Thursday, April 24, 2008










EL SUEÑO TERRORISTA





La verdadera razón por la que Hitler me parece un monstruo no es que se dedicara a matar gente a espuertas -en esto es un recordman mundial, pero tiene rivales sumamente competentes- sino porque su crueldad sin límites está amparada en un proyecto de exterminio frío, metódico y perfectamente racionalizado. Si ustedes leen Mein Kampf, un texto filosóficamente de ínfima categoría, se darán cuenta de que la degollina que vino después no hizo sino responder a un programa que ya había sido anteriormente urdido en frías instancias. Lo demás no fue mucho más que un cálculo de costes, porque incluso para matar hay que tener buenos gestores, y, puestos a borrar de la faz de la Tierra a judíos, homosexuales o gitanos, mejor hacerlo sin gastos extra.




El nazismo, en tanto que procedimiento de eliminación de desechos o sustancias indeseadas, alcanza niveles de pulcritud, rigor e higiene dignos de muchos Premios Nobel... de hecho, Auschwitz ya fue un campo de internamiento de discrepantes políticos antes de convertirse en el eficacícisimo y sofisticado laboratorio de la muerte masiva que terminó siendo en sus años más productivos. Ahora bien, no es cierto que carezca de precedentes en la historia, (como tampoco lo es que no haya tenido brillantes imitadores a posteriori, otra cosa es que morir siendo camboyano, iraquí o ruandés merezca menos Paseos de los Justos o Listas de Schindlers que hacerlo siendo judío... pero esta es otra historia)



Por ejemplo, en La posmodernidad y sus descontentos, Zygmunt Bauman habla de Fernando el Católico como el primero de los hombres modernos, si entendemos la modernidad como el periodo en que el ser humano apuesta decididamente por abolir el desorden, la ambigüedad y el equívoco de su vida para instalarse en la luminosidad de una Verdad sin contaminación ni mestizajes. El decreto de expulsión de los judíos en 1492 es el acto fundacional de un nuevo Orden cuya lógica ya no cabe en el estrecho círculo del espíritu medieval, demasiado convencido de que la presencia en nuestras calles de hechiceros, locos, leprosos y extraños de todo tipo es un designio divino contra el que nada se puede hacer. Desde aquel gesto nefasto con el que se celebró la conquista cristiana del último reino andalusí, el ser humano entendió que era posible expurgar el Mal de la sociedad, entendiendo el Mal como lo Otro, lo Distinto... todo lo que de alguna manera amenaza con contaminarnos... y con seducirnos.







Hay una novela desgraciadamente no traducida al español Il mondo senza done, de Virgilio Martini, donde se ironiza con la posibilidad de que una misteriosa enfermedad, la "falopitis", acabe con todo el género femenino. Bien pensado, la mayoría de los problemas de mi vida han venido por mi incapacidad para gestionar adecuadamente la dificultad de tratar con mujeres. En tanto que para mí la mujer es el Otro, la ambigüedad en la que se van urdiendo los hilos de mi relación con ella ha tendido con frecuencia a desesperarme. ¡Qué fácil sería vivir sin mujeres! Las cosas volverían a ser claras como la luz del día, yo no volvería a exponerme al riesgo de que algo que me gusta demasiado pueda decepcionarme... pasaríamos los días viendo partidos de futbol, discutiendo de política, haciendo concursos de pedos y pegándole impunemente al más tonto de la clase... un auténtico paraíso, sí... todo muy sencillo... y tan insulso... que entran ganas de suicidarse de un tajo en el cuello solo de pensarlo.

Ese es justamente el sueño terrorista: creer en la posibilidad de hacer desaparecer a los que son distintos. Detecten sus efectos en cualquier nacionalista que se tome en serio todas esas necedades de "la sangre", "la tierra" o ese "nosotros" con el que, normalmente, no hacen sino decidir quien se queda fuera, quien es diferente y, por tanto, se declara viscosa su presencia y es susceptible de expulsión, arrinconamiento o esclavitud.



Recuerdo a una estúpida que compartió trabajo conmigo en un instituto y que, una mañana en que los estudiantes habían desaparecido en masa por una huelga, expresó su bienestar con la siguiente frase: "si siempre fuera así... ¡qué bien estaríamos!". Institutos sin alumnos, no está mal... el Otro expurgado de nuestras vidas, como un hospital sin enfermos que nos importunaran pidiéndole ayuda a los médicos porque les duele algo... familias cuyos hijos adolescentes se limitaran a obedecer todo lo que sus padres les mandaran sin cuestionarlos... selvas donde los animales salvajes se limitaran como en el zoológico a mostrar sumisamente sus bonitos colores sin rugirnos... mujeres que se limitaran a hacer de putas o de esclavas... a lo mejor entonces no haría falta que la falopitis las exterminara.




