Friday, April 15, 2011







LA SEGUNDA REPÚBLICA
CONTADA A LOS NIÑOS







En los últimos días os ha llamado la atención que un año más, coincidiendo con la segunda semana del mes de abril, algunos de vuestros profesores hayamos conmemorado el día en que se proclamó la Segunda República española, hace nada menos que ochenta años. Por increíble que os parezca aún quedan personas que vivieron aquel acontecimiento, y algunas de ellas participaron en su defensa durante la sangrienta guerra que acabó por destruirla. Hubo quien incluso, tras huir de España ante la perspectiva terrorífica de la dictadura que acaba de imponer el triunfante bando del General Franco, luchó después en Europa contra el fascismo, pasando así de una guerra a otra, de una tragedia terrible a otra todavía mayor. Estos dos acontecimientos sumaron millones de víctimas, y el mundo tardó muchos años en reponerse de tan dolorosas experiencias.











Entiendo que para vosotros la Segunda República no sea mucho más que uno de esos temas con los que os aburre el profesor de Historia. Os aprendéis algunos nombres y fechas, escucháis una y otra vez aquello de la insurrección militar, los tres años de guerra... Finalmente, os examináis, lo olvidáis y a otra cosa. Ya habéis detectado, sin embargo, que a algunos de nosotros este tema nos despierta emociones que sólo a duras penas logramos transmitiros. Muy a pesar nuestro, porque el sentimiento que intentamos compartir con vosotros respecto a la República del 31 es tan intenso como la emoción por un concierto de Bach, la maestría de los cuadros de Velázquez, la perfección de las líneas geométricas o la misteriosa belleza de las estructuras sintácticas.











Ya os he hablado a muchos de vosotros de Galileo. Fue un hombre genial y lleno de amor por las ciencias. Resulta difícil creer que los mandarines de la Iglesia católica de su tiempo tuvieran tanto miedo a que aquel hombre humilde siguiera con sus investigaciones, hasta el punto de que no le ajusticiaron en la hoguera porque sólo en el último momento reconoció aterrorizado que todo lo que decía haber descubierto eran puras invenciones. Por eso leísteis aquello de Descartes en el Discurso del método, que no entendía por qué perseguir tanto a un hombre si en realidad estaban tan seguros de que estaba equivocado al afirmar cosas tan estrambóticas como que la Tierra giraba alrededor del Sol y no al revés. También os he hablado de aquel griego, Sócrates, el cual tuvo que darse muerte sentenciado por la Asamblea de Atenas, que no le perdonó su afición a llamar idiotas a los idiotas, por más que esa es una de las cosas que debe hacer un sabio si no quiere convertirse en un hipócrita. También os he contado las muchas vueltas que hubo de pegarse Karl Marx huyendo por Europa porque incitaba en sus manifiestos a los proletarios de Alemania, Francia o Inglaterra a defenderse unidos de la maldición de la miseria a la que les condenaban los nuevos ricos de la Revolución Industrial.



Definió Luciano Canfora la de pensador como "una profesión peligrosa". Creo que hay algo de la rebeldía de todos estos sabios de la historia en el esfuerzo de quienes construyeron la Segunda República española. Por encima de todo el suyo fue un esfuerzo audaz, una prueba de valor, una emocionante aventura que, por desgracia, terminó trágicamente.









Mirad. Hace muchos años, tantos que yo tenía menos edad de la que tenéis muchos de vosotros, un cura nos daba clase de Literatura en el colegio religioso donde yo estudiaba. Decidió secularizarse, es decir, abandonó la condición sacerdotal, y aquella fue la oportunidad que aprovechó la dirección del Colegio para expulsarle. Todos sabíamos perfectamente que le echaban porque las ideas que nos transmitía en clase les molestaban. Decía cosas como ésta: "la tierra es de Dios, y lo que es de Dios es de todos". Ya veis que no le alejaron de nosotros por no ser suficientemente religioso, sino porque su dios no era tan imbécil como para creer, por ejemplo, en los latifundios. Aquella mañana, un grupo de compañeros de los cursos superiores decidió reunirse en el patio y hacer una sentada para no acudir a clase hasta que les dieran una explicación de por qué aquel profesor tenía que marcharse. El director, un cura tan aficionado a comer ostras que no le cabía el culo en la silla, y tan avinagrado de carácter que parecía enfadado por haber nacido, cogió a los cabecillas y los expulsó del centro. No hubo expediente sancionador, ni se consultó nada con sus padres, ni hicieron falta partes disciplinarios... Les expulsó sin más. Cuando aquellos compañeros cruzaron la puerta del colegio ante nuestra mirada, repletos de dignidad y sabedores del enorme respeto con que les mirábamos abandonarnos, entendí que la Dictadura no había muerto del todo con el General Franco, y que la democracia debía abrirse paso día a día a duras penas entre sus enemigos.



