Tuesday, July 18, 2006

LA TRIBU MENOTTISTA


Se acabó el Mundial, gracias a Dios, pero no por el mal fútbol que -dicen- hemos contemplado, sino porque al fin descansamos de las mamarrachadas del tiki taka y, sobre todo, de la letanía del jogo bonito con la que nos ha martilleado con patológica insistencia. Estratégicamente distribuidos por las tertulias televisivas y radiofónicas, los amigos y discípulos de Menotti han convertido en hegemónico un discurso absolutamente falaz. Mientras Cappa y Lillo cantaban las bondades del fútbol-espectáculo en la Sexta, con algunas breves pero celestiales apariciones de su avalista Jorge Valdano, su íntimo amigo Santi Segurola lideraba el Sanedrín de amigotes que en la SER se dedicaban a vender euforia con los jugones de Luis Aragonés y se burlaban de Gattuso y Albelda. Brillante retórica para un contenido equivocado y, lo que es peor, perverso. Unos y otros me recuerdan al dilecto padre de Zipi y Zape, Don Pantunflo Zapatilla, que disertaba con florida elocuencia desde su autoproclamada superioridad moral, mientras el mundo, con sonrisa de burla, se le escapaba irremediablemente de las manos. Paradójicamente, este Mundial puede ser el canto del cisne para la tribu de Menotti. Valdano, Cappa y Lillo, como el propio Menotti, son sólo un grupo de entrenadores fracasados que viven de hacer bolos en tertulias a las que acceden debido a su facilidad para hacer amigos influyentes. En cuanto a Segurola, anuncia su retirada del fútbol y su paso al periodismo cultural -dirección del suplemento Babelia en El País- después de haber afirmado con tonos apocalípticos que el fútbol de hoy en día es un asco y que la selección campeona del mundo, Italia, es una "porquería de equipo".

Es hora ya de que desmitifiquemos a este hatajo de farsantes. No discutiré si el fútbol de hoy es bueno o malo, o si merece la pena sentarse a ver partidos donde priman las defensas sobre las delanteras. Creo que hay motivos, como el modelo de competición basado en la muerte súbita o el agotamiento físico de unos futbolistas exprimidos, que explican cómo a partir de octavos de final el juego se vuelve cauto y escasean el riesgo y los goles, por no hablar de la lógica acomodaticia de unos arbitrajes que pitan peligro en cuanto a alguno se le ocurre pisar con decisión área enemiga. En cualquier caso, lo que me parece de todo punto rechazable es esa hipocresía de quien, escudándose en su amor al fútbol de inspiración, maltrata a aquellos equipos que, a base de trabajo y de espíritu competitivo, terminan haciéndose merecedores del triunfo. Francia, Italia o Alemania no tienen estrellas rutilantes como Brasil, pero es nefasto el mensaje que menosprecia las virtudes que les han hecho grandes: la solidaridad, el esfuerzo y ese misterioso sentido de la oportunidad -al saber le llaman suerte- que les permite salir ilesos de las situaciones más adversas. Resistencia a la derrota: ésta es la clave. Mientras Gattuso, Vieira o Maniche se preparaban para luchar por la gloria, la tribu convencía a Luis Aragonés de que debía llenar el equipo de artistas livianos y con buen toque, con Raúl como amo del carro y Albelda -artífice de dos ligas con un equipo menor- como gran marginado. Curiosamente, Valdano, convertido en multimillonario tras hacer de correveidile de Florentino Pérez, presume de izquierdista. La defensa que él y su tribu hacen del star system y los contratos multimillonarios, tan al gusto de los magnates del fútbol, constituye un desastre pedagógico, un discurso contra el que debemos prevenir a los niños, a los que debemos formar en los valores del esfuerzo y no en los del dinero fácil y la flojera del carácter.




1 comment:

Zapp said...

Algunos medios de comunicación imponen sus ideas y criterios. Al igual que en Brasil, por ejemplo, juegan a ser seleccionadores. Lo que queda detrás de todo eso es un mensaje confuso: jogo bonito vs solidaridad y entrega. La apuesta por lo primero supone lanzar una bocanada de conformismo e inutilismo a toda una generación que rehuye del esfuerzo, la constancia, la entrega y la solidaridad. Todo se puede conseguir fácilmente y sin esfuerzo. Lástima de páis.