Sumo y sigo. Calles donde no se aspiraran olores a comidas con las que no nos educamos, debates sin opiniones adversas a la nuestra -alguna empresa podría ofertarlo-, supermercados donde las cajeras no ponen cara de fastidio y se limitan a sonreír bobaliconamente, tertulias donde todos nos dedicáramos a darnos la razón unos a otros, sin criterios discrepantes... cuerpos sin olor y a los que no hiciera falta tocar directamente, como en el sexo por internet, donde uno no acaba pringado con el sudor del otro ni tiene que respirar su aliento... Un esterilizado mundo de intenciones claras y verdades compartidas donde siempre pudiera saberse sin equívocos lo que quieren los otros, donde todo el mundo expusiera claramente sus intenciones y no cupieran ni la ambigüedad ni el maquillaje ni los signos ni los gestos... Las chicas que nos gustan dejarían de insinuarse -las muy perversas-, los gays dejarían de hacernos sentir lo profundamente ambigua que es nuestra propia identidad de machos alfa, los chicos en clase harían los deberes sin deprimirse aunque la compañera ame a otro...




Un mundo muy acogedor, sí, e insoportablemente aburrido. No se haga ilusiones, idiota, las personas que le seducen seguirán inquietándole, precisamente por eso, porque le gustan... y le gustan porque, afortunadamente, son distintas a usted. El Otro es un virus que le permite a usted vivir sin hacer proliferar cancerosamente su Yo por el mundo... el Otro le pone límites, le marea, le atrae porque le llena de vértigo y porque aparece donde menos se le espera con esa sonrisa misteriosa que usted no acaba de saber descifrar. No habrá falopitis... No dejarán de venir inmigrantes... seguirá habiendo gitanos en las calles... los mariquitas y las lesbianas no abandonaran la mesa de al lado... los niños seguirán sin obedecer... y el mundo continuará siendo un lugar desordenado e irreductible.

Por eso merece la pena.



Tuesday, April 15, 2008











INTERNET: ÁGORA CONTEMPORÁNEA *


En la Grecia antigua existía un lugar de reunión cuya finalidad era la de exponer los problemas del pueblo en una especie de asamblea y proponer soluciones. Este lugar de discusión era el ágora. Hoy en día, debido a la globalización y a que los medios de comunicación hacen de este planeta una pequeña bola de cristal, podemos tener las mismas discusiones que mantenían ocupados a los políticos griegos en nuestra propia habitación. Con sólo enchufar el ordenador a la línea de teléfono, podemos disponer de un compañero que esté dispuesto a mantener una conversación acerca de los asuntos que más le preocupen.






En estos coloquios una persona presenta un tema y opina sobre él. Entonces empieza a aparecer gente, puede que al momento, puede que otro día, y opina al respecto de lo dicho en primera instancia. Dichos coloquios pueden llevarse a cabo en blogs, chats, o salones de conversación virtuales. Todos estos rincones de la red se podrían denominar como “ágora contemporánea” pues, aunque no sirven para solucionar los problemas del pueblo, son utilizados para debatir acerca de la actualidad.


En la mayoría de los casos la gente recurre a crearse ese espacio personal, íntimo, pero expuesto al público, para expresar unos sentimientos sin riesgo de ofender a nadie y en caso de hacerlo, poder abrir un debate interesante. Un lugar de reflexión donde el creador es el que decide quién entra y quién se queda fuera. Además, el poder escribir de manera anónima le permite a uno decir lo que realmente piensa sin miedo a las posibles represalias.


Algunos de estos blogs son creados por amigos con ganas de escribir, simplemente, e invitan a la gente a entrar en sus conversaciones, cuya temática puede cambiar de un día para otro. Tengo entendido que los temas más demandados por el momento son el sexo, las drogas, el alcohol y la política. Muchas veces con el fin de informarse y otras por pura curiosidad.





Así pues, yo diría que Internet es el gran estandarte de la modernidad, el símbolo de la nueva era informática en la que vivimos y a la cual no es fácil aferrarse. Internet puede ser, como hemos visto, un alivio para aquellos que necesiten desahogarse, un lugar de reflexión sobre uno mismo, sobre el mundo. La red esconde numerosas puertas que sólo pueden ser abiertas con palabras. Ya hablaba Roberto Pettinato (periodista argentino) de esto: “Nunca subestimes el poder de las palabras para aliviar y reconciliar las relaciones”, pues sólo con palabras moveremos el mundo, digo yo.

Pero todo esto tiene unos antecedentes. Todo esto no es más que la consecuencia de una serie de hechos que nos han conducido hasta el día de hoy. No hay que olvidar a todas esas personas que dieron su vida por que hoy nosotros podamos expresarnos libremente, ejercer el derecho a voto o cobrar un salario mínimo garantizado. Hay que agradecer a todas esas personas que, aunque algunos intentaron hacerlas callar, no se quedaron mudas ante las injusticias a las que estaban sometidas. Por lo tanto hoy les digo, ejerciendo mi derecho a la libertad de expresión, ¡gracias!.




Carles Sanchis Lorenzo
2º BAT.




