Saturday, October 03, 2009






PRISA Y EL FUEGO AMIGO (Y II)







Hacen falta dosis de ingenuidad mayores de las que yo conservo para creerse que el eje de la batalla entre el entorno de Rodríguez Zapatero y el de Cebrián es de corte ideológico. Ya no me creí en su momento que la querella del viejo PSOE entre guerristas y felipistas representara aquel desgarro entre quienes -más curtidos en la labor gubernamental que en la de proselitismo partidario- se afirmaban posibilistas, y aquellos otros que decían ser fieles a la ortodoxia de la izquierda. Si los actores dejaban crecer tales patrañas, tan eficaces desde el punto de vista periodístico, era porque para ellos era vital enmascarar con excusas de disenso ideológico -pragmáticos versus románticos, ah, claro- lo que no era sino una mezquina lucha de intereses entre quienes se guarecían de las tormentas en el regazo del líder para obtener mando en plaza y quienes buscaban la protección del aparato para seguir viviendo de la política.




Ocioso buscar otro tipo de implicaciones en las peleas que desangran interiormente a las grandes formaciones. En Valencia se produjo la fuga madrileña del Presidente Zaplana y, al entrar Camps, llenó de su gente los centros de poder, relegando a quienes habían crecido a la sombra del nuevo ministro de Aznar. Nadie duda en Valencia que se trató de una lucha pura y dura -a dentelladas, desde luego- entre intereses de familias, sin opción de buscar ese tipo de excusas ideológicas que todavía se creen algunos incautos, aquellos que no han entendido todavía como funciona esto de la democracia partitocrática. Más apariencia de transfondo ideológico ha conseguido la batalla de Rajoy con los llamados sectores duros del Partido Popular, encabezados por la Presidenta de Madrid, pero con la alargada sombra de Aznar rondando por los pasillos. Diríase que hay una línea dura que dice tener agallas para poner las cosas claras, siguiendo el azote diario de la Cope y El Mundo, y otros más moderados y con demasiados complejos como para reconocer que ser muy facha hoy en día le quita a uno imagen de corrección política.








Quienes afirman sin rubor que, por ejemplo, Gallardón y Aguirre son cosas completamente distintas, me gustaría que me explicaran qué hay en la formación ideológica de uno y otra que nos permita deducir que su pelea responde a otra cosa que a planes estratégicos de promoción personal. ¿Vertebraría su modelo de gobierno del Estado la gente de Aznar de manera sustancialmente diferente a como lo hará Rajoy si derrota al PSOE en las próximas generales? Iré más allá. ¿Puede alguien explicarme dónde radican las diferencias sustanciales entre el programa Rato y el programa Solbes, los dos proyectos de política económica que ha seguido el gobierno de la nación en los últimos quince años? Dado que aquél es liberal-conservador y el otro social-demócrata (en calidad de tales llegaron a ocupar una macro-cartera ministerial), debo pensar que su rivalidad se basa en la profesión de credos sobre política económica radicalmente opuestos... Sin embargo, y miren que leo con disciplina espartana las páginas salmón de los sábados, yo no acabo nunca de advertirlo.






Se me podría contestar que la política económica es pura tecnología de poder, pragmatismo que actúa en función de circunstancias procurando dejar de lado la fastidiosa carga del fardo ideológico. Es lo que algunos han llamado "Estado Clínico", lo cual no quiere decir otra cosa que poner a tomar decisiones a un tipo astuto y con un buen mapa mental de la economía global y dejarle aplicar ante cada problema el bálsamo más efectivo, de manera que ya serán después los vendedores de humo ideológico los que se encargarán de ponerle a cada decisión la etiqueta electoralmente más rentable. ¿Maquiavelismo? Sí, desde luego, pero fue Alfonso Guerra -un verdadero enfermo del poder partitocrático y, en mi opinión, un personaje nefasto para la democracia española- el que dijo una vez aquello de "¿y por qué ha de ser malo el maquiavelismo?". No sé si don Nicolás era un mal tipo o si le pegaba a su mujer, me importa bien poco, pero lo que defendía me ha parecido siempre repulsivo... Y lo preocupante es que El Príncipe, con medio milenio de polvo de tiempo a cuestas, continúa con una absoluta vigencia.








Alguien dijo que "las luchas internas en la derecha son siempre brutales, casi tanto como las luchas internas en la izquierda". Respecto al tema que nos ocupa en estos días, la ruptura entre PRISA y el Gobierno Zp, creo que deberíamos aprender a que la necesidad de escapar a la ingenuidad no nos haga desembocar directamente en el cinismo. Personalmente, quien salga más contento de este ring, el actual hombre fuerte de PRISA, Juan Luis Cebrián, o el todopoderoso líder de Mediapro, Jaume Rourés, me deja dormir a pierna suelta. Sí me pregunto si el entorno más próximo del Presidente del Gobierno, entorno al que PRISA responsabiliza directamente de la concesión a Rourés de la TDT de pago, acontecimiento fundante de todo este lío, ha valorado las consecuencias de la aventura que ha iniciado. Por edad y por formación, necesito un gran esfuerzo para concebir que un gobierno socialista pueda sobrevivir contra la editora de Polanco. Ni tan siquiera un líder tan carismático como González cometió aquel error, por más que a lo largo del felipato hubo momentos -recuerden el GAL- en que la editora se vio en serios apuros, pues la batalla de la legitimidad empezó a perderla entonces con los medios de la derecha, en especial con El Mundo.



