Saturday, February 21, 2009









BARTLEBY Y LOS DEPREDADORES












Si ustedes han leído la breve novela de Hermann Melville Bartleby, el escribiente, convendrán conmigo en que es apropiado aplicarle a su protagonista el calificativo de resistente pasivo. Pues bien, Bartleby, gris empleado de oficina, con su famosa e insistente respuesta a las demandas del jefe -"preferiría no hacerlo"-, sugiere un estilo de insumisión que cada día que pasa me resulta más afín, por más que sus trazas no sean para nada la del héroe, sino más bien la de eso que Musil llamó el "hombre sin atributos". No hace falta trabajar en una oficina a la espera de instrucciones: oportunidades para hacerme la vida imposible las ofrezco como cualquier mortal, con tan solo salir a la calle, y no se me ocurre otro palabro que el de resistencia pasiva para definir mis hábitos de respuesta.





Veamos. Voy cada dos días a pasear o a correr al cauce viejo del río desaguado que atraviesa mi ciudad. Alguien colocó unas mesas de ping-pong que, milagrosamente, los vándalos aún no han podido destrozar. Están fabricadas de tal forma que haría falta una bomba para reventarlas, y no creo que Al Qaeda esté demasiado preocupada en extender la yihad a las mesas de ping-pong, de manera que quienes son felices destrozando impunemente la propiedad pública tienen de momento, por fortuna, que joderse. A la hora a la que suelo pasar suele haber una joven pareja jugando con sus paletas y su pelotita saltarina. Mientras él saca ella piensa, supongo, en que esta vez va a echar el resto para ganarle, en si su madre habrá llegado bien del viaje o en si se le va a hacer tarde para la cena... no lo sé, pero sí sé que no hacen daño a nadie. En todo caso puede imputárseles la temeridad de salir a horas de la noche demasiado profundas, y ya se sabe lo que nos decían las monjitas de que no hay que provocar al Maligno. El Maligno apareció la otra noche. Los dos jóvenes eran la viva imagen de la tristeza. Un loco hijo de perra -me dejo de eufemismos, estoy harto- los había convertido en presa fácil y les estaba soltando a voz en grito un discurso sobre la maldad del mundo y la próxima venida del salvador. Ahí se tiró un buen rato, y aún no los había dejado cuando yo abandoné la escena. No lo conocían, no le habían pedido que los redimiera, solo querían jugar al ping-pong y luego irse a casa y ver CSI Las Vegas. Tan solo pudieron quedarse mirando, sin seguir la partida, no fuera que el tipo se encolerizara... tan solo la plegaria: "que se vaya y nos deje en paz, por Dios"




Sabido es que los locos no suelen distinguirse por ir regalando billetes de cien euros y que la administración no está en condiciones de financiar el internamiento y cuidado de todos los lunáticos del territorio, de manera que hemos de aceptar que se paseen por ahí impunemente, rezando para que el que golpea con violencia un contenedor porque no le quiere no sé qué bella joven no la tome a continuación con mi cráneo. Rezar por eso y porque, la próxima vez que aparezca el redentor de la otra noche, le toque a los del ping-pong y no a mí recibir la soflama; y que si me toca, se quede solo en soflama, no sea que le dé por decir que mi mirada indica que tengo el demonio dentro y le pegue por destriparme allí mismo. Tengo allegados muy machos que, cuando les cuentas algo así, dicen con voz viril "yo lo resuelvo rápido y le pego dos gritos o dos hostias", sí, sí, qué tipos tan duros, pero yo, lo confieso, habría hecho como la pareja, rezar para que se largara abriéndose la puerta del infierno y se lo tragaran sus llamas. Quizá deberíamos ser activamente resistentes y soltarle hostias a todos los que nos fastidian... Si quieren podemos incluso imitar al protagonista de Un día de furia y salir a la calle con una recortada para hacerle un boquete en el pecho al primer kioskero que intente liarnos con el cambio, pero creo que con ello diezmaríamos la población del mundo y a mí además no me gustan las armas de fuego.