Pues bien, fue toda aquella trama de miseria moral, autoritarismo, violencia e intolerancia, de la que yo viví sus últimos coletazos, la que derrotó a la República en el año 39. Cada vez que oséis interesaros por el tema escucharéis a algunos decir que en ese pasado solo entran los rencorosos y los revanchistas; que hay que olvidar; que para qué se empeñan en buscar cadáveres los familiares de todos esos a los que el Régimen asesinó a millares cuando el enemigo ya estaba cautivo y derrotado... Vais a oírles decir que la República cometió toda suerte de crímenes, que pasó su tiempo quemando iglesias y asesinando curas y monjas; que no querían la libertad sino el comunismo; que no querían el laicismo sino la prohibición de las creencias religiosas...







Me gustaría que algún día leyerais la Constitución republicana. O que estudiaséis la vida o la obra de mujeres como Clara Campoamor o Victoria Kent, que tuvieron la insolencia -en aquel tiempo lo era para mucha gente- de reclamar la igualdad de derechos entre los sexos, eso que ahora os parece "natural" y que, sin embargo, costó muchísimos sufrimientos conseguir. Estudia el proyecto escolar de la República, las llamadas misiones pedagógicas. O su programa de acción institucional para sacar de la pobreza y la servidumbre a un pueblo español que estaba todavía demasiado cerca de la Edad Media. O las leyes respecto al divorcio. O respecto a los derechos de los trabajadores. Quizá ese fue su verdadero gran error: la audacia. Los hombres y mujeres que construyeron la República quisieron avanzar demasiado rápido, trataron de convertir en muy poco tiempo una sociedad feudal en una nación moderna, ilustrada y civilizada. Siempre contaron con enemigos poderosos y terribles, algunos de ellos –por lo visto, tan poco aficionados como los fascistas a la libertad- entre sus propias filas. ¿Los peores? La ignorancia y el miedo. A ambos quisieron derrotarlos y perdieron. Decir que fue, pese a todo, un hermoso intento puede sonar a frívolo, pues la guerra posterior ocasionó más de un millón de muertos. Y, sin embargo, lo fue.



Por todo ello muchos vivimos intentando hacernos dignos de aquella Segunda República de la que nos sentimos hijos. Quizá, después de todo, haya algo de razón en vuestra indiferencia. ¿Cómo pretendemos que compartáis con nosotros un sentimiento por una aventura que ni siquiera vivimos? ¿Por qué conmoverse con algo que pasó hace tantos años? Acaso no hayamos sabido contároslo, o puede que con nuestras vidas no hayamos sabido estar a la altura de quienes forjaron aquel sueño. Ojalá vosotros sí lo seáis, ojalá seáis capaces de recoger algo de aquel impulso, aunque no lleguéis nunca a saber de donde proviene.

23 comments:

Anonymous said...

Excelente, señor Montesinos. Me ha dejado sin palabras. Enhorabuena

A. Lillo

Jose Zaragoza said...

Realmente me parece una falta de respeto a las "creencias" de los alumnos con respecto a lo que has nombrado al principio de conmemorar a la 2º republica delante de ellos, e incluso como he visto en algun centro, que hagan exposiciones fotograficas y den charlas defendiendola.
Ahi es donde se demuestra la imparcialidad del sistema educativo, son un sector debil, donde todavia no tienen claras sus ideas y se intenta inculcar a los alumnos una ideologia determinada.. No me parece nada bien, en absoluto.

Cierto es que cada uno puede pensar lo que quiera y hay libertad de expresion y bla bla bla..pero no lo veo bien, al igual que no veria bien que en un centro se rememorara la epoca de franco y pusieran fotos suyas por todos los sitios.

Si que es cierto que fracaso por que traia unas ideas demasiado innovadoras para la sociedad de la epoca, tal y como estaba estructurada jerarquicamente, pero en realidad, todos sabemos que actualmente con republica o monarquia la situacion seguiria siendo la misma.. el dinero que no se llevan los reyes, se lo llevarian los politicos, que tendrian un mejor sueldo (aun mejor) asi que, que quereis que os diga..dentro de lo que cabe, estamos "bien" asi, ¿me equivoco?

Un saludo.

David P.Montesinos said...

Gracias, Alejandro.

Querido José, no simpatizo con los ideales que identifico con la II República española porque tenga un especial interés en destronar al actual monarca, bajo cuyo reinado no me siento ni más ni menos incómodo que tú.

Por otra parte el sistema educativo, o mejor dicho, los educadores no deben ser parciales. En todo caso deben ser honestos y objetivos. Siempre se toma partido, siempre se eligen unos valores y se inculcan estos en detrimento de otros. Lo que no se debe hacer es manipular a un alumnado que, como tú dices está todavía en fase de formación moral e intelectual. Yo, querido, no adoctrino, yo informo, creo espacios de reflexión y promuevo el intercambio de ideas. No adoctrino porque no estoy interesado en obtener correligionarios, sino en obtener interlocutores. "Doctrinal" es la asignatura de Religión, concebida explícitamente como propagación y defensa de las creencias y los valores de una confesión determinada.

