Friday, January 20, 2017

LA POSVERDAD

La "posverdad" ha sido designada palabra del año.

 No sé qué recorrido futuro puede tener, desconozco si se instalará entre nosotros o, como las hombreras, tendrá un recorrido tan fulgurante como efímero. No importa, la posverdad puede ser sólo un nombre vacío, pero sospecho que nada dice tanto sobre nuestra condición contemporánea como los nombres vacíos. 

"¿Por qué lo llaman posverdad cuando quieren decir mentira?", pregunta uno de los que, acaso por falta de buen humor, siempre se irritan con cualquier novedad. Pero es una mala pregunta, porque la mentira y la posverdad no son la misma cosa. Muy al contrario, sólo se habla de mentira en la medida en que podemos determinar qué es lo verdadero. Y eso es justamente lo que el espíritu del tiempo ha puesto en situación de incertidumbre; no sabemos dónde se ha metido lo verdadero, o mejor, no estamos seguros de disponer de los elementos para distinguirla. La verdad ha perdido su prestigio, ha dejado de ser operativa. Esto no significa que haya desaparecido, significa que tenemos vía libre para desembarazarnos de ella cuando nos venga bien. Y significa también que se puede aspirar al éxito sin vivir bajo su otrora marco protector. 

Se asocia la posverdad con el inicio de la Era Trump. Ciertamente, Trump ha llegado al poder a partir de la mentira. El problema es que, al contrario que en el caso de Nixon -al que defenestraron por mentiroso antes que por espiar a los demócratas- la gente vota a Trump aún a sabiendas de que probablemente miente. Este fenómeno se ha dado también entre nosotros con Podemos. Muchos que manifestaban en las encuestas la intención de voto a favor del partido morado reconocían no creer en las posibilidades de realización de sus promesas. En suma no se vota a ciertas opciones porque sean "verdaderas", en cierto modo se les vota porque son ficción, y les pedimos que lo sean, que se atrevan a serlo e incluso a parecerlo. 

Hay, claro, otra manera de verlo; "voto a Trump porque se atreve a decir la verdad que todos pensamos pero nadie más se atreve a decir." Pero incluso el palurdo que dice esto intuye, en el fondo, que no es la verdad de la razón, sino la emocional, la que los demagogos como Trump capturan de entre las vísceras para hacerse querer. Y el problema de la verdad del bajo vientre es que nunca es verdadera salvo entre las hordas de bárbaros, no cuando se trata de gestionar con justicia la vida en común entre seres civilizados. 

No, la posverdad, o si prefieren, la posmodernidad, de la que sólo es uno más de sus síntomas, es sólo un síntoma más de la condición contemporánea, cuyo destino es vivir en la incertidumbre y la desorientación. No podemos establecer un criterio de verdad porque todo va demasiado rápido para que nos dé tiempo a reflexionar y obtenerlo. Y si lo obtenemos, debemos saber que es precario y cambiará de inmediato. 

"Sociedad líquida", dije la semana pasada refiriéndome a Bauman. Debemos acostumbrarnos a la idea de que el estado sólido ya no corresponde a los referentes que nos sostuvieron. Eso es malo porque el trabajo se hace precario, la incomunicación se extiende secretamente entre las múltiples vías de contacto virtual, y las instituciones que protegen a los débiles se ven más y más amenazadas, empezando por la democracia misma, que se abarata tanto que ya cualquier república bananera se autodenomina democrática. Pero también es bueno, porque hace saltar en pedazos relatos que han avanzado sólo a costa de millones de muertos, como el de la superioridad de Occidente, la autoridad de los dueños del Templo, la legitimidad de las oligarquías, el patriarcado, el matrimonio convencional...

Los apologetas de la Verdad, esos de los que tanto se burló Nietzsche, gimen melancólicos en las exequias de su Dios... Pero ignoran que, como nos enseñó hace más de un siglo el autor de Zaratustra, la verdadero es una construcción humana o, como él diría, "sobrehumana". Zizek nos dio recientemente la "bienvenida a tiempos interesantes". Los tiempos interesantes son inquietantes, porque en ellos se navega a la deriva, sin saber bien a dónde dirigirnos o, para que se me entienda, sin elementos para juzgar cómo dirigir una biografía. 

