Saturday, September 06, 2008

SI HITLER
HUBIERA GANADO LA GUERRA


Leí en Zerópolis, de Bruce Bégout, que si los nazis hubieran ganado la Segunda Gran Guerra Las Vegas sería el epítome de su nuevo mundo. Ya instalada la pax del Fuhrer, todos tranquilos y ya consumado el plan de exterminio de judíos, gitanos y otros insurgentes, bastarían unos años de confort productivo para convencer a la gente de que el verdadero objetivo final de la vida son el consumo y la diversión, que la política es mejor dejarla a los expertos, y que la cultura no está para ilustrar a nadie en las bibliotecas y escuelas, sino que ha de ser un gigantesco espectáculo con fuertes promesas de negocio.
Sigo.
Empieza a ser difícil no ver a la ciudad de Valencia enredada en algún tipo de acontecimiento fastuoso. Es lo que yo denomino la estrategia del pressing. Consiste en que los cerebros del consistorio tienen permanentemente en jaque a ciudadanos, oposición, prensa y gobierno central, de manera que siempre hay un motivo para llamar la atención sobre "las cosas tan importantes que nos ocurren y que nos sitúan a la cabeza de no sé qué ranking". La consecuencia es que se tiene que invertir sobre la ciudad, las empresas privadas que no lo hacen no saben la oportunidad que se pierden y el gobierno es culpable de no entender que somos el futuro y la madre que nos parió. No es la ciudad de la inefable alcaldesa Rita Barberá la única que apuesta por apuntarse a la celebración de una expo, feria del suelo de terrazo, festival de cine porno u olimpiada de a ver quien la tiene más grande, pero hay que reconocerle a la señora Barberá y sus ideólogos que su audacia y su creatividad no tienen límites.

Así, desde que el insigne arquitecto Calatrava llenó con sus ridículas osamentas la capital del Turia, nos hemos encontrado nada menos que con un nuevo estadio -el mejor de Europa, dicen- para el Valencia-, un puerto deportivo entregado a la celebración de eventos increíbles, unos imponentes rascacielos para viviendas de lujo y alta actividad empresarial en la salida noroeste... sin olvidarnos ni por un momento de la supervisita papal. Valencia ha dejado de ser aquella ciudad paleta de la pequeña burguesía hortelana para convertirse en un emporio urbano moderno y emergente, la perla del Mediterráneo, "el secreto mejor guardado del sur de Europa", como dijo Bernie Ecclestone después de pasar un día de paella y negocios muy estupendo con Doña Rita. Hubo un tiempo en que todo lo más, los valencianos entraban a la Lonja para cambiar cromos de futbol o monedas, ahora las maravillas de la ciudad son objeto de la atracción de los turistas, que hacen con mi casa las mismas estupideces que hago yo cuando voy de turismo por el mundo con la gorra de Piensos Sanders en la cabeza, es decir, fotografiar tortillas de patatas, pasear mirándolo todo con cara de gilipollas y dejar que algún lugareño espabilado me saque los cuartos y quedarme pensando que aún soy yo el que le ha engañado.

Creo que esta ciudad contiene cosas admirables y otras que hacen sonrojar a los que la amamos, pero eso pasa con cualquier lugar. Rita Barberá podría ser una de esos parientes tontos y vastos que uno saca a hacer monerías para que la familia se ría y esconde después cuando vienen las visitas. El problema es que ella quien gobierna los destinos de esta ciudad, y lo que es peor, la mayoría de los votantes la respaldan. ¿Qué sucede en el alma de los valencianos para confiar tanto en un personaje tan odioso, capaz de salir en la portada de un diario aullando de satisfacción como un jabalí sudoroso después de ganarle un recurso a los vecinos del barrio del Cabanyal que pleiteaban para evitar que sus viviendas fueran derribadas?

