Desde la Cueva del Gigante, lugar perdido en un territorio árido donde antiguamente se refugiaban los bandoleros, esta página intenta echar luz, y también alguna sombra, sobre los fenómenos sociales contemporáneos: las nuevas tribus, los simulacros culturales, los movimientos de masas, etc...
Wednesday, September 29, 2021
DEVUÉLVANME LA DOCENCIA
Thursday, September 23, 2021
MARICONES PERDIDOS
De acuerdo, lo de los neonazis en Chueca del otro día no es para reírse. Pero, reconózcanmelo, el caso del manifestante homófobo que aparece orgulloso en twitter y es identificado por el chico con el que se había acostado anteriormente resulta cómico. La conversación privada entre ambos, que el gay reconocido decidió hacer pública, no tiene desperdicio. De esta guisa…:
-“Pero si tú eres al que se la chupé hace poco”
El nazi le contesta en privado lo que el interlocutor terminará haciendo público:
-“Lo que yo haga en mi vida privada no importa, haz el favor
de no publicarlo que me hundes”
Y sí, seguro que al tipo lo han hundido, al menos ante los
demás cabezas rapadas, unos señores encantadores que tienen el cuajo suficiente
para acudir a Chueca en pleno siglo XXI para manifestarse contra los
homosexuales. Si detrás de la decisión por parte del político correspondiente de
tolerar dicha movilización hay mala fe o solo negligencia, no soy capaz de
discernirlo. Lo que sí sé con certeza es que después de tales ejercicios de
supuesta libertad de opinión vienen la violencia, el abuso, el miedo… En suma,
todos los ingredientes del coctel del fascismo, cuyo objetivo esencial siempre
es aplastar la diversidad desde el ejercicio de la intimidación. Y eso por no
hablar del mal gusto y la incultura de quien corea eslóganes como “Fuera
sidosos de nuestros barrios” (Yo también podría hablar sobre la gente que me
gustaría echar de mi barrio, empezando por los macarras ultratatuados que van
con perros con instintos criminales).
Por acabar con el protagonista de esta historia tan de vodevil... Bueno, se me ocurre que además de no
pasarse próximamente por el club de reuniones de rapados ni por la sede de Vox, debería
hacer un esfuerzo por aclararse. Por cierto, no es el único. Yo puedo entender
que haya personas reticentes a admitir en público su orientación sexual, pues
ni siquiera hoy, pese a los avances propiciados por la democracia, implica
riesgo cero ir por el mundo besando morros “inadecuados”. Lo que sí me cuesta
mucho más entender es la cantidad de maricas y boyeras fachas que van por el
mundo, algunos ocupando incluso cargos relevantes. Yo no digo que porque a uno
le gusten los de su sexo haya de abrazar la fe marxista-leninista; puede ser neoliberal e
incluso devoto de la Semana Santa. Lo que no me cuadra es que apoye al PP, que
se ha opuesto históricamente a todas las reformas políticas ideadas para hace a
la gente más libre -empezando por el matrimonio homosexual-, y que además pacta
con un partido tan declaradamente homófobo como Vox.
A mi parecer cada persona puede chupar, morder o hurgar lo que le apetezca y le dejen. Mi felicitación a quien mejor se lo pase. Como cantaba el Titi, “si estás vivo y no estás muerto, a darle gusto a tu cuerpo”. Bastante jodido es aguantar a ciertos vecinos, que tus padres enfermen, que barruntes que ese dolor persistente sea cáncer o que el mundo esté repleto de miseria y dolor para que encima tengamos que seguir haciéndole caso a los inquisidores. Nunca tan tristes y oscuros personajes que he encontrado en las sacristías -pero también, mucho ojo, en ciertas militancias de izquierda- han terminado de aclararme por qué les molestan tanto el sexo y el erotismo, que a mí me parecen dimensiones esenciales del bienestar y la paz de espíritu y cuerpo. Supongo que al niño Jesús le hacen llorar los orgasmos. Pero no estoy muy seguro, pues también me dijeron que salían pelos verdes en las manos si te hacías pajas… y a mí nunca me salieron, ya ven.
Hace un par de días descubrí que habían abierto un club “de
ambiente” por un lugar por el que paso casi a diario. Salieron del garito tres
tipos con la cerveza en la mano y franca camaradería masculina. Eran voluminosos,
barbudos… . Me recordaban a mí y a mis amigotes cuando quedábamos para beber y
ver jugar al Valencia… La única diferencia es que ellos quedan para follar. Sin
dramatismos, sin laberintos emocionales ni todos esos juegos de equívoco y
elusión a los que tan acostumbrados estamos en el mundo hetero.
