Thursday, October 29, 2009













BUSCANDO A KAFKA










1. Hace casi quince años de mi último viaje a Praga, la París del Este. En aquel tiempo de mayor impaciencia me vine con dos sensaciones desagradables. Una fue la de que el fin del comunismo y el consiguiente acceso a los bienes de consumo -muy notorio en la ciudad por el auge turístico- había sustituido la presunción marxista de solidaridad por la más mezquina depredación. Chequia no parecía ir camino de convertirse en un capitalismo cleptocrático como Rusia, pero recuerdo alguno de esos episodios desagradables que relatan los occidentales que viajaron al Este poco después de la "descongelación" de los países del Telón de Acero tras la caída del Muro de Berlín. Por ejemplo el de que a uno le cobren hasta por entrar en una biblioteca en obras o que le digan en la cara -cara de tonto, desde luego- que el precio que marca el cepillo de dientes del escaparate es solo para locales, pues a los de fuera nos cobran más. ¿Por qué? Porque supuestamente yo era un occidental con dinero y ellos no. Y esto sin el más mínimo gesto de cortesía, con una frialdad de muerte. Insisto: no llegaba a ser Rusia, ese país donde la mayoría ha descubierto que el comunismo era malo, en contra de lo que vendía el Régimen, pero que -en esto sí acertaba la propaganda del Kremlin- el capitalismo es aún peor. Aún así jodía bastante, la verdad. Me han timado montones de veces en zocos de países árabes, pero es un poco como un desafío: te toman el pelo aunque con arte. Aquí tan solo te la clavaban y, si protestabas a la camarera, aparecía un mastodonte de Silesia con cara de estar a punto de abofetearte.







La otra sensación es que tanta belleza empalagaba. Praga parecía una especie de decorado para hacer películas sobre Mozart, el escenario perfecto para que alemanes cobijados por el poderío del marco se pasearan cerveza en mano por el Puente Carlos sobre el Moldava mientras un violinista interpretaba -magníficamente- el tramo más recordado de Smetana. Praga me pareció entonces un hermoso bazar para que los turistas lo depredaran y los sobrevenidos comerciantes locales, ex-funcionarios del Estado comunista y ex-operarios industriales muchos de ellos, se dedicaran a hacer el agosto.



2. Praga ha cambiado en este tiempo. Uno se "occidentaliza" en cuanto le meten un par de Zaras, unos cuantos McDonald´s y un Haggen-Dasz... entonces la cosa ya no tiene marcha atrás. Y si además aparece un Vuitton o un Hermés, aunque sea con las chancas que se han quedado demodé en países más ricos, entonces ya es la leche. La gente ha aprendido a sonreír, y te timan, pero no te miran además con cara de asco. Algo es algo. En cuanto a la belleza, Praga es la misma, pero creo que el que ha cambiado soy yo. Esta vez sí me dejé arrebatar por el encanto de Malà Strana o la turbadora belleza de los puentes, la península sobre el río, la calle Nerudova o el barrio del Castillo. Estúpido seguir, nada diré que no expliquen mejor las guías.
Pero sí creo haber aprendido algo: la belleza experimentada es algo con lo que uno se queda para siempre. Un amigo que vivió un año entero con una beca del Cervantes en Roma me confesó haber llorado durante días al percatarse -con la fealdad de Valencia- de la hermosura que había perdido. Esta vez he conseguido abstraerme de tanta gente deambulando por el Carlovo o comiendo salchichas junto al Reloj de los apostoles. Praga es bella, inmensamente bella, en cierto modo a mi pesar, o al del joven impaciente que fui.


3. Volví a Praga porque amo a Kafka desde la adolescencia. Debe ser la atracción de los niños por los monstruos y lo prodigioso, pero me empezó atrapando con aquello de Gregorio Samsa "convertido en un monstruoso insecto", y ya no pudo abandonarme. Y, sin embargo, presiento ya en ese lejano entonces una misteriosa empatía con aquel viajante de comercio. Atenazado por la obligación de ir al colegio y estudiar, me sentía estupidamente culpable por no llegar a tiempo a clase y temer que toda suerte de males se abalanzaran sobre mí. Nada define mejor la conducta neurótica que, me temo, ha dejado de ser designio de unos cuantos infortunados para convertirse en destino de nuestra racionalizada comunidad: si lo que descubro al mirarme en el espejo es una enorme cucaracha, ¿qué pensarán mis padres, los maestros, los curas? "Cualquiera de nosotros puede llegar a sentirse como un insecto", dice Justo Serna en Héroes alfabéticos.


El tiempo me hizo cambiar a Samsa por el Jose K de El proceso y, muy especialmente, por el Agrimensor K de El castillo, acaso la novela que más ha influido en mi vida, novela extrañamente inacabada como Arthur Gordon Pym, con la que acaso coincida en la imposibilidad de poner fin a la desesperación más que con la muerte física, que queda fuera del proceso de escritura. Ya no me hizo falta el insecto. K, en el insistente objetivo de entrar en contacto con el Castillo, se topará una y otra vez con todas las fibras de una red que no hay manera de destejer. Dijo Cioran que la única razón por la que soportaba la vida era porque sabía que podía acabar con ella en cualquier momento. En los relatos de Kafka la pesadilla proviene precisamente de la imposibilidad de sucumbir al deseo de abandonar.




