Friday, January 08, 2010








EL DOBLE
Y
LA NIEVE




Mi vida es tan fascinante o tan aburrida como la de cualquiera. Si les relato mis últimas cuarenta y ocho horas no es por ese exhibicionismo blogger tan adolescente del que la Red anda saturada, sino porque corrobora la impresión que me ronda cada vez más de que el Destino juega conmigo... y lo hace, qué maricón, para reírse a mi costa.

1. Este relato empieza anteanoche cuando, al ingresar en el ascensor, tras congelarme absurdamente en un estadio, me topé con uno de esos tipos cuya cara no te suena pero que, por su actitud, se identifica bajo la categoría presunta "Nuevos Vecinos del Bloque", algo nada extraño teniendo en cuenta que vivo en un edificio inmenso y muy propenso a habitantes esporádicos y estrafalarios (Creo que hay incluso una discreta casa de putas, no les digo más). Alude al frío reinante, yo -mientras se me pasa por la cabeza que tiene cara de duende de cuento de los Hermanos Grimm- le contesto resoplando y asintiendo con la cabeza.
-"Este frío es de nieve", dice con aire de experto en el tema, "... va a nevar".

-"Si, bueno, pero no en Valencia...", contesto dándomelas de tipo cerebral y equilibrado.
-"Le digo que va a nevar", hágame caso.



2. La conversación con Tiresias, el Profeta, sobre la inminencia de la nevada trae a mi mente dos recuerdos. Uno es una fotografía de mi madre, de los años sesenta, joven sonriente junto a sus amigas en un lugar completamente vestido con el manto blanco y cuajado: es la Plaça de la Mare de Deu de Valencia. Todos los que viven recuerdan aquel día, del que por cierto hay innumerables fotos en blanco y negro entre las familias de la ciudad, pues acaso ninguna mañana fue tan fotografiada. Yo solo vi aquella nieve mítica una vez en Valencia, donde todo el mundo sabe que tal cosa es imposible. Fue hace veinticinco años. Acudí al colegio un sábado a las ocho de la mañana para disputar un partido de la liga de futbito. Era un problema que te cambiaran porque te quedabas sudado y con los pantaloncitos cortos congelado en el banquillo. Yo llevaba el balón en el mediocampo, y recuerdo perfectamente lo que pensé en aquel momento. "joder, vienen hacia mí un montón de papelillos blancos", pero no, aquellas cositas blancas que se dejaban llevar por el viento eran copos de nieve.


3. Por la tarde ingreso en internet y, por casualidad, descubro un plagio. Nuestro amigo Justo Serna cuelga en su blog un artículo que publicó en 2003. Asisto, alucinado, a la evidencia de que ese artículo ha sido plagiado de la manera más burda y desvergonzada que se pueda imaginar. (Podéis consultar los pormenores del rocambolesco asunto consultando el blog de Justo, que tenéis aquí linkeado) No consigo terminar de indignarme, pobre hombre, pienso, me recuerda a mis alumnos cuando fusilan un trabajo de wikipedia o el Rincón del Vago. Y se me ocurre pensar también en que, después de todo, me gustaría que alguien me plagiara. Creo que me sentiría igual que si me intentaran fotografiar desnudo en la playa o me intentaran observar en la ducha... en el fondo me sentiría halagado.



4. Todas esas teorías delirantes sobre la media naranja, la leyenda urbana de que tenemos un idéntico en algún lugar del mundo. Tengo razones para pensar que mi clon es un narcotraficante de poca monta, pues hubo una época en que todo dios me pedía hachís cuando pasaba junto al bar que hay junto a la casa de mis padres. Los tímidos se me acercaban susurrando algo que nunca entendía a la primera -yo me imaginaba cualquier cosa guarrona-: "Oye, ¿tú no conocerás a alguien que pase chocolate por aquí cerca?" Hasta que uno, menos tímido o con demasiadas horas de mono, se cansó de mi tenaz negativa: "¡Va, tío, si fuiste tú el que me pasó hace cuatro noches!" "Pues debías ir muy ciego, cabrón...", pensé, "... para no darte cuenta de que no era yo tu camello" Un día no pude aguantar más mi curiosidad y entré en el baretucho de marras: y allí estaba mi presunto clon: menos sexy, fresco y lozano que yo... pero bueno, vale, teníamos una retirada común, no iban pues tan desencaminados nuestros clientes.

Ahora bien, encontrarse nuestro escrito plagiado, eso se me antoja más inquietante. Alguien, en un lugar remoto, ha hecho de caja de resonancia de nuestra voz... Sin conocernos, nos ha hecho el honor de doblarnos. Como una sombra, ha reproducido nuestros gestos, se ha apropiado siquiera momentáneamente de nuestra identidad, un poco como esas cámaras que enfurecían a los salvajes cuando los fotografiaban porque pensaban que les robaban el alma. El plagiador nos hace el honor de robarnos un cachito de alma... un honor inquietante. ¿Cómo será mi plagiario?