En cualquier caso me gustaría ver a alguno de mis amigachos un día en un instituto del centro de Valencia cuando empecé a trabajar como profe de lo que entonces se llamaba Enseñanza Media. Un joven africano, con una pinta a medio camino entre el Gordo Barkley de la NBA y Mike Tysson entró en mi clase sin llamar. Mientras se acercaba a mí, lentamente, en medio del silencio sepulcral que se había apoderado de mis alumnos -los muy cabrones, dicho sea de paso- recuerdo con toda nitidez lo que me pasó por la cabeza: "va a matarme, no sé por qué, pero no creo que me dé tiempo a saberlo... "si salgo corriendo va a ser el mayor ridículo de mi vida porque a lo mejor estoy equivocado y el tío solo viene a pedir tiza, aguanta el tirón con dignidad, David"... Se detuvo a un metro de mí y me preguntó -con la mirada de asesino de la que yo solo tenía hasta entonces noticia por las novelas de Dostoievsky- si estaba en el aula cierta señorita a la que nombró. Le dijimos que no y, mientras yo emitía un uf bastante audible, los judas de mis alumnos que habían permanecido expectantes a ver qué hacía conmigo Mike Tysson me explicaron que andaba algo trastornadillo porque la bella ausente le había dado calabazas y el príncipe de ébano no terminaba de asumirlo.


Concluyo. El verdadero motivo de este post es que tengo miedo. Verán. Una señora portuguesa a la que saludo jovial y cortésmente todos los días me sorprendió ayer proponiéndome un negocio al "que no puedo negarme". No tengo la más mínima intención de ceder. Es más -mejor que lo sepan ustedes-: no tengo la menor intención de hacer ningún negocio con nadie. No tengo nada contra los gays, ni contra los gitanos, ni contra los judíos, pero no soporto a la gente que me propone negocios. Las sensaciones que me produce esa persona que me habla con aparente seguridad en sí misma y se muestra sorprendida porque mi cara no refleja entusiasmo ante la suerte que tengo de haber recibido su propuesta, creo que podrían compararse a las de aquel judío que, bajado de un vagón atestado en un bunker, fue recibido por un sargento alemán de mirada sonriente que le dije: "tranquilo, solo será una duchita".






Mi alma tiene dibujada la palabra NO, pero de mis labios solo salen medias sonrisas y coletillas dilatorias. "Sí, bueno, es que ahora mismo no sé, ya le diría en todo caso, si quiere se lo miro...". Me ha dado unas horas para contestarle. Las calles y los corredores están repletas de personas que por necesidad o por puro instinto depredador aspiran a encaramarse en tus espaldas y a comer de tu joroba mientras tú no te encabrites como un caballo salvaje y les hagas pegarles la costalada que merecen. No sé decir No, no al menos ante personas conocidas y con las que aspiro a llevarme bien. En las próximas horas saldré a la calle con gafas de sol, miraré a izquierda y derecha para no toparme con la señora Vinho Verde, Sa Carneiro, Cristiana-Ronalda o como se llame y dilataré cobardemente el momento irremedible de tener que afrontar el problema con dos cojones-: "no, no me interesa en lo más mínimo, lárguese y déjeme en paz".

¿A quien quiero engañar? Le diré, simplemente, "preferiría no hacerlo", como Bartleby... Qué mundo tan inhóspito.










6 comments:

Elisabet said...

El avioncito,este tipo de negocio,propuesto "casualmente",es típico,de los que arañan esperanzas.
Generalmente tienen ribetes de estafa.
No me preocuparía tanto en buscar una máscara para escapar,siempre cuentan con un "no",preliminar.
Yo detesto esas propuestas mágicas,y la presión un tanto violenta que se va profundizando en el acto de convencimiento.
Pero tengo a favor que soy pésima vendedora,o lo que sea en que consista la propuesta,y si por ventura,tengo la habilidad que se requiere,ups,¡justo desapareció!
"Días de Furia":en mi país solo te salvan las virtudes teologales,somos tan "asistemáticos",que sería casi imposible elegir a quien meterle el primer tiro .
Pero confieso,que miré muchas veces la película,y mientras lo hago lista de todas las situaciones resueltas ineptamente,por el burócrata de turno,los desocupados,que se ocultan,los violentos de dolor por no ser escuchados,los desnutridos,etc..si tenemos otros problemas ,por los cuales salir a disparar,o tomar una cacerola y un palo...

Anonymous said...

Arrea!!

David P.Montesinos said...

¿Podría explicar el significado de la interjección, señor anónimo?

David P.Montesinos said...

Que no se me olvide, gracias por leer y por los posts, Elisabet

Elisabet said...

Gracias a vos ,David.
Realmente sos muy buen cuentista y comentarista.
Es muy dificil el género del cuento breve,y cuando te leí por primera vez,noté una base clásica poco común,y un estilo muy definido, original y tortuoso.
Partís de una anécdota verosimil,o real,y a medida que avanza la narración la complejizas,con un abanico de peripecias y conecciones ,que logras cerrar al filo de la última frase¡dificilísimo!

Cuando leí convivencia,atravesé todas las instancias clásicas(climax inicial-catarsis),por eso te reitero: es un placer leerte.

David P.Montesinos said...

Gracias de nuevo por tu amabilidad