4. Creo que he empezado a saber quien fue Franz Kafka. Desde siempre me lo imaginé como un tipo apocado, enfermizo y tímido, incapaz de disfrutar de la vida y salir del círculo de amargura en que su condición hipersensible le había recluido. El dolor, no había otro concepto que pudiera asociar tan fácilmente al novelista.









Ciertamente, en Kafka se dan las condiciones de una identidad compleja y fragmentada: checo, cuando serlo suponía formar parte del imperio austro-húngaro -que tantos rastros ha dejado en la ciudad-, judío pero de habla y querencia alemana. Vivió su niñez en Josefov, el barrio judío, pero fue justamente entonces cuando las autoridades de la ciudad decidieron demolerlo para "higienizar" la zona, que tras ser abandonada por las familias hebreas pudientes, se había convertido en un reducto de maleantes y mendigos. Salvadas ya tan solo las sinagogas y el increíble cementerio donde se apilan las lápidas de siglos de muertos, lo que ahora llamamos Judería de Praga es un producto del urbanismo del siglo XX. Kafka confesaba después tener el alma desgarrada cuando, en sus interminables paseos más allá de Stare Mestó, sentía estar caminando sobre un espacio habitado por el espesor fantasmagórico de un pasado que él sí podía entrever, pero que ya se ocultaba a los que no vivieron en el viejo ghetto.

Y, sin embargo, es en todo caso el escritor, no el hombre, quien se reconoce en esa caracterización que creemos confirmar en los retratos y que ya se ha hecho tópica. Kafka no fue exactamente un hombre trágico. Bebía cerveza, acudía a los cafés para ver a sus amigos, daba largas a sus novias porque tenía pavor a las responsabilidades del matrimonio y soñaba con paraísos tropicales. Kafka era profundamente infeliz porque le molestaban los ruidosos vecinos, la obligación profesional de gestionar durante jornadas laborales infernales como burócrata el imperio austró-húngaro y porque era más bien torpe para encender el fuego y no morirse de frío en las lóbregas viviendas que alquilaba. En todo caso -era judío, no lo olvidemos-, vivía demasiado acomplejado por el sentimiento de culpabilidad que le había inoculado Hermann Kafka, un padre demasiado empeñado en recordar a sus hijos lo mucho que había sufrido toda la vida para que ellos se dedicaran a disfrutar de la vida.




5. Chequia ha superado la miserable postergación a la que fue sometido el mayor de sus genios por el estalinismo. Desde la Primavera de Praga, ya ni siquiera se toleraba la presencia de sus escritos en las librerías. Triste destino el de tales joyas de la literatura. Max Brod, admirable personaje, hubo de librarlas de la quema a la muerte de su mejor amigo, acaso porque las amaba de la manera que era incapaz su autor. Después, con la llegada de los nazis, hubo de ponerlas de nuevo a cubierto... Acertadamente, me temo, pues los escritos de aquel judío habrían tenido la hoguera por destino de haber caído en manos de las tropas de Hitler. El comunismo real debió intuir en aquellos textos un anticipo de la crítica del modelo burocratizado con el que los sistemas totalitarios pretendieron racionalizar con corsé de hierro las vidas de los individuos. Muchos años después de los tanques, Praga homenajea con un nuevo Museo al mejor de sus hijos, al hombre que amó y odió a su ciudad como a una "madre de garras afiladas".


6. El autor de El proceso recibe el mayor de los honores póstumos que puede recaer sobre un escritor: se ha convertido su nombre en categoría filosófica. Y así, llamamos kafkiana a cualquier situación donde nos sentimos extrañamente obligados a actuar pero, en última instancia, se nos escapa el sentido de dicha situación, lo cual nos pone ante el más angustioso de los desafíos: seguir por donde íbamos, aunque no supiéramos por qué íbamos por allí, o detenernos para expresar nuestra rebeldía, aunque no sepamos exactamente contra qué nos rebelamos. Franz Kafka no es grande por haber criticado la indefensión del individuo ante la maquinaria gigantesca de la burocracia, no sólo por ello. Es grande porque fue capaz de describir con una minuciosidad casi insoportable los mecanismos del poder y su efecto sobre los individuos. Más que el temor del viejo siervo de la gleba, lo que sujeta ahora al nuevo hombre es la extraña lógica de la disuasión y el consentimiento, ese enigmático "no saber" con que el agrimensor o José K se topan una y otra vez en sus intentos de llegar a la verdadera esencia de la justicia o el poder político. Kafka habla de la locura del mundo moderno en su propio lenguaje, y eso le acerca a Nietzsche y marca el camino a las vanguardias artísticas o a Beckett.