5. Llaman los freudianos material onírico a esos elementos de la experiencia cotidiana que se reciclan después en el relato del sueño para adoptar significaciones gobernadas desde el subconsciente. Lo sucedido por la tarde con el plagio descubierto y la lectura -meses atrás- de El castillo blanco, de Orhan Pamuk, se convierten en el material onírico de esa noche. Sueño que viajo a Estambul -una de mis ciudades más amadas- y soy recibido en la corte otomana con todos los honores. Los cientos de miradas que se concentran sobre mí no pueden reflejar una bienvenida más admirativa: me han destinado a grandes empresas porque resulta que soy el doble del Gran Turco o, si lo prefieren, del Sultán. Mi clon, o mejor, mi Original, se acerca a con ojos afectuosos, se sitúa a mi lado para que todos nos vean juntos: está orgulloso de tenerme como su nuevo y leal servidor. El sueño es estúpido, desde luego, ¿cuál no lo es?, pero es el primer sueño plácido que recuerdo en bastante tiempo.
6. Salgo de casa cuando el día no se atreve aún a asomarse ni remotamente. Me inquieta la sensación de que el sueño grato que acabo de tener me otorga el triunfo, pero solo por ser el "doble", el plagio, la reproducción de otro. Hace mucho frío. Hago recuento de los cuadernos y libros que he de llevar en la mochila. Doblo la esquina del enorme bloque donde vivo. Unos papelillos blancos se estrellan tiernamente contra mi cuerpo. Pienso que alguien los lanza desde un balcón, o que vienen de las ramas de un árbol... Y, de pronto, caigo: "Joder! que está nevando... la nieve en Valencia, otra vez" Río estruendosamente mientras camino en la noche hacia el trabajo por enmedio de la calle para que los copos se ceben sin vergüenza sobre mí. Se me cruza por la acera una mujer con cara de "estoy helada", extiende la mano fuera del arco protector del paraguas y descubre que es nieve lo que viene del cielo... Se pregunta también probablemente de qué se ríe el idiota de la mochila que acaba de cruzarse.




7. Pueden plagiarme, lo estoy deseando, pueden también fotografiarme desnudo... Pero no me pidan hachís, no soy yo el que les pasó la otra noche, cenutrios.





10 comments:

Anonymous said...

A mi la nevada del 83 también me pilló jugando al fútbol. Contra en Manisense.

BT

Justo Serna said...

David, te agradezco mucho la información que me has proporcionado. Fue de pura chiripa el descubrimiento, como dices. Pero el caso es que resulta aleccionador este ejemplo de apropiación indebida, de plagio. Seguiremos indagando.

Un abrazo.

notorius said...

Al final Tiresias tenía razón. Un relato soñado sobre la nieve que termina en la nieve. Un relato sobre la dualidad, la identidad, la duplicación y la repetición de las historias: la nieve, el plagio, el doble, eros. Al final va a resultar que eres un gran contador de historias. Podrías acumular ya una gran cantidad de microrrelatos. Te recomiendo a R. Calasso. Su libro "Las bodas de Cadmo y Harmonía" va sobre todo este tema de la duplicación, el original y el simulacro (palabra que se repite muchas veces en el texto) en las historias. Saludos. Notorius

David P.Montesinos said...

Escucho a mucha gente hablar de Calasso, Notorius, tomo buena nota.

David P.Montesinos said...

Hola, Justo, aleccionador, sí, estoy algo sorprendido de que este asunto te resulte tan extraño, tengo entendido -por lo que oigo por ahí- que el plagio es moneda común.

Francisco Fuster Garcia said...

Amigo Montesinos, dos cosas:

- Sobre el tema de la nieve, te cuento lo que me pasó a mí el viernes, el día de la nevada. Por una de esas coincidencias fatales del destino, ese día tuve una mañana de las que yo llamo "kubrickianas". Hace tiempo expliqué aquí lo que son para mí las "mañanas weberianas": mañanas que uno pierde en trámites burocráticos y que en mi caso, son concebidas - para mejor sobrellevarlas - como un homenaje a Weber o a Kafka. Otro tipo de mañanas en mi vida corriente, menos frecuentes que las weberianas, son las "mañanas kubrickianas": esas mañanas en las que te suceden llenas de contratiempos que empiezan ya mal y que acaban por convertirse en un pura odisea (no en el espacio, sino en la urbe) que sólo culmina cuando pones los pies en casa y el trasero en el sofá.