*Por distintas razones, he considerado que Carlos Sanchis, alumno de 2º del Bachillerato de Humanidades era la persona adecuada para redactar el contenido del blog de esta semana. El resultado es el que habéis leído, que apenas ha requerido, por cierto, mínimas correcciones estilísticas por mi parte.







Sunday, April 13, 2008






¿QUIÉN TEME A LA SEGUNDA REPÚBLICA?



En vísperas del 14 de abril, sospecho que no consigo inocular en mis alumnos el entusiasmo por la Segunda República. Nuestros jóvenes son, en muchos casos, verdaderos expertos en manejar software, lo saben todo sobre el motor de un automóvil aunque jamás hayan tocado un volante y alcanzan niveles de competencia como consumidores de ropa o de teléfonos móviles que me relegan a mí a la condición de hombre de las cavernas. La tragedia consiste en que desconocen que lo que son y lo que tienen es fruto del esfuerzo y el coraje de muchos que les precedieron en el tiempo. Mis alumnos, en suma, no entienden que si estudian Historia no es para ganar al Trivial, sino para empezar a saber cuál es su identidad. Ese cortocircuito mental con el pasado, ese escamoteo de la conexión espiritual con sus bisabuelos, esa mezquina desmemoria con la que –estupidamente- pretendemos privarles de un relato que habla de violencia y de rencor pero también de heroísmo y solidaridad, es lo peor de la herencia que vamos a legarles. Los profesores de Historia, desesperados por la incapacidad de dotar a sus alumnos de referentes que enlacen con el tiempo pasado el sentido de sus propias vidas, saben muy bien a qué me refiero.

Que la derecha española ande empeñada en prolongar la amnesia con la que, presuntamente, se saneó la frágil Transición española es algo que no puede extrañarnos, pues si restauramos los puentes con aquella tragedia que fue la Guerra Civil, corremos el riesgo de que nuestros jóvenes aprendan demasiado sobre el árbol genealógico de muchos que ahora se levantan por las mañanas cantando loas a la democracia. Que el PSOE haya empezado, de forma insuficiente, a restaurar el honor de quienes fueron doblemente asesinados, primero de forma física, y después con la ocultación, es imprescindible para aprobar la más antigua de las asignaturas pendientes de nuestra moderna y próspera nación.

Y pese a todo, sigo sospechando que a la República se le tiene miedo. Cuando hace tres años tuve la suerte junto a mis alumnos de conocer a dos ex–guerrilleros, Reme (la famosa Celia del film “Memorias de una guerrillera”) y su marido Florián, apodado el Grande por todos los que le queremos, me dí cuenta de hasta qué punto la imagen del heroe con el que soñamos desde niños se parecía poco a la de los tebeos y las películas…y sin embargo las superaba de largo, porque aquellos desharrapados que se echaron al monte para seguir peleando contra el fascismo fueron el último coletazo del episodio más hermoso y esperanzador que ha vivido la historia moderna de España.

¿Luchadores por la libertad? Desde luego, pero en un sentido que no puede ser entendido desde la óptica falsamente individualista del modelo demo-liberal, donde la sociedad no parece ser sino el escenario de la persecución del interés particular, como si existiera un interés previo a mi instalación en la vida en común. Frente a ello, el espíritu de la República nos recuerda la dimensión de compromiso con los demás que supone convivir, nos recuerda que antes hemos de ser ciudadanos que inversores, y que ningún capital es más respetable que el capital social.

Celebraré con mis compañeros y mis alumnos el setenta y siete aniversario. Algunos dirán que tomo partido por un bando… Tendrán razón. Un profesor de Historia me enseñó hace una eternidad algo que no he olvidado: “el historiador debe ser objetivo, pero no imparcial”. Dejo el olvido para otros, dejo la apatía y el cómodo “todos cometieron crímenes” para quienes prefieren vivir en la servidumbre voluntaria, auténtico gran mal del hombre moderno. Dijo Kant que la Ilustración “es el periodo en que el hombre abandona su culpable minoría de edad”. La Segunda República sacó definitivamente a los españoles de la inocencia, pero no de la servidumbre… porque fue aplastada por una insurrección nacida desde arriba y apoyada –como dijo Gil de Biedma- por una “España de cabreros”.

Me atraen los solitarios, los derrotados y los condenados al olvido. No quiero la Tercera República, moriré esperando que regrese la Segunda.

Feliz catorce de abril, niños.

Friday, April 04, 2008





¿CÓMO QUE LADY DI NO FUE ASESINADA?


