Saturday, July 30, 2016

SURREALISMO

Cada vez que algún programa de televisión, como la otra noche el de Buenafuente, llama a Fernando a Arrabal para montar algún show nocturno, me queda la sensación de estar delante de alguien de hace mucho, mucho tiempo. No en vano Arrabal es octogenario y superviviente de acontecimientos políticos y culturales como para conformar una biografía delirante. Como nunca termina de hacerme demasiada gracia y su vertiente de provocador y enfant terrible me parece muy superada por la coyuntura, me quedo siempre pensando que Arrabal no es mucho más que aquel borracho que la lió una noche en el programa que Sánchez Dragó dedicó nada menos que al milenarismo. 

Y sin embargo... Arrabal siempre tiene algo que contar, y creo que tiene que ver con la gente que pudo conocer a lo largo de su vida. Habló del surrealismo, de Breton, de Ionesco, de Beckett, de Warhol, de Cioran. Sospecho que siempre ha querido asemejarse a este último, aunque olvida algo esencial: el rumano jamás aceptó comportarse como un mono de feria, aunque ello le supusiera envejecer y morir casi en la indigencia. 

Y habló de Topor, un artista fascinante cuya influencia -estoy pensando por ejemplo en mi amado El Roto- es inmensa y poco reconocida. Contó aquel episodio célebre del Club de Cambridge, recién concluida la guerra mundial, donde se reunió a un coloso de la filosofía, Ludwig Wittgenstein, con Karl Popper -también estaba Bertrand Russell-. Alguien creyó que de aquel debate podrían salir algunas recetas para solucionar los terribles problemas que en Occidente dejaba un paisaje devastado por las monstruosas contiendas. Pero aquello no pudo acabar de peor manera, con Wittgenstein amenazando con un atizador a su interlocutor y abandonando enfurecido la reunión. Podemos entristecernos ante el fracaso o celebrar con Arrabal la ceremonia de la confusión. 

Desde el surrealismo, que para mí ha sido siempre mucho más que una corriente puntual incrustada entre la Vanguardia clásica, se abren la mente y los sentidos a aquellas dimensiones de "la realidad" a las que no atiende la mirada convencional. Sólo en ese sentido se advierte que lo real es surreal, es decir, que son claves ilusorias y pautas inconscientes las que hacen habitable el escenario sobre el que deambulamos cotidianamente. 

Pienso en todo esto cuando por la mañana pongo un telediario. Es la cadena Cuatro, pero podría ser la Sexta. El locutor adopta un tono muy similar al de un carrusel deportivo. Parece que a cada instante estallan noticias que habrán de incidir decisivamente sobre nuestras vidas. Entre bambalinas hay pactos y negociaciones, cualquier gesto de un líder, cualquier movimiento debe ser perseguido encarnizadamente para que no se nos escape un solo detalle, pues cuestiones de enorme trascendencia andan en juego. 

¿Alguien lo cree de verdad? Lo creen muchos igual que creen en la trascendencia de los debates entre hienas que incendian telecinco sobre Belén Esteban o los espacios deportivos donde se habla durante tramos interminables de cualquier cosa menos de deporte. 

No son las obras de arte, es la realidad la que es surreal. Deberíamos pensarlo. 

Thursday, July 21, 2016

APARICIONES MARIANAS



Metafísicos de toda ralea emplearon sus vidas buscando el punto sagrado en el que se comunicaran los dos mundos, el terreno y el celeste, el sensible y el ideal, la materia y el espíritu... Platón hablaba de la reminiscencia, ese momento de supremo aprendizaje en que el alma -tristemente confinada en un cuerpo mortal- se iluminaba descubriendo la huella de una visita pasada al reino de la luz. Más de dos milenios después, Descartes quiso localizar en la glándula pineal, oculta entre los pliegues del cerebro, ese núcleo de conexión mística en que el alma acertaba a infundir su magia al cuerpo. No otra cosa buscaban los teólogos medievales, o los druidas, o los alquimistas o los místicos del barroco.

