Friday, October 06, 2017

NO, AMIGOS, LA REPÚBLICA CATALANA NO ES UNA OPORTUNIDAD

Algunos amigos han intentado convencerme en las últimas semanas de que el "Procés" y su resolución deseada, el nacimiento de la República de Catalunya, constituye una inmensa oportunidad de hacer una sociedad mejor, y no sólo para los propios catalanes, también para los demás pueblos que forman parte actualmente del estado español.

Miren, yo creo que arrastramos algunos hábitos de pensamiento que remiten a un paisaje socio-político felizmente al actual: el Régimen de Franco. En lugares como Catalunya o Valencia, aunque también en Galicia o Euzkadi, la oposición a la Dictadura hizo embarcar en la misma nave a fuerzas tan dispares como el comunismo y el cantonalismo. Franco no sabía muy bien de qué hablaba cuando se refería a "la conjura judeo-masónica" como quien nombra a la bicha, pero creo que reunía bajo tan delirante palabro a todos los que le molestaban. En cuanto a aquellos, incluso en Madrid coreaban canciones de Lluís Llach creyendo que aquella estaca que entre todos habríamos de tumbar era el Tirano y no la idea de España.

Décadas después seguimos equivocándonos, no entendemos que aquella convergencia era coyuntural. Uno puede creer que es muy progresista pretender autogobernarse, pero no parecen serlo tanto el empeño en levantar muros y fronteras, la obsesión identitaria o la negativa a aportar fondos solidarios y de cohesión hacia comunidades menos desarrolladas. Tampoco conviene olvidar el daño que al movimiento obrero le han hecho históricamente los nacionalismos, auténtico cáncer para el proyecto de las distintas Internacionales proletarias. 

Y sí, la izquierda es por lo común más sensible al hecho diferencial y el carácter plurinacional del Estado por una sencilla cuestión de principios éticos. La derecha suele ser nacionalista, no hay más que fijarse en el PP, en Trump o en Le Pen, con lo cual no es sorprendente, frente a los nacionalismos que le perturban, que opte por el derecho de conquista y la ley del más fuerte, de lo cual tuvimos un ejemplo en las brutalidades del 1-O. El diálogo le interesa bien poco. 

Volviendo a los principios que siempre definieron el discurso de izquierda, no creo que nos encontremos ante una revuelta de clase, sino más bien ante un motín de trasfondo identitario dirigido por una burguesía cantonal.

¿Y la CUP? Sospecho que es lo que los biólogos llaman una especie oportunista. Quizá toda revolución necesite sus sans-culottes, pero dado que la obsesión de Puigdemont y su gente es ahora mismo el reconocimiento del Estado Catalán por la Troika europea, no veo que la CUP, por su supuesta vocación antisistema, termine siendo para ellos otra cosa que un estorbo. Y ya sabemos cómo acabó Robespierre. 

Advierto en los autores del Procés una tendencia a ver el Mal en lo español, identificándolo con la idea de un Estado opresor. Este planteamiento tiene bases históricas, no hay duda, pero parece difícil convencer a un jornalero andaluz de que el Estado es un mal en sí mismo, pues para aquél el mal no es el conglomerado nacional del que forman parte, sino los latifundios y los caciques. Es esta la razón por la cual en Andalucía, al contrario que en Catalunya, jamás gobierna la derecha. 

No es nada escandaloso que para un ciudadano de Catalunya los españoles resulten plastosos y antipáticos, pero hablar de la descomposición de España como una oportunidad para todos los pueblos que conforman el viejo Estado es saltar de forma tramposa desde la propia fobia hasta los intereses de los vecinos frente a los que uno planea levantar muros en breve. En este sentido, pertenecen a la misma lógica las opiniones que llaman fascista a Joan Manuel Serrat -hay que ser ignorante- que las que nos identifican a todos los españoles con Rajoy. Pretender que España sea -como he oído últimamente- un "estado fallido" es no saber lo que es un estado fallido, aludir a lo español como perverso me parece un ejemplo de racismo. 

