Monday, July 09, 2007

EL MERCURIO



Por su gran interés, y porque me parece admirable su pasión contenida y su capacidad de indignación, reproduzco aquí la carta que me ha enviado uno de los lectores del blog, Juan José Montesinos. Dado que fue él quien inspiró la anterior entrada, consideradla su continuación.


"El servicio de expolio de los pobres vergonzantes no es la única fantasía del gobierno valenciano.

Mi nieta única tiene otitis, lo que señalo por ser la causa remota de mi envenenamiento.

Los quejidos del bebe nos desorientaban y cayó el termómetro al suelo.

Son aparatos temibles, de mirarlos apenas se rompen y desparraman el mercurio, unas gotitas brillantes que las tocas y se multiplican, empequeñecen y buscan escondrijo en las ranuras del suelo.

Tardé mucho en recogerlas, hay que empujarlas con un palillo, como si buscaras restos de comida entre los dientes; hace falta paciencia para unirlas en una sola bola y al fin pude pasarlas a una hoja de papel donde corría y escapaba al suelo de nuevo.

Con el calor y mi decreciente flexibilidad el sudor me entraba en los ojos, pero logré capturar ¿definitivamente? el veneno, arrugando el papel para cerrar escapatorias.

En la farmacia me dijeron que echase la bola en el depósito de pilas usadas (¿alguien conoce un punto en Valencia para este servicio fuera de los centros de información y turismo para envidia de los extranjeros?).

No me servía porque el mercurio se desparramaría en el contenedor, caería al suelo, se lo comerían las ratas, a éstas un ave predadora y en la carrera trófica llegaría hasta los hombres, porque el mercurio es indestructible.

Pensé en el inmenso mar al que voy todos los fines de semana pero los peces se tragarían las brillantes bolitas y otra vez el ciclo trófico.

El Ayuntamiento me remitió a la Consellería de Medio Ambiente y ésta a VAERSA, que caracteriza su servicio con un rótulo muy correcto “millorem el medi ambient”. Contesta una voz metálica que pide tus datos personales, motivo de la llamada y te promete contestación. Pasan los días, llamo de nuevo y reitero mis datos y objetivo. Quizás debí mentir y en lugar del mercurio de un termómetro roto hablar de algo suculento para la empresa.

Tengo sobre la mesa de mi despacho, donde no vienen niños, un papel arrugado que contiene el mercurio, parece un kleenex sucio olvidado y mis clientes miran con aprensión.

No sé donde dejarlo porque me olvidaré del mercurio y un día se desparramará donde se encuentre, se lo comerán las cucarachas, a éstas alguna rata y comenzará de nuevo la carrera trófica.

Lo tengo en mi mesa, algo escondido detrás de mis papeles para que no lo vean.

Lo miro y sé que me olvidaré, hasta que por un pliegue del papel escapen las bolitas plateadas, estaré comiendo atolondrado un bocadillo, por un trabajo urgente y me envenenaré la sangre con el mercurio inmortal.

Y comenzará de nuevo la carrera trófica."




8 comments:

Anonymous said...

La carta es simplemente genial. Es la lucha del hombre contra el sistema. Quién no se ha visto alguna vez en este tipo de situaciones tan surrealistas. A mi me ocurrió algo parecido con unos libros de texto. Yo me empeñaba en darles una segunda utilidad. Al final perdí la cuenta de las veces llamé a Consellería, al Ayuntamiento de Valencia y a otros sitios que ni recuerdo. Para nada, nadie queria saber nada, todos me remitían al órgano competente que nunca resulta ser el que tu pensabas.

Al leer el texto no he podido evitar - supongo que como la mayoría - acordarme de "El castillo y de "K", el protagonista de la monumental novela de Kafka.
Ese agrimensor empañado en cumplir con su deber, en contra de las fuerzas que contra el se conjuran.
O del "Vuelva usted mañana", genial artículo salido de la pluma de Larra que leí cuando era joven (más que ahora) y que refleja a la perfección ese manido tópico sobre la incompetencia de los funcionarios y la administración en nuestro país.