Lo diré de una vez. Yo creo que los gays -y me refiero, sí, a los hombres homosexuales- han sido muy listos. Hay que tener en cuenta la negra y larga noche de la que vienen. Hasta el año 75 aún les pegaban palizas los de la Brigada Social o los de Cristo Rey. Decir que la batalla está ganada es precipitado, pero sería una jeremiada negar que el camino ha ido normalizándose. Y sí, hay tipejos que se atreven a protagonizar un esperpento como el del otro día en Chueca. Pero ya sabemos cómo funciona el alma reaccionaria: cada vez que una minoría injustamente oprimida se instala en la normalidad, exhibiéndolo incluso con orgullo, el rencor aparece en formas violentas. Esto lo saben los negros, las feministas y, si nos remontamos en el tiempo, los siervos o los esclavos libertos. Nunca las luchas más justas se ganaron plácidamente.
¿Qué se puede aprender de ellos? Ya me he referido a la
salud mental que demuestran por dresdramatizar las relaciones sexuales. Pero
hay otra cosa, y tiene que ver con lo del tuit del que he empezado hablando.
Generalizando mucho -pero es que si no generalizo no escribo- yo diría que su éxito se basa en un dominio magistral del terreno de la ironía.
Me explico.
Sigo habitualmente los videos de cocina de Mikel López Iturriaga, francamente divertidos y desenfadados. Alguien le mandó un tuit con evidentes ganas de fastidiar: “A mí me pareces más maricón que cocinero”. Lejos de enojarse, Mikel dijo que estaba pensando en titular así a su sección en El País: “Más maricón que cocinero”. Ahí va otra, ésta tomada del mundo de la ficción. En un antiguo episodio de Los Simpsons, Homer empieza a preocuparse porque su esposa ha hecho amistad con un gay. “Lo que más me molesta de vosotros es que uséis con todo desparpajo las palabras que nosotros hemos inventado para insultaros”.
No sé si ven dónde quiero ir a parar. La cultura gay ha usado
con brillantez la estrategia del judoka. Cuanto mayor es la agresividad del
hostil, peor es el revolcón que se pega, pues el gay, en vez de responder con
idéntica violencia, esquiva la colisión y le deja estrellarse contra el muro de
su propia ceguera. Es por todo ello que no comparto ciertas críticas a la
Fiesta del Orgullo o, qué sé yo, la obra y la filosofía de Andy Warhol, el cine
de Almodóvar o incluso algunas intervenciones de personajes más o menos
diletantes como Boris Izaguirre o Bob Pop.
Aprendamos de ellos, pues.
Friday, September 10, 2021
HAN VUELTO
No sabemos qué está pasando en Afganistán. No es extraño,
pues, a fin de cuentas, tampoco entendimos en su momento una guerra europea: la
de los Balcanes. Cuando, por ejemplo, el siniestro Rey de Bélgica, mandaba
asesinar a millones de indígenas en el Congo porque le importunaban, los
europeos vivíamos confortablemente, convencidos de que el continente negro
necesitaba nuestra presencia para “civilizarse”. Nada se nos contaba sobre las
carnicerías que allí se perpetraban. Hoy sí creemos saber lo que pasa. La hipertrofia
informativa alimenta la sensación de que el drama se nos está
transmitiendo en
directo, pero, cómo tantas veces, lo que nos llega es un relato, un relato
sesgado y accesible a nuestras mentes, tan perfectamente formateadas en la
lógica demo-liberal.
Creemos saber, pero no entendemos. No podemos imaginar en
qué mundo viven los habitantes de Afganistán. No sabemos por qué los pastunes parecen
desear el regreso talibán, no sabemos cómo le ha ido a la mayoría de las
mujeres durante la dominación extranjera… solo sabemos que con los bárbaros volverán
a ser martirizadas, excluidas, anuladas… La disidencia será perseguida… claro,
como en tantos otros sitios.