Subyace, aunque raramente se enuncie, la presunción de que "los catalanes somos mejores, ergo nuestro Estado será mejor". En un tiempo en que el sistema parlamentario ha fracturado su credibilidad social por la corrupción, cuesta aceptar el complejo de superioridad catalán teniendo en cuenta que el asunto del tres por ciento es uno de los casos de corrupción sistémica más escandalosos que jamás hayamos conocido. No obstante siempre he pensado que Catalunya es una nación con más inclinaciones europeístas que el resto de comunidades del Estado, quizá incluso sea -y acaso estoy ya cayendo en el racismo que denuncio- más civilizada y pacífica, pero los mecanismos de su innegable prosperidad son burgueses. Eso no es malo ni bueno, pero es suficiente para que no pensemos que lo que está emergiendo es una república socialista. Conviene no olvidar que el fenómeno de la lucha obrera en el Principado está a lo largo de la última media centuria vinculado a la inmigración procedente del Sur de España, la cual no se siente mayoritariamente representada por los independentistas. Lo que ahora presenciamos no es un episodio de la lucha de clases, es otra cosa. 

He defendido en distintas ocasiones el derecho a la autodeterminación de Catalunya. Voten que sí si creen que les va a ir mejor sin nosotros, pero no me pidan que comulgue con una operación que va a lesionar seriamente el futuro de millones de personas que, honestamente, creemos que España está mejor con Catalunya que sin ella. La verdadera oportunidad es luchar entre todos para alcanzar una sociedad más justa.   

2 comments:

Anonymous said...

Creo que todos sabemos las consecuencias de una Cataluña independiente (Galicia, Pais Vasco, Valencia etc. –incluso voy a incluir a Madrid, cuyos ciudadanos están tan hasta los guevos como puede estar cualquier ciudadano de este país, incluso más-)
Sabiendo las consecuencias (empobrecimiento de los catalanes, enriquecimiento de cientos de industrias españolas que se relamen ante la posibilidad de sustituir la mercancía que viene de Catalonia y en primera instancia una merma de los presupuestos generales del estado, por ende menos dinero social) creo que todos estamos preparados. No existe la equidistancia tan cacareada, pero sí la madurez de quienes la expresan/mos para dar nuestro brazo a torcer ante el aburrimiento del asunto.
Lo he dicho muchas veces, si los catalanes se quieren ir, hay que facilitar un referéndum en condiciones, exigiendo a los convocantes acaten sin matices el resultado. Después, amoldarse a la nueva situación de la mejor manera posible. Si se piensan que independizándose de España no se llevarán con ellos su correspondiente cuota de la mezquindad política – la cual ha hecho de este país lo que es- sinceramente no están capacitados para contribuir a un proyecto común. En Cataluña nacen y han nacido demasiados impresentables que a la postre han dirigido el rumbo de este país (España)

Sin embargo no dedicaré una línea a rebatir razones independentistas, desmentir embustes o defender o atacar ningún punto de vista. Causa un aburrimiento mortal. No apostaría a que los líderes catalanes no terminen reculando en su embate independentista a poco que entren en razón, -ante la experiencia empírica de lo poco nacionalista que es el dinero- pero de poco servirá después de que hayan desquiciado a los catalanes hasta el punto de convertirles en talibanes totalitarios. El daño está hecho. Una vez que la maquinaria fascista se pone en marcha, ni siquiera quienes iniciaron su proceso pueden pararla. Antes de un conflicto es mejor retirarse, dejar decidir a ese pueblo.

MA

David P.Montesinos said...

Parece incongruente afirmar que comparto el hastío teniendo en cuenta que no he dejado de hablar del tema últimamente, pero seré incongruente: también estoy harto. Está bien lo que dice usted del hartazgo madrileño, a menudo se habla desde Catalunya de "Madrid" como si el problema se redujera a una cuestión de pueblos enfrentados. Eso quisieran ellos que pensáramos todos, aunque viendo el pifostio del día de las fuerzas armadas no me extraña que lo español -con bandera del toro incluida- caiga mal a bastante gente. Yo también he defendido muchas veces el referéndum, aunque no de la manera que se ha hecho, of course. Tiene razón en lo de que Catalunya nos ha dado a muchos impresentables, pero también a gente muy valiosa, algunos que por cierto escriben en castellano.