Thursday, May 27, 2010






EL DIÁLOGO IMPOSIBLE









Hubo un tiempo en que me sonaba un puntín a socialdemocracia marujona toda aquella construcción filosófica de Jurgen Habermas sobre el diálogo. Heredero de la Escuela de Francfurt, de la que yo le veía tan lejos, Habermas expuso profusamente la necesidad de articular la convivencia democrática a partir de espacios donde el diálogo fuera posible sin violencias ni sumisiones. La misión del gobernante -y del intelectual- consistiría en propiciar la creación de las condiciones desde las cuales el intercambio de ideas fuera un proceso realmente desfeudalizado, de tal manera que pudieran superarse las intromisiones de comunicación perversa que comúnmente detectamos en cualquier experiencia de diálogo.




Siempre advertí la nostalgia de un horizonte utópico tras la abstrusa terminología habermasiana -tan alemana ella-, siempre creí que Habermas se resistía a asumir la fatalidad de las relaciones humanas, cuyos recovecos están atravesados irremisiblemente de todo eso a lo que llama "violencias", hasta el punto de que creer que podemos prescindir de ellas en cualquier situación en que nos encontremos... Como si fuera posible quitarnos de encima toda la suerte de miedos, complejos, traumas, hostilidades, deseos y ambiciones tan solo porque ingresamos en un "espacio comunicativo". ¿Y qué demonios es un "espacio comunicativo"?, ¿o es que no estamos permanentemente comunicándonos en la calle, en las aulas o en las barras de los bares?, me preguntaba también con frecuencia.







Y, sin embargo, hay algo en las pretensiones de la Razón Comunicativa que regresa últimamente a mi memoria con frecuencia. Creo que me está pasando lo que a algunos viejos conocidos, que se hicieron habermasianos por aquella promesa del "estado ideal del diálogo", con la cual amortiguaban la angustia que con frecuencia experimenta todo bicho viviente de vivir espantosamente aislado. En su pragmática dialógica, el filósofo alemán construye un denso paisaje conceptual cuyo fin es articular los principios de la democracia deliberativa y propiciar la lógica del consenso. Postula entonces cuatro condiciones que habría de respetar el hablante auténticamente deseoso de participar en la comunidad comunicativa: inteligibilidad, verdad, rectitud, veracidad.



No voy a explicarles a ustedes las implicaciones de cada uno de estos cuatro requisitos. En primer lugar porque no quiero aburrirles -los filósofos alemanes son casi siempre unos pelmazos-, pero, sobre todo, porque no creo en ellos. Deseo como cualquiera que mi interlocutor sea veraz y recto, pues me gustaría poder confiar en él, pero la pretensión habermasiana de institucionalizar tal pretensión me parece de un utopismo rayano en lo naif. A riesgo de caer en el cinismo, prefiero aquello del Doctor House -"Todos mentimos"-... Creo que uno sale mucho mejor armado a las calles con esa convicción que con la pretensión de que puede exigir a su interlocutor que sea honesto, y además, creer que podemos estar seguros de que lo está siendo. House tiene razón: todos ocultamos algo, a veces lo ocultamos casi todo, elegimos sin avisar los momentos para la honestidad... No podemos, en suma, estar seguros de que nuestra pareja no nos engaña ni de que nuestros amigos nos besan como Judas antes de que les prestemos el dinero que no piensan devolvernos. Me han engañado tantas veces en la vida que -aparte de tomar conciencia de que soy gilipollas y de que la raza humana está emparentada con la de los animales reptantes- he llegado a la conclusión de que es mejor sospechar que siempre me mienten que vivir pensando que la humanidad se salvará leyendo libros de Jurgen Habermas.







Como, pese a todo, comparto con los habermasianos la preocupación por que el "mundo de la vida" se vea cada vez mas sometido a la sordera en este tiempo que se autoproclama de la Comunicación Global, yo, sin tantas pretensiones metafísicas como Habermas, pienso que deberíamos hacer un esfuerzo por depurar ciertas prácticas que son comunes en nuestros días y gracias a las cuales la hermosa costumbre de platicar con nuestros congéneres empieza a parecer cosa de abuelas de aldea que, vestidas de negro, ven pasar las tardes juntas sentadas en el banco de un parque.



