Saturday, June 14, 2008

SELECTIVIDAD Y OTROS INFORTUNIOS

Cada vez que salgo a fumarme una pipa al balcón, corro el serio riesgo, sea cual sea la hora elegida, de toparme con Abundio, un tipo de veinte años y con corte de pelo de malo-maloso que mientras le come el morro a la tonta-a-las-tres de su novia, nos ameniza a todos la velada con las canciones de Camela puestas a toda leche en el super equipo de su coche. Abundio no lo sabe, pero le he visto crecer... y todo en él me ha ido resultando tediosamente previsible. No sé si se paga sus lujos trabajando en una fábrica o dedicándose a otros menesteres más de malosos... de lo que no tengo duda es de que vive en casa de sus padres y tiene tan pocos remordimientos en ser un chupóptero como los que tiene en joderme a mí con Camela, por no hablar de cuando le da por sacarse su polla de maloso y mear en los pilares de mi edificio. En el fondo, creo que lo que verdaderamente me molesta de Abundio es que me aburre, me aburre profundamente, porque de igual manera que nada me erotiza tanto como la inteligencia, nada me hastía tanto como la ignorancia, especialmente cuando se propaga a base de orgullosos alaridos de simio.




Abundio no va a Selectividad, se quedó en el camino mucho antes porque las aulas asfixiaban su creatividad. Está bien, pero salvo que el mundo haya cambiado mucho mientras estuve en coma los últimos veinte años he de pensar que abandonar los estudios tiene, al menos, tantos inconvenientes como continuarlos. La calle es ciertamente golosa. Uno ve con catorce años tras la ventana del aula pasar la vida como si se le escapara, ve esas puertas del Centro estúpidamente cerradas para que no se pueda ni entrar ni salir, ve a los Abundios del barrio con su cochazo pagado a crédito... y no podemos extrañarnos de que estudiar y seguir estudiando -hasta llegar a la Universidad- empiece a ser una ambición solo de mujeres y de algunos tipos frikis. Y digo mujeres porque creo que son las que preferentemente entienden que la urgencia por ganar dinero y empezar a vivir de esclava para un banco con el cual endeudarse es, como poco, una posibilidad para la que conviene esperar.
Ellas tienden a entender mejor que, incluso en épocas de incertidumbre, prepararse es mejor que no hacerlo. Tengo una extraña tendencia a querer a mis alumnos, y en especial a mis ex-alumnos, cuya sonrisa es sincera sin condiciones ni conveniencias cutres. No me gusta verlos acabar en un bar o en una fábrica. Es así de sencillo... pero, sobre todo, no me gusta verlos convertidos en unos ignorantes.

Una de las más fecundas polémicas de la historia del pensamiento la sostuvieron el Siglo XVIII Voltaire y Rousseau al hilo justamente de la cuestión de la ignorancia. Rousseau -ilustrado de versión desconfiada- temía que el entusiasmo con que los nuevos sabios identificaban el desarrollo moderno de las ciencias les hiciera olvidar que el principal objetivo del ser humano debe seguir siendo siempre el de alcanzar la virtud. Sin moral, el conocimiento es incluso peor que la ignorancia, pensaba. Por eso escribió tantas veces en favor de la honradez del "hombre rústico", ese buen salvaje que, no contaminado por los vicios transmitidos por la civilización, contendría las claves de nuestra salvación todavía posible. "Jamás ha puesto nadie tanto ingenio en querer volvernos animales", dijo Voltaire tras leer las obras principales de Rousseau, "Contrato social" y "Emilio". A la aseveración rousseauniana de que el poder civilizador de las artes y las ciencias no garantizan la moral, D´Alembert -en un sentido cercano al de Voltaire- repondría que "aunque reconociéramos alguna desventaja de los conocimientos humanos, estamos muy lejos de creer que ganaríamos destruyéndolos: los vicios seguirían y tendríamos encima la ignorancia".




No estoy nada seguro de que, entre los licenciados universitarios el porcentaje de indeseables, idiotas morales y psicópatas sin sentimientos sea menor que el que se da entre peones de obra, camareros o jornaleros del campo... Lo que sí sé es que no quiero parecerme ni a Abundio ni al padre de Abundio, que se pasa las tardes en la barra del bar hartándose de vino y mirándole el culo a la camarera colombiana. Y sobretodo, no me gustaría plantarme como Abundio con veinticinco y ya no interesarle a nadie... que es lo que pasa cuando a nadie le aguantas ni un café de conversación.