En psiquiatría, por ejemplo, se habla del "insight" como un momento de especial lucidez en el que uno -por algún tipo de psicopatología o el consumo de un opiáceo- cree descifrar la verdad oculta de la existencia. Jung, figura clave en la historia del psicoanálisis, habla de "coincidencias significativas". Fenómenos cuya contigüidad juzgamos puramente aleatoria, pueden en realidad estar vinculados por estados psíquicos. Por ejemplo, siendo niño, recuerdo haber tenido una misteriosa sensación de rotura de cristales que, en efecto, se produjo unos minutos después con un valioso objeto de la casa... 

Siento decepcionarles, pero mis relaciones con el otro mundo no contienen episodios mucho más emocionantes que el de aquel cristal que, por cierto, costó una pasta a mis padres, de ahí que, por si me echaban la culpa, jamás les hablé de mi presentimiento. Sospecho que los elegidos siempre son escasos, y además temo que las vírgenes y los santos escogen a gente un poco tarada para sus milagrosas apariciones. 

Por lo visto no soy el único cuyos momentos místicos son de baja estirpe. De hecho este escrito está inspirado en lo que ayer mismo me contó una allegada. Muchos años atrás había tenido la oportunidad de hablar en una emisora de radio. Justo cuando entró en el local dirigió sus ojos hacia una pantalla de televisión en la que aparecía un rótulo gigantesco: "Ha muerto El Fary"... La chica ha olvidado casi todo lo referente a aquella intervención radiofónica, pero siempre que piensa en ello lo primero que le viene a la cabeza es aquel rótulo televisivo. 

Es posible, conociéndoles, que ustedes crean que estoy de broma, pero a mí me parece que en este tipo de situaciones reside gran parte del misterio sobre el que se asienta nuestra presencia en el cosmos. 

Por ejemplo. Una noche, hace muchos años, me dirigí al cine en automóvil con la que entonces era mi novia. Aparqué, llovía intensamente. La tensión del momento podía cortarse, olvidamos la hora de la película, olvidamos incluso que íbamos al cine. Me dijo que me dejaba, me dio sus razones, me transmitió sus amarguras, hizo contrición de todas sus debilidades, que si "siempre hemos sido demasiado como amigos", que si "a veces falta pasión". De pronto, por la acera de una Alameda más inhóspita que nunca, apareció un hombre de mediana edad, alto, con buena presencia, enfundado en una gabardina y con traza meditabunda, como si no le importara lo ingente de la lluvia. Cruzó ante nosotros e interrumpí a la que ya entonces empezaba a ser mi ex... No pude evitar la exclamación: "¡Mira, joder, es Jorge Valdano!" Una de las cosas que mi ex odiaba de mí era precisamente mi afición al fútbol. No ayudó mucho que me quedara unos segundos traspuesto, pensando en si en ese momento dudaba entre poner al Burrito Ortega o al Piojo López en la delantera. 

Me dejó, obviamente, pero fue una experiencia mística.  

Monday, July 18, 2016

IMPRESIONES DE VERANO



1. Tren Santiago-Orense: un japonés de unos sesenta años ocupa el asiento contiguo. Yo miro por la ventana, él más bien vigila, y a cada momento detecta algo digno de ser filmado o fotografiado, lo cual le mantiene insistentemente ocupado, incapaz de disfrutar ni por un instante del momento. ¿Por qué lo hace? ¿Lo disfrutará en su casa en diferido? ¿Mostrará orgulloso el ingente material a sus familiares y amigos? ¿Con qué objeto? ¿Cree de verdad que lo que experimentamos importa a alguien? Si dejamos que la vida pase por delante de nosotros sin vivirla plenamente, entonces “merecemos” morir.

2. Leo un editorial más del diario El País contra la alcaldesa de Madrid, anunciando que incluso sus socios socialistas se van percatando ya de su supuesta incompetencia. El País es hoy el verdadero paradigma del pensamiento conservador. Nadie, ni siquiera la prensa más reaccionaria y gruesa de la caverna, cree tan decididamente en el stablishment. No sé si Manuela Carmena es o no una buena alcaldesa, pero me admira ver a una anciana resuelta a gobernar a millones de personas encontrándose tan sola, tan rodeado de poderosos y despiadados hostiles. Los héroes no son como yo los imaginaba de crío, no se parecen al Capitán Trueno, pero su espíritu es el mismo.