Jose Zaragoza said...

bien es cierto que tu intencion puede ser meramente informativa, pero como ambos hemos nombrado, la franja de tiempo mientras los alumnos estudian en el instituto es donde verdaderamente van a adoptar sus ideales de cara al futuro, y puede correrse el riesgo de que todos los profesores remen hacia un mismo destino, lo que conllevaria a una ideologia comun en todo el alumnado (no se si me estoy explicando).

Bien esta informar, pero digo yo que habria que informar sobre los dos bandos y entonces a partir de ahi el alumno ya podria discernir el a base de los conocimientos que tiene. No se cual sera el caso de tu centro, si el de una misma ideologia, o ambas.

En el caso de una sola, pienso que se estaria cometiendo un error.

David P.Montesinos said...

Mi intención no es sólo "informativa", pretendo documentar aquello de lo que hablo, desde luego, pero lo que pretendo es ofrecer razones en favor de algo, es decir, articular la defensa de una empresa que me parece injustamente olvidada y calumniada.

Un centro público, al contrario que uno privado, que en España se constituye normalmente con un fin evangelizador, no tiene una adscripción ideológica determinada más allá de unos principios de convivencia básicos como los que proclama el marco constitucional y cuyo cumplimiento juramos los empleados públicos.

No es cierto que informemos sobre un bando y no sobre otro. Cuando se habla de la República se habla también irremediablemente de sus enemigos. Insisto en que la aspiración del educador no es la neutralidad, no debe serlo.

Anonymous said...

“ lo que conllevaria a una ideologia comun en todo el alumnado”

Como ex alumna del centro ya te comunico que esto es incierto, cada uno en el instituto reflexiona, piensa o se identifica con un bando u otro ( o no reflexiona directamente sobre nada), es decir los pasillos se convierten en un crisol de ideologías unas veces con unos conocimientos detrás y otras que no. Y ahí es donde creo que debe intervenir el centro, en informar, en enseñar, en explicar, en hacer pensar definitivamente, y no me parece algo negativo ver una exposición de Clara Campoamor, ni tampoco ver poemas de Lorca con una explicación sobre su vida, tampoco una charla sobre unos maquis que prefirieron luchar a ver cuartada su libertad. Claro que no me parecen mal que se hagan charlas, ni exposiciones, ni que nos enseñen los primeros pasos de cómo conseguir una igualdad entre sexos, ni tampoco que se mezcle la historia con la literatura, ni que se hagan exposiciones fotográficas, porque si en el fondo lo que se busca es informar y hacer pensar a sus alumnos, y de paso darles una clase de literatura, o de historia, o de arte… y todo eso siempre desde el respeto a quién no piense de esa manera, me parece perfecto.

Y sí es verdad que es una época complicada donde los alumnos pueden ser influidos, pero siempre se han explicado los dos bandos, también me parece lógico que cada profesor ponga más énfasis donde se siente más inidentificado, es difícil dar una clase de historia objetiva, unos emiten cosas, otros alargan ciertas explicaciones y otros consiguen decir los bueno y lo malo de cado bando, pero estos son los menos claro, somos personas… ¿no?

Y no debemos estar tan bien, cuando la palabra va entre comillas, cuando el dinero se lo llevan o unos pocos, o otros tantos, las cosas no están tan “ bien” como parecen, y yo al menos, con eso, no me conformo…



Alba

David P.Montesinos said...

Hola, Alba, gracias por aparecer. Yo creo -y me parece que coincidimos- que debemos perder el miedo a posicionarse. Creo que se puede ser objetivo en la medida en que uno asume una metodología plausible de acercamiento a la verdad. Lo que no creo es que haya que ser neutral, la neutralidad -tratando de temas que realmente "nos tocan"- me parece insincera o, en todo caso, me parece un síntoma de algo peor que estar equivocado, que es la indiferencia.

Debemos perder el miedo a decir lo que pensamos y a argumentarlo, por eso me molestó tanto aquel joven que insultó a Camps por la calle y luego no se atrevió a explicarse cuando éste se lo pidió. Creo que hay que reivindicar el espíritu de la República y ponerse en condiciones de convencer, algo que no se logra a gritos, si no con razones. Creo en suma que debemos estudiar y saber de qué hablamos y con qué tenemos derecho a emocionarnos.

Anonymous said...