Los relatos de Kafka tienen la osadía de cifrar el precio de la Muerte de Dios. Como judío, sabía perfectamente que el designio de Dios era ser continuamente convocado pero sin llegar jamás a comparecer, convirtiendo la espera en el designio supremo de la verdadera fe religiosa, la cual es, paradójicamente, la que nunca se da por satisfecha. El guardián ante la puerta -uno de sus más célebres relatos breves- nos dice que para llegar al corazón de la Ley hace falta pedir permisos a otro guardián, tras el cual sólo hallaremos otra puerta y otra, hombres más poderosos con noes mucho más concluyentes... y eso aún a sabiendas de que el primer e insignificante guardián ya empezó a cerrarte el paso de forma inapelable. El guardián desaparece finalmente cuando, con la muerte, acaba tu espera, pues no existía más que para significar tu propia -y esteril- espera. El sentido de la vida misma queda en suspenso mientras deambulamos.




-"¿Qué quieres saber ahora?", pregunta el guardián, "eres insaciable".



Pero la pregunta es tan irremediable, se asocia con tanta naturalidad a este simio raro que es el hombre, que ella, como la espera, se convierten en destino.






No poder entender ya sin Kafka este mundo al que hemos sido arrojados... No encontrar palabras de agradecimiento para Brod.

21 comments:

notorius said...

Leo con entusiasmo tu escrito sobre Praga y Kafka. Tiendo a pensar que en tus mejores artículos -como es este caso- empiezas planteando una cuestión para finalmente pasar a otra que es el verdadero fundamento del escrito. Es como si el artículo estuviese dirigido hacia un objetivo lentamente. Hay una cuestión primordial, en este sentido, que apuntas hacia al final. Recuerdo que hace un año vino a Murcia un kafkiano hasta la médula, Vila-Matas. Los personajes de sus novelas (no sé si habrás leído su libro sobre Bartleby) son hombres solitarios, emboscados, que se sumen en la nada, en la negación. En la conferencia que pronunció en Murcia, Vila-Matas habló sobre el tema de la espera y lógicamente se refirió a Kafka (quién puede olvidar, por cierto, la película de Welles, "El proceso"; ¿has pensado alguna vez que la metáfora de la espera, de la prolongación del absurdo ha sido llevada al cine de forma magistral varias veces por Lubitsch?). Recuerdo también, ahora que sale el tema, que Ferlosio contó en cierta ocasión que ya no leía novelas, que el último novelista importante había sido Kafka. Después nada. Y todo esto me lleva finalmente a otro escritor de la época, a Proust. La anécdota que cuentas sobre la belleza de Praga y, sobre todo, la historia de tu amigo que abandona Roma para volver a Valencia me recuerda cómo tratamos infructuosamente de recuperar el pasado porque lo anhelamos de forma imaginaria.
Saludos. Notorius.

David P.Montesinos said...

Hola, Notorius, siempre es un placer verte por aquí y pasear también por tu blog.

Sé del libro de Vila-Matas al que te refieres, pero no, no lo he leído, y creo que va siendo horas,porque escucho hablar de él con frecuencia. Recuerdo cuando trabajábamos en la misma "empresa" que ya por entonces me influiste en el interés por Bartleby. Comparto la fascinación kakfiana de Ferlosio, aunque la sensación de "último escritor" me parece un tanto exagerada. Así y todo, es verdad que tras leer los textos del autor praguense puede quedar esa sensación, la del agotamiento de la escritura y, en especial, del trayecto histórico de la novela. La versión fílmica de El proceso por Welles me parece, ciertamente, memorable, aunque mi kafka cinematográfico preferido, quizá por ser más un guión kafkiano que del propio kafka, es Falso culpable, de Hitchcock, que sin duda conoces.

David P.Montesinos said...

Por su interés y porque quedó colgado del anterior post, a vueltas con el asunto Ágora, publicó aquí los dos últimos escritos de Tobías, con especial agradecimiento:

Me decía un conocido mío que es difícil entender que haya personas que acumulen esforzadamente conocimientos para después sostener opiniones indefendibles, hasta incluso lo éticamente despreciable. Por ejemplo, para justificar a baluartes de la ortodoxia imperial, legitimadores del sometimiento de quién es ajeno a la ley natural que ellos mismos han inventado (ese desprecio al indígena por civilizar que se hace manifiesto en las actuales y aristocráticas burlas al presidente boliviano). Verá, no he dejado “jirones de mi vida” visitando a Sepúlveda, me he conformado, llámeme usted ventajista, fiándome de sus poderosos enemigos: leyendo a Las Casas o asimilando las tesis de los erasmistas españoles, directamente o a través de segunda manos que no creo se atreva usted a discutir como Marcel Bataillon. Y ya que ventila tan expeditivamente al malo malísimo de Deschner (gracias por la corrección ortográfica. Estoy a su disposición para arrojar luz, si es que esta terminología ilustrada no le ofende, sobre las pequeñas diferencias entre Manfredi y Canfora) le diré que precisamente su obra, de tan llamativo título pero riguroso contenido, trata de demostrar que los campeones del cristianismo han pisoteado sus ideales sistemáticamente a lo largo de la historia, que siglo tras siglo han hecho lo contrario de lo que predican. Nuestro amigo Sepúlveda sin ir más lejos: frente al respeto al Evangelio de los erasmistas que rechazan toda guerra como prohibida por la ley divina, presto y dispuesto el muy casticista Juan Ginés se apresurará a legitimar las conquistas haciendo compatible la violencia con la religión cristiana.