Ahora resulta que Lady Di no fue asesinada. Algún juez calvo y cuya mayor diversión en la vida es ir de paseo por Trafalgar Square con sus nietos ha resuelto que quien los mató a ella y a Dodi fue un pilar. El argumento en que se apoya es inconsistente: el conductor andaba al parecer algo achispado -yo también me achispo con doce whiskys- y deambulaban por las calles de París a 200 por hora, que es bastante menos de lo que coge el McLaren de Hamilton. ¡Pero si en los tabloides han dicho una y mil veces que agentes de Scotland Yard trucaron los frenos! ¡Si es que lo han dicho hasta en la tele! Sin ir más lejos, Friker Jiménez, en su programa de la cadena Cuatro ha hablado del tema, y podríamos preguntarle a Sardà, a la Bruja Lola y sobre todo a El Mundo, que lleva años destapando conspiraciones, algunas de la cuales podrían hasta ser un poco verdaderas.

¿Por qué negar la evidencia? Nos gusta que a Lady Di conspiraran para matarla. Es a fin de cuentas lo que viene haciendo la corona de la Pérfida Albion desde hace una eternidad. Si ustedes visitan alguna vez el Castillo de Londres sentirán como yo que dentro de muros tan siniestros solo puede anidar el espíritu sibilino y traicionero de las serpientes. “A la Torre con él”, decía el Tudor de turno cuando le molestaba algún súbdito discrepante… Por sus frías estancias rodaron las cabezas de las mujeres de Enrique VIII. Lady Di no es pues sino la nueva Ana Bolena. Además, ¿para qué sino lloraron tanto las masas aquel día que Buckingham se llenó de ramos de flores? ¿para qué vendió millones de discos Elton John con su canción a la reina de nuestros corazones?

Conspiraciones ha habido siempre. Y molan mucho. El Mundo y la Cope han sostenido durante los últimos cuatro años que el 11-M fue producto de una conspiración, y hay quien no tuvo reparo en acudir a manifestaciones llamando a Zapatero “terrorista”. Ya lo dijo el ex-Presidente Aznar, hombre en el que tengo una fe ciega desde que se alió con Bush y Blair para atacar a los terroristas en Iraq: “esto no se ha tramado en lejanas montañas ni remotos desiertos”… o algo así. Recuerdo que, en una conferencia, uno de los más seguidos periodistas de la Cope dijo que el PSOE había estado implicado en la conspiración que dio lugar al 23-F, y se quedó tan pancho el tío…y tan contentos los asistentes, deseosos de que un famoso les diera la razón en la presunción de que los socialistas son la encarnación de Lucifer.
Los susodichos socialistas no se quedaron atrás en su momento. Felipe González estuvo siempre convencido de que había una conspiración republicana para descabalgarle del poder en los años ochenta, lo cual prueba que los malos conspiran siempre… vamos, que quienes no me gustan conspiran contra mí, como siempre creyó mi abuela de sus vecinas. ¿Han visto Conspiración? El personaje interpretado por Mel Gibson, que parece estar loco como una cabra, asegura a quien se sube a su taxi que la CIA y el Pentágono son responsables de absolutamente todos los desastres de la humanidad. En los Simpson hay un episodio en que un grupo de encapuchados pertenecientes a una orden secreta conspiran en un lugar secreto para dominar el mundo. No hay que olvidar tampoco a los judíos, ese grupo de rabinos poderosísimos que, como ya dijo Hitler –otro tipo muy acreditado-, intrigaban para controlar el planeta entero.

¿Y los marcianos? En algunas revistas especializadas y de riguroso calado científico se da por hecho que venimos recibiendo “visitas” de procedencia extraterrestre desde hace milenios. ¿Por qué si no el Estado Mayor tiene guardados no sé donde los cadáveres de unos alienígenas? Yo los he visto en fotos y en la película aquella de Will Smith… tienen la cabeza apepinada, el cuerpo blanquinoso, los ojos almendrados y mucha mala hostia. Hay pruebas de sobra, lo que pasa es que las autoridades las silencian para mantenernos en la ignorancia, los muy ladinos. El mismo Homer Simpson es abducido en una ocasión por esos dos marcianos que planean invadir la Tierra y que babean continuamente cuando hablan.
Lo siento señores, pero no acabo de verle cara de conspirador al Príncipe de Gales… todo lo más creo que prefería a la sosa de su amante que a la Princesa que le buscaron para Reina. El mundo está ciertamente dominado por un montón de hijos de perra, pero no vienen de Marte, no hipnotizan a las masas con publicidad subliminal desde la tele ni se reúnen vestidos de caballeros cruzados en palacios secretos de la Selva Negra. Eso sí, tienen facilidad para ocultar sus manejos. Por ejemplo, Naomi Klein demuestra en “No logo” que las grandes marcas (mírense las zapatillas y las camisetas) son directas responsables del trabajo esclavo de millones y millones de personas –incluidos niños- a lo largo de África, Asia e Hispanoamérica. Lo mismo puede decirse de instituciones como el Fondo Monetario Internacional, que ha protegido terribles tiranías durante décadas. Podemos hablar también de lo amable que está siendo España con China, considerando que la protección que de los derechos humanos se hace en dicho país no merece un boicot. Pero claro, estos son temas bastante más aburridos.