3. La Razón sólo triunfa cuando no nos dejamos sobrecoger por el horror y acertamos a buscar metódicamente explicaciones y, a continuación, remedios contra el Mal, es decir, el fanatismo y la violencia. De lo contrario no cabe sino volver a la Edad Media y rezar para guardarse del acecho del Maligno. Y, sin embargo, hay algo que no encaja en este delirio del lobo solitario que ni siquiera creía en el Corán. En realidad, el terrorista no representa a nadie, ni siquiera a quienes celebran su atrocidad. El terrorismo es hoy como un accidente en un sistema que funciona a una velocidad de locura con una eficiencia colosal sobre la que no pensamos demasiado, como si lo normal fuera que un tren cruzara viejas tierras de pastos a cuatrocientos kilómetros por hora o que miles y miles de aviones sobrevuelen a la vez el planeta. El accidente nos devuelve la conciencia de nuestra debilidad. No sé si, como se dice, estamos en guerra, pero debemos saber que somos perfectamente vulnerables y que nuestra vida pende siempre de un hilo. La respuesta no es el miedo, es la conciencia de que debemos luchar contra la parálisis y la paranoia en la que quienes dirigen a los bárbaros pretenden confinarnos.

Saturday, July 09, 2016

EL PAÍS DONDE QUIERO VIVIR

Durante la noche electoral, uno del los líderes del independentismo catalán, Francesc Homs, espetó con gran sentido del oportunismo a su grey aquello de "Ja ho heu vist, Espanya es irreformable"

¿Lo es? Si nos dejamos llevar por la inercia de quien sabe que una gran cantidad de españoles -la mayoría personas con más de medio siglo a cuestas- votan fundamentalmente por miedo, y que éste tiende a volvernos cobardes y estúpidos, entonces seguramente sucumbiremos al cinismo. Quien controla el horror de los viejos a la incertidumbre, controla el Parlamento español, esto ya era así durante el felipismo profundo. Hay un franquismo sociológico que vota a toque de corneta y que no se plantea si su credo es neoliberal o democristiano, ni si votar a un corrupto es una forma directa de complicidad con el crimen. Votan a Rajoy porque identifican en él inequívocamente una manera de estar en el mundo a la que se sienten afines, lo cual no es poco mérito del actual presidente en funciones teniendo en cuenta la desorientación en que vivimos todos. No todos pueden vanagloriarse de ese éxito: a Rivera le han abandonado incluso los que más le jaleaban, y en cuanto al PSOE, toda tentación de acercarse a Podemos produce reacciones de espanto en la caverna. 

A ojos de tantos millones de votantes, "izquierda" significa todo lo que pone entre interrogantes una escala de valores como la que dirigía el mundo cuando yo nací, un sistema moral en el que -a la fuerza- imperaba la claridad porque cualquier forma de heterodoxia o desobediencia era automáticamente sospechosa, por lo que no tenía otra que ocultarse. Izquierda implica que ya no está claro qué es una mujer y qué es un hombre, significa que te quitan los toros, que los jueces son blandos y los policías no le dan su merecido a los malos porque estos tienen "derechos", significa que los inmigrantes van por las calles y acuden a urgencias sintiéndose con el mismo derecho que nosotros, los lugareños. 

Hay algo mucho más grave y que tiene que ver con la falta de educación democrática que ha padecido este país. Con líderes como Rajoy uno tiene la sensación de que no ha de hacer nada más que votarle: él pensará por mí, otros cargarán con la responsabilidad de equivocarse, por eso no será tan imperdonable que se corrompan. El elector de izquierda, o al menos éste que escribe, sabe que sólo la presión y el esfuerzo de los ciudadanos puede transformar y modernizar las comunidades. Por eso no vota militarmente y castiga la corrupción, la mentira y la negligencia. Cree que los profesionales de la política le representan hasta que deja de creerlo. Por eso la izquierda se fractura, como sucede ahora y ha sucedido desde tiempos muy lejanos.  

