Friday, January 19, 2018

¿SERIES O CINE?

La directora argentina Lucrecia Martel ha estrenado una película que probablemente merezca la pena ver, pero no ha obtenido titulares por ella sino por su afirmación de que "las series de televisión son un retroceso". Argumenta que "en términos de imagen y sonido" el cine y el documental habían conseguido cosas que las teleseries no incorporan, pues éstas, debido a su formato, no hacen sino reincidir sobre la rancia estructura narrativa de la novela decimonónica. Reconoce que hay un salto de calidad entre Dallas y Breaking bad, pero no es suficiente para cambiar su diagnóstico. La cojo al vuelo porque me interesa el debate. 

El asunto está en todas partes... Aquí, allá y acullá la gente pregunta si has visto tal o cual serie que se ha pillado, si crees que el que ha matado Negan en Walking dead es el chino o es otro, o si has descubierto que lo que quieres ser en la vida ya no es una princesa sino una "khalesi". La repercusión que al lado de ciertos productos televisivos tienen películas tan interesantes como Madre! o Verano 1993 es ridícula, y no me sorprende que una creadora cinematográfica pelee por defender su parcela de negocio frente ala competencia, aunque sólo sea por supervivencia propia. 

En cualquier caso se equivoca. Su intervención no sólo está mal argumentada, creo que además es tramposa, pues con el fin de conseguir un titular -y ciertamente lo consigue- aporta una argumentación pueril y simplista. 

Veamos. Conocemos de sobra el discurso academicista contra la teleficción. Desde que en los años cincuenta el consumo de televisión se masifica en los USA, los creadores de ficciones televisivas han venido alimentando un lenguaje estandarizado y de fácil acceso para las multitudes, lo que supone un empobrecimiento del modelo narrativo del cine. El formato serializado, unido a factores muy asociados a la domesticidad del consumo de televisión, nos adiestra desde pequeños en convenciones narrativas de escasa densidad, a menudo cargada de connotaciones ideológicas reaccionarias. 

Todo esto está muy bien, pero temo que se nos olvida un detalle fundamental. Si CSI, Bones o Anatomía de Grey, productos con enorme rentabilidad comercial en todo el mundo, constituyeran la vanguardia televisiva, entonces no habría caso, es decir, no se hablaría de una era dorada para la teleficción. 

A riesgo de ganarme un par de enemistades, añadiría otras como Homeland, Juego de tronos e incluso alguna que yo he disfrutado al modo del entretenimiento ligero, como Walking dead, Vikingos o la hilarante sit-com The Big-Bang theory. Hablamos de otros productos, no sólo de la tetralogía ya legendaria formada por Los Soprano, Mad Men, The Wire o Breaking bad, cuatro joyas para la historia del arte. También debo referirme a The Pacific, Fargo, Borgen, Rectify, Borgen, la primera temporada de True Detective o el spin-off de Breaking bad, es decir, Better call Saul. Añadiría, aunque quedan ya algo alejadas en el tiempo, El ala oeste de la Casa Blanca y A dos metros bajo tierra. Y no me olvido de dos series que se inauguraron con el siglo y que marcaron en gran medida la revolución vivida en la narración televisiva, léase House y Lost.  No es mala cosecha, creo yo. 

¿De verdad hemos de tomar conciencia de un "retroceso"? Yo no tengo la impresión de que vivamos una mala época para el cine. Sigo sin entender que ver un estreno me cueste nueve euros, pero, al margen de eso, este siglo ha ofrecido ya una cantidad considerable de obras inolvidables. Si el talento creativo que habitaba exclusivamente el cine se ha trasladado a la televisión, ¿qué problema hay en disfrutarlo?

La ficción serializada, es cierto, se trama en una condiciones singulares. Si toda emisión por entregas es asociada a los escritos de Eugène Sue o Alejandro Dumas, podemos concluir que su destino son las multitudes y oponerlas a lo que Umberto Eco llamaría "novela problemática". Lo que ocurre es que también genios como Dickens, Dostoievski, Tolstoi o Flaubert publicaron grandiosas novelas por entregas. Quizá Lucrecia Martel considere que el único talento televisivo seriado lo encontramos en la segunda parte de Twin Peaks y no en Los Soprano, pero qué quieren, a mí la primera me parece una infumable serie de pajas mentales de David Lynch, mientras que la segunda se me antoja de principio a fin una obra maestra. 