Afirmar que mis vecinos no son conscientes de que entre tanto fasto, despilfarro y homenajes al mal gusto, lo que tenemos es una ciudad cada vez más inhóspita, implica suponer que son idiotas. Valencia es la ciudad más ruidosa de Europa. El tráfico, con la consiguiente contaminación acústica y ambiental, es el dueño impune de un espacio que, al contrario que el de otras grandes capitales, parece felizmente diseñado para el hombre de a pie y no para el vehículo. Todo es más caro de lo que ha sido nunca, empezando por la vivienda, que durante muchos años se libró de la presión especulativa que endeudó brutalmente a las familias en otras grandes capitales españolas. La ciudad es sucia, las zonas verdes son una anomalía, los transportes públicos son objeto de una gestión lamentable, la escuela pública es objeto desde hace una eternidad de un desprecio tan grande que uno se pregunta si no hay un proyecto deliberado para destruirla. Claro que, de entre todas, nuestras queridas instituciones, nada como la televisión local, Canal 9, obra maestra de los mandarines autonómicos. Canal 9 hace con el mayor de los descaros lo mismo que Franco: servirse del erario público para articular un modelo de propaganda política tan inmoral y totalitario que uno, mientras siente ganas de vomitar con cada telediario, piensa si Goebbels y su maquinaria mediática para someter Alemania a la voluntad del Fuhrer no era bastante más sofisticado y prudente.
¿Qué hay en el transfondo de toda esta demagogia cutre? ¿A quien le interesa un circuito urbano de Fórmula Uno y una regata de veleros para niños pijos? Recientemente un conocido de tierras lejanas me dijo que nunca como ahora Valencia había "sonado tanto". Esto es, pensé, tanto aspaviento de premios y festejos sirve para crear eso que los expertos en marketing llaman una "imagen de marca", algo así como un concepto comercial capaz por su influencia de hacer que todos sus productos asociados se vuelvan vendibles. Esta es la versión oficial, lo que los políticos quieren que creamos, tanto para reivindicar su gestión como para disimular que todo esto sirve para que unos cuantos oligarcas espabilados se forren de millones. Pero creo que hay algo más... Hay que conocer a los valencianos... en realidad, es un asunto de autoestima el que está en juego. La ciudad no va a ser mejor con este presunto crecimiento, va a ser peor, va a ser más desagradable, cara e insufrible, va a perder la mayoría de los encantos que antes tenía... y además el consistorio va a arruinarse, aunque siempre puede echarle la culpa al gobierno de Madrid, que al parecer odia a los valencianos. Lo que verdaderamente lo explica todo es la necesidad de los valencianos de que les hagan creer que en Madrid o en Barcelona nos envidian, que Ecclestone diga que tenemos un caballo de carreras y no un jamelgo como siempre creímos, que los guiris caminen por la calle mirando a todas partes interesados como si se tratara de Florencia ("Valencia tè coses molt boniques, jo sempre ho he dit", dicen algunos yayos mientras cotillean las bodas de la Basílica) Cualquier psicólogo conoce bien esta técnica: si hago creer a los padres que su gris hija es una superdotada, seguirán confiando en mí... Cuando descubran que era falso yo ya estaré lejos, y en cualquier caso recordarán lo felices que fueron pensándolo.

Algún día les explicaré por qué creo que Valencia, pese a todo, tiene poder de seducción, algo misterioso, un poco árabe y difícil de poner en palabras, pero dudo mucho que tenga que ver con las mamarrachadas de Calatrava, el vestido rojo de Rita Barberá, el moreno rayos uva de Camps o los yates fondeados en el puerto. Por cierto, si se acercan por aquí, las paellas de muestra de la Plaza de Zaragoza son de plástico y las ha hecho un japonés muy habilidoso. Y en cualquier caso no la pidan a las ocho de la tarde... queda muy cutre.

11 comments:

Anonymous said...

Hace poco que me di cuenta de lo mucho que me gusta Valencia, aun cuando llevaba tiempo diciendo que me quería ir de aquí porque no me gusta. Sí que me gusta, me parece una ciudad muy interesante y en cierto modo mágica, sobretodo de noche. Coincido contigo cuando dices que si Valencia es bonita no es por lo que estén haciendo ahora los políticos, que aunque digan que es para que la ciudad sea reconocida mundialmente, yo creo que lo único que están haciendo así es que la ciudad se llene de gente y al fin y a cabo eso les reporta dinero. Valencia es bonita, sí, pero no por todas las pijadas que se están haciendo últimamente, sino por la ciudad en sí. ¿A quién no le gusta pasear por el casco antiguo? ¿Quién no se ha maravillado de la ciudad desde lo alto del Micalet? Creo que en vez de promocionar Valencia por lo nuevo e innovador deberían hacerlo por las cosas antiguas que conservan su encanto.