Como dice un periodista en cierto film de John Ford: “si la leyenda supera a la verdad, imprime la leyenda”. Tenía razón, sobre todo porque la leyenda vende más periódicos. Lástima que no sea verdad, pero no se puede tener todo. Por cierto, ¿no están hartos de los templarios?

Tuesday, March 25, 2008





LA SEMANA SANTA









No siendo cercano a sacristías y albergando escasa disposición al arrepentimiento, debo reconocer que desde siempre he mirado con buenos ojos la Semana Santa. Y no estoy demasiado seguro de que la Iglesia Católica se sienta tan cómoda como podría imaginarse en estos eventos que presuntamente la toman como referencia pero tienden a escapar a su control. Un cura de pueblo me confesó en una ocasión que le ponía enfermo ver vestidos de nazareno a tipos que jamás pisaban el confesionario machacarse los pies descalzos con la cara de contrición que requiere ese gigantesco espectáculo que son las procesiones. Tampoco creo que les hagan gracia exhibiciones impúdicas de pasión como la que presencié hace unas pocas noches en la Semana Santa granadina, en pleno Albaycín, con voces gitanas desgarrándose al grito de ¡AURORA, GUAPA! o el aplauso casi futbolístico para los costaleros -QUE NO LOS HAY MEJORES EN TOA GRANÁ!- cuando levantaron un Cristo inmenso con evidente peligro de despeñarse por la cuesta del Albaycín y aplastar a una muchedumbre encandilada.

El misterio de las imágenes… Recuerdo que una alumna argentina, Silvia, me contó que llegó a España justamente por estas fechas. Bajó del avión y encontró las calles del Distrito Marítimo de Valencia (Semana Santa Marinera, of course) repletas de miembros del Ku Kux Klan desfilando a ruido de tambor y en medio del silencio asustado de los ciudadanos. Teniendo en cuenta que además aquella chica era judía, no es extraño que se preguntara a qué clase de país de pesadilla la habían traído sus padres…Por fortuna, solo se trataba de mostrar el dolor por la muerte del Salvador.

Claro que Silvia sí supo captar algo: la Semana Santa da miedo. Y del miedo nace parte de la veneración. Difícil no conmoverse cuando, a un paso de entrar en la Iglesia, una Virgen granadina inmensa aparece de pronto saliendo de un callejón oscuro entre exclamaciones de amor y ojos llorosos. Difícil no mirar de otra manera al insignificante oficinista que, vestido de penitente, parece convertido en garantía encarnada ante Dios de la pena de toda la ciudad.

La procesión es espectáculo, pero en un sentido tan poco televisivo, tan poco Hollywood, que no va a haber manera de que McDonald´s lo convierta en hamburguesas ni Nike le ponga zapatillas. La oscura belleza de la Semana Santa no es domesticable ni puede ser objeto de gestión mediática como el fútbol o el rock porque el deseo de festividad que le da forma nace de la melancolía, del miedo, del dolor… Dijo Nietzsche que sólo como “fenómeno estético está justificada la existencia”. No se equivocó al acusar al cristianismo de negar el pathos de exaltación de la vida a favor del sentimiento enfermizo de la culpa y la moral del rebaño… Pero es erróneo creer que las procesiones homenajean a la muerte; en realidad homenajean a la vida, y lo hacen a gritos. Acaso no se halle tan lejos del Dionisos que adoraban los viejos griegos la embriaguez del cofrade, que nos invita a llevar a la máxima intensidad nuestra capacidad simbólica. Es justamente eso lo que veo en tanto Cristo y tanta Virgen: la pasión del hombre por aferrarse a la existencia pese a todos sus espantos y desdichas… Puro amor a la vida.
¿Desmesura? Sí, desde luego, son deseos muy básicos los que se agitan desde el fondo del estómago cuando una saeta nos conmueve en medio de la Procesión del Silencio.
¿Iconolatría? Por supuesto. ¿Y qué funesta manía luterana nos inclina a rechazar el culto a las imágenes? ¿O qué son los dioses sino lo que se da en sus imágenes? Acaso la presencia del icono venerado a gritos aumenta la sospecha de que detrás no hay nada. Y, ciertamente, no lo hay, nunca hay nada tras el simulacro de la imagen, no hay presencia tras su representación, el iconólatra lo sabe en el fondo y por eso se entrega a la belleza de la imagen. Es el iconoclasta el verdadero culpable del desencanto, ese que incita al recogimiento interior y la subjetivización del culto, ese que se espanta con las exhibiciones colectivas de llanto y reclama “sentimientos verdaderos”… Así se explica que el mundo anglosajón haya abandonado las calles antes que el mediterráneo.

¿Artificio? Claro, el mayor de ellos… ¿Ficción? Sí, porque el amor es la mayor de las ficciones: “no hay ninguna verdad, ninguna cualidad absoluta de las cosas; este es mi nihilismo, que sitúa el valor de las cosas precisamente en el hecho de que ninguna realidad corresponde ni correspondió a estos valores, sino que son solo un síntoma de fuerza por parte del que atribuye el valor…” (Nietzsche) Y solo se debe creer firmemente en la ficción, como solo se debe tomar la risa en serio.