No sé si la Selectividad sirve para algo, fuera de remediar algunos abusos muy de colegios de monjas que, no lo olvidemos, viven de ofrecerles "distinción y trato personalizado" a sus clientes, de ahí el misterioso milagro de los panes y los peces por el cual a veces convierten la nota de un seis en un nueve... y es que ya se sabe que el cliente tiene razón, aunque la vida a las monjitas se la estemos pagando entre todos, qué ironía. También estoy muy lejos de pensar que la Universidad es el camino de las losas amarillas hacia el País de las Ilusiones Realizadas. En muchos casos ese camino llega a parecer el camino hacia la desgracia.





Justamente en estos días, escucho a algunos ex-alumnos, enredados ahora en el marasmo universitario y sus terribles exámenes finales, expresar sus dudas respecto a su capacidad para soportar durante mucho más tiempo este ritmo de exigencia. Estudiar es inhumano, yo lo he sabido siempre. Cuando a uno le dicen que tiene que nadar largos de piscina durante tres horas en nada le afecta tener el corazón hecho jirones... cuando tiene que ponerse delante de un libro y prepararse para aprobar un examen complicadísimo... ahí sí que hay que empezar a demostrarse a uno mismo que está hecho del hierro con el que forjan a los héroes. Un poco como la protagonista de Kill Bill, cuya preparación junto al maestro shaolín parece más bien un descenso a los infiernos del dolor, la humillación y el esfuerzo -aparentemente- inútil.






Siempre hay, claro, quien mira con cierta sorna a los estudiantes. Muchos lo merecen porque continúan estudiando por ser la manera más fácil de hacer creer a sus padres que piensan quedarse en casa hasta los ochenta años por una buena causa... o se trata simplemente de eludir un mercado laboral que, ciertamente, aturde y acojona, y más teniendo en cuenta cómo está el patio. Asociar hoy el éxito en nuestra sociedad del Rey-Dinero a los estudios es una ridiculez. Sin embargo, no consigo envidiar a los tipos que van con su cochazo por la carretera como emperadores, ni a los que cuentan las monedas de oro, ni a los que viven en casas tan suntuosas como gélidas, ni a Abundio, ni al gilipollas de su padre... Envidio a quienes, como Fran Ruvira (el "diez" más innegociable que jamás he puesto) tienen la maleta repleta de proyectos y la cabeza de ideas, o a Carles Esquembre -ver su blog-que nos deslumbra a todos con sus dibujos y su guitarra, o a tantos otros que tuvieron agallas para aguantarme bastante más de un café. Todos estos sí tienen algo que yo querría tener.


Aprobaréis.

10 comments:

amanda said...

Estuve conversando justamente el sábado con un amigo sobre la mediocridad general de las nuevas generaciones, entre las cuales, por desgracia, estoy incluida. Una generación donde podemos encontrar chicos que a sus veinte años a penas se han leído un libro después de leer a los trece años la última aventura de tintín. No es sólo que muchos jóvenes sean unos completos ignorantes sin una pizca de cultura general, sino que además se vanaglorian de ello, relacionando muchas veces equivocadamente estupidez con popularidad.
A veces siento pensar que está desapareciendo la curisodad y las ganas de saber. Los jóvenes hoy en día estudian para trabajar y poder ganar dinero. No estudian porque les guste o les apasione, sino para llegar a un cierto estatus social y poder asentar una vida cómoda y tranquila. Me pegunto dónde quedan aquellos que como mi abuelo hacía en su juventud, asisten a clases como oyentes, teniendo esa ilusión por aprender como la que tienen los niños pequeños cuando comienzan a descubrir el mundo.
Es cierto que estudiar es inhumano, puedo dar fe de ello ahora que estoy en plenos exámenes, pero también es cierto que lo que estudio me apasiona, me fascina, me despierta la curiosidad y las ganas de saber cada día un poquito más. No me considero mejor que aquellos que estudian sólo para conseguir un trabajo; pero sí creo que seré más feliz, porque aunque no tendré el trabajo mejor pagado del mundo, seré lo que yo he elegido ser porque me gusta.
Creo que el avance de la ciencia nos está haciendo de algún modo retroceder en la cultura y la moral; nos incita a buscar la comodidad, y no el saber o el hacer el bien. No digo que haya que acabar con la ciencia o que debamos retroceder a la época medieval, por que de hecho yo espero ser una buena científica; pero creo que por mucho que la ciencia descubra o invente, eso no debe hacernos dejar de lado otras cosas también importantes. La ciencia cada día nos permite hacer más cosas, pero que se pueda hacer algo realmente significa que sea correcto o bueno?
Yo creo que si queremos avanzar construyendo un futuro y no destruyéndolo debemos hacerlo cogidos de la mano de la cultura y la moral, y recordando que todo conlleva cierta responsabilidad.
Un saludo

