Saturday, August 23, 2008









EL HORROR

“El horror, el horror…”, repite Kurz al final de Apocalypse now, ese fresco cinematográfico ciclópeo de la locura de la guerra contemporánea. Ese film tiene el poder hipnótico de algo que es mucho más oscuro e indiscernible que la simple maestría fotográfica, ese film refleja la locura porque se chamusca con ella, es el lenguaje entrecortado y angustioso de la locura misma el que se escucha tras sus imágenes.

No hay informativo capaz de transmitir el horror de la muerte masiva; no hay lenguaje para los gritos, el pánico, la claustrofobia, el olor a muerte… Pero es obligatorio para los medio informar y nosotros parece que no solo tenemos la obligación moral de dejar que lo hagan, sino incluso de trabajarnos la información. “Lean varios periódicos de orientación ideológica diferente”, recomendó un famoso locutor de radio a los estudiantes de Periodismo. Con ello gana la democracia, o eso al menos lo que quieren que pensemos.

Hay que ser muy ingenuo para seguir pensando que los hechos se hacen transparentes a la mirada en tanto que hay muchos más medios ofreciendónoslos… y además al instante, no como a los desgraciados habitantes de otros tiempos, que se enteraban al cabo de una semana de lo que había ocurrido en el pueblo vecino, pobrecitos. Hace como unos diez años era cosa de nivel, de yuppie bien informado, comprarse por la noche en el Vip´s los diarios del día siguiente. Uno sentía que tomaba ventaja… la obsesión de competir por apoderarse de la información, lo cual equivale a obtenerla por anticipado, tan característica de nuestro tiempo. Ahora, con Internet, uno sabe al segundo que Osetia del Norte está siendo atacada, que Madonna ha escandalizado a los católicos con el presuntamente tórrido clip de su último disco o que una ballena ha confundido un barco con su madre junto al Puerto de Gandía

El pequeño problema es que los medios se llaman así justamente para disimular que son parte –parte esencial acaso- del contenido que transmiten. Sabemos desde Marshall Mac Luhan que “El medio es el mensaje”, lo cual significa que no es solo que el sesgo introducido sobre la noticia por el informante distorsione la literalidad de los hechos, sino que la verdad misma resulta de una construcción cuyo origen no hay que buscarlo sobre el terreno sino en la sala de máquinas de los servicios informativos, los cuales se pasan el día decidiendo a cada instante qué es relevante y qué insignificante, cuál es la fuente de información fiable en cada sector, qué normas no solo jurídicas sino también deontológicas o del libro de estilo están hechas para cumplirse a rajatababla y cuáles no…

¿Cómo se legitima moralmente la profusión de imágenes del horror en los últimos días, después del accidente? De toda guerra, de toda gran tragedia, llegan semanas o meses después imágenes de autor que retratan magistralmente el dolor más desgarrado o la laceración de la angustia… tales trabajos, en la frialdad, del tiempo ya pasado acceden con justicia a exposiciones y premios. Pero la competencia de las cadenas por presentarnos a los familiares… mientras un hipócrita speaker premia su entereza y su contención, sin recatarse en mostrar los momentos de la desesperación por la falta de noticias, las explosiones de llanto…hay algo muy sucio y muy poco informativo en todo ello. Y así, un programa tras otro, la alternativa perfecta al tedio olímpico, roto solo por las lágrimas de alguna gimnasta eliminada.

La tragedia es el perfecto reality show. ¿Para qué pagar a algún ideólogo hijo de perra por convertir en espectáculo los avatares más inconfesables y más personales si tenemos la Realidad? Como en la pornografía, porque hay mucho de pornografía en esta historia, se nos ofrece lo más real que lo real. Las escenas de genitales en primer plano son el resultado de la exigencia de Realidad Extreme en la misma medida en que lo son las de los familiares llorosos, y eso sin que lleguemos a disimular el enfado porque no hay imágenes del accidente como tal. Barajas debería, con la excusa de la seguridad y la información, instalar cámaras en todas sus terminales para que esto no vuelva a ocurrir, es decir, para que la próxima vez que haya una catástrofe podamos horrorizarnos a gusto contemplándola tal cual… Esto lo entendió perfectamente Bin Laden: dio tiempo el 11-S a que se iniciaran los informativos especiales con lo de la primera torre y entonces les brindó a los media la segunda colisión en vivo y en directo.