Podemos no obstante ceder a la tentación iconoclasta y demandar el final de los becerros de oro. Lo hemos escuchado entre los volterianos del momento, sin perspicacia suficiente para advertir que este misterio de la Semana Santa, como casi cualquier festividad, proviene de un tipo de locura colectiva que desborda la autoridad de alcaldes meapilas, obispos orondos y caciques con butaca de palco. Yo prefiero seguir en silencio como manda la procesión del Viernes Santo. Y quien tenga deficiencias de vocabulario puede llamarme cínico.





Pdta: Queridos amigos, habréis notado que últimamente cuando dejáis un post no aparece inmediatamente inscrito en el blog. La razón es que se ha activado un filtro por el que blogger impide directamente la entrada a spam y, ocasionalmente, a mensajes que revelen un “coeficiente mental propio de idiotas, cretinos o tontos de baba”. (Os juro que lo dice así, literalmente, la información de blogger sobre el filtro) Cualquier mensaje que discrepe dentro de las normas mínimas del respeto, incluyendo cruces de ironías y algún toque ácido tan interesantes como las que tuvieron Tobías y Luis, pasa tranquilamente el filtro. Si solo pretendes insultar no pierdas el tiempo, nadie te va a leer, ni siquiera yo… quedarás diluido en la triste mediocridad en que ya transcurre tu vida.

Friday, March 14, 2008











TÓXICA
DERECHA
A quienes me doblan la edad –y eso es ser muy, muy mayor- les suelo preguntar sobre la visión del mundo que les proporciona ese hecho en cierto modo escandoloso de saber ya con bastante certeza todo lo que la vida puede proporcionar a un ser humano. Y suelen coincidir: “uno ya ha aprendido a separar el grano de la paja, sabe qué es importante y qué puede ser tranquilamente dejado en el camino a la espera de que el próximo viento se lo lleve para siempre”. Pocas cosas me parecen tan olvidables como la actual derecha española… Rajoy, FAES, Aguirre, Acebes, la Conferencia Episcopal, El Mundo, la Cope… ¡Qué poco significan en mi vida! ¡con qué levedad se irán al montón donde la memoria va sedimentando los pequeños fastidios del pasado!
He sido crítico en numerosas ocasiones con el PSOE de la era Zapatero… hay toda una teoría que construir en torno a la impotencia política de esas fuerzas de izquierda que, como el gobierno de ZP, se mueven con demasiada comodidad en la ingravidez de los signos, la corrección política y la imaginería del marketing electoral sin que se termine nunca de saber muy bien cuál es su proyecto de transformación social y cómo piensan mantener la solidez de las instituciones del Estado del Bienestar frente al tsunami de la turboeconomía y la globalización.
Se debe debatir largamente –interminablemente diría yo- sobre esa cuestión, pero creo que perdemos energías necesarias tratando de hacer ver a la gente que la Cope o El Mundo son medios de comunicación tóxicos. Y lo son desde luego. Pongan una mañana a las ocho al señor Jiménez Losantos, escuchen los comentarios con los que -como un almohacín que llama desde lo alto a la oración y no tolera el derecho de réplica- acompaña cada noticia de redacción leída por la locutora. (¿Qué pensara de él esa chica, probablemente subempleada o becaria? ¿qué pensaran, mientras brama como un Cruzado contra todos los que le caen mal, las ecuatorianas que pasan el polvo en el estudio?)

Creo que concedemos demasiada trascendencia a personajes que, como los dolores de muelas, son completamente coyunturales. Recuerden a José María García, verdadero maestro jedi del almohacín. ¿Qué importa que éste hable de política y el otro hablara de futbol? El juego es el mismo: ponerle voz a quienes necesitan soltar espumarajos por la boca. El planeta está lleno de personas que necesitan un líder que legitime sus fobias y les recuerde que no están solos. García tenía a Pablo Porta, Federico tiene a Zapatero y a los nacionalistas. Hay toda una legión de oyentes que dan por hecho que en Catalunya se persigue a los castellano-parlantes tan solo porque lo dice, muchas veces al día, eso sí, el almohacín. Mi hermano y yo, a los trece años, dábamos por hecho que Porta tenía la culpa de que la selección española no ganara el Mundial –cosa que entonces nos preocupaba mucho- y que se pasaba las noches enfrascado en pantagruélicas orgías de manjares, licor y sexo sólo porque lo decía con voz de flauta y mucha seguridad el almohacín de las noches.