En cualquier caso ese noticiario que en los últimos días
empieza a remitir -al hilo de la DANA, el frustrado fichaje de M´Bappe o las
ridículas críticas del líder del PP- forma parte de un horror show que
encuentra su momento ideal en el verano. Los mismos que se sienten impulsores
de la revolución feminista apoyando la causa de Rociíto, nos exhortan a hacer
algo para salvar a las mujeres afganas del terror talibán. Sorprende que la
estructura de las tertulias “serias” sea análoga a la de los programas de
telebasura a los que nos ha acostumbrado Telecinco.
Si realmente creemos saber, deberíamos estar en condiciones
de contestar a ciertas preguntas.
Para empezar, y pese a que buscamos a los talibanes en las tinieblas de la prehistoria -y ciertamente sus prácticas y sus gestos parecen medievales, casi asirios-, nos cuesta entender que en su origen está la CIA. ¿Qué responsabilidad tiene el gobierno norteamericano en la emergencia histórica de los fanáticos? En la lógica de la Guerra Fría, los halcones de Washington entendieron que aquella plaza en el centro del mundo no se podía conceder a los soviéticos… Entonces se inventaron a los barbudos. Y como sucede en las películas, cuando alimentas al monstruo antes o después se vuelve contra ti.
“Geoestrategia”, lo llaman. La OTAN nos lanzó a invadir
Afganistán y se alegaron motivos humanitarios. Veinte años después abandonamos
el fortín porque el ejército regular afgano “nos ha decepcionado”. Ese problema
no lo tienen en Arabia Saudí. Allá los sátrapas controlan el petróleo, la
sharía se impone igualmente y la obscena riqueza de algunos coexiste con la
infame pobreza de los esclavos, como si una y otra cosa no tuvieran nada que
ver. Pero Afganistán es más fea porque toda ella es pobre y en vez de jeques
mandan los señores de la guerra.
Ah, claro, y está el Islam, esa cosa tan peculiar a la que
aquí nos referimos como sabiendo de qué hablamos. Miramos el mundo musulmán
como un fracaso histórico sin remedio. Como siempre, aplicamos fórmulas
simplistas para concluir que una cultura desconectada del progreso bloquea el
acceso al bienestar y la democracia. Pero no pensamos que los fanáticos siempre
han triunfado en todo el planeta allá donde se escampaban la ignorancia, el
hambre y la violencia. También fue así en Europa, sede de las mayores
degollinas hasta no hace mucho.
No dudo de la brutalidad talibán, sé qué tipo de sujeto es
un fanático. Y sé también por qué la gente desesperada se une a ellos. ¿Quién
de entre nosotros no desearía un destino menos infame para los ciudadanos de
Afganistán, especialmente para las mujeres, amenazadas por el burka, cuando no
algo peor? Ahora bien, cuando identificamos con los derechos humanos y la
democracia eso a lo que llamamos pomposamente los “valores occidentales”, se
nos olvidan dos cosas.
La primera es que, antes que progreso y libertades, lo que los
occidentales han exportado al mundo son ejércitos, armas, esclavitud y
corrupción. Cuando, no sé si por una candidez angélica o un cinismo atroz, los
liberales hablan de la necesidad de más globalización”, me pregunto si el
verdadero problema con algunas sociedades, especialmente con la árabe, no
radica en que son refractarias a la mercantilización generalizada que impone el
capitalismo contemporáneo. “Integrismo blanco”, así llamaba Baudrillard a la
gran lógica de la mundialización cuyo designio es someter a la ferocidad de la
rentabilidad corporativa cualquier lugar de la Tierra con posibilidades
extractivas. Tras ese integrismo soft, repleto de buenas palabras, se oculta un
plan siniestro: asfixiar todas las formas de singularidad comunitaria y
cultural, toda práctica generadora de cohesión social que de una u otra forma
se resista a la plantilla única de la globalización, esa que solo puede
expresarse a través del dinero y la especulación.
La otra cosa que se nos olvida, seguramente por un patético paternalismo, es que en esas sociedades a las que enviamos a los ejércitos para salvarles de sí mismos, existen personas y colectivos llenos de coraje que pelean por sacar a sus comunidades adelante. Grupos de médicos, maestros y líderes de barrio en las favelas; colectivos indigenistas que protegen las selvas de una criminal deforestación; pastores nómadas que en el Sahel plantan cara a los yihadistas; cooperativas de pequeños propietarios que resisten la presión de la agricultura intensiva y los monocultivos; estudiantes e investigadores que trabajan por encontrar en bosques y montañas nuevos remedios frente a la depredación de las farmacéuticas… La lista, por fortuna, es interminable. La expresión enferma y odiosa de esa resistencia son los terroristas y los fanáticos, pero vamos por mal camino si no entendemos que el mundo no está esperando que le salvemos con nuestros ejércitos, que solo son la prueba de que no entendemos nada.