No sé si me estoy explicando. La posverdad -aunque mañana la llamen de otra manera- no es el triunfo de los mentirosos, aunque ahora mismo lo parezca, es más bien el momento en que advertimos que tenemos que construir un relato que sostenga nuestra determinación de continuar adelante. Bienvenidos pues a tiempos interesantes. Y no lo olviden, hoy es nuestro primer día contra Trump.

Sunday, January 15, 2017

EN LA MUERTE DE ZYGMUNT BAUMAN

Llevo varios días pensando en qué puedo decir sobre Zygmunt Bauman, autor al que me he referido en innumerables ocasiones. Esperaba su muerte, era nonagenario, por más que su actividad editorial seguía siendo pasmosamente frenética. Creo que lo que me tiene algo atorado es la insistencia, algo obsesiva en estos días de exequias, en hablar de Bauman como un intelectual de masas, un "pensador viral", he leído. 

Es curioso que incluso he localizado algún trabajo periodístico en que pensadores tan reputados como Xavier Gomà o Adela Cortina son interrogados, no ya por el valor y la trascendencia de sus ensayos, sino por los motivos de su celebridad. Es decir, más que de un sociólogo, estaríamos hablando de un fenómeno sociológico... Qué ironía, el propio Bauman se habría debido analizar a sí mismo, o mejor, a su avatar en el mundo de la fama si tuviera la soberbia de Zizek u otras celebrities por el estilo. 

Empecé a leer a Bauman en los noventa, cuando cuando se hizo conocido a raíz de "Modernidad y Holocausto" y, después, cuando hizo fortuna con su fórmula "modernidad líquida", con la que definía la condición de las comunidades contemporáneas. Fue una lectura placentera y constructiva. Asistí después algo perplejo a ese proceso que le convirtió supuestamente en un autor de masas, desarrollando una voracidad editorial inaudita en la literatura filosófica y que sorprende especialmente en un hombre de edad tan avanzada. 

Hay quien, como es el caso de Enrique Gil Calvo, no pueden evitar que los árboles les impidan ver el bosque y caen en la tentación de hablar de Bauman como un bluff, un autor disperso e inconsistente y un producto del negocio editorial. Personalmente creo que Bauman ha publicado demasiados libros en los últimos veinte años y que la insistencia en titularlos con el rótulo de "lo líquido" no ayuda a desactivar críticas como las de Gil Calvo. 

En estas horas, cuando ya sé que no tendré más a Bauman, debo exigirme más altura de miras que quienes simulan desprecio ante la fama que en el fondo codician. Miro a la estantería, cuento once libros de Zygmunt Bauman, no está mal, pienso, son más de los que tengo de Nietzsche o de Kafka. Los he leído todos con suma atención, están abundantemente subrayados y anotados... A mí Bauman me ha dado mucho; bien pensado no me ha sobrado ni una sola de sus lecturas. 

Creo saber el porqué. Aparte de la evidencia de que es un maravilloso prosista, capaz de resultar pedagógico en sus argumentos y a la vez emocionar, Bauman ha sido capaz de diagnosticar los fenómenos de la cultura contemporánea con una precisión quirúrgica.

 Lo de la liquidez se ha repetido en exceso, pero, reconozcámoslo, designa con enorme inspiración la lógica en la que nos movemos. "Todo lo sólido se desvanece en el aire", dijo Marx. Los escritos de Bauman desarrollan esa idea en todas sus consecuencias tal y como hoy se nos presenta, es decir, como clave de todo lo que nos afecta. Los vínculos laborales ya no son los del fordismo, de ahí la extensión del precariado; las relaciones entre personas se hacen irresponsables y efímeras; las asociaciones entre ciudadanos son sustituidas por comunidades internáuticas de afinidades... Todo pasa por delante de nosotros, pero nada parece llegar a cuajar, a tomar la consistencia necesaria para venir y quedarse. Podemos hacer valer el término "posmodernidad" si sabemos aplicarlo: encontramos en el mundo más o menos las mismas cosas que antes, las mismas necesidades, similares angustias... pero ahora todo pasa demasiado rápido, nada se detiene el tiempo suficiente para que lo entendamos, no hay tiempo para reflexionar, no hay posibilidad de proyectar una biografía sostenible. Los elementos son los de siempre, pero como todo discurre sin detenerse, el escenario toma un aspecto completamente distinto. Estamos condenados a la ansiedad y, en cierto modo, a la esquizofrenia. 

