega marzo, hay algo dentro de mí que me anima a decir que "este año sí, que he de recuperar al niño que tengo escondido en las mazmorras del alma y disfrutar de la fiesta". Unos días después, en cuanto el Ayuntamiento de Valencia abre la veda de la barbarie, termino acordándome de cuanta razón tenía en los años anteriores, cuando a poco de empezar Fallas yo ya cogía el coche para largarme de Valencia. 

No estoy cerca de esa sector la izquierda, muy divina ella, que en el País Valenciano renunció hace décadas a la más multitudinaria e influyente fiesta local en nombre de un catalanismo melancólico y desde una mirada en el fondo muy burguesa e intelectualmente elitista. El resultado son unas Fallas demasiado atravesadas por el mal gusto, la zafiedad artística, la ideología reaccionaria y, muy especialmente, el salvajismo. Por fortuna, nunca es tarde, y el hecho de que personajes tan relevantes de la actualidad política como Mónica Oltra o Joan Ribó, vecinos de barrios muy castizos de la ciudad, hayan cogido este toro por los cuernos, abre la expectativa de unas Fallas no necesariamente incívicas. 

No hay demasiados que entren en diálogo conmigo sobre este asunto. Los falleros más recalcitrantes no son aficionados al debate, prefieren el ruido y a veces la furia, mientras que las personas de mi círculo decidieron ya por el lejano siglo XX que la batalla estaba perdida y que la única solución con las Fallas era largarse tres o cuatro días esperando a que escampara. 

Yo creo que el problema de estos últimos es que no les gustan las Fallas, en eso debo ser una anomalía: a mí sí me gustan. No les daré la tabarra con misticismos de lo colectivo, de esos que históricamente han engendrado espantosas tempestades. Pero tampoco me parece insano referirse los démones que se convocan con ese formidable acontecimiento que es la mascletà, o las hogueras, tan singularmente características de las noches mediterráneas. Llevo siglos soñando con que las multitudes recuperen las calles que les han arrebatado los vehículos o los centros comerciales, ¿por qué lamentar entonces que las cohortes de las falleras mayores y las bandas de música se apoderen de la ciudad? Lo he dicho muchas veces, la globalización amenaza con uniformizar el mundo, despoblar los espacios públicos y convertirnos a todos en pasivos consumidores y precarios asalariados. La diversidad, esa que simulan amar los publicistas de Benetton y otros farsantes, emerge de verdad, con toda su poesía y toda su prosa, en acontecimientos como las Fallas de Valencia. Podría hablar en similares términos de Alicante en Fogueres, la Pamplona sanferminera o el Cádiz de los Carnavales.  

Permítanme dos propuestas. Proceden de una reflexión de muchos años, porque ni siquiera la trascendencia de la fiesta puede sobreponerse a la necesidad de convivir y al democrático respeto a los derechos ciudadanos: prohibir la venta de masclets al público y prohibir la "despertà". Con los masclets se da vía libre a una forma de barbarie intimidatoria y que casi todo el mundo detesta, por lo general en silencio. Con la despertà -así es en la plaza donde vivo- un caballero borracho que ha pasado la noche dando la lata te saca haciendo el simio del sueño que has empezado a conciliar y que necesitas porque a lo mejor tú sí trabajas. Esas dos pequeñas reformas, y una llamada a recordar que los monumentos de cartón piedra son más interesantes cuando los hacen los vecinos y no un artista fallero destinado a ganar un banal concurso, bastan a mi entender para que marcharse de la ciudad en Fallas no fuera necesario. Al menos para mí.  

Saturday, March 11, 2017

EL MATÓN DE LA COLETA


A riesgo de despertar la ira de Ignacio Sánchez-Cuenca, voy a tener la desfachatez de opinar de política. Es poco el daño que puedo hacer porque no son muchos los que tienen la paciencia de leerme. 