Lo primero de lo que se me ocurre que deberíamos desproveernos es de la prisa. Si sostenemos el empeño por hacer demasiadas cosas en poco tiempo es posible que se nos ponga la cara de tipo duro de Fernando Alonso, pero desde luego, haremos imposible cualquier conato de conversación medianamente interesante, lo que nos convertirá en uno más de tantos tipos horribles y estresados que infestan aceras y calzadas. Añadiría acostumbrarse a no sustituir a la persona que tenemos delante por el idiota que nos llama al móvil -vamos, que lo apaguen, cenutrios-, quitar la tele cada vez que salen los tipos que conquistan audiencias millonarias a base de gritar e insultarse, evitar las noticias sobre la actualidad política, asumiendo la paradoja de que el Parlamento tiene actualmente la misión de evitar que los seres humanos nos entendamos a través de nuestros supuestos representantes...


Se me ocurren montones de cosas por el estilo, pero me limitaré a referirme al entorno internáutico, epicentro de una verdadera explosión de posibilidades de comunicación en nuestra era, pero también origen de algunos vicios sobre los que creo que deberíamos ponernos de acuerdo aquellos que continúamos considerando que un buen intercambio de ideas es preferible a los gritos, las amenazas, los insultos y toda esa suerte de bonitas prácticas con las que uno se topa cada vez que pone la tele, lee La Razón o El Mundo, escucha la Cope, sale con su automóvil al tráfago urbano o acude a un estadio.


En el blog de nuestro amigo Justo Serna aparecen diariamente intervenciones de los que en el argot se conoce como trolls. Un troll es aquel internauta que se pasea por blogs o foros de diarios y se dedica a insultar, amenazar e intentar desacreditar al autor o a los habituales participantes. Hace tiempo que he dejado de intentar comprender este tipo de hábitos. Todos hemos llamado a un teléfono de críos para burlarnos de un vecino o hemos escrito gilipolleces en un WC público, pero que un adulto se dedique a diario a escribir exabruptos en un blog para supuestamente chinchar al autor...no sé, diría que da pena imaginar que tipo de lisiado físico o mental puede gozar con tal cosa, de no ser porque creo que uno ha de reservar su indulgencia para imperfecciones humanas algo menos indignas. Olvidemos a los trolls, que por cierto menudean por aquí bastante menos que por el blog de Justo Serna, lo cual es signo del seguimiento que se tiene. Muchos trolls y sobre todo muy tenaces, luego uno es razonablemente importante.











Vuelvo a las distorsiones comunicativas que tanto preocupan a Habermas. Mi hipótesis de trabajo es que, si no cogemos el toro por los cuernos, es decir, si no educamos a nuestros jóvenes en la ética de las buenas prácticas informáticas, si renunciamos a la posibilidad de estructurar sus hábitos en la Galaxia Internet, corremos el serio riesgo de dejar crecer una generación de esquizofrénicos, de seres atomizados, completamente incapaces de crearse un mapa intelectual, moral y emocional, eso que solo podemos obtener gracias a nuestro contacto con los otros.




Lo que van a leer lo extraigo hoy mismo de un diario deportivo donde se informa sobre el fichaje de Mourinho por el Real Madrid. Es un "foro de opiniones y comentarios":


-INDA ERES UN IMPRESENTABLE, ERES EL LAMECULOS DE EL SEÑOR FLORENCIO


-esto me recuerda a MESSINA mucho bla bla, y luego zas zas en toda la boca , morriños lo mismo ¿va a ser el pichichi el zamora etc? lo k seguro va ser morriños es el payaso de la liga , CAMPEONES DE LA LIGA DEL SIGLO JA JA VISCA EL BARÇA Y LA PU---TA MADRE DEL INDA LA CHO-CHO ESKOCIO,saludar al moderador con cariño,dice tu madre k cojas la toalla y te vengas a la playa COME--POLLAS




Edificante ¿verdad? Se me ocurre pensar en lo barato que sale dedicarse a echar espumarajos por la boca. No crean que es un problema solo del entorno de los diarios futboleros, ni siquiera es solo de chats y foros para hacer amigos, donde, ciertamente, uno llega a pensar que el lenguaje asiste a su auténtico apocalipsis. En el referido blog de Justo Serna, he llegado a leer intervenciones como la que les transcribo, que irrumpe como respuesta a otra de un troll que el blogger tuvo el buen criterio de eliminar:



Lo lamento por usted, cazón en panga, no debió involucrar en esto a mi familia. Ha dicho lo que no debió decir. A partir de este momento, manténgase a la expectativa porque donde le vea asomar el belfo rezumante de bilis, le daré su par de soplamocos. Vaya usted, y perdóneme el maestro Serna y los demás respetados comentaristas, vaya usted, cazón coprófago a escupirle el esfínter a la más provecta de su genealogía, viva o muerta. Sacúdase de mi de ahora en adelante, porque en esta me las paga basura mofletuda marcada con un xx en el torrente cardiovascular con ínfulas viriles. Cuida tu boca, sabandija mal nacida… cuídala.