Zygmunt Bauman me enseñó a entender que el filósofo debe aprender a vislumbrar la especificidad de los nuevos paisajes del dominio, la exclusión y la miseria, pero sin negarse a abandonar la tradición crítica. Al contrario que otros profetas de la posmodernidad, como Lyotard, Vattimo o Baudrillard, Bauman se nos reclama no abandonar a Kant, Marx, Adorno o Arend. Hemos ingresado en lugares donde nunca estuvimos antes, esto es completamente cierto, pero somos los mismos, luchamos por los mismos derechos y necesitamos saber cómo son las nuevas tierras sin volvernos locos. 

Lean a Bauman y, si me aceptan un consejo, dejen de atender a polémicas idiotas.        

Saturday, January 07, 2017

CAÑIZARES Y LA IDEOLOGÍA DE GÉNERO

Comparto en todos sus términos la instrucción sobre identidad de género que prepara el gobierno valenciano, lo cual no significa que considere dicho plan incuestionable. Estamos ante una materia que es objeto de controversia en el seno de la sociedad porque recoge reivindicaciones muy serias y que afectan seriamente a la sensibilidad de millones de personas. La ley es buena, pero ha de explicarse, y las instituciones deben aprovechar la oportunidad para efectuar una labor que tiene implicaciones pedagógicas. 

Veamos. La ley de género que se aprobó el año pasado a nivel autonómico madrileño es un progreso, pero resulta insuficiente para asumir la demanda del colectivo LGTB. Lo que pretende el gobierno valenciano es despatologizar la transexualidad, es decir, que si yo decido cambiar de sexo, no necesito un documento que indique que padezco "disforia de género" para exigir que se me trate como mujer y se me faciliten los medios médicos para ejercer mi voluntad de dejar de ser un varón. De igual manera la comunidad es obligada a no ejercer sobre mí ninguna forma de discriminación, exactamente lo mismo que ya ocurre por ejemplo con los homosexuales. 

Entiendo que susciten dudas las piezas de la ley que se refieren a los menores, por eso es bueno que el Consell se explique, ya que de lo contrario la interpretación del texto sufrirá tergiversaciones que pueden dañar la legitimidad de unas reivindicaciones perfectamente justas. No me extiendo más sobre el particular, mi consejo es que la gente lea la ley. 

Pero ya que estamos, sigamos siendo pedagógicos, porque el inefable Cardenal Cañizares ha hecho algo más que discrepar de una ley. Habla de "adoctrinamiento" y de "colonización de las mentes" por parte de la "ideología de género". Se debe contestar a esta acusación, pero sería un error por parte del Consell aducir que con una ley como ésta se limitan a responder a una demanda social. Lo que está haciendo es llevar a la práctica política unos principios éticos. No sé si el género es una ideología, lo que sí sé es que instaurar leyes contra la discriminación de los transexuales implica tener el coraje de hacer valer unos ideales de justicia. Y eso ocurre aún a sabiendas de que muchísima gente va a estar en contra y de que tales medidas acaso no sean electoralmente rentables. Hay que posicionarse para lanzar esta ley, hay que pelearla como ya se hizo con el divorcio, el aborto o el matrimonio homosexual... No basta con promulgarla, hay que crear el espacio de convivencia adecuado para que sea aplicada con todas sus consecuencias. 


Me aplico el cuento. Cuando Cañizares acusa a los profesores de la enseñanza pública de intentar formar éticamente a nuestros alumnos está dando en el clavo. Yo tengo lesbianas, gays y transexuales en clase... ¿creen ustedes que en mi labor docente soy neutral hacia sus reivindicaciones? Yo no obligo a mis alumnos a compartir mis criterios -menudo aburrimiento sería eso-, pero debemos asumir sin complejos que actuamos ideológicamente cuando animamos a dos chicas lesbianas a hacer explícito su afecto mutuo,  y lo somos igualmente cuando -como todavía hacen algunos profesores en contra de mi criterio- se censura a una niña por llevar un hombro al aire. De igual manera, propagamos valores cuando exigimos que se respete un turno de palabra en el aula o cuando sancionamos a un alumno porque ha llamado "marimacho" a una compañera de clase. 


Otra cosa es que trabajar dentro de una escala de valores implique "adoctrinar". Yo soy profesor de filosofía con todas las consecuencias: lo discuto todo, lo cuestiono todo, acepto cualquier discrepancia y, si procede, trato de desactivar prejuicios que lesionan la convivencia. Es la gente como Cañizares la que adoctrina, y son sus profesores de Religión los que transmiten dogmas, es decir, supuestas verdades incuestionables. 