Alguien me dijo que no creía en las conspiraciones, "pero haberlas, haylas." Si leemos todo lo que se ha escrito en los últimos días sobre la acusación de la Asociación de Periodistas a Podemos por amenazas e injurias a algunos periodistas podemos llegar a sonrojarnos. Lo que a mí me parezca Victoria Prego, su ilustre Presidenta, es poco relevante. Pero me llama la atención que esta señora tan venerable acuse sin más prueba que su supuesto crédito personal. Yo puedo sospechar que cuatro majaderos que dicen ser de Podemos han escrito tuits amenazantes contra periodistas que les han criticado. Este es uno de los grandes males de la Red, todos lo sabemos. En cualquier caso no sé cómo los trolls en cuestión han decidido por donde empezar, porque si algo abunda en la Celtiberia son tipos que rajan de Podemos. 

También se habla de situaciones de coacción en vivo de las que no hay más prueba que lo que han contado a la Asociación los periodistas afectados. No sé si el Coletas les ha lanzado mal de ojo o si Monedero les ha amenazado con cantarles por soleares cuando los pille solos. Sí, dan mucho miedo los de Podemos; sospecho que si encuestáramos a los miles de periodistas de infantería que hacen su trabajo en condiciones bastante precarias nos contarían que temen más a los morados que a sus jefes de redacción o las empresas que financian los medios en los que trabajan. Eso será. 

Yo también creo que conspiraciones haberlas, haylas... No hace falta que se reúnan unos cuantos oligarcas con una cabeza de ciervo y vestidos de templarios, entonen un himno sacro y terminen sacrificando un lechón... Basta con que los partidos en el poder interrumpan sus peleas entre sí para acordar que a estos tíos hay que machacarlos. Quizá dentro de veinte años aparezca Ansón -estará ya muy calvo- diciendo que "sí, que nos reunimos para decidir acabar con Iglesias y su gente". A mí, que también estaré muy calvo para entonces, no me hará falta. 

Péguenle una miradita a los titulares que el diario El País ha dedicado últimamente al asunto, hagan el favor. Son del tipo "Así amedrenta Podemos a la prensa". Lean después el contenido y descubrirán lo velozmente que el periódico de Darth Vader, es decir, Cebrián, consigue ir pareciéndose a El Mundo o La Razón en materia de respeto a la deontología periodística.

El mismo amigo que me dijo lo de las conspiraciones acostumbra a hacer un chiste cada vez que se rompe la cisterna del water o pierde el Levante: "la culpa es de Podemos".  Curiosamente ni él ni yo simpatizamos con los líderes de la organización morada. Pero parece que algunos se han empeñado en que terminen pareciéndonos unos perfectos caballeros. 

Saturday, March 04, 2017

LA AVENTURA ILUSTRADA

Han pasado veinte años desde que la Academia Francesa de Cinematografía premio con el César a la mejor película del año a Ridicule, de Patrice Leconte. (Joder, cómo pasa el tiempo... Parezco mi madre, pero es que tiene razón)

El caballero de Malavoy, un noble sin fortuna y angustiado por las fiebres que diezman a la población de Les Dombes, decide viajar a la Corte con el fin de obtener financiación para desecar los pantanos, lo que los convertiría en tierra fértil y atajaría las epidemias. Una vez en Versalles queda bajo la protección del Marqués de Bellegarde (Jean Rochefort), un cortesano especialmente fascinado por el "ingenio", es decir, la refinada elocuencia que deslumbra al Monarca Luis XVI. 

Malevoy busca desesperadamente una audiencia con el Rey y sólo hay un camino: destacar en las suntuosas fiestas de Madame de Blayac por el preciosismo de su retórica. Tras lograr al fin ser atendido en su demanda, la traición de alguna serpiente criada en el aire tóxico de Versalles le deja en "ridículo" en un baile, lo que desbarata definitivamente su plan de obtener de la Hacienda Real el capital necesario para salvar a las gentes de Les Dombes. "Mi error fue intentar obtener frutos de un árbol prohibido", concluye Malevoy. 

En los últimos instantes del film se nos informa de que las Landas de Le Dombes fueron finalmente desecadas con un proyecto de la Convención, apenas unos años después del estallido revolucionario de 1789. En otras palabras, la República hizo lo que no se dignaron intentar ni la iglesia local -dedicada a rezar por las almas de los contagiados- ni mucho menos la Corona -ceñida por un majadero con la cara empolvada cuyo trasero no cabía en el trono-.