Sr.Montesinos realiza usted un homenaje conmovedor a un tiempo que para muchos jóvenes es la prehistoria y para otros un tiempo olvidado. Que conste que me parece ajustado y entiendo esa reivindicación suya de posicionarse, pero en esa narración del tiempo de la República también hecho de menos alusiones a otras razones de por qué ese proceso de democratización queda de nuevo interrumpido por un golpe militar

Le dejo un artículo de Antonio Muñoz Molina, que he repasado recientemente y que creo que viene al caso en relación a la memoria y al olvido de aquél tiempo. Hay cosas que no comparto, especialmente una crítica excesiva al socialismo, pero es un autor que reivindica como pocos aquellos valores.

http://www.elpais.com/articulo/opinion/Notas/escepticas/republicano/elpporopi/20060424elpepiopi_4/Tes


Reciba un saludo mientras llegan tiempos menos ajetreados.
R.

David P.Montesinos said...

Lo leo con mucho gusto y mucho interés, R. Mi escrito se reconoce a sí mismo como más emocional que documentado, no tanto porque no pueda documentarse lo que uno dice como por el público al que lo dirijo. La pregunta a la que aludo ha surgido más de una vez entre mis alumnos, les cuesta entender esta predilección que sentimos por un fenómeno histórico que parece haberse convertido en leyenda. Lo que hago en el artículo es trazar más que nada un mapa sentimental.

Por cierto, este domingo lo explicaba muy bien Manuel Vicent en su columna habitual.

Voy a leer a AMM.

O profundador said...

"Por encima de todo, el suyo fue un esfuerzo audaz, una prueba de valor...".

Comprendo por qué ha escrito usted estas palabras, que yo suscribo y aplaudo. Aunque no dejo de preguntarme si fue precisamente de audacia de lo que hicieron gala los prohombres del bienio 1931-1933. Honradez, sabiduría, nobles aspiraciones... De todo ello estaban sobrados, cuando menos en comparación con la caterva de fantasmas que se habían deslizado por los pasillos de los ministerios durante el reinado de Alfonso XII. ¿Y qué hay de la audacia? Con no ser especialista en el asunto (¡ni mucho menos!), me atrevo a sugerir que carecieron de ella en un asunto que había de ser capital para la suerte de la República: la reforma agraria. En este punto, para no exacerbar las antipatías de la derecha, quisieron proceder con pies de plomo. El resultado de tanta cautela lo conocemos bien: los jornaleros quedaron insatisfechos... y los propietarios rurales no se mostraron precisamente agradecidos para con aquel Gobierno que había querido proteger, en la medida de lo posible, sus legítimos (?) intereses. Acaso una acción más decidida contra la oligarquía terrateniente (y no pienso en guillotinas, sino en expropiaciones sin indemnización) hubiese rendido mejores frutos; o acaso hubiese precipitado el comienzo de la Guerra Civil...

***

Debo rectificar: mi valoración de los hombres del primer bienio es injusta, porque sí fueron audaces. Tuvieron, en efecto, la suprema audacia de querer transformar profundamente la sociedad española, y al mismo tiempo construir un sistema político liberal-democrático que en España sólo había existido sobre el papel. Todo ello, no se olvide, en un período de graves turbulencias económicas de alcance internacional. Hacía falta mucho valor para embarcarse en una empresa como aquélla; mucho valor, sí, y mucha suerte para acabar recalando en un buen puerto...

***

"Vais a oírles decir que la República cometió toda suerte de crímenes, que pasó su tiempo quemando iglesias y asesinando curas y monjas; que no querían la libertad sino el comunismo; que no querían el laicismo sino la prohibición de las creencias religiosas".

Crímenes execrables, desde luego que se cometieron... aunque no por parte de la República, sino por parte de algunos de sus partidarios (?) en tiempo de guerra. De todos modos, ya va siendo hora de que la historiografía "de libro de texto" empiece a contemplar la primera mitad del siglo XX desde otro punto de vista. Mejor dicho: ya va siendo hora de que comience a formular preguntas diferentes de las que hasta el momento ha formulado. A ver si me explico. La quema de conventos (deplorable, sin duda), o la retirada de los crucifijos de las escuelas, son problemas históricos, son hechos que piden explicación, y que la reciben (mejor o peor, pero la reciben), y que dan lugar a enconados debates, y que... ¿Por qué no es un problema histórico el hecho de que los gobiernos de la Restauración acostumbrasen acabar con las huelgas por medio de descargas de fusilería? ¿Por qué no son un problema histórico los palos que bajo aquel régimen "liberal" se daban a los electores díscolos? Insisto: si queremos tener futuro, tenemos que empezar a hacerle preguntas diferentes a nuestro pasado.

O profundador said...

