Thursday, December 11, 2008







MONGOL




El estreno del film sobre el joven Gengis Khan me inclina irremediablemente a recordar una de las figuras más decisivas de mi imaginario personal, Marco Polo. A primera vista, la conexión puede parece algo arbitraria, lo sé. Cuando Gengis forjó el imperio de las estepas, Niccolo y Matteo Polo, padre y tío respectivamente de Marco, ni siquiera habían nacido. Fue Kublai Khan, nieto del conquistador, el gran emperador de Oriente a cuyo servicio -si son ciertas todas las historias que contó a Rustichello en su cautiverio genovés- vivió como embajador y gobernador de remotas regiones chinas el aventurero veneciano que ha pasado a la historia con el nombre de Marco Polo.

El film de Sergei Bodrov es francamente recomendable. Le cierra el paso a la condición de obra maestra un cierto hermetismo en el perfilado del personaje central -cuyo verdadero nombre de origen es Temudgin-, enigmático en su mirada y en sus afectos... acaso demasiado enigmático. También presiento en la batallas esa manía tan del cine de Extremo Oriente -aunque ésta sea propiamente una película rusa- de exaltar la emoción épica con acciones de intrepidez sobrehumana y mortífera eficacia. La maravillosa fotogenia de las frías estepas y la capacidad del narrador para asociar la forja de un héroe grandioso con la de una comunidad a golpe de infortunio le confieren a la película un atractivo incuestionable.






Este aspecto, el de la hostilidad del espacio estepario, el frío, la desolación de las grandes extensiones vacías, la vida a caballo, la comida magra y pensada solo para la supervivencia, el dolor de la muerte violenta de los seres queridos... Sin esa cercanía apremiante de la muerte Temudgin no habría sido Gengis Khan ni las hordas nómadas de jinetes mongoles habrían conquistado China. La primera escena del film es reveladora. Tras la mirada torva del hombre encarcelado, se esconde la voluntad inquebrantable de un líder y la fiereza de un lobo...Sabemos que Temudgin escapará, se lanzará como un demonio sobre los carceleros, pero antes habrá necesitado encontrar -siempre la encuentra- la ayuda de algún aliado imprevisto. Quiero pensar que Gengis no unificó los clanes mongoles por ser una bestia sangrienta, sino por ser sabio. Al principio, cuando aún no es sino el jefe de un pequeño clan, consigue atraerse algunos guerreros de su "hermano de juramento", Jamuka, porque tiene la habilidad de no abusar de su liderazgo y quedarse tan solo una pequeña parte del botín que obtienen con cada batalla. Jamuka montará en colera, será el inicio de una gran querella que culminará cuando Temudgin se proclame khan de todos los ejércitos mongoles e inicie la conquista de su imperio.



La guerra... Todo proviene según Heráclito de ese mismo fuego. La guerra define en todos sus contornos el mundo mongol. Incluso la leche, el producto que con todos sus derivados mejor define la ruda aportación mongola a la gastronomía china, es arma de guerra en la biografía de Temudgin, ya que su padre Yesugei es precisamente envenenado con un cuenco de leche. Esa muerte no es más que un jalón más en una sucesión de promesas incumplidas, robos, secuestros, venganzas y rapiñas que atraviesa la vida de Temudgin desde niño. El miedo del hombre que traiciona a su padre, seguro de que aquel niño con ojos de lobo tomará venganza, decide asesinarlo, pero la ley mongola trae la maldición a quien mata a un niño, de ahí que el hijo de Yesugei haya de vivir como esclavo dentro de un cepo durante mucho tiempo hasta que crezca y pueda ser asesinado sin irritar a los dioses. A partir de ahí, su vida es una sucesión de huidas. Sus encuentros con el lobo blanco en la montaña de los dioses, la angustiosa necesidad de aguantar el dolor, el hambre y el frío, su milagrosa capacidad para eludir la muerte una y otra vez terminarán forjando a un hombre excepcional. Gengis Khan fue el personaje de leyenda que la estepa necesitaba para unir bajo un solo rey y un código legal simple y estricto a toda aquella disparidad de tribus, hordas y clanes que había vivido entre la guerra y la alianza durante siglos.




¿Y Marco Polo? Su estancia en China coincidió con los tiempos más esplendorosos del dominio mongol, justo cuando el Gran Kublai se atrevió a lanzar a sus barcos a la conquista de Cipango, con el desastre que, por una terrible tempestad, nos han revelado los memoriales de la corte de Bejing. (Kambaluk, en aquellos tiempos) La familia Polo y otros aventureros de Europa, que se atrevieron a internarse en Asia aprovechando la ruta de la seda y las caravanas de mercaderes, trajeron las primeras noticias de gigantescos movimientos de poblaciones y ejércitos -más allá de las tierras codiciadas por los cruzados- que llegarían a poner en serio peligro la supervivencia de la cristiandad, acosada en sus fronteras desde entonces y durante siglos por aquellas hordas de hombres de ojos fieros y pequeños -"busca una mujer de ojos pequeños, Temudgin, los ojos grandes dejan entrar sueños y demonios que vuelven locas a las esposas"-.