Con toda su ferocidad y sus atropellos, la Revolución Francesa es el destino de siglos de agitación contra la servidumbre y la ignorancia. La Ilustración es la estación crucial de la mayor aventura iniciada jamás por la humanidad, la de la luces de la Razón contra la oscuridad de la Caverna. Pues bien, ¿es la Ilustración un proyecto inacabado? No podemos eludir esa pregunta, cuya respuesta retrata a un filósofo de temperamento desde Nietzsche hasta nuestros días.

Si las fuerzas de la intransigencia y el dogmatismo hubieran sido definitivamente vencidas, la pregunta habría quedado obsoleta, pero son numerosos los indicios de que el campo de batalla sigue activo y, por desgracia, sigue cobrándose cadáveres. En estos días hemos visto como un fanático polaco insultaba impunemente a todas las mujeres del mundo en una sesión del Parlamento Europeo. Parecía una parodia, pero era real. Tan real como las payasadas con las que Trump nos ameniza el café de la mañana; tan real como Marine Le Pen amenazando con obtener el favor mayoritario de una ciudadanía francesa que parece una sombra de aquella que marcó el rumbo espiritual de todo Occidente...

Y sí, pienso también en el autobús de la vergüenza, el de los niños que son niños y las niñas que son niñas. No me sorprende que almas simples y poco dadas a la complejidad del mundo contemporáneo jaleen a cualquiera que les diga que sólo hay una forma "correcta" de residir en la Tierra. Vamos, que sigue habiendo muchos a los que no sólo disgustan los maricas, las bolleras y los trans (horreur!), sino que, sobre todo, no soportan que vayan por ahí como si nada, mostrándose orgullosos y exigiendo que se les trate como "personas normales". Antes que prohibir la llegada del autobús a mi ciudad, me entran ganas de hablar con ellos, de hacerles ver lo absurdo de lo que proponen... Me da por preguntarles por qué les ofende tanto el derecho a la diferencia que otros reclaman. Pero temo que con ello sólo iría a sacar frutos de un árbol podrido... podrido por la intolerancia y la barbarie.

Me temo que sí, que la aventura de aquellos pensadores del setecientos está por concluir.  

Saturday, February 25, 2017

LA TIERRA ES PLANA

1. El base de los Cleveland Cavalliers, Kirye Irving, manifestó en vísperas del All Star que la Tierra es plana. Por lo visto, otros jugadores de su equipo están de acuerdo con su capitán y se muestran dispuestos a apoyarle incondicionalmente en su cruzada contra lo que Irving define como una conspiración de los poderosos del mundo para mantenernos engañados. Mi abuelo paterno, por ejemplo, afirmaba que el cielo era un manto tras el cual resplandecía la luminosidad del paraíso. De éste tenemos noticia durante la noche por las estrellas, que en realidad son pequeños descosidos abiertos en el manto. No es porque sea mi abuelo, pero la teoría mola bastante, sin embargo no se le deparó nunca gran atención mediática, de hecho creó que sólo la comunicó a sus más allegados. Irving y los demás jugadores de los Cavs son, obviamente, un hatajo de majaderos que ni siquiera tienen gracia, pero no me parece baladí la cuestión de por qué hoy los medios se hacen eco de cualquier soplapollez que se le ocurra soltar a una celebritie.

Pensemos por ejemplo en el daño que pueden estar haciendo quienes niegan el cambio climático, personas en muchos casos poderosas y con un sospechoso interés en proyectar sombras de incertidumbre sobre un asunto que puede destruirnos en cuestión de cien años. Supongo que esas sombras tienen para algunos débiles de espíritu el gancho de la vieja falacia ad baculum: "prefiero no creerlo porque es demasiado doloroso para aceptarlo." Un negacionista climático acaba de ser elegido Presidente de los USA: es cuestión de semanas que caigan también el evolucionismo, la gravitación universal y, por descontado, la esfericidad de la Tierra.

2. Pongo "Rebelde sin causa" en una clase de 3º de ESO. "Es aburrida", me dicen al cabo de un rato. Les persigue la sensación de estar viendo una antigualla, algo que de ninguna manera tiene que ver con ellos. Les insisto en que los protagonistas son chicos jóvenes como ellos, chavales de instituto que no saben muy bien qué hacer con su tiempo y que experimentan un vacío espantoso cuando intentan entender el mundo que van a heredar de sus padres. Me siento como el profe del Literatura que les hace leer la Odisea: yo sé que en cada frase, en cada gesto, en cada suceso se expresa nuestro origen: somos hijos de Bud y Jim, de Platón y de Judy, al menos en igual medida que lo somos de Odiseo... ¿Cómo hacérselo entender? ¿Como explicarles que están ahí las respuestas que buscamos? Cuando aprobé la oposición parecía todo fácil, pero no lo es, no lo es en absoluto.