Entretanto, y más allá del aburrídisimo y monocorde discurso dedicado a convencernos que Iglesias es el demonio -cuando yo creo que es más bien un pelma, casi tanto como sus hostiles- y que sus seguidores han votado mal, yo les haría a ustedes una pregunta: ¿en qué tipo de país quieren vivir?

Me hice esta pregunta el día en que el magnate Adelson presionaba para poner en suspenso leyes españolas fundamentales mientras intentaba implantar su complejo del Nuevo Las Vegas en Alcorcón. También me lo pregunté cuando arruinaron al País Valenciano con la Fórmula Uno, los mamarrachos de Calatrava o la Copa América... como cuando tengo la sensación de haber sido gobernado por bandidos o cuando se desmantelan servicios públicos esenciales para ser malvendidos a los amigachos. 

¿Han leído -sin ganas de vomitar- lo que el cantante Francisco ha dicho de Mónica Oltra, líder de Compromís? ¿Han escuchado a Trillo decir que España nunca estuvo en la Guerra de Iraq? ¿Saben lo que dijo recientemente Monseñor Cañizares sobre los homosexuales? Es a todo esto y a tantas cosas por el estilo a lo que me refiero cuando hablo del país en que quiero vivir.

En los próximos dos años, que a mí me parecen cruciales, podemos seguir dedicándonos a convencer al vecino de que Pablo Iglesias es el Mal o seguir en la pelea día a día para jubilar y desembarazarnos de ese submundo enquistado de franquismo que nos mantendrá como un país menor y lacayuno mientras se lo permitamos por desidia o cainismo. 


Saturday, July 02, 2016



REELECCIONES*

He tomado la saludable decisión de no seguir la campaña electoral. Eso me ha supuesto no tener que aguantar la naftalina de Rajoy, ni la soberbia de Iglesias, ni la cara de derrota de Sánchez, ni la impostura de Rivera. También me he privado de soportar a la atorrante de Ana Pastor asediando a sus entrevistados como si estuviera en un interrogatorio policial. Ha sido como repetir curso, y yo considero que ya aprobé durante el ordinario, con episodios como el de ponerme literalmente enfermo durante el debate televisivo entre Rajoy y Sánchez. Mis conclusiones no han cambiado en los últimos cinco meses, de manera que insisto en ellas. 

1. Es un error esperar demasiado de la política, y me niego a entusiasmarme con ninguna opción. No obstante creo que hay que ir a votar, aún a sabiendas que el poder que otorgan unos comicios a los ciudadanos es hoy en día muy escaso. No sé si servirá para algo mi voto, sé que lo que quieren mis enemigos es justamente eso, someterme a la indiferencia y el silencio. Soy escéptico, pero no cínico. 

2. No es sólo que no quiera que gobierne la derecha, yo quiero que gobierne la izquierda. No van a hundirse las Bolsas ni huirán las inversiones. Sólo desde la izquierda se entiende -más que nunca hoy, en pleno apogeo de la globalización neoliberal- que la función de las instituciones es contrapesar el poder del capital y la oligarquía, proteger la cobertura de los débiles, evitar la indefensión laboral y salvaguardar los servicios públicos. Quizá después de todo la izquierda no pueda o no se atreva a hacerlo, lo que sí sabemos es que la derecha no lo hará. Eso sí, siempre podrá echarle la culpa a los inmigrantes o a los sindicatos. 

3. El PSOE se halla en una situación crítica, pero -lo siento- a su supervivencia no pienso dedicarle un instante de angustia, lo que yo pido a los profesionales de la política es que resuelvan problemas, los míos y los de la gente. No pueden aliarse con la derecha porque sería un suicidio; las otras opciones también son malas. Debieran preguntarse muy seriamente por qué han llegado a esto, pero no es el momento. Es sencillo, si no hay un pacto con Unidos Podemos seguirá gobernando la derecha. Si por una sumamente discutible estrategia de supervivencia dejan que eso ocurra  pasarán a convertirse en un partido residual fuera de Andalucía. Allá ellos. 

