Saturday, March 14, 2009






EL PROFESOR NEIRA






La diferencia entre vivir tiempos de paz y ser un civil que mira el cielo en Gaza a la espera de la nueva lluvia de fuego consiste en que, en el primer caso -el de la circunstancia pacífica que disfrutamos sin ser demasiado conscientes de lo que tenemos- uno se despide de su cónyuge diciendo que "espera volver entero a casa por la noche"... y aquella se limita a reírle la gracia con aire indulgente. Nada se me antoja más horroroso que una guerra, donde parece que -por una simple cuestión de cantidad de cadáveres apilados- el valor de la vida cae a precio de liquidación por fin de existencias y la muerte se trivializa. Caemos sin embargo con frecuencia en el error de minusvalorar la capacidad para hacer daño de los seres humanos simplemente porque no escuchamos sirenas de ataque aéreo por las calles y, sobre todo, porque algunos como Max Weber nos han explicado que mientras no hay naciones en guerra "es el Estado quien ejerce el monopolio legal de la violencia".





Si el profesor Neira hubiese leído más detenidamente a Weber probablemente se lo hubiera pensado dos veces antes de agarrar el brazo al individuo que golpeaba con brutalidad a su novia y se habría evitado pasar tantos meses en un hospital entre la vida y la muerte. El miserable en cuestión habría molido a palos a la chica, la policía habría llegado al cabo de un rato y habría puesto orden -con un parte de lesiones o, en todo caso, levantando acta del cadáver- y Neira se habría ido tranquilamente con su hijo al cine a pasar la tarde. Qué fácil, ¿no?



Razones para la omisión ante una fechoría las hay a espuertas. En los pueblos de España -traumatizada la memoria por la Guerra Civil, y mucho más por los rencores entre hermanos que dejó salir a la luz con trágicas consecuencias- fue muy escuchada durante décadas a la luz de la lumbre la frase a los hijos "tú no te signifiques". Hoy es cotidianamente muy común lo de "mejor no meterse", y hay quien incluso legitima tanta cobardía con el argumento de que "ves al tipo zurrándole, le dices algo y va y luego a lo mejor es la mujer la que te dice que te calles".




Cuando con cinco años ví a Gary Cooper deambular por las calles desiertas del pueblo a la espera de que llegaran los forajidos para matarlo en Solo ante el peligro, empecé a entender que la decisión más digna suele ser la más difícil y arriesgada. A veces, no solo te expone a sentir en la cara el aliento del dragón al que hay que degollar, sino que incluso te expone a la censura de muchos de los que te quedan a la espalda. He visto esto infinidad de veces... y lo he vivido. He sido un miserable cobarde muchas veces en mi vida, pero también he tenido comportamientos valientes de los que me enorgullezco... Estos últimos me han traído alguna adhesión inquebrantable, pero también sorprendentes censuras... En muchas ocasiones, ser el tonto que se encarga de ponerle el cascabel al gato trae consecuencias más imprevistas -y dolorosas- que las huellas en la cara de las uñas del felino.









En las últimas horas leo y escucho algunas opiniones en contra del Profesor Neira. Cuando estaba muriéndose en el hospital su irrupción en la escena fue ya descalificada por Violeta, la mujer agredida, quien además de presentar a su novio -A. Puerta- y agresor como una "bellísima persona", explicó que no se estaba dando una situación de malos tratos y que si Neira no hubiera intervenido nada habría pasado. Le acusó ademas de haber llamado "cucaracha" al señor Puerta. Neira es pues el único culpable de su propia desgracia. Creo que esta mujer solo puede despertar compasión o, si quieren, asco. Pero detecto mucha más perversión en los dardos que desde posiciones estratégicas lanzan algunos francotiradores. A vueltas con las entrevistas concedidas a Antena 3 y a El País, el profesor ya ha sido acusado de "insoportable machista" por afirmar que algo así como que "a los niños se les debe enseñar que con las mujeres hay que tener un trato deferente". También leo críticas muy duras contra el circo mediático en que se está convirtiendo el asunto, opinión que yo suscribiría pero no en tanto que de ello se responsabiliza en los últimos días especialmente al recuperado profesor, tanto por las entrevistas como por haber sido contratado como contertulio de un programa matinal de Antena 3. No acabo de ver qué tiene de oportunista o de morboso entrevistar a este personaje... Y me pregunto de igual manera si merece ser escuchada más que Neira toda la ralea de inquisidores, carroñeros y vende-madres que estamos acostumbrados a ver poblar las teletertulias... aparte de, por supuesto, la ínclita señora Santander, recompensada por Tele Cinco con una fortuna del dolor que le produce lo mal que lo está pasando su marido


No estoy ideologicamente cerca de Neira, pero ¿a quien le importa eso? La cuestión relevante es lo que simboliza el comportamiento que, además de hacerle famoso, estuvo a punto de costarle la vida. Llevo toda mi vida maravillándome de la mezquindad con la que los españoles acostumbran a opinar de aquellos a los que, sin ambages, habrían de admirar como ciudadanos ejemplares... ejemplares en toda la extensión de la palabra, pues son modelos a seguir. Cainismo, plebeyez, mediocridad... lo peor del interior del alma aparece por doquier cada vez que alguien se comporta noblemente... "Lo hizo por notoriedad", "pretende aparecer como un santo, pero sus motivos son egoístas"... El cinismo se vende barato en nuestras tierras por lo visto, el cinismo de quien nunca ha hecho nada ni se ha mojado el culo por nadie.