Dice el mismo Bataillon que algunos contemporáneos de Sepúlveda (menos serviles con el poder) consideraban a éste un desequilibrado, como verá no es patrimonio exclusivo de Rousseau. Y hablando de desequilibrados, ya que se declara paulino, hay pocos personajes tan viles y nefastos como el de Tarso. No cuesta reconocer su influencia en tipos como Cirilo, fanáticos que se consideran poseedores de la verdad, que no soportan los matices, que abominan de la libertad de pensamiento y de la resolución dialogada de los problemas. Escribe Cioran que Pablo convirtió el cristianismo en una religión poco elegante al introducir la intolerancia, la brutalidad y el providencialismo; a partir de Pablo ya no se piensa, se venera.

10:51 PM

David P.Montesinos said...

Y el último de Tobías, continuación del anterior:


Yo, por supuesto, no rechazo las informaciones de Sócrates Escolástico, pero creo que para hacernos una composición de lugar lo más aproximada posible es necesario tener en cuenta las otras fuentes, incluyendo a Juan de Nikiu. A Cirilo se le tacha en las fuentes antiguas de intolerante, implacable y ansioso de poder; sus actos refrendan estas informaciones: primero la eliminación de herejes, luego una especie de pogrom que usted trata de disimular con las provocaciones de los judíos pero que eliminó un importante contingente de población alejandrina, decisivo también para la economía de la zona (y supongo que el antisemitismo cristiano es también un invento del sionismo). No tome a Hipatia si no quiere como el símbolo de un mundo luminoso destrozado por la brutalidad oscurantista de los cristianos, véala simplemente como una defensora de la necesidad de solucionar los problemas mediante el diálogo (en el ágora) y no por la violencia, considere que fue alguien que no aceptaba la ingerencia eclesiástica en los asuntos públicos. Y ahora pregúntese a quién benefició su asesinato, qué pasó tras la caída de Orestes. El mismo Juan de Nikiu lo reconoce expresamente. ¿Por qué Nikiu habla de Hipatia como una bruja peligrosa a la que hay que dar muerte? ¿Por qué y quién se encargo de difundir que Hipatia estaba formulando hechizos satánicos contra los alejandrinos?

De acuerdo, no puede establecerse de modo incontrovertible que Cirilo planificase el asesinato pero la envidia y los celos por el prestigio de Hipatia (que confirma Sócrates), la campaña de difamación acusándola de bruja, los más que probables autores materiales (los parabolanos) subordinados a la Iglesia, el conflicto de poder con Orestes en el que Hipatia se constituía como uno de los principales obstáculos para la victoria de Cirilo, son todos indicios suficientes para señalar quién estaba detrás de este auténtico crimen político. Una vez más Deschner tiene razón, Cirilo transgredió el ideal del cristianismo para favorecer intereses demasiado humanos.

10:52 PM

David P.Montesinos said...

Como he hecho en la intervención de Tobías, y dado que el aludido ha contestado, traslado aquí también su respuesta


"...éticamente despreciable. Por ejemplo, para justificar a baluartes de la ortodoxia imperial..."


Con lo de "ortodoxia imperial", ¿se refiere usted a un imperio que fue capaz de examinar su conciencia y someter al juicio de moralistas y filósofos la ética de sus conquistas (convocando la gran Controversia de Valladolid de 1550-1551)? ¿Sabe de algún otro imperio --creyente, indiferente, laicista o ateo-- que lo haya hecho en toda la historia?


"...legitimadores del sometimiento de quién es ajeno a la ley natural que ellos mismos han inventado (ese desprecio al indígena por civilizar..."


El pobre Sepúlveda se pasó toda la vida queriendo hacerse entender, frente a la abrumadora censura y la tergiversación que sobre su pensamiento infligía el intransigente --y en efecto, poderoso enemigo-- Las Casas, venerado como un santo y sobreprotegido por el "poder imperial" (la prohibición real lograda por fray Bartolomé de publicar las obras de Sepúlveda mantuvo su vigencia durante siglos enteros). Juan Ginés mismo lo lamenta impotente en carta personal a su amigo Francisco de Argote:

«Cierto es, ¡qué duda cabe! que no es en modo alguno legítimo el despojar de sus bienes, así como el reducir a esclavitud a los bárbaros del Nuevo Mundo que llamamos Indios. (…) Yo no mantengo que los bárbaros deban ser reducidos a la esclavitud, sino solamente que deben ser sometidos a nuestro mandato. No mantengo que debemos privarles de sus bienes, sino únicamente someterlos, sin cometer contra ellos actos de injusticia alguna. No mantengo que debemos abusar de nuestro dominio, sino más bien que éste sea noble, cortés y útil para todos. En tu carta me dices que consideras justo que los más fuertes y poderosos impongan su autoridad a los más débiles. Supongo lo dirás con la siguiente restricción: mientras el motivo para hacer la guerra, e imponer por ende la autoridad, sea justo».