Para ilustrar lo que dije sobre los "palos", copio el curioso preámbulo de una obrita titulada "Anecdotario de la Falange de Orense", que lo es de un tal Fernando Meleiro, y que vio la luz en 1957:

"Cuando me hice cargo de la Jefatura Provincial de la Falange, allá por noviembre de 1934, no era un advenedizo en la política de estilo nuevo, directo y combativo. Me presentaré: este humilde servidor de ustede forma parte de una generación universitaria que odiaba la política al uso. Me he expresado mal; no era odio exactamente lo que sentíamos por la política, sino más bien asco. Por el año 1918 estaba ya en la Universidad. Una auténtica nausea difícil de vencer nos apartaba de la cosa política. Y quienes pensasen dedicarse a ella habían de ocultar tal vocación si no querían verse menospreciados. No nos iba la política al estilo de entonces. La teníamos por cosa nefanda, por ocupación 'non sancta'. No extrañe, pues, la nausea.

Sin embargo, o quizás por eso, acudimos en masa al llamamiento que por entonces nos hizo Maura para que repartiéramos estacazos en los Colegios electorales un domingo de elecciones. Los repartimos a conciencia. Hablo de Valladolid, en donde yo estudiaba. No recuerdo los detalles. Se nos convocó para limpiar de sabandijas la charca política. Nos pareció bien, decente, la operación. Maura era simpático. El único que podía arrastrarnos. Regalaban las estacas. Acudimos sin remilgos y pegamos fuerte. Perdió las elecciones. Se ve que no estaba ahí la solución. Nosotros nos apartamos incontaminados, y las cosas continuaron igual hasta la Dictadura. Esta era otra cosa. No nos satisfacía enteramente, pero se podía aceptar sin sonrojo la intervención en el cotarro. Y no faltó de entre nosotros quien la apoyase con entusiasmo, sin que nadie se lo reprochase".

David P.Montesinos said...

Justamente ahora estoy leyendo el célebre cómic "Amores frágiles", que entre otras muchas cosas explica las circunstancias del ascenso del Partido Nazi en Alemania. Es curioso: cuando lo ves a distancia crees que Hitler era poco menos que el destino irremediable de aquella Alemania que terminó inmolando la paz de Versalles y la República de Weimar. Después, cuando estudias el discurrir semana a semana de los acontecimiento te das cuenta que lo que terminó tomando forma con fuerza incontenible era tan sólo una posibilidad entre otras, y probablemente no la más previsible, no al menos en aquel momento. Muchísimos alemanes no creían en Hitler, les parecía un tipo mezquino e irrisorio, otros le apoyaban a medias porque no sabían exactamente de lo que era capaz si le dejaban, otros odiaban a aquella gente del Partido Nazi, pero cometieron el error de despreciar su capacidad y les acabó tragando el terremoto... De una u otra manera, es evidente que la corriente se fue haciendo más y más intensa y ganando adhesiones precisamente porque en momentos de amargura y miedo se termina siguiendo al que tiene liderazgo y determinación, aunque sea un idiota moral y lo que proponga sean barbaridades.

Temo que algo de eso pasó aquí a tenor del texto que nos ofreces. Y ¿sabes? últimamente, con toda esa caterva de la caverna mediática y tanta gente enfadada con Zp o con los inmigrantes me pregunto si no estamos incubando los virus que hacen posible el regreso de los bárbaros. Me lo pregunto de veras.

O profundador said...

Muchas gracias por tu respuesta (supongo te puedo tutear). Y convengo contigo en que las puertas de la barbarie, en épocas de crisis como esta, no están cerradas a cal y canto, sino entreabiertas. Consolarse pensando que a estas alturas hay cosas que ya no pueden suceder es una muestra de ingenuidad. Una vez, leyendo a Josep Fontana, me tropecé con una frase de Walter Benjamin que encajaría a las mil maravillas en este contexto; pero no tengo el libro a mano...

***

Lamentablemente, el primero de los dos comentarios que escribí anoche se ha extraviado, de modo que los lectores quedarán un tanto desconcertados ante el "Para ilustrar lo que dije sobre los palos" con que comienza el que sí se ha publicado.

David P.Montesinos said...

Hola, O Profundador, Blogger tiene bastante mala leche para los posts, pues cuando uno se alarga en exceso -y te agradezco que te alargues "en exceso" si ha sido así- te impide poner el comentario, de manera que lo mejor es darle a "enviar" en cuanto lleves tres o cuatro párrafos y seguir adelante como si fueran varios comentarios. En su defecto, no olvides darle a copiar antes de enviar. Mis disculpas, lo siento de veras. La verdad es que ya supuse que pasaba algo de esto cuando hablabas al principio de algo que no nos sonaba y que habías dicho antes.

No sé si el libro de Fontana al que te refieres es El historiador de guardia. Justo Serna tiene una reseña a su respecto en Ojos de papel. De Benjamin me viene continuamente a la cabeza aquella frase célebre de "todo documento de cultura es a la vez un documento de barbarie", aunque no creo que sea esa a la que te refieres. Tampoco ésta otra, aunque quizá tenga un poco más que ver.