Los intereses verdaderamente espúreos en esta polémica no son los de Neira. Telecinco se benefició en su momento de la "locuacidad" de Violeta Santander y mejoró sus shares de audiencia creando un circo jugosísimo en torno a un Neira que en aquel momento no podía defenderse porque estaba en coma y al borde de la muerte. En nada es ajena a este asunto a la guerra mediática -les aseguro que ahí sí se agitan intereses espúreos- que amenaza muy seriamente con secuestrar nuestra querida y con tantos esfuerzos conquistada democracia.



Voy a contarles algo que presencié apenas hace una semana desde el balcón de mi casa y que viene atormentando mi conciencia; así entenderán por qué dedico este artículo al Profesor Neira. Escucho unos gritos mientras preparo el desayuno dominical en la cocina. Salgo al balcón. Un tipo bien vestido y con un buen coche está gritando e insultando a alguien que creo entrever está en el sitio del copiloto. Le obliga a abandonar su coche entre insultos y amenazas y, cuando lo hace, resulta ser una niña de unos diez años que lleva una bolsa con algo de comida. El tipo es por lo visto el padre y va a devolver a la niña a su madre, de lo que inferimos que hay divorcio por medio. El tipo le acusa de haberle ensuciado el coche con comida, la niña -algo asustada- le ofrece excusas y le dice que quiere volver al coche. El tipo estalla de cólera, la insulta y la intenta golpear... Le dice que se largue, pero la niña se queda de pie, ante el coche... El tipo pierde los nervios definitivamente y la emprende con una lluvia de golpes y patadas de la que la niña consigue ponerse a cubierto. Finalmente huye. La cosa acaba cuando una anciana grita desde su ventana que va a llamar a la policía, a lo que el dueño del hermoso coche que una niña ha ensuciado contesta con una sarta de improperios y desafíos a la altura de la repugnante alimaña que es capaz de maltratar así a su hija.








Viví toda la escena paralizado. Me dije que debía esperar a si "la cosa se ponía mal de verdad", lo que podía pasarme si bajaba y el tipo me sacaba del coche una pipa, o si el tipo me veía decirle algo desde el balcón y después la pagaba con mi familia cuando yo no estuviera... Son inagotables las razones para la cobardía. ¿Por qué engañarme? Fui un miserable cobarde. No entiendan esto como una penitencia pública, entre otras cosas por qué no creo que el deseo que experimento -sacarle las tripas a aquel hijo de perra- me haga demasiado merecedor del perdón de los cielos. Soy inobservante, descuidado, perezoso y lujurioso... No hago todo lo que debería hacer para mejorar la escuela donde trabajo, cosa que últimamente hay quien se encarga de repetirme con frecuencia... Y eso por no hablar de lo poco que cuido de mis padres y de que me he borrado de la ONG... Pero todo me parece insignificante y se difumina en la memoria cuando se enfría... Lo de la niña, no... Esto se me va a quedar muy dentro y va a pesarme hasta el resto de mi vida... Porque nada es más escandaloso que la violencia -en sus múltiples formas- contra los niños. Lo es cuando la hago yo; lo es cuando la hace otro y yo no me opongo activamente a ello. Y en este caso el silencio sí es, de alguna forma, cómplice.








Este es mi auténtico desvelo, éste es el fantasma que se me aparece últimamente por las noches. Ahora saben por qué les hablo de Neira.









5 comments:

Tobías said...

Un hombre con su hijo ve como un tipo maltrata visiblemente a una mujer, le estuviera dando una brutal paliza como dice Neira o ejerciera visible violencia es lo mismo. El hombre, que podría haber pasado del asunto, como hacen otros que aparecen en el video, se dirige al maltratador y le increpa. Se mete en lo que no le importa, diría Violeta Santander. El increpado, tal vez enfermo, tal vez drogado, tal vez una cucaracha inmunda, ataca al hombre por la espalda y lo deja a las puertas de la muerte.

Si hay alguien que pueda decir en toda esta historia que actuó como debía es ese hombre, Neira, da igual que exagere lo que vio, no me importa que no haya mostrado grandeza moral al calificar al maltratador y a esa desequilibrida de Violeta Santander, da igual que se está prestando al juego político del PP. Hizo lo que debía hacer y los que ahora quieren relativizar, los que se sienten decepcionados porque el héroe tiene también sus miserias, están buscando razones para ningunear aquello que ellos mismos no se habrían atrevido a hacer

Marta I. Moreno Pizarro said...