3. Melania Trump está evidentemente secuestrada. Sus gestos son los de una joven presa del pánico que nos suplica socorro. Pero no es su esposo quien la mantiene cautiva, no exactamente. Educada para ser un florero, casada a conciencia con un hombre rico al que jamás amó, Melania aceptó ser un figurante más dentro de una escena en la que todos los espejos reflejan al Gran Hombre, tal y como le sucedía a Charles Foster Kane en Xanadú. Kane decidió que obligaría al mundo a vitorear los graznidos de su esposa en la ópera; de igual manera, Trump ha decidido fabricarse una Primera Dama a la medida. Ella no lo entiende, no sabe qué debe hacer ni cómo ha de pensar. Hoy a una First Lady se le exige tener criterios propios, emprender, influir... Melania está bloqueada porque no ha hecho otra cosa en la vida que mostrarse como adorno. Socorro.

Saturday, February 18, 2017

EN LO QUE TIENE RAZÓN JAVIER MARÍAS

Son ya muchos años los que lleva Javier Marías ocupando con su espacio La zona fantasma la última página de El País Semanal. Leo puntualmente su artículo cada domingo. A veces empatizo con sus sensaciones sobre la deriva del mundo, a veces me admiro de su clarividencia y su enorme bagaje cultural, y casi siempre consigue atraerme con una prosa intransferible. Otras veces su indignación, que puedo llegar a compartir en muchos aspectos, me hastía y termina por abotargarme porque me suena a la cerrazón de un viejo cascarrabias, el que yo me siento tentado a ser a medida que envejezco y me esfuerzo por no serlo. Marías ha renunciado a ese esfuerzo, ha convertido su enfado permanente en una seña de identidad, un rasgo de estilo, una manera de estar en el mundo en la cual se siente cómodo. Recuerdo haberme irritado en más de una ocasión leyéndole, pero, seamos justos, le sigo leyendo, y eso porque la mayoría de las veces sus enojos me parecen fundados. 

En contra de lo que se deduce de la lectura de La desfachatez intelectual, donde Ignacio Sánchez-Cuenca coloca al Marías articulista al lado de otros "figurones", "machos discursivos" o "energúmenos" de la Celtiberia como Jon Juaristi, Arturo Pérez-Reverte, Gustavo Bueno, Mario Vargas Llosa, Félix de Azúa, Fernando Savater o Antonio Muñoz Molina -así los denomina, en mi opinión con desigual precisión-, yo estimo que Marías es un excelente articulista. 

Acepto que a menudo es demasiado pródigo en calificativos y en ocasiones la eficacia de sus críticas se pierde en el fulgor de ciertas generalizaciones poco precisas. Si nos limitamos arteramente, como Sánchez-Cuenca, a extrapolar ciertos pasajes supuestamente enrabietados y poco rigurosos, podemos enviar al cesto de los papeles a Marías y considerarlo uno más de esa oligarquía de amiguetes -sigo citando el ensayo de ISC- que protagonizan el tóxico "opinionismo" nacional. Pero el caso es que yo he leído demasiadas veces La zona fantasma para conformarme con un reduccionismo tan tramposo. 

Miren, yo creo que hace falta un Javier Marías que fustigue ciertos vicios de la época que amenazan con castrar el pensamiento y que muy pocos opinadores se atreven a denunciar desde la prensa no reaccionaria, seguramente porque temen ser asimilados a lo reaccionario y lo carpetovetónico, cuando no directamente al fascismo. Aquellos vicios que nos intoxican se resumen en un concepto: la corrección política. 