David P.Montesinos said...

1:35 AM
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Anonymous Anonymous said...

"Nuestro amigo Sepúlveda sin ir más lejos... se apresurará a legitimar las conquistas haciendo compatible la violencia con la religión cristiana"


Escúchele a él, al 'desequilibrado' Sepúlveda, mídalo primero con los baremos mentales de su tiempo, y dígame luego cómo les habría ido a los siglos XIX y XX si a su inédita y fiera violencia la hubiese guiado una pizca siquiera del humanismo sepulvedano:

«Para que no mueran los hombres inocentes, con indigna muerte, se manda conservar a todos, por ley divina y natural, si se puede hacer. Y como estos bárbaros matan cada año muchos miles de inocentes en los impíos altares de los demonios, pues consta que sólo en Nueva España, acostumbran a matar más de veinte mil al año, y esto sólo puede prohibirse si se los sujeta al imperio de hombres buenos y que aborrecen tales sacrificios, como son los españoles, ¿quién dudará que por esta única razón, justísimamente podrían y pueden ser sometidos?».
«El corregir a los hombres que yerran peligrosamente y que van seguros a su perdición, ya lo hagan por ignorancia o a sabiendas, y el traerlos a la salud, aun contra su propia voluntad, es de derecho natural y divino, y un deber que querrían cumplir todos los hombres aun para con aquellos que no quisiesen ser salvados».
«Si, según este precepto, calculamos los bienes y los males que reporta esta guerra a los bárbaros, sin duda, los males quedan anulados por la muchedumbre y valor de los bienes, pues la suma de aquellos es que se ven obligados a cambiar de príncipes y que son privados de una gran parte de sus posesiones, principalmente del oro y la plata, metales que, entre ellos, son de poco precio, ya que no usan monedas de uno ni de otro y, a cambio de esto, reciben de los españoles, hierro, que es mucho más conveniente para múltiples usos de la vida, esto sin contar el trigo, cebada, muchos géneros de árboles frutales y hortalizas, caballos, mulas asnos, ovejas, bueyes, cabras y otras cosas nunca vistas antes por los bárbaros y que, enviadas desde aquí, llegan felizmente a aquellas regiones. Y con la utilidad de cada una de estas cosas se supera largamente el provecho que los bárbaros sacaban del oro y la plata. Añade las letras, de las que eran totalmente ignorantes, y la humanidad, las buenas leyes e instituciones y, lo que vale por sí solo más que todo lo demás, el conocimiento del verdadero Dios y de la Religión Cristiana. Examinadas estas cosas, afirmaré: que los que tratan de impedir tal expedición, para que no vengan los bárbaros al poder de los cristianos, no quieren favorecerlos, como dicen, sino privarles, cruelmente, de los mayores y más copiosos bienes, que, con su ignorante e importuna sentencia, o se quitan del todo o se reducen muchísimo».


"Escribe Cioran que Pablo convirtió el cristianismo en una religión poco elegante al introducir la intolerancia, la brutalidad y el providencialismo..."


¿Y eso cuándo lo escribió Cioran: antes o después de caer fascinado por el nazismo...?

1:37 AM

AM

David P.Montesinos said...

He partido la intervención en tres partes, tal y como "anónimus" me la envía, he puesto la segunda, aquí va la tercera y última:



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Anonymous Anonymous said...

"...la eliminación de herejes, luego una especie de pogrom que usted trata de disimular con las provocaciones de los judíos pero que eliminó un importante contingente de población alejandrina..."


Cirilo no eliminó ni a unos ni a otros: a los novacianos de su diócesis les confiscó las iglesias y les requisó los ornamentos; a los judíos los sometió al expolio y al destierro tras su inhumana y mortífera acción. Luego regresaron.


"...(y supongo que el antisemitismo cristiano es también un invento del sionismo)..."


Antisemitismo es un calificativo injusto amén de anacrónico en el contexto eclesiástico. Antijudaísmo es más correcto (y lo digo con pena de no poder explicar aquí los lamentables pormenores históricos que abocaron a esa actitud). Con todo, nunca faltaron distintas sensibilidades dentro de la Iglesia. Confronte, sin ir más lejos, cómo las manifestaban en sus escritos nuestros dos amigos de arriba:
«los judíos, por el delito que cometieron matando a Cristo, son de derecho siervos de la Iglesia» (del cristiano nuevo fray Bartolomé DE LAS CASAS).
«Sisebuto, rey de España, que obligó a los judíos a hacerse cristianos, aplicó la fuerza a sus súbditos, y, sin embargo, no por ello fue aprobada su acción, pues tal fuerza, compeliendo simple y directamente al cristianismo, se tiene por inútil, pues no puede obligar la voluntad y crea, forzosamente, relapsos».
(del cristiano viejo Juan Ginés DE SEPÚLVEDA).