4. Que a mí me guste o no Pablo Iglesias es irrelevante. Nunca las cosas son como serían si uno las pintara. Lo cierto es que millones de electores de izquierda han dejado de creer en el laborismo español clásico.  La gente no ha "votado mal", simplemente le ha pasado factura al PSOE por errores, inconsecuencias y corruptelas. Esto, ya lo sabemos, no pasa en la base electoral de la derecha. A ese núcleo duro, formado por muchos millones de españoles, le dan igual la negligencia y la corrupción, son capaces de votar incluso a un líder al que desprecian. 



5. En Valencia hay ahora mismo una coalición de toda la izquierda. Cada uno de los integrantes será sospechoso de esto y de aquello, seguro que sí, pero mi sensación a día de hoy es que lo que ha entrado en consistorios, diputaciones y Generalitat es el aire. Esta es, amigos, la izquierda disponible. ¿Asumimos la realidad o seguimos en la inopia?

*Como es notorio, escribí este artículo unas horas antes de celebrarse los comicios.

Saturday, June 18, 2016

TOROS


No me tengo por animalista, tampoco soy un ortodoxo antitaurino. Diría que con las corridas de toros me pasa lo mismo que con los combates de boxeo: ocasionalmente me conmueven, revuelven alguna  entraña épica y me hacen acordarme de aquel niño que creyó que la única vida digna de vivirse era la del cantar de gesta. Algo parecido encuentro en ciertos partidos de fútbol, con la experiencia de subir una montaña y contemplar un paisaje excelso desde la cima o ante una obra de teatro. La diferencia es que en estos ni la muerte -ni mucho menos la tortura- están en juego. 

Mis razones contra la vigencia de la tauromaquia son peculiares, no especialmente afines con las que defienden los animalistas, a quienes en cualquier caso debo reconocer el valor de manifestarse públicamente en situaciones nada cómodas, exponiéndose a los ataques de energúmenos que esgrimen razones tan concluyentes como las de la intimidación, el insulto, el grito y la violencia. El toreo será poesía, pero la reciente escena de una turba de miserables agrediendo e intentando robar la cámara a dos espectadoras a las que identificaron como "enemigas" no puede ser más cutre. Es la misma impresión tercermundista y premoderna que ofrecen los defensores del Toro de la Vega cuando se enfrentan como una horda de simios a los periodistas que tratan de filmar el odioso espectáculo del que, por lo visto, tan orgullosos se sienten.  

Yo creo que el eslogan "Cultura no es arte ni tortura" responde a un planteamiento equivocado. La fiesta de los toros es cultura, por supuesto que lo es... Y, como dijo Walter Benjamin, todo documento de cultura es a la vez uno de barbarie. El argumento puede aplicarse tranquilamente a las luchas romanas de gladiadores, no tengo ninguna duda de que eran emocionantes y contenían alguna forma de belleza. Si hemos decidido acabar con tamaña barbaridad, como con la de arrojar una cabra desde lo alto de un campanario o la de los jinetes que arrancan cabezas de gallos, es porque hemos entendido que nuestro mayor logro, y este sí es épico de verdad, no es la guerra sino la paz, no es la violencia sino el diálogo, no es la barbarie sino la civilización. 

A resultas de la majestuosa actuación de José Tomás en la plaza de Jerez, donde el mejor torero que he conocido logró hacer creer que Dios había bajado al coso vestido de luces, el periodista de El País, Rubén Amón, aprovechó para escribir un artículo en defensa de la fiesta taurina. 

"Al fin alguien que argumenta, un taurino que no sólo grita", pensé... Decepción total, Amón escribe bellamente sobre "el misterio eucarístico y pagano" de la fiesta, pero no da una sola razón capaz de convencer a un abolicionista, sólo se dedica a ridiculizar su posición. 