Muaks^^


Ali

Anonymous said...

Hola, Ali, vaya sorpresa. Pienso como tú. Nos vemos pronto. David

Álvaro said...

Mi querido empecinado en mear contra el viento, esta vez me has sorprendido. Pero estoy totalmente en desacuerdo.
Yo vengo de una aldea que cuando pude largarme contaba con unos 1500 habitantes y, durante toda mi adolescencia, lo único que hicieron los alcaldes más revolucionarios fue poner columpios en la Fuente del Mono y placas azules con los nombres de las calles.
Valencia es una ciudad ruidosa que se ha endeudado peligrosísimamente en los últimos años para transformarse en un referente de Europa. ¿Un referente de qué? Ahí estoy de acuerdo contigo, pues pienso que la mayoría de las cosas que Rita ha traído con mucho mérito y mano derecha a esta aldea grande no son para los valencianos sino para los que nos ven por la tele. Que eso valga para algo... imagino que para lo mismo que les valió a los franceses dejar plantada ahí en medio la Torre esa fea porque costaba más desmontarla que convertirla en emblema.
Valencia ha cambiado, muy rápido, tanto que no nos hemos acostumbrado, pero las críticas las reservo para el que se negó a poner contenedores de plástico en mi pueblo porque decía que los quemaríamos todos al echar las cenizas de la lumbre por las mañanas.
¡¡Viva la fila de los mancos del Astoria!!

Tobías said...

Comentaba Justo Serna a propósito de Zerópolis que, en realidad, Las Vegas no es tanto una metáfora de lo que nos espera sino un gigantesco parque temático que protege, mediante la ficción infantilizada, de una realidad desagradable. Este descomunal y superficial artificio que es Las Vegas funciona como lenitivo para aliviar nuestra propia miseria.

Bueno, tal vez tenga razón, posiblemente no todas las ciudades acabarán siendo Zerópolis, pero mucho me temo que David habla con razón al asimilar Valencia con las características de una ciudad posmoderna. Venturi, por ejemplo, habla de incoherencia y exceso estético como características definitorias de esa posmodernidad urbana y, sinceramente, parecen términos apropiados para nuestra urbe.

Tengo la tentación de echar la culpa a una oposición incompetente que no ha sabido ofrecer un programa de gobierno alternativo y que se ha mostrado siempre timorata y dispuesta a ceder ante los temas más importantes. Pero no nos engañemos, la culpa la tenemos todos, ese papanatismo que nos caracteriza; tenemos tal complejo de inferioridad que necesitamos ser confirmados en nuestra grandeza fallera y barroca por los de fuera. Puede que, en el fondo, desconfiemos de ese estilo nuestro tan luminoso y vacío, pero los delirios de grandeza de nuestros dirigentes han sabido sedar al pueblo que no quiere, o no es capaz de ver, la incapacidad y la falta de voluntad política para resolver los auténticos problemas.

albapitu said...

Sabes tengo un nuevo vicio, y no se trata de nada informático (cosa extraña en estos tiempos), el vicio se trata de subir a las torres y contemplar Valencia, me encanta mirar como de una terraza de un bar se abren dos calles que se meten al Carmen, me gusta ver todos esos viejos tejados desde allí, ver pasar a la gente en bici, eso tiene algo mágico…

Eso es lo que de verdad debería tener importancia en una ciudad, la gente, algo que no tiene mucho encuenta nuestra alcaldesa, bueno miento..si esa “gente” tiene dinero interesa mucho, eso si, si tienes un curro de mierda, no hay parques en tu barrio, tu hijo tiene que irse al barrio de al lado porque en el colegio del barrio no quedan plazas, tienes que soportar el ruido de la F1 Y asomarte al balcón y lo único que ves son WC porque los que van a ver al Papa tienen que hacer sus necesidades…. simplemente te jodes.

¿Que porque la gente vota a Rita cuando deciden destruir un barrio, cuando deciden plantar la subestación en mitad de otro,etc..? Pues sinceramente creo que hay 3 tipos de personas: Los primeros son los que de verdad tienen esos ideales, los segundos porque queda muy bonito poner canal 9 ver como todo es perfecto y ver como el papa visita nuestra ciudad y los grandes de la f1 se dan una vuelta a tan solo una una parada de metro, los terceros son unos pasotas que les da igual todo y no saben nada y votan a lo primero que se les pasa por la cabeza.