Anonymous said...

Interesante comentario. No veo mal que la gente estudie para alcanzar un cierto estatus, el problema es que la posibilidad de ser mejor ya no se asocia al hecho de saber más, esto me parece bastante más peligroso, pues supone una apuesta en favor de la ignorancia que solo puede traernos calamidades. David.

amanda said...

Desgraciadamente tengo que darte la razón. Ya casi nadie asocia el ser mejor con saber más, sino que mas bien se asocia al nivel adquisitivo de cada uno. Parece que si eres más rico, tienes más valor para esta sociedad. El poder del señor don dinero… hoy en día si tienes dinero puedes hacer casi cualquier cosa; incluso contratar a “los Miami” para que apalicen a alguien y salir completamente impune del asunto.
Conozco a un pobre yonki argentino; él en su país era un licenciado en literatura que llegó a escribir varias obras y estaba bien asentado allí teniendo cierto prestigio, pero le dio por venir aquí y engancharse al maldito mundo de las drogas, y ahora nadie da una perra por él… se ha convertido en un marginado social, en un deshecho al que muchos miran con aires de superioridad sin saber lo que fue…no sé… a mi me da que pensar; pero es cierto, como continuemos apostando por la ignorancia, esta sociedad se irá al garete… pero no perdamos la esperanza, quizá eso cambie algún día. Si nos rendimos ya hemos perdido… así que no nos rindamos.
Un saludo

sir hausen said...

Seamos realistas, los tontos controlan el mundo.


Cuando llegué a bachiller me regocijaba pensando que la mayoría de mis mediocres compañeros se quedarían atrás.
Veía bachiller como un filtro anti-idiotas (ese tipo de personas que afirman ir a clase porque les obligan y que en ella no hacen otra cosa que dar por culo).

Atrás quedaban individuos cuya única filosofía era el "carpe diem".
¿Pudiendo divertirse ahora y no pegar chapa? ¿Para qué estudiar?


Alguna vez alguien me dijo: "Si estudias, aspirarás a un trabajo cómodo... y si va mal, siempre puedes picar piedra... sin embargo, si no estudias, sólo aspiras a picar piedra"

Realmente algunos daban pena, 18 años y ya destinados a picar piedra... ¿se habrían planteado esta situación?


Ahora sobrevivo a duras penas en la universidad (incluso me he planteado picar piedra...) y sin embargo, ellos conducen coches caros, tienen salarios grandes, tienen novias (aunque no los envidio por ello) y tienen parte de su vida hecha.

Sus trabajos son una mierda, sí, pero tienen su vida perfilada, saben que serán mañana (exactamente lo mismo que son hoy).
En cambio yo, ni siquiera puedo pensar en emanciparme hasta que termine la carrera.
Si quisiera un coche tendría que mendigar para ello y posiblemente nunca cobraré tanto como cobran ellos.

Ellos optaron por la vía "fácil" y ¡joder! les está dando resultados.
¿Hice mal en decidir estudiar?


Ellos son fontaneros, pintores, peones, ponen aires acondicionados y para más inri somos nosotros, los que decidimos estudiar, quienes pagamos por sus servicios.

En la escuela, eran ellos los que robaban el dinero a los "empollones".
Ahora, son los mismos que roban el dinero a los mismos "empollones" pero de distinta forma.