Vivimos en una sociedad peligrosamente tendente a la sobreactuación y a la histeria. Cualquier cosa que diga contra tal o cual colectivo un ponente público corre el riesgo de hacer estallar la susceptibilidad de minorías de todo tipo. Sánchez-Cuenca dirá, supongo, que la culpa es de quienes, como Marías, practican el energumenismo con afirmaciones gruesas y sin fundamento. Yo más bien creo que lo que tenemos es la piel muy fina. Mi vida es a menudo lastimada por algunos amos de perros, algunos ciclistas, algunos alumnos, algunas feministas, algunos políticos supuestamente progresistas o algunos castellonenses sin que, por criticarlos en público, tenga que pedir perdón a continuación a todos los amos de perros, ciclistas, alumnos, feministas, políticos progresistas o castellonenses. No me preocupa demasiado si Marías es a veces poco cuidadoso, ya se apañará él y ya dejaré de leerlo yo si descubro que no es más que un pelmazo, pero es esa susceptibilidad a flor de piel tan generalizada lo que debería preocuparnos, porque creo que obedece a un mal social mucho más nocivo. 

La pasada semana Marías publicó un artículo en defensa propia después de haber sido atacado por uno anterior en el que criticaba con dureza ciertas versiones de obras shakespeareanas, las cuales, según el escritor, destrozan, prostituyen, pervierten o ridiculizan los textos del maestro de Stratford. Lo ejemplificaba citando esa costumbre, muy común respecto a las obras del inglés, de incluir a actrices desempeñando papeles masculinos. Argumentaba su disgusto ante ese tipo de operaciones incidiendo en lo poco creíble que le resultaba el príncipe Hamlet interpretado por una fémina... No afirmaba que hubiera que prohibir esas prácticas, simplemente no le gustan, no pensaba acudir a una representación así. 

Tras leer el artículo pensé que Marías tenía una parte de razón, pero que en general su argumentación era feble y fácilmente rebatible. Lo que no se me ocurrió es que estuviéramos ante un caso de execrable machismo. Pues bien, este tipo de rifi-rafes son una constante, cada escrito de Marías provoca una cola semanal de ofendidos... qué quieren que les diga, a mí toda esa gente que se pasa el día pensando cómo arreglárselas para aparecer como víctima me parece bastante más atorrante que el propio escritor, por contumaz que el tipo se ponga. 

Creo que mañana también voy a leer el artículo de Javier Marías en la última página de EPS. Probablemente discrepe de él y hasta me irrite un poco... Y tan amigos. 


Saturday, February 11, 2017

A VUELTAS CON "LA DESFACHATEZ INTELECTUAL", DE SÁNCHEZ-CUENCA

Leo con mucho interés el ensayo que publicó el pasado año Ignacio Sánchez-Cuenca, La desfachatez intelectual, sobre el cual Justo Serna escribió un artículo que ahora recupero y que a su vez fue contestado por el autor. Conviene leerlos ambos, como creo que también es aconsejable leer el libro, aunque parece que un año después haya cesado ya el rebombori que creó en su momento y que, sospecho, hizo que Sánchez-Cuenca se ganara múltiples enemigos entre la casta de los intelectuales. Me viene ahora a la memoria aquello que decía Woody Allen de que los intelectuales son como los mafiosos, sólo se matan entre ellos. 

Siempre he creído en la necesidad imperiosa de la crítica cultural, entendida como denuncia de los excesos y las imposturas, de los abusos de la razón y de la sinrazón, de la pretenciosidad de los consagrados y la autocomplacencia de los "todólogos", esos que creen poder opinar sobre cualquier cosa sin más aval que el de su supuesto prestigio. Hay matonismo entre los intelectuales españoles más célebres, los cuales son retribuidos generosísimamente por despotricar contra la pérdida de los tradicionales valores ciudadanos, la devastación de la patria, la venalidad de los políticos o el deterioro de la educación. 

La tesis que sostiene el ensayo cuestiona de raíz los supuestos que determinan el crédito intelectual. Nación atrasada -él no lo dice, pero lo deduzco yo de sus argumentaciones-, España jalea el modelo escritural "holístico" y desprecia el "analítico". En otras palabras, los celtíberos dejamos que nuestras creencias sean gobernadas por impostores provenientes en su mayoría de la profesión novelística, falsos sabios que firman semanalmente columnas o tribunas en las que, sin fundamento ni documentación ni mínimo rigor pontifican sobre cualquier cosa, desde el referéndum catalán hasta la subida del precio de la luz, los juicios de la Gurtel o la ordinariez de las masas que llenan los estadios, ven reality-shows en la tele o cantan canciones de Shakira en el karaoke.