"En cada época hay que esforzarse por arrancar de nuevo la tradición al conformismo que pretende avasallarla. El don de encender en lo pasado la chispa de la esperanza sólo le es dado al historiador perfectamente convencido de que ni siquiera los muertos estarán seguros si el enemigo vence. Y ese enemigo no ha cesado de vencer"

Coincido contigo en que las puertas están entreabiertas para cualquier cosa, como siempre ha ocurrido en la historia contemporánea, aunque creo que el estilo de fascismo que se nos viene encima, que ya está de hecho cotidianamente entre nosotros, es diferente al que tanto poder otorgó a los fascismos de los años treinta. Sería cuestión de emplear tiempo en definirlo, aunque podríamos coger el berlusconismo como modelo y nos resultaría más fácil.

O profundador said...

La frase de Benjamin era esta: "El estupor porque las cosas que vivimos sean AÚN posibles en el siglo XX no es NADA filosófico. No es el comienzo de ningún conocimiento, salvo el de que la idea de la historia de la cual proviene carece ya de vigencia". Yo la descubrí en la página 259 de "Historia: análisis del pasado y proyecto social", de Josep Fontana, a quien debo todo lo poco que sé de Benjamin. Y no lo digo por decir: hasta la fecha no he tenido ocasión de leer a Benjamin directamente, sin intermediarios. ¡Vaya un erudito de pacotilla que estoy hecho!

***

¡Ah! Se me olvidaba: muchas felicidades por la próxima paternidad, de parte de un padre primerizo.

Tobías said...

Quisiera saludar cordialmente a Jose Zaragoza, espero que mi preseincia no le sea ingrata, aunque siga sin estar demasiado de acuerdo con sus comentarios. Me alegro de que vuelva a visitar este blog, incluso que lo haya buscado tras un tiempo de extravío; uno también está imbuido de ese espíritu ilustrado del que participaba nuestra República y que veía en la educación el fundamento del mejoramiento humano.

La imparcialidad y la objetividad son dos conceptos que Jose ha cuestionado tras el artículo de David; a mi me gustaría hacer algún comentario respecto a esto y en relación a la Historia. Nada hay más tendencioso que un historiador que se presenta como imparcial, lo sé porque la historia nunca ha sido la narración inocente de acontecimientos concretos. Se vestirá con ropajes académicos y respetables pero quienes se encargan de una tarea como esta tienen una función social muy concreta y definida, la justificación del orden establecido. Ni la más aséptica y positivista exposición de hechos resulta inocua, al contrario, es tranquilizadora y busca anular conciencias; no creo que el mundo esté para eso, está más bien para que expliquemos la historia casi desde la indignación, creando conciencias críticas, lúcidas y cuestionantes. Ni un divertimento, ni las reflexiones ajenas a la realidad de un grupo de especialistas, es un instrumento de cambio social, o como decía Voltaire: "Escribir historia debería ser una forma de batalla en la vieja guerra por nuestra emancipación intelectual".

David lo ha repetido en varias ocasiones, esto no es adoctrinar, adoctrinan los fascistas y quienes creen que sus normas morales tienen un valor universal; los demás exponemos interpretaciones que siempre pueden ser discutidas. Precisamente por eso, porque interpretamos, nunca se puede ser imparcial; otra cosa es que uno procure ser objetivo entendiendo como tal el respeto al utilizar las fuentes y la honestidad a la hora de exponer conclusiones. Considero que esa forma de hacer historia es la que contribuye a formar ciudadanos libres, conscientes de sus derechos y capaces de hacer un uso público de su razón.

Tobías said...

En la base del proyecto republicano están todos esos principios de los que he hablado; ahora bien, como he dicho que pretendo ser objetivo no tengo inconveniente en decir que mi posicionamiento en favor de los valores republicanos no supone una defensa incondicional de lo que fue la II República: me cuesta reconocerme en el tono radical-burgués temeroso siempre del poder popular, rechazo el miedo cerval a la revolución que manifestaron la mayoría de dirigentes republicanos y lamento en lo más profundo la incapacidad para unirse que tuvieron los antifascistas cuando era más necesario.

Pero como yo no soy un informador imparcial sino alguien que explica la historia desde un posicionamiento ético, considero que los mejores valores de los que podamos enorgullecernos hoy son los que defendió la República, nuestro auténtico referente y no el pasteleo infame que se llevó a cabo durante la Transición. Estoy con la República porque, cuando se produjo la sublevación militar, todo verdadero antifascista tuvo claro cual era su bando y que había que tomar las armas para defender la libertad ganada tras siglos de opresión. Y soy parcial a favor de la República porque con ella estuvo, no solo un esfuerzo heroico de resistencia, sino la voluntad de cambio frente a los privilegiados, frente a los militares facciosos y frente a la Iglesia, precisamente todos aquellos que han mantenido este país en la ignominia y tratarían de seguir haciéndolo a poco que se les permitiera. Si estos no son aspectos que merezcan defensa y memoria es que nos dirigimos directamente hacia eso que La Boetie llamaba el servilismo voluntario.