Salud..


...Como van las obras de casa?xD

David P.Montesinos said...

Comparto el vicio al que se refiere albapitu. Te diré más, el momento ideal es un día lluvioso de otoño, cuando ha llovido y parece que las nubes se disipan y, mientras cae la noche, el sol lanza unos rayos finales sobre los barrios viejos... un poco rebuscado, pero me han pasado cosas hermosas en lo alto de esa torre.

La opinión de Tobías la suscribo plenamente, no me referí en el post al asunto del barroquismo pero viene al pelo y daría mucho que hablar. Por cierto, entre tanto barroco, todo un alivio lo de las pinturas de Rodrigo de Borgia que han sacado a luz un grupo de personajes que merecerían un documental de esos de Guerín, bellísimos frescos, que aprenda el tontarras de Calatrava, que encima ha ido a meter la zarpa a Venecia... aunque la culpa es de quienes le pagan, obviamente.

Me cuesta discrepar de lo que dice Álvaro, aunque él -entrando cual elefante en cacharrería, cosa rara teniendo en cuenta lo fino que es- manifiesta lo absolutamente en desacuerdo que está conmigo. Yo creo que su pueblo tiene unas necesidades y unos problemas radicalmente distintos a Valencia, lo que hace difícil la comparación. Para mí Calatrava y Rita son el paradigma del triunfo de la ciudad parque-temático y la arquitectura-espectáculo frente al viejo impulso de los urbanistas por crear espacios habitables. El suyo, don Alvaro, es un pueblo de paletos, el mío también, pero con un millón de habitantes, y lo que es peor, encima no nos consideramos paletos. Si usted lo desea le cambio su alcalde por mi alcaldesa. Autor

Ana said...

Valencia es máica, pero su parte mágica está desapareciendo, siendo engullida por todo lo que nos queramos imaginar.

Me encanta la fórmula 1, sin embargo, con mi no-sueldo de universitaria se me hace un poco difícil costearme una entrada para ver tal prodigio. Y además me hace mucha gracia que su nombre sea "Circuito del Mar", o al menos eso tengo entendido, cuando lo que han conseguido con el "supernovedoso" puerto es desviar corrientes marinas que hacen que playas como la de pinedo se queden sin arena poco a poco, y con razón se quejan los asiduos a esta playa.

Anonymous said...

Pues mira, a mi con todo lo relacionado con Valencia, me pasa como a Kafka cuando decía -si no recuerdo mal:

"Hoy Alemania le ha declarado la guerra a Rusia. Por la tarde me fui a nadar."

David P.Montesinos said...

Me encanta que cites a mi novelista predilecto, pero podrías concretar un poco más ¿no?

Pedro Juan said...

Pero como se puede ser tan tonto de criticar una ciudad tan bonita y turistica a nivel mundial como es la cudad de valencia...y no solo esa ciudad,si no todo el conjunto de la comunidad valenciana..y encima seguro que la criticas porque seras tan listo y viviras en valencia...tirando piedras sobre tu propio tejado...viva la gente lista!

David P.Montesinos said...

No acabo de entender muy bien, amigo Pedro, esta manía de acompañar los argumentos de descalificaciones. Sáqueme de mi error y no se preocupe de la mucha tontería que llevo encima, que con ella ya me las arreglo yo solito. Valencia es, como digo en algún momento del texto, una ciudad sumamente interesante -y sumamente odiosa también en muchísimos aspectos-. Considerar inaceptable una crítica a lo que me es propio -y Valencia es "mi" ciudad, ciertamente- es tan falaz como no aceptar ninguna crítica porque venga de un foráneo. Por esa pendiente deslizante llegaríamos a la conclusión de que ninguna posición es aceptable para opinar sobre nada. Finalmente, creo que se advierte que mis dardos van dirigidos hacia un cierto modelo de gestión, una cierta filosofía urbanística si usted quiere... y en todo caso hacia la pasividad de una ciudadanía que, mayoritariamente, tolera con sospechosa dulzura lo que a mí me parecen desmanes. Por lo demás tiene usted razón, hermosa ciudad la mía.