"...qué pasó tras la caída de Orestes..."


No cayó: se marchó de Alejandría tal y como había venido unos pocos años atrás. Ese extraño Edesio, citado por Damascio, nadie sabe hoy quién es ni a quién servía. Y sí: con la muerte de Hipatia se aquietaron los enfrentamientos para el resto del pontificado de Cirilo. Pero con esta única "prueba" no podría condenarle ni siquiera un juez moderno. Él, por su parte, ya nunca a lo largo de los siglos se libraría del dedo acusador. Imagínese si un día resulta que era inocente...


"... la envidia y los celos por el prestigio de Hipatia (que confirma Sócrates)..."


No encuentro en Sócrates --en otras fuentes tardías sí-- esa envidia y esos celos por parte de San Cirilo.


"Una vez más Deschner tiene razón..."


La vida está llena de "Deschners". Líbrele a usted el cielo de caer bajo el celo imputador de alguno de ellos. Pero a mí me consuela pensar en este momento que mientras sea Deschner (o Amenábar) el que tiene razón...

2:51 AM

imperfecto said...

No conozco Praga más que de algún canal temático, y Kafka, al que leí hace demasiado tiempo, lo he tenido, hasta hoy, estigmatizado por el sarpullido que su histriónica y procaz prosa provocó en mi tierna capacidad de razocinio...

quizás, esta, haya endurecido de tal forma que ahora sea tarde para retomarlo pero, amigo David, has conseguido despertar en este ignoto lector un ardiente deseo de viajar hasta la república checa, así como de volver a bucear en las profundas tinieblas kafkianas...

Algunos halagos pueden resultar impertinentes, no tanto por su naturaleza misma, si no por el escaso peso específico de quién los emite, en cualquier caso la osadía es mia y yo el único responsable. Tienes, amigo David, una enorme capacidad para atraer la atención del lector arrastrandolo con tu pluma hasta el destino por ti marcado, muchos, mal llamados periodistas, para sí la quisieran. Un gusto leerte.

Jose Maria.

David P.Montesinos said...

Teniendo en cuenta que te llamas como Aznar y como Monseñor Opus Dei, casi prefiero quedarme con lo de Imperfecto. (Acéptame la broma, querido, tengo un día regular porque los obreros no vienen a arreglarme el suelo)

No sé si lo das por la pequeña crítica que le hice a nuestro fecundo interlocutor de la pasada semana. En tu caso, no te considero exactamente un "anónimo", y creo que Tobías ya te conocía de hace tiempo, con lo que, por mí, puedes seguir presentándote como Imperfecto, por más que no creo, pese a tu generosidad conmigo, que lo seas ni más ni menos que yo. Una persona muy cercana a mí se manifiesta en términos similares a ti respecto a los textos kafkianos. Si sigues alejado de él te aplaudo no obstante la intención de viajar. Las salchichas son maravillosas, la cerveza puede llegar a dejarte herido de amor y -esto ya para fastidiarte- parece que mister Kafka cambió tantas veces de domicilio que no andarás tres pasos sin cruzarte con una placa y algún tenderete alusivo donde pone aquello de "Aquí vivió...". Gracias por tu amistad.

Anonymous said...

K. de Calasso. Gran libro.

saludos

BT

Tobías said...

Y sin embargo, leyendo alguna biografía de Kafka, no parece que amara demasiado su ciudad natal. En sus diarios escribe lo siguiente: “Solo lejos de Praga se puede lograr la sensación de estar verdaderamente vivo”; sospecho que es debido a su situación marginal en la ciudad, ser judío de lengua alemana significaba formar parte de una minoría dentro de otra minoría. En cualquier caso comparto con Imperfecto el deseo de visitar Praga y, aunque no me gusta demasiado la cerveza, tengo algún amigo que habla de la cerveza checa casi como de un néctar de dioses.

Sin duda el personaje de Melville es muy kafkiano, tal vez sea el pariente más próximo de aquel “artista del hambre” que va consumiéndose sin remedio hasta que desaparece en su jaula, ignorado por el que había sido su público. En realidad la obra de Vila Matas trata de la imposibilidad de seguir escribiendo cuando uno cree haberlo dicho todo; no es el caso de Kafka, para quien la escritura es casi una forma de respirar, solo mediante la escritura es capaz de liberarse de sus demonios aún al precio de la progresiva autodestrucción.

Difícil decidirse entre “El proceso” y “El castillo”, en ambas está lo que más me seduce del universo kafkiano, la sensación inquietante ante aquello que nunca acaba de definirse, la terrible sencillez con la que se acepta una situación absurda. Reflejar el absurdo existencial mediante situaciones de una lógica irreprochable, la forma más terrible hacer evidente nuestro sin sentido fundamental.