Wednesday, August 25, 2021
SOBRE GUSTOS
Como tantas otras veces a lo largo de mi vida, ando a vueltas con las enseñanzas de Umberto Eco. Me pregunto, en vísperas del regreso a la escuela, cómo hacer entender a mis alumnos el valor de la obra de arte, aunque solo sea para aclarar mis propias ideas al respecto.
"Sobre gustos no hay nada escrito", se dice a menudo con intención de esquivar el debate y deslegitimar a cualquier autoridad dispuesta a establecer criterios de distinción entre lo estimable y lo insignificante. De entrada es una falsedad, pues de nada se ha escrito tanto como sobre los gustos. Además niega la evidencia de que en materia estética hay argumentaciones consistentes y argumentaciones simplistas, de igual manera que no valen lo mismo una percepción formada que otra pueril y zafia. Para que me entiendan: la innegociable subjetividad de mis gustos -hacia los que como todo hijo de vecino exijo respeto- no debe impedirles sonreírse a mi costa si un día les digo que prefiero las novelas de Corín Tellado a las de Cervantes o reclamo para las tortugas Ninja el lugar reservado a las obras de Bernini en la Galería Borghese.
Puedo ofrecer ejemplos menos extremos. A mí, por ejemplo, se me antoja que El Código Da Vinci, además de un astuto producto comercial, es una mala novela. Tampoco valoro como otra cosa que un divertimento ligero las novelas de Arturo Pérez Reverte, opinión que extiendo a las de Santiago Posteguillo, Dolores Redondo o Megan Maxwell. No nombro a estos autores por casualidad, figuran en las estadísticas de novelistas más vendidos, desconozco si con méritos comparables a los de Terenci Moix o Antonio Gala, dos intelectuales admirables pero también dos novelistas perfectamente prescindibles y que fueron leídos por multitudes a finales del siglo pasado. Iba a hablar de "La sombra del viento", pero lo dejo de momento, que algunos se me enfadan.
Les nombré al inicio a Umberto Eco, quien dedicó páginas muy brillantes al análisis de "Los misterios de París", obra hoy olvidada, pero que en su momento alcanzó tal popularidad, que se dice en Francia que ancianos y enfermos dilataban el momento del óbito para saber cómo acababa la novela. Con "Los misterios...", afirma Eco que Eugene Sue funda la llamada "literatura de masas". Poca broma respecto a la influencia del personaje, a quien por cierto Eco responsabiliza de haber activado los escritos de Marx y Engels, quienes por cierto consideraban el socialismo de Sue como altamente tóxico para el futuro de la revolución proletaria. No la he leído, y no lo voy a hacer. Creo que es mala y que emplearé mejor mi tiempo en otros menesteres. Eco explica las condiciones de posibilidad del éxito masivo de dicha novela y de otras obras similares, comparando su condición de "relatos de consolación" con lo que él mismo llama "novela problemática", que encuentra por ejemplo en Balzac.
Permítanme trasladarme al universo cinematográfico. Hace muchos años, siendo casi adolescentes, un chaval llamado Valen nos sorprendió declarando su amor al cine norteamericano, oponiéndolo al cine europeo desde el esquema del cine-espectáculo frente al cine de autor. "Lo que pido a una película", decía, " es que me divierta; yo no necesito películas con mensaje". Hablaba de la intelectualidad europea -"rojos de café"- como una presunción de "reserva espiritual de Occidente" y se refería a Spielberg como un genio. Por el contrario, presentaba a Herzog, Godard y otros muy apreciados por la "intelligentsia" europea como unos majaderos que solo sabían aburrir al personal y que sobrevivían gracias a subvenciones porque solo unos cuantos esnobs acudían a ver sus películas en las salas de arte y ensayo.