¿Ven alguna sombra de disenso ideológico en esta guerra? Yo tampoco. Veo más bien una partida de ajedrez entre familias, un laberinto de poderes que han chocado y que, como en El padrino, terminarán pactando o matándose entre ellos. Creo sin embargo que es preciso lanzar una mirada de profundidad para, salvado el escollo de lo puramente coyuntural, dar con las verdaderas claves de lo que está pasando.


No leo casi nunca Público y apenas veo La sexta. Como tantos y tantos, alimento mis necesidades informativas con los medios de PRISA para a continuación ponerlos a parir. Soy fiel a El País o la SER por las mismas razones que lo soy a mis viejos amigos o a mi familia: me fastidian sus hábitos y hago un gesto de desprecio cada vez que les oigo los sonsonetes habituales, pero me veo con ellos a diario y, sobre todo, me reuno urgentemente con ellos y me dejo de risas cuando pasa algo verdaderamente serio. Nos guste o no, los medios de PRISA son serios. Muchos de sus empleados y articulistas son personas a las que respeto y a las que, en varios casos, conozco personalmente y aprecio. La hostilidad que a lo largo de los veinte últimos años han lanzado los medios conservadores contra esta editora, bajo el principio de que su poder supuestamente omnímodo tiene secuestrada la libertad de opinión en España, es una de esas mentiras que, a fuerza de escucharse y leerse, termina siendo aceptada. Cuando me levanto por la mañana, puedo encender la tele o acudir al kiosko y, se lo aseguro, encuentro una mayoría de medios de ideología fuertemente reaccionaria, empezando por la cadena autonómica valenciana, que ha superado al No-Do franquista en manipulación ideológica y silenciamiento de la disidencia, siguiendo por la COPE, que envenena de odio los días y las noches de miles de españoles de formación más bien escasa, o la retahíla de diarios que compiten por la portada más sensacionalista y amarilla -del tipo "Zp vende España a Catalunya y similares"- para ver quien vende más ejemplares ese día.



Forjada en el hierro del tardofranquismo y la ilusión de la Transición, la línea de PRISA es indistinguible de la evolución de la social-democracia española. Impostada o no en sus empleados, se basa en una densa fibra moral que le impide, usualmente, traicionar normas básicas -normas de estilo me atrevería a decir- de la tradición progresista. Pueden molestarme, a veces mucho, los artículos de Marías, Montero, Ramoneda, Lindo, Boyero... y tantos y tantos, pero lo que no consigo es imaginármelos en un talk-show pegando alaridos, hablando en tertulias de libros que no han leído o gastándole bromas telefónicas a Paquirrín. Es posible que el problema de toda esta gente, empezando por Cebrián, es que encarna a una generación que empieza a acusar el problema que ellos imputaban al núcleo de poder post-franquista a cuya sombra hostil maduraron: ser viejos. La vejez trae esclerosis y colesterol, el viejo se vuelve conservador, y más en épocas de crisis, donde, ante la incertidumbre, opta por ser fiel a los usos que le han dado éxito desde tiempos inmemoriales.



Tengo amigos que creen que ha llegado la hora de un relevo mediático en la izquierda, de manera que Zp, acaso sin ser demasiado consciente de ello, se habría puesto del lado de la historia al entregar a Mediapro la TDT de pago, lo que podría constituir un golpe casi mortal para PRISA, que atraviesa el momento económico más crítico desde su nacimiento.




