Saturday, March 17, 2018

AFORISMOS PARA FASTIDIAR. EL ODIO.

1. Quienes me odian porque les he dado motivos... qué tediosos y previsibles resultan en su rencor. Por contra, aquellos que me odian sin motivo... que misteriosa fascinación ejercen a mis ojos. Repudian lo que soy, lo que represento... experimentan aversión ante cualquier cosa que hago, incluso cuando respiro. Algunos -estos son los mejores- a duras penas  alcanzan a disimular su rechazo. En su hostil vigilancia cuidan de mí con un mimo y una dedicación que dudaría en exigir a mis allegados.  

2. Cuando leí mi tesina en la Universidad intervinieron dos catedráticos. Una hizo todo lo posible por destruirme, intentó ridiculizarme, porfió reiteradamente en su intervención para convencerme de lo pequeño e insignificante que yo era. El otro, un tipo de enorme talento y con un prestigio que nadie se atrevía a cuestionar, adoptó ante mí una actitud condescendiente y me perdonó la vida... Incluso elogió algunos aspectos de mi trabajo que le parecían valiosos. Qué aristocrática distinción la de aquel hombre: simplemente él no me temía. 

3. ¿Quieres que nadie te odie? Prueba a cortarte las dos piernas y sal a la calle en silla de ruedas. 

4. Los curas de mi colegio eran por lo general odiosos y mezquinos. Un día llegó uno de las misiones -se llamaba Vicente-  que tenía el poder hipnótico de los santos. Las clases de Religión de Vicente son lo más cerca que he estado de creer en Dios. Le amábamos y, en los pocos meses que pasó con nosotros, dejó una huella indeleble. Sin embargo uno de mis amigos manifestó reiteradamente su aversión por Vicente: "No lo trago", decía a menudo. Deberíamos extraer conclusiones de aquello. Hagas lo que hagas, aunque como un mártir te entregaras con todo el alma a las más nobles proezas, jamás podrás gustar a todo el mundo. 

5. "¿Por qué no le quieres?", preguntaba a menudo mi madre con profunda frustración a mi abuela refiriéndose a su marido, es decir, a mi padre. Mi abuela nunca supo qué contestar. Era como preguntarle a un escorpión por qué odia a las mangostas. 

6. Algunos tipos perspicaces, cuando regresan de un viaje por el Medio Oeste de los Estados Unidos dicen que en las praderas desiertas se presiente, como un ejército de fantasmas, a la raza que los invasores blancos aniquilaron en un lapso de tiempo de espeluznante brevedad. Dijo Bauman que la modernidad empezó el día en que un Príncipe creyó que era posible extirpar el Mal de la faz de la Tierra exterminando a las colectividades que le molestaban. Pero no se extermina impunemente, el hueco que deja una tribu suprimida deja una atmósfera cargada de hechizos. 

7. Ningún sentimiento más bíblico, más ancestral que la venganza. No soy ajeno a él, pero sé que no se sobrevive a su consumación impunemente. La venganza es el mayor veneno inventado por el hombre.  

8. Me deja tan perplejo que la Tierra no haya decidido aún librarse del mono raro que somos... ¿No lo merecemos más que los saurios? A veces me pregunto si nos prepara una extinción humillante y dolorosa.

9. Imposible para nosotros leer la Biblia sin espantarse ante sus ruindades, venganzas y sangrientas arbitrariedades. Los Evangelios, por contra, inclinados a la superioridad moral... qué irritante ladrillo.

10.  Los grandes relatos sobre el odio, la venganza y la crueldad sólo son posibles a costa de asumir que la existencia humana es un trágico sinsentido. Piensen en Edmundo Dantés contra quienes le delataron falsamente en El Conde de Montecristo, Ethan Edwards contra Cicatriz en The searchers de John Ford, Ripley contra el alienígena en las distintas entregas de Alien... Lo relevante de tan sombrías historias no es la justicia del ritual sangriento que llevan a cabo, ni la endemoniada malignidad del enemigo... Lo que realmente les otorga grandeza -y esto lo entendió Shakespeare como nadie- es que el odio y su poder destructivo contaminan de tal manera a quienes lo ejercen que sólo completarán su venganza a costa de quedar envenenados para siempre.  





1 comment:

Anonymous said...

Para ilustrar el punto 6, recomiendo ver la película “la playa”, basada en la novela de Alex Garland.

Sobre su post, es sumamente entretenido, pero no olvide una cosa: el odio es un sentimiento que puede ser condonado (en ambas direcciones) sin embargo la indiferencia es la condena más dolorosa.

MA