Bien. Sigo leyendo el ensayo. Me va asaltando cierta incomodidad y no acabo de saber por qué. Advierto que Sánchez-Cuenca nos tira de las orejas, refunfuña, nos invoca a recuperar el oremus porque hemos prestado ojos y oídos a fulanos a los que -por más que lo niegue una y otra vez- dibuja como auténticos impresentables. 

No creo que mi engorro se deba a que el libro achaca toda suerte de añagazas y supercherías a escritores a los que atiendo e incluso deparo afecto, como son Javier Cercas o Antonio Muñoz Molina. A fin de cuentas cualquiera dice alguna inconveniencia de vez en cuando, y si Sánchez-Cuenca hace una selección concienzuda y descontextualizada de sus artículos, seguro que aparecen pasajes algo arbitrarios o escasamente valiosos. La cosa se compensa cuando me hace reír al poner a parir a los capitostes del "machismo discursivo", Arturo Pérez Reverte, Félix de Azúa o Juan Manuel de Prada. No se olvida de Fernando Savater y tiene el buen gusto de desenmascarar la solemne pobreza de los artículos políticos de Mario Vargas-Llosa, contra cuyas pavadas reaccionarias no se atreven a meterse -esto siempre me ha sorprendido- ni los más conspicuos influencers  de la izquierda española. 

En cualquier caso, y trato de ser honesto, da igual que se meta con los que a mí me caen bien o con los que me fastidian... sigo incomodado mientras avanzo en la lectura de La desfachatez intelectual. 

Yo no soy criticado en el libro porque a mí sólo me leen mis amigos. Pero a efectos morales da lo mismo: ¿debería limitarme a hablar sólo de Kant o Descartes, dado que soy doctor en Filosofía? Tuve un amigo en la Facultad al que envié a pastar cuando me harté de que se irritara hasta las trancas cada vez que un compañero emitía una opinión sobre cualquier cosa. Ante su continuo fastidio no quedaba sino escuchar a los clásicos y a los expertos, guardando un silencio monacal, claro. ¿Y soy yo experto en algo? ¿Estoy según aquel amargado o según Sánchez-Cuenca para hablar de algo o debo sencillamente refugiarme en el silencio? Sería lo más cómodo, desde luego. ¿Puedo escribir sobre la paternidad, sobre el perro que no para de ladrar en el piso de arriba, sobre mis alumnos más pelmas, sobre el ruido de las Fallas, sobre la dicha de leer a Poe, sobre la privatización de los servicios hospitalarios? Y, por otra parte, ¿debo dejar de leer a autores cuyos artículos me interesan, me aportan cosas que no sabía, me divierten, me emocionan?

Yo creo que el libro de Sánchez-Cuenca tiene valor como lenitivo, es casi un acto de higiene leerlo, y la higiene es siempre un comportamiento de seres civilizados, no de energúmenos. Comparto la especie de que debemos recurrir al análisis riguroso de quienes realmente conocen el terreno para saber qué ocurre en determinados ámbitos especializados. Yo, por ejemplo, no leería a Savater hablando sobre las causas del incendio de una fábrica de Paterna, pongamos por caso. Ahora bien, que por ser novelista ya haya que desconfiar de la opinión política de un articulista me parece un consejo poco constructivo. Los lectores son adultos y deben entregar su crédito a quien lo merezca. Yo no leo nunca a Pérez Reverte, no le creo. Sí leo a Muñoz-Molina porque, pese a que a menudo discrepo de él, no me parece un impostor, y creo que a sus casi sesenta años está capacitado para hacer diagnósticos sobre los males del país. 

Y, por cierto, Todo lo que era sólido es un libro que conviene leer. Yo lo hice con enorme placer, discrepo de él en algunos puntos, no en otros... Diría que contiene algunos errores considerables, lo que no creo es que su autor no esté cualificado para hablar sobre la corrupción, la herencia del 92, la especulación inmobiliaria o la pervivencia de la anomalía religiosa del país.

Seguiré leyendo a Muñoz-Molina, seguiré leyendo incluso a Sánchez-Cuenca.