El planteamiento era sugerente, pero simplista y fácilmente desmontable. Hablando de "mensajes", nada contiene tanta ideología y suministra más valores que el cine de masas... No hay más que analizar por encima una película de la Disney, la saga de Star Wars, que aquel amigo adoraba, o cualquier western convencional. No hay relatos ideológicamente neutros, y los que pretenden divertir emiten a menudo más doctrina que cualesquiera otros. De otro lado, la dualidad entre cine europeo y americano, pese a que pueda tener sentido, no debe plantearse en términos tan básicos. Tan norteamericanos son "Los diez mandamientos", "Escuela de sirenas", "Lo que el viento se llevó" o "ET" como las pelis de Charles Chaplin, Woody Allen o Terrence Malick, en las que se reconoce una poderosa gramática de autor. Hollywood ha sido siempre una industria por encima de cualquier otra cosa -como por cierto lo es ahora mismo Bombay-, y eso le ha inclinado a producir insistentemente espectáculos de masas facturados como entretenimientos fáciles y de consumo rápido, normalmente con propuestas narrativas convencionales, cultivo del star system y derroche de recursos en marketing, acción y efectos especiales. EEUU ha producido grandes creadores cinematográficos y ha elaborado muchas de las mejores películas de la historia, pero la pretensión de que "Ciudadano Kane" o "Sunset Boulevard" son obras maestras porque "divierten" o "entretienen" es una majadería que no explica nada.
Si el éxito masivo no es entonces el criterio, ¿debemos entonces preguntar a los críticos?
Cuidado. Los dos críticos de cine más célebres de este país son Carlos Pumares y Carlos Boyero. El primero me parece simplemente un histrión impresentable. En cuanto al segundo, resulta ocasionalmente divertido, pero, aunque a menudo acierta, se deja llevar por sus filias y sus fobias con tal facilidad, que lo mejor que se puede hacer con sus crónicas es reírse un rato con ellas y directamente olvidarlas, sobre todo cuando se pone a lanzar anatemas contra quienes le caen mal, como por ejemplo Almodóvar entre otros muchos.
Podríamos también recurrir a análisis más rigurosos y menos efectistas. El problema es que entonces nos toparemos con la prestigiosa revista Cahiers du cinema, cuyo rastro ha sido seguido durante décadas por nuestra cartelera Turia. Si ustedes revisan la lista de las cien mejores películas de la historia según Cahiers, descubrirán, para empezar, que la presencia de films franceses es abusiva, lo cual refleja un chauvinismo que a mí, ya ven, me pone a mucha distancia de sus opiniones. De otro lado, se refleja en la lista una predilección sospechosa por películas claramente minoritarias, hasta el punto de que parece que cualquiera que guste masivamente queda casi irremediablemente proscrito. Si hay algo peor que comulgar sistemáticamente con la masa por puro borreguismo, es pretender alejarse de ella por un elitismo mal entendido que, en el fondo, refleja intransigencia y una ridícula pretensión de originalidad. Pueden echarle un vistazo también a la lista de la BBC, a las que cada diez años ha ido presentando la revista británica Sight and Sound, a la de los lectores de la web Filmaffinity... Observarán que hay numerosas coincidencias, pero también feroces discrepancias.
Para terminar de perdernos en el laberinto, les aconsejaría mirar las listas de mejores pelis según algunos célebres directores. Parece fácil suponer que tipos como Bergman, Scorsese, Allen o Tarantino deberían saber de la materia tanto o más que los críticos más sesudos. Se sorprenderán entonces con la diversidad de opiniones que hallarán entre ellos. (Nota a modo de curiosidad: adoro a Ingmar Bergman, pero lo que dijo del cine de Orson Welles es propio de un indocumentado y de un mal espectador de cine.)
¿Qué hacemos entonces? Pues... no lo sé, la verdad. Yo creo que lo que debemos hacer es ver películas buenas, así de sencillo. Aceptemos consejos que vengan de aquí y de allá y, después, opinemos libremente. Yo amo películas de autores tan poco convencionales como Bela Tarr y Andrei Tarkovski, pero Godard me parece un pelmazo y Passolini hace mucho que dejó de interesarme. Spielberg, que desató aquella antigua discusión que les he trasladado, me parece un cineasta circense y menor en algunos de sus espectáculos, y sin embargo dio en la diana con "Salvar al soldado Ryan" o "Munich" (No amo "La lista de Schindler", pese a sus enormes virtudes, lo siento)
Ya ven, no acabo de solucionar ningún problema. Pero sí creo poder ofrecer algún consejo por pura experiencia propia. De críos a todos nos gustaban las gominolas, pero lo exquisito cuesta. Es una condena para un adolescente la exigencia de leerse "La Celestina" y yo le disuadiría de leer a esas alturas de su vida a Samuel Beckett. Ahora bien, sin esfuerzo es muy difícil llegar a entender que Dios bajó a la Tierra para inspirar la voz de Camarón o la trompeta de Miles Davis. Mi consejo es disponerse a tales esfuerzos si uno encuentra el tiempo y la calma para emprenderlos. Háganlo sin remilgos para terminar reconociendo que no les gustó "Ada o el ardor", de Nabokov, o que no soportan las películas de Antonioni porque les parecen un tostón. Háganlo sin pretender ser originales o parecer cultos y, sobre todo, no pretendan que sus preferencias se conviertan en un arma arrojadiza contra nadie.
