Thursday, November 13, 2008






EL NADADOR









Una constante del imaginario novelístico y cinematográfico son los indios. En su condición de salvajes actúan de forma incomprensible para los hombres blancos; por ejemplo cuando, tras una matanza feroz, perdonan extrañamente la vida a un tarado inofensivo. La razón, según la tradición narrativa iniciada en el viejo Fenimore Cooper (El último de los mohicanos, leer la novela, olvidar la película), es que para los indios los locos son sagrados, pues por su boca hablan los dioses. En su lenguaje extraño resulta pues que los locos anuncian la verdad. El cine de John Ford, acuérdense de Mose Harper en la grandiosa The searchers, ha insistido en esa idea. ¿Absurdo? Quizá, pero como sucede en aquel cuento de Hans Cristian Andersen, El traje nuevo del emperador, hace falta una mente no sometida a las convenciones institucionalizadas -un niño, un loco, un esclavo, qué más da- para atreverse a decir lo que todos ven pero nadie parece querer reconocer, que el emperador va desnudo.




Cambio de escena. En un film español de los noventa, Todo por la pasta, se da una escena aparentemente intrascendente que, sin embargo, a mí se me ha quedado grabada para siempre. En un geriátrico, un viejo loco -magistral interpretación de Luis Ciges- se sube a lo alto del campanario anunciando su intención de tirarse al vacío. La enfermera que se tiene que subir a convencerle de que no se tire le recuerda que la vida merece la pena, que tiene hijos... al final le promete que le pondrán la tele todas las horas que quiera:





-"¡No, no quiero ver la tele porque solo salen hijos de puta!", contesta a gritos el viejo. Loco, pero no tonto, desde luego.



Aquel hombre me hizo ver la luz. El verdadero problema de la televisión no es la falta de calidad de algunos programas ni su carácter adictivo ni el exceso de publicidad ... el verdadero problema de la televisión es su bajeza moral. No creo que todos los que aparecen regularmente en la pantalla sean unos indeseables, pero sospecho que es tan difícil encontrar a tipos honrados en la tele como en la mafia rusa o en el aparato de un partido político.







Hace tiempo que quería referirme a un suceso nocturno televisivo que todavía colea en internet. Su protagonista fue David Meca. El tipo no me es especialmente simpático. Tiene pinta de pijo de las playas, de beber cócteles tropicales en los chiringuitos, de un poco guapo, un poco tonto, un poco bronceado y un poco creído. Ninguna razón para tomarnos una cerveza juntos, pues dudo mucho que yo le gustara más de lo que él me gusta a mí. No voy a entrar en las razones por las que ocupa un escalón más abajo de la cima de la fama habitada por Fernando Alonso, Pau Gasol o Rafa Nadal. Quizá su especialidad, la natación de larga distancia y a mar abierto, no puede recibir el trato mediático de deportes como los que practican los aludidos, quizá es que cruzando estrechos entre océanos no hay medallas para España... No lo sé, y no me importa mucho, la verdad. Hasta que apareció en aquel programa de Tele Cinco, aparte de un pijo atontado, David Meca era el tipo del que yo, con cada una de sus hazañas, repetía aquello de "qué huevos tiene este tío, hay que reconocerlo". Me gusta el mar, no soy nadador... pero siempre he admirado el esfuerzo y la tenacidad de los corredores de fondo. Si he llegado a ser un hombre digno y no un tirado de la vida es porque, incluso en los momentos en que todo parecía importarme un carajo y me abocaba a la vida de un alcohólico o un vagabundo, algo en mí me decía que a donde no pudiera llevarme el talento me podría llevar el esfuerzo. Por eso respeto a David Meca.



Aquella noche cometió la imprudencia de acudir al programa ¿Dónde estás, corazón?. Creyó que por ser deportista y tener cierto don de gentes le dejarían promocionar sus aventuras por el reino de Poseidón y que todo lo más le preguntarían si tiene novia o si se tinta las canas. Calculó mal. Todos calculamos mal cuando creemos poder sacar frutos hermosos de árboles podridos. No entendió que quienes ven masivamente este tipo de programas no quieren saber si estamos enamorados o como llenamos el fondo de armario, lo que quieren es ver cómo nos arrastramos por el fango. El problema con un héroe del deporte es que, salvo que le lleven engañado a un programa, no hay manera de jugar a eso de yo te pago y tú dejas que te machaquemos. Es lo que sucede con tanto friki que va a la tele a dejar que la hidra de muchas cabezas le asesté mordiscos y escupitajos durante horas a cambio de un puñado de euros. Más o menos como prostituirse, pero sin la decencia de las putas.