En otros tiempos, y no pretendo parecer nostálgico, se habría dado noticia de la tragedia, los espacios emotivos habrían quedado arrinconados a las horas inhóspitas del día, “La Clave” habría montado un debate sobre la seguridad en nuestros aeropuertos… Ahora todo se mezcla, los telediarios se saturan de carga emocional… pero no se olvidan de recordarnos una y otra vez, la importancia de los equipos de psicólogos que atienden a los familiares. Obligados a mostrar su cicatriz aún fresca, los damnificados son el equivalente de la era catódica a los ajusticiados del siglo XVII o a los leprosos del Medioevo. Son objeto obligatorio de la contemplación general, parte esencial del mayor espectáculo del mundo, que ya no necesita acróbatas ni magos ni payasos, sino seres de carne y hueso exhibiendo contra su voluntad su calvario. El reality no es un invento, es la lógica misma de la televisión del siglo XXI, quien menos tarde en perder cualquier escrúpulo para convertirlo todo, absolutamente todo, en espectáculo, antes tendrá derecho a sentirse como comunicólogo de éxito. Ese mismo será el primero que asuma que los concursos de Gran Hermano, Te buscamos Novio porque eres Fea o Realiza tu Sueño Machacando a los que Odias… son tan solo la punta del iceberg, que la entrega del ideal informativo al de las vísceras y el morbo es el modelo que ha de imponerse y con el que van a criarse nuestros niños actuales.

“¿Y qué propone usted que tanto critica?”, me adelanto a esa pregunta. Desde luego, no me atrevo a proponer nada a los medios… o entendemos que su único fin es lucrativo y que tienen que abaratar costes y fidelizar clientela como cualquier Carrefour que se precie, o nos daremos de bruces contra el más infranqueable de sus muros, que es el de su absoluta hipocresía: ninguna gran empresa mediática tiene el más mínimo interés en ser ética; en todo caso, y los medios del Grupo Prisa son paradigmáticos al respecto, querrá dotarse de un atrezzo ético y políticamente correcto para resultar más cool en un tiempo en que sale barato presentarse como ecológico y pacifista. Para quienes no construimos información, el reclamo es resistirse, obviamente.

El enemigo es la obscenidad. No tolerar que salga gratis el convertir en espectáculo aquello a lo que le es característico desde siempre el secreto y la intimidad. No aceptar que las víctimas relaten su experiencia, no dejar que se les pregunte, apagar el televisor. No se trata de “mirar hacia otro lado”, que es por cierto lo que irremediablemente hacemos con el horror semanal de los muertos en las carreteras o la carnicería cotidiana de Iraq, quienes no reciben la misma atención mediática porque no mueren todos juntos o porque ya nos han aburrido de tanto matarse. Dijo Ludwig Wittgenstein en el Tractatus: “de lo que no se puede hablar, más vale callarse”. No se indignen, o al menos, no muestren su indignación, no griten horrorizados, no hagan ostentación de su empatía con las víctimas…

No hay acontecimiento más extremo, más radical y, por ello, más personal e incomunicable que la muerte, la nuestra o la de nuestros allegados, salvo quizá el parto. No llorar, negarse a las treinta monedas de la plañidera…quedarse en el oscuro rumor del ritual privado, en el rezo silencioso e inaccesible a las miradas curiosas. El silencio, nada más. Llámenme místico si quieren.

3 comments:

Margarita said...

Como te veo muy bien metido en obra, y el verano parece ahuyentar a las plumas más perspicaces, o más atrevidas, tengo el placer de inaugurar el horror comentado.
Algunas veces he pensado que las tragedias de los medios de comunicación, especialmente de la tele, como los pobres en la calle, nos inmunizan, nos preparan para una vida más feliz. Sin embargo, detrás de estos constructores de noticias, vienen a la carrera una plaga de jovencit@s con el móvil en la mano que se están encargando de elevar nuestro nivel de tolerancia. Y estos últimos, de momento, sólo cotizan en youtube.
La tendencia no es muy alentadora, tu artículo lo es.

Anonymous said...

"inmunizan", esa es justamente la palabra que buscaba, un extraño tedio ante la evidencia de un horror que lo es en toda la dimensión de la palabra. Gracias por leer, Margarita.David

josé luis cervera said...

El ejercicio que propones es envidiable, y ojalá pudiera ir a buen término. Pero es francamente difícil. Hoy precisamente leí que algunos de los que acudieron como emergencia al lugar del accidente filmaron con sus móviles. Tal vez sea ese el fruto de la educación televisiva: que todo el mundo sea periodista de la "realidad".

Saludos.