Por temas de salud, mi abuela tiene que hacer visitas regulares al médico, a Valencia. Siempre va con metro en compañía de mi madre, pero para este viernes pasado me ofrecí amablemente a llevarla en mi coche. Todo planeado: la hora de salir, la hora de llegada, el lugar para aparcar, el dinero para el parking... Pues nada, en cuanto entramos a Valencia en coche y vi que lo caía sobre el cristal parabrisas no era agua sino hielo, supe que estaba empezando una mañana kubrickiana, como así se confirmó luego, y con creces. En fin...

- Sobre el tema de tu imaginario doble camello, confieso que no llego a tanto, pero también puedo decir la mía. Como imaginarás, trabajando durante ocho años en una sala de bodas he tenido alguna experiencia - casi todos los camareros la han tenido - con este tipo de personajes. Decir que hay gente que va a las boda y consume ciertas sustancias que no figuran en el menú es no decir nada nuevo, está claro. Sin embargo, debo hacer constar aquí el empeño de ciertos comensales por querer compartir esas actividades con los camareros. En mis ocho años las he visto de todos los colores, desde el típico comensal a un paso del coma etílico que te pide información sobre puntos de venta cercanos (cuando no te piden directamente la mercanacía, como si fuese otro servicio del restaurante), hasta el comensal "enrollado" y pelma, pero agradecido, que se empeña en gratificarte por el buen trato recibido, ofreciéndote amablemente que participes en la fiesta psicotrópica. En fin, que son casos muy aislados pero claro, en ocho años son muchas bodas, muchos comensales y muchas situaciones.

David P.Montesinos said...

Las situaciones que cuenta Paco Fuster me recuerdan a la que da lugar a esa película inolvidable que es North by northwest ("Con la muerte en los talones") de Hitchcok. Un personaje de vida anodina, por el hecho de levantarse cuando suena un teléfono en un hotel, creyendo que es la llamada que está esperando, es confundido con un agente de la CIA por unos espías de Rusia en plena guerra fría. Desde ese momento tiene que ir primero huyendo y luego persiguiendo a una serie de personajes con los que nada tiene que ver para clarificar su identidad. Al final, incluso la misma CIA decide que ha tenido suerte con esa coincidencia, pues el personaje Kaplan al que los comunistas buscan en realidad es ficticio, lo han creado ellos para despistar al enemigo, y el falso kaplan les está ayudando a darle verosimilitud a su creación. En un momento determinado, la bella heroina con la que el destino le junta le pregunta por qué está soltero.Thorndike, que así creo recordar que se llama el falso kaplan, le dice que su última esposa le abandonó porque su vida con él le resultaba previsible y aburrida. A veces creo que hay un Kaplan preparado para convertirse en mí y convertir mi vida en cualquier cosa inimaginable.

josé luis cervera said...

No disimules, tú fuiste camello valenciano, lo que sucede es que pagaste a un doble para esquivar a unos mafiosos. Pobre doble, acabó con el tórax perforado.

Feliz 2010.

José Luis

R.S.R said...

Me hace gracia señor Montesinos todo lo que ha relatado de la nieve, del sueño, del “trapicheo” en el que le quieren embaucar, también la intervención del Sr. Fuster. Por un momento me ha dado la impresión de que le interesa resaltar “lo azaroso” lo caprichoso de lo cotidiano, incluso lo caprichoso de los sueños. Da la impresión de que le ser humano está sometido o manejado por unos hilos desconocidos y ante lo que tenemos poca capacidad de maniobra .Lo que ha relatado, tiene cierto aire “landeriano” como dice usted, las cosas nos ocurren, nos suceden, a veces la adversidad- con minúsculas- se ceba con nosotros pero usted sabe que eso no es del todo así. Está también cómo leemos esos inconvenientes que se nos presentan a diario si los integramos como parte del vivir (en los días más optimistas) o como una conspiración de no sabemos qué oscuras manos para reírse de nosotros como usted señala en el inicio del post.
No se preocupe, seguro que alguien le ha plagiado y usted todavía no lo sabe, y en cuanto a lo de la observación en la ducha… bueno abra un poco la ventana y, ya verá, ya verá lo que ocurre. Además según relató un día ya fue observado cuando vivía en un primer piso, luego su lado exhibicionista debió quedar satisfecho.

David P.Montesinos said...

Hola, R., creo que sí, que capta usted perfectamente por dónde van los tiros del escrito. Cuanto menos creo en dioses y providencias, menos puedo prescindir de la sensación de que un enigmático genio maligno, repleto de ironía- dirige secretamente nuestros asuntos. No sé si recuerda aquello de la muerte en Samarcanda. Un hombre encuentra en medio del desierto a la Muerte, que le hace una seña, ante lo cual el hombre huye despavorido para protegerse en Samarcanda. El Rey hace llamar a la Muerte y le pregunta por qué va por ahí llamando con sus gestos a la gente y asustándola. La Muerte le contesta que a aquel hombre concreto no le hizo un gesto de llamada, sino que le intentó decir que se verían pronto en Samarcanda. Da que pensar, ¿no?