...¿Se dan cuenta? Y esto pasa en el blog de un tipo mesurado y poco dado a los extremismos o los desafíos.









Un alumno, al que considero persona sensata e incluso bondadosa, me confesó que se expresaba con frecuencia en tales términos cuando navegaba por los océanos virtuales. Me parece que hay mucho por hacer.

12 comments:

Justo Serna said...

Estimado sr. Montesinos, le agradezco la referencia que hace a mi blog. O, mejor dicho, a los trolls que frecuentan mi blog para arremeter contra todo lo que se mueve. O contra mí. Paciencia y educación.

David P.Montesinos said...

Ya le dije, señor Serna, que envidio sus trolls... ¿Me los traspasaría?

imperfecto said...

Querido David, no podré nunca agradecerle suficientemente a tu hermano el que me indicase, en su dia, la dirección de esta cueva, así como a ti la amabilidad con la que siempre me has recibido...

Hecho el preámbulo... decirte que me ha resultado algo fútil tu último post.

Me explico... utilizas, de inicio, a Habermas como paradigma de la ética discursiva, como teórico de una convivencia utópica representada por fórmulas de comunicación sólo aplicables a automatas sin sofware instintivo en su programación de fábrica...


indicas algunas de las condiciones sin las cuales dicha comunicación pierde parte de su identidad, si no toda, presuntamente impuestas por el filósofo aleman, para convertirse en simples actos de violencia dando como resultado algunos de los ejemplos con los que ilustras tu "denuncia"...


pero... querido amigo ¿qué hay más verdadero, inteligible, veraz y recto... que el despotrique de un hooligan cualquiera venido arriba por los éxitos últimos de su equipo o el de un estúpido respondiendo a una supuesta ofensa?.


Creo, humildemente, sabes de mi sincerísima admiración por la forma y el fondo de lo que escribes, que esta vez te has quedado en la superficie al analizar al hooligan, al estupido ofendido, y diría que también con Habermas... tres personajes demasiado complejos,(sirva esto como descargo ;) ), para ser tratados en un par de párrafos.

Espero ansioso el chorreo merecidísimo que debiera caerme por tal atrevimiento.


Entre tanto, un abrazo gordote de un admirador.

David P.Montesinos said...

Otro para ti, igualmente gordote, y con la sonrisa que siempre dejas a tu paso por estos cavernarios territorios, Imperfecto.

Advierto tu toque característico -llamémosle el "toque Imperfecto"- con tu desafiante reivindicación de la honestidad del hooligan. Yo creo que todos llevamos un hooligan dentro, pero soy de los que prefiere dejarlo para los estadios, pues fuera de ellos, lo que se encuentra uno en cuestión holiganesca son alcaldesas que insultan, tipos rapados que ponen la radio del coche a toda hostia y alumnos que te miran con cara de perro porque les dices que discutir no es pegar gritos ni insultar a los interlocutores. Me atrevería a formular una hipótesis: todos somos unos bestias, pero hay quien aprende a dejar salir al mamífero solo cuando no resulta lesivo para la convivencia. En eso consiste la Ilustración, en el esfuerzo diario por educarse en el alejamiento del salvaje que somos.

Acepto que mi utilización del pensamiento de Jurgen Habermas es absolutamente trivial en este post. Merece muchísimo más desde luego, soy el primero en saberlo porque llevo veinticinco años leyendo y escuchando cosas a favor y en contra de este filósofo enormemente influyente, aunque -en mi opinión- mucho menos capaz de alumbrar el camino del pensamiento en nuestro tiempo que otros muchos bastante menos renombrados.

Mi problema con Habermas o, para ser más exacto, con los habermasianos, es que el empeño de considerar algunas de las mayores tragedias del siglo XX, por ejemplo el nazismo o el totalitarismo, como "enfermedades" que ha sufrido la Razón en su progreso histórico, esconden una negativa a ser verdaderamente crítico con los valores constitutivos de nuestra cultura. En otras palabras, creo que Habermas, que declaró en su momento como neoconservadores a quienes leyeron demasiado a Nietzsche, no es capaz de escarbar en las fracturas y contradicciones desde las que no constituimos los sujetos. Creo que hay una dimensión hipócritamente utópica en sus planteamientos: esa reivindicación de espacios de discusión sin sumisiones ni violencias, ese estado ideal del habla...Prefiero instalarme en la violencia dentro de la que nos movemos y, desde ahí, con todas las contradicciones y peligros, responsabilizarme de todos mis actos de habla. Creo en suma que Habermas construye su filosofía desde la pretensión de una comunidad de ángeles. Pero resulta que no somos ángeles, y lo que es peor: no debemos serlo. De lo contrario no tendríamos al Doctor House y la vida sería espantosamente insulsa. Tan insulsa como todos los seguidores de Habermas que conozco... Fíjate si no en la cara de pelmazo que tiene.

imperfecto said...