“Voy a ver qué dice este tío, que es el único que anima el cotarro”, decía mi padre en aquellos momentos en que alguien con toda una vida de franquismo a sus espaldas todavía podía sorprenderse de escuchar a un tipo que llenaba las noches de vituperios y desafíos contra los presuntos amos del mundo. García fue un producto de la Transición, una olvidable figura cuya misión inconsciente fue hacernos creer que, realmente, podíamos desafiar impunemente a los viejos mandarines. Patéticamente arrogante en su incultura, García fue uno de esos osados voceros a los que la gente hace caso un rato y que, cuando dejan de interesar, son olvidados sin apenas dejar rastro. Sonrojante ingenuidad la que le permitía proclamar con insistencia de martillo pilón los principios que justamente menos se creía. “Yo solo soy notario de la actualidad”… asocio a mis noches adolescentes esa frase como una letanía que se pierde en el tiempo significando tanto como nada. Carente de la formación y de los principios éticos de los que tanto presumía, fue incapaz de digerir tanto liderazgo mediático como llegó a tener, y entendió que podía intervenir en aquella realidad de la que solo decía ser mensajero, lo cual, para él, como para todo hombre pequeño y resentido, no consistía sino en destruir a los que le fastidiaban. Por fortuna ya es pasado.

Federico lo será también. Ya pasó el tiempo –para él, para Rouco Varela, para Pedro Jota Ramírez- en que creyeron poder ser vanguardia de algo; ahora deben conformarse con mantener prietas las filas de su feligresía. Una feligresía que, por cierto, no parece haberles tenido en cuenta que diseñaron –con la inspiración del laboratorio de FAES, todo sea dicho- la estrategia de confrontación que Rajoy ha seguido fielmente durante estos cuatro años y que le ha reportado una derrota de la que, en el puente de mando de Calle Génova, sólo su llorosa cónyuge parecía haberse dado cuenta. No me gusta Rajoy, ya lo saben, pero capta algunas de mis simpatías su resistencia actual a someterse al sanedrín que ahora ha decidido que ya no les es útil
¿Saben? Hay tipos que son capaces de poner la Cope a volumen infernal en el tren para que todos nos enteremos bien de lo que vale un peine. Me recuerdan a ese pobre diablo que ponía en mi barrio el Cara al sol para que todos los rojos –putas y maricones, decía- se enteren de “dónde están los españoles con cojones”. Federico es producto de la frustración, del fracaso, de la mediocridad. Quienes les siguen porque “habla claro y es muy cañero” no se han dado cuenta todavía de que ni Zapatero ni los catalanes son responsables de que su mundo pasó ya hace largo tiempo. Y sobre todo, no se han dado cuenta de que reducir el pensamiento a unas cuántas consignas simplistas y pueriles viene muy bien como bálsamo cuando uno está enfadado, pero de nada sirve para comprender una realidad que, nos guste o no, es laberíntica.

Olvidemosles de una vez. Y por favor, señor, ¿le importaría bajar el volumen de la radio?

Saturday, March 01, 2008








ZAPATERO








Estoy lejos de Zapatero en casi todo. Me cuesta encontrar afinidad con esa cargazón de hombros de castellano adusto, esa paciencia de escriba venido de labriegos que esperan pacientemente a que pase la escarcha de madrugada para acometer la faena de la viña. Pero no son las conexiones emocionales las que deben guiar el voto. Acaso por ello debo recordarme que el segundo gobierno PSOE de la democracia ha sido menos tenebroso y contradictorio que el del felipismo, pero bastante más inoperante y falto de verdadero poder transformador. Burgués radical en el sentido más estricto del concepto -que tomo de la tradición liberal-, Zapatero ha impregnado con su sistema de señales a todo su entorno. Incluso quienes -como Rubalcaba o Solbes- no son "sus hombres", han adoptado sin grandes resistencias su lenguaje, se les ha dejado ser ellos mismos sin presiones para terminar haciendo valer sus virtudes como herramientas del nuevo modelo.

En realidad Zapatero no ha hecho apenas nada. Conozco bien una de las parcelas donde más polvaredas se han levantado: la educación. El PSOE no ha regido ese ámbito, tan solo lo ha simulado con una maestría que no se explica sin la secreta colaboración de la Iglesia, cuyos capitanes han escenificado perfectamente su falsa guerra civil con el espantajo de la asignatura de Educación para la ciudadanía, estandarte de una indignación sobreactuada, cuyo verdadero objeto es ocultar que las fuentes principales de la financiación de la Iglesia Católica están más garantizadas que nunca.

Leyes osadas como la del matrimonio gay o la de la memoria histórica para escorar a la izquierda el perfil del gobernante allá donde menos hay en juego... leyes realmente socialistas como la de Dependencia, que fue hecha para no ser aplicada y dejar en evidencia a las autonomías enemigas... prácticas de riesgo como las conversaciones con ETA convertidas por primera vez en reality a un paso de ser retransmitido en directo... salida de las tropas de Iraq con el aderezo pasteloso de la "alianza de las civilizaciones"... regularización de inmigrantes como sutura impotente en la gigantesca herida de la precarización laboral y la economía sumergida...La verdadera genialidad de Zapatero ha consistido en hacer creer que había un conejo en la chistera, ocultar en suma la impotencia de los gobiernos socialdemócratas -y más los de la Europa no central- para contrapesar el tsunami de la globalización y la turboeconomía... incapacidad para controlar la brecha social que cuyos lados se alejan, redistribuir racionalmente los beneficios que va dejando el enorme potencial productivo de la Nueva Economía, controlar fiscalmente los cíclopes empresariales transnacionales, frenar los nuevos modelos delincuenciales, imponer la solidaridad entre comunidades locales, frenar la descomposición de la escuela... Frente a las estúpidas acusaciones del oponente, Zapatero no es culpable de nada, su truco ha sido escamotearnos la evidencia de que conduce una máquina cuyos mandos no responden.