David P.Montesinos said...

Gracias O Profundador, es posible que haya de pedirte consejos respecto a esta ciencia tan abstrusa de la paternidad. En la defensa de mi tesina se me acusó solemnemente de eso de lo que tú te autoacusas: recurrir a lo que la profesora en cuestión llamaba "literatura secundaria". En cualquier caso, la sentencia de Benjamin me parece trascendente. Baudrillard construyó toda su obra en torno a ese sentimiento de clausura: dejamos de disponer de la "historia" en la medida en que la sociedad de la información nos impide tomar respecto a su relato la distancia mínima necesaria como otorgarle una verdadera significación. En un momento como el actual, donde nada parece tener tiempo para cristalizar y hacerse "real" -real en el sentido de realidad que ha construido toda una civilización durante milenios- los tiempos que maneja la Historia para crear sentido se vuelven inconcebibles.

David P.Montesinos said...

Brillante exposición, Tobías, tengo algunas discrepancias dentro de un fondo de acuerdo, sobre todo cuando el final de tu intervención te refieres al coraje y la determinación para defender un modelo de sociedad como valores ejemplares de la gente que tuvo que ir a la guerra. Me cuesta considerar "infames" los procedimientos de la transición, lo cual no me lleva en ningún caso a sacralizarlos. No pretendo ser moderado ni "pastelero". Es más, me molesta el tono paternalista en el que los participantes en la gestación de la Carta Magna hablan hoy de aquello, como si la democracia nos la hubieran regalado ellos gracias a su enorme astucia y a su talante para el consenso. Creo que, en cualquier caso, lo que se creó entonces era lo menos malo que podíamos tener, habida cuenta de que la gente que cuarenta años antes había tenido valor para organizar un modelo social realmente avanzado para la Europa de su tiempo ya había sido aniquilada sistemáticamente por el fascismo. Y, por otra parte, creo que la libertad se construye a cada momento, que la hemos de hacer cada jornada y en cada palmo de terreno -esto lo creo firmemente- junto a los jóvenes, sin melancolías ni pecados originales. Creo que esto es lo más "republicano" que podemos hacer.

Tus sospechas respecto al historiador neutral me parecen perfectamente explicadas. Una vez oí decir a alguien que había leído mucho a Foucault que uno es político hasta cuando coge una cámara de cine y empieza a grabar, que ni sus encuadres son "neutrales". Imagínate entonces la labor de contestar a la pregunta: "¿cómo hemos llegado a ser lo que somos?", que es la pregunta historiográfica por antonomasia.

R. said...

Bueno a ver si como dicen en mi pueblo por estos días los capataces: “ a ehta eh”, que Blogger tiene mala leche y publica lo que quiere.

Le decía el otro día a propósito del artículo de Manuel Vicent (aunque ha debido perderse por el ciberespacio) que hay algo que no comparto, entiendo de alguna manera lo que quiere transmitir, pero creo que ofrece una imagen muy idealizada. En aquel tiempo, desde luego la constitución republicana del 31 fue un hito: las primeras elecciones libres y por primera vez en nuestro país con los mecanismos que aseguraban la transparencia. Igualdad política individual por la restauración del sufragio universal y colectiva para la libre concurrencia entre partidos, pero también en aquel tiempo había muchos intereses partidistas. Para unos, incluso hasta dentro del Socialismo, la República era un fin, para otros solo un medio.
Comparto lo que expresa Tobías, no sé por qué tuvo la izquierda esa incapacidad de unirse. Me falta un mayor conocimiento de ese periodo, pero no entiendo es fragmentación de la izquierda en un momento crucial cuando su complicidad venia desde los inicios del siglo, entonces sí entendieron la necesidad de constituirse como un partido de masas, y lucharon unidos ante las estructuras caciquiles y clientelares y fraudulentas del periodo de la restauración.

R. said...

No sé si eso sería “adoctrinamiento” pero quizá sus alumnos deberían saber quienes fueron los enemigos de la República desde su inicio. Efectivamente el error de la República fue pensar que podía acabar con unas estructuras de poder firmemente arraigadas, cuando ni tan siquiera pudo neutralizarlas. Ahí empezaron sus problemas. Por qué no hablarles del papel de la iglesia, uno de sus mayores enemigos que, bajo la protección de la Dictadura, mantenía una posición privilegiada. Hay que imaginarse la reacción de la Santa Madre Iglesia ante una Constitución que eliminaba la financiación estatal del clero, prohibía el ejercicio de la enseñanza a las órdenes religiosas e introducía el matrimonio civil y el divorcio. Con la Iglesia topamos, vaya si topamos.