¿Mintió aquel mercader? Dejo esta discusión, apasionante sin duda, a los historiadores expertos en la materia. Parece cierto que algunas sombras en el relato que le hizo a Rusticcello y que inquietó considerablemente a los inquisidores, el Libro de las maravillas, delatan contradicciones propias de un fabulador al que, en ocasiones, podía tentarle en exceso la posibilidad de encantar a los jóvenes que le escuchaban con ojos como platos en los muelles de Venecia. Se le han atribuido en falso importaciones chinas como la de la pasta o la pólvora, y hay incluso quien piensa que jamás viajó más allá de donde estuvieron muchos otros que murieron en el más absoluto de los anonimatos.


Hace diez años un turista entró a la Catedral de San Marcos, huyó de entre las turbas cargadas de cámaras con flash, se alejó unos metros con su mujer, contempló unos segundos la fachada de aquella Iglesia hecha por ángeles... Se puso a llover sobre la Serenísima, y él vio a un adolescente soñador llamado Marco mirando al océano, esperando que su padre Niccolo y su tío Matteo regresaran después de tantos años y le llevaran, entonces sí, con ellos hacia Oriente. No hay duda de que aquellos dos rudos mercaderes regresaron cuando ya se les daba por muertos. Decían tener que regresar para cumplir un encargo del Gran Kublai... Y se llevaron a Marco. ¿Mintieron? Alguien ha dicho que cuando la leyenda supera a la realidad es mejor escribir la leyenda. En el peor de los casos, Marco Polo fue un grandioso contador de historias.

Yo por mi parte he decidido seguir dentro del sueño. La plaza de San Marcos fue, hace diez años, uno de los últimos lugares que consiguió hacerme llorar. En el lecho de muerte, cuando alguien intentó ponera a Marco Polo en paz con Dios y hacerle confesar que no había contado más que mentiras, el viejo moribundo replicó: "Si no conté ni la mitad de lo que ví".








6 comments:

Alejandro Lillo said...

David, ¡qué ganas de ver la película me has transmitido! La verdad es que cuando la vi en la cartelera pensé que sería una más de acción y violencia sin más sentido que el de dar espectáculo, pero leído tu comentario, cambio de opinión y la ficho.

Pero tu post me ha recordado unas poesías de Juan Carlos Suñén que, si me permites, reproduzco aquí:

Nómadas

Todo reino desciende de la sangre,/ se nutre de trofeos/ y se administra a lomos de un caballo.

Los palacios ablandan a los reyes/ y ofenden a los pueblos. A su sombra/ prosperan la traición y la codicia.

Un rey ha de dormir sobre una cama/ de pieles, bajo un techo/ de tela. Los pastores beben kumis/ junto al fuego y repiten a sus hijos:

"Es malo ser vencido,/ pero es peor aún ser gobernado".

Y otro: Celebración de la Pradera

¿Puedes acaso detener al viento?/ ¿No ignora el viento las fronteras, libre/ va y viene sin disfraz,/ sopla a su antojo?

¡Mi caballo no es hijo del viento/ ni su madre en los montes fue preñada por la tormenta!/ Pero cuando sediento de pradera respinga/ apenas puedo contenerlo, entonces/ él es mi torre o mi ataúd. Entonces/ ciertamente es el aire/ más dócil./ ¡Suena el cuerno/ del Sol! ¡Pertenecemos/ a otro prado sin veda ni reposo!

Ni siquiera la muerte le pertenece tanto.

Saludos.

Anonymous said...

Cuando pienso en películas como esta, que hablan de sujetos excepcionales, personajes del pasado -real o ficticio, qué más da?- traídos al presente e impulsados al futuro cada vez que alguien cuenta su historia o pronuncia su nombre, no puedo evitar hacer la misma reflexión: mi cuerpo y el suyo están hechos de la misma pasta...¿Cómo es posible?...¡no puede ser!

¿Cómo es posible que idéntico material dé lugar a resultados tan dispares? Si todo ser humano ansía que su nombre sea recordado, ¿qué es lo que diferencia al héroe de aquel que pasará al olvido?. ¿Es la capacidad para pasar a la acción? ¿Se trata simplemente de habilidad para detectar el momento y la decisión que hará cambiar nuestras vidas ,o, acaso se trata de alguna otra cualidad especial que no todos poseemos? ¿Cómo se anticipa el futuro, cómo podría yo saber cuándo ha llegado el momento? ¿O, tal vez se trata de una oportunidad de esas que no se le presentan a cualquier y, por lo tanto, no todos podríamos ser héroes aunque estuviésemos preparados?... Pero, si es esto último, si sólo se trata de una cuestión de suerte,... ¡qué perra es... la suerte!