"Colonizar las mentes"... Hay que tener la cara muy dura, diantre.  

Friday, December 30, 2016

ÚLTIMAS PREGUNTAS DE UN AÑO IDIOTA

No sé me ocurre nada sobre lo que pontificar y hacerme el listo en este final de año, de manera que he decidido despedirme de este venturoso año 2016 planteando unas cuantas cuestiones que me inquietan. Lo hago con la esperanza de que en el transcurso del próximo año vayan siéndome contestadas, aunque sospecho que si en el 17 este planeta sigue dando las sensaciones de haberse vuelto gilipollas que dio durante el 16 temo que me voy a quedar con las dudas. Helas. 

-¿Por qué decimos que el franquismo era insoportable entre otras cosas más serias porque nos imponían al Madrid, y ahora resulta que vivimos la peor dictadura económica y mediática del Madrid y del Barça? ¿Es democrática una sociedad cuyos medios informan durante horas y horas de si a Cristiano le duele un huevo o si a Messi le gustan los berberechos?

-¿Por que después de medio siglo, y hallándonos en un mundo donde todo cambia aceleradamente, en las telecomedias siguen poniendo risas enlatadas que nos indican cuándo tenemos permiso para reírnos?




-¿Qué tipo de país defenestra al Juez Garzón y sus ciudadanos se quedan tan panchos?

-¿Por qué en Valencia se sigue votando mayoritariamente a una organización que se ha dedicado durante dos décadas a la delincuencia organizada?

-¿Por qué los medios tratan durante horas de un asunto local de la ciudad de Madrid y, aún así, luego no entienden por qué se les acusa de centralistas y por qué hay tendencias periféricas centrífugas?

-¿Por qué el economista Juan Torres no ha vuelto a la Sexta? (Esta la sé, yo se la digo, no ha vuelto porque demostró que el vídeo con el cual le presentó La Sexta Noche falseaba sus planteamientos) Añado otra, y ésta sí que no voy a contestarla yo: ¿por qué los líderes de Podemos se rodearon del citado Juan Torres y de Vicenç Navarro para asesorarse en cuestiones económicas y muy poco después estos desaparecieron de la escena?

-¿Tiene Aznar una sola razón sólida en contra de la actual dirección del PP que no sea la de que no le hacen la pelota tanto como él cree que deberían?

-¿Por qué todo el mundo dice en las encuestas que el problema de la contaminación y el cambio climático no se soluciona por falta de voluntad política, y después, cuando a una alcaldesa se le ocurre limitar el tráfico, le llueven las hostias?

-En España, ¿no deberían los legisladores explicarnos qué leyes ponen para que se cumplan y cuáles para incumplirse? Y en este caso, ¿debemos entender que la Ley de la Memoria Histórica o la de Dependencia existen pero no hay que cumplirlas?

-¿Se les ha ocurrido pensar a los progres que tanto insisten en defender los carriles bici que desde hace algún tiempo somos los peatones los que estamos doblemente jodidos porque no solo los automóviles sino también los ciclistas nos hacen la vida imposible?


-Y la última, que es la más trascendente y la que recoge el espíritu de todos los demás: ¿de qué se ríe José Vélez?

Friday, December 23, 2016

EL ÁRBOL Y RECTIFY

De entre las explicaciones sobre el origen de los símbolos de la Navidad que circulan, me quedo con la de San Bonifacio, quien en el siglo VIII no tuvo mejor idea que viajar a los bosques germánicos a convertir paganos. Acabaron matándolo, supongo que por pelma, aunque no le fue mal del todo, porque contaba setenta años cuando cayó atravesado por algún acero godo. Se le representa bautizando infieles mientras con el pie pisa un roble, lo cual alude al hecho de haber sustituido el roble por un pino, o lo que es lo mismo, eliminar el culto a Thor en favor de la fe cristiana.

No es extraño que el árbol navideño remita a tierras del norte. Dado que la llegada del invierno amenaza con dejar a muchos miembros de la comunidad en la indigencia, depositar bajo el roble lo que a uno le sobra en beneficio de otros aldeanos es la manera de proteger solidariamente la supervivencia de la comunidad. 