¿Ideología? De nuevo creo que es la pista falsa, por más que alguno de mis allegados insista en convencerme que la pueril línea editorial de Público encarna una "izquierda más cañera con los fachas y menos acomplejada que los social-demócratas esos de El País". Valiente estupidez. La línea ideológica de Público y La Sexta carecen completamente de espesor. Son oportunistas y faltones porque carecen de la infraestructura necesaria para diseñar un periodismo crítico y de investigación realmente serio. Es fácil sacar en cada programa a un tipo feo y salido que sueña con tirarse al grupo de tías buenas que constituyen la plantilla del programa, tal y como nos cansamos de ver en Sé lo que hicistéis o El intermedio, lo más parecido a emisiones masivas que emite este canal cuando no tiene un partido de fútbol. Es llamativo que dichos programas se basen en análisis e imágenes de otros medios. A partir de ahí, no parece que su cañero espíritu crítico tenga mucha más enjundia que la de parodiar a un franquista bailando el chiki-chiki, reírse de las melenas de Aznar o explicarnos durante horas que lo que hacen los programas del corazón -no me había dado cuenta- es inmoral. Es una televisión, sí, y eso en España suele equivaler a entretenimiento zafio para desocupados o para momentos de ocio. Quienes así piensan podrían ver algunos programas de Cuatro o de TV3 para entender que sí es posible hacer televisión sin tomar por idiota al telespectador. Pero es que no me parece que la línea del diario Público esté muy lejos de la de La Sexta. Informaciones sesgadas, portadas sensacionalistas, difuminado de los límites entre opinión e información, exceso de imágenes, abuso de información deportiva... No sé qué rumbo terminará tomando este diario, ojalá sea el que marcan algunos de sus pocos analistas realmente rigurosos, pero no parece que sea éste su destino.



¿Por qué? Porque tengo la impresión que el modelo mediático Rourés carece del espesor de un verdadero proyecto de futuro. No sé si hay, como en PRISA, un referente generacional y, por tanto, histórico entre quienes trabajan para él. Lo que sí advierto es que carece de un mapa moral capaz de enfrentarse a los tiempos de la globalización, la precariedad laboral, la crisis del Estado del Bienestar o las invasiones migratorias con un sistema inmunitario lo suficientemente fuerte como para no quebrarse al primer estornudo. No sé si el llamado Imperio PRISA toca a su final. Su modelo de negocio expansivo y con tendencia a diversificar su producto y globalizarse estaba destinado a colapasarse en una Gran Recesión como la que nos aqueja. Basado en inversiones estructurales a largo plazo, PRISA puede haber quedado en una situación muy complicada ante aquellos competidores que han aprendido a vivir de otra manera.



El modelo Mediapro es, en este sentido, acaso más coyuntural. Basado en la filosofía del low-cost, Mediapro apenas gasta euros en prestigio. La inmensa mayoría de sus firmas -Buenafuente podría ser su única excepción televisiva- carecen de prestigio, son puro entertainment zafio y pueril, como los propios speakers de La Sexta, con indudable capacidad de autoironía, no dejan de repetir. "Lo que hacemos es cutre y lo ves porque eres un freaky, pero tenemos el futbol". Mediapro no es una empresa mediática exactamente, es más bien una franquicia con una eficaz infraestructura que invierte en determinadas mercancías -por ejemplo un mundial de baloncesto o el partido de los sábados- sabiendo que, en el peor de los casos, las pérdidas se limitarán exclusivamente a lo invertido en dicha mercancía. Todo lo demás -incluyendo a su personal subcontratado- es atrezzo que se puede tirar a la basura en cuanto venga bien hacerlo.


¿Acabará Rourés con el modelo mediático que ha dominado el imaginario de la izquierda española durante los últimos treinta años? No lo sé, pero, no estoy seguro de que sea lo más deseable.

2 comments:

notorius said...

Enfocas el enfrentamiento entre Prisa y Mediapro de modo adecuado. No se trata de una cuestión ideológica, sino de poder, de lucha de familias, del mismo modo que se producen, tal como apuntas, conflictos -no ideológicos sino de jerarquía- dentro de los partidos políticos. Suelo leer -como tú, querido David- "El País" y suelo escuchar -como tú- "La Ser". Simplemente por una cuestion de concepto, llamésmolo así, aunque a veces también me sacan de quicio. Es posible que el modelo Prisa esté en crisis, pero no veo otra alternativa mucho mejor. Los informativos y programas de "La Sexta" son francamente bochornosos (la verdad es que sólo me fijo ya en las mozas). Creo que es un modelo y un planteamiento acorde con los tiempos de infantilismo en que vivimos y creo que por ahí es por donde van ganando adeptos. En cuanto a la posición de Zapatero y sus acólitos del gobierno me abstengo de comentarios. Saludos. Notorius.

David P.Montesinos said...

Hola, Notorius. Los medios de Rourés los defino como "ingrávidos", muy en sintonía con este modelo de capitalismo al que Vicente Verdú llama "de ficción". No hay densidad moral, no hay trayecto biográfico, no hay, por así decirlo, "drama" político. La historia de los canales enseña de PRISA es en gran medida la de la socialdemocracia en la España que ha ido construyendose como estado moderno y democrático desde el tardofranquismo y la Transición. Toda historia de ese calibre está llena de contradicciones y guarda muertos en el armario. Ahora bien, si la derecha española lleva tantos años insistiendo en desenmascarar el presunto poder omnímodo del polanquismo es en gran medida porque siempre han entendido que El País o la Ser eran su mayor escollo en la contienda partidista contra el PSOE.

Sexta y Público me parecen medios sin espesor, sin fibra moral, sin historia, puro simulacro repleto de signos fáciles y de digestión rápida.