"No dispongo de grandes argumentos racionales para defender la corrida de toros", aunque alude de soslayo y sin explicarse a "razones económicas y medio ambientales". No va, asegura, a la plaza por sadismo -estaría bueno-, de lo que deduzco que el dolor y la muerte se justifican para él por la belleza del espectáculo. Según Amón somos una sociedad "flower power" -él y los taurinos son la excepción, muy machos, claro-, que no soporta la idea de la muerte ni es por tanto capaz de entender la creatividad que propicia. Somos, como dijo Heidegger, seres para la muerte, pero eso no significa que hayamos de convertirla en espectáculo. Esa es una de las razones por las que ya no vemos suplicios y muertes en las plazas públicas como hace siglos. 

No hace falta tener una moral heredada de Walt Disney ni ser un hipócrita, como Amón acusa, para ser abolicionista. Me parece especialmente denigratorio, e impropio de un escritor en nómina de un diario tan poderoso, añadir que quienes se conduelen hipócritamente por la muerte de un león africano no reaccionaran de igual manera ante las fosas comunes del dictador Mugabe. A este nivel tan rastrero, podría yo igualmente suponer que los taurófilos veneran la violencia y la crueldad, que de pequeños, mientras se reían de quienes lloraban por Bamby, ellos cazaban y torturaban horriblemente a gatos y lagartijas, como muchas veces vi en mi infancia. 

No, no tenemos una cultura insípida e inodora, no al menos por el coraje de quienes son capaces de enfrentarse a un montón de energúmenos para evitar que se perpetre una nueva exhibición de violencia. Quizá ahí esté la verdadera épica.  

Friday, June 10, 2016

ALGUNAS FRASES COMUNES QUE DETESTO

No deambulo en las últimas semanas por los derroteros más luminosos. Aparte de que -confieso mi debilidad- soy altamente vulnerable al estrés, me hallo en uno de esos momentos en que uno va con las gafas del fatalismo puestas y hasta lo más banal e inofensivo se presenta ante mí envuelto en sombras de amenaza. Espero abandonar pronto esta inmersión melancólica, pero mientras forcejeo buscando el aire permítanme que patalee un rato. 

Verán, hay una serie de frases que detesto. Son frases que escuchamos a menudo; quien las dice lo hace como quien fríe un huevo o tira de la cadena, no sabiendo o no queriendo saber de la profunda iniquidad que contienen.  Helas. 

1. "Ese no es mi problema". Mi predilecta. Consigna de los insolidarios del mundo entero. Su verdadero significado es "no voy a mover un dedo por ti porque soy un cabrón egoísta y lo que te pase me la sopla". Estaría bien emplearla cuando un mendigo nos informa de que su familia no tiene qué comer: "ese no es mi problema"... no lo es,  de momento, claro. 

2. "El pez grande se come al chico". Esperaríamos esta aseveración de los peces grandes, los financieros, los grandes hacendados, los amos del mundo en general... pero no, curiosamente se la he escuchado muchas más veces a peces chicos, en concreto a los que prefieren vivir dentro de la panza de los grandes. Quien la enuncia no parece saber que las instituciones y, por tanto, las grandes comunidades, se crean precisamente para paliar los efectos de la ley del más fuerte, de ahí que no vivamos ya en las cavernas. 

3. "El que no llora no mama". Frase preferida de dos especies especialmente insufribles, los maleducados y los pelmazos. Lo peor es que suelen tener razón, es un poco como aquello de que "tiene razón quien más grita".
 
4. "Ha de haber unas normas". Perogrullada que, precisamente por serlo, debe despertarnos sospechas hacia quien la pronuncia. Lo que en realidad pretende decir es "estas normas son las que a mí me vienen bien, luego debes cumplirlas". Se usan mucho para desacreditar al anarquismo, sobre todo cuando no se entiende qué es el anarquismo. 

5. "No estamos en la Unión Soviética". Aseveración típica de los reaccionarios que, al menos en España, sustituye últimamente el imperio bolchevique por la Venezuela bolivariana. También es una obviedad, pero les sirve para acusar a cualquiera que se atreva a decir que la prosperidad tiene sentido si la riqueza se redistribuye.