Por supuesto, el comportamiento generoso que prolifera en los ánimos estos días tiene también mucho que ver con el mensaje evangélico. El hombre cuyo nacimiento se celebra en estos días -dos mil años después- es aquel que llega para sacrificarse, es decir, Jesús de Nazaret es quien acepta la misión de exonerar a sus hermanos de la culpa original aún a sabiendas de que su destino es fatal, dolorosamente fatal, como se advierte por la atrocidad de la cruz, convertida para siempre en símbolo de la cristiandad.

En vísperas de la conmemoración acabo la serie Rectify, un relato cuyas resonancias bíblicas son insoslayables. No recomiendo ver cuatro temporadas de una serie (unos dos mil doscientos minutos) en apenas un mes y medio, como yo he hecho, pero a veces no hay otro remedio, aparte de que -debo confesarlo- el relato me ha atrapado de tal manera que no veía  cada día el momento de llegar a casa para ponerme un capítulo por la noche. Reconozco haber visto el desenlace -en especial el último capítulo, pero pienso en toda la cuarta temporada- con una intensidad emotiva similar a la que pasé en su momento con las dos últimas temporadas de la fabulosa The Wire. 

Veamos. Daniel Holden sale de prisión después de casi veinte años en el corredor de la muerte. Se le condenó por la violación y asesinato de su novia, Hannah, cuando tras múltiples interrogatorios con la policía, aceptó declararse culpable. Ahora se ha descubierto que las pruebas de ADN estaban mal hechas, de manera que la judicatura ordena excacelarlo y Daniel vuelve a casa con su familia, mientras el senador que antes convirtió su condena en un éxito electoral propio jura ante los indignados ciudadanos que hará que Holden regrese al corredor. 

Quien decide ver la serie y no quedarse únicamente con su brillantísimo inicio, debe saber pronto que descifrar el enigma de si Daniel es o no culpable no es la cuestión esencial. La maestría del relato consiste en hacernos deambular a través de la subjetividad traumatizada de un personaje que ha pasado dos décadas dentro de una pequeña caja sin ventanas, sabedor de que en cualquier momento los celadores aparecerán para llevárselo a la cámara de ejecución. Al modo de un Rip Van Winkle -uno de los relatos fundacionales de la narrativa norteamericana- Daniel Holden regresa al mundo después de un "pause" de dos décadas que le impide entender un mundo que apenas se parece a aquel en que se crió y que hubo de abandonar apenas alcanzada la mayoría de edad. 

¿Y quienes hemos permanecido fuera de esos estrechos muros durante todo este tiempo? Quienes lucharon por él sin desmayar -su hermana, su madre y el abogado- ven en Daniel a un Job torturado por una injusticia monstruosa; los demás ven a un psicópata que abandona el corredor por un golpe de suerte. Entre unos y otros queda la tortuosa introspección del protagonista, en la que adivinamos la mirada de un loco, un loco como puede serlo cualquiera de nosotros si nos aprietan durante algún tiempo las tuercas. 

¿Nos parecemos a esa pequeña ciudad que rechaza a Daniel, al cual ve como un monstruo aún sin saber a ciencia cierta si es culpable? ¿O nos parecemos más bien a ese hombre desorientado e ingenuo que no le encuentra el sentido a una comunidad que ya no sabe diferenciar entre el bien y el mal?

No lo sé, no estoy seguro. Pero sé algo, que siempre es posible la rectificación, que el ser humano, pese a todo, tiene el único don divino que puedo concebir: la libertad. 

Bon Nadal a tothom.



Saturday, December 17, 2016

CEBRIÁN



Recuerdo hace una eternidad a mi padre nombrar a un puñado de "españoles que"-según sus propias palabras de entonces-  "...valen la pena". Me suena que nombró a Tierno, a Fernández Miranda, a Juan Goytisolo... sin ninguna duda apareció Cebrián en la terna, lo sé bien porque no estoy seguro de saber quién era aquel señor entonces. Ahora no tengo duda: responsabilizaba a Juan Luis Cebrián de algo tan trascendente en la modernización de España como es la irrupción de el diario El País.    

Casi cuatro décadas más tarde se me ocurre que si Cebrián hubiera sido un oligarca entre otros la entrevista de Salvados me hubiera interesado tan poco como si Évole se la hubiera hecho al difunto Botín o al Presidente de una eléctrica o de El Corte Inglés. Pero El País no es El Corte Inglés, El País, como la Cadena Ser, el Canal Plus o los libros de texto de Santillana son parte fundamental en la formación de mucha gente como yo. 