No sólo tienen un salario mejor del que tendré yo, sino que seré yo el que se lo pague!


¿Está hecho el sistema para favorecer a estos individuos?

Anonymous said...

Hay un libro de un tal Pino Aprile que se llama "Elogio del imbécil" y que explica por qué en cualquier oficina el imbécil es el primero que sube. El planteamiento de Sir Hausen me parece sugerente pero algo simplista. El poder del estudioso siempre tiende a configurarse a cocción lenta. Tú mismo lo dices, picar piedra, "estoy a tiempo". Ya pero, ¿de verdad quieres picar piedra? Por otra parte, cualquiera sirve para eso. Prepararse supone acceder a mercados laborales más complejos, y eso siempre es angustioso.¿Es erróneo estudiar una carrera? yo pienso como Amanda, apostar por la ignorancia lleva a desastres. Hoy más que nunca se habla de la famosa I más D, es decir, desarrollo de investigación, más que nunca nuestro país adolece de incapacidad para desarrollar estructuras de conocimiento e innovación sólida. Si nos comportamos como un país de camareros, terminaremos reclamando médicos, químicos o biólogos de Polonia o Rusia o continuaremos como hasta ahora importando casi cualquier bien asociado a la tecnociencia. Si la Universidad no funciona hay que hacerla funcionar, hay que hacerla rentable, sin preparación tendremos un país como el que teníamos con Franco, y para ese viaje no hacía falta tanta democracia, tanta modernización, tanta escuela pública, tanta Comunidad Europea... Creo que eres lúcido pero tu pesimismo puede llevarnos, sir hausen, a la parálisis... Además serías infeliz si dejases radicalmente de estudiar.David.

Miriam said...

Buenos dias David!
He pasado varias veces por el blog, aunque nunca dejé un comentario.
Hoy no me voy a extender mucho tampoco, tan solo quiero comentarte que en la pagina youtube ahora mismo se encuentra un video del partido de baloncesto de hoy (espero que no me mateis los profes ni tomeis represalias para el año que viene).
Si no estuvieses demasiado ocupado, hechale un vistazo, siempre quedará como recuerdo :)
http://www.youtube.com/watch?v=koBI5_bHKO8
a mí al menos me habeis entretenido mucho durante el patio, cuidate y que tengas un buen verano.

Miriam said...

Por cierto, se me olvidó pedir disculpas por la pésima calidad del video, pero el móvil no da para mas...
Aun asi, quizá sea un alivio, asi no se os reconoce tan facilmente... jejeje.
Espero que lo disfrutes.

albapitu said...

"¿Está hecho el sistema para favorecer a estos individuos?"
Pues lo dudo mucho, si es posible que alguno tenga suerte, y consiga un buen trabajo por el que le paguen bien, pero lo mas posible, es que tenga un trabajo cansado, intenso, muchas horas y que no cobre mucho, y durante toda su vida solo podrá aspirar a eso, en cambio alguien que estudia puede tener suerte o no, pero sabe que puede optar a algo mejor. Y Ya no es solo el simple echo del dinero ni del trabajo, sino de saber, porque si seguimos así, todos seremos unos ignorantes y entonces esto no tendrá ningún futuro..



David te dejo en enlace del texto del que hablamos el otro dia: http://albapitu.blogspot.com/2008/01/per-que-el-titol-del-blog.html


Un saludo..

Anonymous said...

Gracias Alba, lo enlazo para leerlo. Hola, Miriam, bonito detalle, no se ve muy bien, lo suficiente para que se rían un poco de nosotros. Feliz verano también para ti y tus amigos.David.

Roureda said...

Alguna vez hemos hablado de ese sentimiento que algunos hemos tenido al entrar en la universidad, de querer cambiar el mundo, de organizar muchas cosas para confrontar ideas... Uno se encuentra con mucha gente, pero al final ves que lo más importante para un grupo de especímenes muy numeroso, tras su paso por la universidad es el tener una orla o las fotos de la cena de gala. Por eso, hoy en día el haber ido a la universidad no garantía de nada desafortunadamente.

Pero ¿cómo valorar el grado de implicación, coherencia, madurez, curiosidad... en una nota ponderada? Tarea complicada para los profesores..

En breve te escribo
Roureda