¿y que nos cabe entre la inocuidad de los teóricos habermasianos y la sinrazón del hooligan?... ¿Ricardo Costa?... broma a cuenta de tu reseña a las alcaldesas histriónicas.


Tú lo has dicho, en un mundo compuesto por seres no alados hemos de contemplar la posibilidad, y me atrevo a decir que la necesidad, de que algunos se salgan de la norma...

porque si nadie se sale de ella alguien puede llegar a pensar que no son necesarias... ¿corremos el riesgo?...

David P.Montesinos said...

No, no la corramos, mejor asumir que somos todos profundamente "imperfectos", que todos ocultamos intenciones aviesas, ambiciones, rencores... y que, dentro de ese laberinto donde, como diría Foucault, "el poder viaja en todas direcciones y desde todas direcciones", tenemos que apañárnoslas para hacer luz sabiendo que no podemos vivir sin los otros.

msm said...

El troll es una muestra de la fragmentación de nuestra sociedad, de la contaminación del post,un conflicto constante y un modo de incomunicación dañino sin ética ni modales. Es el reality de la blogosfera que soportan heroicamente grandes pensadores como Justo Serna, Juan Torres y por desgracia muchos más. Quizás podríamos resolver este conflicto al modo encriptado pero pragmático de Habermas, con las ideas más claras y precisas de Pierce o Apel e incluso con la genialidad de
Barthes o Foucault... O asumiendo que todos somos imperfectos como propone el profesor David Montesinos. En todo caso, seguro que sin tales virus viviremos mejor, ¿por qué no los ignoramos y seguimos hablando como si no estuvieran?

David P.Montesinos said...

Esto último que propone M. me parece lo más sensato. De hecho, en el blog de Serna se ha llegado al consenso no explícito de ignorarlos y no contestarles. Ello no es óbice para que constituyan, a posteriori, un tema de reflexión. En cualquier caso no es un fenómeno solo internáutico. Hay modos de comunicación perversa por todas partes. Se me ocurre pensar, al hilo del artículo de este domingo de Marías, en los tontos del haba que envían sms absolutamente estúpidos y que supuestamente contienen "opiniones", con los cuales rellenan las partes bajas de las pantallas en los programas televisivos. Todo un ejercicio de "democracia directa", parece.

Ricardo Signes said...

Varias consideraciones apresuradas:
-sobre la prisa: un comentario de un vendedor de alfombras en Fez a mi excusa para escabullirme de su laberinto: "un hombre con prisa es un hombre que ya está muerto".
-sobre la verdad de los hooligans: una cosa es efersvescencia emocional (puede cambiarse el adjetivo por hormonal sin mayores problemas) y otra muy distinta la verdad. En el díálogo con un hooligan (a lo mejor ya va siendo hora de que les llamemos "gamberros") hay poca variedad temática: ¡goool! o ¡hijoputa!
-sobre Habermas, los desvaríos de la Razón, el nazismo y el doctor House: recuerdo a Lautréamont en "Los cantos de Maldoror" cuando cargaba contra Dios por ser el responsable de la creación de esa chapuza lamentable que somos los hombres.
-Y por último, sobre los trolls: yo también quiero.

David P.Montesinos said...

Lautremont... llevo toda la vida pensando en leer Los cantos de Maldoror, tengo una preciosa y vieja edición en la casa paterna. Lo de Fez ya lo había oído, los marroquís utilizan mucho una frase similar a la que dices: "la prisa mata".

Estoy por convertirme en el troll oficial de tu blog, querido.

Ricardo Signes said...

Lo siento, David, pero no me vales: eres demasiado grande para ser un trol. De todos modos, gracias por la intención.

SUPPORT ANIMAL LIBERATION FRONT said...

Parece que hasta al viejo Habermas se le acaba el optimismo:

http://www.presseurop.eu/es/content/article/1243141-juergen-habermas-el-ultimo-europeo

Saludos desde Villenapolis, David