Durante el felipismo hizo alguna fortuna la insistente teoría conspiranoica de que Polanco y Cebrián, es decir, el Grupo Prisa, controlaban nuestras vidas a través de un supuesto monopolio mediático, el cual manipulaba a las cándidas almas hispánicas para mantener al PSOE en el poder y silenciar a los antagonistas, pobrecitos. No deben haber sido muy eficaces en el lavado de cerebro porque los diez millones que llegaron a votar a González se han quedado en una cifra propia de un partido para minorías. Por otro lado, si aceptamos que El País es un diario para lectores de izquierdas, sospecho que quien de verdad está bien surtido en los kioskos es el lector de derechas, que puede elegir entre la entrega incondicional al PP de La Razón y el ABC o la misteriosa ciclotimia de El Mundo. Jamás la izquierda ha monopolizado los medios por la sencilla razón de que son los medios reaccionarios los que, sin necesidad de talento ni grandes audiencias, ha tenido siempre la mayor facilidad para encontrar apoyos financieros. El caso de la Cadena Cope con la Iglesia Católica es paradigmático. 


Ahora bien, una cosa es que los clientes de PRISA sean de izquierdas y otra es que los medios de dicho conglomerado sean antisistema. Jamás lo fueron, no hay nada de radical en los ideales fundacionales del grupo, el cual surgió como una aventura periodística inclinada a democratizar la nación, esa que, cuando se fundó el diario El País, se desperezaba todavía de su última y sangrienta ensoñación medievalista. 

Miren, yo he criticado innumerables veces a El País, pero nunca he dejado de leerlo, lo cual no sé si dice algo en mi favor, pero sí lo dice en el suyo. Desde la izquierda más autosatisfecha he oído muchas críticas destructivas hacia PRISA y todo lo que significa... Acaso tengan razón, pero siempre pienso que nada satisfaría más los deseos de gente tan odiosa como Jiménez Losantos, Herrera o Marhuenda como que la izquierda quedara recluida en los dispersos recovecos de la contrainformación y el radicalismo antisistema, renunciando así a la ambición de formar a las multitudes que siempre tuvo. 


Bien, creo haber demostrado suficientemente que no soy sospechoso. Lo voy a decir de una vez: Cebrián mintió de principio a fin en la entrevista... me cuesta descubrir más de media verdad en sus largas respuestas. Esquivó una y otra vez las preguntas sobre la línea editorial de El País, desplazando la responsabilidad sobre la dirección del diario. ¿Cree que somos imbéciles? Falseó la información relativa al peso de los bancos en el grupo, remitiéndose al porcentaje del Santander y la Caixa en el paquete accionarial, pero silenciando factores como el de los anunciantes o los créditos que les permitieron sobrevivir en los momentos más críticos para la viabilidad financiera de la compañía. 

¿De verdad quiere hacernos creer Cebrián que el despido de periodistas demasiado escorados hacia la izquierda le es ajena? No voy a retroceder a los noventa y recordar el asunto de los humoristas Gallego y Rey y otros bastante más escabrosos, pero, ¿qué hay de la rabiosa campaña en contra de Podemos que envidiaría incluso La Razón? ¿es veraz y objetiva la información en torno a Venezuela? Pensemos en el tema Pedro Sánchez, machacado de forma inmisericorde, con algunos textos dignos de la historia universal de la infamia periodística como aquel célebre editorial en el que se descalificaba e insultaba con ferocidad a un líder votado por casi cuatro millones de personas. 


Cebrián salió en La Sexta, que tanto le ha criticado y que -como él muy bien sabe- es vista por la clientela de PRISA, para vender un relato: soy de izquierdas, pero en una sociedad como la que tenemos o pactas con el gran capital o te vuelves insignificante. El problema con un poderoso -y Cebrián lo es, no tengamos ninguna duda- es que a fuerza de convivir con los oligarcas termina convirtiéndose en uno de ellos. Él cree ser distinto, supongo que ese es el punto de ingenuidad que aún le queda para no sucumbir al cinismo absoluto. Quiere pensar que es un topo, un representante del pueblo instalado a contrapelo en el laberinto de los elegidos. ¿Le cree alguien aún? ¿Cree alguien aún ese relato respecto a su alter ego, Felipe González? Por amor de Dios. 

