Thursday, October 11, 2007




ESTAMBUL.
LA CIUDAD. I





1. A poco que uno rasca en la superficie, lo que descubre no es sólo Bizancio, es más que eso, descubre que está en las entrañas del mundo. Los inmensos barcos cargados de petróleo que atraviesan el Bósforo desde el Mar Negro o Asia se adelantan unos a otros desoyendo la llamada al rezo del imam… sin duda desconocen que Estambul significa “La Ciudad”

2. Los gigantescos anagramas de Santa Sofía no significan nada en realidad. Son por sí mismos imponentes, se autorrefieren, proclaman su propia grandeza en el juego de designar la grandeza de Dios. Así es esa basílica prodigiosa que uno se ve obligado a amar ya para siempre, así es Santa Sofía, vaciada cientos de años atrás como una mujer desprovista de sus atributos por un cirujano y sin embargo más madre que nunca. La época en que los iconoclastas bizantinos destruyeron todos los objetos del interior del templo fue pura torpeza, no hubo manera de robarle nada en verdad. Resentidos contra los signos porque presuntamente suplantan el contenido espiritual que representan, los iconoclastas, como los que queman libros o banderas, sufren la peor de las calamidades, la amargura del destructor que toma como excusa la exigencia moral de que la Verdad resplandezca. Pero la verdad no es nada sin sus signos, mejor, no es sino sus signos.
3. Pese a todo, Dios se presiente por todas partes en ese vacío espectral bajo las bóvedas. La fe de las masas se vuelve una fuerza ciclópea en esos tiempos memorables que hacen grandes a ciudades como ésta, tiempos que casi siempre ya han pasado. Ser de Estambul, como Orhan Pamuk, supone cargar con esa melancolía de por vida.

4. Ya nadie se atreve a llevar la cuenta de las mezquitas de Estambul. Se habla de más de dos mil, pero se desconoce el número exacto. El viajero comete el mismo error. Topas con una mezquita, por ejemplo, la de la zona de pescadores de Eminönü, crees que era la que buscabas, la camí de Suleymán el Magnífico…piensas que es grandiosa, casi tanto como la Mezquita Azul… cuando descubres la confusión quedas atravesado por la promesa de otro templo aún mayor, aún más hermoso.

5. Lo sé, Turquía no es una nación árabe, Estambul es Europa sí… pero Pepita y yo somos en cualquier caso infieles en tierra sagrada… Y el mundo musulmán es refractario siempre. ¿A qué? A Occidente, a la Razón y su historia gloriosa, a nuestra superioridad autoproclamada. No hay ningún nicho ecológico cultural que proteger en Estambul, se protege sólo. Nada que temer en la llegada de McDonald´s, que vende hamburguesas manufacturadas por el rito Halal y sustituye los donuts por baklavas. Mientras los jóvenes turcos comen hamburguesas y chips, Coca Cola y McDonald´s extienden su imperio… Pero en el fondo son un fracaso. El Islam no puede macdonalizarse, sería como volver herbívoro a un león. El mundo árabe se ha instalado en el Nuevo Orden Mundial como the dark side porque al contrario que Japón o los tigres del Extremo Oriente, no simula convertirse al integrismo blanco y protestante que domina el mundo, no integra la información aunque lo parezca, ni siquiera traduce como –al precio del lost in traslation- hacen en Japón, los signos del neocolonialismo. Simplemente es lo Otro, el inquietante continente negro de lo que no se aviene a volverse intercambiable… no juega al juego de la mercancía del turbocapitalismo. No pierdan el tiempo intentando entender a los árabes, les saldrá tan mal como con los gitanos: son incomprensibles, y es justamente eso lo que les hace seductores.

















6. Nadie parece haber pensado que el xador es irónicamente lo contrario de lo que pretende ser, o de lo que dice que pretende ser. El xador vuelve seductora a la mujer, envuelve lo femenino con el misterio de un juego de signos en el que nuestra obsesión neurótica por la transparencia y la naturalidad han perdido definitivamente la batalla.

4 comments:

Anonymous said...

Parece que usted al impregnarse del aroma de la ciudad de Estambul ha quedado, cómo diríamos, trastornadamente colocado. Esto es normal, no ha de preocuparse, a mí me sucedió lo mismo cuando visité por primera vez el país de los "Teletubis", invitado por Winki Tinki. Pero más allá de la fragancia enajenadora de los sentidos, se esconde una realidad. Por ejemplo la de que Turquía ha sido reconocida hace días como genocida con el pueblo armenio allá a primeros tiempos del siglo pasado. O que el chador, por vivificar la polémica de los velos y demás que hoy padecemos en la enseñanza, no deja de ser un signo religioso impuesto y tal vez degradante para la mujer en su condición de ser humano.

Saludos.

Anonymous said...