El mejor escaparate de todo ello son los "SUPERDEBATES" televisivos de estos días, acontecimiento mediático a medio camino entre el enterteinment americano y los derbis Barça-Madrid del futbol patrio, que se ha celebrado como "una gran victoria de la democracia y convirtieron en estrellas a las empresas de sondeos, esas que pueden cuantificar la victoria de un candidato en un debate diez minutos después de concluir éste con la precisión propia de los partidos de baloncesto.


Bien, y ahora llega la gran pregunta: ¿por qué votar? y, más en concreto, ¿por qué votar a Zapatero?

Hay algo del debate televisivo nocturno del lunes con lo que me quedaría por encima de todo. Tuve la impresión durante su desarrollo que Rajoy estaba más suelto, más convencido que Zapatero. Manejó sus cartas con decisión y acorraló en determinadas ocasiones a un oponente, que -acaso más seguro de su ventaja- jugó la baza de favorito y se agarrotó por el miedo a fallar. Más allá del contenido de las intervenciones del popular, con alusiones demagógicas y profundamente contradictorias a materias inflamables como la inmigración, la negociación con ETA, las guerras del agua o la solidaridad entre regiones, daba la impresión de ser él quien iba marcando la pauta del debate... Hasta que la presión de la adrenalina le pudo -da igual que estuviera preestablecido- y tuvo que decirlo... "Usted agredió a las víctimas" Zapatero quedó perplejo... "... me reafirmo"... dijo mirando al presentador, como queriendo convencerse a sí mismo de su carácter enérgico, eso de lo que sus propios correligionarios le acusan de carecer.



Eso que dijo Rajoy no merece mayor análisis que el psiquiátrico. Lleva años escuchando como le llaman "maricomplejines" desde la emisora obispal de ultraderecha, ha tenido que guardar en el armario de la vergüenza a Acebes para no empujar a la izquierda irredenta a abandonar la abstención, tiene que tragar con la popularidad de algunos conservadores como Gallardón o Rato que no huelen a postfranquismo... Tenía que hacerlo, tenía que sacar lo peor de la derecha, el diente retorcido, el rencor por el arribismo de los rojos que les robaron las elecciones, el miedo a pasar por blando ante la línea dura... Sencillamente la cagó. Y Zapatero quedó ante el mundo como el bueno de la película. Una vez más.

Un amigo de infancia y juventud lo ha dicho: "no se alteraba ni si le ponían plomo hirviendo en la silla". El problema de la derecha es que aún no ha entendido a Zapatero, calificado por Rajoy como el "más radical de los dirigentes europeos". Funciona el viejo fantasma -vean publicidad electoral- de los rojos como expropiadores con carnet e incendiadores de iglesias. No le entienden, y por eso a veces le acusan justo de todo lo contrario, de bambi buenista e ingenuo.
No me gusta Zapatero, no me conmueve, no me seduce. Creo que es un tipo durísimo, un luchador hervíboro que aguanta los golpes hasta que el rival se cae de puro maduro, pero le falta el encanto y el talento -indiscutibles- de Felipe González y la valentía para el ataque y la denuncia que la socialdemocracia ha dejado definitivamente en manos de la izquierda no parlamentaria. No me gustan sus gestos ni sus forzadas metáforas... no me parece locuaz ni enérgico ni demasiado creíble...Pero tiene algo que envidio. Cuando aquel tipo tan mediocre y olvidable le insultó, consiguió que alguien mordiera el anzuelo... El problema es que ese alguien fui yo. Salió el tipo violento, colérico y vengativo que llevo dentro y que mis allegados creen intuir en ocasiones... Zapatero, por contra, no reaccionó, se limitó, balbuceante y perplejo, a pedir explicaciones frente a un rival envalentonado que, sin saberlo, acababa de estrellar su puño contra el aire, una de las maneras de que un boxeador vaya a la lona. "¿Pero de qué estás hecho, tío?", pregunté al presidente desde el sofá en el que me removía... Unos segundos después entendí. Ante una situación de máximo estrés, respondió haciendo caso de sus primeros instintos... Eludió la provocación, siguió adelante... Se sentó con paciencia de labriego castellano a que amainara y siguió su camino.

Por eso le van a dar cuatro años más. Por eso yo no soy presidente -y es bueno que así sea-. Por eso Rajoy tampoco lo será. Y después, sólo el olvido.