"Tú también eres stablishment", le dijo a Jordi Évole. Ahí me di cuenta de que Cebrián no entiende el significado de la palabra "stablishment". Es lógico, si uno está dentro no ve bien la realidad que sólo puede designarse desde fuera. 

Saturday, December 10, 2016

LA VERDAD (Y LA MENTIRA)

Durante los primeros años de gobierno de Rodríguez Zapatero, quien -como todos recordamos- llegó al poder después del sorprendente vuelco electoral producido tras el atentado de Atocha, el diario El Mundo publicó una larga serie de "investigaciones" con las que se pretendía asociar el resultado de las elecciones con la masacre yihadista. El diario de Pedro J. Ramírez, con la complicidad de la Cope y Libertad Digital, propagó una delirante teoría de la conspiración con la que los sectores más fanáticos y resentidos de la derecha española pudieron encauzar la rabia que les había producido una derrota electoral completamente inesperada. No me consta que Jiménez Losantos o Ramírez, compañeros de barco en aquella atrocidad periodística, hayan pedido perdón, pero lo realmente escandaloso es que aquello no haya tenido consecuencias de ningún tipo. Simplemente El Mundo dejó decaer el asunto y el asunto se cerró. 

Sumo y sigo, me voy a escenarios más triviales. Una periodista del corazón llamada Lidia Lozano extendió durante semanas la idea de que tenía pruebas de que Ylenia, primera hija de Al Bano y Romina Power, desaparecida unos años antes, estaba viva. Podemos imaginar la cutrez de las fuentes de la interfecta. Lo cierto es que, más allá de poner muy nerviosos a los célebres padres de la joven, Lozano nunca pasó de amagar con que ofrecería sus supuestas pruebas. Aquello llenó muchos programas de TeleCinco, cuyos directivos imagino que animaron a la "periodista" a seguir mareando la perdiz, a pesar de que seguramente eran los primeros en saber que aquello era una odiosa mentira. El asunto se apagó, Lozano sigue trabajando para la cadena en programas que presumen de tener una gran audiencia.

No creo que tengamos un problema con la verdad periodística, lo tenemos con la verdad en general. Si la credibilidad ya no es algo que pueda dañarse, puesto que mentir sale barato, entonces es que la verdad ya no es un valor esencial. 

Lo hemos visto hasta el aburrimiento en este año calificado con ingenio como aquel en "que vivimos estúpidamente". Los defensores del Brexit mentían y luego, cuando obtuvieron el éxito, desaparecieron y dejaron que otros gestionaran el estropicio que ellos mismos habían generado. Trump no hizo otra cosa que remover las vísceras del americano medio con promesas incumplibles, y ganó unas elecciones que ni sus compañeros de partido deseaban que ganara. Rajoy ganó de forma contundente las segundas elecciones a pesar de haber batido records de incumplimientos electorales en su primera legislatura, por no hablar de la ignominia de una corrupción sistémica y perfectamente tolerada. 


En estos días nos indignamos porque los padres de Nadia nos han estafado. Los tipos usaron la supuesta enfermedad de la niña para sacar más de un millón y medio de euros y gastárselo en lujos de todo tipo, con lo cual, además de haber robado a muchos bienintencionados, pueden haber condenado a muerte a muchos que ahora, en un caso similar, no podrán ganarse la confianza de la gente cuando pidan socorro público. 

Tenemos un problema con la verdad. En realidad lo hemos tenido siempre, por eso existe la filosofía. Me temo, sin embargo, que el problema ahora adquiere unas proporciones sumamente inquietantes. No sé si tengo una buena perspectiva para emitir este juicio, pero creo que la gente está extraordinariamente desorientada. Como dijo Ortega, "no sabemos lo que nos pasa, y es justamente eso lo que nos pasa". No obstante, una cosa es que nos aceche toda suerte de incertidumbres, y otra es que podamos permitirnos el lujo de tolerar e incluso premiar a los mentirosos. 

La mentira es mala porque destruye la confianza entre las personas. Si aceptamos al que miente es porque ya no creemos que algo tan imprescindible para el estar juntos como la confianza ya no es posible. Abrimos entonces la puerta a que no nos devuelvan lo que prestamos, que nuestra pareja nos sea infiel o que el banquero en que tanto confiamos nos cuele una preferente. Todo eso puede suceder, pero ¿cómo sentirnos víctimas de una injusticia y efectuar reproches morales si somos los primeros que dejamos de creer que la verdad fuera exigible?