Además no sé si lo has hecho a drede lo del mercurio, pero no puede estar de mayor actualidad el tema. Como habreis visto u oido, hoy anunciaba la prensa (La UE aprueba la prohibición del mercurio en los termómetros) la prohibición de los termómetros de mercurio por su toxicidad, menos los de más de cincuenta años de antigüedad por considerarlos "bienes culturales".

A mi la palabra mercurio, más que a los termómetros me evoca a una imagen inolvidable de mi infancia, la del personaje protagonista de "Terminator 2", sí, el malo, ese hombre indestructible hecho de murcurio líquido. Son imagenes de esas que te impactan, los llamados "efectos especiales".

Un saludo a todos.

Paco Fuster

Anonymous said...

Qué interesantes todas las alusiones que haces, en especial me quedo con la de Terminator y aquel tipo hecho de mercurio y al que no había manera de destruir. Hagamos una cosa, hablo con la persona que me envió el artículo y le pido que te conteste. Un abrazo, Paco. David.

Anonymous said...

Me parece una muy buena idea. Estaré encantado de hablar con el autor, a ver que le parecen mis alusiones.

PS:Por cierto, esta tarde he empezado con la lectura de tu libro (he leído el primer capítulo y la cosa promete). Estoy apuntando en hoja aparte algunas consideraciones. Ya hablaremos con calma sobre el tema que tratas, o mejor dicho, sobre los múltiples temas. Un abrazo igualmente.

Paco Fuster

Anonymous said...

Me apetece mucho que hablemos pronto de lo que te va pareciendo mi libro. Gracias, Paco. David

Juan José Montesinos said...

Contesto a Paco Fuster.

Muchas gracias si he sido capaz de recordarte a genios tan tenebrosos. Creo que yo también soy un poco pesimista aunque aún tengo guardado el envoltorio mocoso con el mercurio y no me he envenenado.

Hablando de influencias, yo diría que fue la señora María (que nos reunía a los niños en verano a la fresca de su portal) la que nos contó la historia de la niña soñadora que había recibido en herencia una casita en el campo y cuando fue a verla empezó a imaginar al hermoso leñador con el que se casaría, dónde pondría el dormitorio, las comidas que preparía a la vuelta del esposo, que tendrían un hijo que dormiría en la habitación soleada. Sin embargo advirtió repentinamente que en lo alto de la pared bajo la que había colocado la cuna había un gran clavo viejo. Sus gozosas fantasías se esfumaron porque un día su marido colgaría en el gancho su hacha y el hierro oxidado se rompería y el arma caería sobre su hijo.

Esto me lleva a que quizás debiera a aprender por mi cuenta a reciclar, estudiar la técnica oportuna y hacerme un espejito con esta bola plateada y juguetona.

Anonymous said...

Tengo que reconocer don Juan José que anda usted especialmente inspirado últimamente, el universo blogger y usted deberían haberse conocido antes. Gracias a usted y a Paco Fuster por sus acertadas intervenciones. David

Anonymous said...

Gracias a ti Juan José por responder a mi comentario. Coincido con David. ¡Usted está hecho para esto del blog! A ver si a partir de ahora se anima y se prodiga más por aquí, será un placer leerle.

Hoy ha sido un dia productivo. He leído cuatro capítulos del libro (voy por el 6), lo que equivale a dos páginas de apostillas en mi libretita (ya lo comentaremos con calma). Eso si, las páginas sobre MacDonald's son geniales (me interesa mucho el tema, intentaré conseguir el libro que citas de Rizter). La prueba es que me he levantado del sofa a drede para leerselas a mi madre (cosa que hago muy esporádicamente), para ver si compartía mi entusiasmo ante la calidad de tu argumentación.
Paco Fuster

Anonymous said...

Hablando del tema, creo que está a punto de estrenarse una película sobre el libro de Schlosser "Fast food nation", que me imagino tiene que ver con "super size me", que probablemente hayas visto. El problema, como explica Ritzer, va en cualquier caso más allá de la simple cuestión alimentaria. Si buscas el libro de Ritzer, mi consejo es que busques el de la editorial popular, pues se trata de una edición revisada y puesta al día por el autor. David.