Le agradezco su post y no me molesta en absoluto el uso de la ironía, aunque me cuesta mucho comparar una ciudad tan "densa" como Estambul con el país de los Teletubbies. Yo no pienso ponerme más allá de la fragancia de los sentidos porque son los sentidos los que nos abren al mundo, lo cual supone ponerse al margen de la realidad sólo si uno tiene mentalidad de turista. En ese sentido permítame que le cuente que una compañera de vuelo dijo que le había gustado más la India porque "su pobreza es más vistosa que la de Turquía" Si lee usted mis entradas anteriores verá que no acostumbro a ignorar realidades políticas o sociales. Habla usted del genocidio armenio y podría hacerlo de un fenómeno mucho más actual como el de los kurdos. No era el tema de esta entrada, se trata sólo de transmitir la experiencia de un viajero, más o menos igual que si le cuento mis impresiones de París no me voy a referir a los crímenes del colonialismo en Argelia. Por lo demás Estambul me sigue pareciendo una ciudad fascinante. Le recomiendo su visita y le recomiendo encarecidamente la lectura de Pamuk. Acepteme una apostilla: la mayoría de las personas a las que escucho padecen de una profunda islamofobia, no digo que a usted le ocurra porque no tengo el gusto de conocerle, pero no creo que pase nada porque de vez en cuando alguien se muestre seducido por culturas que le son ajenas, sin perjuicio de que muchas conductas que he presenciado reiteradamente en las distintas ocasiones en que he viajado por el mundo árabe me parecen rechazables y odiosas.

En ese sentido me parece oportuno lo que apunta usted sobre el xador. Me sugiere con ello un buen tema para otra entrada. Creo que la consideración de que es una imposición es verdadera, pero también estrecha, hay más que decir en ese tema que es más complejo y sugiere más reflexión de la que agrada a los partidarios de los análisis simplistas. En una ocasión escuché a una abogada parisina nacida en Argelia referirse despreciativamente a quienes la humillaban tratándola como "víctima" del machismo por el hecho de llevar el xador a todas partes. Por otro lado, creo que si yo prohibiera en mis clases el uso del xador a una alumna árabe no lo haría nunca por considerar que se lo han impuesto, pues si le cuento como me imponían a mí el catolicismo en el colegio -literalmente a hostias-, podemos llegar a la conclusión de que la mínima cruz o signo papista o el hábito de una monja que vino a mis clases una vez habrian de ser tajantamente prohibidos.

Creo amigo en cualquier caso que ha abierto una interesante vía de debate y le sugiero que insista con ella, será un placer para mí tenerle de nuevo de visita en mi blog.

David

Anonymous said...

Ya estoy aquí. Acabo de leer la entrada de David y los comentarios que preceden a éste, y veo que aquí se estan mezclando varios temas (señal de excitación y ganas de hablar, eso está bien).

Dejando de lado las ironías (un poco forzadas, la verdad) del autor anónimo del primer comentario (a quién aprovecho para dar la bienvenida, faltaría más), veo que ha centrado su reflexión en un tema marginal en esta entrada concreta, el del chador.
En verdad me parece un tema complejísimo y muy interesante, que suele ser mal entendido desde este ente nuestro al que llamamos Occidente (ya no digamos los medios sensacionalistas que hacen de un caso concreto en un pueblo desconocido, un ejemplo claro del "choque de civilizaciones"). Sin ser especialista en el tema, creo que para la gente que no conoce a fondo el Islam y la cultura árabe (verbigracia yo mismo) es difícil comprender un factor que aparentemente degrada a la mujer, por su carácter de imposición sobre su voluntad. El del chador es uno más de esos rasgos de la mujer musulmana que han contribuido a forjar la imagen de ella como una mujer subordinada en todo al hombre, justificando además está vejación en el orden divino impuesto por la religión, con lo cual se exculpa al hombre del orden patriarcal vigente en muchos países.
No voy a entrar en el tema de mi opinión sobre la mujer en el mundo árabe porque no es el tema de la entrada y porque me excedería en el espacio, pero si diré que las cosas no siempre son lo que parecen. Yo creo que con esta polémica sobre el uso del velo en los institutos, se está consiguiendo el efecto contrario al que se pretendía: si lo que se quería era hacerle ver a los padres de las níñas que estamos en Europa moderna y plural, donde la gente es libre de imposiciones y costumbres de otro tiempo; en realidad se ha conseguido que estos padres insistan más en su negativa a parecer occidentales uniformados, en su deseo de conservar una tradición cultural, cuya renuncia supondría negar su pasado.

Sobre el genocidio armenio y el problema kurdo otro tanto. Es un tema que no conozco lo suficiente, aunque también digo que la historia está llena de ejemplos sobre conductas reprochables en el debe de todas las naciones, no sólo de Turquía.

Más allá de estos temas, coincido con David en que la entrada era más bien un relato de un viajero conmovido ante la novedad y en ese sentido, aunque todo es opinable, me parece que cada cual refleja sus experiencias tal y como las ha sentido. No tengo la suerte de haber estado en Estambul, pero me suena todo lo que dices. Lo más parecido que he vivido es El Cairo, y aunque son realidades diferentes (una está entre Europa-Asia y la otra en África), hay muchas similitudes. El Cairo también es una ciudad muy densa y cosmopolita, que se resiste de momento a la occidentalización (cuyo primer símbolo es como bien dices la "macdonalización"). A mi la sensación que me dio es que los árabes con los que entable relación (gente de los hoteles y lugares turísticos, es verdad) acogian muy bien al turista europeo. No me refiero a eso de que te tratan bien porque "dejas" el dinero allí para ellos, sino que te trataban como a uno más, sin ningún tipo de odio ni reticencia, como si hubieran descubierto con el tiempo que más allá de los simbolos externos, no somos tan distintos. Quizá si hubiera ido a sitios menos turísticos la opinión sería diferente, pero no lo sé de momento. Tal vez en otro viaje...

Paco Fuster

Aaron said...

¿Alguna vez os he dicho cuánto os odio? Por si acaso, lo hago ahora...