Vale, David, lo pillo, y lo siento, no lo volveré a hacer.

Violencia y tipos de violencia contra los niños: todas deplorables, sí señor. Incluida la violencia estructural de la que nuestros institutos están llenos y que tan cínicamente apoyamos y toleramos cuando nos simplifica la vida a nosotros.

Desvelos... Quizá algún día también perdamos el sueño por no haber intentado evitar otros tipos de violencia contra los niños, quizá menos llamativa que la física o la verbal, ciertamente más silenciosa y aceptada.

Y los seres humanos, y todo lo que somos, todo lo influenciables, y todo lo cobardes, y todo lo comodones: yo también lo soy, querido jefe; no vamos a darnos palmaditas en la espalda por reconocerlo, ni nos vamos a sentir reconfortados por nuestros pesares de conciencia, que tanto nos ayudan privadamente a evitarnos el riesgo de actuar o hablar públicamente. Pero todo es empezar, eso sí. Al menos no nos negamos a verlo.

(Abandono, de verdad. Quizá debería haberlo hecho hace mucho tiempo. Permíteme este último comentario solo como despedida de mi papel de grillo incordio.)"

Elisabet said...

¡Tóbias, m.v! un saludito, para vos
David, otro saludo para usted.
El caso Neira sin duda es grave y serio pero ,prefiero decir algo con respecto a lo que llamó “circo mediático”.Creo que éste se da cuando somos simples receptores, fagocitadotes de lo que dicen los medios, y no adoptamos una actitud crítica,o dudosa con respecto a la construcción que se hace de un hecho.Hay algo que me molesta bastante: los” periodistas filósofos”, y la polémica que instauran , perjudicando a la víctima.
La labor de un periodista es informar,luego“generar opinión”, ahora, alentados por el clamor y la sed popular, estarían construyendo en base a una mirada rayana en la moralina.
Ante un hecho de agresión, cuestionar el vocabulario, y no las trompadas, y medio país, se ponga a “reflexionar” si la actitud del defensor es moral…¿y Violeta, que es otra víctima, del agresor y de los medios que la compraron?
Muy pocos son los profesionales que pueden hacer recapacitar seriamente acerca del maltrato infantil, el abuso, y sobre todo lograr develar, el quid de la cuestión: la sociedad violenta, que todos por acción u omisión estamos construyendo, pero estas reflexiones deben partir de lo que es su objeto: la noticia
En un punto de la historia, se les ha hecho creer, marketineramente,que son los constructores del pensamiento social.Hay un vacío de información fiable basada en el qué, cómo, dónde y cuándo, dificilísimo de lograr, porque implica no dejarse llevar por la politiquería, las ansias de fama, las cometas por la distorsión, las presiones editoriales.Y nosotros deberiamos reclamar,lo que es nuestro legítimo derecho y dejar de ser la voz pasiva de éste negocio.

imperfecto said...

En cierta ocasión, siendo un jovenzuelo hipertestosterónico, molí a palos a otro de mi especie porqué consideré que estaba molestando a un grupo de amigas, de no haberlo hecho me habría aplastado, debía sacarme un palmo de altura y cincuenta kilos de peso, así que, además de censurar su comportamiento, tuve que pegar primero, y ya saben que el que pega primero... es quién inicia la pelea...

Me arrepentí mucho de aquello, destrocé la cara de un pobre infeliz(que no se me malinterprete, no pretendo defender al maltratador que abusa de su posicición de fuerza para machacar al débil, era un infeliz aquel gigantón, no el maltratador)

Siempre he pensado que lo que debería haber hecho habría sido acercarme al grupo, increpar al abusica con algún insultillo machista, haber disfrutado con el brillos de las púpilas de aquellas feminas encandiladas, y marchar dando media vuelta con el orgullo del deber cumplido...

aquel infeliz seguramente no me habría pegado por la espalda, probablemente habría seguido molestando al grupo de chicas, pero yo habría quedado cómo un heroe sin necesidad de romperme los nudillos...

y es que ser un heroe es jodido, siempre corres el riesgo de toparte con un Antonio Puerta con el que el pavoneo no es suficiente, si te metes asume donde te metes y hasta donde estás dispuesto a llegar... si no, siempre te quedará actuar de forma cívica y civilizada llamando a la policia, y seguir con tu labor docencente (me refiero a Neira) desde el anonimato...

Acepto insultos graves.

un saludo a todos.

Anonymous said...

Es una victima.

Un tipo rabioso y bastante cobarde le dio un golpe por la espalda.

No es un héroe.

Nadie le pidio ayuda. No pudo contemplar como se producían unas lesiones que no existieron, y de haber sido el caso, en que la violencia hubiese requerido de su intervención, desde luego con ese escueto "los hombres no tratan así a las mujeres" su mediación no hubiese valido de mucho.

Es posible, que este hombre se merezca todas las medallas y alabanzas que recibe. Yo por si acaso, ya no discuto en la calle con una mujer... la fiebre heroica azota, y como con la del oro, el que busca febril ve destellos por doquier.