Acabo. Este verano, además de leer -al fin- las mil páginas de "Los hermanos Karamazov", me lo he pasado viendo películas calificadas como clásicas, especialmente películas antiguas muy valoradas entre los académicos. Pues bien, no les voy a recomendar a Lang ni a Murnau ni a Renoir. Vean, háganme el favor, "La ciudad de Dios" y "Timbuktú", brasileña y maliense respectivamente. Son películas recientes, se hicieron en este siglo. No sé si algún día figurarán en las listas de Cahiers, aunque no me cabe duda de que son magníficas. Hablan sobre gente que tiene problemas relacionados con la pura supervivencia en lugares tan comprometidos del sur del mundo como las favelas o el Sahel. Tengo la sospecha de que las grandes historias, que es a fin de cuentas de lo que siempre se nutrieron los grandes narradores, van a ir viniendo cada vez más de lugares como esos. No se las pierdan, creo que a lo mejor me lo agradecen.
Thursday, July 22, 2021
LOS AUDIOS
Florentino Pérez piensa que todos somos unos mierdas. No
estoy en condiciones de aseverar que se equivoca. No lo ha dicho
textualmente, pero suponemos, en función de lo que dice en los célebres audios,
que si solo se refiere a Del Bosque, Cristiano o Casillas para defenestrarlos,
es porque no le da tiempo a crujirnos a usted o a mí.
Se trata de una conversación privada, claro. Si cuando el
tito Floren llama “tolilis” a los demás se aplicara un poquito el cuento,
quizá sería más precavido a la hora de confiar en indeseables y no se dejaría grabar conversaciones. Pero es lo que tiene ser un líder, que uno cree que
quien le mira embelesado solo es un fan y no un Judas en potencia.
Debemos ser sinceros. Yo, que no ostento cargos relevantes,
digo auténticas burradas de ustedes en mis conversaciones privadas. Si salieran
a la luz mis conversaciones, advertirían que a menudo me salen espumarajos por
la boca. Y no es para menos, porque ustedes, mis prójimos, son exasperantes, entre otras cosas porque se niegan contumazmente a plegarse a mis deseos.
No obstante, no deja de tener su gracia que un amplio sector
de la prensa deportiva se invista con los ropajes de la dignidad para negarse a
dar difusión a unas declaraciones obtenidas de forma ilícita. El caso de la
Sexta, el canal de Milikito y Ferreras,
que presume de independencia y desenfado pero que besa por donde pisa el
Presidente del Madrid, resulta especialmente significativo: ni una palabra en
el circo del Chiringuito para los audios robados al Gran Señor.
Lo primero que se me ocurre tras escuchar los audios es que,
de entre todos sus empleados, los únicos que merecen la pena son los que le
obedecen ciegamente. Eso no significa que no los desprecie. Piensen por ejemplo
en su portavoz, Butragueño, quien ya era un petardo como futbolista y que ahora
vive de lamerle el culo a quien él definió en algún momento como “un ser
superior”. (Sí, amigos, la miseria humana no tiene límites, ya ven lo que puede
llegar a reptar un ser humano por un buen salario). Seguro que de él también
piensa que es un mierda, pero un mierda que no crea problemas merece menos
palabras. Por el contrario, Raúl, Casillas, Del Bosque y cualquier otro que en
algún momento haya puesto en duda aquello de “sus deseos son órdenes” son reos de
toda suerte de crímenes. ¿Leyendas del madridismo? Desde luego, y personajes
mucho más nobles y valiosos que él en todos los aspectos. Por eso, porque lo
que necesitan los tipos como él son súbditos, terminó librándose de ellos tras
haber usado a sus tribunos mediáticos para desprestigiarles.
Floren es la perfecta definición del macho alfa hispánico.