Entre los libros que más me han gustado sobre el escritor checo yo destacaría “El otro proceso de Kafka” de Elías Canetti, magistral trabajo en el que se analiza el torturado inconsciente de Kafka y se sugiere que su novela viene a ser una metáfora con la que ventilaba sus relaciones con Felice Bauer. Es excelente también, ya que hablas de lo poco que simpatizaban los comunistas con Kafka, el estudio que le dedica el marxista austriaco Ernst Fischer, “Literatura y crisis de la civilización europea: Kraus, Musil y Kafka” (inferior desde luego a la contribución de otro marxista ilustre, Walter Benjamín). Fischer considera que el individualismo kafkiano es una respuesta a una sociedad opresiva a la que se rechaza, rechazo ético que anuncia la futura transformación revolucionaria.

El último que he leído es menos vulgar en su interpretación de lo que sugiere su título, “El derecho en la obra de Kafka” de Lorenzo Silva. Habla de los tribunales como símbolo del orden objetivo que humilla al sujeto pero se va abriendo a interpretaciones alegóricas bastante sugerentes. Y tengo pendiente uno mucho más reciente, “Kafka y el Holocausto” de Alvaro de la Rica; me pareció curioso porque se centra en una obra terrible y de enorme modernidad, “En la colonia penitenciaria” y, por otra parte, la prefiguración de futuros desvaríos de la razón es una lectura de Kafka que me parece perfectamente válida.


Si me permites un pequeño añadido respecto al debate sobre Hipatia, quería decir que admiro la erudición, los conocimientos y la capacidad para argumentar del señor que defendió las posiciones de la Iglesia. Por supuesto no comparto sus interpretaciones y mucho menos el fundamento ético en que se basa. Haré dos acotaciones sobre su última intervención:

1.Cuando hablo de “poderosos enemigos” me refiero obviamente a su potencia intelectual. Como es bien sabido, y a pesar de las Leyes Nuevas en las que influyó considerablemente Las Casas, la encomienda siguió existiendo al menos hasta el siglo XVIII. Y respecto a los erasmistas, prácticamente desde la condena en 1535 de Juan de Vergara es un hecho la derrota del humanismo tolerante frente al dogmatismo religioso.

2.Ni siquiera voy a extraer un texto original de Sepúlveda, me limito a la referencia a San Agustín que hizo este personaje en la famosa controversia de Valladolid: “Y como dice Sant Augustín en la Epístola 75, mayor mal es que se pierda un ánima que muere sin bautizar, que no matar innumerables hombres, aunque sean inocentes”.

imperfecto said...

Ya lo di en otra ocasión, creo recordar que con motivo de alguna interesante discusión, es un acto reflejo, sin intención, supongo que la materialización de un deseo, una especie de acercamiento de pila... por cierto, que haciendo memoria no consigo recordar a ningún josemari que se libre de la quema... Baquero(el del barça)quizás, "el tempranillo" y poco más... ; )

si, conozco a Tobías hace un tiempo, él me acercó hasta esta cueva, como ya sabes, y a la historia, gran tipo ese valenciano del que he aprendido muchisimo.

sólo un apunte más, un pequeño juego de palabras, "la amistad no se agradece, si acaso se padece", visto que vuestra paciencia es grande... un abrazo.

Justo Serna said...

David, la última entrada de su blog, titulada 'Buscando a Kafka', es simplemente imprescindible. Me permitirá la vanagloria de tenerle cerca: entre su post y el mío hay una secreta o evidente afinidad. El amor por los libros, por las buenas historias que nos trastornan, sí. Pero también la distancia irónica que hemos de poner frente a lo relatado, la modestia suspicaz del lector. Sus entradas son prodigios de ironía modesta... Nuevamente me pregunto despues de leer sus melancólicas palabras sobre Kafka y lo kafkiano: ¿para qué debería escribir yo después de leer algo así, tan certero?

Gracias, David P., por la cortesía.

David P.Montesinos said...

Hola, BT, me alegra también verte por aquí. No he leído el Ka de Calasso, y también va siendo hora, pues parece interesante y suelo atender a los criterios de publicación de una editora tan admirable como Anagrama. Rescato un pequeño pasaje que he encontrado por ahí flotando y que me da idea del interés del libro.

"Kafka consideró que el verdadero y único protagonista de 'El Quijote' era Sancho Panza que, atormentado por sus demonios, tuvo que inventarse al Quijote para poder sobrevivir(...) Sancho Panza fue el único hombre al que Kafka consideró libre, en la única vez en que utilizó ese término en su literatura, y era libre precisamente por haberse despojado de sus demonios al inventar al Quijote"

Sugerente. Yo también creo que El Castillo es la continuación de El proceso. En realidad, la condena y la salvación parecen encontrarse en el mismo punto. Y, cargando también de razones a Calasso, los textos no son oscuros, como solemos decir, más bien todo en ellos está demasiado claro, todo en ellos -como en los de Beckett, salvadas las innegables diferencias- todo parece reducido a su mínima expresión, a la sencillez absoluta, una angustia magistralmente contenida.