La tiranía de los índices de audiencia, como la necesidad de "durar", la de crear un suspense al final de cada capítulo, o si, quieren, poner escenas de alto voltaje erótico o lanzar a alguna guapa estrella hollywoodiense son imposiciones comerciales que pueden dañar la creación artística, no tengo dudas. Pero debemos darnos cuenta de que la globalización ha hecho mutar el medio televisivo. En otro tiempo la HBO no habría existido, o no habría tenido el poder de financiación que ahora le permite mantener el sello de calidad característico de las series que produce. Hoy un producto tan complejo como The wire sigue siendo complejo y para minorías, pero recoge espectadores de todo el mundo, con lo que acaba siendo una serie rentable y, por lo tanto, viable. 


Dejémonos de sandeces y vivamos el momento, quizá no dure mucho y terminemos echando de menos estos años. Ah, y si quieren un consejo, apaguen la luz del comedor y desconecten el móvil. También les añadiría que no se peguen panzadas, un capítulo de cuarenta y cinco minutos de una tacada está bien... mañana ya se ponen otro. 

Me voy a ver la tele.  

2 comments:

Anonymous said...

Yo tengo guardadas cual joyas cientos de películas, tal vez pasen de las mil y mucho. Muchas de ellas son secuelas (que no dejan de ser una serie.) Pero en esa “caja fuerte” también tengo series de tv. Algunas de las que usted cita me parece imprescindibles, más otras a las que otorgar menos valor.
Sin embargo no veo su valía solo desde un punto de vista adulto. Merlí, me parece una serie medianamente didáctica para los adolescentes que además les engancha desde el primer capítulo. (Entre otras)

Intentar crear un debate películas vs series es razonablemente absurdo para quienes crecimos viendo la casa de la pradera, kung fú, yo Claudio, Lou Grant, Raices etc. Al tiempo que con películas como Taxi driver, La naranja mecánica, alguien voló sobre el nido del cuco, el expreso de medianoche... La cosa pierde los pocos argumentos que sostienen este ficticio debate cuando se nos intenta hacer elegir entre The Wire o Un perfecto anfitrión, Breaking Bad o el pianista, Last week tonight o dulce hogar.

No veo que ahora existan más series, al menos no muchas más. Creo que se crean más películas que nunca (sin olvidar que Francia, Italia, India, Australia etc están obligando a los USA a replantearse su patético nacionalismo totalitario entre otras cosas que me ahorraré por economía ce caracteres. Mientras las series están consiguiendo atraer a un público cansado de gastarse la pasta y salir del cine sin nada que comentar, lo cual también contribuye a atraer la pasta de los productores, lo cual a si vez se traduce en mejores medios, mejores profesional etc etc.

Podría usted hacer una lista de películas, series domentales etc. Me encantaría participar en los comentarios con lo propio. Siempre explicando la razón del porqué la recomiendo (teniendo en cuenta que a veces, todo se resume en un detalle casi imperceptible)

MA

David P.Montesinos said...

Le agradezco la confianza, aunque no soy muy de listas. De todas formas a veces son orientativas, y en cualquier cosa es una buena posibilidad para hablar de cine. La explicación que usted ofrece es consistente, aunque conviene no olvidar que la mayoría de las grandes series que se están produciendo son americanas. Hay excepciones tan relevantes como Borgen, y otras que no he visto, creo. Tampoco le veo ningún sentido a este debate. La televisión es mala cuando es mala. Entiendo que su domesticidad le priva de la magia que tiene la visita a una oscura sala cinematográfica, aunque hoy, por razones que no vienen al caso, gran parte de esa magia se ha perdido. Más allá de eso no veo problemas, no entiendo porque Martel habla de un "retroceso". La producción de teleficciones vive una edad de oro y tenemos que disfrutarlo.