Sea como sea, hay momentos en los que me resulta casi insoportable la comparación... hechos del mismo material... como si de una broma de mal gusto se tratase... ¡Hay que joderse, el tipo este del post unificando imperios y desparramando su herencia genética por ahí, y yo sin ser capaz de ir a estudiar sola a una biblioteca pública porque me da miedo encontrarme a alguien sentado en mi silla si en algún momento me levanto para ir a mear!.

No paro de releer "Nómadas". ¡Qué bonita, Alejandro! Gracias por invertir tu tiempo en reproducirlo para la gente que lee este blog...

David P.Montesinos said...

Comparto la opinión de la anónima comentarista, los poemas que nos trae Alejandro son francamente hermosos. Me recuerda a algo que le dijo -supuestamente- Kublai Khan a Marco Polo: "este, joven veneciano, es un imperio forjado a caballo y que solo a caballo puede gobernarse"

Tobías said...

Hay un montón de películas sobre Gengis Khan, incluso una horrible protagonizada por John Wayne. Este verano estuve viendo la versión de Henry Levin con Omar Sharif, también lamentable, pero presenta al creador del imperio mongol como un humanista, un diplomático habilísimo y casi un feminista. Tal vez algo exagerado pero está bien que deje de considerarse a los pueblos venidas del este y con ojos rasgados como salvajes asesinos. No hace mucho dedicaron el programa de La noche temática a “Los hijos de Gengis Khan”, los actuales mongoles, gente bastante lejana a aquellas supuestas hordas salvajes y crueles a las que los cronistas medievales atribuían el inicio del Apocalipsis.

Hablando de películas y de pueblos nómadas y guerreros, recuerdo una escena que siempre me ha emocionado de la película Taras Bulba en la que las distintas tribus de cosacos, que llegaron a estar incluidos en el imperio mongol, se van uniendo (fabulosa música de Waxman) para combatir a los polacos; por una vez los polacos son los malos.

La misteriosa frase de Marco Polo antes de morir ha tenido más trascendencia de lo que parece. Desde luego debía ser un maestro contando historias. Es bien sabido que Colón, antes de emprender el viaje que debía llevarle a las Indias orientales, adquirió un ejemplar del “Libro de las maravillas” que fue convenientemente anotado y sirvió como prueba para convencer a los reyes de España de las extraordinarias riquezas que se obtendrían del viaje. Hay quién dice que Colón en realidad tenía más documentos de Marco Polo, concretamente pruebas de que éste había llegado a un nuevo continente. Parece que existe un mapa sorprendente, firmado por Marco Polo y anterior a 1492, en el que está representada Alaska. Seguramente es falso pero cuando uno dice “no he escrito ni la mitad de lo que he visto” abre la puerta casi a cualquier especulación.

Quería hacer una pequeña aclaración por un asunto ocurrido a raíz de ciertos comentarios aquí aparecidos en relación a la presentación del último libro de Justo Serna. En el mismo blog de Serna, un habitual y prestigioso participante apodado Kant afirmó que se había denigrado al señor Francesc Vila en “La cueva del gigante” y calificaba cierto presunto mensaje mío como despropósito y alusión velada a su persona. Sigo sin entender lo que en realidad vio Kant pero mi única alusión fue respecto a la tendencia de los historiadores a alargarse en sus explicaciones, defecto en el que me incluyo puesto que estoy en el gremio (en uno de los peldaños más bajos, eso sí). El comentario que me atribuye Kant (el penúltimo del post “Héroes y villanos”) no lo escribí yo y, desde luego, nunca he hecho referencias a Manel Cantarell, conocido como Kant, en este blog.

Anonymous said...

No entiendo tampoco yo muy bien las raíces del malentendido. El tal Kant, ahora por lo visto autoexcluido del blog de Serna, tenía habitualmente intervenciones muy interesantes -con frecuencia discutibles- en el blog.No sé que creyó entender de alguna broma que yo le hice y tampoco acabo de saber que tenía que ver el señor Vila en el asunto. En fin, tu honor de caballero queda a salvo.
Hay algunas teorías que presentan a Marco Polo como un auténtico farsante. Nunca sabré si realmente tuvo tanta relación con Kublai como parece, pero sí es posible que estuviera junto a su padre y su tío a su servicio. En el peor de los casos habría que invitarle al parnaso de los fabuladores. La serie italiana de los ochenta musicada por morricone me sigue pareciendo imprescindible.

Alejandro Lillo said...

Gracias, anónima comentarista.

Y no te apures por que haya personajes excepcionales hechos de la misma pasta que tú porque también los hay que son completamente repulsivos y vomitivos. Piensa, por tanto, que en tu interior hay un héroe y un villano en potencia, y estate al loro porque en cualquier momento se te pueden manifestar :-)

Y Añado: la vida en época del señor Khan debía ser muy perra