A David Meca le engañaron. Le pasaron al empezar la entrevista un documento donde se demostraba el carácter fraudulento de sus hazañas marinas. Al parecer todo arrancaba de un intento de record consistente en cruzar tres veces a nado el estrecho de Gibraltar sin descansar. Yo puedo pensar que solo un lunático podría plantearse tal salvajada, pero hay quien camina de rodillas durante cincuenta kilómetros o se come doscientas hamburguesas solo para que su nombre salga en el Libro Guinness, esa enciclopedia del mundo contemporáneo donde se cita a los mayores idiotas de nuestros tiempos. Por lo visto, Meca cruzó dos veces; a la tercera, y como consecuencia del mal tiempo, las olas eran de tal altura que Meca optó por subirse a la barca acompañante y abandonar la empresa. De aquel asunto, Tele Cinco dedujo que había cosas oscuras en los records del nadador, de manera que se lanzaron sus reporteros micro y cámara en mano para descubrirlas. El resultado fue un reportaje donde gente que no daba su nombre y aparecía con la cara borrosa decía ser testigo de que Meca hacía trampas y falseaba los datos de sus hazañas solitarias, difundiendo como records lo que en realidad solo eran fraudes. Los miembros del programa de marras no dudaban en dar crédito a tan dudosas fuentes, por más que tal cosa fuera en contra de las normas más elementales de la ética periodística.



Por más que le recordemos a la gente que, en democracia, todos somos inocentes mientras no se demuestre lo contrario y que una acusación infundada culpabiliza al que la lanza y no al que la recibe, no dudo de que la imagen de David Meca quedó ensombrecida desde ese momento para los millones de españoles que se comen esa carnaza televisiva de la prensa rosa. ¿Con quien ha empatado la enana de la vena hinchada que preguntaba como un inquisidor o el tipo gris con pinta de huelebraguetas que ponía risa cínica ante las contestaciones del cada vez más sorprendido invitado? Meca se indignó, no es para menos, pero, por lo que he visto en los vídeos que circulan por internet, ni una vez perdió los nervios... se comportó hasta el final como un caballero frente a la hidra, salió del lugar como un gran campeón.


¿Cuando empezaremos a entender que ciertas conductas que se han vuelto tolerables y cotidianas constituyen en realidad un atentado al derecho que toda persona tiene a ser respetada en su dignidad, su intimidad y integridad moral? ¿Cuando dejaremos de dar crédito a personajes que se han forrado a costa de escarbar sin escrúpulos en la basura y que son despreciados por toda la profesión periodística? ¿Cuantos Jueces Garzón han de hacer falta para obligar a las televisiones privadas a devolver todo el dineral que han ganado difundiendo pornografía?


Al menos consiguieron una cosa. Aquel pijo con cara de beber piña colada me empezó a parecer un gigante. Dí en pensar que bajo esa sonrisa idiota se ocultaba el corazón de un león, aunque fuera un león de mar... No sé qué suerte de locura afecta a quien es capaz de lanzarse a mar abierto, enfrentarse a olas homéricas y a bestias con aleta y llegar a destino, a riesgo de sucumbir a cada momento y ser engullido por las aguas. No lo sé, pero a veces miro al mar desde el embarcadero, sigo una estela lejana...y apago de una vez la puta tele.

7 comments:

Tobías said...

Todavía recuerdo aquella lejana “Clave” de Balbín en la que Manuel Martín Ferrand defendía la llegada de las televisiones privadas, como necesidad imprescindible para elevar el nivel de calidad de una TV en la que la telenovela era “El conde de Montecristo” y en lugar de Gran Hermano había un Estudio 1 que dramatizaba “El castillo” de Kafka. También recuerdo a Aznar lamentándose de la degradación moral que vivía el país, plasmada en la telebasura, mientras “Marmolillo” auspiciaba telediarios e informativos de obsceno sectarismo. Bajeza moral empezando por los que montan el tinglado.

Cuando titulabas “El nadador” pensé que te referías al hermoso relato de John Cheever que encarnó en el cine Burt Lancaster, un personaje que va de piscina en piscina descubriéndonos las miserias del sueño americano. Puede que como el Merril del relato, a David Meca las cosas le salieron muy diferentes en ese programa a como las había imaginado. Y sin embargo no descartemos que Meca es, al fin y al cabo un actor, un tipo con aspiraciones de “entertainer” que se ha preparado para ello. ¿Quién nos asegura que no estaba todo pactado, que asistíamos a una de esas representaciones a las que Meca nos tiene acostumbrados? Mis respetos para un tío capaz de esos alardes pero… en esas llegadas suyas, tan teatrales, es imposible no ver al actor, instruido en series de altura como “Los vigilantes de la playa” (esto es verídico), que lleva dentro. De Merril nos compadecemos, frente a Meca es inevitable la leve sonrisa escéptica.

En todo caso lo que más me sorprende del asunto es la enana con la vena hinchada. Asisto entre perplejo y divertido a las exposiciones de la muchacha en la que creo ver redivivos a Woodward y Bernstein en una sola personilla. Tal es la entrega y la seriedad de sus informaciones y entrevistas que acabo plenamente confiado de que, en manos de tales periodistas, la labor del cuarto poder continua siendo el faro que ilumina nuestra democracia.