Él siempre tiene planes geniales para salvar al mundo, y nuestra obligación es
“ayudarle”, es decir, ponernos a sus órdenes. Lo demás es poner palos en las
ruedas. ¿Y si esos planes incluyen mi destrucción? Es el coste de la prosperidad
y el progreso. ¿Y si un tipo así puede terminar causando la ruina general? Eso
es lo que profetizamos los agoreros que no entendemos de qué va esto del
capitalismo posmoderno.
Me contó un amigo en el que confío que asistió, junto a
Floren, a una reunión de alto standing en un banco. El aludido entró con una
botella de champán -del bueno- que descorchó con gran solemnidad para celebrar
que acababa de echar a trescientos empleados de alguna de sus numerosas empresas. Qué majo, ¿eh? Ignoro si dio rienda suelta al espumoso también el día que empezaron a temblar
las costas de Castellón por las prospecciones de Castor en busca de petróleo.
En España han triunfado muchos tipos así. Recuerdo las simpatías
que en su momento despertó el estrambótico Ruiz-Mateos, al que mi abuela quiso entregar alguna limosna para salvarlo de la ruina en la que le había sumido el malvado gobierno socialista. O lo gracioso que a algunos les resultaba Jesús Gil, uno de los
personajes más repelentes y tóxicos que he visto nunca. Italia, por ejemplo, ha
probado durante décadas de esa medicina con Berlusconi. Está bien que nos
quejemos porque en otros pagos europeos nos consideren países poco serios a los del
sur, pero hay que saber hacerse responsable de lo que uno apoya.
Floren parece menos esperpéntico que estos. Además sabe
mantenerse prudentemente alejado de los territorios anti-sistema que
frecuentaron otros. Pero en el fondo creo que no hay grandes diferencias. Son
personajes igualmente nocivos, oligarcas destinados a fomentar el capitalismo de amiguetes, destruyendo cualquier atisbo
de igualdad de oportunidades en el espacio empresarial, y a neutralizar la
acción política sometiendo -de grado o por la fuerza- la voluntad de los
gobernantes.
¿Moralismo?
A ver, dijo la bicha, es decir, el ex Vicepresidente Iglesias, que los amos financieros del país no son tan malos como él pensaba antes de gobernar, sino que aún “son peores”. El Real Madrid de Pérez se hizo inmensamente rico gracias a una operación inmobiliaria digna de una república bananera y que el Psoe no se atrevió a echar atrás porque el tito les advirtió que con el Madrid en contra jamás tendrían a Zp de Presidente del Gobierno.
En cualquier caso, uno debe saber deducir de cualquier buen texto de un economista, incluyendo a los más
izquierdistas, que el problema del capitalismo no se explica por la iniquidad
moral de los explotadores y por la inocencia de los explotados. Lo diré de una
vez: este país no es víctima de sus amos porque, a muchos de ellos, los ha
convertido deliberadamente en lo que son. Si ahora mismo a Floren le diera por
presentarse a las elecciones ocupando el trono de Pablo Casado estoy casi
convencido de que alcanzaría la Moncloa.
Explicando la trascendencia y la dificultad de la Ilustración,
dijo Kant hace dos siglos que llega un momento en que no es la crueldad y el
poder omnímodo lo que explica la fortuna de los mandarines, es más bien la
debilidad humana -la necesidad de amos- lo que les hace fuertes. “Es tan cómodo”,
dijo el de Konigsberg, “no estar emancipado”. Lo que no quieren saber los lacayunos, esos
españoles que siguen -a estas alturas, Señor- gritando aquello de “vivan las
caenas”, es lo mucho que sus líderes los desprecian.
“Solo sois unos tolilis”, dice. No hay más que servirle la segunda copita y arrimarle la grabadora. Y lo peor es que tiene razón, hay que ser imbéciles.
Thursday, July 15, 2021
A PROPÓSITO DEL ASESINATO DE SAMUEL
Friday, July 02, 2021
IMPREVISTOS
1. La vida y el fútbol son imprevisibles. Decía Cioran que cuando alguien está demasiado convencido de algo se le dibuja cara de asesino... Varias veces, durante el ya legendario España-Croacia del lunes, aseveré con ridícula suficiencia que ocurriría tal y tal cosa, y que no ocurrirían tales otras. Me equivoqué en todo. También estaba absolutamente seguro de que un rato después Francia derrotaría sin dificultades a la frágil selección suiza... y adivinen qué equipo se clasificó para cuartos de final.