Juan said...

Don David, he leído y viajado su post. Lo he disfrutado. Saludos;-)

David P.Montesinos said...

Tobías me deja sin palabras con tan exhaustiva labor de documentalista, por cierto sabiamente comentada y matizada. No pretendo -ya sé que no lo entiendes así, pero por si alguien lo hace- crear un sendero de debate entre los textos kafkianos y el marxismo. "Mi" Kafka contiene un encolerizado gesto de rebeldía frente a todas las formas del totalitarismo, y en ese sentido Kafka son epítomes del desamparo del individuo frente a todos esos principios -de la Razón de Estado a Volkzeist nazi pasando por la lógica del genocidio o la tecnología de la destrucción masiva- que han atravesado la historia de los últimos cien años, de todo lo cual los relatos de Kafka constituyen una advertencia. En ese sentido, la categoría filosófica a la que me refiero con toda intención -lo "kafkiano"- debe ser tan tenida en cuenta como lo anunciado por Nietzche o, más adelante, por los francfurtianos. Y ya que hablamos de Vila-Matas: difícil saber si se puede seguir leyendo novelas después de Kafka, dice. Me hace pensar en aquello de Adorno, de si es posible seguir escribiendo poemas después de Auschwitz. Por cierto, Franz estuvo por lo visto rodeado de personas admirables. Su amada Milena Jesenskà -esto lo descubrí en el Museo de Praga- murió en el campo de concentración de Rawensbruck en 1944, adonde fue enviada después de que la Gestapo descubriera su participación en la resistencia clandestina contra los invasores nazis.

David P.Montesinos said...

De nuevo el placer es mío, y el placer no requiere paciencia. Iba a nombrarte a José María García, pero no creo que te halague, de manera que me conformaré con engrosar la lista con José María Guelbenzu, autor de dos interesantes novelas que leí hace una eternidad, La noche en casa y El mercurio. Un abrazo.

David P.Montesinos said...

Querido Justo Serna: no se lo he dicho personalmente, pero sentí una inmensa alegría cuando le premiaron "Héroes alfabéticos", del que vuelvo a encontrar numerosos ejemplares en distintas librerías y que, por supuesto, recomiendo a quien nos escuche. Me gustaría leerle algo más sobre Kafka...

David P.Montesinos said...

Gracias, Juan, creo entender que también conoce Praga. El nombre en checo -praha- parece que significa algo así como "el paso". Parece ser que un castillo cercano trasladó su sede a el promontorio sobre el que ahora se sitúa la ciudad vieja, aunque hay datos que hablan de habitaciones y comercio desde tiempos prehistóricos. Irrepetible ciudad. Gracias de nuevo.

Anonymous said...

Al hilo de Bartleby y compañía no conviene dejar a un lado "El estadio de Wimblendon" de Daniele del Giudice. Cuenta la historia del no escritor triestino Boby Bazlen. Fascinante.

BT

Francisco Fuster Garcia said...

Magnífico post, amigo Montesinos. Sobre Praga poco puedo decir porque no he estado. Sobre Kafka tampoco soy un experto (si recuerdo todavía mi lectura de "La metamorfosis", hace muchos años), pero entiendo perfectamente lo que dices.

En mi caso, últimamente me acuerdo mucho de Kafka. Hace poco me pidieron una lista de novelas para un manual de historia contemporánea universal. Recuerdo que para el tema de la crisis de fin de siglo y el advenimiento de la sociedad de masas, recomendé "El árbol de la ciencia" y también "El proceso", para los efectos de la racionalización de la vida moderna y su impacto en el individuo.

Hablando de racionalización, te digo (a ti y a tus lectores) porque me acuerdo últimamente de Kafka. Como he dicho muchos veces, me puede mi condidición de mitómano y mi tendencia a pasarme el día haciendo homenajes o cosas que yo vivo como homenajes internos. Una de esas cosas es la burocracia. En mi condición de becario y de persona metida en la vorágine universitaria, cada siete u ocho días debo dedicar/perder una mañana solucionando trámites burocráticos. Son lo que yo llamo para mí (algún día le dedicaré un post), "mañanas kafkianas" o "mañanas weberianas"; puede parecer absurdo, pero te aseguro que pensando que rindo un homenaje a Kafka o a Weber, se sobrellevan mejor esas insufribles mañanas de papeleos varios.

En este sentido, siempre me hizo gracia las palabras que decía José María González García (filósofo y sociólogo de referencia) en su excelente libro "La maquina burocrática", dedicado precisamente a Kafka y a Weber. Allí explica que el papeleo que tuvo que hacer para recibir la subvención para estudiar en Alemania y escribir el libro, fue una experiencia fundamental para entender mejor a Kafka y a Weber porque, sin poder evitarlo, se vio envuelto en el mismo fenómeno que el pensaba analizar.

Hablando de libros, coincido con Tobías en la cita del libro de Ernst Fischer. Es un libro muy interesante, citado en mi memoria del Master.