Hablando de todo un poco, mis saludos a Paco Fuster y al añorado y reencontrado Jose Zaragoza. Su presencia es un imán para mí. Debo decir que estoy con usted, lo del cambio climático es un invento del judaísmo internacional apoyado por cripto-comunistas como Al Gore; el plan de Bolonia se lo tenían que meter a modo de supositorio por salva sea la parte a los estudiantes para que aprendan a no ser tan protestones. Y por mi parte añado que a ver si los rojos se enteran de una vez que perdieron la guerra y dejan de molestar. Todo blog que se precie debe tener su troyano.

David P.Montesinos said...

Hola, Tobías, yo también recuerdo aquella "Clave" y todos esos discursos a favor de la llegada de las televisiones privadas. Conviene recordar que el carácter monolítico que tenía la televisión en aquel tiempo y la resistencia a la libre empresa televisiva respondía mucho más a hábitos franquistas que a ideologías de origen marxista, como aquellos pretendían. Pese a los programas históricas que citas, no creo sin embargo que aquella fuera una buena situación, primero porque si repasas de verdad viejos programas sentirás cierta vergüenza ajena y te darás cuenta de que no hace tanto que somos un país moderno y democrático, segundo porque la libertad de expresión y de empresa son, pese a todo, mejores que el totalitarismo. Por cierto, si ves un telediario de Canal 9 te darás cuenta de que Goebbels no murió en la segunda guerra mundial, eso sí un goebbels cutre y salchichero.

"El nadador". Solo conozco la película, sobrecogedora, aunque la vi hace una eternidad. No simpatizo personalmente con David Meca y no dudo que tiene mucho de entertainer. Creo que los números mediáticos que monta son la única manera de conseguir la atención de la prensa... Desde ese punto de vista tiene algo de buscavidas. Pese a todo me fascina la relación del nadador de fondo con el mar. Pienso en aquel soldado que corrió en la antigua Grecia 42 kilómetros y ganó, con ello, la batalla de Maratón. Un hombre como Meca, capaz de nadar de un continente a otro entre las olas sería capaz de ganar también alguna batalla. Me fascina esa gente que nada entre delfines en mar profunda... Lo prefiero a ese dar vueltas y vueltas un tanto paranoico de la piscina, que siempre me ha parecido un recinto estancado y sin aventura.

En el tema de José Zaragozá también discrepo. En casa le adoramos, y a ti lo que te pasa es que le tienes rabia.

Tobías said...

Evidentemente que no era una buena situación, se trataba de una televisión al servicio de una dictadura. Simplemente hacía notar, por un lado, la falacia argumentativa del liberalismo como sinónimo de calidad y mejora y, por otro, la incongruencia de un gobierno que generaba basura mientras se rasgaba hipócritamente las vestiduras por la miseria cultural creada por ellos mismos.

Hombre David, gracias por recordarme que la libertad (permíteme que dude sobre una democracia que debe más al sistema oligárquico canovista que a la democracia de la Segunda República)es mejor que la dictadura. Y respecto a Goebbels tengo la sospecha, más que fundada ,que su espíritu alienta en más de una instancia de este país: aquello de la mentira repetida mil veces y convertida en verdad.

A mi Meca me cae bien pero nos escamoteo una medalla olímpica por dedicarse a chorradas en lugar de competir en Pekín. Y, bueno, también tengo en gran estima a Jose Zaragoza, fíjate que me pongo incondicionalmente de su lado.

Alejandro Lillo said...

Hola, David. Supongo que hablaremos pronto, así que sólo te contaré una cosa que me pasa con la televisión en general, y la telebasura en particular. Cuando durante alguna temporada la veo más, creo que me afecta piscológicamente. Me doy cuenta después, claro, cuando pasado ese período me dedico a cosas más productivas. Entonces me siento mejor, como más liberado, menos transtornado, je, je, de lo que suelo estar. No, en serio. Es como si me ofuscara. Digan lo que digan, ese tipo de televisión contiene ingentes cantidades de violencia. Saludos

Carles Esquembre said...

Yeee tio!! Com va?

Sería interesant llegir una reflexió al teu blog sobre el assumpte aquest de la discoteca de valència i la operació del aumento de pecho!

Un abrazo !

Carles

David P.Montesinos said...

Sí, creo, querido Alejandro que nos vamos a ver pronto. Yo también te contaré algo sobre los peligros de la adicción televisiva. Lo que planteas, Carles, es en estos días objeto de debate en clase de Ética,(em passe a la nostra llèngua) t´ho hauries passat bomba al nostre benvolgut institut si haguerem fet un debat al seu voltant. Parlem.

LEC said...

Vi esa entrevista y sentí vergüenza ajena. Todo manipulación y sensacionalismo puro y duro. No había ni una sola pizca de ese periodismo social y comprometido del que tanto presumían.