A lo largo de mi vida, ante mis ojos incrédulos, se han desarrollado
aconteceres que jamás creí posibles. Demasiadas cosas han quedado fuera del
guion, demasiados acontecimientos resultaron incontrolables. Se me ocurre
que solo al precio de perder la lucidez puedes atreverte a ir por ahí
pretendiendo hallarte en posesión de la verdad. Quizá envejecer consista
en saber que nunca dejarás de rectificar, o mejor, que vas a seguir
equivocándote hasta el fin.
2. La serie "El niño ciervo" tiene una pinta de puerilidad que
tira para atrás, pero opté por concederle una oportunidad... Y resulta que
funciona. Adolece acaso de un exceso de inocencia, ausentes los desparrames
sanguinolentos habituales en este tipo de teleficciones.
Como en casi toda serie distópica, la humanidad se ha ido a la mierda, en
este caso por algún virus mortífero. Al tiempo que estalla la pandemia,
empiezan a nacer humanos con algunos atributos animales: niños-ciervo,
niños-oso, niños cerdo... Grupos de sobrevivientes, a los que no cuesta asociar
con el fascismo, deciden que los híbridos son los causantes del desastre y
forman patrullas para capturarlos y exterminarlos. Algunos individuos aislados
les protegen porque de alguna manera empiezan a entender que, en realidad, los
híbridos no son los causantes del desastre, sino más bien la respuesta que la
naturaleza ofrece para salvar a la humanidad.
Hay momentos en que se me ocurre alguna afinidad entre el niño ciervo y
algún alumno inmigrante, trans, homosexual o simplemente "no normal"
que me encuentro en mis aulas. Sí, quizá es un símil muy traído de los pelos,
pero me asalta cuando veo la serie, qué le voy a hacer.
3. "La España de las piscinas. (Cómo el urbanismo neoliberal ha
conquistado España y transformado su mapa político)", de Jorge Dioni
López, va ya por la segunda edición, y sospecho que es más por el boca a boca
que por una ingente labor de promoción editorial.
El ensayo es excelente, está perfectamente documentado y las implicaciones
políticas que es capaz de vislumbrar invitan a un debate profundo sobre lo que
de verdad importa, que es la manera en que vivimos. Olviden las causas
identitarias y las banderas, viene a decir... ocupen los espacios de
decisión urbanísticos y dominarán el mundo. El modelo de la propiedad inmobiliaria,
la vida a crédito, el "cochismo"... Todos estos fenómenos están
vinculados a la cultura de la extensión descontrolada de las grandes urbes, las
llamadas edge cities, exportadas de los USA y que han terminado por imponerse
en la vieja Europa. También la forma en que vivimos es política, mejor dicho,
nada es más político que eso. La ocupación del territorio, la
gentrificación de los viejos centros urbanos, la "turistización"...
todo está secretamente vinculado al impulso de construir suburbios
supuestamente seguros y tranquilos, destinados a la vivienda individualizada y
conectados a la metrópoli gracias a una red interminable de ramales y autovías.
No cuesta reconocer la íntima conexión entre el boom inmobiliario y la
consiguiente recesión, de cuyos efectos aún luchábamos por salir cuando nos
sorprendió el covid. Estamos ante un modelo insostenible y sus
consecuencias de futuro son desastrosas.
Lectura imprescindible. Tan necesaria como en su momento lo fue la de
"La España vacía", el célebre e influyente ensayo de Sergio del
Molino.
* Escribí hace muchos años sobre la gelidez de los edge cities, aquí
llamados "urbanizaciones". Es curioso, el tipo al que visité en su
casa de "Nuevos Edenes" -nombre que, obviamente me inventé- era
lector acérrimo de Thoreau y su "Walden", y presumía de amar la
naturaleza y detestar el aire viciado de las urbes. Qué paradoja: destruimos
los bosques para urbanizarlo todo, pero nos gusta pensar que somos, como
Thoreau, unos amantes de la naturaleza refugiados en su pequeño paraíso
ecológico. Qué poderosa ideología es el neoliberalismo y cómo nos gusta
engañarnos a nosotros mismos, joder.
http://lacuevadelgigante.blogspot.com/2006/12/nuevos-edenes-visito-un-primo-lejano.html




