Ah, por cierto, para mi bochorno y vergüenza en mi anterior intervención “echo” de echar, (de menos o de más) se me convirtió en “hacer”. Mis disculpas

Saludos R.

David P.Montesinos said...

Hola, R. Blogger tiene muy mala hostia. No se disculpe, considérelo un lapsus de amotinamiento subconsciente contra el corsé ortográfico: mis momentos más luminosos aparecen en el equívoco... y son peores que los suyos, se lo aseguro. Bueno, iba a poner el link, pero voy a poner el artículo de Vicent completo. Merece la pena. Helo:


"Existen reservas naturales a las que no se puede acceder sin un permiso especial y gracias a la protección de las leyes algunas islas, ciertos parajes, se mantienen todavía incontaminados. Esos espacios preservados sirven entre otras cosas para purificar también nuestra mente por el solo hecho de viajar a ellos con el pensamiento. Aunque sea imposible llegar al corazón virgen de la naturaleza, para sentirse igualmente limpio basta con imaginar que en algún lugar del planeta aún quedan ríos azules, valles intactos no especulados y montes donde subsisten las mismas plantas autóctonas desde el cuaternario. En cierto sentido la Segunda República es también una reserva política que habita en la mente de muchos españoles sin la necesidad de volver a ella sino con la imaginación, como un ejercicio regenerador y didáctico. La República supuso en la historia de España una corriente de aire puro de renovación basada en la inteligencia, en la libertad, en la cultura y en la justicia social, que terminó en un baño de sangre. Aunque para algunos ciudadanos la Constitución de 1931 fuera un hecho nefasto, la causa de toda desdicha, aquella aspiración de modernidad frustrada por la violencia fraticida supone para otros españoles un hito nostálgico, como un amor perdido de juventud. Pero por fortuna el recuerdo de la Segunda República estará siempre asociado a las flores de acacia de mitad de abril, a la Niña Bonita del azar, a una primavera inevitable, que se renueva cada año como un lugar iniciático adonde uno debe volver para regenerarse políticamente. Sin duda el recuerdo de aquel tiempo está dorado por el polvo amarillo. Puede que aquellos próceres republicanos que venían del regeneracionismo con el empeño de una España europeísta, laica, racional y progresista fueran unos ingenuos cuyo sueño se vio devorado por las fuerzas ancestrales de la España negra, pero su estela quedó en suspensión en la atmósfera y cada abril se posa en el inconsciente colectivo. Si la República es hoy una meta inalcanzable, no por eso deja de ser una reserva espiritual, un paradigma político de la memoria, lo mismo que ese territorio imaginario donde se extienden litorales todavía vírgenes y discurren ríos azules en cuyas aguas es obligado volver siempre a bañarse."

David P.Montesinos said...

Por cierto, coincido con usted en todo, incluso en aquello en lo que parece que no, lo que dice respecto al idealismo del artículo de Vicent, que podría ser también el de mi escrito. Tan solo un matiz, que es ante todo una cuestión de pulcritud intelectual. La República no es que metiera la pata unas cuantas veces, es que seguramente no paró de meterla. Defiendo la Segunda República precisamente porque instituyó una peculiar forma de "desorden", y es en ese desorden de la vida civil llamado democracia (estoy pensando en Julien Benda y "La traición de los clérigos") donde es posible y aún irremediable cometer errores. El bando ganador, por contra, no se equivocó nunca. Entre otras cosas, nunca titubeó, ni durante la guerra ni después, durante los cuarenta años en que practicó una minuciosa tarea de destrucción de la disidencia. Se defiende la República no tanto por sus logros como por el horizonte moral dentro del cual nos impele su recuerdo a instalarnos. Se lo diré de otra manera: si todavía España no me parece lo que oigo decir que es a los independentistas cantonales del País Vasco o Catalunya es simplemente porque antes de esa cosa tan cutre y tan lamentable del nacional-catolicismo hubo una segunda República.

Y otro matiz, este muy pequeñito. Yo no tengo ninguna duda en relación a lo que el anterior opinante manifiesta del adoctrinamiento: adoctrinar es otra cosa. No adoctrino porque no manipulo ni desinformo, muy al contrario. Y todo ello por la sencilla razón de que no busco prosélitos, no deseo que haya otros que compartan mis opiniones, las cuales son probablemente frágiles y confusas. Lo que pretendo es ayudar a mis alumnos a pensar y crearse una visión del mundo. Me parece mucho más manipulador el criterio supuestamente neutral que niega la tentación de la memoria, declarándola deudora de un impulso vengativo y revanchista. No pretendo que regrese la Segunda República, ya sé que eso es imposible, lo que pretendo es que, cuanto menos, aprendamos a pensar en lo que perdimos por el camino. Y la amnesia es enemiga de ese esfuerzo.